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65 BERZOSA_65 BERZOSA.qxd 13/01/16 17:40 Página 65 LA ECONOMÍA DESDE MI OBSERVATORIO Por Carlos Berzosa* E l cambio de año no ha dado por terminadas las inestabilidades e incertidumbres que acechan a la economía mundial. Muchos analistas y gobernantes han proclamado ya la finalización de la crisis que se inició en 2007, pero nada más lejos de la realidad. Se ha confundido mejoría de la situación sobre la recesión pasada, en la que se cayó a partir de 2008, con finalización del ciclo económico de retroceso y luego de lento crecimiento en el que estamos aún. No cabe duda de que cuando se ha estado en una situación grave la mejoría es una buena noticia, pero ello no quiere decir que la economía se encuentre sana para iniciar un camino de crecimiento estable y sin turbulencias. De hecho, nuevos nubarrones aparecen en el horizonte, y es que aún no se han resuelto muchos de los problemas que generaron la crisis económica actual, como la finalización del saneamiento bancario, el establecimiento de una mejor regulación de los mercados y las grandes desigualdades. Por esto es por lo que el crecimiento sigue siendo lento; el crédito, aunque recuperado en alguna medida, sigue siendo escaso; el desempleo sigue siendo elevado; el trabajo de nueva creación es bastante precario, y los salarios no se recuperan a los niveles de antes de la crisis. La desigualdad sigue su camino ascendente por lo que la demanda de las economías domésticas no supone el suficiente tirón para conseguir una mejora significativa del crecimiento. Esto es una tendencia muy generalizada en la economía mundial, aunque siempre hay diferencias entre los diferentes países y conviene efectuar matizaciones. Ahora las inestabilidades proceden en mayor medida de los países emergentes. Es como si se hubiera produ- cido un retardo en la evolución recesiva de la economía en países que habían sorteado de un modo efectivo la crisis que afectaba al mundo desarrollado. Este desarmonía tuvo lugar en los años 70 del siglo pasado, cuando países menos desarrollados, sobre todo en América Latina, resistieron bien en esa década mientras los países avanzados entraban en un ciclo depresivo. Las economías menos desarrolladas consiguieron crecer y exportar más, debido a una financiación de la banca privada que hasta entonces les estaba vedada. Fue un crecimiento con endeudamiento que al final estalló en la crisis de la deuda que ha sido una de las peores de la historia para estos países. Al observar la evolución de los acontecimientos en estos años pasados y el buen comportamiento de los países emergentes, muchas veces me preguntaba si no volvería a suceder lo que pasó en la década de los 70 y 80 del siglo pasado. Parece ser que sí, de modo que las economías de Argentina y Brasil han entrado en una grave crisis, China frena su crecimiento y la Bolsa ha sufrido una bajada considerable que está afectando a otros mercados bursátiles. Estos hechos, que tienen sus influencias a escala global, como no podía ser menos en un mundo cada vez más interdependiente, reflejan el agotamiento de modelos de crecimiento. ¿Cómo puede repercutir esto en la economía mundial? Es la pregunta que hay que hacerse sin duda, pues todo esto tiene lugar en un momento en el que el tejido productivo y financiero de los países más desarrollados no se encuentra suficientemente consolidado. La mayor repercusión negativa sobre la economía del resto de países es la que puede tener la economía china por el papel tan relevante que está desempeñando en la economía global. Es- EUROPA PRESS La inestabilidad de la economía mundial El crecimiento sigue siendo lento; el crédito sigue siendo escaso; el desempleo sigue siendo elevado; el trabajo de nueva creación es bastante precario; y los salarios no se recuperan a los niveles de antes de la crisis. La desigualdad sigue su camino ascendente ta economía no padece aún la crisis, aunque la caída de la Bolsa seguramente es un síntoma de lo que puede suceder en la economía real. Hay bastantes analistas, con los que estoy de acuerdo, que consideran que el modelo chino no es sostenible ni social ni ecológicamente a largo plazo, ni siquiera tal vez a medio plazo. Son muchos los problemas, no obstante, que acechan ya hoy a esta economía. La economía china ha tenido unos elevados índices de crecimiento y una gran capacidad exportadora. Su nivel de consumo es bajo y la tasa de ahorro alta. Este hecho y el superávit comercial generan un excedente que está utilizándose para financiar déficits públicos de otros países, sobre todo de Estados Unidos. A la vez que también se incrementan de una forma notable las exportaciones de capital y las inversiones directas. Este país se convierte en una fuente de financiación importante en el contexto mundial, al tiempo que se convierte en motor de otras economías al tener que importar cantidades ingentes de materias primas. Esto ha beneficiado a bastantes países de América Latina cuyo crecimiento se ha sostenido en parte sobre estas bases. Por tanto, más allá de ciertos datos macroeconómicos la economía china ha sido algo fundamental en el sostenimiento de la economía mundial. Cualquier descenso de su actividad puede tener y de hecho lo está teniendo ya unos efectos muy perniciosos en otras economías. No se presentan muy buenos augurios para el año que comienza, pero esto seguirá así mientras se mantengan los principios que rigen el crecimiento actual. ● *Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Complutense. nº 1138. 18–24 de enero de 2016 65