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La magia y la educación La primera de las promociones de la Facultad de Medicina de nuestra Universidad fue calificada, por uno de los docentes de aquel entonces, como un curso mágico. La idea de este escrito es poder analizar esta afirmación y ver si es posible hacer magia nuevamente. Lo mágico se puede entender, a primera vista, como una cualidad de algo que es muy especial y único, como una hipérbole dada por la estima a algo o alguien. Sin embargo, el primer sentido de la palabra magia, tiene que ver con lo que expresa el diccionario de la Real Academia: la magia es “la ciencia o el arte con el que se pretende producir, valiéndose de ciertos actos o palabras, o con la intervención de seres imaginables, resultados contrarios a las leyes naturales”. Se debe distinguir de la magia, el azar y la ilusión. El azar tiene que ver con lo casual, con lo puramente fortuito, lo realizado sin un método y, por tanto, imposible de reproducir. La ilusión corresponde a una imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por el engaño de los sentidos; lo que produce es algo falso, es un engaño al espectador. Lo propio de la magia, parece ser el producir algo contrario a las leyes naturales, no necesariamente falso como en el caso de la ilusión, sino algo realmente inesperado. Pero además, se distingue de lo azaroso, en que es, de alguna manera, un arte, que con ciertos actos propios produce un efecto; es por lo tanto, reproducible. Entonces, podríamos entender que al usar la palabra magia para referirse a un curso, se entiende que se produjo, a través de ciertos actos o palabras, un resultado absolutamente novedoso, casi contrario a las leyes de la naturaleza que, sin embargo, no fue por azar ni pura ilusión. Analicemos la magia. A mi juicio, lo primero que debe poseer el mago es la convicción de que es posible producir lo contrario a las “leyes de la naturaleza”, de que es posible la magia. Se puede colaborar en la transformación (actualización) de un ser humano a un buen médico, independiente de los medios que se tengan, incluso aunque éstos sean paupérrimos. Esa es la lección que nos deja ver a nuestros egresados 10 años después. Esta convicción nace de reconocer el valor y la dignidad de la persona humana: su valor y precio son los de toda la sangre del mismo Hijo de Dios. Su vocación no es sólo a una buena existencia o a la actualización de sus potencias; la llamada es a participar de la misma vida trinitaria, en calidad de hijo en el Hijo. Ese sólo hecho ya es mágico, porque no corresponde a la ley natural de esa criatura. El alumno es siempre un diamante oculto, que requiere los cortes precisos para brillar, sino lo hace, muchas veces es porque el joyero/profesor no ha sido capaz de hacer producir su resplandor. Sin esa convicción del alumno y del docente, no es posible realizar el verdadero cambio. Sin embargo, esta certeza debe existir primero en el profesor, es él quien la debe transmitir al alumno, no tanto por medio de palabras, sino más bien a través de actos de confianza y de una exigencia que sobrepasa las mismas creencias de los alumnos. Es posible que, muchas veces, los alumnos no hayan experimentado el desafío que significa llevarlos un paso más adelante, manifestarles una confianza contra todo lo esperado, incluso por ellos mismos. Este primer desafío nace en la familia. Después de creer que es posible, para que aparezca la magia, hay que utilizar una especie de receta para producirla. No se cuales son concretamente esas acciones, pero creo que se resumen en el amor por los estudiantes, un amor que los hace crecer, cambiar y transformarse. Un amor que luego se siembra en ellos y que les permite reconocer, en primer lugar, a sus personas como alguien valioso en sí mismo, y luego, con la ayuda del maestro, descubrir en el paciente a un tipo de persona muy particular, si se permite la expresión, más valiosa aún. Necesitada del cuidado y el amor del médico. Si se logra que ellos se descubran como fines en si mismos y que reconozcan en el paciente a alguien digno de servir y de sacrificarse hasta las últimas consecuencias, la magia ya ha comenzado a actuar. El resto es añadidura. Éste es el desafío que debemos pensar, de como producir la magia, de como hacer de nuestra Facultad un lugar donde el alumno se perciba como un ser valioso y digno, que sea capaz de cuidar a los predilectos de Dios con toda la ciencia que disponga. Diseñar un método/plan que no sea azaroso ni pura ilusión, sino magia, es nuestro desafío actual. En definitiva la educación es la magia. Y en definitiva, la verdadera educación es un acto de amor. Para esto, una de las primeras acciones es definir que es un buen médico, una aproximación está dada por el perfil del egresado de medicina de la nuestra Universidad: “EL MÉDICO EGRESADO DE LA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE LA SANTÍSIMA CONCEPCIÓN DEBE CARACTERIZARSE POR: 1. Poseer virtudes humanas y cristianas que alimenten y orienten permanentemente su acción médica, personal y social. 2. Poseer conocimientos sólidos y actualizados del Magisterio de la Iglesia en cuanto a la vida humana. 3. Poseer una sólida formación espiritual que le permita enfrentar con serenidad el éxito y el fracaso, en el diagnóstico o la terapia, y la capacidad de reconocer sus propias limitaciones con humildad, evitando siempre subordinar la seguridad de sus pacientes al orgullo personal. 4. Actuar con responsabilidad, diligencia y respeto por la vida y dignidad de sus pacientes. 5. Estar capacitado para ejercer la medicina guiado por un auténtico afán de servicio, y una permanente receptividad frente a los problemas que aquejan a sus pacientes. 6. Atender a la persona integralmente, en su contexto biopsicosocial. 7. Poseer la capacidad de ejercer con coraje, honestidad, respeto y espíritu constructivo la crítica y la autocrítica, asumiendo el rol de agente de cambios, cuando corresponda. 8. Poseer un pensamiento reflexivo y riguroso, indispensable para proveer de una medicina confiable y segura a sus pacientes. 9. Poseer sólidos conocimientos de ciencias básicas y clínica, que le permitan un ejercicio racional y fundamentado de la medicina; y que a la vez, le faciliten la adquisición de nuevos conocimientos, técnicas y procedimientos que los avances científicos proveen. 10. Poseer habilidades y destrezas clínicas. 11. Poseer la capacidad de ejercer la acción médica haciendo uso racional de los recursos diagnósticos y terapéuticos. 12. Poseer la capacidad de autoaprendizaje que le permita mantenerse permanentemente vigente en lo que a conocimientos médicos se refiere. 13. Poseer la capacidad de planificar y ejecutar proyectos de investigación que le permitan obtener respuesta a las interrogantes que en su ejercicio laboral se le planteen. 14. Tener la capacidad de administrar programas y proyectos destinados a la mantención de la salud en la población. 15. Poseer la capacidad de acudir a las fuentes del conocimiento”. En 2011 el perfil del egresado quedó plasmado de la siguiente manera: El Médico – Cirujano egresado de la Universidad Católica de la Santísima Concepción posee las competencias que lo habilitan para desempeñarse como Médico General no especializado en el nivel primario de atención, a través de un ejercicio profesional inspirado en una concepción antropológica cristiana, comprometida con un respeto intransable por la vida, practicando y promoviendo su profesión con un auténtico afán de servicio, alejado del relativismo, el pragmatismo, la ausencia de valores morales y el mercantilismo, para otorgar una atención médica de la mayor calidad humana posible. Será capaz de enfrentar con serenidad el éxito y el fracaso, en el diagnóstico o la terapia, reconocerá sus propias limitaciones con humildad, evitando siempre subordinar la seguridad de sus pacientes al orgullo personal, actuando con responsabilidad, diligencia y respeto por la vida y dignidad de sus pacientes y familiares de una manera integral en un contexto biopsicosocial. Será capaz de reflexionar de manera rigurosa y con espíritu constructivo frente a la crítica y autocrítica, asumiendo su rol de agente de cambios y de educador por medio de capacidades comunicacionales, destrezas clínicas y habilidades actitudinales para el trabajo personal y en el equipo de salud, de tal manera de proveer de una medicina confiable y segura a sus pacientes. Conforme los estándares nacionales e internacionales nuestros egresados poseen sólidos conocimientos en las áreas disciplinarias de la medicina basada en la evidencia, método científico, ciencias básicas, ciencias biomédicas clásicas, ciencias sociales y de la conducta, ciencias clínicas, ética, gestión, promoción y prevención en salud para el ejercicio racional de su profesión haciendo uso de recursos diagnósticos y terapéuticos, los que le facilitarán la adquisición, a través del autoaprendizaje que lo llevarán a acudir a las fuentes de información, de nuevos conocimientos, técnicas y procedimientos que los avances científicos proveen en lo que a conocimientos médicos se refiere manteniéndolo siempre vigente. Nuestros egresados serán capaces de planificar y ejecutar proyectos de investigación que le permitan obtener respuesta a las interrogantes que en su ejercicio laboral se le planteen y también la administración de programas y proyectos destinados a la mantención de la salud en la población, en los diferentes sistemas de salud y niveles de atención, en el ámbito local y nacional.