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Con botas pantanéras, machete en la mano, sombreo vueltiao, una botella de bebida
refrescante, y la actitud del guerrero que no se cansa de repetir que “Dios concede la
victoria a la constancia”, empieza un recorrido en cualquier tarde del mes de octubre por
su finca.
Con el machete va haciendo camino, va limpiado la hierba mala, se le escucha una
respiración agitada, de un corazón que se quiere salir por servirle a la patria.
Ese mismo hombre de 1.90 de estatura y 51 años de edad, abogado de profesión,
empresario por convicción y soñador con un mundo de equilibrio económico, con una
Colombia justa e incluyente, es el mismo hombre que reconoce sus raíces y las cuida,
por eso disfruta como nadie cuando respira ese aire que se pasea de lado a lado,
montado entre las olas de un mar que recorre mil mundos.
En su oficina en una vieja casa de la ciudad de Barranquilla, descansa un código y una
constitución de Colombia, por la que se rige, con la que se formó profesionalmente y la
que no se cansa de consultar para hacer cumplir la ley.
“Tenga paciencia, Tenga paciencia” lo repite una y otra vez, cuando el acelere del
mundo real, lo quiere consumir en un acto de inmediatez y él, prefiere ir al paso para no
corregir, o seguramente para no tomar una decisión injusta.
El super, como lo conocemos es un hombre de amores, sino quien no lo ha escuchado
cuando se refiere al amor de su vida, la que el llama: “la patrona”, si su esposa, la
Señora Mónica, la única que tiene el control sobre este hombre de actitudes y actos.
Pero no es su único amor, les cuento que nada lo hace más feliz en la mañana que
comerse un pan con queso, calientito, o bueno dos o hasta tres.
Y un tercer amor; el servicio, por eso hoy Super, usted decidió tomar un camino
diferente pero con el mismo fin, servicio social y seguramente desde su tierra lo
escucharemos decir: “hay que cuidar la plática del pueblo”, pues en hora buena, que ese
espíritu guerrero lo acompañe a hacer una nueva tarea.
Como usted dice: “No lo diga, hágalo”, vaya confiado, seguro y eso si con un corazón
lleno de amor por la tierra, por el cumplimiento a ley y en busca de la felicidad de una
tierra que se viste de marimondas, monócucos y garabatos. Es el momento de volver a
tomar el jugo níspero y comer la cazuela de mariscos.
Pues el hombre de sombrero vueltiao, o corbata es el mismo que hoy recibe la bendición
del que todo lo puede, eso si este seguro que el mundo se va a pintar del color que usted
lo quiera ver. De la Superintendencia hizo la primera empresa del País, Ahora, hágalo
con su Departamento.
Felicitaciones y ¿ajá vamos a seguir en los mismo?… Seguro eso es lo que usted va a
llegar preguntando a sus compatriotas.
Como usted lo dice: “Que Dios ilumine y guíe este nuevo camino”.
John Portela
Octubre 20 de 2006
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