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LA PUERTA DE LA FE
Los artículos de la fe
Mayo 2013
Don Francisco Pérez González/Arzobispo de Pamplona/Tudela
8º Artículo: “Creo en el Espíritu Santo”
El Espíritu Santo es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. Es verdadero Dios como el Padre
y el Hijo. Se le atribuye la santificación de las almas y la dirección y construcción de la Iglesia. El
Espíritu Santo se manifestó en Pentecostés sobre los apóstoles (Act 2,1-4).
“El Bautismo nos da la gracia del nuevo nacimiento en Dios Padre por medio de su Hijo en el
Espíritu Santo. Porque los que son portadores del Espíritu de Dios son conducidos al Verbo, es decir, al
Hijo; pero el Hijo los presenta al Padre, y el Padre les concede la incorruptibilidad. Por tanto, sin el
Espíritu no es posible ver al Hijo de Dios, y sin el Hijo, nadie puede acercarse al Padre, porque el
conocimiento del Padre es el Hijo, y el conocimiento del Hijo de Dios se logra por el Espíritu Santo”
(San Irineo de Lyón, Demonstratio praedicationis apostolicae, 7: SC 62, 41-42).
El Espíritu Santo nos concede SIETE DONES:
1.- Don de Sabiduría: Nos hace comprender la maravilla insondable de Dios y nos impulsa a buscarle
sobre todas las cosas y en medio de nuestro trabajo y de nuestras obligaciones.
2.- Don de Inteligencia: Nos descubre con mayor claridad las riquezas de la fe.
3.- Don de Consejo: Nos señala los caminos de la santidad, el querer de Dios en nuestra vida diaria,
nos anima a seguir la solución que más concuerda con la gloria de Dios y el bien de los demás.
4.- Don de Fortaleza: Nos alienta continuamente y nos ayuda a superar las dificultades que sin duda
encontramos en nuestro caminar hacia Dios.
5.- Don de Ciencia: Nos lleva a juzgar con rectitud las cosas creadas y a mantener nuestro corazón en
Dios y en lo creado en la medida en que nos lleve a Él.
6.- Don de Piedad: Nos mueve a tratar a Dios con la confianza con la que un hijo trata a su Padre.
7.- Don de Temor de Dios: Nos induce a huir de las ocasiones de pecar, a no ceder a la tentación, a
evitar todo mal que pueda entristecer al Espíritu Santo, a temer radicalmente separarnos de Aquel a
quien amamos que es quien constituye nuestra razón de ser y de vivir.
Tema de meditación y de reflexión: Estamos en el tiempo de la Pascua y es buen momento
para recrear en nuestro interior el deseo de mayor amor. Roguemos al Espíritu Santo que es el “Dulce
Huésped” de nuestra alma para que nos embellezca con los frutos que produce su presencia:
Caridad, Gozo, Paz, Paciencia, Mansedumbre, Bondad, Benignidad, Longanimidad, Fe,
Modestia, Templanza y Castidad. Dejemos que Él actúe y si notamos estos frutos, su presencia es
segura.
Compromiso: La Comunión Eucarística, siempre bien preparados y en gracia, perfecciona las
virtudes y abre el corazón para recibir los frutos del Espíritu Santo porque nuestro Señor, al unir su
Cuerpo al nuestro y su Alma a la nuestra, quema y consume en nosotros las semillas de los vicios y
nos comunica poco a poco sus divinas perfecciones. Vayamos a la Eucaristía para perfeccionarnos en la
santidad que es la perfección del amor.