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Tres moralejas
Arrigo Coen Anitúa
E
N el espacio radiofónico sabatina al que soy asiduo, nunca se han recibido consultas
referidas directamente a la política nacional.
En ello han parado mientes algunos amigos del conductor del: programa cuyo invitado
soy, quienes le hicieron notar su extrañeza por tal circunstancia, él, a su vez ya
al aire -como se dice en jerga profesional-, esto es, con micrófono abierto, me preguntó
a qué podría yo atribuir el hecho.
Claro que en lingüística no faltan -sobre todo en paremiología- dichos populares que caen
como anillo al dedo actualmente, cuando nuestros políticos .desperdician un valioso tiempo
que podrían consagrar al provecho de sus representados, dedicándolo unos a otros, a "sacarse
los trapitos al sol" en lugar de acatar el viejo adagio de que “la ropa sucia se lava en casa". Al
contrario, se recriminan recíprocamente de negligencia, olvidando tópicos -lugares
comunes- tales como el de "ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio", aquel
otro de "el comal le dijo a la olla: mira qué tiznada estás”
No recuerdan que para tener la lengua larga, 'riqueza de argumentos acusatorios’ se
necesita tener la cola corta, para no exponerse a que se la pisen. Quien tenga cola que le
puedan pisar, que no fablistanee, 'que no sea habladcr' fantochero, porque así le ha de ir:
va por lana y resulta trasquilado.
A este respecto voy a contarles un cuento que, a falta de una tiene tres moralejas.
Este era un pollito que andaba muy quitado de la pena. Por el corral de la granja en
que hacía poco que había salido del huevo. Picoteaba la tierra, en busca de algún extremo de
lombriz para desenterrarla y devorar.
En eso, se percata de que un cacomistle está logrando colarse por debajo de la valla que
limita el patio. Vuelve los ojos hacia el gallinero y calcula que no va llegar a él antes
de que lo alcance el astuto basárido. Se decide entonces por buscar refugio en el establo.
Corre hacia éste, se mete y va a dar entre las patas traseras de una vaca, precisamente en
el momento en que ella suelta su boñiga, con la que el pollito queda cubierto.
El cacomistle, que tuvo tiempo de ver al pollito meterse al establo, también entró en
él. Pero quedó perplejo al no hallar a su posible presa por ningún lado.
El pollito se sintió ahogar en aquel maloliente condimento y, con un desesperado esfuerzo,
aleteando, logró emerger, gritando" pío, pío" ... y el cacomistle, ni tardo ni perezoso, le echó
garra y en un santiamén se lo zampó.
Como dejé asentado arriba, este cuento tiene tres moralejas a saber:
Primera moraleja: No todo el que te llena de inmundicia es tu enemigo.
Segunda moraleja: No todo el que te saca del excrementc es tu amigo--.
Tercera moraleja: Cuando te sientas inmerso en el oprobio de lo
asqueroso, aguanta, no te muevas, no digas ni pío.
Tres oficios, tres problemas
CIaudia Hernández García
Daniel juárez Melchor
-¡Cómo! -exclamó Ernesto mientras casi se le salían los ojos de las órbitas-o ¡Si el álgebra es
la cosa más apestosa que ha inventado la humanidad!
-Parece que no te gusta mucho el álgebra -insinuó Minler.
-Es lo que más aborrezco de las matemáticas -siguió Ernesto-. Son un verdadero suplicio. -Me
recuerdas a un conocido personaje. ¿Has oído hablar de Víctor Hugo?
-No, no suelo ver los actores de la tele...
-¡No, hombre! ¡fa, ja, ja! Me refiero al escritor francés Víctor Hugo -aclaró Minler-. Vivió durante
el siglo XIX y [...] es considerado como uno de los mejores escritores de ese siglo. En una ocasión,
recordando los estudios de su infancia, escribió:
Vivía sacrificando a los números, negros ejecutores;
Era alimentado a la fuerza con álgebra,
Me ataron a un potro de tortura
Me torturaron desde las alas al pico
Con el terrible tormento de X y Y...
-Comprendo lo del tormento. El álgebra es algo que no hay quien entienda y además no sirve para
nada. ¿Cuándo se resuelve una ecuación o se utiliza un polinomio en la vida normal?
El mago se acomodó en el asiento y, pacientemente, explicó a Ernesto lo siguiente: "Aunque tú
creas que los polinomios, las expresiones algebraicas y las ecuaciones no sirven para nada, suelen
tener muchas aplicaciones, a veces sin que nos demos cuenta. Esto pasa por ejemplo en algunos
trucos de magia como los que vimos el otro día y también en el que te acabo de explicar. Agarra un
lápiz y vamos a realizar unas operaciones.
Ernesto se rascó la cabeza. Álgebra y magia... Esto comenzaba a interesarle.
*
JOSÉ MUÑoz SANTOJA **
Los problemas que hemos seleccionado para este
número de Correo del Maestro pueden ser resueltos
por alumnos de cuarto grado de primaria en adelante.
Como siempre, sugerimos que los alum
nos traten primero de resolverlos en equipos de dos
o tres integrantes y que posteriormente se genere una
discusión grupal para comparar estrategias y
soluciones.
* Tomado de Ernesto, el aprendiz de matemago. de José Muñoz Santoja. Editorial Nivola, España, 2003. ** José Muñoz Santoja ha sido
catedrático de matemáticas desde hace 26 años. Es miembro fundador de la Sociedad Andaluza de
Educación Matemática THALES, autor de libros y articulos sobre matemáticas, informática y medios de comunicación.
Actividad:
l. Un pintor tenía tanta prisa de terminar su trabajo
que cometió algunos errores cuando pintóestos
letreros. Pintó mal una letra de cada palabra.
¿Podrías decir qué debió decir cada uno de los
letreros?
1
A81~RTO 11 JM~UJE I
1 CERlfDO I
1 ST~DA 1
2. Una señora decidió hacerse una pulsera con estas cuatro piezas. El joyero le
cobraría un peso por cada corte
que tuviera
que hacer para abrir los eslabones y
(j):ib
( j):ib
engarzarlos con el resto. Él le dijo que le cobraría cuatro pesos porque tendría que
abrir cuatro eslabones. Ella lo pensó un segundo y le comentó que podía hacer el
abriendo
eslabones.
¿Puedes
eslabones
que cortar
el
3. trabajo
Juan acababa
de sólo
llegartres
a vivir
a un pueblo
en decir
el quequé
sólo
hay dos tiene
peluqueros.
Como
joyero?
no
los conocía fue a visitar las dos peluquerías antes de tomar una decisión. La peluquería del peluquero 1 estaba realmente sucia y había cabellos por todo el piso. El
peluquero mismo necesitaba bañarse y rasurarse, y su corte de pelo era el peor que
Juan había visto en su vida. Cuando llegó a la peluquería del peluquero 2, notó que el
lugar estaba impecable, que el peluquero 2 estaba perfectamente rasurado y que tenía
un corte de pelo increíble. Juan corrió inmediatamente a cortarse el pelo con el
peluquero 1. ¿Podrías decir por qué Juan decidió cortarse el pelo con el peluquero 1
y no con el peluquero 2?
«~
(:fS4t)
Soluciones:
l. Éstas son las palabras que deberían leerse en los letreros: ABIERTO, SALIDA, EMPUJE
Y CERRADO.
2. El joyero había pensado en abrir un eslabón de cada una de las cuatro piezas. En
cambio, la señora pensó en cortar los tres eslabones de una de las piezas y usarlos
para unir las tres restantes.
3. En un pueblo donde sólo hay dos peluqueros uno tiene que cortar el cabello del
otro. Como el peluquero 2 tenía el mejor corte de pelo, Juan supo que el peluquero 1 tuvo que habérselo hecho. Por eso fue con él.
<>
S8
Correo del Maestro. Núm. 106, marzo 2005.
El aventurero imaginario*
Yo/anda de /0 Torre
S
i alguien tuvo la grandeza de viajar de un
extremo a otro del mundo sin moverse, ése
fue Julio Veme. Cuentan que siendo niño salió un
día de casa, y asustó de tal manera a sus padres que
se prometió nunca más explorar otros límites que no
fueran los de su imaginación. Pero la mente de
Veme no conocía fronteras: aunque fue obligado a
estudiar Derecho, su habilidad literaria era, sin duda,
mucho mayor que su gusto por las leyes y terminó
por imponerse. No por nada se le considera a la
fecha, junto con HG. Wells, uno de los padres de la
ciencia ficción. y es que su otra pasión era,
justamente, la ciencia. Visionario, Julio Veme
propuso viajes a la Luna y al centro de la Tierra que
en su momento parecían tan descabellados como la
máquina del tiempo de Wells. Hoy, aunque no
hemos penetrado las entrañas de nuestro planeta,
conocemos el suelo de Marte y tratamos de sacarle
la medida exacta al cosmos. Quién iba a pensarlo
hace apenas cien años.
Veme fue prolífico. Y agudo. En sus novelas
sobra emoción y la aventura, aunque sea imaginaria,
es un derroche en casi todas. Ahí están el señor Fogg
y su apresurado recorrido por el mundo; Barbicane y
sus esfuerzos por alcanzar nuestro pequeño satélite,
y un intrépido correo del zar que intenta ir de Moscú
a Siberia en una Rusia conquistada por los tártaros.
Estas obras -La vuelta al mundo en ochenta días, De la
Tierra a la Luna y Miguel Strogoff- son tres de las más
representativas del autor y se encuentran reunidas en
el volumen dedicado a Veme dentro de la colección
Obras Selectas de EDIMAT Libros.
* Reseña del libro Julio Verne. Obras selectas. EDIMAT Libros. España.
A primera vista, no parece haber ningún vínculo
entre las tres. ¿Qué tienen en común una carrera
alrededor del orbe, el plan para lanzar una cápsula al
espacio mediante un cañón gigante y la desesperada
misión de un mensajero del zar? En primer lugar, la
habilidad para trazar sitios con los lápices de la
mirada interior: sin moverse de su natal Francia,
Julio Veme acometió la empresa de describir
paisajes lejanos como si estuvieran plasmados en
sus ojos. Pero lo que más las une es el apasionante
sentido aventurero de un autor que supo manejar el
suspenso de manera casi natural: a cada obstáculo
para los personajes se suma otro, de tal forma que
sus empresas se toman prácticamente imposibles.
Sin embargo, los héroes de Veme no saben darse por
vencidos: conocen el desaliento, pero no la derrota.
A estas tres obras las enlaza, pues, el viaje a
través de la más preciada herramienta del es
critor: la imaginación. La más conocida es quizá La
vuelta al mundo en ochenta días (1872) cuya
trama es suspenso puro: Phileas Fogg, un acaudalado británico, apuesta que puede recorrer el mundo
en únicamente ochenta días sin más ayuda que la de
su fiel criado Picaporte. El itinerario debe ser
seguido por los dos viajeros con precisión
matemática o Fogg puede perder toda su fortuna por
cuestión de segundos. Y si los incidentes acarreados
por el azar del viaje mismo no fueran suficientes
para detener a nuestros expedicionarios -quienes con
toda la prisa todavía se dan el lujo de rescatar
princesas, pisar la prisión e incluso enamorarse-,
encima, el millonario británico es confundido con un
ladrón. Así, Fogg y Picaporte deben transitar por
cielo, mar y tierra perseguidos por un policía
empeñado en detenerlos. Al final, nos damos cuenta
de que para Phileas Fogg no está en juego sólo su
dinero: se trata, en última instancia, de una apuesta
de honor.
De las tres novelas que conforman el volumen, la
más cercana al género de la ciencia ficción es la
segunda, De la Tierra a la Luna. Escrita por el
autor francés en 1865, ésta recoge uno de los sueños
más preciados de la humanidad: viajar por el espacio
exterior. La propuesta de Julio Verne, aunque parece
ingenua vista desde nuestros días, era apasionante
para sus tiempos: construir un cañón gigante con el
fin de lanzar una cápsula tripulada a la órbita lunar.
El protagonista, Barbicane, es integrante del Gun
Club de Baltimore, Maryland, en Estados Unidos, y
junto con sus amigos lleva a cabo, a lo largo de la
novela, los preparativos para el lanzamiento desde
territorio americano.
Vale la pena destacar aquí el ámbito en que fue
escrita la obra: corría el 1800 y la ciencia se había
convertido en el eje del conocimiento. La era industrial estaba en su apogeo y no era de extrañar,
entonces, que Verne tuviera el atrevimiento de
proponerse salvar distancias asombrosas aunque
fuera de manera literaria. Poca gente duda, asi
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Correo del Maestro. Núm. 106, marzo 2005.
mismo, que De la Tierra a la Luna fue la
simiente del sueño conquistado cuando el hombre
pisó nuestro satélite: ese gran paso de la humanidad
tuvo primero lugar en la imaginación del escritor
francés que en ningún otro sitio.
Por último, Miguel Strogoff (1876) narra el trayecto del correo del zar desde la capital rusa, Moscú,
hasta las heladas tierras siberianas, para llevar un
mensaje secreto al gobernador de aque,.. llas
latitudes. La empresa no sería tan difícil si no fuera
porque Strogoff se encuentra rodeado de enemigos,
pues la gran Rusia ha sido conquistada por el pueblo
tártaro y la salvación del país depende únicamente
de él. Miguel Strogoff alcanza casi dimensiones
épicas en su desesperado intento por entregar la
misiva; su valor y entereza lo acercan al heroísmo.
De todos los personajes de Julio Verne, posiblemente Strogoff sea el más humano: más alláde la
aventura, el protagonista de la novela es un hombre
que sabe emocionarse, de sentimientos profundos y
encontrados. Ni el peligro que corre su propia madre
o el caer en las manos de sus adversarios logran
arrancarlo de su patriótica misión mientras atraviesa
los miles de kilómetros que lo separan de la meta.
Cerca incluso de quedarse ciego, Strogoff no
desfallece: no hay guerra, invasión o tortura que
puedan detenerlo.
Fue así como Verne, hombre de naturaleza hogareña, recorrió las estepas rusas de la mano de su
protagonista, del mismo modo en que se asomó a la
órbita lunar y desafió a los incrédulos británicos con
Barbicane y Phileas Fogg. Soñador o visionario,
Julio Verne vio siempre más allá de la miopía de sus
contemporáneos y, merced a ello, dio nuevos cauces
a la imaginación humana. Es por eso que sus textos
atrapan hasta perder el aliento a todo tipo de público.
La edición de estas tres novelas en un volumen
único es un esfuerzo por ofrecer a los lectores
versiones fáciles de conseguir, económicas y de muy
buena factura. O