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Acondicionamiento del corazón
Isaías 6:1-8 (NVI)
Una meta en la IWU (Universidad Wesleyana de Indiana) es promover un programa de
ejercicio, estudiando los latidos del corazón....
¿Por qué es importante el corazón en su relación con la condición física?
El corazón late unas 100.000 veces al día y unas 35 millones de veces al año. Durante
una vida promedio, el corazón humano late más de 2.5 mil millones de veces.
El cuerpo tiene unos 5.6 litros de sangre. Estos 5.6 litros circulan por el cuerpo tres
veces por minuto. En un día, la sangre viaja un total de 19.000 Kms., es decir, cuatro veces la
distancia entre la costa oriental y la costa occidental de los Estados Unidos.
El corazón mueve cerca de 1 millón de barriles de sangre durante una vida promedio.
Es suficiente para llenar tres buques cisternas de los más grandes.
Si el corazón falla en cumplir su tarea, se puede vivir tres o cuatro minutos… luego, la
vida se acaba.
Cuando una persona es diagnosticada con insuficiencia cardíaca, no quiere decir que el
corazón ha dejado de funcionar, sino que está funcionando en forma deficiente. En otras
palabras, no está circulando la sangre suficiente para suplir las necesidades del cuerpo que
necesita sangre rica en oxígeno. Sin embargo, es posible que con un tratamiento adecuado la
persona viva muchos años después de ser diagnosticada con esta enfermedad.
En los Estados Unidos hay unos 2 millones de personas con insuficiencia cardíaca.
En síntesis, estamos bien informados acerca de la importancia de nuestro corazón físico
y de la forma de mantenerlo en buenas condiciones. Pero, ¿qué tal de nuestro corazón
espiritual? ¿En qué condición se encuentra? Y ¿qué puedo hacer por él?
Leer la Escritura. Orar.
¿Qué ocurría en Judá en ese tiempo? Los comentaristas nos dicen que fue un tiempo
de prosperidad material exterior, pero con mucha corrupción interior. Isaías se preocupaba por
lo que el Señor deseaba para Judá. Es probable que Isaías sintiera como una pérdida personal
la muerte del rey Usías, y fue en este punto crucial de la historia de la nación que el Señor se
apareció a Isaías.
1. ¿Qué espera usted?
Fue un periodo difícil en la historia de la nación y también lo fue en la vida de Isaías.
Pero él estaba obedeciendo a Dios, confiando en él. Estaba en el templo con la mente abierta
para oír lo que Dios le dijera. Y nosotros ¿a qué abrimos nuestra mente? ¿Qué estamos
experimentando de Dios?
Nos resulta demasiado fácil mirar pasajes como éste y decir: “Pero en esos días era
diferente. Dios era, de algún modo, diferente, y su forma de comunicarse era diferente a la de
hoy”. Sin embargo, aunque esto sea verdad, no es eso todo lo que ha cambiado.
¿A quién vio Isaías en el templo “excelso y sublime”? Encontramos la respuesta en
Juan 12:41. Después de citar a Isaías 6, Juan dice: “Esto lo dijo Isaías porque vio la gloria de
Jesús y habló de él.” ¡Isaías vio a Jesús! Así que, ¿qué ha cambiado? ¡El Señor asombroso
que Isaías vio ha venido ahora a vivir en el corazón y la vida de los hombres y las mujeres
como ustedes mediante la persona del Espíritu Santo! ¿Lo conoce usted? ¿Lo está
esperando? ¿Lo está esperando esta mañana? ¿Tiene usted un corazón abierto?
Muchos de nosotros nos hemos conformados con vivir un cristianismo superficial.
Queremos tener a Cristo en nuestro corazón, y sabemos incluso cuánto queremos de él. ¡Éste
no es un corazón abierto!
En las “Crónicas de Narnia” de C. S. Lewis, la figura de Cristo es Aslan, el león. Puede
ser manso, jugar y brincar, “pero tengan cuidado,” amonesta el escritor: “El león no es un león
domesticado”.
Cuando ustedes piensan en Jesús, ¿qué esperan? ¿Cómo reflejaría usted su amor por
Jesús?
Lo siguiente es una cita de Wayne Cordeiro:
Lo que más amamos, eso mismo llegamos a ser. Por ejemplo, tengo un amigo que ama
el tenis. Se viste de cosas de tenis. Lee revistas del tenis. Habla del tenis. Tiene una raqueta, y
su pelo se parece a una pelota de tenis.
A otro amigo le encanta esquiar sobre las olas del mar. Su ropa muestra cosas del mar.
Habla de las olas del mar. ¡Hasta ha comenzado a tener el olor de las algas! Todo en su vida
está comenzando a seguir en esa dirección.
Pero ¿no es verdad que sea lo que sea aquello que amamos, empezamos a movernos
en su dirección? Para algunos es el comer. ¡Me callo en ese punto!
Es por eso que la Biblia afirma que el más grande de los mandamientos es “Ama al
Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas.
No hay otro mandamiento más importante que éstos.” ¿Por qué? Porque el poder de cambiar
se encuentra en las relaciones, y llegamos a ser como aquello que amamos.1[2]
¡Dios desea revelarse a nosotros en una forma que produzca más que un simple
bostezo! Y cuando eso suceda, no será como cuando trato de hablar a mi esposa de algo que
definitivamente no le interesa. Yo sé que muchos de ustedes saben lo que quiero decir. Las
mujeres hacen lo mismo, contando a sus esposos cosas que no les interesan. De hecho, temo
que eso sucede más veces cuando ella me habla a mí que cuando yo le hablo a ella. A veces
me cuenta algo cuando estoy pensando en otra cosa, y es casi imposible oírla verdaderamente.
A veces, debo confesar, he aparentado un interés que no sentía. Aquí estoy para decirles que
cuando vean a Jesús, ¡no será así! ¡No habrá pretensiones! Nada podrá ser fingido.
Dios anhela revelarse a nosotros en una forma que nos deje boquiabiertos, y
exclamando “¡O Señor, sólo Tú eres santo! ¡Tú reinas en santidad, justicia, esplendor y gloria!
Eres más alto de lo que yo jamás podría imaginar. ¡Santo, santo, santo! Así es como Dios
quiere revelarse a nosotros. ¿Tenemos el corazón con la expectativa de ese tipo de
revelación?
Hace unos años Sandi Patti y Larnelle Harris popularizaron el tema titulado: “Acabo de
ver a Jesús.” (I’ve just seen Jesus) ¡Acabo de ver a Jesús y nunca volveré a ser igual! ¿En
qué será usted diferente una vez que haya visto a Jesús. Al introducirnos en este pasaje de
Isaías y mientras el Espíritu Santo nos revela la gloria y el honor de Jesús, tal como Isaías, nos
encontraremos con el corazón desenmascarado.
2. La preparación para la cirugía
¿Qué pasa cuando llego a la sala de cirugía?
Será admitido al área de recepción por una enfermera que verificará su identidad en su
brazalete, y revisará su carta y el formulario de consentimiento. Le pondrán una inyección que
le adormecerá. Entonces lo llevarán a la sala de cirugía. Una vez allí, recibirá la anestesia, y el
área del pecho donde se hará la operación se limpiará con una solución desinfectante.
1[2] Wayne Cordeiro, “A Personal Relationship”, Preaching Today audio #225
Ya preparado, y en un sueño profundo, la cirugía comenzará. El cirujano abrirá el
pecho... Usted no sentirá ningún dolor durante la operación.
El primer paso para corregir el problema es abrir la cavidad del pecho para exponer el
corazón.2[3]
En sentido espiritual, esto fue lo que le ocurrió a Isaías aquel día.
Cuando pisamos las cortes del Rey, cuando recibimos un vistazo del honor, la gloria, la
majestad y la santidad de Jesucristo, Rey de reyes y Señor de señores, el Alfa y la Omega, ...
nosotros, como Isaías, nuestro verdadero ser - lo que verdaderamente somos - está expuesto.
No estamos hablando de un cambio en lo que Dios ve en nosotros. Él ya nos conoce tal como
somos. Somos nosotros los que no nos conocemos. Y el verle a Él en toda Su gloria nos quita
cada capa protectora en que nos hemos envuelto y nos deja clamando, “¡Oh Dios, ten
misericordia de mí, pecador!”
Nuestra tentación es mirar alrededor y decir: “Mira, Dios, yo soy más santo que todos
los demás donde trabajo. Soy más santo que todos mis vecinos. De hecho, soy más santo que
todos en mi familia, hasta de todos mis parientes. ¡Soy más santo, aun, que todos los demás
de mi iglesia! Me parece cierto que yo soy una persona excepcionalmente santa.”
¿Cómo hacemos eso? Tenemos una forma muy sutil de bajar la norma. Nos es fácil
quedar satisfechos con un medio muy bajo, pero Dios nunca ha establecido, ni establecerá,
una norma basada en la curva. Cuando él nos revele el corazón, dejaremos la torpeza de
compararnos con los que nos rodean, y admitiremos inmediatamente que no alcanzamos la
norma que Dios establece.
Puesto que Dios conoce nuestra condición, somos nosotros quienes debemos
conocernos antes de que haya un cambio. ¿Y qué pasa cuando nos damos cuenta? “¡Ay de
mí, que estoy perdido!” Ésta es nuestra respuesta cuando tenemos un vistazo de cómo es
Dios y de cuánto nos falta para alcanzar Su norma santa.
Este es el requisito previo, antes del siguiente paso.
3. La cirugía a corazón abierto
Durante la mayor parte de la historia, el corazón humano se ha considerado como un
órgano prohibido, demasiado delicado para ser tocado. Pudo quedar así mucho tiempo, si no
hubiera sido por la Segunda Guerra Mundial. Los doctores militares, enfrentando heridas y
sufrimiento en proporciones masivas,
exploraron y desarrollaron nuevos avances de
tratamiento – antibióticos, anestesia, transfusiones de sangre – avances que introducirían la
edad de la cirugía moderna.3[4]
El procedimiento más invasivo es la cirugía a corazón abierto. Si no son suficientes la
dieta y el ejercicio para tratar las enfermedades del corazón, se recetan, generalmente
medicamentos. Si persiste la enfermedad, causando dolor, generalmente, se ejecuta un
procedimiento invasivo.4[5]
El autor ruso Alexandr Solzhenitsyn dijo:
“¡Si todo fuera tan sencillo! Si en algún lugar existieran personas acechando
para perpetrar iniquidades bastaría con separarlos del resto de nosotros y
destruirlos. Pero la línea que divide el bien del mal pasa por el centro mismo
2[3] www.baptist-health.com/hearthealth/technology/cab.asp?noupdate
3[4] www.pbs.org/wgbh/nova/heart/pioneers.html
4[5] sln.fi.edu/biosci/healthy/surgery.html (The Franklin Institute)
del corazón de todo ser humano. ¿Y quién está dispuesto a destruir un solo
fragmento de su propio corazón?”5[6]
Tal vez, va más allá del estar dispuesto. ¿Qué, exactamente, somos capaces de hacer
en cuanto a este asunto de la limpieza del corazón? En el versículo 7 es obvio que Dios inició
la limpieza de Isaías. No podemos resolver nosotros nuestro problema del pecado. ¡Y cuán
enorme es este problema! Si ustedes han experimentado la realidad de Su presencia, y han
visto su corazón completamente expuesto, saben lo grotescamente feo que puede parecer su
corazón pecaminoso, y también cuan impotentes nos puede hacer sentir el Diablo, nuestro
adversario.
Quiero decirles una cosa esta mañana: ¡ustedes no son víctimas impotentes, destinados
a ser víctimas por la eternidad! ¡Pueden tener victoria sobre el pecado! ¡Hay poder en la
sangre de Jesús para remediar nuestro problema con el pecado! ¿Dónde están ustedes esta
mañana? ¿Cuál es la condición de su corazón?
“La comunión con Jesús es la antítesis del andar de su pueblo en las
oscuras sombras del pecado, del entrar y salir de la oscuridad, o de entrar
deliberadamente en los caminos de tinieblas.” (Mains)
Si esto describe su andar con el Señor esta mañana, ¡Jesús está anhelando hacer una
obra de limpieza en su corazón! Él tiene poder para tratar con la raíz de su problema, para
establecerle en un andar más constante y una comunión más estrecha con Él. No tenemos
que ser víctimas para siempre. Podemos experimentar victoria. Y, efectivamente, esto requiere
nuestra propia participación.
D.A. Carson escribe: Las personas a la deriva no llegan a la santidad espontáneamente.
Aparte del esfuerzo motivado por la gracia, las personas no gravitan por inercia hacia la
santidad, la oración, la obediencia a las Escrituras, la fe y el deleite en el Señor.
Nos deslizamos pasivamente hacia una mentalidad dividida y la llamamos tolerancia.
Vamos a la deriva hacia la desobediencia y la llamamos libertad. Nos deslizamos hacia la
superstición y la llamamos fe. Valoramos la falta de disciplina y la pérdida de la auto-disciplina y
la llamamos relajación. Nos relajamos hacia la falta de orar y nos ponemos a pensar que
hemos escapado del legalismo. Nos deslizamos hacia la impiedad y nos convencemos de que
hemos sido liberados.6[7]
Tal vez, lo que necesitamos realmente es la cirugía de nuestro corazón.
4. La vida con un nuevo corazón
El pastor entró en la iglesia a solas y sintió profundamente la santidad de Dios. Fue al
frente, se arrodilló ante el altar y comenzó a darse golpes en el pecho, clamando, “¡Oh, Señor,
yo no soy nada!” Pocos momentos después, entró el ministro de la música. Él, también,
experimentó una tremenda presencia de Dios y, al ver al pastor, se arrodilló a su lado. También
comenzó a golpearse el pecho y decir, “¡Oh, Señor, yo no soy nada!”
Sucedió que todo el equipo, uno por uno, comenzó a entrar. El director de las
actividades, el ministro de enseñanza – por fin todo el equipo de la iglesia, todos arrodillados
ante el altar, estaban uniéndose en el clamor a Dios, sintiendo su insignificancia ante el
Todopoderoso.
5[6] Sometido por Jeff Arthurs, citado en: Bill Hybels, Making Life Work:Putting God’s Wisdom into Action
(InterVarsity , 1998), p. 204
6[7] D. A. Carson, citado en “Reflections”, Christianity Today (7-31-00)
Enseguida, entró el custodio de la iglesia, sintió el espíritu de avivamiento como los
demás, se arrodilló con los colegas ministeriales, comenzó a darse golpes en el pecho y se
unió en el refrán, “¡Oh, Señor, yo no soy nada!”
En ese momento, el pastor levantó la vista, vio al custodio, le dio un codazo suave al
ministro de la música que estaba a su lado, y dijo: “¿Qué te parece? ¡Mira quien piensa que no
es nada!”7[8]
Los trucos del diablo para evitar que seamos personas santas son numerosos. Algunos
se estremecen al pensar que debemos ser persona santas – pero no hay alternativa si vamos a
seguir seriamente el camino de la obediencia a Dios. La conclusión es que Él es santo y quiere
hacernos santos – ¡como Él!
Esto no puede suceder sin una intervención sobrenatural en su vida. ¿Está usted
receptivo a esto? ¿Tiene usted el corazón abierto? ¿Tiene usted el deseo de ser expuesto
ante la asombrosa luz de la santidad de Dios? ¿Confesará su necesidad de ser limpiado? ¿Y
permitirá que el Espíritu haga esta obra en su corazón?
La forma de llegar a esta experiencia es también la manera de mantenerla. La mayor
parte de nuestra vida no se consume en “una-vez-en-la-vida” experiencias, sino en procesos.
Una vez que se transita en el camino de Dios, estos mismos elementos que constituyeron ese
camino se transforman en los mismos que conservan el corazón de siervo a través del proceso.
¿Qué significa esto?
Continuar desarrollando un corazón expectante.... Confíe que él le enseñará
cosas nuevas acerca de sí mismo.
Continuar siendo receptivo, abierto a lo que él quiere revelarle acerca de sí
mismo. Permítale exponer en usted nuevas cosas que deben ser cambiadas –
nueva luz en dónde caminar.
Seguir permitiendo que el Espíritu Santo continúe Su obra purificadora en su
vida para mantener las cosas en armonía con él mismo, para mantenerle apto para
el servicio en su reino, y para que mantenga el corazón saludable del siervo.
¡Qué gran manera de vivir!
7[8] Don Aycock, Memphis, Tennessee