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Teoría neodarwinista de la evolución
CARLOS LÓPEZ FANJUL
La noción de que la naturaleza de cualquier sistema es intrínsecamente inestable y está
sometida a perpetua alteración es una idea filosófica que se introduce en las ciencias
positivas a lo largo del siglo XIX. Dentro del concepto evolutivo cabe establecer, con
Lewontin, una serie de principios -cambio, orden, dirección, progreso y
perfeccionamiento- y clasificar las distintas teorías por el número de ellos que incluyen
en su formulación. De hecho, sólo el principio de cambio es común a todas las hipótesis
evolutivas, puesto que el orden, concebido en términos absolutos y no sólo como
artefacto clasificatorio útil, presupone preconcepción de al menos una situación
totalmente ordenada, a la que pudiera referirse el grado de ordenación de las demás. Si
el verdadero orden existiera, la aceptación de los tres principios restantes, señala
Lewontin, es casi una consecuencia inmediata, puesto que dirección sólo implica la
existencia de una secuencia lineal de estados, cuyo grado de ordenación es más
semejante cuanto mayor sea su proximidad en ella. Progreso presupone dirección moral,
es decir, un grado ascendente de ordenación en la secuencia, y el perfeccionamiento
añade a la teoría un elemento utópico, en cuanto considera la posibilidad de, mejora de
la meta alcanzada. Evolución orgánica
Es difícil, pues, que una teoría evolutiva rigurosamente científica y, por tanto,
comprobable empíricamente, acepte, al menos sin reparos, más principios que aquel que
establece, que el estado actual de un sistema que evoluciona es el resultado de un
cambio, más o menos continuo, realizado a partir de la situación inicial; cambio que
debe ocurrir con cierta frecuencia y no de manera esporádica, originado por causas que
son, en sí mismas, inmutables. De la aceptación de estos postulados se desprende el que
la evolución siga en marcha.
La edad de la Tierra se calcula hoy en unos 10.000 millones de años; la aparición de la
vida se estima que ocurrió hace unos 5.000 millones, y la del hombre, hace sólo unos
tres millones. Las distintas formas en que la vida se manifiesta no han surgido
teleológicamente, dirigidas y diseñadas hacia un fin y de acuerdo con un plan concreto,
sino que se producen como respuestas a las características, asimismo mutables, del
medio en que habitan.
El evolucionismo pretende reemplazar un concepto estático del Universo por otro
dinámico y explicarlo invocando exclusivamente causas naturales. Puede considerársele
como el final de un proceso intelectual que comenzó desplazando a la tierra del centro
del Universo y que, más tarde, desaloja al hombre, en cuanto ser orgánico, del centro de
la creación.
Con la aceptación de los principios evolutivos aparece la Biología como nueva
disciplina que reúne las tres condiciones que califican a una ciencia: organización
sistemática del conocimiento, formulación de hipótesis lógicas para la explicación de
los fenómenos conocidos y posibilidad de contrastación empírica de éstas. La diferencia
esencial entre la Historia Natural y su hija, la Biología, reside en que la segunda
proporciona una teoría explicativa comprobable, en el sentido popperiano del término,
de los hechos que describe la primera. El centro de esta teoría es el concepto evolutivo,
que abarca a todos los seres vivos y actúa de igual forma en cualquiera de ellos,
constituyendo, por tanto, la generalización más importante que ha producido la Biología
como ciencia.
Contribución de Darwin
La gran contribución de Darwin a la ciencia no ha sido la introducción del concepto
evolutivo en la formulación de una teoría compatible con la descripción conocida del
mundo orgánico, lo cual se debe, principalmente, a Buffon y Lamarck, sino la
proposición del mecanismo de selección natural, por medio del cual puede ocurrir la
evolución. El redescubrimiento del mendelismo en 1900 proporciona los conocimientos
genéticos básicos que se incorporan al darwinismo en la llamada teoría sintética o
neodarwinista, cuya materia básica es la Genética de Poblaciones; así adquiere el
evolucionismo la capacidad de predicción cuantitativa de que debe disponer una
verdadera hipótesis científica. De todas las teorías evolucionistas propuestas hasta hoy,
sólo el darwinismo y el lamarckismo y sus modificaciones e hibridaciones pueden ser
objeto de comprobación experimental. El grado de corroboración actual de la teoría
neodarwinista es tal que se ha hecho, con palabras de Maynard Smith, imprescindible en
Biología, en el mismo sentido en que lo es, en Física, la mecánica de Newton o
cualquiera otra teoría que incluya dicha mecánica por reducción. La teoría
neodarwinista se apoya en las siguientes consideraciones:
1. El único carácter a tener en cuenta es la eficacia biológica(«fitness»), definida para
cada individuo como su contribución de descendientes a la generación siguiente. En este
atributo se engloban muchos otros (morfológicos, fisiológicos, de comportamiento),
siendo sus componentes principales viabilidad y fertilidad.
2. El concepto de eficacia biológica debe considerarse aplicado a los individuos de una
población, definida como conjunto de individuos que forman una unidad de
reproducción en el tiempo y en el espacio. Estas poblaciones poseen la capacidad de
incrementar exponencialmente en número, aunque tal potencialidad raramente se
manifiesta.
3. En las poblaciones naturales, la eficacia biológica es una característica variable y esa
variabilidad es, en parte, heredable.
Selección natural
Como consecuencia de lo anterior, ciertos individuos de una población aportarán un
número inferior de hijos a la generación siguiente que otros. Si la menor eficacia de los
primeros es heredable, su contribución de descendencia a la población, al cabo de un
cierto número de generaciones, será nula, puesto que, como hemos indicado, el tamaño
de las poblaciones naturales suele ser estable. Este proceso de eliminación en el tiempo,
reflejo de la competencia entre individuos con, distintas eficacias biológicas, es el
bautizado como selección natural por Darwin.
Queda claro así cómo la competencia no tendría consecuencias si ocurriera entre
individuos igualmente eficaces, ni supondría repercusiones futuras si, a pesar de existir
diferencias en eficacia, éstas no fueran heredables. Por otra parte, la competencia tiene
lugar entre los individuos de una misma población y, si no fuera así, el proceso no
induciría cambio, pues la competencia entre especies tiende a la perpetuación de
situaciones de equilibrio de tipo semejante a las que surgen en los sistemas predadorpresa. Por último, es importante destacar que el individuo más eficaz no es el más
fuerte, ni el más inteligente, ni el más astuto, sino, sencillamente, el padre del mayor
número de hijos.
Una vez postulada la existencia de un mecanismo hereditario capaz de transmitir
información a través de las generaciones, que posea también la posibilidad de mutación
de esa información, el proceso de selección natural resulta, en términos prácticos,
inevitable. El calificativo eficaz puede aplicarse con mucha mayor justicia a los genes,
en el tiempo, que a los individuos pertenecientes a una generación dada. La acción de la
selección natural lleva consigo el que, al cabo de las generaciones, se impongan en la
población réplicas exactas de los genes más eficaces de que eran portadores los
individuos que la componían en el pasado, pero, con toda probabilidad, ninguno de los
individuos vivos de esa población en un instante futuro poseerá una constitución
genética idéntica a la de cualquiera de sus antepasados.
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