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Seudónimo: killi
LA VIRGEN IMPÓLUTA DEL RUIDO
La serpiente de tu cuello
De tus blancas manos
Arrepujados como una chalina
Se embelesan de la tarde.
Hay un lago, una pista
Donde tender las manos.
Amando a la medusa
Que te arrebata y sacude.
El mundo es una cabeza
Y los hombres, ¡ya sabes!
Se revuelven y tragan entre ellos.
Ha surgido una iglesia
Donde los santos hacen oraciones fingidas.
Desnudos corren sin poder hablar
Bajo un látigo desnudo
Desnudos esconden sus cuerpos en la tierra
Y miran al desnudo fuego
Quemar, como el amor, la soledad
De estas tierras.
Desnudos lloran y señalan un vocabulario infinito.
Arriba, la desnuda estrella tiende su frío
Y desnuda al silencio
Que transita los cuerpos.
Desnudo
Mis pasos entre ellos.
“Una boca hace sangrar el dedo gordo de mi pie”.
“Piedad, yo soy El Gobernante del Mundo
y por eso estoy condenado a estas llamas
frías, más frías que mis ojos”.
He traído mis hombres
De esas aguas subterráneas
A este mundo de impostores.
- Allí va Cirse, cubierta de tul japonés
Y su piara la sigue embobada.
El camino se revuelve
Y ellos aguantan
Algunos caen tentados por los Cantos
De las bellas durmientes.
Me amarro a mi mástil erecto
Y aguanto la embestida de la Belleza.
Mi corazón es un pez frío.
Como por el mundo dormía en tu carne.
Y el mundo era una manzana
Que recorríamos en las ancas de cualquier rana.
Muerdo la fruta
Y ya no eres transparente
O las aguas se tiñen de sangre
O el viento es algo sólido y se convierte en alma.
Como por el mundo entre mis manos
Te traía y eras pequeña y diurna.
Mordía tu corazón
Y mi espalda se encabritó como olas.
Por eso soy del mar
O el viaje
Pero mis ojos pintan un Chagall
Y ya estoy contigo
Poniéndome la bufanda inmensa que me has tejido.
Beso tu cuello de Iceberg
Y caigo
Con mis hombres.
Todas mis joyas van a parar a los ojos
De esos peces fríos, sin nombre.
Más abajo
El calor de la tierra
Y el Gobernador del Mundo demora en ascender.
Los hombres llevan en andas una virgen desnuda
Blanca piel como piel de conejo.
Ella sonríe y nadie lanza ni una piedra.
Abre las piernas, se refolcija en su asiento
De alabastro
Mientras lee Vanidades o Selecciones
Avienta flores blancas a los enamorados.
Ella se lleva las miradas de los fervientes
En ramos.
Ella levanta esa polvareda y en las calles
Se vende turrón barato.
Las andas paran
Los hombres engolosinados
Raspan la blanca pierna de la doncella
Y aspiran el polvo Amoroso
Con trompas de elefante.