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Es necesario mirar a la Familia de Nazaret para comprender el significado de la familia Primera Lectura (1Sam 1,20-22.24-28): El niño que Ana ofrece al Señor es un fruto de benevolencia y del poder del mismo Dios. Otra mujer, otra madre consciente de la elección divina –María de Nazaret-, ofrecerá también a su hijo como Salvador de la humanidad. Segunda Lectura (1Jn 3,1-2.21-24): El cristiano no se gloría sino de una sola aristocracia: ser hijo de Dios. Ahora bien, esta aristocracia es profundamente democrática, ya que la condición de hijo de Dios es gratuitamente ofrecida a todo ser humano. Evangelio de san Lucas (Lc 2,41-52): El evangelizador debe ser un hombre absolutamente independiente de toda vinculación: no solamente de tipo afectivo (cosa más que comprensible), sino, sobre todo, de tipo económico, social o político. Reflexión La familia, fundada en el vínculo indisoluble del matrimonio, es la célula vital y primera de la sociedad. En ella recibimos la vida y la persona es valorada por sí misma y no por su utilidad. En el troquel de la familia se forja la personalidad individual, a través de ella nos insertamos en una comunidad y en una cultura y es la primera escuela de valores y virtudes sociales que son el alma de la vida y del desarrollo de la sociedad misma. Por esto se puede afirmar que “la familia es la escuela del más rico humanismo" (GS, 52). El bienestar y el correcto progreso de la sociedad dependen del bienestar y salud moral de la familia, mientras que el deterioro de la sociedad familiar suscita ordinariamente el deterioro de la vida social y de los valores comunitarios. A través de la familia nos insertamos en la Iglesia. Ella es el primer templo en el que aprendemos a orar, el lugar privilegiado de formulación y evangelización, la primera escuela de solidaridad y de servicio recíproco y el punto de partida de nuestras experiencias comunitarias. Ella es la "iglesia doméstica" y la primera escuela de vida cristiana "en la que se aprende la paciencia y el gozo del trabajo, el amor fraterno, el perdón generoso, incluso reiterado, y sobre todo, el culto divino por medio de la oración y de la ofrenda de sí mismo" (Catecismo de la Iglesia Católica, 1657). A la familia, y en particular a los padres, está encomendado, como honroso derecho y sagrado deber, la misión educadora. Ella es la primera responsable y la protagonista de la educación de los hijos. Como todos sabemos, en la familia no todo es idilio, paz, serenidad; ella pasa a través del sufrimiento y las dificultades del exilio y de la persecución: a través de las crisis por el trabajo, la separación, la emigración, el desplazamiento, la lejanía de los padres, etc. Es necesario mirar a la Familia de Nazaret para comprender "el significado de la familia, su comunión de amor, su sencilla y austera belleza, su carácter sagrado e inviolable, lo dulce e irreemplazable que es su pedagogía y lo fundamental e incomparable que es su función en el plano social" (Pablo VI, Homilía en Nazaret, 5-01-1964). El ambiente de cada familia debe ser similar al de Nazaret, centrado en la fidelidad de padres y esposos, humildad, sencillez, bondad, generosidad, alegría, paz, fe y esperanza, trabajo humilde y honrado. En un ambiente como el de Nazaret escogido por Dios para su Encarnación y vida de niño, encontramos el ejemplo más importante de cómo se debe formar al niño, al hombre del mañana. María ni José fueron doctores, ni grandes profesionales para el mundo, Dios los escogió por su generosidad, por su fidelidad, por su fe. En una palabra, Dios los escogió por su riqueza espiritual de sencillez y bondad. Francisco Sastoque, o.p.