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LA GRAN AVENTURA
DE MARCOS
Curs 2009-10
Categoría 1
(per a lectors de 5 a 8 anys)
Alèxia Torres
Cazalí E (ESO III)
14 anys
Marcos es un niño especial, no es que tenga poderes, no es más alto, ni más
inteligente que el resto de los niños, pero sí guarda en su interior un mundo lleno de
fantasía. Sus ansias de aventura hacen posible que sólo con su imaginación sea gran
explorador en un mundo perdido lleno de exóticos animales. Es capaz de volar, de
hablar con ellos, de ser el príncipe del cuento o el valeroso caballero que acaba con el
dragón.
Marcos es un niño feliz, redondito y vivaracho, con unos grandes ojos color
canela y larguísimas pestañas negras que hacen su mirada chispeante. Despierto a
todo cuanto pasa en su pequeño pueblo, le gusta andar por sus calles con el gorro de
fieltro que le dio su abuelo y su espada de madera que hábilmente construyó con dos
ramas y un trozo de cordón.
Pero, en su pueblecito, situado en un pequeño valle en un lugar remoto, a las
faldas de una grandísima montaña y un frondoso bosque, ¡nunca pasa nada!, la vida
es demasiado tranquila; los mayores están en sus quehaceres y los niños cuando no
están pescando, están tirando piedras en el río. ¡Qué aburrido, siempre hacen lo
mismo!
Así que Marcos, cuando se cansa de observar, se va a su desván y lee, más
bien devora, sus dos libros de aventuras hasta quedar dormido y revivir en sueños las
mil y una.
Una tarde, Marcos se despierta sobresaltado en su desván, después de una
larga sesión de lectura, con sólo una idea en la cabeza: "Quiero se un explorador de
verdad y vivir mi propia aventura." Y volvió a quedarse dormido satisfecho con su
importante decisión. ¡Aquí comienza la aventura de Marcos!
La mañana era limpia y el sol brillaba en lo más alto de la montaña. En su
cumbre reinaba siempre la neblina, los viejos explicaban que fuera la estación que
fuera, aquella niebla nunca desaparecía. Por eso, ningún labriego ni pastor había
llegado nunca a su cima.
Marcos, decidido a realizar su sueño de aventurero, preparó su zurrón con pan,
queso y vino, para andar por el camino (no sabe muy bien si lo leyó o su abuelo se lo
explicó), se encasquetó su sombrero, agarró su espada y emprendió el camino.
Pasaron varias horas hasta llegar al bosque. Los grandes árboles y enormes
matorrales le despistaron y acabó más perdido que una aguja en un pajar. Un
cervatillo que pasaba por allí, observó su desconcierto y fue en su ayuda veloz:
-
¿Qué te pasa niño? ¡Es evidente que te has perdido!
2
-
Busco el camino para llegar a la falda de la montaña, ¿me ayudarías a
encontrarlo?
Amablemente el cervatillo se ofreció a acompañarlo. Marcos contento de llevar
compañía. Emprendieron la marcha; después de un rato, salvando matorrales,
piedras, zanjas y estrechos senderos, llegaron a lo que claramente parecía el camino
que debía seguir. Allí se despidió de su nuevo amigo y continuó solo. Pronto llegó a la
falda de la gran montaña y antes de ponerse en marcha decidió comer un poco para
reponer fuerzas, así que en un saliente de la ladera de tierra blandita, buscó una
piedra para descansar. Estaba comiendo un poco de pan y queso, cuando sintió que la
tierra tras sus piernas se movía como si algo o alguien arañaran desde dentro;
continuó comiendo, pero la tierra empezó a ceder enterrando sus pies. Visto lo visto,
Marcos empezó a escavar para ver que sucedía y encontró un pequeño tejón, que
fatigado y exhausto, le dijo:
-
Gracias por ayudarme, sólo no lo hubiera conseguido. Mi madriguera se
derrumbó y no podía arrastrar las piedras.
Marcos compartió su comida con el pequeño tejón y le explicó a dónde se
dirigía. Éste, extrañado por su destino, frunció el ceño, le regaló en agradecimiento
una pepita de oro y se fue corriendo. Asombrado sin saber qué pensar, guardó todo en
su zurrón y siguió su camino.
La pendiente de la montaña cada vez se hacía más pronunciada y peligrosa;
sus pies daban un paso y su cuerpo retrocedía dos; las fuerzas empezaban a flaquear,
miraba hacia la cumbre, veía la niebla… ¡Cuánto queda todavía! Mirando hacia arriba,
observó como volaba una enorme y majestuosa águila imperial, que planeaba
observándolo sin perderlo de vista.
Marcos no tenía miedo del águila, conoce su carácter noble, fuerte y honesto;
como gran majestad de los cielos, podría ayudarlo a subir a la cumbre; y así lo hizo.
Levantó sus brazos y empezó a moverlos vigorosamente, a la vez que gritaba para
llamar su atención. El águila acudió a su llamada y planeó hasta llegar a él. Marcos,
respetuosamente, le pidió si podría elevarlo con sus garras y, volando, llevarlo hasta la
cumbre.
El águila le miró… y le preguntó:
-
¿Tú sabes lo que vas a encontrarte en la cumbre?
-
No, quiero descubrir lo que ningún otro ha visto todavía.
El águila lo miró tiernamente al ver su cara ilusionada y empezó a hablarle de
Alla-Diva, la morada de la cima.
3
Marcos, asombrado de que una señora pudiera vivir en lo más alto de la
montaña, le escuchó atentamente y el águila le explicó que Alla-Diva era hija de una
sacerdotisa del Templo de un reino lejano que se enamoró de un joven nómada. Por
su condición de sacerdotisa, no podía casarse ni tener hijos, así que cuando nació
Alla, su madre le abandonó y la regaló a unos nómadas mercantes como esclava.
Alla-Diva creció llena de rencor y de ira hacia el mundo y hacia los hombres; se
convirtió en mujer de corazón de hierro ante las emociones y sólo el odio y el
desprecio hacia los demás la alimentaban. Nunca conoció el amor.
Durante su vida recopiló conocimientos de grandes sabios para someter la
voluntad de los demás; utilizó sus poderes para amasar fortuna y desaparecer.
Lejos de sentir miedo, Marcos pensó que si la falta de amor convirtió su
corazón en piedra, sólo la muestra de amor la salvaría. Así que convencido de su
misión, pidió al águila que lo llevara hasta ella.
Con sus fuertes garras prendió el águila a Marcos por su espalda y
emprendieron el vuelo hasta la cumbre.
Sobrevolaron la montaña hasta traspasar la niebla que cubre la cima y,
pasadas las nubes, el sol volvió a brillar; la montaña se había convertido en una isla,
con las nubes de mar de fondo. El águila, dejando a Marcos en tierra, se despidió de él
y le recordó que estaría observándolo desde las alturas por si necesitaba de su ayuda.
Marcos, con su espíritu fuerte y emprendedor, fue en busca de la morada de
Alla-Diva. No tardó mucho en divisar, no muy lejos, lo que parecía un castillo. Pero, al
acercarse, eran unas cuevas elevadas en unas rocas, con formas caprichosas que
parecían torreones.
Sin miedo entró esperanzado de encontrarla allí.
¡Así fue! Y nada más adentrarse un poco, vio la figura de una mujer que le
miraba inmóvil; se acercó y su cara no mostraba la más mínima expresión de
asombro; le ignoraba de tal manera como si fuera invisible.
Se encontró con una señora bellísima, de cara de porcelana, lejos de la
apariencia de las brujas de los cuentos. Su amarga vida no quedaba reflejada en su
rostro. Sólo su mirada triste y vacía y su silencio, le hizo recordar su historia.
Marcos, sin mediar palabra, se acercó hacia ella; se sentó, agarró su zurrón y
de él sacó la pepita de oro, el pan, el queso y el vino como regalo. Pasaron las horas
en silencio. Alla-Diva le miraba leyendo en su interior, donde sólo había pureza,
valentía, generosidad y mucho amor.
4
Nadie antes se le había acercado, ni ofrecido nada sin pedir algo a cambio.
Aquel niño le hizo recuperar algo de esperanza. Tras largos años de aislamiento, por
primera vez sintió calor en su corazón; algo comenzó a vibrar en su interior por
primera vez y, sin rencor, empezó a hablar con Marcos.
Pasaron juntos varios días. El calor de la compañía de aquel niño, hizo que
Alla-Diva recuperara la ilusión; la amargura de su corazón desaparecía al oír las risas
de Marcos. Pero… él debía volver a su casa.
Con un ¡Hasta pronto! Alla-Diva, con esperanzas renovadas, se despidió de él.
Marcos, con la ilusión de haber vivido ¡por fin! Su gran aventura, emprendió su vuelta
al pueblo con la ayuda de su nueva amiga, el águila imperial.
-
¿Qué fue de Alla-Diva?
-
¿Curó por completo las heridas de su corazón?
-
¿Volvieron a encontrarse en el tiempo?
Ésta es otra historia… Y si… quizás todo ha sido un sueño sin terminar?
Continuará…
FIN
5