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NUESTRO FUNDADOR
Valentín Salinero García, hombre alegre y lleno de compasión, nació en el seno de una familia humilde de Alba de Tormes, el 10 de
Noviembre de 1840. Muy joven se trasladó a la ciudad de Salamanca para trabajar en comercio y ayudar económicamente a su familia.
Pero el Señor tenía una propuesta diferente que hacerle: le invita a seguirle de cerca, en la Compañía de Jesús.
Su formación, orientada hacia las misiones, fue configurando profundamente su corazón. En la etapa de Magisterio fue destinado a La
Habana, Cuba, partiendo con grande ilusión a esa Isla que tanto amó.
Su corazón misionero no se conformaba con las clases del Colegio; había en su corazón una explosión de amor que lo lanzaba al
encuentro de la gente sencilla en campos y bateyes, en cárceles y barrios marginales, lugares donde dolor y exclusión se dan la mano.
Acompañaba al Obispo de La Habana, Mons. Manuel Santander Frutos, en las misiones pastorales, lo que le permitió conocer
prácticamente la mitad occidental de la Isla. El sufrimiento de la gente y el abandono pastoral de esas zonas, conmovía profundamente
su corazón compasivo y misericordioso.
En esta realidad el P. Valentín Salinero escucha el soplo de aliento y vida del Dios que se arriesga en la historia de hombres y mujeres
concretos. Y surge en él el deseo de atacar el mal desde su raíz. Intuye un camino y, poniendo su confianza en el Corazón de Jesús,
propone su inquietud a un grupo de mujeres del Apostolado de la Oración, que dirigía en La Habana. Cinco de ellas se unen al Proyecto
de fundar una Congregación, entregando generosamente sus vidas para “regenerar la sociedad”. Así, en un momento político bastante
convulsionado, nace la Congregación el día 18 de Diciembre de 1891.
Poco tiempo después, el P. Salinero es trasladado a España, lo que facilitó que el Instituto se extendiera por esas tierras. En sus últimos
años recibió el regalo de regresar a Cuba, teniendo la dicha de ver crecer a sus Hijas y de recibir la Aprobación de nuestras
Constituciones por parte de Roma. Dos meses después, el 28 de Septiembre de 1913, murió en el Colegio de Belén de La Habana,
rodeado de la admiración de sus hijas y del cariño de sus compañeros de camino, y dejando una senda de amor y entrega para el mundo
de hoy.