Download Ahora es el momento Marie Story Hay algo que siempre me intrigó
Document related concepts
no text concepts found
Transcript
Ahora es el momento Marie Story Hay algo que siempre me intrigó sobre el primer milagro que hizo Jesús. El segundo capítulo de Juan cuenta la historia de Jesús asistiendo a una boda en Galilea, junto a Su madre y Sus discípulos. De pronto, Su mamá le dice que se acabó el vino. Eso, ya de por sí, es raro. Jesús era un invitado. No le correspondía a Él asegurarse de que hubiera suficiente vino. Evidentemente, Su mamá esperaba una solución sobrenatural al problema de la escasez de bebida, o no se lo hubiera dicho a Jesús. Pero Él le respondió: «Mujer, ¿eso qué tiene que ver conmigo? Todavía no ha llegado Mi hora.»1 Pareciera que falta una parte de esta historia, porque de pronto Jesús les está diciendo a los sirvientes que llenen un montón de tinajas de piedra con agua. Convierte esa agua en vino, y el anfitrión del banquete comenta que le es extraño que el vino bueno haya sido servido último. Nunca me he podido explicar por qué Jesús dijo una cosa y luego hizo lo opuesto. ¿Por qué no quiso hacer algo al principio? ¿Qué fue lo que lo hizo titubear? ¿Fue Su naturaleza humana la que lo hizo sentir que no era el momento perfecto para realizar Su primer milagro? ¿O Él no se sentía listo aún? ¿Creería que no tenía lo suficiente o necesario para hacerlo? La Biblia no nos da ningún detalle sobre el porqué de esta duda de Jesús; solo dice que protestó porque no era el momento. Me pregunto si Dios el Padre intervino y dijo: «¡Ey, ahora es el momento!», y Jesús se puso manos a la obra, se sintiera listo o no. Tal vez no se sentía cómodo para hacer Su primer milagro público, pero Dios lo obligó a aprovechar la oportunidad para actuar, y Él se valió de lo que tenía. Yo hablé anteriormente en otro podcast sobre hacer las cosas «con todas tus fuerzas», y apuntar hacia la excelencia. Creo que ésa es la verdadera clave del éxito en la vida. Si uno procura mejorar en los talentos que tiene, y si uno pone todo su corazón en lo que hace, llegará muy lejos. Algo que a veces me ha detenido era sentir que no estaba lista. No me siento preparada para tomar determinada responsabilidad porque no sé lo suficiente. No veo que cuente con los recursos necesarios para realizar la tarea. O tal vez siento que se me pedirá más de lo que soy capaz de ofrecer. Sin embargo, me doy cuenta de que hay veces en que Dios nos da oportunidades y no hay tiempo para esperar a que nosotros o las circunstancias sean perfectas. De hecho, esperar a contar con las aptitudes y circunstancias perfectas por lo general puede significar que nunca haremos nada. Esperar a la perfección es algo que nos frena. Es más, pienso que a veces hasta nos arruina lo que intentamos hacer. Escuché a unos músicos que, técnicamente hablando, eran perfectos. Habían estudiado teoría musical. Conocían cada detalle del instrumento que cada uno tocaba, y el ritmo era perfecto. Pero no pude disfrutar de su música. Al querer conseguir tal perfección, habían perdido la pasión. En pocas palabras, en su actuación no había espíritu. He leído libros y artículos perfectos gramaticalmente. Cada oración ha sido analizada de modo que no hubiera ningún malentendido. Cada concepto se presentaba a la perfección desde cada ángulo posible. Pero en realidad, esos son los libros que suelo abandonar a la mitad. En vez de volverse intrigantes y emocionantes, me parecía que ya estaba todo dicho para mí. En lugar de ver un destello del alma del autor, todo lo que leía eran palabras áridas. He escuchado a oradores que parecían leer de un guión. Su entonación era perfecta, su presencia era impecable, y sus gestos y expresiones parecían recién salidos de un libro sobre cómo hablar en público. Pero parecía una actuación porque se concentraban tanto en la perfección técnica. Por eso, el mensaje se perdía. En lugar de tener personalidad, yo veía una actuación. Sin embargo, he escuchado música que no era perfecta pero que me levantaba el ánimo. He leído escritos poco pulidos que echaron a volar mi imaginación y desafiaron mi intelecto. He escuchado a oradores que carecían de elocuencia y cometían fallos gramaticales, pero llegaban al fondo de mi corazón y me motivaban a lograr más en la vida. Llega un momento en que uno tiene que dejar de buscar la perfección. No esperar a que cada idea sea impecable, a que todos estén de acuerdo con uno y los planetas estén perfectamente alineados. Llega el momento en que tenemos que seguir adelante y confiar en que Dios obrará por medio de nosotros. Cuando Pedro y Juan se toparon con el hombre cojo en las puertas del templo, dudo mucho que pensaran: «¡Bueno, es hora de demostrar nuestras increíbles y perfeccionadas dotes como obradores de milagros!» No se sentaron primero para escribir un guión, ni planificar una estrategia, ni consultar el libro de texto sobre milagros. Dios los empujó hacia una oportunidad, y ellos simplemente confiaron en que Él obraría a través de ellos2. Un hombre sabio dijo una vez que la perfección es matemática, pero la inspiración es divina3. ¿Te ha dado Dios una idea o un sueño? ¿Ha puesto Él alguna inspiración en el corazón? ¿Estás haciendo algo al respecto? ¿O estás esperando a obtener la educación perfecta, a que llegue el momento perfecto, y a estar en el lugar perfecto para empezar? Detente y ponte a pensar en cuáles son las cosas que te detienen. No estoy diciendo que uno no debería de seguir mejorando en sus aptitudes y talentos. Al contrario, hay que mejorar lo más posible, aprender lo más posible, hacer planes seguros y escuchar consejos prudentes. Pero no dejemos que la imperfección nos detenga. Si Dios te ha dado un sueño, si Él ha puesto una chispa de inspiración en tu corazón, entonces haz algo al respecto. Si Dios te está dando un toquecito diciéndote: «¡Ahora es el momento!», entonces, por el amor de Dios, ¡hazlo! Al dar esos pasos pequeños e imperfectos, Dios se pondrá manos a la obra por ti y hará lo que tú no puedas. Notas a pie de página: 1 Juan 2:4 NVI 2 Hechos 3:1-8 3 David B. Berg Traducción: Adriana Vera y Antonia López. © La Familia Internacional, 2012 Categorías: oportunidades, confiar en Dios