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LA DIMENSION SOCIOCULTURAL DE
LA HIPERTENSION ARTERIAL
Autor: Dra. Alina Margarita Pérez de Armas.
“ ... El médico será algo más que alguien que atiende a uno que
se enferma y va al hospital, sino que tendrá un papel
especial en la medicina preventiva, ..., en fin será un
“Guardián de la Salud”. (1983).
Fidel Castro Ruz
INTRODUCCION:
La ciencia y la técnica en las últimas décadas han tenido un desarrollo
vertiginoso en muchos sentidos, pero habrá que preguntarse si a las
funciones biológicas y a la actividad psíquica humana se les ha
garantizado una evolución acorde a las nuevas formas de vida. El
incremento de las llamadas “Enfermedades sociales” consecuencia del
desarrollo, indica que el hombre no ha evolucionado a la par que el
desarrollo creado por él.
Millones de personas mueren cada año en el mundo a causa de
enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares las cuales
representan un porcentaje elevado de la mortalidad general. Los
principales procesos patológicos que lesionan el corazón y los vasos
sanguíneos son la hipertensión arterial (HTA) y la arteroesclerosis, ambos
son silenciosos y continuos. La HTA es considerada la más común de las
condiciones que afectan la salud de los individuos y las poblaciones en
todas partes del mundo y representa por si misma una enfermedad, así
como, un factor de riesgo importante para otras enfermedades.
La Hipertensión Arterial ofrece aspectos orgánicos y socioculturales, y no
podemos descartar a priori ni solapar la importancia de estos últimos, más
si tenemos en cuenta que la prevención de la enfermedad es la medida
más importante, universal y menos costosa para reducir la
morbimortalidad que ella acarrea, y que los cambios en el estilo de vida
del paciente a veces son suficientes para controlarla, al menos por un
tiempo, una vez establecida.
Extensa es la bibliografía que aborda la dimensión biológica de la HTA,
pero no sucede así con la dimensión sociocultural y por ello nos motivamos
en el presente trabajo a analizar esta vertiente de una enfermedad crónica
que merma las estadísticas vitales en la etapa más productiva del ser
humano, con el objetivo de analizar si realmente se aborda de manera
integral esta patología en nuestro medio.
DESARROLLO:
Comenzaremos por hacer una breve reseña de la forma en que se han ido
modificando las valoraciones a cerca del proceso salud- enfermedad a lo
largo de la historia de la humanidad en relación directa con el desarrollo
de la ciencia biomédica y la conciencia filosófica dominante en cada
época.
Durante siglos los hombres comprendieron la salud como norma (desde un
punto de vista estrictamente biológico) como lo opuesto a la enfermedad.
En las sociedades precapitalistas se consideraba la salud como la
ausencia de enfermedad y a esta última como producto de influencias
personales perniciosas- ejemplo el mal de ojo- o como productos de
premios o castigos divinos. Con este criterio habría que llegar a la
conclusión de que no existen individuos sanos ya que comúnmente
siempre hay alguna desviación de un órgano o sistema en un momento
dado.
En el enfoque religioso de la enfermedad, característico de la edad media,
la salud y la enfermedad dan cumplimiento a determinadas normas
sociales supuestamente establecidas por un ser sobrenatural.
En la sociedad capitalista, en el proceso de diferenciación de las ciencias
y el auge de la biomedicina, el reflejo supersticioso del mundo y la
explicación mística de la salud y la enfermedad, es desplazada por una
comprensión científica de la salud, aunque esta se limita a su
determinación biológica.
En la 2da mitad del siglo XX, las valoraciones acerca del proceso salud
enfermedad variaron sustancialmente, debido a la importancia que se le
comenzó a conceder a los factores sociales en este proceso. Es obvio que
enfermedades como la cardiopatía isquémica (para la cual es un factor de
riesgo importante la HTA) el alcoholismo, los accidentes y otras, están más
relacionadas con los modos y estilos de vida de los individuos que con
factores genéticos o fisiológicos.
Al ser el hombre, un ser social, estamos obligados a enfocar la salud de
las personas no sólo desde posiciones biológicas, sino considerando las
características sociales y dentro de estas las psicológicas y espirituales.
La inconsecuencia de entender la salud como una norma o ausencia de
enfermedad fue superada por la definición que acerca de la misma base la
Organización Mundial de la Salud (O.M.S) al señalar
que: “ la salud es un estado de completo bienestar físico, mental o
social y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”.
Por tanto: la salud debe ser entendida como “la calidad de la existencia
del hombre determinada por su relación armónica con el medio naturalsocial que le corresponde”
La salud, o mejor, el proceso salud - enfermedad es una dimensión
armónica que todo lo gobierna. El bienestar no se administra ni por vía
oral, ni por vía parenteral, sino que nace de la integración cuerpo – mentesociedad. La salud, holísticamente concebida no se puede recetar. Brota
de una actividad, de la aceptación de las incertidumbres de la vida, de la
voluntad de tomar responsabilidad de los hábitos propios, de practicar
relaciones humanas satisfactorias, de la manera en que se perciben y se
manejan las relaciones humanas, así como de tener un objetivo en la vida.
La búsqueda y restablecimiento de la salud, requiere múltiples
condiciones, dentro de las que se destacan las económicas y políticas y
sobre todo el sistema de salud pública imperante en cada sociedad. Al
igual que fue cambiando a lo largo de la historia la forma de percibir el
proceso salud enfermedad, se fueron modificando los “modos de enfermar”
La historia de la humanidad ofrece a cada época enfermedades que le
son peculiares. Evidentemente la imprecisión descriptiva y la difícil
identificación de los diagnósticos no permiten poseer una imagen nítida de
cuales fueron las enfermedades de la antigüedad, no obstante existieron
algunos cuadros morbosos dominantes en el pasado, así acaece con la
sífilis durante el renacimiento y la tuberculosis en la época de la
industrialización y del origen del proletariado.
Nuestro tiempo nos ofrece mejores posibilidades de juicio. Lo que más
destaca en el cambio del panorama de las enfermedades actuales es la
notable disminución de los procesos infecciosos, que han cedido su
primacía a los procesos cardiovasculares en las estadísticas de
mortalidad; es de justicia señalar que en tales cambios han sido decisivos
los progresos de la medicina y el descubrimiento de los antibióticos, pero
no podemos minimizar el papel que juegan otros factores, dependientes
del conjunto de peculiaridades de la época y del medio sociocultural en
que el hombre de nuestros tiempos se desarrolla.
Si examinamos con mayor atención las enfermedades de nuestra época,
salta a la vista que él número de enfermos es mayor- aunque no podemos
menospreciar el hecho de que existen actualmente tendencias mundiales
al incremento de la expectativa de vida y ello ha propiciado que una mayor
cantidad de personas transite hacia la tercera edad, y que por otra parte
los medios diagnósticos modernos han permitido una clasificación más
específica de las enfermedades- el incremento en el uso de medicamentos
ha modificado poco la elevada morbilidad de algunas afecciones y también
es elevada la invalidez prematura de causa patológica.
Si analizamos la situación particular de nuestro país resaltan los grandes
éxitos de la salud pública cubana en los últimos años que han conducido
al desplazamiento de las enfermedades infecciosas de los primeros
lugares de morbilidad y mortalidad y ahora son las enfermedades
crónicas no transmisibles (como la HTA) las que ocupan los primeros
lugares, al igual que en los países desarrollados, donde los aspectos
psicológicos y sociales de la enfermedad adquieren una nueva dimensión
a la hora de su análisis integral en el ser humano. Nunca se subrayará
con el suficiente énfasis el hecho de no existe en el mundo un ser viviente
tan dependiente de las condiciones ambientales y tan marcado por ellas,
como el hombre.
Los modos actuales de enfermar y la percepción que hoy se tiene del
proceso salud enfermedad nos obligan a distinguir dos dimensiones de la
enfermedad, una en la cual el hombre es objeto de la salud por los estados
orgánicos y la incidencia del personal médico y paramédico en él, y la otra
en la cual el hombre debe ser sujeto de la salud al tomar conciencia
(aprehender) de su responsabilidad individual y social ante la enfermedad
que padece.
Estas dos dimensiones quedan claramente ilustradas en las
enfermedades crónicas que, si bien son conceptualizadas como claramente
orgánicas a tenor de sus características - degradación progresiva del
organismo, desconocimiento de su origen, multifactorialidad, tratamiento
prolongado, no curables – tienen además consecuencias sociales, en
algunos casos permanentes.
La hipertensión arterial es una enfermedad crónica no transmisible con
una prevalencia que ha ido aumentando significativamente en los últimos
años. En el mundo se estima que aproximadamente 691 millones de
personas la padecen. De los 15 millones de muertes causados por
enfermedades circulatorias, 7,2 millones son por enfermedades
coronarias del corazón y 4,6 millones por enfermedad vascular encefálica.
La HTA está presente en la mayoría de ellos.
En el Programa Nacional de Prevención, Diagnóstico, Evaluación y Control
de la Hipertensión Arterial, esta es definida como:
“La presión arterial sistólica de 140 mm de Hg o
más o una presión arterial diastólica de 90 mm
de Hg o más, o ambas cifras inclusive”
De acuerdo a la definición anterior se considera que padece HTA toda
persona de 18 años de edad o más que en tres ocasiones distintas haya
tenido 140/90 o más de presión arterial.
En Cuba, si suponemos una población de 11 millones de habitantes, con el
70% de la población urbana y el 30% Rural, con una prevalencia del 30%
en zonas urbanas y 15% en zonas rurales, existen alrededor de 2
millones de hipertensos. No obstante el informe de dispensarización de
hipertensos del MINSAP en 1996 aportó que sólo el 8,8% de la población
adulta estaba bajo este método activo de control, muy lejos de la
prevalencia demostrada. Es de suponer por ello, que una gran masa de
hipertensos no están detectados, muchos no tratados y similar cuantía no
controlados.
Sobre el conocimiento de la población acerca de la HTA y su control, se
manejan datos obtenidos en diversas partes del país
 Saben que son hipertensos
74,7 %
 No saben que son hipertensos
25,3%
 De los que lo saben tienen tratamiento
65,0 %
 No tienen tratamiento
35 %
 De los que se tratan están controlados
40%
 No están controlados
60%
La presencia de HTA aumenta con la edad y es más frecuente en los
negros que en los blancos, es más frecuente en el hombre que en la mujer
hasta los 40 años, a partir de este momento se encuentran más
hipertensos en las mujeres que en los hombres.
La mortalidad por HTA se produce por enfermedad cerebrovascular,
infarto del miocardio, insuficiencia cardiaca y por insuficiencia renal
terminal. Las cifras de mortalidad por enfermedad hipertensiva que ofrece
la Dirección Nacional de Estadísticas del Ministerio de Salud Pública los
obtiene de los certificados de defunción en los cuales aparece como causa
principal de muerte la HTA siendo de 8,1 por 100 000 utilizando otros
criterios es de 76 por 1000 000, de esta forma tendríamos actualmente en
nuestro país alrededor de 8000 a 9000 muertes anuales atribuibles
directamente a HTA.
El diagnóstico de Hipertensión Arterial en muchos casos se hace de forma
fortuita o casual, en un individuo asintomático y nos podríamos preguntar
¿qué espera del tratamiento ese paciente?, Incluso después que acepte su
enfermedad, si se le explica que la hipertensión es una enfermedad
crónica, lo que para él equivale a decir que no tiene cura.
Por otra parte debemos tener claro que todos los pacientes no piden ni
esperan lo mismo de su tratamiento, en esto influyen varios factores que
van desde el nivel socio - cultural, recursos económicos, situación
profesional, hasta la fase de la enfermedad en que se hace el diagnostico
y la presencia o no de síntomas o de alguna de sus complicaciones.
El objetivo fundamental del tratamiento antihipertensivo es disminuir al
máximo la morbimortalidad atribuida a Hipertensión Arterial, así como
también, controlar la presión arterial por los métodos menos agresivos y
menos costosos. Un tratamiento adecuado y oportuno mejoran la
esperanza y calidad de vida del paciente.
El tratamiento antihipertensivo incluye.

Tratamiento no farmacológico (modificaciones del estilo de vida).

Tratamiento farmacológico.
El tratamiento no farmacológico, o modificaciones del estilo de vida,
término de introducción relativamente reciente, constituye la base del
tratamiento, permite en muchos casos el control de la HTA y es siempre
necesario para un adecuado control terapéutico del hipertenso. La
aplicación de estas medidas terapéuticas ofrece posibilidades
esperanzadoras como medidas de prevención primaria, y además permite
controlar otros factores de riesgo cardiovasculares en el hipertenso como
dislipidemia y obesidad. Su aplicación ofrece múltiples beneficios a bajo
costo y mínimo riesgo
Se hace necesario por tanto que conceptualicemos que se entiende por
modos y estilos de vida.
¿Qué es el modo de vida?
Para caracterizar el modo de vida como determinante de salud, se han
utilizado múltiples criterios, en los que la epidemiología y las ciencias
sociales han hecho grandes aportes, al establecer relaciones en las
condiciones materiales y la forma en que los grandes grupos sociales se
organizan y se realizan productivamente en esas condiciones. Por
ejemplo: servicios de salud y su utilización, instituciones educacionales,
tipos de vivienda, abasto de agua e higiene, etc.
Esta categoría resulta, pues, imprescindible en la comprensión no-solo del
estado de salud de una población, sino además en la confección de
políticas sanitarias y estrategias de promoción de salud, ya que su campo
abarca los grandes grupos sociales en su conjunto.
El modo de vida es la expresión de la actividad colectiva de los hombres y
en la conciencia social, de la estructura económica social y del grado de
desarrollo de la cultura en cada época histórica.
¿ Qué es el estilo de vida?
Es un modo de vida individual, es la forma de vivir de las personas, Se
relaciona estrechamente con la esfera conductual y motivacional del ser
humano y por tanto, alude a la forma personal en que el hombre se realiza
como ser social en condiciones concretas y particulares.
Han existido varias formas de identificar el estilo de vida, una forma
ampliamente difundida ha sido caracterizar los comportamientos de riesgo
de las personas para aludir a aquellos comportamientos y hábitos que en
un momento determinado ponen en peligro la salud, por ejemplo el hábito
de fumar, la conducta sexual desprotegida, las características de la
nutrición, etc., y las conductas protectoras de salud, que se refieren a
aquellas acciones que las personas llevan a cabo para defenderse de las
enfermedades o sus secuelas.
Sí tenemos en cuenta que la HTA está distribuida en todas las regiones del
mundo, atendiendo a múltiples factores de índole económico, social,
cultural, ambiental y étnicos y la prevalencia ha estado en aumento
asociada a patrones alimentarios inadecuados, disminución de la
actividad física y otros aspectos conductuales relacionados con hábitos
tóxicos, es lógico suponer las modificaciones en el estilo de vida que se
preconizan en el paciente hipertenso.
Estas incluyen:
 Modificaciones dietéticas: reducción de la ingestión de sodio, restricción
de los alimentos ricos en grasas saturadas e incremento de aquellos
con aporte de grasas insaturadas, suplemento de potasio, calcio y
magnesio.
 Moderación del consumo de bebidas alcohólicas.
 Reducción del peso en el hipertenso obeso.
 Realización periódica de ejercicios físicos ( isotónicos)
 Técnicas de autorrelajación.
Sin embargo es frecuente que exista una mala adherencia terapéutica por
lo que a menudo es necesario recurrir a fármacos antihipertensivos en
pacientes que se pudieran controlar con medidas no farmacológicas, se
hace difícil que el hipertenso interiorice la importancia vital de estos
cambios en el estilo de vida y en ello influyen múltiples factores como son:
 La cultura alimentaria de la mayor parte de la población cubana aún
dista mucho de la que se requiere en este paciente.

En una parte importante de la población están presentes hábitos
tóxicos como el alcoholismo y el tabaquismo cuyo abandono no resulta
tarea fácil para la mayoría de los pacientes hipertensos con algunas de
estas adicciones.

Hay tendencias a llevar una vida sedentaria en que la práctica de
ejercicios físicos no se ha concientizado como una necesidad para
enfrentar un problema de salud.

Las posibilidades objetivas para realizar un tratamiento médico
eficiente existen, pero hay en la población cubana desarrollada y
arraigada una inadecuada cultura de automedicación que incide
negativamente en la instauración de la terapia escalonada que se
preconiza en estos tipos de pacientes.
(Anexo I,II,III).
 Por ser la hipertensión arterial una enfermedad que cursa durante de
forma sintomática - razón por la cual se le ha denominado “ el asesino
silente”- en un grupo importante de hipertensos, y en otros, los
síntomas son mínimos, es difícil que el paciente comprenda las
complicaciones que a la larga pueden presentarse y sus secuelas, y en
otros casos al controlarse la presión arterial abandonan el tratamiento.
Los pacientes deben ser debidamente estimulados y convencidos de la
importancia de esta forma terapéutica, ya que se considera que todos los
hipertensos son tributarios de modificar su estilo de vida. En esta tarea
juega un papel fundamental el médico que debe ayudar a su paciente a
aceptar que esta enfermo y a comprender que las consecuencias más
graves de esta patología se producen a largo plazo si no se controlan las
cifras de presión arterial.
Por otra parte, no podemos dejar de mencionar la importancia relevante
que en enfermedades como la que nos ocupa tienen las labores de
promoción de salud y todo el equipo de salud en el nivel de salud de
atención primaria.
El concepto de promoción de salud esta bien
establecido y universalmente aceptado, y consiste en:
“Proporcionar a los pueblos los medios necesarios para mejorar su
salud y ejercer un mayor control sobre la misma. Para alcanzar un
estado adecuado de bienestar físico, mental y social, un individuo
o grupo debe ser capaz de identificar y realizar sus aspiraciones,
de satisfacer sus necesidades y de cambiar o adaptarse al medio
ambiente”.
Es un concepto positivo e integral que no se preocupa por una enfermedad
específica, sino por ganar en salud independientemente de que se esté
sano.
Sólo con una adecuada labor de promoción de salud podemos lograr que
los individuos transformen sus estilos de vida. En la medida que los
hombres descubren y tienen acceso al uso de más objetos, de
conocimientos y procedimientos tecnológicos, van ampliando su actividad y
la posibilidad de transformar su modo de vida. Cada paso alcanzado en
el desarrollo de la sociedad pueden transformar la vida y la actividad
sistemática del hombre.
El estilo de vida en relación con la salud solo puede cambiarse cuando se
logran modificar valores, sentidos, necesidades, o el estilo de regulación
de la personalidad. Cuando se logren estos cambios, la dirección del
comportamiento será diferente y aparecerán, como consecuencia, los
nuevos estilos de vida que protegen la salud. La existencia saludable del
ser humano satisface necesidades esenciales para él: la calidad de vida y
su relación con los demás hombres.
Cabría preguntarnos ¿ cómo podemos preservar la salud de un
paciente hipertenso?.
Si tenemos en cuenta que el pronostico del hipertenso varía desde una evolución tórpida
que puede conducirlo a secuelas irreversibles o, en el peor de los casos, a una muerte
precoz, hasta el de una persona “normal” es fundamental que se comprenda que la salud
de este tipo de paciente se puede preservar o mejorar en dependencia de que tenga acceso
a una alimentación adecuada, disponga de condiciones para realizar ejercicios físicos
periódicamente, elimine los hábitos tóxicos, tenga acceso a controles médicos y otros
factores que son de carácter predominantemente socioeconómicos y culturales.
A menudo una modificación de la conducta es más importante para la
terapia de la hipertensión que la acción medicamentosa.
CONCLUSIONES :
El Programa Nacional de Prevención Diagnóstico, Evaluación y Control de
la Hipertensión Arterial, elaborado en 1998 por nuestro Ministerio de
Salud Pública, y vigente en la actualidad, el desarrollo alcanzado por el
nivel de Tensión Primaria de Salud en nuestro país, a través del sistema
de Medicina Familiar, unido a los adelantos que en los últimos años se
han experimentado en los conocimientos de la HTA nos ubican en una
posición ventajosa para enfrentar en toda su extensión un problema de
salud como la hipertensión arterial y mejorar la calidad y expectativa de
vida del paciente hipertenso.
Sin embargo estamos lejos de asumir la hipertensión arterial en toda su
dimensión tanto por el personal médico como por la población, existen
patrones culturales muy arraigados que dificultan la adquisición de
nuevos estilos de vida.
La Antropología que concentra su interés en el hombre y en todos los
problemas que le afectan, y especialmente la Antropología Médica, que
estudia y analiza como se organiza la sociedad para enfrentar los
problemas de salud, ha abierto el camino para que se empiece hablar de la
salud y la enfermedad como realidades permeadas por la cultura. En el
mundo existen estudios antropológicos
muy serios que abordan la
dimensión sociocultural de la enfermedad y que consideramos pueden
aportar elementos importantes para la mejor comprensión de las
enfermedades crónicas no transmisibles como la HTA.
El abordaje integral de la hipertensión arterial requiere del esfuerzo
mancomunado de muchos factores tales como: el estado, condiciones de
vida, educadores, profesionales de la salud y es muy importante la
responsabilidad del individuo y cómo este valore su salud y participe en
su preservación.
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