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XXX Domingo Ordinario Empezando este Jueves tendremos a un diácono permanente ayudando aquí en San Antonio. Tomás Powell fue ordenado diácono en mil novecientos setenta y cinco. Él a dado su servicio en el oeste de Kansas City y en la iglesia de Santa María en Independence donde él pertenece. Él aún tiene y maneja su propio negocio de seguros. Él está formalmente jubilado como diácono, pero tiene mucho vigor y le gustaría donar su servicio a una parroquia. Lydia su esposa es de México, y el diácono Tomás también habla Español, así es que él espera involucrarse con una iglesia multicultural como la de nosotros. El obispo le ha concedido la petición, y yo estoy muy contento de anunciar que el Diacono Tomás Powell se va a unir a nuestra comunidad el primero de Noviembre. Los diáconos pueden proveer una variedad de ministerios para la iglesia. Ellos ayudan con la liturgia, predican el evangelio, y hacen obras de caridad. En una diócesis, ellos están directamente bajo el cargo del obispo. El obispo los asigna para que trabajen en las parroquias, donde pueden ayudar a los sacerdotes. Esto ha sido una costumbre de la iglesia por muchos siglos, pero desde el Concilio Vaticano Segundo el diaconado ha florecido más fuerte que nunca. Los diáconos no son sacerdotes, sino ministros ordenados con un gran valor. Hoy la segunda lectura habla acerca del contraste entre el sacerdocio en el antiguo templo de Jerusalén y el sacerdocio de Jesús. El escritor está desviando la opinión de que Jesús no podía ser sacerdote porque el sacerdocio en el templo era heredado de los descendientes de Aarón. La Carta a los Hebreos argumenta que Aarón no tenía predecesor. Dios simplemente seleccionó a Aarón para ser sacerdote. Lo mismo ocurrió con Jesucristo. Dios el Padre nombra al Hijo para ser el sacerdote eterno quien ha ofrecido el sacrificio de su propia vida y reside en el templo del cielo. La Carta a los Hebreos dice del sacerdocio, “Nadie puede apropiarse ese honor si no sólo aquel que es llamado por Dios, como lo fue Aarón.” Nosotros creemos casi lo mismo sobre los diáconos. Ellos no tratan de avanzar por ellos mismos. Ellos disciernen una vocación. Ellos creen que Dios les está llamando a este ministerio. Aarón el sumo sacerdote recibió la ayuda de Leví. Porque los Levitas del Antiguo Testamento ayudaban a los sacerdotes, hoy algunas de las plegarias de la iglesia católica se refieren a los diáconos al tener el ministerio como los Levitas. Aun así, ellos tienen que discernir que es esto lo que Dios quiere que ellos hagan. Todos nosotros - los sacerdotes, diáconos y los fieles - todos tratamos de hacer la voluntad de Dios. Unos tomamos un trabajo que heredamos de nuestras familias, haciendo el mismo trabajo que nuestros padres. Sin embargo, otros disciernen algo diferente. Esos que son jóvenes especialmente necesitan escuchar el llamado de Dios. Van a ser más felices si ellos seleccionan la vocación que mas le agrade a Dios. Aun después de varios años de haber aceptado el llamado, y crees que ya estás haciendo lo que Dios desea, puedes darte cuenta de algo más. Dios nunca deja de llamarnos al servicio. Dios a menudo quiere más de nosotros, aun después de que hayamos dado el si.