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UNA PRÁCTICA MINISTERIAL MAS HUMANA
En el tratamiento y recuperación de personas en crisis, están los
profesionales que son expuestos a exigencias extremas. Dentro de
esta categoría, están muchos ministros del evangelio. Se usan dos
palabras en inglés que definen diagnósticos: “Worn out” (Gastado) y
“Burn out” (Quemado). Es muy frecuente hallar siervos de Dios
desgastados física y mentalmente. Otros, que finalmente deciden
dejar el ministerio por que se “Quemaron” es decir, ven gente y
entran en pánico, o ven un problema y escapan. El alto nivel de
estrés actúa como un disparador de enfermedades latentes que se
manifiestan gravemente.
¿Qué es lo que nos acontece para llegar a extremos así? Sin
querer decirlo todo, vale mencionar algunos aspectos: El esfuerzo
sobre humano de querer hacer más de lo que se puede y se debe.
No delegar, por ejemplo. Por un sentimiento de inseguridad querer
controlarlo todo, en otro. Que la tarea pastoral, especialmente, se
ha vuelto cada vez más compleja y agotadora. La sociedad ha ido
cambiando y no se puede negar la descomposición moral que
afecta a todos los niveles de la vida. La alta competitividad que
existe en el ministerio. El servidor de Dios está cruelmente obligado
a dar una talla para la que no está preparado, porque los modelos
de éxito le han puesto el “listón” muy alto y no pocos desfallecen en
el intento. Un sentimiento de derrota acude concurrentemente sin
poder evitarlo.
Cuidar de la familia, velar por la economía y la educación de los
hijos ya exige bastante dedicación y tiempo, en cantidad y calidad.
Es como si las exigencias a las que estamos expuestos están a una
escala industrial y no a una escala humana. ¿Quiere Dios que
estemos así? Nuestras agendas, ¿Son realmente la voluntad de
Dios? Es triste decirlo, pero dentro del ministerio, si no velamos, nos
vamos deshumanizando poco a poco.
Luego, el trato que nos damos a nosotros mismos, es el mismo que
le damos a otros colegas que invitamos a reuniones de iglesia. En
sumatoria, día tras días a lo largo del año, el nivel de esfuerzo es
altamente destructivo. Hay que humanizar el ministerio.
¿Cómo ser y qué hacer en el ministerio en forma efectiva?
Necesitamos defender nuestro tiempo a solas con Dios. Es allí en
donde se nutre y fortalece nuestro ser en forma integral. Ser llenos
del Espíritu Santo en el presente continuo de la expresión. Veamos
a nuestro mayor ejemplo, tanto para la vida como para el ministerio.
Cristo mismo pasó antes que nosotros por las tentaciones y las
presiones del ministerio. El escritor nos dice el ¿Para qué? Para
venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote por lo cual es
poderoso para socorrernos. Hebreos 2. 17, 18.
El sacerdote es constituido a favor de los hombres, se tiene que
mostrar paciente con los ignorantes y extraviados, ya que él mismo
está rodeado de debilidad. Hebreos 5. 1, 2.
Cristo, (Con temor reverente) ofrecía al Padre; ruegos y súplicas con
gran clamor y lágrimas. Este es el modelo de comportamiento ante
cualquier situación.
Hebreos 5. 7 – 9. Y, el aprendizaje y
perfeccionamiento para la obediencia, vino por medio de la aflicción.
Hebreos 2. 10.
Digamos que; ser y hacer así, es tener; un corazón conforme al
corazón de Dios. Es decir; un corazón de Padre. Quien tiene un
corazón así, hará todo lo que Dios quiere. Hechos 13. 22. Y va
llevar a todos en intercesión, tal como Cristo lo hace hoy. Hebreos
7. 25; Romanos 8. 34.
Hay ministros que sirven en lugares inimaginables, son tan malas
las condiciones humanamente hablando que podrían descorazonar
al mejor. Con todo, sirven al Señor con abnegación. Al igual que a
Moisés, se les pide pastorear en medio de la nada. Salmo 136. 16.
Resumiendo. Debemos dar respuesta a las demandas de Dios
prioritariamente. Eso es; ordenar nuestras prioridades. Si Dios
está primero, todo lo demás se irá ordenando. Familia, trabajo,
iglesia, en fin; todo se ordena buscando al reino de Dios y su
justicia.
Quejarse de la gente, quejarse de los colegas, quejarse de lo que
“nos tocó” no nos dará resultados saludables. En estos tiempos
Dios y la gente hallarán lo que buscan en cuanto a lo que debemos
hacer, si nos encuentran dando tiempo al Señor. A su vez,
intercediendo por la gente que se nos ha confiado. Llenarnos de
paciencia y misericordia con la gente que vive un extravío
generalizado. Delegando tareas en nuestros colaboradores y
confiando al Espíritu Santo por el pastoreo general de la obra. El
control, lo tiene el Señor.
J. J. Ch