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ARCHIVOS
DE LA SOCIEDAD OFTALMOLÓGICA
HISPANO-AMERICANA
1911 – Enero
El ojo del «gammarus ocecus» de la caverna «dels hams» en la isla de Mallorca
M. Menacho1
Tenonitis supurada primitiva
José Buades Pérez10
Nuevo tratamiento de la sífilis ocular por medio del uranato amónico
Sinforiano García Mansilla12
ARCHIVOS BE OFTALMOLOGÍA
H IS P A N O - A M E R IC A N O S
I.— TR AB A JO S O R IG IN A L E S
’
EL O JO DEL «GAM M ARUS
CCECUS» DE LA CA VERN A
«DELS HAMS» EN LA ISLA DE M A L L O R C A 1
Por el D. M . M e n á c h o
¿%cia el año 1903 se me ocurrió investigar las modificaciones
.|ue tienen lugar en los órganos visuales do los animales privados
de luz, y á este Fin gestioné cerca de algunos colegas de la isla de Ma­
llorca, para ver si era posible piQceder á un estudio de la fauna
de las grutas que existen en dicha isla y hacer más tarde la suelta
de varios animales que pudiesen vivir en los lagos que en dichas gru­
tas existen. El estudio, sumamente tentador para quien tupiera afi­
ción á las ciencias naturales y á la biología, no dejaba de presentar
serios obstáculos aun para un técnico; así es que no extrañé la difi­
cultad de hallar quien se prestase á llevarlo á cabo. Algunos años
más tarde llegó mi propósito á conocimiento del Catedrático de His­
toria Natural del Seminario de Palma, D r . S a g r i s t á , quien me pi­
dió instrucciones adecuadas al caso, empezando sus investigaciones
á fines de diciembre último. Séame permitido, desde este lugar, hacer
patente mi agradecimiento al D r . S a q r i s t á , á cuya cooperación in­
teligente debo el poder presentar en esta Cátedra el fruto de los
1 Conferencia pronunciada en el C.ran Anfiteatro de la Facultad de ¿Medicina de Buenos
Aires, el día 1.° de junio de 1910, en honor de la «Sociedad Médica Argentinas*, por el
Dr. Al. Menacho; (de Barcelona). Miembro del Comité de honor del Congreso internacional
Americano de Medicina é Higiene celebrado durante las fiestas del Centenario de la R ep úbli­
ca Argentina.
AR CH IVOS
DE
OFTALM O LO GÍA
1
trabajos llevados á cabo en mi laboratorio por el jefe del mismo
A. M e n a c h o , si bien la premura del tiempo no ha permitido termi­
narlos y habrán de ser objeto de un trabajo ulterior; pero no obstan­
te, he querido comunicarlos tal cual se hallan, por constituir un estu­
dio interesante.
Las cuevas deis Hams están situadas en Porto-Cristo (Manacor),
inmediatas á las ya conocidas del Drach y del Pirata; las tres son
magníficas y tienen lagos, cuya agua, aunque bastante salada no lo es
tanto como la del mar, y en mi concepto 110 deben comunicar con él,
como parecía indicarlo el hallazgo de crustáceos, todos ellos ciegos,
pues si la comunicación existiera se encontraría algún ejemplar con
el aparato visual normal, y por otra parte no se daría el caso de lle­
gar á la atrofia de sus omatidias, que sólo se concibe en los seres que
hayan nacido en el interior de la caverna y permanezcan en ella.
Las cuevas deis Hams son de recientísimo descubrimiento, y es­
tán terminándose los trabajos de exploración y procediéndose á la
instalación del alumbrado eléctrico para abrirlas al público. Con
motivo de dichos trabajos se llevó á su interior un haz de leña, con
el que, sin duda, se introdujo algún ejemplar de un crustáceo peque­
ño llamado cochinilla de humedad, del que se han encontrado varios
individuos nacidos seguramente allí dentro, pues estaban completa­
mente decolorados; en ellos no se ha procedido á ninguna investi­
gación. Supo mi comunicante, por indicación del propietario, que en
uno de los lagos que allí se encuentran había crustáceos en bas­
tante abundancia, y de ellos me mandó algunos ejemplares á fines
de enero del corriente año de 1910.
No fatigaré la atención de mis oyentes refiriendo las dificultades
de toda clase que he tenido que vencer, pues son inherentes á esta
clase de trabajos; pero debo decir que los crustáceos que nos sirvie­
ron fueron transportados en formol, ácido ósmico, sublimado, etc.,
hasta que
por
fin
recurrimos
á los envíos
en el agua
del
lago donde se hallan, pues llegabail casi todos vivos y en condi­
ciones más favorables para el estudio, si bien algunos de los que
formaban la expedición resultaban devorados por sus compañeros.
Las grutas deis Hams están situadas á pocos pasos de la carretera
que desde Manacor conduce á Porto-Cristo; su entrada está á doce me­
tros sobre el nivel del mar y á 1,600 metros de distancia de la playa.
Junto á las grutas hay un ancho y profundo abismo producido por
el hundimiento de alguna de ellas. En su interior se encuentran her­
mosas estancias llamadas: Mezquita imperial, del Parnaso, del Buho,
de las Armas, de la Fuente, Jardín de las Espérides, la de las Vírge­
nes (de 25 metros de elevación), la Sala suprema ó de las estalagmi­
tas trepadoras, verdadera Filigrana en la que se encuentran colum­
nas hasta
de 1‘75 metros de longitud por 0‘004 de diámetro,
y estalagmitas que se bifurcan á alturas de 0‘75 y 1‘05 del suelo,
constituyendo un fenómeno verdaderamente extraordinario; en
el
suelo de esta sala se halla petrificado el cadáver de una rata que fué
á morir allí dentro, y se halla formando un todo con lg: roca. Hay
además: los corredores de las antorchas, de los colmillos de jabalí,
el valle del Paraíso, y fantásticos lagos como el de Acreonte, el de
la columna y el de la Ciudad encantada, (éste, cuya superficie es de
70 á 100 metros cuadrados, es en el que se han hallado los crustáceos
ciegos que han servido para mi estudio).
En la primera estancia de estas grutas la temperatura es de 23°
centígrados; en el salón de la Mezquita el termómetro marcó 17°3;
junto al lago Acreonte 20° 1, y el agua de este lago está á 19°; la
Sala suprema está á 22° y el agua del lago de la Ciudad encanta­
da marca 18°8.
Se procedió á un análisis sumario del agua del lago donde se
hallan los crustáceos, por los S r e s . S u r e d a , en espera del resulta­
do del análisis completo que debe estarse haciendo en estos mo­
mentos. Este análisis ha sido hecho con objeto de poder deducir si
su composición demostraba, por su analogía con la del mar, la comu­
nicación de éste con el lago, circunstancia muy importante porque
permitiría deducir la posibilidad de que los crustáceos hallados pue­
dan comunicar fácilmente con el mar, ó afirmar que los que allí se
encuentran se hallan confinados en el lago de la gruta. El análisis
demostró que el agua de éste contiene 5‘808 de cloro por 1,000 y 9‘56
de cloruro de sodio, siendo así que la del Mediterráneo contiene 17‘72
y 29‘424 por 1,000 respectivamente, en las inmediaciones de la gruta.
Del análisis que antecede podemos sacar la conclusión de que el
agua del lago donde fueron hallados los Gammarus no comunica
con el mar, ó que si comunica con él ha de ser mediante filtraciones
por terrenos poco permeables, que detienen una buena parte del clo­
ruro de sodio (el 66 por 100 de su contenido normal), y ha y que de­
ducir, forzosamente, que si el agua llega á través de terrenos tan
impermeables que detienen gran parte de sus sales, con mayor m o­
tivo debe quedar cerrado el paso á seres de las dimensiones del que
estudiamos.
¿Cómo explicar la presencia de los crustáceos en el lago? No
hay que olvidar que junto á las grutas hay un ancho abismo produ­
cido al parecer por el hundimiento de una porción de ellas, y es pol­
lo tanto probable que el agua de sus lagos, que en un principio pudo
comunicar ampliamente con el mar, viese interceptada su comunica­
ción á consecuencia de fenómenos sísmicos que originaran á la par
el hundimiento de una parte de la gruta, y desde el momento en que
la incomunicación se produjo, los seres que quedaron confinados y
sometidos, por consiguiente, á las nuevas condiciones de vida, debie­
ron adaptarse á ellas ó sucumbir.
La adaptación de un ser á un nuevo medio supone en él profun­
dos cambios anatomices y por ende en el funcionamiento de sus ór­
ganos; y si quisiéramos ahondar en este problema tan atractivo, tan
profundo y tan trascendental, deberíamos proceder antes á un con­
cienzudo estudio que no hemos tenido tiempo de llevar á cabo, ni
podemos hacer; pero que indicamos á la actividad de los naturalistas
y especialmente de los biólogos, porque pone sobre el tapete cues­
tiones tan fundamentales como la modificación aparente de las espe­
cies, que queda desmentida por la invariabilidad anatómica fundamen­
tal de los seres que procrean y por la recuperación del tipo primitivo
en cuanto cesan las condiciones artificiosas á que fueron sometidos;
pues ni aun por selección rigurosa han podido crearse especies nue­
vas, ya que los tipos obtenidos degeneran con el tiempo, y es preciso
proceder á un nuevo cruce, á lo que llaman los técnicos «introducir
sangre nueva», para que vuelva á adquirir los caracteres artificiosa­
mente logrados. Sería, por lo tanto, muy interesante colocar á los
crustáceos hallados en las grutas deis Hams en condi'ciones análo­
gas á las de sus homólogos que habitan en el mar, para comprobar
si en ellos era un hecho el retorno á su tipo originario en toda su
integridad anátomo-fisiológica, como podemos presumir á priori.
Haré observar que el lago de la gruta del Drach, situada en la
proximidad de la deis Hams, reconocido por el naturalista mallor­
quín S r . M o r a g u e s , no tiene fauna; así es que entre los distintos
lagos de las grutas de Mallorca sólo se halla habitado el de los
crustáceos ciegos.
El hallazgo de animales con vida en las cavernas no es un hecho
nuevo; sobre ello ha hecho un estudio de conjunto E i g e n m a n n 1 —
obra que 110 he tenido á mano; — pero, á pesar de ello, es 1111 estudio
que está en sus comienzos y que promete ser pródigo en resulta­
dos científicos.
Mi propósito es exponer en esta comunicación los hechos com­
probados en mi laboratorio tal cuales son y en el estado en que la
premura del tiempo ha permitido traerlos, dejando para otra ocasión
su desarrollo completo.
Los crustáceos hallados en la caverna en cuestión pertenecen á
los Amphípodos, familia de los Gamáridos, subfamilia de los Gamarinos, género Gammarus. Su tamaño es de 10 á 12 milímetros y exteriormente no presentan otra diferencia con sus homólogos que habi­
tan en el mar, sino la de hallarse completamente decolorados. Tienen
ojos laterales, cuyo diámetro aparente viene á ser de ‘/a de milímetro
y presentan el aspecto de pequeñas manchitas de color negro-rojizo.
El Gammarus, cuando vive en condiciones normales, tiene dos
ojos lalerales compuestos, situados en el parénquima subepidérmico;
en su composición entran un número reducido de omatidias de tama­
ño bastante grande, y hállase el órgano envuelto en una cápsula fi­
brosa tenue. Cada omatidia está compuesta por cinco células visuales
que forman la retínula, divididas en dos porciones, cupo límite co­
rresponde á su paso por los orificios de la membrana fenestrada. La
1 E ig e n m a n n .—«Cave vertebrate of Amerika. A study of degenerative evolution». Pablic. Carneggie— Institution-Washington, 1909.
porción periférica de las cinco células visuales que forman la retínula, reviste la forma ovoidea, es pigmentada, presenta vacuolas y
envuelve el cono cristalino, que está formado por dos segmentos. El
rabdoma recorre el centro de la retínula p va á terminar en el vérti­
ce del cono cristalino. La porción estrecha de la retínula está situa­
da por dentro de la membrana fenestrada, y en ella están colocados
los núcleos. Las fibras nerviosas que proceden de las células visuales
van á parar al ganglio óptico periférico, que está inmediato á la cáp­
sula ocular, y después de entrecruzarse van á parar al ganglio ce­
rebral.
Para el estudio de los crustáceos la dificultad principal que hay
que vencer consiste en su decalcificación, que llevamos á cabo en
mi laboratorio con el licor de Labarraque, que no deja de alterar
algo los tejidos blandos y en particular el tejido nervioso. El princi­
pal fijador que empleamos fué el ácido ósmico,
seguíamos después
las operaciones necesarias para su deshidratación, aclaramiento é
inclusión en la parafina.
Las preparaciones hechas, de las que se han sacado tres microfotografías, permiten: En la figura 1.a, comprobar la situación relativa
del ganglio cerebral (1), del ganglio óptico periférico (2) y del ojo
(3) del que se ven algunas omatidias. En la 2.a se ve, con bastantes
detalles, el ganglio óptico periférico (1); á derecha é izquierda de la
microfotografía se observa un espolón, compuesto de substancia ner­
viosa (2-3) que, para mí, no es más que un defecto de la preparación
en la que las capas más externas del ganglio óptico se han separado
de las centrales, se han desgajado. En la 3.a se ven las omatidias
características del ojo de los crustáceos (1) con su cono cristaliniano (2) profundamente modificado, y parte del ganglio óptico perifé­
rico (3-4).
El hecho verdaderamente importante que se observa en los crus­
táceos que estudiamos es la modificación considerable que han
sufrido las omatidias y que hemos puesto de manifiesto, representán­
dolas en el dibujo de la figura 4.a, tal como se observan en los halla­
dos en la gruta deis Hams, y en el de la figura 5.a en su aspecto nor­
mal pigmentado. De la comparación de ambas Figuras destacan tres
diferencias esenciales referentes á la pigmentación, al cristalino y á
la porción proximal de las retínulas. La pigmentación de la omatidia,
representada en la figura 5.a tal como se observa en los animales
que viven en condiciones normales, falta por completo en los que
nosotros hemos estudiado, por serles en realidad innecesario el p ig ­
mento, dado el medio en que viven, ya que el pigmento es el medio
de defensa en los elementos retinianos contra los cambios súbitos de
luz, que provocarían sin su presencia Fenómenos fototraumáticos con
su secuela de alteraciones anatomo patológicas, como se observan
en los ojos sometidos experimental ó accidentalmente á la acción de
un intenso Foco de luz. Además, el pigmento parece que interviene
en la regeneración de la púrpura retiniana, y como ésta no es necesa­
ria en los animales que viven en un medio absolutamente privado de
luz, de ahí que fisiológicamente resulte innecesario el pigmento en
el Gcimmarus de las cavernas, como en todos los seres que viven en
la obscuridad absoluta.
El aspecto del cono cristalino se diferencia en el Gammarus cie­
go de.las cavernas, en que está mup reducido de volumen en com­
paración con el de los individuos que viven en plena luz, producien­
do el efecto de un elemento atrofiado que está sumergido en una
substancia hialina, en la que con los mayores aumentos é inmersión
homogénea no se vislumbran vestigios de organización.
La porción proximal de las retínulas está también reducida de
volumen en el Gammarus de las cavernas, siguiendo el proceso ge­
neral de atrofia observado en su aparato visual.
Hemos querido presentar en la figura 6.a un esquema del aparato
de la visión tal como se observa en el caso que estudiamos, en el
que queda patente la atrofia de los órganos de la visión (ojos com­
puestos de omatidias atrofiadas, en nuestro caso), y la integridad
aparente del ganglio óptico periFérico, que como puede verse en la
microFotografía 2.a, á juzgar por sus dimensiones, no parece haber
sufrido alteraciones tan importantes como la de los elementos visua­
les periféricos. En cuanto al ganglio cerebral, su atrofia no estaría
justificada.
Del estudio que hemos hecho nos creemos autorizados para afir-1
mar que el Gammarus hallado en el lago de la caverna ciéis Hams
pertenece al mismo género que el que vive en el agua del mar, pero
que presenta un órgano visual anatómica y fisiológicamente degene­
rado por la permanencia en un medio que no es el suyo, y digo dege­
nerado, refiriéndome exclusivamente á sus órganos visuales, pues
cuando se complete su estudio es probable que se encuentren los
órganos táctiles más desarrollados, como es natural que ocurra, ya
que los sentidos son los órganos por los que nos comunicamos con
el mundo exterior, y al atrofiarse alguno de ellos debe ser suplido
en parte por los demás.
Ocurre en algunos invertebrados, v. gr. los gusanos, que viven
en condiciones muy distintas unos de otros individuos de una misma
familia, y en ellos se observa que los que viven en el agua libre tie­
nen los sentidos más desarrollados, los que viven en la tierra ó en el ba­
rro ya no los tienen tan perfeccionados, y en los parásitos sólo subsiste
el tacto; pero esto no obstante en estado de larvas tienen todos los ór­
ganos de los sentidos, pues su regresión sólo alcanza al animal adulto.
Ocurre también en algunos vertebrados que habitan en cavernas du­
rante varias generaciones, que bajo la influencia de estas causas se
producen al principio fenómenos de desarrollo tardío del órgano vi­
sual, y en las generaciones ulteriores su atrofia completa; pero en el
desarrollo ontogénico ó individual, las diferentes partes del órgano
se detienen en el momento en que en la filogénesis el órgano ha ce­
sado de ser útil; esto no obstante, si procedemos á una investi­
gación embriogenética, se suele observar, como en la larva del tiphlotriton (un anfibio que habita las cavernas del Missouri) que su
ojo es normal, al paso que después de la metamorfosis se inicia su
degeneración; de modo que esta degeneración de apariencia anató­
mica no es primitiva ni hereditaria, sino de origen funcional y por
consiguiente es lógico que recupere su estructura primitiva en cuan­
to cesen las condiciones anormales y vuelva al medio para que está
organizado.
Teniendo presente estos hedhos, comprobados por la observación,
se explica la atrofia de las omatidias en el ojo compuesto del Gam­
marus ciego de la caverna deis Hams, hallada en mi laboratorio.
Este hecho plantea varias cuestiones que será conveniente estu­
diar, como la de la investigación del desarrollo de sus elementos tác­
tiles, para saber si llegan á constituir un sistema avisador, como el
que parece existir en los seres que no tienen órganos ó elementos
visuales especializados ó diferenciados y no obstante son sensibles
á las excitaciones mecánicas y químicas, y aun á la luz, que tal vez
obre sobre ellos en virtud de reacciones químicas ó de excitaciones
puramente mecánicas que quizás guarden alguna relación con los
fenómenos químicos observados en la retina y en la esfera visual
del cerebro por A n g e l u c c i y otros observadores.
Aparte de la función visual, la ausencia del excitante luz ha de
obrar modificando el metabolismo celular, y su comprobación ha de
constituir un estudio altamente interesante, así como también el estu­
dio anatómico completo del Gammarus ciego, del que pueden resul­
tar otras particularidades de importancia. A este estudio ha de seguir
el de su embriogénesis, y, por último, el complemento de estas inves­
tigaciones ha de consistir en colocar á los individuos degenerados
del género que estudiamos en las condiciones de medio para el que
están organizados, y comprobar la forma en que van recuperando
sus atributos originarios y si alcanzan otra vez su integridad orgánica
primitiva.
Del estudio que llevamos hecho, sacamos la siguiente conclusión:
Existe en la caverna deis Hams, en la isla de Mallorca, una variedad
del Gammarus que llamamos gammarus ccecus, cuyos ojos com­
puestos presentan sus omatidias completamente desprovistas de p ig ­
mento, con sus conos cristalinos atrofiados y en parte también la
porción proximal de las retínulas, alteraciones que indican que el
órgano de la visión es inepto para desempeñar la función que tiene
asignada. Dicho estado de degeneración debe atribuirse á modifica­
ciones anatómicas consecutivas á la falta del excitante natural del
órgano de la visión.
TENONITIS SU PU RA DA PRIMITIVA
P o r el D r . Jo s é
B uades P
érez
(Madrid)
En la consulta del día 11 de Febrero se presentó á nuestra observa­
ción A dela D íaz, de 11 aftos, natural de B éjar (Salamanca). Llam aba la
atención, desde luego, una intensa tumefacción rubicunda que, con máxi­
mum, al nivel de los párpados del ojo izquierdo, bajaba por la región facial
del mismo lado hasta la región cervical correspondiente.
Nos dijo entonces que hacía tres días, y sin golpe alguno ni causa apreciable, notó un dolor á nivel del ojo, acompañado á las pocas horas de una
ligera tum efacción que, acentuándose, llegó hasta el estado que actual­
mente se encuentra.
Examinando más detenidamente la región indicada, se nota perfecta­
mente su mayor intensidad á nivel del párpado superior, en cuya parte
central y superior se ve una pequeña placa de esfacelo rodeada de la
tumefacción de un rojo Vinoso que se debilita conforme se aleja de su
centro. A duras penas, entreabierto el párpado, se nota una ligera exoftal­
mía del globo ocular, dirigido hacia abajo y hacia afuera é inm óvil, con la
conjuntiva ocular de color rojo violáceo. Com o es consiguiente á la inmo­
vilidad y desviación del ojo había diplopia.
Aunque los síntomas iniciales no correspondieran, pensamos inmedia­
tamente en una pústula maligna. Como es consiguiente, se abrió am plia­
mente y se cauterizó con nitrato ácido de mercurio, Viendo, no sin alguna
sorpresa, al desbridar, la existencia de bastante cantidad de pus grumoso
y muy fétido. Se hizo una cura con agua oxigenada y fomentos calientes, y
así se continuó hasta su completa cicatrización; sondando, en cada cura,
con el estilete, sin que en ninguna ocasión se haya podido apreciar hueso
denudado.
Actualmente la enferma se encuentra completamente bien, salvo una
ligera cicatriz en el sitio cauterizado.
Esta enferma, como se ve por lo expuesto, presentaba un cuadro
sintomático que por la comunidad de fenómenos, con otros procesos
inflamatorios de la órbita, no podía decirse en un principio si se tra­
taba de una periostitis orbitaria, de un flemón del tejido celulograsiento post-ocular ó de una tenonitis supurada. Hay que convenir
en que este último proceso y la semejanza de síntomas con los an­
teriormente indicados, hacen muy difícil el diagnóstico.
Síntomas comunes á estos tres procesos inflamatorios son los que
nuestra enferma presentaba de edema palpebral, inyección y tume­
facción subconjuntival, propulsión é inmovilidad del globo ocular,
dolores periorbitarios y estado general febril acompañado de abati­
miento de fuerzas. Pero en la enferma en cuestión, si bien la
tumefacción palpebral y de las regiones circunvecinas era intensa,
no lo era en cambio la inyección subconjuntival y el quémosis tan in ­
tensos como estamos acostumbrados á ver en la periostitis y en el
flemón post-ocular.
La exoftalmía por su parte, que en el flemón suele ser muy pro­
nunciada y directa, lo era en este caso poco notable, y en dirección
lateral hacia abajo y afuera; en cambio de estos síntomas comunes
tenía la enferma otros, que se asignan propios de la capsulitis, que
son: inyección subconjuntival de color violáceo, que recuerda la de
las escleritis, y quémosis pequeño; exoftalmía poco pronunciada é
inmovilidad relativa del globo y definitivamente, los datos suminis­
trados por el tacto, mediante el estilete abotonado, que demostraba el
estado indemne del periostio y el hueso, la sensación que daba de
una cápsula algo rugosa y fofa en su superficie sobre una especie de
lámina dura, fibrosa, no perforada en los puntos accesibles y que al
hacer presiones sobre ella no se experimentaba sensación alguna de
fluctuación ni señal de que detrás de ella hubiese colección purulen­
ta, cosa que habría ocurrido al tratarse de un flemón, pues en este
caso al abrirse salida, el pus habría despegado, mortificando ó per­
forando la cápsula por alguna parte, ó al hacer presiones sobre ella,
si hubiese estado desgarrada por algún punto, hubiéramos podido
observar mayor salida de pus, al hacer presiones con la sonda, cosa
que en este caso no ocurrió.
La sensación rugosa, blanda, de la superficie de cápsula en unión
de los demás síntomas expuestos, me hizo pensar que en ella se
había desenvuelto un proceso inflamatorio que, por causas para mí
desconocidas, terminó por supuración; y diagnostiqué, con las salve­
dades propias á mi aun escasa experiencia, de tenonitis supurada.
N U EV O
TRATAM IENTO
DE LA SÍFILIS O C U L A R
P O R M ED IO DEL U RA N A T O A M Ó N IC O
Por el D r . S i n f o r i a n o G
a r c ía
M
a n s ill a
Profesor de Oftalm ología de la Facultad de Medicina de Madrid
Oculista del Hospital General y Hospicio
Entre los diversos medicamentos que modernamente se emplean
para combatir la sífilis y que con gran frecuencia producen resulta­
dos tan favorables como el mercurio, cuya utilidad es tan conocida
para tratar aquella enfermedad, se encuentran el atoxilo, la hectina,
y el uranato de amoníaco.
Este último medicamento es el que nosotros estamos empleando
en nuestra Clínica Oftalmológica del Hospital general, desde hace
ocho meses, para tratar las afecciones sifilíticas del aparato de la
visión, lo que empleamos en vista de los resultados favorables que
el uranato de amoníaco ha producido en la sífilis cutánea.
Este medicamento no ha sido empleado hasta ahora por nadie,
que nosotros sepamos, en las afecciones oculares, y como quiera que
en los cuatro casos en que le hemos empleado los resultados han
sido favorables, nos creemos en el deber de publicarlos, á fin de que
otros oftalmólogos puedan también utilizar dicho producto farmaco­
lógico, toda vez que á todos les será fácil, dada la frecuencia con que
la sífilis ocular tenemos que tratarla.
Historia .—El
Dr. A
il l a u d
,
de Saint-Troper, fué el primero que
propuso al D r . J u l l i e n ensayar, para combatir la sífilis, un agente
terapéutico desconocido hasta entonces en Medicina. Se refiere al
uranato de amoníaco que él usaba en suspensión en el aceite de va­
selina en la misma forma que los calomelanos al vapor.
El D r . J u l l i e n y su discípulo A n d r é - W e i l han usado dicho me­
dicamento durante año y medio en 50 casos de sífilis cutánea, obte­
niendo resultados muy favorables y comprobando en gran parte lo
manifestado por A i l l a u d .
Farmacología.—El uranio es un metal poco abundante en la
Naturaleza, y se encuentra en general al estado de carbonato uranocálcico, de sulfato básico, ó de sulfato doble de cobre y uranio.
El uranio forma dos clases de sales: los compuestos uranosos,
derivados del protóxido de uranio, que dan soluciones verdes, oxida­
bles al aire, ó por la acción del ácido nítrico que los colorea de ama­
rillo; y las sales uránicas derivadas del sesquióxido y susceptibles
de combinarse con el cloro. Estas sales dan soluciones amarillas.
A este grupo de sales de uranio corresponde el urato amónico,
que se obtiene casi siempre por el procedimiento general de los
uranatos alcalinos; es decir, por la precipitación de una sal uránica
por medio del amoníaco.
El uranalo amónico, es un polvo amarillo, poco soluble en el
agua, inalterable á 100°; pero á temperatura más elevada pierde
amoníaco y deja un residuo de óxido intermediario. El uranato de
amoníaco se emplea en cerámica y se conoce con el nombre de ama­
rillo de uranio.
Cuando el producto es puro presenta, según A d l e r , los siguien­
tes caracteres:
1.°
Es soluble en el alcohol y la disolución alcohólica se colorea
en verde por la acción de la luz, á causa de la formación de una sal
uranosa.
2.°
El carbonato de bario precipita en frío todo el óxido uránico.
3.°
El ácido sulfhídrico reduce las sales uránicas en sales urano­
sas verdes.
4o
El sulfuro amónico da un precipitado negro de sulfuro de
uranio que se deposita lentamente.
5.°
El fosfato disódico da un precipitado amarillo cloro.
6.°
El tanino da un precipitado pardo oscuro.
7.°
El ferrocianuro de potasio da un precipitado rojo oscuro.
Con el ferricianuro de potasio no se obtiene precipitado alguno.
Los estudios experimentales llevados á cabo por A n d r é - W e i l
prueban que el uranato de amonio es una sal mup poco tóxica. Las do­
sis empleadas en sus experiencias han necesitado ser treinta, sesenta
y hasta cien veces más Fuertes que las empleadas en el hombre para
producir la muerte de los conejillos de Indias. Las otras sales de
uranio, por ejemplo el óxido, son veinte veces más tóxicas que el
uranato de amoníaco.
El D r . A n d r é ha empleado el uranato amónico en 50 casos de
sífilis cutánea; pero como en 11 solamente hizo una inyección y no
pudo continuar la historia de los enfermos, solamente ha publicado
39, que ha curado completamente con aquel medicamento.
En todos sus enfermos la inyección la hacía en el muslo, á dos
traveses de dedo hacia atrás del gran trocánter, en una línea que,
naciendo en el vértice del trocánter, termina en la extremidad supe­
rior del surco interglúteo.
Emplea una aguja de 5 centímetros, que se hunde perpendicular­
mente, sin experimentar el enfermo dolor, y sin que salga sangre.
Cuando esto tiene lugar, se repite la punción. Conseguido que no
salga sangre por la aguja, se inyecta un centímetro cúbico de la
disolución medicamentosa.
Según A n d r é , hay falta completa de dolor después de la inyec­
ción, y solamente en una inyección, de 400 que ha aplicado, observó
una nudosidad ligera é indolente. Tampoco ha tenido abceso alguno.
El autor no ha observado nunca síntoma alguno de intoxicación,
aunque en un caso rebelde tuvo que practicar 30 inyecciones sin
interrupción.
El producto empleado es el uranato amónico completamente puro
y en suspensión en aceite de vaselina, esterilizado al 50 por 100.
Debe procurarse, según aconseja A i l l a u d , que la preparación no
tenga más de tres meses; pues de ser antigua, ocasiona dolor y
puede provocar una poca Fiebre.
Como síntesis de sus trabajos, A n d r é sostiene que el uranato
amónico es perfectamente tolerado por el organismo, sin provocar
fiebre ni disminución de la secreción urinaria, ni dolor ni abce­
so local.
Los enfermos aumentan de peso, no produce trastorno alguno en
la boca aun en aquéllos que tienen mala dentadura.
Bajo el punto de vista de la curabilidad de la sífilis, dice que
todos los casos que tenían manifestaciones secundarias han curado
por completo, algunos con gran rapidez y con una duración media
de dos meses y medio de tratamiento. En un caso rebelde el trata­
miento ha sido más largo; pero terminó por la curación después de
40 inyecciones.
En vista de los resultados tan favorables obtenidos por A i l l a u d
y A ndré
en la sífilis cutánea, nosotros creimos que el uranato amó­
nico debía ser también eficaz para combatir la sífilis ocular, y de
ahí que á primeros del año corriente tuviésemos la idea de propor­
cionarnos dicho producto y en seguida le hemos empleado en nuestra
Clínica del Hospital general de Madrid.
En tan poco tiempo sólo hemos usado el uranato amónico en
cuatro enfermos de sífilis ocular: tres de iritis y uno de neuritis ópti­
ca. Véanse las historias de estos cuatro casos.
leí- caso. Iritis sifilítica doble. — A. Fernández, de 31 años, natural de
Lugo; ingresa en la cama núm. 20 de la Clínica O ftalm ológica del Hospi­
tal general de M adrid el 19 de enero de 1910. Venía conducido de la mano,
porque no veía sino la claridad, y algo los bultos.
En junio del año 1909 tuvo un chancro sifilítico, seguido bien pronto
de roséola, placas mucosas y dolores articulares. En septiembre estuvo
en la consulta del Hospital de San Juan de Dios, por haber sufrido la
caída del cabello, y le trataron con dos inyecciones de aceite gris, sin que
después tuviese ninguna otra manifestación sifilítica, hasta la que sufre
actualmente.
Esta empezó á primeros de enero; notando el enfermo que sus ojos se
ponían rojos, aparecía lagrimeo, dolor y disminución tan considerable de
visión, que no podía trabajar ni conducirse solo.
Estado actual: El 20 de enero, que le observamos, apreciamos una
sifilide papulosa generalizada. Iritis sifilítica doble con enorme condiloma
en el iris izquierdo. Percibe solamente la claridad con ambos ojos. Las
pupilas están fuertemente contraídas, y los dolores oculares y periorbitarios son muy vivos. Abundantes exudados en el campo pupilar y cara
anterior del iris.
D ía 21. — Instilaciones de atropina ó ambos ojos. Una inyección en la
región trocanteriana de 1 gramo de la mezcla de uranato amónico y aceite
de vaselina al 5 por 100, es decir, 5 centigramos de sustancia activa.
D ía 22. - A las 24 horas de la inyección se observa una mejoría muy
notable en los dos ojos, sobre todo en el izquierdo, cuyo condiloma dismi­
nuye mucho de Volumen. Ve dedos á 50 centímetros con este ojo izquierdo
y solamente la claridad en el derecho.
D ía 23. — Segunda inyección de uranato amónico.
D ía 27. — Tercera inyección. El condiloma sigue disminuyendo de
Volumen. La agudeza visual ha aumentado considerablemente en ambos
ojos Con el derecho, que hasta este día sólo distinguía la claridad, cuenta
dedos á 25 centímetros, y con el izquierdo tiene 1/10- Los dolores dismi­
nuyen, así como el lagrimeo y la fotofobia. Los exudados pupilares Van
reabsorbiéndose, la pupila empieza á dilatarse y la inyección periquerática
va disminuyendo.
Febrero, 5. — Cuarta inyección de uranato amónico. El condiloma
apenas es Visible. O . D. — V = dedos á 50 centímetros. O . I — V = VsFebrero, 6 . — Ha desaparecido el condiloma; cesan los do'ores, el
lagrimeo y la fotofobia. La visión ha aumentado considerablemente en
ambos ojos. Q uinta inyección de uranato amónico que, como todas las
anteriores, es tolerada perfectamente, sin producir reacción local alguna.
El estado general del enfermo es inmejorable; tiene buen apetito, ha
aumentado de peso y no tiene trastorno alguno en la boca. La sifilide que
tenía ha desaparecido completamente, viéndosela desaparecer al mismo
tiempo que iba curando de las iritis No hay molestia alguna ocular.
Febrero, 10— Sexta inyección. O . D . — V = '/to- O . I. — V = ViFebrero, 14. — Séptim a inyección.
Febrero, 24. — Está curado de la iritis, las pupilas están dilatadas, con
varias sinequias que no han podido ser rotas por la atropina El enfermo
pide el alta, puesto que ya puede trabajar, saliendo del Hospital con ‘/3 de
agudeza Visual en el ojo derecho y '/a con el izquierdo.
2.° caso. Iritis del ojo izquierdo. — J Budia, de Guadalajara, de 50
años de edad; ingresa en la sala de O ftalm ología, cama núm. 5, el 25 de
febrero de 1910 En enero tuvo una roséola sifilítica muy generalizada
acompañada de fiebre.
El 13 de febrero, y coincidiendo con algunas sif¡lides populosas, notó
dolores en el ojo izquierdo, lagrimeo, enrojecimiento y disminución de
visión, cuyos síntomas fueron en aumento hasta el día de su ingreso en el
Hospital.
Este día, 25 de febrero, comprobamos la existencia de una iritis sifilítica
con gran inyección periquerática y pupila irregular, pues ya había sido
tratado con atropina. La visión era de dedos á medio metro. Prim era
inyección de 5 centigramos de uranato amónico en suspensión en 1 gramo
de Vaselina líquida. Instilaciones de atropina.
D ía 26 — La enferma se encuentra mejor de los dolores y de la fotofo­
bia. La visión ha mejorado, pues cuenta dedos á 2 metros.
Marzo, 2. — Segunda inyección.
Marzo, 6 — Tercera inyección. Cesan los dolores, disminuye la
inyección periquerática y la visión es de dedos á 4 metros.
M arzo, 10. — Cuarta inyección. Hay pocos exudados pupilares, la
inyección periquerática es escasa, V = V4.
M arzo, 14. — Q uinta inyección. V = VaM arzo, 19. — Sexta inyección. V = */*• La pupila está dilatada unifor­
memente, no hay exudados ni inyección periquerática.
D ía 22. — V = “A- La enferma, completamente curada de su iritis, pide
el alta, y seguramente tendrá agudeza normal, cuando pasen algunos días.
Las lesiones cutáneas han desaparecido también.
5.er caso. Iritis sifilítica del ojo derecho.— J, Cabedes, de 55 años de
edad, natural de Avila, es casada, tiene dos hijos sanos y ha tenido cuatro
abortos consecutivos. Es sifilítica desde hace un ano, en que tuvo un
chancro en la horquilla, seguido bien pronto de cefalalgia, placas en la
faringe, roséola, etc. Estuvo en el Hospital de San Juan de Dios, donde
tomó pildoras de biyoduro hidrargírico.
El 27 de abril ingresó en nuestra Clínica, ocupando la cama núm 16
de la Sala 28, padeciendo desde hacía 12 días dolores en el ojo derecho,
enrojecimiento y gran disminución de agudeza visual.
Por el examen, comprobamos la existencia de una iritis sifilítica del ojo
derecho, - Visión V io Le dispusimos las instilaciones de atropina y aplicósele una inyección intramuscular de uranato amónico.
D ía 29. — Se observa una disminución de los dolores del ojo y de la
cabeza. La fotofobia y el lagrimeo tam bién son menos molestos. La
visión ha mejorado, pues es de ■/4. De cerca lee el número 6.
Mayo, 2 — Segunda inyección de uranato amónico.
Mayo, 5. — Tercera inyección. V = Va- El globo ocular disminuye de
color, han cesado los dolores y la fotofobia. De cerca lee el número 5 de
la escala de W ecker.
Mayo, 9. — Cuarta inyección de uranato amónico.
Mayo, 14. — Q uinta inyección. V = ‘/a- D e cerca Ve el número 4 con
alguna dificultad.
Mayo, 19.— Han desaparecido los síntomas inflamatorios, la pupila
está dilatada con una sola sinequia. No tiene la enferma molestia algunaV —--¡3 Sexta inyección.
Mayo, 24. — La iritis está com pletamente curada, y la enferma recibe
el alta el día 28.
4.° caso. Neuritis óptica doble sifilítica. — J . Paez, de 31 años, del
Madrid, fundidor de hierro, ingresa el 2 de marzo de 1910, en la cama
número 4 de la Clínica O ftalm ológica del Hospital general.
Hace tres años tuvo un chancro sifilítico, después roséola, cefalalgia y
placas en la garganta, dolores articulares y caída del cabello.
Desde hace ocho meses empezó á notar que su Vista disminuía poco
á poco en ambos ojos, y esta disminución es ya tal, que no puede trabajar,
pues ve todos los objetos con gran confusión, como si estuvieran rodeados
por una neblina ó colocados sobre un fondo blanco.
Por el examen oftalmoscópico pudimos comprobar la existencia de
una neuritis óptica doble sifilítica.
O . D. — V = Yo- De cerca lee el número 4 de la escala de W ecker.
O . I. — V = Vio- D e cerca lee el número 10.
El sentido cromático está alterado en los dos ojos; no distingue el
verde ni el amarillo, que los cree blancos.
ARCHIVOS
DE
OFTALM O LO GÍA
2
D ía 3 de marzo. — Prim era inyección de 5 centigramos de uranato
amónico.
D ía 7. — Segunda inyección.
D ía 12. — Tercera inyección. El enfermo dice que Ve mejor; que Ve los
objetos con más claridad; pero la exploración no comprueba esta mejoría,
ni el examen oftalmoscópico indica variación alguna en el color de las
pupilas.
D ía 17. — Cuarta inyección.
D ía 25. - Q uinta inyección. El enfermo sigue diciendo que ha ganado
mucho en Visión, y efectivamente comprobamos que en el ojo derecho se
ha elevado á lU y de cerca lee el número 3, permaneciendo estacionada la
visión del ojo izquierdo. El sentido cromático es normal, en el ojo en que
lia mejorado la agudeza visual.
D ía 26. — Sexta inyección.
D ía 30. — S éptim a inyección. Reconocido de nuevo el enfermo, no se
consigue más mejoría.
En vista de que no se obtenía resultado, de tres inyecciones consecu­
tivas de uranato amónico, dispusimos empezar con inyecciones de biyoduro
de mercurio, con el fin de ver si este medicamento era más enérgico para
combatir la neuritis que aquél; pero el enfermo no quiso someterse á él,
ya que, con la mejoría obtenida en un ojo, podía dedicarse á su trabajo de
fundidor.
Aunque solamente son cuatro los casos en que hasta ahora
hemos empleado el urano amónico para combatir la sífilis ocular, en
vista de los resultados favorables que hemos obtenido nos creemos
en el deber de darlos á conocer, para, si los compañeros creen con­
veniente utilizar dicho medicamento, cupa eficacia la hemos obser­
vado especialmente en los iris sifilíticos.
Con el uranato amónico tendríamos un nuevo producto con que
combatir la sífilis, sin que por eso pretendiéramos sustituir, ni menos
desterrar, el mercurio, cupa eficacia está bien comprobada.
Quién sabe si las sales de uranio, que gozan de propiedades ra­
dioactivas p cttpas acciones terapéuticas son tan poco conocidas,
tendrán la propiedad de destruir el espirocete de la sífilis con más
facilidad que el mercurio.
II.— SOCIEDADES CIEN TÍFICAS
C O N G R E S O IN T E R N A C IO N A L A M E R IC A N O D E M E D IC IN A
É H IG IE N E
Buenos Aires, mayo 29 á junio 6 de 1910
S e c c ió n
tercera.
— S u b s e c c ió n : O f t a l m o l o g ía
Acta y conclusiones de los trabajos
P r im e r a
s e s ió n
Presidente efectivo, D r . P e d r o L a g l e y z e ; Secretario, D r . R e b u f f o
A los 30 días del mes de mayo de 1910, estando presentes los miembros
Dres. Lagleyze, Menacho, Moret, Beloir, Noceti, Rebuffo, Deniaría, Cabaut, Oyenliart, Iribarne, Doods, Barbieri y Gardella, adherentes á la S u b­
sección de O ftalm ología del Congreso Internacional Americano de M edi­
cina é Higiene de 1910. El Sr. Presidente D r. Pedro Lagleyze declara
inauguradas las sesiones de O ftalm ología.
Se designa presidente honorario al Dr. Menacho (de Barcelona).
Se organiza la lectura y exposición de trabajos é informes, con lo cual
se levanta la sesión, siendo las 11 de la mañana.
Firm ado: A g u s t ín C. R e b u f f o , Secretario.
S egu nda
s e s ió n
Presidente efectivo, D r . P e d r o L a g l e y z e ; Presidente honorario,
D r . M e n a c h o (de Barcelona); Secretario, D r . R e b u f f o
A los 31 días del mes de mayo de 1910, estando presentes los miem­
bros adherentes inscriptos á la Subsección de O ftalm ología del Congreso
Internacional Americano de Medicina é Higiene de 1910, el Sr. Presiden­
te Dr. M. Menacho (de Barcelona) declara abierta la sesión.
Expone su trabajo el D r . P e d r o L a g l e y z e , Profesor de O ftalm ología
de la Facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires, sobre: Modo de
obrar de las diferentes operaciones en el estrabismo '.
Abierta la discusión, el D r . M e n a c h o dice: Nuestro honorable com­
pañero el Profesor Lagleyze ha abordado en su excelente informe, basa­
do sobre tan crecido número de observaciones, diferentes problemas muy
interesantes; y no con el propósito de discutirlos, sino para exponer con­
juntamente mi modo de Ver, me permito hacer sobre el mismo tema algu­
nas consideraciones.
1 Publicado en estos
A r ch iv o s.
Agosto de 1910, pág. 441.
Un hecho de la mayor importancia en la corrección del estrabismo es
la previa determinación perimétrica del campo de mirada, de la form a del
estrabismo y de la agudeza visual, pues el procedimiento operatorio á que
recurramos se ha de basar sobre el conocimiento de todas estas circuns­
tancias.
La opinión del D r. Lagleyze de que la posición absoluta de los múscu­
los de la órbita no se altera con la operación, y que sólo Varia su situa­
ción relativa en cuanto al globo ocular, y que por lo tanto, con las inter­
venciones, no quitamos ni añadimos fuerza á los músculos sino que
variamos tan sólo la situación del campo de mirada en el espacio, es exac­
ta; pero sólo en ciertas condiciones.
Todos sabemos que cuando practicamos una tenotomía, obtendremos un
efecto mayor cuanto más ampliamente desbridemos la cápsula tenoniana,
y que al practicar el avance muscular, se acentúa su resultado resecando
una porción de músculo porque en el primer caso el músculo queda re­
traído, y en el segundo distendido; y por lo tanto no cabe duda que en
estos casos la situación absoluta de los músculos ha variado.
Yo no soy partidario de los amplios desbridamientos capsulares;
por otra parte encuentro muy racional el acortamiento muscular por
el procedimiento del profesor Lagleyze, porque ofrece menos dificultades
en su práctica que el avance muscular y no expone á la contingencia, si
se sueltan las suturas, de que pueda quedar un estrabismo mayor; pero, á
pesar de esto, yo creo que en los estrabismos exagerados, cuando en el
ojo desviado subsista una regular Visión, es más fácil obtener la visión
binocular desde el principio repartiendo la corrección sobre los dos ojos,
porque al operar el segundo, algunos días después, se puede dosar mejor
la corrección en vista de la desviación subsistente.
En cambio, cuando el ojo estrábico es ambliópico, debemos procurar
á todo evento operar en una sola sesión y sobre un solo ojo; en esos ca­
sos, el acortamiento muscular por el procedimiento,'del Dr. Lagleyze, com­
binado ó no con la tenotomía, es el procedimiento que puede proporcionar
mayores resultados.
Después de haber Visto practicar la operación por su autor, me he con­
vencido que el acortamiento muscular tiene indiscutiblemente grandes Ven­
tajas sobre el avanzamiento muscular, y me propongo desde ahora adop­
tarlo en mi clínica en substitución del avanzamiento.
Lee en seguida el Dr. A g u s t í n C . R e b u f f o s u trabajo sobre Paludis­
mo. Manifestaciones oculares. O pina el autor que el paludismo se mani­
fiesta no tan sólo en el nervio óptico, sino tam bién en la retina, coroides,
segmento anterior del ojo y conjuntiva y que el pronóstico es siempre fa­
vorable, salvo raras excepciones.
E l Dr. Menacho declara muy interesante el'trabajo del Dr. Rebuffo, y
abre discusión.
El D r . L a g l e y z e dice que las complicaciones oculares que más á me­
nudo ha tenido ocasión de observar, consecutivas al paludismo, han sido
é irido-ciclitis. Parece que el tracto uveal se halla más ex­
puesto á las infecciones palúdicas que las otras membranas del ojo; pro­
bablemente por ser una membrana Vascular por excelencia y porque el
parásito circula y evoluciona en la sangre, se explica la mayor frecuencia
de complicaciones oculares en dichas regiones.
En cuanto á las ambliopías pasajeras y hemeralopías hay que tener
presente que en los sujetos afectados de paludismo abusan muy á menudo
del sulfató de quinina, propinándose altas dosis, y no sería aventurado su­
poner que dichos accidentes fuesen originados á veces por la quinina.
Se conocen algunas observaciones de ceguera por atrofia papilar im ­
putables á abusos de las sales de quinina.
Es posible que algunas atrofias papilares del nervio óptico, monocula­
res, debieran ser atribuídasá la osteo-periostitis al nivel del agujero ó p ti­
co. Yo he tenido ocasión de observar la atrofia papilar simple de un solo
ojo en sujetos palúdicos. Por otra parte, suelen observarse complicacio­
nes de osteo-periostitis alveolar atribuidas al paludismo.
Toma en seguida la palabra el D r . N o c e t i , quien dice que después de
la interesante exposición del Dr. Rebuffo, debe mencionar un caso que ha
tenido en su clínica.
Se trata de un señor venido de Bolivia, para hacerse operar de una ca­
tarata; hecha la operación con toda felicidad, á los tres días el enfermo
empieza á quejarse de Violentos dolores oculares, lo que le obliga á le­
vantar el Vendaje, comprobándose en seguida una irido-ciclitis.
El Dr. Noceti piensa en seguida en un accidente infeccioso; pero no
deja de llamarle la atencción la ausencia más absoluta de toda secreción.
Por otra parte, el D r. Adolfo Flores, que le acompañó en la operación, le
observa al Dr. Noceti que el enfermo, además de sus dolores oculares,
había tenido Violentos escalofríos y fiebre; todo lo cual, agregado á que el
enfermo Venía de una región de Bolivia, donde el paludismo es muy co­
mún, hizo pensar más bien en un acceso palúdico, lo que no era nada ex­
traño, desde el momento que una emoción en un palúdico es suficiente
para hacer despertar el ataque.
Se le instituye un tratamiento local de atropina y fomentaciones ca­
lientes, y se le suministra al interior quinina y arsénico, y á la semana el
enfermo andaba con anteojos ahumados, y al mes tenía una Visión
de 7-2 con Esf. + 7 D. C ilind. -(-5 D. á 1CT.
Siendo las 12 y 30 de la mañana, se levanta la sesión.
D r . R e b u f f o , Secretarlo.
ir id o - c o r o id it is
Tercera
s e s ió n
Presidente efectivo, D r. P e d r o L a g l e y z e
Secretario, A g u s t ín C . R e b u f f o
El día uno del mes de junio de 1910, estando presentes los m iem ­
bros adherentes inscriptos á la Subsección de Oftalm ología del C o n ­
greso Internacional Americano de Medicina é Higiene de 1910, el Sr. P re ­
sidente D r. Pedro Lagleyze declara abierta la sesión.
Expone su trabajo el Dr. Enrique B. D e m a r í a , sobre: Conjuntivitis
catarrales epidémicas, conjuntivitis granulosa, conjuntivitis de los re­
cién nacidos, bacteriología, lesiones anátorno-patológicas y su dise­
m inación, especialmente en la República Argentina
A bierta la discusión, toma la palabra el P r o f . P e d r o L a g l e y z e ,
quien dice tiene el agrado de felicitar calurosamente al Dr. D em aría por
su im portante trabajo, que es un testimonio de la competencia y laborio­
sidad del autor.
Los mismos datos que ha logrado recoger tan meticulosamente sobre
las diversas conjuntivitis repartidas en la R epública Argentina servirán,
seguramente, para llamar la atención de nuestras autoridades sanitarias á
fin de provocar medidas profilácticas.
Piensa que las medidas de defensa contra la invasión de la conjuntivi­
tis granulosa deben de llevarse á cabo con el más escrupuloso rigor.
La actual inmigración europea importa mensualmente varios centena­
res de granulosos que se reparten en todas direcciones llevando el con­
tagio en todas partes. Nuestras clínicas son cada día más frecuentadas
por sujetos granulosos recién desembarcados, y algunos de ellos comple­
tamente ciegos.
Es necesario darse cuenta que la higiene, ó mejor dicho la profilaxia,
es una ciencia esencialmente egoísta; ella dicta leyes que muchas veces
contrarían completamente al altruismo. Si por un sentimiento de hum ani­
dad dejáramos libre la entrada á nuestro país á los granulosos, la única
defensa que tendríamos sería la de construir hospitales para alojarlos y
cuidarlos. Sería una medida que contrariaría los principios de economía
y los fines perseguidos con la inmigración que todos anhelamos para el
engrandecimiento de nuestro país.
M e adhiero, por consiguiente, á las medidas que el D r. Dem aría propone
para prevenir el desarrollo de la conjuntivitis granulosa y la conjuntivitis
de los recién nacidos; y, si los señores concejales no se oponen, se elevará
á la consideración de la Asamblea general del Congreso, para que ellas
sean apoyadas más eficazmente ante las autoridades competentes de
nuestro gobierno.
Hace uso en seguida de la palabra el D r . M e n a c h o , de Barcelona,
quien dice: el D r. Demaría, en su informe tan complejo y tan bien docu­
mentado, propone medidas profilácticas que dividiré en dos clases: unas
de orden general, y otras de régimen interior, que conciernen especial­
mente á la Nación argentina; de éstas no me ocuparé, pues no conozco su­
ficientemente las necesidades de vuestro país para intervenir con acierto
en la discusión.
1 Publicado en estos
A r c h iv o s ,
octubre y noviembre de
1 91 0,
páginas
577
y
677.
En términos generales se puede decir que con el propósito de evitar
el contagio de las conjuntivitis catarrales epidémicas, cuyo vehículo prin­
cipal es la secreción conjuntival, debe evitarse que los que las sufren se
hallen en contacto con los individuos sanos, especialmente en los asilos y
escuelas; como ya es de rigor en la mayor parte de los países.
En cuanto á las medidas que debieran adoptarse para evitar la difusión
del tracoma, quiero ocuparme tan sólo de las de orden general, como ya
he dicho antes, y empezando por lo relativo á la inspección de sanidad
marítima, remito á ustedes á lo que indico en una comunicación que des­
pués he de leer ante esta Asamblea.
Por lo que se refiere á las otras medidas de orden general, haré cons­
tar que el mejor medio consiste en la difusión de la enseñanza de la O fta l­
mología en las Universidades; en la propaganda del culto á la limpieza;
en la adopción del sistema del lavado á caño libre y de la toalla
individual en todos los establecimientos donde se acogen muchos indivi­
duos; en el aislamiento relativo de los granulosos en las escuelas, y en la
creación de escuelas especiales para los granulosos en las comarcas en
que éstos abunden.
A las proposiciones de nuestro distinguido colega yo me permito aña­
dir, en cuanto á la primera, que se encargue de la inspección de los inmi­
grantes á médicos oculistas, para la mayor probabilidad de acierto en sus
resoluciones.
Por lo que se refiere á oftalm ías purulentas, creo, como el D r. Demaría, que el método de Credé debe adoptarse en todas las M aternida­
des; pero en la práctica particular debe tenerse cierta reserva, pues la
instilación del nitrato de plata va seguida de una reacción, y las familias,
en los casos en que á pesar de todo se desarrolla la oftalm ía purulenta,
pueden incriminar el hecho á la instilación del nitrato de plata, que muchas
veces'llega tarde para evitar el contagio.
M e adhiero á las conclusiones propuestas por el D r. Dem aría en cuan­
to se refiere á la prevención de la oftalm ía purulenta.
Hacen uso de la palabra en igual sentido el D r . R e b u f f o y el D o c ­
tor C a b a u t .
Habla luego el D r . W e r n ic iíe , quien dice que cree que la rigurosa ex­
clusión de los granulosos es, por el momento, una‘ medlda que solamente
dará lugar á disgustos.
No es posible ponerla en práctica con resultado mientras no exista un
convenio con los países vecinos, especialmente con el Brasil y la R epúbli­
ca Oriental, que im pida que los granulosos rechazados puedan entrar por
otra puerta.
Propone modificar la conclusión primera del D r. Dem aría en el sentido
de invitar al Departamento de Higiene á celebrar un convenio con el B ra­
sil y la R epública Oriental, ó mejor aún, si fuera posible, convocar á un
Congreso Internacional que resuelva el punto.
En cuanto á las escuelas para granulosos se muestra poco convencido
de su utilidad.
Cree conveniente mostrar á las alumnas parteras una vez por año niños
ó adultos ciegos ó más ó menos perjudicados por oftalm ía de los recién
nacidos, para que se convenzan de la gravedad de la enfermedad que ellas
tienen tanta tendencia á considerar de poca importancia.
Cree que la Vista de estos desgraciados dejará más grabada en su me­
moria la necesidad de la profilaxia.
Espera más de esta medida que del reparto de folletos, que no se leen,
6 se olvidan al día siguiente.
Hace uso de la palabra el D r . N o c e t i , quien dice que se debe impedir
la entrada al país de todo tracomatoso, pero opina que es inhumano recha­
zar á un inmigrante después de una travesía larga y penosa; por lo que
propone que el gobierno haga responsable á las compañías de navegación
del embarque de todo inmigrante con conjuntivitis granulosa.
Lee en seguida el D r . N o c e t i su trabajo titulado:
En los peritajes médicos legales, cuando se trata de puntos de
Oftalmología debe siempre intervenir un oculista.
Abierta la discusión nadie hace uso de la palabra.
Lee enseguida el Sr. Secretario un trabajo del D r . F e r n a n d o S c h l e is s in g e r , titulado:
Im portancia terapéutica de las inyecciones subconjuntivales.
Puesto á discusión nadie hace uso de la palabra, con lo cual se levan­
ta la sesión, siendo las 12 y 50 niinutos’de la tarde.
D r . R e b u f f o , Secretario.
C uarta
se s ió n
Presidente honorario: D r . B e l o ir ; Presidente efectivo: D r . L a g l e y z e
Secretario: D r . R e b u f f o
A los dos días del mes de Junio de 1910, estando presentes los miem­
bros adherentes inscriptos á la Subsección O ftalm ología del Congreso In­
ternacional Americano de Medicina é Higiene de 1910, el D r. Beloir decla­
ra abierta la sesión.
Expone el D r . N o c e t i su trabajo titulado: Blefaroplastia con piel
de prepucio.
A bierta la discusión, toma la palabra el D r . M e n a c h o , quien dice que
la piel ideal para la blefaroplastia, por su semejanza con la de los párpa­
dos, es la del prepucio; pero será sólo empleada rara Vez, pues no
siempre existe cantidad suficiente para poderse excidir sin perjuicio ul­
terior para el individuo; por otra parte, hay otras regiones que se pueden
utilizar ventajosamente, como la piel de la cara interna del brazo y ante­
brazo.
Expone el D r . M e n a c h o su trabajo titulado: Contagiosidad de!
tracoma ', quien después de una brillante disertación, termina diciendo
que se impone pedir á las autoridades correspondientes:
1.° El nombramiento de Inspector oculista sanitario.
2.° Especificar ó qué clase de conjuntivitis debe reservarse la exclu­
sión, para saber el oculista cómo proceder en ciertos casos que pueden
considerarse como peligrosos para la salud pública.
Hace uso de la palabra en seguida el D r . T e ó f il o M o r e t , Profesor
de la Facultad de M edicina de Buenos Aires, quien expone su trabajo titu ­
lado Astenopía ocular.
A bierta la discusión hace uso de la palabra el D r . L a g l e y z e quien dice:
E l problema terapéutico de las astenopías suele presentar grandes d i­
ficultades. No siempre es fácil, en primer lugar, deslindar lo que corres­
ponde á la astenopía muscular ó á la de la acomodación retiniana. Por lo
general, cuando la astenopía no puede ser explicada por trastornos en la
acomodación ó en el aparato motor del globo, se tiene el recurso de atri­
buirlo á astenopíasjretinianas. A Veces, como muy bien indica el Dr. Moret,
los fenómenos neurálgicos son ocasionados por reflejos de lesiones que
tienen su asiento en los senos vecinos, en enfermedades de la nariz, oído
ó dientes.
Todo el mundo ha observado la desaparición de neuralgias orbitarias,
cefalalgias, ú otros fenómenos nerviosos, mediante la corrección óptica de
defectos de refracción; también es bien conocida la acción de los prismas
y hasta de intervenciones quirúrgicas en las heteroforias. Yo pienso que la
mayor parte de los síntomas de la astenopía son ocasionados por el des­
equilibro entre la acomodación y la posición de los ejes visuales; pienso
que existiendo una armonía en las inervaciones sinérgicas de la acom oda­
ción y de la convergencia, no es posible que se produzcan los fenómenos
clasificados de astenopía.
Aprovecharé esta ocasión para hacer notar los inconvenientes y per­
juicios que pueden ocasionar las malas prescripciones, hoy que muchos
comerciantes de anteojos prescriben Vidrios rodeándose de aparatos que
impresionan científicamente á sus clientes. Puede suceder, por ejemplo,
que un mismo sujeto acuse con un cilindro M addox una esoforia ó exoforia, según que se coloque el cilindro en uno ó el otro ojo. Supóngase un
sujeto en que el ojo derecho sea hipermétrope y el izquierdo miope; si se
coloca el cilindro de Maddox sobre el ojo miope, m irará la luz con el ojo
hipermétrope, tendrá que hacer un esfuerzo de acomodación en relación
con su ametropía, y como el ojo congénere verá una imagen diferente (una
línea vertical) no será solicitada la visión binocular, y debido al esfuerzo
de acomodación la convergencia será solicitada á causa de la sinergia
funcional entre la acomodación y la convergencia, y por tanto, el sujeto
dirá que ve la luz y la raya separadas y homónimas, lo que equivaldrá á un
esoforia que se neutralizaría con prismas á base externa. Por el contrario,
si se coloca el cilindro sobre el ojo hipermétrope, el ojo miope fijará su
eje sobre la luz, y no será raro que manifieste una heteroforia contraria ó
sea una exoforia; el sujeto en estas condiciones, no necesitando acomodar
la inervación de convergencia, quedaría en reposo, y como la situación
más ordinaria de la posición de reposo de los ojos es la divergencia, se
producirá una diplopia cruzada, etc.
Se desprende de esto que la averiguación de la heterofia deberá de
buscarse después de haber practicado la corrección óptica total de la
ametropia, si ella existiera.
Podría agregar una serie de problemas para demostrar las diversas
combinaciones á que se prestan los lentes y los prismas, con el objeto de
evidenciar la suma de conocimientos que se requieren para dominar sufi­
cientemente esta importante cuestión terapéutica; pero bastará el ejemplo
anunciado, para que esta docta Asamblea se dé cuenta de los inconvenien­
tes que actualmente existen en todo el mundo, á causa de no existir leyes
que limiten la intromisión del comerciante en lentes en el territorio del
oftalmologista.
Replica el D r . M o r e t , quien dice que agradece al Dr. Lagleyze el honor
que le dispensa al ocuparse de su trabajo y quiere corresponderle con la
contrarréplica á propósito de los puntos de que ha hecho referencia. He
dado la importancia á la esoforia que realmente tiene y lo comprendo por
los números que arroja mi estadística. He dejado constancia de la , elación
que existe entre la corrección óptica y la reproducción de los accidentes
astenopeicos en los casos en los cuales queda por una razón cualquiera
suprimida dicha corrección.
Por no entrar en detalles no he citado casos en los cuales me he visto
en la necesidad de proceder quirúrgicamente: aquel de un estudiante de
medicina á quien tuve que tenotom izar uno de sus rectos externos por
razón de su exoforia, y quien desde entonces continúa sin inconveniente
alguno sus estudios, los cuales hubiera debido abandonar; sin mi interven­
ción no hubiera mejorado tan en absoluto.
Para proceder á la medida de la heteroforia debo también, contestan­
do al Dr. Lagleyze, dejar constancia que la correción óptica precisa ser
absolutamente necesaria, pues de lo contrario la acomodación, influyendo
sobre el estado de actividad muscular extrínseca, debe forzosamente alte­
rar en corta proporción los resultados, á tal punto, que puede llegar á
hacer aparecer un exofórico como un esofórico; en cuanto á la astenopía
llamada retiniana no me he atrevido á nombrarla, por cuanto creo que es
una denominación que no está justificada y que los tales casos encuadran
bien dentro de las neurosis, neurastenia é histeria.
En seguida lee el D r . M o r e t un nuevo procedimiento p ara la ex­
tirpación del pterigión.
Puesto á discusión, hace uso de la palabra el D r . M e n a c h o , de B ar­
celona, quien dice que hace muchos años opera el pterigión por tras­
plantación, y cree que es un procedimiento excelente, pues la curación
definitiva es la regla casi absoluta. Pero existen algunos casos, para los
que debemos reservar el adjetivo de recidivantes, que se reproducen á
pesar de todo lo que se haga p ara combatirlos; á este propósito re­
cuerda un caso operado cinco Veces por un hábil colega suyo al que operó
después sin conseguir mejor éxito. Tratábase de un señor de 45 años,
comerciante acomodado de Bilbao, que presentaba, cuando lo operó, un
pterigión monolateral múltiple, que invadía casi toda la córnea y había
borrado casi en toda su extensión los fondos de saco conjuntivales.
El procedimiento que aconseja el D r. M oret es más sencillo que el
trasplantamiento.
El D r . D e m a r í a tom a en seguida la palabra y replica al D r . Moret
con respecto á un dicho que dice: Para mí, todo pterigión que se reprodu­
ce es porque está mal operado.
Dem aría sostiene que todo pterigión que se reproduce es porque es
enorme y muy carnoso, y cita un caso de la Clínica O ftalm ológica del
Dr. Pedro Lagleyze, operado seis veces perfectamente y reproducido
otras seis veces á pesar de toda prolijidad operatoria.
Interviene en seguida el D r . P e d r o L a g l e y z e en la discusión,
quien dice:
En los procedimientos operatorios para el pterigión conviene conser­
var siempre la conjuntiva hipertrofiada que constituye el pterigión para
alejarse de retracciones cicatriciales que dominarían la excursión del
globo ocular. Por este motivo reputo que en las operaciones en que se
sacrifica el pterigión, excindiéndolo, no son las preferibles.
El Dr. M oret estrangula el cuello de manera á provocar mortificación
de la cabeza, ó sea de la porción insertada sobre la córnea; no considero
que esto sea un inconveniente; porque, generalmente, los pterigiones que
operamos no avanzan más de 3 ó 4 mm. sobre la córnea.
Pero no creo que con este procedimiento, como en ningún otro, se
pueda decir que todos los pterigiones operados no puedan reproducirse;
hay pterigiones carnosos y tan desarrollados sobre la córnea que presen­
tan un carácter de malignidad recidivante.
El procedimiento que yo empleo desde hace más de 25 años se dife­
rencia del indicado por el D r. M oret, en que yo no hago la extrangulación.
Tomo con una pinza todo el cuello al nivel del limbo de la córnea, lo per­
foro con un gancho de estrabismo sobre la esclerótica y arranco su
implantación corneana. S i hubiera quedado algún residuo de conjuntiva ó
vasos, hago raclaje con el escarificador de Desmarres. Inmediatamente
ejecuto una incisión Vertical, partiendo del limbo en cada labio de la con­
juntiva, esta incisión la ejecuto vertical y no contorneando el círculo del
limbo córneo, con objeto de que al apretar las suturas la conjuntiva no
suba sobre la córnea avivada y se injerte sobre ella. Dos puntos de sutu­
ra concluyen esta sencilla operación.
Siendo las 12 de la mañana, se levanta la sesión.
A. C .
R e b u ffo ,
Secretario
Q
Presidente honorario:
D r.
u in t a
M o re t;
Secretario:
s e s ió n
Presidente efectivo:
D r.
D r . L a g le y z e
R e b u ffo
A los tres días del mes de junio de 1910, estando presentes los miem­
bros adherentes inscriptos á la Subsección Oftalm ológica del Congreso
Internacional de M edicina é Higiene de 1910, el Sr. Presidente declara
abierta la sesión.
El D r . M e n a c h o , de Barcelona, expone su trabajo titulado: Trata­
miento de la form a tarsal de la conjuntivitis prim averal por el m asa­
je 1 expresión. A bierta la discusión, hace constar que esta forma de con­
juntivitis se va haciendo más frecuente. En Buenos Aires, el D r. Lagleyze
sostiene lo mismo, y dice que empleará en su C línica el tratamiento del
D r. Menacho.
En seguida expone el D r . M e n a c h o 1un procedimiento p ara m oldea­
do y prótesis ocular. Toma la palabra el Dr. Lagleyze, quien dice que
considera muy bueno el procedimiento del Dr. Menacho. Habla luego el
D r . M o r e t , quien dice: Entre nosotros sólo disponemos de las coleccio­
nes de ojos, y cuando he debido contribuir al encargo de la confección de
un ojo ordenado exprofeso para el cliente, me he servido de dos cáscaras
artificiales, una del tamaño debido, sobre el cual señalada el sitio de la
córnea, y la segunda elegida entre aquéllos cuyo iris se asemejaba más
al color del ojo congénere. Con todo, estimo perfectamente práctico y
útil la manera de proceder del distinguido colega Dr. Menacho.
Vuelve á tomar la palabra el D r . M e n a c h o para exponer, una comuni­
cación, titulada: Contribución á la etiología de la miopía
Abierta la discusión, el D r . M o r e t dice que comienza por manifestar
su extrañeza por la denominación de nefeliones invisibles empleado por
el D r. Menacho. El nefelión es tan objetivo que verdaderamente no le
puede concebir invisible. No dudo que hay alteraciones de la superficie
espejante de la córnea capaces, sin lesiones aparentes, de llevar al obser­
vador á las conclusiones de la existencia de un astigmatismo irregular.
Algunas gotas de cocaína bastan para modificar el aspecto oftalmométrico de miras y líneas de fe.
Las lesiones corneanas ulcerativas traumáticas intersticiales de defor­
mación, por razones de contigüidad ó de continuidad, pueden modificar la
curvatura de la córnea y dar lugar á astigmatismos irregulares, algunos
de ellos sin base efectiva apreciable á nuestros medios directos de inves­
tigación y dejar así sin explicación la falta de coincidencia á las líneas de
fe y la formación á las imágenes de las miras.
Dudo mucho que en tales casos debamos dar crédito á los dichos de
los pacientes, interrogados acerca de afecciones oculares anteriores; no
nos lleve siempre al recuerdo de alguna pequeña irritación ocular, bien
insuficiente como dato para darle Valor.
Alabo por cierto la idea original del Dr. Menacho, por cuanto llama la
atención acerca de una investigación Verdaderamente interesante.
R eplica el D r . M e n a c h o diciendo que reconoce que el calificativo de
nefeliones invisibles no traduce fielmente el proceso á que se refiere, y
con gusto aceptará cualquier otra denominación más adecuada que tenga
á bien proporcionarle; pero, en realidad, no halla otra; pues se trata de
opacidades que son invisibles por los medios de que disponemos, y sólo
podemos confirmar su existencia valiéndonos de la queratoscopia.
Lee en seguida el D r . N o c e t t i un trabajo suyo, titulado: E l estado
dentario en la queratitis. En su interesante trabajo, esencialmente prác­
tico é ilustrado con 16 fotograbados, su autor sostiene que en la mitad de
los casos por el observados la distrofia dental es la regla.
Puesto á discusión hace uso de la palabra el D r . M ó r e t , quien dice
que no ha podido encontrar, si no excepcionalmente, la traída de Hutchin­
son. No cree tampoco que toda queratitis intersticial implique un diagnós­
tico de sífilis hereditaria. Hay seguramente otros factores que influyendo
sobre el estado general ó tienen repercusión más ó menos marcados sobre
el desarrollo del sistema óseo y de los dientes que no sea raro hallar niños
en quienes estos últimos presentan un cuadro de desarrollo deformativo
enormemente variado, sin que nos sea posible hallar relación alguna con
la otitis media ni con la queratitis intersticial.
Debo, con todo, reconocer el mérito del trabajo minucioso del doctor
Nocetti, en lo que se refiere á la clasificación que ha hecho de los tipos
de deformación dentaria. Terminaré diciendo que está bien que se tome
nota del estado de los dientes en los niños atacados de queratitis intersti­
cial; pero no debemos tenerlo en cuenta en cuanto á su valor clínico, pues
los dientes de la segunda dentición suelen modificar por completo el cua­
dro, presentándose la mayor parte de las veces con un aspecto absoluta­
mente normal.
Habla en seguida el D r . M e n a c h o , quien dice que el criterio que pro­
fesaba Panas, atribuyendo á las deformaciones dentarias de los heredosifilíticos nó una significación de especificidad sino considerándolos como
el resultado de una perturbación profunda de la nutrición, es, en su con­
cepto, el más justo, y esto nos explica que á menudo las alteraciones den­
tarias desaparezcan al salir las piezas de la segunda dentición.
El secretario lee en seguida tres trabajos del D r. Santos Fernández de
la Habana, titulados:
1." Sarcoma de la órbita de origen ocular, detenido largo tiempo
por el cinomato de sosa.
2.° Tratamiento de la triquiasis y destriquiasis, adelantado el
borde palpebral merced á un colgajo de la piel de la sien.
5.° Ventajas positivas del colgajo conjuntival en ¡a extracción
simple de la catarata.
Puestos á discusión, habla el D r . M e n a c h o respecto al último de
estos trabajos, al cual replica el D r . M o r e t , quien dice con motivo
de una frase del Dr. Menacho, al ocuparse del trabajo presentado por
el Dr. Santos Fernández, de la Habana: Debo manifestar mis dudas
con relación á la eficacia del colgajo conjuntival en lo que se refiere á
prevenir las hernias de iris post-operatorias; por cuanto que la obtención
del colgajo conjuntival obliga al operador á llevar la incisión más atrás y
basta esta sola circunstancia para aumentar las probabilidades del enclavamiento ó de la hernia; por cuya razón todos los que hemos practicado
la extracción sin iridectomía, preferimos el colgajo corneal en el limbo un
poco más adelante. Además, estimo que no debe fiarse en la rapidez de la
mantención de la coaptación de los labios de la herida por el hecho del
colgajo conjuntival; pues las hernias se producen siempre, en la mayoría
de los casos, dentro de las primeras Veinticuatro horas; es decir, dentro
de un lapso de tiempo demasiado corto para que la aglutinación cicatri­
cial del colgajo de conjuntiva pudiera tener alguna eficacia.
Interviene, replicando, el D r . M e n a c h o , de Barcelona, quien dice que
cree que el colgajo conjuntival, en la extracción de la catarata, la emplea
nuestro colega cubano exclusivamente con el propósito de abreviar la cica­
trización y la consolidación de la herida aun á trueque de dificultar algo la
técnica operatoria, y á este concepto debe decir que el colgajo conjuntival
es preferible al corneal, y hace años recurre á cortar dos ligeras orejetas
conjuntivales á uno y otro lado del colgajo corneal en los individuos
obesos y bronquíticos ó rebeldes, para facilitar la cicatrización, y no lo
practico siempre porque la sangre invade la cámara anterior y desluce y
dificulta la operación; pero el colgajo amplio central, tal como lo practica
nuestro colega, salvo los inconvenientes indicados, no dudo que abrevia
notablemente la cicatrización.
No habiendo más que tratar, toma la palabra el D r . P e d r o L a g l e y z e , y pide á la asamblea haga suyas las conclusiones del trabajo del
Dr. Dentaría respecto á la conjuntivitis granulosa y oftalm ía purulenta,
que se aceptan por unanimidad y se hace constar que la Asamblea hace
suyas dichas conclusiones, y se resuelve pasar una nota á la Asamblea ge­
neral del Congreso de Medicina é Higiene, para obtener su sanción y apli­
cación por las autoridades correspondientes.
Por la cual se dan por terminados los trabajos de la Sección de O fta l­
mología el día 5 de junio de 1910.
A g u s tín
C.
R e b u ffo ,
Secretario.
HI.—PR E N S A O F T A L M O L Ó G IC A
T h e O p h th alm o sc o p e
Análisis por el
D r . F r a n c is c o
M.
F ernández
S e p tie m b r e
de
1909
Significación de la neuritis ó p tic a .- D r .
J.
S.
(Habana)
R is ie n
R u s e ll
(Londres)
L a neuritis óptica cuando ocurre en la anemia no debe ser producida,
dice el autor, por la alteración de la sangre, sino más bien por una trom ­
bosis intracraneana de las venas ó senos. Esta opinión se confirma al ver
la frecuencia con que á esta afección acompaña la parálisis de algún
músculo ocular. Llam a la atención á la importancia que tiene la sífilis en
la etiología la neuritis óptica, y dice que no se debe dejar de excluir ésta
en todos los casos antes de pasar á suponer que se trata de un tumor
cerebral, aunque éstos nunca deben dejarse de sospechar. Respecto á la
esclerosis diseminada, el autor nunca ha encontrado esta enfermedad aso­
ciada á la neuritis óptica, y cree que lo que afecta á los nervios ópticos
en la esclerosis diseminada nunca debe llamarse neuritis óptica, pues no
lo es, por más que afecte á los nervios ópticos. Abunda en la opinión de
que ningún caso de esta naturaleza, que debe al aumento de la presión
intracraneana, debe dejarse sin intentar la trepanación.
La etiología del tra c o m a .—D
r.
R.
G rae e f
(Berlín)
Describe el eminente profesor berlinés sus investigaciones para des­
cubrir la causa del tracoma. Refiere que por medio del tinte Giemsa
pudo descubrir los cuerpos del tracoma. Com bate la opinión de Prowazek,
de que el rompimiento de la cápsula de los cuerpos de tracoma se deba al
reactivo, sino que, en su opinión, se debe á un proceso natural. No es de
opinión de que el tracoma sea una enfermedad superficial, por más que
los cuerpos estén superficialmente, pues él ha encontrado los cuerpos del
tracoma en el jugo obtenido por la expresión de los folículos. E l autor
concluye afirmando que los cuerpos por él encintrados no se observan
más que en el tracoma, y los ha encontrado en todos los casos de esta
afección, que ha examinado recientemente en Posen, Berlín, Kenisberg y
en la provincia del Rhin. La naturaleza de los cuerpos cree que sea en los
organismos vivientes, se asemejan á los cuerpos descritos por Negri y
Guanevipere; no deben confundirse con los productos de degeneración de
las células ni deben confundirse con los cosinófilos.
O
ctubre
M ejoras en las enfermedades oculares en E gipto, con referencia
especial á la ceguera producida por el traco m a. D r . A. F. M a c
C a lla n
(Egipto).
Según el autor, el tracoma es casi universal en las clases medianas de
Egipto. Todos los pobres la padecen. En una investigación realizada en
una escuela de una de las provincias de más importancia, encontró que el
98‘45 por 100 de los niños estaban atacados de tracoma. Según los últimos
censos, hay en Egipto un número de ciegos que asciende á 511,982, de una
población total de 11.189,978, lo que arroja la enorme proporción de un
4‘57 de ciegos. A pesar de lo aterrador de esta cifra, el autor cree que es
inferior á la realidad. El autor cree que no es cierto que haya menos of­
talm ías que antes, pues á pesar de que el estado de prosperidad de los
habitantes de Egipto es satisfactorio, ellos no han mejorado grandemente
en sus hábitos higiénicos. Lo que pasa es que hay menos casos agudos
que antes, y esto puede ser debido á que la ciudad europea estaba más
mezclada antes con los indígenas, mientras que ahora, que no lo está, los
europeos Ven menos casos de tracom a que antes. Es, por lo tanto, lo
cierto que la disminución en los casos de tracoma es más bien aparente
que real.
El autor fué enviado por el gobierno de E gipto para que organizara y
dirigiera un hospital oftálm ico ambulante, y para que instruyese en la
cirugía oftálm ica á un número de cirujanos egipcios. Se organizaron dos
hospitales, que consistía cada uno de diez ó doce tiendas de campaña, En
cada uno había dos cirujanos con un crecido número de ayudantes, orde­
nanzas, etc. Los últimos adelantos en oftalm ología estaban á nuestra dis­
posición Un reducido número de enfermos quedaban en el hospital; pero
la inmensa mayoría pertenecían á la consulta externa que ascendía diaria­
mente á cerca de 500. Estos hospitales se organizaron en forma de co­
lumnas volantes, que el Prof. Belljarm inow ha organizado con tanto éxito
en Rusia. Además de estos dos hospitales ambulantes, se están constru­
yendo tres hospitales que se dedicarán exclusivamente á cirugía oftálmica.
Todos estos hospitales están á cargo del Dr. Mac Callan.
Com o resultado de los trabajos realizados por el autor, él cree que
puede permitirse una clasificación del tracoma en la siguiente forma:
El tracoma es un estado de la conjuntiva en que ocurren cambios ma­
croscópicos, que resultan en la formación de las llamadas granulaciones
(con ó sin hipertrofia papilar), que en casos favorables desaparecen y son
substituidas por tejido conectivo. El autor clasifica el tracoma en cuatro
estados, basados en la prominencia comparativa de los tres puntos im por­
tantes:
El tracoma 1.° es el comienzo de la enfermedad, y el tracoma 4.° es el
final, cuando se ha obtenido la curación (ya naturalmente, ya por trata­
miento).
Tracoma 1.° Ha sido descrito muy bien por Hourmouziades: «Uno
encuentra en la conjuntiva del tarso y del cul-de-sac superior, especial­
mente en las dos extremidades del tarso, un aspecto ligeramente desigual,
formando cayos grises y amarillos, que son transparentes y casi despo­
seídos de vasos sanguíneos, con pequeños vasos que corren hasta ellos.
Puede haber ó no secreción mucosa.»
Esta simple forma dura un tiempo variable, puede durar un año, y des­
pués sobrevienen complicaciones con otras clases de conjuntivitis gene­
ralmente.
Tracoma 2.° a) Es la etapa en la cual las granulaciones gelatinosas
cubren todo el tarso y fórnix, y á menudo se fusionan las granulaciones
en grandes masas de aspecto gelatinoso.
Tracoma 2.° b) En esta segunda parte se forman las pseudo papilas,
que consisten en elevaciones rojas semejantes á fresas, y que pueden ser
confundidas por el aspecto que la conjuntivitis catarral epidémica pre­
senta.
Tracom a5.° En esta etapa comienza la cicatrización y se ven por
doquier cayos de tejido tracomatoso rodeadas de finos dibujos de tejido
conectivo. Puede sobrevenir la necrosis y degeneración calcárea del te­
jido tracomatoso.
Tracoma 4.° Es el estado en que la conjuntiva está completamente
lisa y está cruzada por líneas de tejido conectivo. Esta es la etapa de ci­
catrización completa de la conjuntiva ó del tracoma curado.
N o v ie m b r e
T ratam iento del desprendim iento de la retina
D r.
D e u ts c h m a n n
(Hamburgo)
Recuerda el autor que él ha designado dos métodos para curar el
desprendimiento de la retina, consistiendo el primero en la bisección y
el segundo en la inyección de humor vitreo estéril de ciertos animales
dentro del ojo. El primero es el método de elección, siendo el segundo
empleado en los casos que se consideran ya perdidos. Com o prueba de
las Ventajas de su método da el autor las cifras de los curados. D e un
total de 267 ojos operados obtuvo 70 curaciones (26‘1 por 100), 94 mejo­
rados (41'5 por 100), y 105 no curados (58‘7 por 100), mientras que si se
sustraen los casos en que la operación se realizó, tan sólo como un expe­
rimento, el número de casos curados será de 51‘1 por 100 y el de mejora­
dos de 41 ‘5 por 100. Termina su trabajo el D r. Deutschmann, recpmendando que no se opere en un desprendimiento reciente, sino que se debe
esperar á que el líquido subretiniano gravite hacia abajo. Caso de que no
dé resultado la intervención, no debe volverse á intentar si los grandes
ARCH IVO S
DE
OFTALM OLOGÍA
3
Vasos de la retina han sido heridos. Recomienda el uso de la atropina du­
rante todo el tratamiento.
Un m étodo de extracción de la cata rata con la retención de
un colgajo córneo-esclerotical ' . —D r . N e v e n G o r d o n C lu ic iií
(Paisley).
M odificación del método de Graefe, continuando el colgajo en la con­
juntiva bulbar y tallando un puente en ella, pero dejándolo sin seccionar.
D ic ie m b r e
Nuevo procedim iento operatorio para establecer u n a cicatriz
filtra n te en el tra ta m ie n to del glaucom a.—D r . R. H. E l l i o t
Madras, (India).
Reconociendo, con Herbert y Lagrange, que el establecimiento de una
cicatriz filtrante entre la cámara anterior y el espacio subconjuntival
reduciría notablemente la tensión intra-ocular tan aumentada en el glau­
coma, el autor realizó varias veces la operación de Herbert, pero la cree
muy complicada; y, en cuanto á la de Lagrange, opina que, aunque es más
fácil, es peligrosa. Con tal motivo, el autor ha ideado una operación que
da los resultados que se desean, y al mismo tiempo es facilísima: consiste
en hacer un gran colgajo conjuntival y después en quitar un disco de la
esclerótica, junto al limbo, por medio de un trépano. El autor, en un ar­
tículo siguiente, cita varios casos en que realizó la operación mencionada.
L a C liniq ue o p h ta lm o lo giq u e
A b r il
de
1909
C ontribución al estudio del pulso r e tin ia n o .- D r . P. B a i l l i a r t
Los vasos arteriales del fondo del ojo, como todas las arterias, deben
presentar después de cada sístole cardíaca una pulsación. Sin embargo
es raro que en el estado normal las pulsaciones sean Visibles, aun con el
aumento que da la imagen derecha. Se las percibe alguna vez, bien en el
punto de emergencia de la arteria central de la retina, ó bien al nivel de
alguna ondulación de sus ramas, ó al de alguna bifurcación arterial; pero
el hecho es excepcional, pues en la mayoría de casos las arterias en el
1 Deseamos dejar anotado que el Dr. Juan Santos Fernández lleva bastante tiempo reallzando la extracción de la catarata por medio de un amplio colgajo conjuntival. El Dr. Santos
Fernández ha enviado trabajos acerca de esta nueva operación (ó del rejuvenecimiento de
una antigua, pero que nadie usaba actualmente) á los diversos centros científicos del mundo.
N. del T.
fondo del ojo normal parecen inmóviles. Esta falta de pulsación arterial
se explica por dos hechos: 1.°, porque las arterias son muy pequeñas y la
onda pulsátil llega á ellas considerablemente debilitada; y 2.°, porque las
arterias encuentran la tensión del globo ocular que contrarresta la pre­
sión sanguínea. S i esta presión aumenta, entonces se producirá el pulso
retiniano, porque penetrando la sangre con más dificultad en las arterias,
sólo llegará por medio de sacudidas. Se puede producir artificialmente,
ejerciendo con el dedo una presión suficiente sobre el globo. Con fre­
cuencia la pulsación sólo aparece en una parte del globo ó de la papila;
ordinariamente, si la presión se ha ejercido en la parte superior, aparecen
las pulsaciones en las ramas inferiores y viceversa. Este fenómeno se pro­
duce con mayor facilidad en los jóvenes que en los individuos de edad
avanzada, pues en los viejos á Veces es imposible el provocar el pulso re­
tiniano. Cuánta mayor es la elasticidad de las arterias con más facilidad
se dejan aplastar por la presión trasm itida y dilatar por la onda sanguí­
nea. Generalmente se presentan las pulsaciones de una manera espontá­
nea en individuos debilitados, anémicos, de baja tensión sanguínea. Sí la
tensión sanguínea es elevada, falta aunque sea provocado artificialmente.
En el glaucoma es en donde aparece con más frecuencia el pulso reti­
niano, pues la tensión anormal del globo reemplaza con facilidad la pre­
sión digital produciendo la falta de equilibrio entre la presión sanguínea y
la tensión ocular necesaria para provocarlo. En los accesos de glaucoma
prodrómico se le encuentra con frecuencia.
Al lado del pulso arterial existe el pulso venoso, que se encuentra con
mayor facilidad en el ojo sano que el arterial, produciéndose general­
mente al nivel de la emergencia de la Vena central; es decir en el punto
en que la vena alcanza su mayor calibre y en el que la presión es más dé­
bil. Sin embargo, la presión digital provoca con mucha mayor facilidad el
arterial.
L a pulsación arterial del fondo del ojo puede, mucho mejor que la Ve­
nosa, facilitar datos interesantes para el diagnóstico de ciertas afecciones
oculares (glaucoma, em bolia ó trombosis de los vasos retinianos) y más
aún sobre el estado de la circulación arterial general y de las arterias
cerebrales en particular. El pulso provocado aparece tanto más fácilm en­
te cuanto más joven y más blanda es la arteria y menos elevada es la pre­
sión general. Es un signo que merece ser, con frecuencia, buscado y utili­
zado y que puede prestar reales servicios en la exploración del sistema
arterial en general y del sistema arterial cerebral en particular,
Patogenia de la cata ra ta polar a n te rio r.—D
r.
L.
W e e k e rs
(Lieja)
Acerca la patogenia de la catarata polar anterior, ias opiniones se han
modificado algún tanto en estos últimos tiempos, admitiéndose hoy por
muchos oculistas que dicha catarata es con frecuencia una afección adqui­
rida, consecutiva á una úlcera de la córnea que ha ocasionado una pertur­
bación en la nutrición de una porción lim itada del cristalino. La causa más
común de la úlcera de la córnea es, sin duda, la conjuntivitis gonocócica de
los recién nacidos; pero en los adultos también puede producirse la cata­
rata polar anterior típica, consecutivamente á una úlcera de la córnea.
Esta opinión acerca la patogenia de dicha afección, sostenida por Nuel y
otros, apoyada en hechos indiscutibles, no puede ser absoluta, pues hay
casos en que existe la catarata polar anterior sin que haya habido lesión
ni de la conjuntiva ni de la córnea.
R elata el caso de un niño de diez días, que le filé presentado á la con­
sulta, teniendo en ambos ojos una catarata polar anterior típica. Dicha
criatura no había tenido ninguna conjuntivitis, ni la más ligera secreción
conjuntival, y las córneas eran perfectamente normales, no presentando
ninguna opacidad. Se trata, por lo tanto, de una afección congènita,
acerca de cuyo origen no pueden hacerse más que conjeturas.
M
ayo
Las tub e rculinas TR, BE, TBK; su potente acción curativa
sobre las tuberculosis, las tuberculides y las tuberculíes
oculares. — D r . L u is D o r (Lión).
Hace la historia de las tuberculinas, á partir de aquella memorable se­
sión del Congreso de Berlín, en la cual Koch lanzó, como una bomba, el
anuncio de haber descubierto la curación de la tuberculosis. Describe el
fracaso de la tuberculina hasta que Koch, en 1897, anunció haberla dividido
en dos productos: uno, T O , conteniendo los principios tóxicos, y otro,
T R , conteniendo los principios curativos. Zimmermann fué el primero
que se aventuró á tratar un enfermo por una lesión tuberculosa en el ojo
izquierdo, y en el cual había habido necesidad de enuclear el ojo derecho
por una lesión semejante, obteniendo un resultado satisfactorio.
Esta curación no tuvo eco; y, en 1900, V. Hippel dió otra campanada
con la curación en la clínica de Halle, de cinco enfermos con la tuberculi­
na T R. V. Hippel perfeccionó la técnica dando reglas para la aplicación
de su método, y de esta fecha arranca la aplicación de la tuberculinoterapia á la tuberculosis ocular. V. Hippel no considera á la tuberculina como
un suero curativo, ni como un anticuerpo específico, sino como un Veneno
al cual el organismo debe habituarse por medio de inyecciones progresi
vas, aconsejando empezar por dosis sumamente débiles, al objeto de no
determinar ninguna reacción y á aumentar estas dosis de una manera
lenta, de manera que se consiga el que la temperatura no llegue en ningún
momento á los 38°.
El pleito parecía, después de los trabajos de varios autores, fallado á
favor de la T R , cuando la cuestión Viene á complicarse con el abandono
de ella por V. Hippel, y hace surgir la tuberculinoterapia por la tuberculi­
na B E , y por la de Beraneck T BK .
V. Hippel, aconsejado por Koch, recurrió á tuberculina B E (Bacillare
Emulsión) ó emulsión bacilar, publicando luego su ayudante David el re­
sultado obtenido en el tratamiento de diez enfermos, cuyas observaciones
detalladas daba á conocer, llegando á la conclusión de que la nueva tuberculina B E filé m ás activa que la TR, pues con ella se consiguió cu­
rar la tuberculosis conjuntival que se había mostrado rebelde á la última.
El autor (Dr. Dor) empezó sus ensayos con la tuberculina T R , hasta
que, aconsejado por el Dr. Arloing, adoptó la de Beraneck, á causa de su
modo de preparación, tratando con ella ocho enfermos con excelente re­
sultado. Ha tratado, sobre todo, enfermos atacados de lo que él llama
tuberculia, por oposición á la tuberculosis y á las tuberculides. Entiende
por tuberculia una inflamación provocada por el bacilo tuberculoso ó sus
toxinas, sin que haya formación de tuberculides ó de tubérculos. L a que­
ratitis intersticial, la escleritis difusa, la queratitis vascular, la neuritis y
el desprendimiento de la retina son manifestaciones de la tuberculia,
mientras que la episcleritis nodular y la queratitis flictenular son tu ­
berculides, y los nódulos del iris son verdaderos tubérculos, observándose
también verdaderos tubérculos en. la córnea, la retina y la coroides. E l
autor quiere mantenerse fiel á la tuberculina de Beraneck T BK , mientras
no se le demuestre palpablemente que la BE, que preconiza V. Hippel,
le sea superior, curando más rápidamente los enfermos.
De todos los trabajos publicados no es posible derivar conclusiones
prematuras á causa de las diversas formas y tendencias de las toxinas,
pues son esclerosantes, edematizantes, caseificantes, hemolisantes,
hipertermizantes ó simplemente distrofiantes, según sean los enfermos;
y de ello surge la hipótesis de que cada enfermo tiene su tuberculosis
especial, pues uno está armado contra las toxinas hipertermizantes y ca­
seificantes, pero no contra las esclerosantes y otro, al contrario, posee
defensas naturales contra las toxinas esclerosantes y no podrá luchar
contra las otras toxinas.
La tuberculosis conjuntival resiste á la tuberculina T R y sólo se deja
modificar lentamente por la BE, mientras que la tuberculosis del iris es
curada muy pronto por ellas. El desprendimiento de la retina tuberculosa
es rápidamente curado por la tuberculina T BK . Estos son jalones que de­
ben servirnos de guía para ir agrupando á su.alrededor otros jalones.
Hace la siguiente hipótesis acerca el mecanismo de la curación de la
tuberculosis por la tuberculina. ¿Cóm o es posible explicar el que un or­
ganismo en el cual viven los bacilos tuberculosos y que por consiguiente
debe estar impregnado de tuberculina, puede tener necesidad de nuevas
cantidades de tuberculina para curarse? Para contestar á esta cuestión
basta invocar el fenómeno de la oftalmo-reacción. Este fenómeno, que ya
por sí mismo es misterioso, es cuando menos una prueba de que el orga­
nismo de los tuberculosos no está impregnado de tuberculina. Una pe­
queña demostración nos la da el hecho de que si se somete un enfermo á
numerosas inyecciones de tuberculina, la oftalmo-reacción desaparece en
él. Así, pues, el tuberculoso no está impregnado de tuberculina; pues, si lo
estuviera, la oftalino-reacción sería inexplicable. E s preciso que en él
exista un anticuerpo específico de la tuberculina, el cual se combine vio­
lentamente con ella, y es por esto que una gota de tuberculina en el ojo
de un tuberculoso provoca una reacción que no se obtiene en el ojo de un
normal. L a oftaimo-reacción desaparece cuando el organismo se ha im­
pregnado de tuberculina. Pues bien: él cree que la desaparición de esa
reacción es lo que permite ál organismo curarse.
Cuando se inyecta debajo de la piel de un animal una emulsión de cé­
lulas cancerosas, aparecen en su suero unas substancias citolítidas espe­
cíficas que destruyen las células cancerosas; pero pronto aparece un
nuevo anticuerpo, que es el antagonista de la substancia citolítica especí­
fica, y á partir de este momento las células cancerosas dejan de ser ata­
cadas. Si se aplica esta noción á la tuberculosis, se puede suponer que
toda tuberculosis hace nacer, en el suero del que la lleva, un anticuerpo
específicamente tuberculinolítico, y, durante este período, la inyección de
tuberculina provoca una reacción intensa; pero si se persiste en inyectar
mucha tuberculina, se desarrolla entonces una nueva substancia que es
antagonista de la antituberculina y en este momento la lucha se acaba. El
organismo no lucha más contra las nuevas impregnaciones de tuberculina
por una reacción local ó general específica; lucha por otros medios que le
sirven para desembarazarse de los cuerpos extraños en general. Esta
hipótesis es favorable á la tuberculinoterapia por medio de la emulsión
bacilar, con exclusión de las tuberculinas que sólo utilizan una parte de
los venenos tuberculosos.
La conclusión en que debe fijarse es en la que se derive de la clínica.
Aquellos que tienen la costumbre de servirse de la tuberculina TR, deben
continuar con ella; los que han aprendido á manejar la tuberculina de Beraneck, hagan lo mismo, y que los otros estudien la tuberculina B E ó la C L,
según que prefieran inmunizar los enfermos contra 1a totalidad de los Ve­
nenos tuberculosos ó bien contra el más Violento de ellos, teniendo
presente, en el primer caso, que si tienen la Ventaja de esperar una inmu­
nización más completa, tendrán el inconveniente de actuar con bacilos
simplemente machacados, lo cual no da una impresión de gran seguridad.
En el segundo caso, si ellos no dirigen la inmunización más que contra
uno de los venenos tuberculosos, tienen al menos la certeza de que el lí­
quido que inyectan sólo contiene substancias químicas. Y cuando con los
dos sistemas se habrán curado enfermos, entonces se compararán los
resultados bajo el punto de Vista de la rapidez y de la duración de la cu­
ración, y se podrán pronunciar por uno ó por otro sistema.
J unio
Una pequeña epidem ia de c o n ju n tiv itis con pneum ococos en
u n a fam ilia de un p n e u m ó n ic o .—D r . S t a n c u l e a n o (Buscaret)
Tuvo el autor la ocasión de observar esta epidemia en la fam ilia de un
colega atacado de pneumonia doble. Una semana después del comienzo
de la pneumonía, la señora del paciente fué atacada de una conjuntivitis
por pneumococos, que empezó bruscamente en el ojo izquierdo, pasando
al derecho á las Veinticuatro horas. En ambos ojos la afección duró 3 días.
Á las veinticuatro horas de curada la señora, la criada presentó en el
ojo derecho los síntomas de una conjuntivitis aguda más atenuada y en
la cual se encontró el pneumococo. La afección duró 4 días en el ojo de­
recho; el ojo izquierdo se contaminó el mismo día, pero curó en veinticua­
tro horas.
Aunque el pneumococo que causó la pneumonía del colega fuese de
una gran virulencia, ocasionando toda suerte de complicaciones, la con­
juntivitis de la señora y de la criada siguió la evolución clásica de la in­
flamación de la conjuntiva producida por los pneumococos Esto hace
pensar que la conjuntiva es un mal medio de cultura para el pneumococo,
y que por ello atenúa en virulencia
Accidentes oculares producidos por el atoxil
D r . H e n r i C o p p e z (Bruselas)
El atoxil, aun administrado á pequeñas dosis, puede producir cegueras
completas é incurables; por lo tanto es preciso que los prácticos se pongan
en guardia respecto á este producto. Se ha discutido mucho acerca de si
es la anilina ó el arsénico el causante de tales estragos. El autor cree que
es la anilina, pues, desde hace algunos años, la introducción en la tera­
péutica de los cacodilatos, metilarsinatos, etc , etc., ha permitido hacer
absorber á los pacientes dosis considerebles de arsénico, sin que se hayan
observado síntomas alarmantes en el aparato Visual. El atoxil, desde el
momento que se acumula en el organismo por insuficiencia del funciona­
miento de los aparatos de eliminación, es excesivamente peligroso.
Igersheim, inyectando el atoxil en un conejo, en el cuerpo vitreo, notó
la degeneración de la capa ganglionar de la retina, y en el gato las inyec­
ciones subcutáneas determinaron fenómenos generales y conjuntivales.
El autor cita un caso de un paciente atacado de arterio-esclerosis y
nefritis, en el cual la am bliopía apareció después de una sola inyección de
5 centigramos de atoxil y la ceguera absoluta después de 5 inyecciones.
Ningún tratamiento pudo restablecer la Visión; los primeros signos de
atrofia del nervio óptico, con disminución del calibre de las arterias, no se
manifestaron hasta cinco semanas después de aparición de la ceguera.
En cuanto á los accidentes oculares producidos por el uso extenso del
atoxil, señala el caso de un enfermo atacado de glositis difusa terciaria con
placas irritadas Fué sometido'al uso de latoxil practicándole 4 inyecciones
(una por semana) de 10 centigramos; fueron bien soportadas, pero no dieron
resultado alguno. Entonces se apeló 'á los toques con una solución al
10 por 100. Este tratamiento fué bien soportado durante 5 ó 6 meses, h a ­
ciendo el enfermo cada 3 semanas una serie de toques. Á partir de este
momento se produjo la intolerancia, pues el enfermo empezó á sentir lati­
dos en el párpado inyectándose el ojo; suspendido el atoxil, los fenómenos
oculares empezaron á disminuir á las cuarenta y ocho horas y desapare­
cieron en pocos días. Si se empleaban los toques, en seguida reaparecía
la hiperemia conjuntival, cesando ésta cuando cesaban aquéllos; hubo así
cinco repeticiones. Después de 8 meses de haber cesado el tratamiento
por el atoxil, no ha Vuelto el enfermo á sufrir ninguna molestia ocular.
En resumen: el autor considera que los oculistas deben excluir el atoxil de su terapéutica y esforzarse por todos los medios que estén á su a l­
cance para hacer conocer á sus colegas especialistas en dermatología, sifiliografía ó medicina tropical, los peligros de esta preparación, á la cual
sólo se recurrirá en último extremo.
Algunas observaciones sobre las hem orragias tra u m á tic a s del
vitreo. — D r . A n t o n e l l i (París)
Esta lesión, lo mismo que muchas otras de nuestra especialidad, ha co­
brado un gran valor desde que la ley de Accidentes del trabajo nos obliga
á form ular un pronóstico de las consecuencias inmediatas del accidente y
de pronunciar, en el momento de librar el certificado, la evaluación de la
incapacidad permanente. Es bien sabido que las extravasaciones hemorrágicas necesitan mucho tiempo para desaparecer del cuerpo Vitreo y que
las masas ó copos coagulados pueden permanecer en él muchos meses y
hasta años sin ofrecer grandes cambios. ¿Á qué viene esta dificultad de
reabsorción en un órgano tal como el vitreo, siendo así que en los otros
órganos de la economía cuando la sangre extravasada no ha destruido los
elementos nobles la desaparición es más ó menos rápida y la curación
perfecta? Com o excepción á la regla vemos, á veces, coágulos volumino­
sos de hemorragia del vitreo, en apariencia espontáneas, en jóvenes,
reabsorberse en el espacio de algunas semanas. Pero en las hemorragias
traumáticas, lo mismo en los adultos que en los jóvenes, no ha encontrado
estas afortunadas excepciones, habiendo sido siempre procesos muy la r­
gos, no habiendo sido nunca completa la restitutio acl integrum. G eneral­
mente estos ojos, después de muchos meses de observación, han perdido
la mitad de su valor funcional. El pronóstico malo debe ser la regla, y en
cuanto al tratamiento, manifiesta no tener fe en ninguno délos propuestos
hasta hoy.
J u l io
La esclerectom ía con sacabocados. - D r . L o u is D o r (Lion)
E l sacabocados de Vacher, destinado por su autor á las operaciones
de catarata secundaria, puede tam bién servir muy bien para practicar la
esclerectomía posterior y la anterior contra el giaucoma. En la esclerec­
tomía posterior tiene la ventaja de evitar el derramamiento de sangre,
pues antes de cortar produce una compresión que realiza un efecto hemos­
tático. Permite, además de quitar exactamente la cantidad de esclerótica
que se quiera, el respetar la coroides, para lo cual basta hacer una inci­
sión linear en la esclerótica con un cuchillo de Qreefe respetando la coroi­
des, é introducir entre esta membrana y la esclerótica la rama macho del
instrumento y quitar la lengüeta escleral que se quiera. Se produce enton­
ces una hernia de la coroides, que lo mismo puede dejarse subsistente que
puncionarla.
La esclerectomía anterior tiene sobre la posterior la ventaja de cons­
tituir un tratamiento definitivo y suficiente del glaucoma; pero es preciso,
para ello, establecer una fístula subconjuntival permanente He ahí la
técnica que emplea y recomienda: «Incisión de la córnea, teniendo cuidado
de hacer salir el cuchillo debajo de la conjuntiva y corte de un buen c o l­
gajo conjuntival, que se doblará sobre la córnea; introducción del saca­
bocados, de modo á morder el labio posterior de la incisión y sección de
la lengüeta escleral (generalmente se produce en este momento una pe­
queña hernia del iris en el agujero que se ha hecho, la cual se excinde); se
coloca el colgajo conjuntival en su sitio y se sutura si se quiere.» D e esta
manera sencilla se ha realizado la fistulización del ojo. Es preciso, para
que la fístula subsista, que la abertura de la esclerótica sea enteramente
subconjuntival, y por lo mismo da una gran importancia al corte de un
gran colgajo de la conjuntiva.
La acoína; sus incom patibilidades; su empleo com o analgésico
en las inyecciones subconjuntivales é in tra m u s c u la re s .—
D r . B r u n e t ié r e (Bordeaux)
1.° La acoína está indicada en las inyecciones subconjuntivales é
intramusculares, siempre que.se quiera obrar sobre el elemento dolor.
Comparada con la cocaína, le resulta inferior como potencia de acción,
pero la duración de la analgesia es mucho más larga; su empleo no ofrece
peligro alguno.
2.° Desgraciadamente, la acoína es poco estable, y forma con la m a­
yor parte de las soluciones medicamentosas precipitados insolubles. Pare­
ce que estas alteraciones químicas disminuyen sus propiedades analgésicas.
3.° Lo mismo si se trata de inyecciones subconjuntivales, que de 'in ­
tramusculares, si se quiere obtener el máximum de efecto, cree recomen­
dable inyectar primero la solución de acoína, y después, al cabo de uno ó
dos minutos, la substancia activa.
4.° E l aceite de acoína puede mezclarse sin inconveniente con el
aceite biyodurado; pero el efecto de la acoína en la forma oleosa no
parece superior al observado con las soluciones acuosas
N ota acerca la p atogenia y tra ta m ie n to del Q ueratocono
D r . A. T e r s o n (París)
Llama la atención acerca la hipótesis que lo considera como una trofo-
neurosis atrofiante, simétrica y bilateral. No es una queratitis; es un re­
blandecimiento tal vez análogo á la pléyade de trofoneurosis cutáneas
atrofiantes en placas redondas ó elipsoidales, y por lo tanto muy diferente
de la queratitis neuroparalítica. C ree que el centro de la córnea se altera
por varios motivos: 1.°, porque es el punto más lejano de la circulación
sanguínea periquerática; 2.°, porque es el punto más expuesto á las in­
fluencias exteriores, las cuales no están exentas de influencia aun sobre
un terreno neurotrófico; y 5.°, porque es el punto polar, en cierta manera,
en donde las influencias oculares físicas, musculares extrínsecas, palpebrales é intrínsecas, ejercían mayor influencia para provocar la ectasia de
la córnea débil; hay una especie de hernia de debilidad , por lo cual cree
que la cúpula central ó paracentral areolar de la córnea es al queratocono, lo que el estafiloma posterior es á la miopía. Es la ectasia polar de
la membrana anterior que se adelgazará por razones análogas á las que
provocan la ectasia posterior global y su estafiloma suplementario. G e­
neralmente no es congenital, y sobreviene en los sujetos jóvenes en el
período del crecimiento, con más frecuencia en las mujeres y en los suje­
tos enclenques, debilitados, mal alimentados y sometidos á un trabajo
ocular superior á sus fuerzas.
El tratamiento deberá encaminarse á corregir la debilidad Visual y
luchar contra las causas para lim itar sus consecuencias. El tratamiento
general tónico, para fortificar al enfermo. La higiene ocular, para evitar
los esfuerzos de acomodación que exigen los trabajos finos y prolonga­
dos. La corrección óptica que sea posible. Para detener el mal, en sus
comienzos y en los casos ligeros, han dado algún resultado la compresión
y los mióticos. En cuanto á la cura radical y directa del saco queratocónico, cuando el vendaje no lo ha curado, puede utilizarse la cauteriza­
ción ígnea y por el nitrato de plata, alternándolos. La blefarorrafía es la
única cura permanente que puede ejercer una compresión nocturna elásti­
ca bien tolerada; pero ella no siempre está indicada ni es posible siempre.
A
gosto
P erdigón dentro del Vitreo; hialitis condensatríz; pérdida de
la visión; aclaración por las inyecciones de fibrolisina.—
D r . S a l v á (Grenoble).
Una señora recibió un escopetazo en la cara, que le ocasionó la pérdida
inmediata de la visión en ambos ojos, que fueron perforados cada uno por
un perdigón á través de la esclerótica. A los dos años de inútiles ésfuerzos para mejorar la Visión, hubo necesidad de enuclear el ojo izquierdo á
causa de un acceso violento de irido-ciclitis. En Vista de que la opacidad
membranosa estaba situada inmediatamente detrás de la cristaloides pos­
terior, y no siendo posible su dislaceración sin herir el cristalino, tuvo que
desecharse el tratamiento quirúrgico. Después de la primera serie de in­
yecciones intramusculares de fibrolisina, pudo contar los dedos á tres me­
tros de distancia. Después de la segunda serie de 14 inyecciones, la visión
fué V = V io - El campo visual pudo ser medido con exactitud = 40° arriba;
45° abajo; 55° temporal y 25° nasal. La ilum inación oblicua y el oftalmoscopio descubren que la mitad interna de la pupila es transparente y que
la mitad externa continúa opaca y con el aspecto de una pantalla blancogrisácea. Por la parte interna de la pupila puede examinarse el fondo del
ojo y Ver bien la papila con un aspecto casi natural. E l Vitreo, transpa­
rente. Las inyecciones de fribrolisina son continuadas por series de 15 á
20, y no deben abandonarse, con el objeto de impedir la retracción de la
masa cicatricial que produciría, con seguridad, un desprendimiento de la
retina y la desorganización del ojo.
Contribución al estudio de la trepanación en los tum ores ce»
rébrales con éxtasis papilar ó neuritis ó p tica.—D r . C a b a n n e s
(Bordeaux)
Los primeros trabajos que estudiaron las relaciones del edema papilar
con los tumores cerebrales lo consideraban como un fenómeno puramente
mecánico de éxtasis, de compresión Venosa vecina, de edema cerebral. La
papilitis ó neuritis ascendente no pertenecía á los tumores; era el signo
de una reacción inflam atoria cerebral ó meníngea. Se había establecido
como una especie de doble ecuación:
a) papila de éxtasis, mecánica, estrangulada = tumor cerebral;
b) neuritis ó papilitis óptica, inflamatoria = abceso cerebral ó me­
ningitis.
Este cuadro no resulta exacto; pues se han Visto papilitis ópticas infla­
matorias en casos de tumores cerebrales y papilas de éxtasis, mecánicas,
en inflamaciones meníngeas.
De un caso de tumor cerebral observado deduce: 1.°, que la trepana­
ción paliativa da los mejores resultados para la mejora de la vista y de
las crisis convulsivas; 2.u, que nunca es demasiado tarde para intervenir,
por poca Visión que exista; pero que es preferible operar pronto, lo más
cerca posible del período de éxtasis. L a acción decompresiva d é la trepa­
nación es muy superior á la de la punción lumbar, y sería el verdadero
ideal si pudiese ser siempre curativa. Los buenos efectos de la trepana­
ción se hacen sentir pronto; cuanto más pronto se practica, á partir de la
aparición del éxtasis papilar, más rápida es la mejoría de la Visión. M ejora
también los demás fenómenos cerebrales, como son: la cefalea, Vértigos,
vómitos y ataques epileptiformes.
B leíaro plastia.—D r . N asc F a r i r (Egipto)
En muchas operaciones de triquiasis, á causa de la retracción gradual
del tejido cicatricial, el borde libre del párpado puede de nuevo caer y
de volverá las pestañas su antigua dirección viciosa. Se ha procurado
corregirla, recubriendo la herida con un colgajo cutáneo, separando la
parte anterior de la piel del párpado del tarso levantándola después, por
medio de suturas en asa, dentro el ligamento suspensorio, y transplantando
enseguida sobre la herida un colgajo mucoso, tomado del labio del mismo
paciente. Sigue el procedimiento del Dr. M ac Callan, que hace la incisión
intermarginal, y entreabre la herida, haciendo tres suturas en el borde
anterior de la incisión, fijándolas sobre las cejas, y después se instala el
colgajo mucoso sin sutura. Este procedimiento le ha dado resultados Ver­
daderamente satisfactorios en los casos en que el párpado es blando,
como sucede en los escrofulosos. Esta operación de injerto mucoso
repara la ligera lagoftalm ía producida por la precedente operación; pero
si ella es muy pronunciada, á causa del retraimiento palpebrai dependiente
de la pérdida de una parte del párpado por operado..es y maniobras prac­
ticadas por charlatanes, entonces hay que recurrir á la blefaroplastia. Si
las pestañas no están desviadas prefiere la blefaroplastia por injerto
cutáneo, tomando la piel de la cara interna del brazo.
S
e p t ie m b r e
Un nuevo ap arato para descubrir la sim ulación de la ambliopía y de la amaurosis m o n o cular.—D r . A. S a n t a M a r í a
(Nápoles)
Este aparato, con el cual pueden verificarse cuatro pruebas, no tiene
nada de común con los aparatos destinados al mismo objeto. En la diplo­
pia monocular, obtenida con el aparato descrito, las dos imágenes son
perfectamente iguales, porque las dos son periféricas (de desviación),
mientras que en los aparatos de Qrasfe y de Baudry las dos imágenes no
son perfectamente iguales; pues una es central, producida por los rayos
directos, y la otra periférica, producida por los rayos desviados. Esto
depende de la situación del prisma para obtener dicha diplopia monocular.
Una form a de queratitis h ereditaria fam iliar.
Dr.
Jacqueau
(Lión)
Siete individuos de una misma fam ilia, atacados todos en la edad ma­
dura de una afección de la córnea con un sello hereditario y fam iliar
característo form a tórpida, emparrillada, de evolución tardía y lenta,
resistiendo de una manera desesperante á todas las medicaciones.
L a b u fta lm ía congènita en sus relaciones con la hemihipertrofia de la cara.—D r . C . C a b a n n e s (Burdeos)
La coexistencia de la buftalm ía congènita y de la hemihipertrofia de
la cara jamás se ha señalado. Esta observación se refiere á una niña de
seis años, que presenta, desde su nacimiento, un enorme aumento de volu­
men del lado derecho de la cara, sobre todo de sus partes superiores:
globo ocular, región temporal y zigom àtica superiores. Esta hemihipertrofia comprendía tam bién la oreja correspondiente, los rebordes alveo­
lares derechos de los maxilares superior é inferior y el lado derecho de
la lengua. Un vasto angioma profundo, subcutáneo, formado por una red
de Vasos al parecer obliterados (semejando un paquete de hilo enmara­
ñado), no reductibles, sin latidos, expansión ni soplo á la auscultación
estetoscópica, ocupa la región temporal derecha agrandada, teniendo por
límites el frontal por arriba, la apófisis "orbitaria externa por delante, la
eminencia del temporal por atrás, y por abajo la apófisis malar. Todos los
huesos vecinos; temporal, parte ínfero-externa del frontal, apófisis malar
del maxilar superior y hueso malar, apófisis zigomàtica, están aumentados
de volumen hasta el punto de representar tres veces las dimensiones de
los huesos del lado opuesto; las superficies óseas son irregulares, con
aspecto carcomido. La cavidad orbitaria derecha, considerablemente
agrandada, no presenta desigualdades en sus bordes, y viene á representar
el centro de esa hipertrofia ósea localizada, especialmente en la mitad
superior del macizo óseo de la cara y lateral del cráneo. El globo ocular,
de doble volumen por lo menos que el izquierdo, está habitualmente cu­
bierto por el párpado superior, hipertrofiado y caído. La córnea, globu­
losa, presenta un diámetro de 2 y */s centímetros, y está vagamente opacificada, y el epitelio deslustrado, sobre todo hacia la periferia y en su
parte externa. En la parte interna hay un ligero pannus. La cámara ante­
rior es muy profunda; el iris, de color moreno-claro, presenta una pupila
central bastante dilatada é inmóvil. El cristalino está opacificado y no
hay hipertensión.
Enucleado el ojo, tiene las dimensiones de 38 m/m de largo por 30 m/m
de ancho, presentando un aumento regular de su volumen. No existe estafiloma y la córnea parece continuarse sin línea de demarcación con la
esclerótica. La papila presenta una excavación que puede considerarse
fisiológica. La cámara anterior muy profunda, el cristalino muy delgado y
atrofiado parecía que eran restos de una catarata; el desprendimiento de
la retina es total.
El examen microscópico revela un poco de edema é infiltración in fla­
matoria entre la membrana de Bowmann y las capas superficiales del
tejido propio de la córnea. El ángulo de filtración tiene las dimensiones
normales; el canal de Schlemtn es netamente visible, normal; los espacios
trabeculares están sanos. El iris, cuerpo ciliar, coroides y retina, presen­
tan signos de atrofia sin trazas de inflamación.
El angioma profundo de la fosa temporal, cuyos vasos están hoy obli­
terados, ha sido con seguridad la causa de este proceso hiperplásico é
hipertrófico de las regiones vecinas, tegumentos, superficies óseas y ojo.
El mecanismo de estas hipertrofias de tejidos y órganos en la vecin­
dad de los angiomas es un hecho bien conocido.
No se trata de una hidroftalm ía congenital, sino que io considera una
mal formación hipertrófica ocular congénita, anomalía producida por
exceso de desarrollo del ojo, y le parece fuera de duda que la hemihipertrofia facial y la buftalm ia correspondiente dependen del gran angioma
profundo de la región temporal. El crecimiento extraordinario del ojo es
debido á la hipernutrición de la vecindad.
L ’O p h talm o lo gie P r o v in c ia le
J u l io
de
1909
Ptosis operado por el m étodo de M otáis. — D r . L u is D o r
En una joven que presentaba un ptosis completo del párpado superior
izquierdo, practicó la operación de M otáis, que consiste, como es sabidoj
en el injerto de una lengüeta del tendón del recto superior del ojo sobre
el cartílago tarso del párpado superior paralizado. Habiendo quedado
todavía un poco más bajo el párpado operado que el del ojo derecho,
recurrió á la segunda intervención que recomienda el mismo autor, es decir,
á la resecación de una pequeña tira horizontal del párpado, con la parte
correspondiente de cartílago tarso, quedando el párpado en buen estado
funcional; pero habiendo perdido su borde «la curva arqueada y graciosa
de un párpado normal». Además, por la acción del aire, aqueja la operada
inflam ación del párpado y lagrimeo, loqu e atribuye el autor a la excisión
secundaria.
Un caso de lepra ocular y cutánea en un in d ivid uo no sifilí­
tico, curado por las inyecciones intravenosas de cianuro
de mercurio. — P r o f . H. T r u c (de M ontpellier)
El examen biológico de una placa cutánea no demostró la existencia
de espirochetes ni de bacilos de Koch, pero sí la de bacilos leprosos de
Hausen. La curación completa, óculo-cutána, se obtuvo con unas 15 inyec­
ciones intravenosas de cianuro de mercurio, d e l á 2 centigramos cada una.
E l autor se pregunta si tales inyecciones son realmente eficaces contra
la lepra.
Genealogía de una gran fam ilia de hemeralopes d urante
m uchos siglos. — P r o f . H. T r u c (de Montpellier)
La genealogía actual de esta familia, desde el año 1657, comprende
2,121 personas y 155 hemeralopes. Esta hemeralopía no Va acompañada de
ningún trastorno funcional accesorio, ni de ninguna lesión oftalmoscópica,
se propaga generalmente en las mujeres y no reaparece jamás en la
descendencia de un miembro indemne,
Un síndrome m al conocido. La oftalm ocefalea esencial
pseudo-histérica. — D r . G r a n d c l e m e n t (Lyon)
Bajo esta denominación comprende la cefalea de crecimiento de los
adolescentes, la copiopía de Forster y en general todos los trastornos
Visuales, acompañados ó precedidos de cefalalgia, independientes de una
lesión ocular apreciable y de toda anomalía de la refracción, acomodación
ó convergencia. Se trata de un síndrome complejo y Variable, que tiene un
gran parecido con el histerismo y que, como éste, debe ser tratado por
medios que impresionen vivamente la imaginación de los pacientes (caute­
rizaciones conjuntivales, descargas eléctricas, sugestión verbal).
Sobre los lipom as de la co njun tiv a.
— D r.
D upont
Á propósito de un caso de lipoma, puro de la conjuntiva bulbar, obser­
vado en la consulta de Desbriéres (de Liinoges), hace el autor algunas
consideraciones sobre el diagnóstico diferencial entre esta afección,
extremadamente rara, y los dermo-lipomas de la conjuntiva.
El uso del ojo artificial durante la noche. — D r . R .
C o u lo m b
No ofrece inconveniente alguno llevar constantemente un ojo artificial
bien adaptado y tolerado, siendo sólo necesario cuidar con minuciosidad
de la toilette ocular, emplear una pieza de pequeño Volumen y renovarla
con alguna frecuencia. La única contraindicación formal consiste en la
producción de mucosidades por el empleo del ojo artificial durante el día.
A
gosto
Del lavado intra-ocular en la operación de la catarata.
D r
F é lix
L ag ran g e
(Burdeos)
Debe practicarse con la jeringa aspirante impelente de Chibret-Aubaret, construida por Luer y esterilizable al autoclave. En cuanto á líquido
emplea el siguiente, muy parecido al humor acuoso:
Agua . . . .
1000 gramos
Cloruro sódico .
6 ‘890
»
Cloruro calcico.
0 ‘115
»
Sulfato de potasa
0 ‘221
»
Este líquido se esteriliza al autoclave y se calienta, en el momento de
emplearlo, á 37°. Resulta del todo inofensivo.
El lavado intraocular está absolutamente indicado en los casos de
catarata intumescente, en los de catarata con hipotonía en las blandas
juveniles, traum áticas y coroidianas; es útil en las cataratas semiblandas,
en aquéllas cuya extracción va seguida de hemorragia en la cámara ante­
rior, en las lechosas de los niflos, y en las provocadas por el tratamiento
de la miopía fuerte; por último, es in útil en la faco-esclerosis y en los
casos en que la pupila queda desde luego negra y limpia, y perjudicial
siempre que sea temible una pérdida de Vitreo (hipertonía, indocilidad,
etcétera).
El lavado intraocular está particularmente indicado en la extracción
simple, más expuesta que la combinada á la catarata secundaria; dicho
lavado se facilita mucho operando la catarata por el método de Daniel
(colgajo inferior), á que Lagrange se muestra muy inclinado y que practica
con frecuencia.
Trastornos secundarios de origen saturnino
D r . L e R o u (Caen)
En una joven de 28 afios, no albuminúrica ni sifilítica, ha observado la
parálisis completa del motor ocular común derecho y una doble atrofia
óptica post-neurítica, ocasionados por la grave intoxicación saturnina que
sufíra dicha joven.
S
e p t ie m b r e
A propósito de la escala de optotipos in ternacional universal,
ad o p tad a por el Congreso In ternacional de O ftalm ología de
Nápoles, en su sesión de 3 de abril de 1909.— D r . A r m a i g n a c
(Burdeos).
Reproduce el autor en este artículo las objeciones á la escala oficial
de optotipos, que le oímos en el Congreso de Nápoles, y expone las ven­
tajas que en su concepto presenta la escala de letras y tridentes ideada
por él.
Tres casos de neuro-retinitis de causa desconocida, curados por
las inyecciones subconjuntivales de cianuro de Hg. — D o c t o r
B ic h o n
(Angers).
A propósito de la observación del Dr. Luis Dor: «Ptosis operado
por el m étodo de Motáis». — D r . M o t á i s (Angers)
Cuando á pesar de haber practicado correctamente la operación de
M otáis persiste, en la m irada de frente, una ligera caída del párpado
superior, debe corregirse este defecto de orden estético, practicando la
excisión de un colgajo palpebral que comprenda el espesor del párpado
y se extienda desde un ángulo al otro. La incisión inferior se hace parale­
lamente al borde ciliar, á unos 5 mm. del mismo; la incisión superior es
semicircular, se une con la primera por sus extremos y se eleva más ó
menos según la importancia del defecto que se trata de corregir. E lim i­
nado el colgajo, se determina la operación con cuatro ó cinco puntos de
sutura, que comprenden todo el espesor de los bordes de la herida.
En general, el resultado estético es satisfactorio, y se obtiene sin com­
plicaciones, quedan.lo la cicatriz oculta por los pliegues palpebrales.
N
o v ie m b r e
Nuevas investigaciones sobre el síndrom e fisiológico
de M iku licz.—D r . H. F r e n i c e l (Toulouse)
Además del síndrome de M ikulicz, patológico (hipertrofia simétrica de
las glándulas lagrimales y salivales), debe admitirse un síndrome análogo
fisiológico en el que están interesadas las glándulas parótidas, submaxilares y sub-linguales (hipertrofia simétrica, sin ningún trastorno funcio­
nal). El examen histológico de una glándula sub-maxilar, extirpada en el
vivo, ha demostrado la integridad perfecta de los acini y el aspecto abso­
lutamente normal de las células. L a frecuencia de este síndrome puede ser
estimada en un 0'50 por 100. En la población tolosana esta frecuencia
parece mayor en los sujetos de origen español. Las demás glándulas, el
sistema linfático y la sangre permanecen normales.
Debe admitirse, hoy por hoy, que el síndrome de M ikulicz con tume­
facción de las glándulas orbitarias, es patológico, y que en la mayoría de
los casos se trata de un proceso patológico de las glándulas lagrimales
orbitarias (inflamación crónica, tumores benignos) que se ha desarrollado
en un sujeto con hipertrofia fisiológica de las glándulas salivares.
En cuanto al tratamiento, puede hacerse abstracción de las glándulas
salivales y lim itarlo sólo á las lagrimales orbitarias.
El síndrome fisiológico es frecuente y típico, mientras que la llamada
enfermedad de M ikulicz es excesivamente rara y atípica.
El autor aporta ocho observaciones nuevas de síndrome fisiológico.
Observación al estudio del queratocono
D r. C h e v a llie r
Mans)
Resumen de la patogenia de esta anomalía y estudio bastante detenido
de su tratamiento, que sintetiza en las siguientes conclusiones: el trata­
miento médico no debiera ser empleado solo, sino considerarlo como un
coadyuvante del tratamiento quirúrgico ú óptico; en el tratamiento quirúr­
gico damos la preferencia á la iridectomía como método de elección, unida,
en casos de progresión del estafiloma, á la cauterización del cono, con
perforación de la córnea; en casos excepcionales se practicará la excisión
del cono; deberá ensayarse el tratamiento óptico antes ó después de la
intervención, pero sin grandes esperanzas.
ARCH IVOS
DE
OFTALM O LO GÍA
4
D
ic ie m b r e
Del empleo de la cucharilla en el tra ta m ie u to de las
afecciones de la córnea. — D r . D e s c h a p m s
Práctica con excelentes resultados el raspado, seguido de una irrig a­
ción con la jeringa de Auel, en los casos de heridas corneanas superficiales
que tardan en curar, pústulas ulceradas rebeldes de la córnea y en las
úlceras marginales. En un caso de depósito argéntico de toda la superficie
de la córnea, depósito que por su grosor impedía casi por completo la
Visión, hizo en una sola sesión el raspado de toda aquella membrana hasta
dejarla transparente, obteniendo la curación, con transparencia perfecta,
en 36 horas (?). Igualmente practica el raspado en las queratitis en bola, y
terminado aquél, hace una irrigación con solución muy tenue de oxicianuro
de mercurio. Por último, emplea el raspado metódico del pterigión desde
hace 15 años, obteniendo curaciones definitivas y rápidas.
He aquí como procede: coge la cabeza del pterigión con una pinza de
dientes; la separa, rasando lo más posible la córnea, y reseca la extremidad
libre, abandonando la conjuntiva, que se retrae sobre el bulbo. Termina la
operación con un minucioso raspado de la esclerótica y la córnea y la
aplicación de un punto de sutura en la conjuntiva á fin de cubrir la super­
ficie demudada de la primera.
Reflexiones sobre m il exámenes de m ácula. - D r . J. C l e r c
En este trabajo, basado en el examen macular de 1000 jóvenes de 20
años, estudia el autor el método de exploración de la región de que se
trata; el aspecto oftalmoscópico de la misma, la patología y las consecuen­
cias fisiológicas que se deducen de las lesiones observadas.
Una bibliografía relativamente extensa acompaña el trabajo.
IV.—ÍNDICE Y AN ÁLISIS B IB LIOG RÁ FICO S
Encyclopédie française d’O p h talm o lo g ie .— T. IX
Forma este noveno y último Volumen de la enciclopedia, un abultado
tomo que se aproxima á las 1,000 páginas y va ilustrado con 319 figuras en
el texto, digno remate á obra tan importante, y comprende: Técnica qui­
rúrgica, geografía oftalmológica, oftalm ología Veterinaria y comparada,
higiene ocular, la simulación, medicina legal, deontología y examen de la
visión en sus relaciones con el servicio m ilitar.
La primera parte, dedicada á la técnica quirúrgica, está redactada por
el Dr. Valude, y con muy buen acuerdo el autor ha prodigado las figuras
que representan los sucesivos tiempos de las operaciones, pues una figura
medianamente ejecutada enseña más que una magnífica descripción.
Insistiendo en nuestras reivindicaciones, expuestas al tratar de los Vo­
lúmenes de esta obra anteriormente publicados, por la preterición en que
quedan lo& trabajos españoles de oftalmología, las afirmaremos con algu­
nas consideraciones, que demuestran al mismo tiempo lo difícil que es po­
ner al día este género de publicaciones, aun procediendo á la división del
trabajo mediante una colaboración numerosa y escogida.
El proceder operatorio del profesor Lagleyze para el entropión y triquiasis fué descrito, según su primera manera, en los Archives d ’Oph­
talm ologie, 1895, t. XV , p. 605; más tarde lo modificó, mejorando la ac­
ción de las suturas, que actualmente ejecuta con una sola hebra de seda,
cualquiera que sea el número de agujas necesarias, según las dimensiones
del entropión. Esta últim a modificación ha sido publicada en Archives
(VOphtalmologie, t. X X IV , p. 773, y en Archivos de Oftalm ología Hispano-americanos, t. V, p. 1. Esta operación fué publicada por prim e­
ra vez en 1894, en la Estadística del Hospital de clínicas de Buenos Aires,
ha sido adoptada por muchos cirujanos y es conocida en todas partes
por operación de Lagleyze, pero el Dr. Valude le ha agregado, indebida­
mente, un apéndice al nombre del autor, pues la publicación, hecha en
Constantinopla, fué posterior, y el mismo profesor Lagleyze lo hizo notar
en una correspondencia dirigida al doctor Parent (de París), como
puede comprobarse en la pág. 207, año 1896, de Archives d’Ophtal-
mologie.
Al ocuparse el D r. Valude de las diversas tentativas hechas para obte­
ner un buen muñón después de la enucleación del globo, al objeto de una
mejor prótesis, cita algunos procedimientos y concluye diciendo: «Hasta
nueva orden la simple sutura conjuntival cuidadosamente — no apurada­
mente — hecha, es lo más recomendable»; siendo así que el procedimiento
del profesor Lagleyze, inclusión de una esfera de parafina en la cápsula
de Tenón después de la enucleación, tal como se halla descrita en nues­
tros Archivos de Oftatmología Hispa no-americanos, año 1904, pági­
nas 137, 195 y 241, es de resultados mucho^más satisfactorios.
Al procedimiento de «Acortamiento muscular» del profesor Lagleyze lo
describe bajo el nombre de avanzamiento capsular, siendo así que se tra­
ta de una operación cuya acción es eminentemente muscular. La opera­
ción de Lagleyze se diferencia completamente del primitivo procedimien­
to de W ecker, llamado avanzamiento capsular. Al «Acortamiento'.museular» Sauvineau propone que se le denomine Avanzamiento muscular sin
sección, esto lo dice en la misma Encyclopédie française d’Ophtalmologie, t. VIII, p. 234, lo que nos lleva como por la mano á hacer notar
que no es raro observar en estos trabajos, publicados con el nombre de
Enciclopedias y encomendados sus diferentes capítulos á diversos auto­
res, las incongruencias é interpretaciones, muy á menudo opuestas, que da­
ñan á la claridad y á la unidad científica de la obra.
Y
no hablamos de otros procedimientos debidos á autores hispano­
americanos, para no prolongar estas consideraciones.
La obra que concluimos de analizar es, á pesar de estas observacio­
nes, de lo más recomendable, y digna de figurar en toda biblioteca oftal­
mológica. — M . M e n a c h o .
L a te oría citotóxica de las cataratas seniles. — D r .
F ren kel
Es preciso distinguir, bajo el punto de vista de la patogenia, la catarata
senil de las otras formas de cataratas en las que las causas más ó menos
conocidas permiten una diferenciación. Estas son las cataratas congénitas,
y entre las adquiridas, las traumáticas localizadas ó complicadas, térm i­
cas, químicas ó tóxicas y discrásicas de causa bien conocida. Las catara­
tas seniles se diferenciarán ellas mismas probablemente, según la patoge­
nia, como ya se diferencian por la anatomía patológica.
La catarata senil subcortical tiene causas generales y locales, unas y
otras aun hipotéticas. Las causas locales están constituidas por una alte­
ración funcional del epitelio del cuerpo ciliar, teniendo por consecuencia
la penetración en el humor acuoso de productos tóxicos para el epitelio
capsular y para las células cristalinianas.
Las causas generales están constituidas por un conjunto de condiciones
que hacen posible la acumulación en la sangre y en los humores del orga­
nismo de las substancias tóxicas llamadas citotoxinas, que actúan sobre
las células del cristalino, lentitoxinas, y probablemente también sobre las
células del cuerpo ciliar, ciclotoxinas.
L a acumulación de estas substancias tóxicas está facilitado por un de­
fecto de eliminación de estas substancias á favor de un relajamiento de
uno ó varios reguladores de la economía. La insuficiencia ó la disminución
de la permeabilidad renal son los factores más estudiados de esta reten­
ción de citotoxinas.
En la catarata senil llamada espontánea, las citotoxinas pertenecen á la
categoría de autotoxinas, producto de la actividad celular del organismo y
en particular á los productos de destrucción de las células cristalinianas
y del cuerpo ciliar ligadas funcionalmente las unas á las otras.
Las lentitoxinas y ciclotoxinas tienen, probablemente, una acción espe­
cífica sobre las células del cristalino y del cuerpo ciliar, y no manifiestan
acción alguna tóxica sobre los otros sistemas del organismo.
No hay razón alguna para adm itir la existencia de una arterio-esclerosis general ó local bajo una forma cualquiera, sea la de ateroma de los
gruesos vasos, sea la esclerosis de pequeños Vasos, sea la esclerosis re­
nal. En todo caso, la catarata senil no va acompañada de hipertensión
Vascular general.
L a acumulación de las citotoxinas en el organismo es probablemente
un fenómeno constante y fisiológico dentro de reducidos límites, y no al­
canza un grado perjudicial para el cristalino más que en el caso en que la
destrucción ó la eliminación está dificultada de una manera persistente.
La predisposición para la acumulación de citotoxinas en grado sufi­
ciente para producir la catarata es creado por la herencia, que se mani­
fiesta sobre los órganos reguladores de la economía, tales como el emuntorio renal, como sobre la energía de la destrucción celular; es decir,
sobre la producción de las citotoxinas.
La terapéutica patogénica debe esforzarse en actuar sobre la destruc­
ción ó neutralización de las citotoxinas por la introducción en el organis­
mo de anticitotoxinas específicas, análogas á las ya conocidas para otras
citotoxinas. — (Archiv. méd. de Toulouse, enero de 1910).
El estado de la p upila en el síndrom e de Basedow
D r.
H.
H a rtm a n n .
— Tesis de París, 1908
Las pupilas, en el curso del bocio exoftálmico presentan un estado
variable. Están normales en la mayoría de casos, algo frecuentemente di­
latadas, alguna Vez desiguales, raramente contraídas, y en un mismo en­
fermo podemos observar eventual mente una Verdadera desigualdad pupilar alternante.
Esta frecuencia de estado normal y estos estados diferentes de las pu­
pilas son un argumento contra la teoría sintomática del bocio exoftálmico.
— A. T erson.
Perfeccionam iento de la prótesis por la heteroplastia orbitaria
y las operaciones pseudo-plásticas. - D r . G. B o n n e f o n . —
Tesis de París, 1909.
En esta interesante monografía, inspirada por M . Lagrange, el autor,
después de un concienzudo examen, considera las operaciones que tratan
de constituir un muñón protésico, por la inclusión de cuerpos extra­
ños rígidos (Mules, Frost, Lenzeta), queson poco recomendables, puesto
que la expulsión del cuerpo extraño es la regla y la oftalm ía simpática
es posible.
Las inyecciones de parafina no han fortificado las esperanzas que sobre
ellas se habían fundado; pueden provocar embolias y el muñón así constitui­
do, no es ni consistente, ni más duradero que en las otras aplicaciones so­
bre diversos puntos del cuerpo, en que las desilusiones han sido numerosas.
Los injertos de seda y carbón más inofensivos, son todos ellos incier­
tos como resultado.
Los injertos de tejidos vivos, adiposo, ganglios, piel, etc., no han lla­
mado quizás bastante la atención del autor.
La heteroplastia orbitaria por injerto de ojo de conejo (que yo propon­
go llamar oftalmoplastia) sería por si sola capaz de procurar una Visuali­
dad cosmética «duradera» á condición de no buscar más que el fin de re­
llenar y que continúe utilizándose además el ojo de esmalte.
Sabemos, bajo el punto de Vista histórico, que C hibert (1885) fué quien
inició este método, siguiendo Terrien, Rohm er y May. En 1900, M . L a grange encerró el ojo injertado en la cápsula y conjuntiva; evitando, así lo
más posible las influencias destructivas y colocó al mismo tiempo la cor­
nea hacia atrás.
C ierto número de observaciones (15 de M. Lagrange con 4 buenos re­
sultados, 4 menos buenos, 4 medianos y uno malo; 35 de M. Wicherkiewics, uno de M . Gouvea) se han obtenido después por este método y su
técnica, que deberemos resumir.
No se ha observado ningún accidente grave ni simpatizante.
Sin embargo es muy cierto que vemos alguna vez al ojo trasplantado
sufrir rápidamente, sin alteración ni otro accidente inmediato, una conti­
nua disminución de Volumen.
Estamos pues poco seguros en la «duración» de los buenos resultados
en una operación en la que el resultado lo sufre el enfermo toda la vida y
debe de ser acompañada tardíamente de aquéllos de la Vulgar enucleación.
Para disminuir la atrofia del ojo injertado, ó para provocar su hiper­
trofia, M . Lagrange y Bonnefon piensan no volver más á implantar sola­
mente el ojo despojado, sino con todo el contenido orbitario entero. No
obstante que una experiencia ha sido seguida de un fracaso inmediato, los
autores estudian una serie de suturas musculares y nerviosas de las cuales
esperan excelentes resultados.
La deducción de esta curiosa monografía es que la heteroplastia es el
único (?) método del porvenir y que no se debe dudar de que habrá proxi-'
mámente perfeccionamientos; que ella responderá en todos los casos de
una manera perfecta al deseo de la más exigente prótesis. ¿Quién sabe si
el nuevo método americano de substitución y trasplantación de órganos
sanos será la últim a palabra?
Aunque así sea, el autor continúa creyendo que la prótesis ocular ten­
drá siempre necesidad del ojo de esmalte. — A. T e r s o n .
H andbuch der A ug enheilkunde (Manual de las enfermedades de
los ojos).— P
ro f.
A x e n fe ld
El ilustre profesor de Friburgo en colaboración con otros renombrados
profesores alemanes (Bach, Bielschowsky, Elschnig, Greeff, Heine, von
Hippel, Kríickmann, Oeller, Peters y Stock), ha publicado la segunda edi­
ción de su obra.
La obra, cuya primera edición recientemente publicada alcanzó un
gran éxito, ha mejorado aún en mérito intrínseco.
E l autor ha adoptado una disposición sumamente práctica: la de pre­
sentar en caracteres usuales aquellas nociones más elementales que inte­
resan á todos los médicos, y en otros tipos más pequeños las cuestiones
que interesan particularmente al especialista y que se refieren á los pro­
blemas más delicados de anatomía, fisiología, terapéutica y patología.
En esta edición se han aumentado algunas figuras y substituido otras
que aparecieron en la anterior, y se han mejorado, si cabe, las condicio­
nes tipográficas.
Los autores han reaccionado contra la costumbre en boga de diluir los
asuntos, de ampliar y aún dificultar su conocimiento, presentándonos una
obra relativamente reducida (676 páginas de texto útil en el que van in­
cluidas 455 figuras) y en la que, no obstante; no falta nada de lo que en la
práctica moderna se recomienda y se necesita. — M . M e n a c h o .
V .—V A R IA
¿Es
necesario proteger los ojos contra los rayos
violetas?—P r o f . B e s t (de Dresde)
u lt r a ­
Resultado de largo y minucioso estudio de esta cuestión, el autor de­
duce que es cierto que los rayos ultra-violetas, como los rayos luminosos,
á partir de una cierta intensidad, pueden perjudicar al ojo; no obstante, en
la práctica (luz eléctrica habitual, luz del día, reflejo de la nieve, del sol)
es sobre todo la acción nociva de los rayos luminosos la que predomina,
y por consiguiente importa, ante todo, protegerse contra un exceso de in­
tensidad de estos rayos con la ayuda de lentes destinados á atenuar la
fuerza de irradiación; por tanto, los cristales de estos lentes serán
grises.
No es lo mismo cuando se trata de personas atacadas de enfermeda­
des de los ojos, sobre todo de afecciones de la retina. Entonces es ya
cuestión de un exceso de sensibilidad de la retina. En estos casos se re­
comendará el uso de cristales azules. (Med. K lin., febrero 1910.)
De la consolidación en los traum atism o s oculares
Prof. D e
L apersonne
Surge desde luego la dificultad de fijar exactamente la fecha de la con­
solidación de la herida; el poder decir en qué momento el herido ha sabi­
do ó ha debido saber cuáles serán la naturaleza ó la importancia de su in ­
capacidad definitiva, siendo imposible poder a prior i establecer reglas,
ni aproximadamente exactas, en atención á que éstas varían, según los
casos, las condiciones y las circunstancias particulares, sobre todo con la
naturaleza del traumatismo, como resulta de una serie de 200 informes
personales del autor.
Las causas principales de las incapacidades temporales de larga dura­
ción, parece atribuible á la infección de las heridas, tanto superficiales
como penetrantes del globo del ojo. En este concepto, la irido-ciclitis
traum ática purulenta presenta una gran ventaja por la razón de que, nece­
sitando una intervención enérgica como la exenteración ígnea, disminuye
la duración de la incapacidad temporal, pues raramente dura, en semejan­
tes circunstancias, más de tres semanas ó un mes, al paso que la irido-ci­
clitis plástica con su curso insidioso obliga á menudo á mantener al herido
en observación por un tiempo á veces indeterminado.
El temor de la oftalm ía simpática es á menudo el factor capital de la
prolongación de esta incapacidad, y algunos prácticos demasiado pruden­
tes ó timoratos tardan muchos meses en dictaminar.
Cuando el práctico está convencido de que la herida de un ojo es un
peligro serio para su congénere, su deber es especificar clara y categóri­
camente en su informe la razón que hace necesaria la enucleación y, en
caso de rehusarla el accidentado, serán de su cuenta las consecuencias
Sem ejante conducta debe seguirse respecto á las cataratas traum áti­
cas en las que la extracción no exige, por lo menos, seis meses de espera ó
á que el ojo no sea irritable y haya adquirido la consistencia normal. Debe,
por tanto, establecerse la fecha de la consolidación sin esperar esta in­
tervención tardía, reservándose para más adelante, si hubiere mejoras no­
tables, reducir la indemnización primeramente indicada. (La Presse
Medícale, núm. 59 de 1E109.)
Nota. — De algún tiempo á esta parte publicamos con retraso los
análisis de la Prensa, no por fa lta de actividad de los encargados de
revistarla, sino porque la abundancia de otros ti abajos nos impiden
darles lugar, ni aun recargando el presupuesto de los A r c h i v o s con
un aumento de 264 páginas que hemos servido de más á nuestros
subscriptores, durante el año de 1910.
Con el número de febrero repartiremos un índice completo de los
trabajos originales publicados por los A r c h i v o s en los diez años que
llevan de publicación, con objeto de que vayan encuadernados con e!
último volumen.
EL O JO
DEL «G A M M A R U S
C C E C U S»
Fig. 1.a
A specto
d e
c o n ju n t o
1-1. Ganglio cerebral.
2.
Ganglio óptico periférico.
3-3. Omatidias.
EL O J O
DEL «G A M M A RU S
C C E C U S»
Fig. 2 .n
G a n g l io
1.
2-3.
ó p t ic o
p e r if é r ic o
Parte central del ganglio óptico periférico
Porción periférica del mismo.
Fig. 3."
G
a n g l io
1.
2.
3-4.
ó p t ic o
p e r if é r ic o
,
y
o m a t id t a s
Omatídia d esp ro v ista de pigm ento.
C ono cristaliniano.
G anglio óptico periférico.
Fig. 4.a
Fig. 4.a
Fig. 5 . a
F ig . 5.6
O
m a t id ia
O
m a t id ia
del
d el
«G a m m a ru s»
«G
am m arus
norm al
c c ec u s»
1. P orción proxim al de la s.re tín u la s .
2. Uno de los nú cleo s de las re tín u la s (rep resen tad o de tamaño excesivo).
3. M em brana Fenestrada.
4. P o rció n distal de las re tín u la s (pigm entada en los ojos norm ales).
5 . C ono cristaliniano (atrofiado en los an im ales ciegos).
Fig.
6 .a
E
sq u em a
1.
2.
3.
4.
5.
6.
7.
8.
del
a pa ra to
v is u a l
d el
«G a m m a r u s»
G anglio c ereb ral.
G anglio óptico periférico.
P orción distal de las re tín u la s.
Cono cristaliniano.
M em brana fen estrad a.
P orción proxim al de las retín u las.
H ipoderm o.
C utícula.