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Detalle del mapa ‘Tabla del Reyno de Andalucía’ incluido en el códice ‘Descripción de España y de la Costa y Puertos de sus Reynos’. Pedro Texeira (1634). Biblioteca Nacional de Austria DOSIER Andalucía y Portugal, una historia compartida Los otros niños de la guerra Aunque estaba prohibido, los menores moriscos fueron esclavizados sin rubor Año VIII número 27 enero - marzo 2010 3,50 € E N F O Q U E Sevilla-Paymogo-Lisboa D ecía Perre Vilar que en el fenómeno frontera siempre había que tener en cuenta los que las hacen y los que las sufren, que habitualmente no suelen coincidir. Y así, con cierta frecuencia, podemos asistir a lo que se ha denominado la venganza de la historia sobre la política: el coste del olvido de las condiciones objetivas y subjetivas de la realidad por parte de los que toman las decisiones de separar o unir. Andalucía tiene dos fronteras terrestres internacionales, la peculiar verja colonial de la Roca y la Raya hispano-lusa. Por el rincón onubense transcurre, con más de siete siglos de historia, una de las fronteras más antiguas y estables de Europa. La guerra y la paz, las prohibiciones y las restricciones siempre se han impuesto desde arriba, desde las altas esferas del poder central. Incluso las respectivas historias nacionales han ejercido una singular violencia simbólica y han podido distanciar a los habitantes de los dos países. Sin embargo, la permeabilidad sociocultural se ha superpuesto a las políticas de normalización identitaria y el intercambio ha sido una práctica cotidiana entre los vecinos de uno y otro lado. El contrabando, el comercio, las migraciones, los matrimonios mixtos, los préstamos culturales o lingüísticos han sido moneda común durante siglos. Ya en los Repertorios de caminos de Pedro Juan Villuga (1546) y de Alonso de Meneses (1576) se describía la ruta más corta y transitada entre Sevilla y Lisboa. El camino transcurría por Castilleja, Sánlucar, Manzanilla, La Palma del Condado, Niebla, Trigueros y Paymogo, último pueblo andaluz. Atravesaba la ribera del Chanza y, ya en Portugal, pasaba por Serpa, Cuba, Alcácer do Sal y Almada, para terminar en Lisboa. Los vínculos entre la capital lusa y la ciudad hispalense se estrecharon aún más a partir de 1580, a raíz de la anexión de Portugal por Felipe II. En el triángulo más meridional y occidental de Europa se concentraba la mayor actividad comercial que entrelazaba al viejo continente con Asia y América. El espacio transfronterizo entre Andalucía y Portugal se convirtió en una área con una importante actividad de transacciones económicas, que sólo disminuyó durante el conflicto que culminó con la independencia de Portugal en 1668 y en los puntuales enfrentamientos bélicos del siglo XVIII. La ruta terrestre Sevilla-Lisboa alteró su trazado en el siglo XIX al potenciar la carretera por Aracena hasta la frontera portuguesa. Sin embargo, cuando se elaboró un proyecto de comunicación ferroviaria entre las dos capitales a comienzos del siglo XX se retomó el trazado histórico por Paymogo. El fracaso de este proyecto condenó al Andévalo onubense a una insoportable marginalización. A comienzos del siglo XXI los obstáculos orográficos en las conexiones con los vecinos portugueses han comenzado a superarse. Y, aunque no sea por vía ferroviaria, el camino más corto entre Sevilla y Lisboa se abre de nuevo. Es el mejor modo para constatar que la frontera, pese a todo, siempre ha sido un puente de esperanza y encuentro. MANUEL PEÑA DÍAZ DIRECTOR DE ANDALUCÍA EN LA HISTORIA AH ENERO 2010 3 D O S I E R Andalucía y Portugal, una historia compartida Edita: Centro de Estudios Andaluces Presidente: Antonio Ávila Cano Director gerente: Demetrio Pérez Carretero Subdirector: Eladio Garzón Serrano Coordinación: Alicia Almárcegui Elduayen Consejo de Redacción: Rafael Corpas Latorre, Eva de Uña Ibáñez, Esther García García AH ENERO 2010 4 Director: Manuel Peña Díaz Consejo Editorial: Carlos Arenas Posadas, Juan Luis Carriazo Rubio, José Luis Chicharro Chamorro, María José de la Pascua Sánchez, Encarnación Lemus López, Carlos Martínez Shaw, Teresa María Ortega López, Antonio Ramos Espejo, Valeriano Sánchez Ramos y José Luis Sanchidrián Torti Colaboran en este número: Juan Eslava Galán, Manuel Barrios Aguilera, Encarnación Lemus López, Miguel Ángel Melón Jiménez, Félix Sancha Soria, Antonio Luis López Martínez, Dulce Simões, Inmaculada Cordero Olivero, Manuel García Fernández, Rafael M. Pérez García y Manuel F. Fernández Chaves, Israel Lasmarías Ponz, Montserrat Rico Góngora, Claudio Hernández Burgos, Manuel José de Lara Ródenas, Alberto León Muñoz, Juan Carlos de Lara Ródenas, Pedro Rueda Ramírez, Diego Navarro Bonilla, José Luis Betrán Moya, Leandro Álvarez Rey, Manuel Moreno Alonso, Juan López Tabar, Jaime García Bernal, Santiago Otero Mondéjar, Miguel Luis LópezGuadalupe Muñoz y Juan Manuel Pérez López Diseño y maquetación: SumaySigue Comunicación Impresión: Escandón Impresores Distribución: Distrimedios, SA y Rodríguez Santos, SL. El Centro de Estudios Andaluces es una Fundación adscrita a la Consejería de la Presidencia de la Junta de Andalucía. Centro de Estudios Andaluces C/ Bailén, 50 - 41001 Sevilla Información y suscripciones: 954 78 70 01 [email protected] Correo-e: [email protected] URL: www.centrodeestudiosandaluces.es Depósito legal: SE-3272-02 ISSN: 1695-1956 Imagen de cubierta: Detalle del mapa ‘Tabla del Reyno de Andalucía’ incluido en el códice ‘Descripción de España y de la Costa y Puertos de sus Reynos’. Pedro Texeira (1634). Biblioteca Nacional de Austria. Tan cerca y, al mismo tiempo, tan lejos. No por tópico resulta menos cierto que Andalucía ha ignorado durante décadas lo que acontecía en el país vecino. Esa falta de atención, que en ocasiones ha ido acompañada de un sentimiento de superioridad, ha corrido pareja al recelo que España y Andalucía despiertan todavía hoy en Portugal. Y, sin embargo, a lo largo de los siglos, ambos territorios han seguido caminos históricos paralelos. Así queda patente en este dosier que, coordinado por la profesora de la Universidad de Huelva Encarnación Lemus, analiza las intersecciones históricas y los lazos sociales trenzados por los habitantes de ambos lados de la Raya. Desde hace centurias, andaluces y portugueses han hecho negocios —legales e ilegales—, se han enfrentado en el campo de batalla, han trabajado juntos en las minas, el campo y la mar, se han ayudado a superar periodos dramáticos como la Guerra Civil y han enviado corresponsales de prensa para conocer qué ocurría al otro lado de la frontera. Negocios y contrabando en el límite entre dos imperios 12 Miguel Ángel Melón Jiménez 28 años de asedio. La guerra de Restauración Portuguesa en la Sierra de Aroche 18 Félix Sancha Soria Mineros, segadores, pescadores y estibadores. Trabajadores portugueses en Andalucía (1870-1936) 24 Antonio Luis López Martínez La solidaridad portuguesa en la Guerra Civil 30 Dulce Simões La Revolución de los Claveles agita la prensa andaluza Inmaculada Cordero Olivero El ‘boom’ de la novela histórica 6 Dos expertos debaten sobre el papel que juega la novela histórica. ¿Divulga o deforma la historia? ¿Se entromete o se compromete con la ciencia histórica? Manuel Barrios Aguilera y Juan Eslava Galán Gibraltar ‘andaluz’. 42 Hace 700 años Castilla dominó el Estrecho por vez primera. La Corona repobló Gibraltar llevando hasta allí a 300 cristianos obligados a compaginar las labores defensivas con su trabajo diario. Manuel García Fernández Morisquillos: los otros niños de la Guerra ‘Andalucía en la Historia’ no se responsabiliza de las opiniones emitidas por los colaboradores y participantes de cada número de la revista. El consejo de redacción anima a los interesados a enviar artículos relacionados con el ámbito de la publicación que cumplan con los requisitos de rigor, veracidad y divulgación. El envío de los artículos no supone la publicación de los mismos, ya que deberán pasar una evaluación previa del consejo editorial. 10 46 Tras la Guerra de Granada (1568-1570), la corona decidió que los moriscos fueran expulsados de ese reino. La mayoría se instaló en otras localidades del Valle del Guadalquivir. De todos los padecimientos, el de los niños fue el más duro. Rafael M. Pérez García y Manuel F. Fernández Chaves 36 U M A R I O AH ENERO 2010 5 Puente Internacional del Guadiana en Ayamonte (Huelva) que une por carretera Andalucía y Portugal . Mujeres vestidas al uso antiguo 50 En la Andalucía del Siglo de Oro, el traje era un elemento clave de diferenciación social. Vestir “a la moda de la Corte” o “al uso antiguo” indicaba la clase social a la que se pertenecía. Israel Lasmarías Fonz Lorca y Dalí, crónica del desamor 56 La amistad entre ambos, fraguada en la madrileña Residencia de Estudiantes y en la localidad catalana de Cadaqués, se trocó en odio. Dalí llegó a celebrar con un rotundo “olé” el fusilamiento del que fuera su amigo. Montserrat Rico Góngora S E C C I O N E S NOTICIAS DE LA HISTORIA EXTRAOFICIAL 60 La represión franquista durante los años de la Guerra Civil arremetió con saña contra los miembros del profesorado de la Universidad de Granada que se habían manifestado afines a la República. Claudio Hernández Burgos 64 Cádiz, cuna de la Lotería Nacional AGENDA 66 TIEMPO PRESENTE-ENTREVISTA 68 Francisco Máquez Villanueva LOS ANDALUCES 72 El matemático José Isidoro Morales PATRIMONIO ANDALUZ 76 Castillos de Córdoba LUGARES DE LA MEMORIA Cesados, depurados, marginados y fusilados 8 82 El Instituto ‘La Rábida’ ANDALUCÍA EN SUS DOCUMENTOS 88 Las cartillas de lectura LIBROS 92 Fotografía de Antonio Pérez S V I E N T O D E L E S T E Novela histórica: ¿entrometida o comprometida? Espejismo de sabiduría MANUEL BARRIOS AGUILERA UNIVERSIDAD DE GRANADA AH ENERO 2010 6 V aya por delante que la novela histó- oficio para ir al fondo de la cuestión históri- lista indocumentado y atrevido, presto a rica es una permanencia de la his- ca subyacente, a la captación del espíritu de ocupar ese espacio con toda su impericia. toria de la literatura por más que la época. Volúmenes repletos de fútiles tra- Pienso, sin embargo, que es el antihu- siempre vengan a nuestra memoria los mas, generalmente mal planteadas y peor manismo imperante en la educación, en to- grandes autores del siglo XIX (los Manzoni, resueltas, entre lo exótico, lo esotérico y lo dos los niveles, el que alimenta el equívoco y Hugo, Tolstoi, Stendhal, Pérez Galdós…); o policíaco, inundan los anaqueles y escapa- propicia el dislate. Sólo la posesión de una del XX (los Joseph Roth, Sender, Lampedu- rates de las librerías. Si la cosa funciona, o cultura histórica adecuada, personal y so- sa, Graves, Yourcenar, Carpentier, Mújica sea, si las ventas acompañan, todo está legi- cial, sería el instrumento que permitiría Lainez, Vargas Llosa…), que habitan en timado. En fin, quedaría el improbable con- deslindar los campos y las responsabilida- nosotros. Todos ellos unen en sus obras a la suelo de que donde hoy hay un mal libro des, que curaría de la indefensión ante las calidad literaria, es decir, al hecho novelísti- mañana puede haber uno bueno; que lo im- avalanchas de productos dudosos. Ni si- co en sí, la virtud de las mejores lecciones de portante es leer… quiera un crítica literaria impecable en los historia, merced al rigor de sus fundamen- No creo que el ‘boom’ actual de la novela medios de difusión, cosa poco probable, se- tos y la fidelidad a la realidad que pretenden histórica responda al supuesto interés del ría suficiente. Mientras tanto, habrá que evocar, pero sobre todo por la finura de sus gran público por la Historia; sino al mero seguir refugiándose en la relectura de los autores en la aprehensión del hecho y de la entretenimiento, con la búsqueda cómplice clásicos, que esos sí que enriquecen nuestro época novelados-historiados, capaces de de un espejismo de sabiduría. Seguramente acervo histórico. trascender la anécdota, y aun la fábula, mu- falten libros y revistas de divulgación de ver- En todo caso, quede claro que no es fun- cho mejor que el más sesudo historiador. Es dadero nivel; y puede que ello se explique en ción de la novela histórica, ni de la de antes decir, reúnen talento literario y rigor docu- alguna medida en la inhibición del historia- ni de la de ahora, la enseñanza de la Histo- mental. No a todos se puede pedir tanto. dor profesional, quien, acaso por falta de ria, ni siquiera en el mejor de los supuestos. Pero ¿tiene esto algo que ver con el cultura o de formación literaria, acaso por Sería bastante con que se aproximara a una ‘boom’ que nos asedia? Nada; ni de lejos. insensibilidad pedagógica o por un prurito calidad literaria razonable. ■ Cuesta lo indecible encontrar hoy un título de cientifismo mal entendido…, no cumple que no haya sucumbido a la prisa y a la im- con la obligación divulgativa inherente a su provisación del ‘best seller’, es decir, a la oficio, olvidando el compromiso social y de- búsqueda del éxito fácil mediante la aplica- jando el campo al pseudohistoriador, pape- ción de una fórmula mecánica y estereotipada, donde a la ausencia de talento literario se suele unir el anacronismo y la falta de V I E N T O D E L O E S T E Buena... al menos para usted JUAN ESLAVA GALÁN ESCRITOR L as novelas históricas, al igual que las res que después de quince años de arduo es- historiadores Luis Pericot en el prólogo a novelas policiacas, las novelas ro- tudio dan a luz un libro plagado de notas a Dioses, tumbas y sabios—. No debe culpársele mánticas, las novelas de intriga o las pie de página del que se publican 500 ejem- de este sentimiento receloso. Es natural que novelas a secas pueden ser buenas o malas. plares (con dinero público naturalmente) y sea un poco egoísta y un mucho vanidoso, El criterio de evaluación depende de cada se venden ocho. pues sin este contrapeso de la vanidad y el lector. Quizá a usted le pareció un petardo El novelista escribe su libro para un pú- egoísmo no se explicarían los esfuerzos, la infumable el afamado Código da Vinci, pero blico lo más amplio posible, dueño de una paciencia, la renunciación a una vida nor- a millones de respetables lectores de todo el cultura media que busca en la lectura dis- mal muchas veces, a que se ve obligado el mundo les encantó. Aceptemos, por tanto, tracción más que instrucción (aunque tam- que cultiva con pasión una ciencia”. que en el mercado debe haber de todo. poco la descarta), un público que cuando lea A las esclarecedoras palabras de Pericot que el guapo Paris le declara su amor a la podríamos añadir que, a menudo, el histo- —Es que ese tipo de literatura pervierte el hermosa Helena bajo un naranjo del jardín riador profesional que se cree en posesión de —¿Y quién es usted para decidir lo que de Menelao no va a advertir, ni por tanto, va la verdad absoluta olvida, cegado por su debe leer su prójimo? Bastante es ya que lea, a considerar error intolerable, el hecho de consustancial pedantería, que dentro de en un país donde casi nadie lee, ¿verdad? que en aquel tiempo todavía no hubiera na- una generación esos discípulos criados a sus ranjos en Grecia. pechos que lo sucederán en la cátedra pon- gusto del lector— me imagino la réplica. Uno de los criterios de bondad que se maneja en la novela histórica es su documenta- El sabedor o académico no soporta que el ción. Hay novelas mejor documentadas que novelista se atreva a pergeñar una novela otras, evidente, e incluso las hay muy mal histórica sobre un tema que él conoce como En conclusión: veamos la novela históri- documentadas, trufadas de anacronismos. nadie. De ahí que el mundo académico des- ca como lo que es, una ficción, un producto Seamos tolerantes. El novelista no escribe la precie tanto la novela histórica. “El investi- de la imaginación del autor que, con su ar- novela histórica para merecer la aprobación gador especialista suele mirar con recelo te, nos puede hacer creer que el personaje o del colectivo académico, esos sesudos seño- toda intrusión, en su campo de trabajo, la vida eran así. Que lo consiga o no depen- del aficionado, del literato o del reportero derá de la cultura del lector. Si la novela con- —confiesa el maestro de arqueólogos y pre- sigue secuestrarlo y hacerle vivir una vida drán en solfa su propia obra, la considerarán superada y le enmendarán los errores. paralela el tiempo que tarda en leerla, ya habrá alcanzado su objetivo y será buena… al menos para usted. ■ AH ENERO 2010 7 N O T I C I A S La foto del ‘Miliciano’ de Robert Capa se tomó en Espejo Gana peso la hipótesis de la que la icónica imagen fue un posado Como relata el autor, fueron dos los hitos que le llevaron a determinar “el lugar preciso en el que Robert Capa fotografió al Miliciano”. En primer lugar, cita como fuente “la secuencia de imágenes que recogen los momentos previos y posteriores a la célebre foto, publicada en un libro de Richard Whe- AH lan editado en 2008, This is war! Robert Capa at work, que incluía fotografías inéditas de ENE 2010 Capa”. Gracias a esta secuencia fotográfica, Penco, que ya conocía bien el paisaje de Cerro Muriano donde desarrolla sus investiga- 8 ciones históricas y arqueológicas desde hace una década, tuvo claro que la foto no pudo ser tomada allí. “En la imagen mejicana aparece un valle y unas montañas que no podían ser de Cerro Muriano”, asegura el historiador. La segunda clave que le llevó a ubicar la imagen en Espejo fue la pista de la CNT. “Robert Capa y Gerda Taro visitaron los tres principales focos anarquistas en España: Cataluña, primero, Aragón, después, y, por último, Andalucía”. Y dentro de Córdoba, señala Fernando Penco, el principal nudo cenetista “estaba en el eje de Castro del RíoEspejo”. Tras trasladarse a Espejo en varias ocasiones, Penco y Larrea realizaron un Fernando Penco, descubirdor de la ubicación real de la foto, ha creado una completa web. montaje fotográfico, con el que demostraron que el paisaje que aparece en la foto “no L a página web de reciente creación de junio de 2009 en el Registro de la Pro- deja lugar a dudas de que el sitio era una co- www.capaencordoba.com, que cuen- piedad Intelectual de la Delegación Pro- lina conocida entre los lugareños como La ta con el apoyo de la Junta de Anda- vincial de Cultura en Córdoba y, en la ac- Haza del Reloj o la Dehesilla, a las afueras lucía y la Diputación de Córdoba, recoge, tualidad, puede consultarse en la citada de Espejo”. entre otras cosas, que la fotografía más re- página web. producida de la Guerra Civil española, Otro dato interesante en la investiga- Hasta el momento, se tenía la creencia ción proviene de una entrevista que man- Muerte de un Miliciano, de Robert Capa, no de que la foto del Miliciano había sido to- tuvo en la localidad gala de Pau con el mili- fue tomada en Cerro Muriano, sino en Es- mada por Robert Capa en Cerro Muriano, ciano Virgilio Peña, protagonista del docu- pejo, una tarde a comienzos de septiembre un frente en el que se desarrollaron comba- mental de Jean Ortiz y Dominique Gautier, de 1936. Este hallazgo es el resultado del tes el 5 y 6 de septiembre de 1936. Sin em- El Espejo rojo. En esta entrevista, Virgilio, trabajo del historiador y escritor cordobés, bargo, las recientes investigaciones de Fer- que en 1936 contaba con 22 años y formaba Fernando Penco Valenzuela, autor del in- nando Penco Valenzuela, un historiador parte de un batallón en Espejo, certificó a forme Muerte de un Miliciano: Informe preli- que lleva nueve años siguiendo el rastro de Penco que fueron los milicianos de Alcoy minar de resultados acerca de la ubicación de Robert Capa en Córdoba, han demostrado los que defendían la Haza del Reloj y que a la serie fotográfica de Robert Capa, en el que, que la foto se tomó en Espejo, una zona que inicios de septeimbre de 1936 el frente en por vez primera, se demuestra la verdade- en las fechas en la que se captó la imagen Espejo “estaba calmo y tranquilo”. De lo ra ubicación en la que fue capturada esta —inicios de septiembre de 1936— no regis- que se deduce que si en los primeros días de icónica imagen. El texto de este informe, traba combates, por lo que gana peso la hi- septiembre en Espejo no había batalla, la que está ilustrado con las imágenes del fo- pótesis de que la icónica fotografía del Mili- extraordinaria foto bien puede haber sido tógrafo Juan Larrea, fue depositado el 24 ciano podría haber sido un posado. fruto de un posado. ■ D E Cronología de una controversia ■ 1974. Phillip Knightley, en su libro L A H I S T O R I A Un galeón del siglo XVII para navegar por el XXI The First Casualty, duda sobre la veracidad de la fotografía. ■ 1985. Richard Whelan relaciona por El galéon fue el tipo de barco que prota- onubense una réplica de este singular na- primera vez la imagen con Cerro gonizó la ruta comercial que mantuvo uni- vío. Por primera vez, se trata de una réplica Muriano basándose en una entrevis- da a España con América y Filipinas durante real y no de una construcción a escala. Dis- ta que mantuvo con Hans Namuth. tres siglos surcando una y otra vez las distin- tintos especialistas se están encargando de ■ 1995. Mario Brotóns, excombatiente tas rutas de la Carrera de Indias. Su diseño la ejecución de la réplica, siguiendo las indi- de Alcoy que participó en la batalla fue el resultado de las necesidades del co- caciones recabadas en documentos del Ar- de Cerro Muriano, reconoce a Federi- mercio de la época: largas travesías, cre- chivo de Indias, los modelos del arsenal del co Borrell como el miliciano abatido. ciente volumen de las mercancías y poco Museo Naval de Madrid y distintas fuentes ■ 2003. Jan Arnold presenta el docu- fondo para poder remontar el Guadalquivir bibliográficas de los siglos XVI, XVII y XVIII. hasta Sevilla, desde donde partían y a donde A finales de febrero de este año, el galeón ■ 2005. Miguel Pascual, en su libro arribaban. Por iniciativa de Fundación Nao pondrá su popa rumbo a la Exposición Uni- Milicianos, recupera un documento Victoria se ha construido en un astillero versal de Shanghái. ■ mental Los héroes nunca mueren. original escrito por el anarquista Enrique Borrell Fenollar: el texto ENE 2010 dice que Federico Borrell muere en Las Malagueñas. Las circunstancias de su muerte y la orografía del 9 emplazamiento hacen imposible que se trate del Miliciano. ■ 2007. El documental de Doménech y Riebenbauer La sombra del Iceberg, apoyándose en las investigaciones de Pascual y en un estudio forense, abunda en esta cuestión. ■ 2008. Se publica el catálogo de Whelan This is war! Robert Capa at work, donde aparece la histórica fotografía del Miliciano en la que se ha fundamentado la investigación de Fernando Penco. 2009 ■ Abril (publicado en julio). Manuel Huertas, en la revista AH a través Imagen de uno de los momentos iniciales de la construcción del galeón. de las fotógrafías de Juan Serrano, sigue los pasos de Robert Capa y Gerda Taro por Cerro Muriano. ■ Junio. Susperregui, en su libro Un joven ‘Velázquez’ Sombras de la fotografía, ubica Muerte de un Miliciano en el Cerro del Ventorrillo, Castro del Río. AH “Desde luego estoy emocionado por el ■ El Informe de Fernando Penco, con hecho de que la limpieza de este cuadro ha- fotografías de Juan Larrea, basado en ya supuesto la recuperación de un trabajo el hallazgo del 8 de mayo, localiza la realmente significativo de Velázquez. Ansío foto en La Haza del Reloj, Espejo. El que los especialistas esclarezcan quién es el informe fue depositado el 24 de junio retratado, su parecido con el personaje de en los fondos del Registro de la Pro- ‘Las Lanzas’ y la posibilidad de que sea el piedad Intelectual de la Delegación propio pintor con 35 años”. Así de contun- Provincial de Cultura en Córdoba. dente se mostró Keith Christiansen, res- ■ Julio. El Periódico de Cataluña, con ponsable de pintura europea del Metropoli- motivo de la exposición que el tan Museum of Art de Nueva York, el pasado MNAC de Barcelona dedica a Capa y septiembre cuando se hizo público el hallaz- Taro en colaboración con éste y con go. Toda una noticia, ya que encontrar un el International Center of Photo- ‘Velázquez’ es toda una rareza. La obra es la graphy, se atribuye el descubri- protagonista de una exposición abierta en miento de Espejo. Nueva York hasta febrero. ■ D Centenares de pescadores portugueses faenaron en los barcos de Isla Cristina (Huelva) en los siglo XIX y XX. En la imagen, galeón engalanado navegando por la ría de Isla Cristina en la festividad de la Virgen del Carmen en la década de los años 40. Archivo de Francisco González Salgado (Isla Cristina). AH ENE 2010 10 O S I E R Andalucía y Portugal, una historia compartida COORDINADO POR ENCARNACIÓN LEMUS LÓPEZ UNIVERSIDAD DE HUELVA P resentamos un dosier sobre rano a Portugal descubrieron un pueblo que las relaciones históricas en- sonreía. Tal vez alguien que nos lea se acuer- tre Portugal y Andalucía de aún… Entonces llegaron las visitas para orientado alrededor de cin- ver cine y entrar en una librería. co situaciones concretas: la El silencio mutuo obedecía a políticas de realidad fronteriza en la Estado para ir levantado instituciones, Edad Moderna, la Guerra de identidades y realidades culturales diferen- Restauración, los flujos mi- ciadas —hoy innegables y bien consolida- gratorios entre los siglos das— desde sustratos comunes muy fuer- XIX y XX, los huidos a Ba- tes: muchos estudiábamos en el colegio que rrancos durante la Guerra Viriato era un héroe español de la resisten- Civil y la visión que dio la prensa española cia frente a los romanos (como Numancia) y de la Revolución de los Claveles. Los temas nos sorprendió oír que también era portu- podrían haber sido otros porque, en reali- gués. Pero nacionalismos y políticas de Es- dad, cualquier aspecto de nuestra existen- tado sustentadas en la diferencia con el otro cia: historia, literatura, costumbres, gas- no pueden distanciar caminos históricos tronomía, leyendas o caminos nos acercan, muy paralelos. Pienso, inicialmente, en la aun sin admitirlo. entrada simultánea en la ONU (1955) y, co- Y hablando de caminos, tradicional- mo dije, en la UE (1986). Pero antes, ya ha mente la frontera del Guadiana se salvaba recordado Fernando Morán que estuvo mu- por los puentes internacionales de Ayamon- chos años destinado en la embajada de Lis- te y Rosal; el pasado mes de febrero de 2009 boa, la invasión de los Cien Mil hijos de San se inauguró un tercer puente internacional, Luis provocó la acción de Palmela contra la que estrecha más, a través de El Granado y Constitución Liberal; como en España los Pomarao / Mértola, el suroeste peninsular y Carlistas, en Portugal se enfrentaron Mi- está prevista la apertura de un cuarto, entre guelistas y partidarios de doña María de la Paymogo y San Marcos / Serpa, para este Gloria; en 1890, bajo la presión inglesa, los año. Quiero tomar esto como un símbolo de intelectuales lusos sintieron la crisis de su una realidad que ha cambiado. Las relacio- conciencia nacional como aquí la Genera- nes entre portugueses y españoles se carac- ción de 1898; se vive un Regeneracionismo terizaron en la historia por la mutua igno- paralelo y la decadencia las Monarquías pa- rancia: a la soberbia española, el portugués ra llegar a las dictaduras militares de Sidó- respondía con su conciso “De Espanha, ni nio Paes y Primo de Rivera en el período de bom vento ni bom casamento”. Oficialmen- entreguerras y, luego ya, décadas de Salaza- te el ingreso paralelo en la UE en enero de rismo y Franquismo. 1986 haría que las cosas se transformaran Todavía iba al colegio cuando una ma- rápidamente; creo, sin embargo, que el ha- ñana la gente formaba grupos murmuran- llazgo es anterior. Una corriente de curiosi- tes en el mercado municipal, me acerqué a dad y simpatía cruzó España después de mirar y en la pared, bajo el dibujo de algo abril de 1974 y en ABC se insertaba el 27 de ju- como una hoz y un martillo, habían escrito nio un anuncio de la Agencia Portuguesa de fugazmente: “¡Viva Portugal!” Ese verano Turismo que decía: “Cambien la ruta de su lo pasé jugando con otros niños portugue- puente: esta vez, Portugal. Le esperamos. ses, que andaban de paso y tenían un trato Portugal, tanto y tan cerca”. Así, que miles exquisito. No sé… Tal vez por eso ese país de españoles decidieron acercarse aquel ve- me guste tanto. ■ AH ENE 2010 11 D O S I E R Contrabando y negocios en el límite de dos imperios La frontera de España y Portugal en la Edad Moderna MIGUEL ÁNGEL MELÓN JIMÉNEZ UNIVERSIDAD DE EXTREMADURA AH 12 L a frontera con Portugal se extiende a lo largo de 1.234 kilómetros. Sobre ella recae el privilegio de constituir el más antiguo de los límites peninsulares, pero no es, excepto en determinados tramos, una frontera geográfica, sino histórica y un tanto artificiosa. Se sitúa en el vacío natural existente entre sus dos lados, quedando alejada de ella las partes más pobladas y ricas de ambos países, así como los centros soberanos de poder. Las características con las que se presenta hunden sus raíces en la Edad Media y son susceptibles de generalizarse en su totalidad para la Edad Moderna. En principio, se trataba más de ANDALUCÍA Y PORTUGAL ENE 2010 Desde que se procediera a su te un sistema de fortalezas el denominado trazado en la Edad Media, la “Muro Ibérico”, cuyos límites se plasmaron frontera de España con Portugal fue adquiriendo en el Tratado de Lisboa de 1668 que puso fin a aquélla, posteriormente confirmado en los de 1713, 1763 y 1783. La línea que define la unas características propias frontera entre España y Portugal quedó defi- que la diferenciaron del nitivamente fijada, excepción hecha de la resto de las fronteras parte correspondiente a Olivenza, en los peninsulares. Resultado de Tratados de Límites de 29 de septiembre de 1864 y 4 de noviembre de 1866, en el Acta Ge- las sucesivas contiendas que neral del 1 de diciembre de 1906, y en el Con- enfrentaron a castellanos y venio firmado el 29 de junio de 1926. Es pre- portugueses y de los cisamente este último, ratificado el 17 de ju- acuerdos diplomáticos que les nio de 1927, el que define el trazado fronterizo entre Andalucía y Portugal. una franja que de una línea, la mayor parte pusieron fin, ese espacio, conocido de las veces mal definida; era además un es- como “Muro Ibérico”, fue un EL COMERCIO LEGAL. Hasta 1559 en que se pacio discutido y controlado principalmen- territorio fecundo para los encargó al licenciado Hernando de Villafa- te mediante un sistema de establecimientos aduaneros y plazas fuertes que actuaban co- intercambios. Los establecimientos ña y a Luis de Polanco la organización aduanera con el vecino reino, el comercio con mo avanzada hacia el país vecino. Constitu- aduaneros fiscalizaron el comercio Portugal no fue objeto de ninguna clase de ía, finalmente, un espacio fraccionado por legal que arrojó una balanza muy tasación por parte del fisco castellano. A la diversidad de intereses que se dirimían en positiva para los portugueses en la ellos corresponde el establecimiento de los sus inmediaciones. Sus primeras delimitaciones se encuen- Edad Moderna, pero no pudieron puertos secos de la frontera con Portugal y la elaboración de la única tarifa conocida de tran en el Tratado de Badajoz (1267) y en el poner coto a los señores de la noche Tratado de Alcañices (1297), que precisan la o contrabandistas, que se hicieron en vigor se produjo en enero de ese mismo línea divisoria entre ambos reinos. En el si- pronto dueños de un más que año. En 1571, la frontera de Andalucía con glo XVI, la anexión de Portugal en 1580 y la lucrativo negocio. Portugal incluía las aduanas de Aroche, jura de Felipe II como rey en las Cortes de To- esta frontera hasta entonces, cuya entrada Ayamonte, El Granado, Encinasola, Lepe, mar, en 1581, obligaron a abordar de Paymogo, La Redondela y Sanlúcar; estos modo diferente el problema de la establecimientos fueron suprimidos en frontera, de ahí que la desapari- 1580, para restablecerse de nuevo en 1592. ción de los puertos secos fuese una Dos siglos más tarde, en 1739, las aduanas de las cuestiones destacadas que andaluzas se agrupaban en torno a los parti- se incluyeron en las negociacio- dos de Ayamonte (Alosno, Ayamonte, Cabe- nes. La Guerra de Restau- zas Rubias, El Granado, Paymogo, Puebla ración Portuguesa de Guzmán y Santa Bárbara de Casa) y de Ba- consolidó median- dajoz (Aracena, Aroche y Encinasola). En D O S I E R AH ENE 2010 Atlas Maior, de Joan Blaeu. 13 La Raya que separa Andalucía de Portugal aparece bien dibujada en esta inusual representación cartográfica de 1665. AH ENE 2010 14 O S I E R Escena a la entrada de una venta. Leonardo Alenza y Nieto (1807-1843). Museo de Bellas Artes de Bilbao D Los contrabandistas se valían de unas redes con colaboradores a ambos lados de la Raya. 1780, dichos establecimientos habían que- de 1785, el intendente de Extremadura in- nufacturas de lino y cáñamo, los libros, los dado reducidos a los de Aracena, Aroche, El cluía en el comercio de importación en la zapatos, las alhajas, los tejidos de oro y de Granado, Paymogo, Puebla de Guzmán y parte meridional de la frontera portuguesa plata falsos, el metal amarillo compuesto, Santa Bárbara de Casa. los denominados productos del reino “vege- el mercurio dulce, los compuestos de azo- Conocemos los productos que las atrave- table” (arroz, azúcar, aceite, frutas, pi- gue y solimán, y el salitre. saban gracias a una Memoria de las merca- mienta negra), los del reino animal (carne- El comercio de exportación movía carbón derías que, procedentes del exterior, entraban en España durante el siglo XVI. En ella su compilador incluía los que de Portugal llegaban a Castilla, todos de excelente calidad, entre los que cabría mencionar los siguientes: toda suerte de especerías, confituras, mermeladas y conservas; azúcar de Madeira, Brasil y Cabo Verde; algodones en hebra e hilados en madejas; alfombras, colchas y seda de la India; cofres de nácar, pedrería fina, cucharas de marfil y de nácar, porcelanas; ébano; lienzos, cintas, hiladillos y damascos. Las tasas que debían pagar, así como las de todos los demás que atravesaban la frontera quedaron fijadas en el arancel de 1597, que se mantendría vigente hasta la separación de Portugal de Castilla. Dos siglos después, en 1767, el valor de los derechos de lo introducido en España por la frontera portuguesa se elevaba a la cifra de 20 millones de maravedíes, mientras que los derechos de los productos que se extrajeron sólo alcanzaban los 4 millones de maravedíes. En un informe ros y borros) y sus derivados (tocino, tripa de brezo, esparto manufacturado, jabón, le- de vaca, manteca de Flandes, quesos, sue- ña, zumaque, cobertores de Palencia, esta- las), más las salazones de pescado (sardinas meñas pardas, jergas para costales, tejidos y bacalao), objetos diversos (rosarios) y teji- de seda, galones y manufacturas de oro y de dos de lienzo y estopas. Se permitía la en- plata. Estaba prohibida la saca de ganados, trada de lino y cáñamo en rama, alquitra- productos agrarios, moneda de oro y plata, nes para jarcia, cordelería y pesca, algodón armas, sal medicinal, lanas bastas, gusa- de las Indias y algodones extranjeros; de nos de seda, seda y pieles. Podían extraerse, animales (cueros, pieles); de los fabricados dependiendo de la mayor o menor abundan- con hierro (cañones y escopetas), y los in- cia, cereales, pan cocido, aceite, esparto, al- gredientes necesarios para las manufactu- godón de Indias, vino y zumaque, lanas fi- ras de lino, cáñamo, algodón, vidrios, se- nas, seda por los puestos habilitados para da, loza, cueros y pieles; en cambio, esta- hacerlo, cueros de América, mulas y ma- ban prohibidos el tabaco, el azufre, el ber- chos de edad, manufacturas de lino, cueros mellón y el plomo. Como efectos de artes y y pieles curtidos, tejidos de seda, peltre la- fábricas extranjeros refiere, entre los auto- brado, hierro en barra, alumbre y sedas con rizados, los paños y tejidos de lana, los som- mezcla de oro y plata. El repertorio de los gé- breros, la quincallería, las alhajas de oro y neros que cruzaban la frontera, como se ve, de plata, el latón batido y tirado en hojas. resultaría inacabable, pero enormemente Estaban prohibidas las muselinas, los teji- atractivo para cuantos de forma lícita o ilíci- dos de algodón o con mezcla de él, las ma- ta participaban en este comercio. El comercio de exportación legal a Portugal movía carbón, esparto, jabón y leña, entre otros productos. Por el contrario, estaba prohibida la saca de ganados, monedas de oro y plata, gusanos de seda y pieles O S I E R Bandoleros al acecho. Óleo de Leonardo Alenza y Nieto (1807-1843). D Los entresijos y sendas del contrabando se heredaban de generación en generación. LOS SEÑORES DE LA NOCHE. Al margen sendas pasaban de generación en genera- por los defraudadores, una de las cuales les de épocas y contextos, en los territorios ción como el secreto mejor guardado de la llevaba hasta Barrancos o a Serpa, en Portu- fronterizos muchos eran lo que aparenta- frontera. En ellas participaban espías, en- gal, donde cargaban los “corachillos” de ta- ban, pero otros tantos, sin aparentarlo, se cubridores, informadores, mercaderes y re- baco y regresaban por el reino de Sevilla en sabía perfectamente lo que eran. El desdo- vendedores; a veces hasta las mismas mili- dirección a sus poblaciones de origen. blamiento de funciones que conllevaban las cias encargadas de combatirlo, y no falta- Añade valiosos datos a lo aportado por prácticas comerciales fraudulentas era co- ban clérigos ni tampoco funcionarios de la Ortiz un informe de 1786 del marqués de Ro- nocido por quienes formaban el entorno del administración de rentas que, para incre- bledo sobre la organización y el funciona- contrabandista, pero éste procuraba maqui- mentar los valores de las que recaudaban, miento del sistema de abastecimiento utili- llar su condición de las más diversas mane- no ponían reparos a la introducción de de- zado en la frontera con Portugal. Del lado ras. Si hay unas figuras consustanciales a la terminados productos. luso de la Raya se ubicaban los almacenes de historia de la frontera, esos son los señores El 26 de mayo de 1784, Juan de Ortiz, co- baratería, a los que acudían los contraban- de la noche: gentes de la más variada proce- ronel comisionado en Andalucía por Carlos distas para comprar el tabaco Brasil y que a dencia y condición social, que no entendían III para la persecución de contrabandistas y la altura de la frontera con Andalucía se en- de guerras y disputas ni de leyes que restrin- malhechores, dirigía a las autoridades de la contraban en Barrancos, Serpa y Moura. Es- gieran los tráficos mercantiles, y para quie- Hacienda un informe razonado sobre el con- tos establecimientos basaban su populari- nes la frontera fue siempre esa tierra de na- trabando en Andalucía que pormenoriza las dad y éxito en el menor precio, en una coor- die por la que se movían a sus anchas y de la conexiones y ramificaciones que confluían dinada organización y en otra serie de aten- que se habían erigido en únicos dueños. en la demarcación fronteriza. Con respecto ciones que dispensaban a sus clientes. En En el seno del contrabando cabía un va- al de tabaco, tres pueblos del reino de Córdo- ellos había, según el informe que en 1793 riado espectro social que abarcaba desde el ba, enclavados en las comarcas de la Subbé- presentó al Banco de San Carlos José Espino- simple mochilero o metedor que transporta- tica y de Antequera, constituían el “receptá- sa y Brun, “cuadras con plazas para centena- ba sobre sus espaldas pequeñas mercancías, culo” o almacén principal: Encinas Reales, res de caballos. Por el primer pienso que dan pero muy apreciadas por su valor, hasta los Cuevas Altas y Cuevas Bajas. Fija varias ru- allí los contrabandistas, no les lleva interés contrabandistas a mayor escala (de tabaco, tas, menos concurridas de cuanto lo esta- el administrador, ni tampoco por la paja azúcar, sal, textiles, ganados, etc.), entre ban aquellas que convergían en estos tres que consumen mientras se esperan los unos los que era posible encontrar a personas aco- lugares, pero usadas de forma alternativa a los otros para volver a España reunidos en modadas de los pueblos fronterizos, sin olvidar la saga de delincuentes que para sobrevivir no tenían más remedio que acudir a esta práctica. Se valían de unas redes, en las que contaban con colaboradores a ambos lados de la Raya, cuyos entresijos, caminos y En el contrabando cabía un variado espectro social que abarcaba desde los mochileros, que transportaban pequeñas pero valiosas mercancías, hasta grandes contrabandistas de tabaco, azúcar, sal y textiles AH ENE 2010 15 D O S I E R AH ENE 2010 16 En abril de 1788, la villa de Jabugo (en la imagen) tenía 270 vecinos, de los cuales 200 se hallaban “comerciando en el reino de Portugal”. cuadrillas numerosas. Esta comodidad, es- dón y muselinas, donde a cualquiera hora se sus moradores no consiguieron eliminar es- te hospedaje, este obsequio, esta baja en el proveen los que apetecen su uso. Y además se tos abusos, pues al practicarse las diligen- precio del tabaco y esta proximidad a la esparcen sujetos por todos estos pueblos a cias previas a su ejecución los contrabandis- frontera son las causas que fomentan el vender, sin que se pueda evitar, porque sólo tas eran avisados de antemano y tenían contrabando”. En estos establecimientos, de hablar contra su conducta hay riesgo. Y tiempo de escapar u ocultar los alijos. según Espinosa, encontraban financiación aun se ven respetados en todos estos contor- En abril de 1788, la villa de Jabugo tenía para las expediciones que realizaban, lo que nos por sus arrojos y amenazas”. Las fre- 270 vecinos, de los cuales 200 “se hallan de posteriormente les obligaba a satisfacer las cuentes batidas de la tropa y los castigos a muchos años a esta parte tratando y comer- deudas contraídas con los almacenistas y a ciando en el reino de Portugal”. Extraían seguir en sus actividades ilegales para can- monedas y traficaban con tejidos de algo- celarlas. En las baraterías eran reclutados dón, canela, pimienta negra, sombreros y La balanza se inclina a favor de Portugal tabaco negro Brasil de la fábrica de Barran- ■ “El estado actual de nuestro venderlo a otros enclaves y a los comprado- JABUGO Y LOS CONTRABANDISTAS. Ja- comercio con los portugueses es el más res que venían de media España a esta loca- bugo, localidad onubense de la Sierra de Ara- fatal y lamentable que puede oírse. Ya lidad para adquirirlos. Extraían para Portu- cena, se convirtió en paradigma de las activi- tenemos comprobada la ventaja que gal caballos padres, “algunos de los más po- dades y comportamientos de este tipo que en nos llevan, de cinco contra uno en el derosos de esta villa”, mediante escrituras las inmediaciones fronterizas se daban y que comercio lícito que se hace por esta falsas en las que fingían su compraventa a serían susceptibles de generalizarse a pobla- parte de Extremadura; y no pongo los deudos y amigos. Según las noticias re- ciones extremeñas, castellanas y gallegas en reparo en asegurar que por la parte de cabadas, los alcaldes y justicias eran los ma- las que se producían manejos similares. José Andalucía, Castilla, y Galicia está aún yores contrabandistas y habían ganado con Marín y Aroche, interventor de rentas la balanza más a su favor. Ni los frutos esos tratos elevados caudales que les hicie- generales y del tabaco en la pobla- comerciables con Portugal son tantos ron pensar en retirarse con la idea de obte- ción de Castaño del Robledo, inme- como aquí por aquellas partes, ni la ner un indulto. diata a Jabugo, informaba en 1787 industria de aquellos naturales es más pequeños ejércitos de defraudadores que se internaban en territorio español por Extremadura y Andalucía. de lo que allí ocurría a la vista de todo el mundo: “El pueblo de Jabugo está hecho una feria perpetua de tabaco y géneros de algo- cos; tráfico del que no sólo se beneficiaban los pueblos inmediatos, sino que sacaban a que la de éstos, sin embargo de que VISIONES CONTRAPUESTAS. A lo largo de tampoco puede ser menos”. la historia han coexistido dos percepciones Informe del Comercio de España con contrapuestas de una misma realidad fron- Portugal (1769) teriza: aquella que entendían los funcionarios de la Hacienda castellana o los milita- O S I E R Bodegón de caza, hortalizas y frutas. Juan Sánchez Cotán. 1602. Museo del Prado. D El comercio legal incluía productos del mundo vegetal y animal como algunos de los representados en este bodegón. ner. Actuaban de res, y la que acuñaron los arrayanos. Para los primeros, la línea que les separaba de Portugal cons- Nunca fue posible erradicar el contrabando, ni siquiera en las fases más enconadas de las guerras, puesto que era el único medio de tener operativo ese espacio cuando las monarquías decidían cerrarlo ese modo impulsados por una lógica que asignaba un papel distinto a cada cual: para los Es- tituía un punto de referencia que había que vigilar e imperme- se convirtieron en factores que marcaron tados, afirmar las fronteras significaba abilizar con el fin de obtener unos ingresos de manera indeleble las experiencias de precisar el espacio sobre el que proyectar su fiscales por los tráficos comerciales que a sucesivas generaciones. Superadas las di- soberanía; para sus habitantes, difuminar través de ella fluían y, de paso, por razones ferencias entre ambos reinos, sin embar- esas líneas imaginarias que los políticos y estratégicas, mantener en sus límites a un go, los hombres permeabilizaban con rapi- los topógrafos trazaban suponía definir su secular enemigo de Castilla. Para los arra- dez los compartimentos estancos que los propio territorio, aquél en el que asegura- yanos, por el contrario, se trataba de un Estados se empeñaban en erigir y mante- ban su supervivencia y la de los suyos, y donde cobraban sentido sus vidas. entorno vital por el que se movían a su antojo y que únicamente veían amenazado al Esta es una de las razones por las que, al desatarse las hostilidades. Superadas las margen de los beneficios que proporciona- tensiones, se reanudaban las relaciones de Más información abiertas, puesto que sobre ese mestizaje cul- ra, nunca fue posible erradicar el contrabando, ni siquiera en las fases más encona- una y otra parte y restañaban las heridas ■ Cordero Torres, José María das de los conflictos bélicos, puesto que era tural descansaba el sustento cotidiano. La Fronteras hispánicas. Geografía e historia. el único medio de mantener abierto ese es- mejor prueba es que, amparadas en el con- Diplomacia y administración. pacio cuando las monarquías decidían ce- trabando, se desarrollaron unas complici- Instituto de Estudios Políticos, rrarlo. A fin de cuentas, fue en esa otra fron- dades interrayanas que las autoridades Madrid, 1960. tera, opuesta diametralmente a la surgida nunca consiguieron romper. ■ Melón Jiménez, Miguel Ángel de las disputas y los conflictos bélicos, sin Hacienda, comercio y contrabando en la necesidad alguna de ser delineada con trazo pas de esplendor y de postración, siendo frontera de Portugal (siglos XV-XVIII). certero y suspicacia infinita, donde mochi- nota dominante en ella tanto la agilidad de Cicón, Cáceres, 1999. leros y trajineros, defendiendo una forma La frontera luso-española atravesó eta- las relaciones como el temor a las amena- ■ Los tentáculos de la Hidra. Contrabando y de vida marcada por el reloj implacable de la zas que en una u otra dirección se produje- militarización del orden público en España subsistencia, compartieron voluntades e ran. La incertidumbre, el miedo al otro la- (1784-1800). intereses durante siglos en un territorio do de la línea divisoria, las continuas sus- Sílex Ediciones, Madrid, 2009. abierto, de silencio, e iluminado la mayor picacias y recelos entre localidades vecinas parte de las veces por la luz de la luna. ■ AH ENE 2010 17 D O S I E R 28 años de asedio La Guerra de Restauración Portuguesa en la Sierra de Aroche FÉLIX SANCHA SORIA ARCHIVO DE LA DIPUTACIÓN PROVINCIAL DE HUELVA AH 18 L a Guerra de Restauración Portuguesa duró veintiocho largos años. Durante casi tres décadas, este aconte- cimiento fue nefasto para toda la porción de tierras fronterizas desde Galicia hasta Andalucía, es decir para más de mil kilómetros. Un largo período de tranquilidad previo, de setenta años de duración, en el que las personas y las mercancías no conocieron frontera, dio paso a una época de barreras físicas y mentales, donde las relaciones de vecindad y amistad se tornaron en guerra sin cuartel. La historiografía en general ha mostrado muy poco interés por esta etapa, quizá porque fue una época caracterizada ANDALUCÍA Y PORTUGAL ENE 2010 La Guerra de Restauración a agosto de 1637, con el estallido de una vio- de Portugal (1640-1668) es la lenta revuelta popular en Évora, que se ex- gran olvidada de las investigaciones históricas tendió al sur del país y que fue duramente reprimida. Tres años más tarde, el 1 de diciembre de 1640, un grupo de conspiradores realizadas en Andalucía. En armados irrumpió en el Palacio Real de Lis- la frontera onubense, boa, asesinó a Vasconcellos (el estadista por- españoles y portugueses, tugués, secretario de Estado al servicio de la tras sesenta años de monarquía española) y puso bajo custodia a la princesa Margarita, virreina de Portugal convivencia pacífica, se por designación de Felipe IV. El duque de vieron sumergidos en una Braganza, descendiente de la duquesa Cata- terrible lucha que hizo lina, fue proclamado rey con el nombre de nacer una nueva frontera. La Joao IV. Comenzaba así la Guerra de Restauración Portuguesa. por una profunda decadencia. Sin embargo, política de la monarquía española en los últimos años hemos asistido a una condenó a esta Raya a la inanición y LA ABRASIÓN DEL TERRITORIO. En los fuerte revisión de los análisis, tanto por par- el abandono durante los más de 28 momentos iniciales, Portugal adoptó una te de la historiografía española como de la portuguesa. largos años que duró el conflicto. posición ofensiva por lo que se abrió un amplio frente, desde Galicia a Andalucía. Se Una vez pasado el huracán, la Sierra sucedieron los ataques tendentes a castigar traen a 1580, fecha en la que se produjo la in- arochena tardó décadas en el espacio sin unos objetivos concretos. Los vasión de Portugal por parte de las tropas es- recuperarse. enfrentamientos entre los contendientes Las raíces del enfrentamiento se retro- pañolas, a resultas de la disputa por el trono fueron frecuentes, salpicando las poblacio- entre Felipe II y la Duquesa de Braganza, tras nes de muertos y heridos, pudiéndose dis- la muerte del soberano luso Don Enrique. En tinguir varias modalidades de lucha: gran- las primeras Cortes celebradas en Tomar des batallas libradas en el frente extreme- (1581), el reino luso fue agregado a la monar- ño; asedios y asaltos a plazas fronterizas; quía española, pero no se unió a ella. Con- conquistas de poblaciones, y ataques de par- forme pasó el tiempo las esperanzas que ha- tidas de soldados, variables en número, al bían abrigado los portugueses de con- corazón de la economía enemiga, como las seguir ventajas se fueron desvane- famosas presas de ganado. ciendo y el implacable autoritaris- Lo que debe de quedar claro es que estas mo de los Austrias cayó sobre ellos tácticas utilizadas por ambos ejércitos fue- con toda intensidad. Con todo, la ron incapaces de conseguir la victoria y de- paz y convivencia marcaron el rrotar al contrincante. Sin temor a equivo- curso de la historia durante carnos podemos decir que lo que se desarro- siete décadas. Pero lló, durante casi tres décadas, en toda la la paz se quebró en frontera fue una guerra de guerrillas, de D O S I E R AH ENE 2010 Retrato de Felipe IV. Diego Velázquez (1656). Museo el Prado. 19 Felipe IV dedicó sus recursos a luchar en Cataluña y Flandes, forzando a las villas fronterizas a cargar con el peso de la guerra con Portugal. desgaste, con continuos ataques que abrasaban la economía de las poblaciones.La contienda fue un acontecimiento que tuvo un sello común a lo largo de la Raya, debiendo sortear los españoles y los portugueses Durante las casi tres décadas que duró, este acontecimiento fue nefasto para toda la porción de tierras fronterizas desde Galicia hasta Andalucía, es decir para más de mil kilómetros D O S I E R chas otras partes de la frontera con Portugal, fue una sociedad en crisis, profundamente fracturada. A la importante presión fiscal hay que añadir las epidemias, las crisis de subsistencias y los desmanes de las tropas españolas, que en muchas ocasiones AH se comportaron como un verdadero ejército ENE 2010 minado “rebelde” portugués que organiza- de ocupación. A ello hay que sumar el denodo en partidas realizaba continuas incursiones causando muerte, pobreza y miedo. 20 Mucha culpa de la situación la tenía la difícil geografía de estos pagos, pues la serranía sevillana más occidental era una coMapa de los puntos avanzados en los que Portugal concentró sus tropas. marca agreste. Sin embargo, en muy pocas ocasiones se rebasaba el millar de metros de altitud. En general, el suelo era poco pro- idénticos problemas. Las variaciones las res), Francia o las Provincias Unidas (Guerra ductivo para la agricultura pero bueno para marcó la intensidad del sufrimiento, siendo de los Treinta Años). A lo largo de la guerra, la ganadería y los aprovechamientos fores- mucho mayor en las zonas más cercanas a la la indisciplina y las deserciones fueron fre- tales. A resultas de las abundantes precipi- frontera. Como el diseño de la guerra en la cuentes como consecuencia de la falta de taciones la vegetación se tornaba exuberan- frontera portuguesa era de contención, las efectivos y fondos, del difícil avituallamien- te destacando las dehesas de encinas y alcor- poblaciones se vivieron obligadas a vivir de to y de las frecuentes epidemias. noques, los robledales, quejigales y el castañar. Entre ellos se extendían frondosas ribe- sus propios recursos y a costa de grandes sacrificios. El abandono provocó un terrible LA SIERRA DE AROCHE. El diseño estraté- ras y amplias manchas de matorral medite- clima psicológico de desesperanza, terror, gico de la guerra condicionó el sistema de- rráneo. miedo y amargura. fensivo provocando la congelación durante Administrativamente, la comarca se ar- La Guerra de Restauración Portuguesa años de amplios territorios fronterizos. Uno ticulaba en dos jurisdicciones, la realenga y fue uno de los momentos más negros de la de ellos fue el corredor extendido entre Enci- la señorial. Las tierras realengas dependían dilatada historia de esta zona, quizá la peor nasola y Ayamonte. Las comarcas onuben- del poderoso concejo de Sevilla, encontrán- de todas las épocas. Tras su paso quedó un ses de la Sierra de Aroche, el Andévalo y la dose en su seno los municipios que contri- panorama desolador donde los pocos veci- Costa Occidental fueron un trozo de terreno buyeron más activamente a la guerra, como nos sobrevivieron de milagro en un espacio que resistió hasta agotar todas sus fuerzas. Aroche, Cortegana, Encinasola, Fregenal, Cumbres Mayores, Cumbres de San Bartolo- fuertemente deprimido, aislado y desarti- Claro que el tema venía de lejos. Históri- culado desde el punto de vista socioeconó- camente se había demostrado que cada vez mico. Al final de la guerra las poblaciones que la corona castellana entablaba pleitos Las fuentes demográficas de la época más cercanas a Portugal estaban empobre- con Portugal, el costado de la Sierra sangra- (1642) nos indican que la actual comarca se- cidas y despobladas como no lo habían esta- ba en abundancia. Mientras que esta políti- rrana estaba formada por 15 municipios y do jamás. ca de grandeza y mantenimiento de la hege- contaba con unos 18.000 habitantes. No Los generales españoles eligieron Extre- monía en Europa suponía un simple catarro obstante, debemos de tener en cuenta que madura como centro neurálgico de la gue- para Madrid en los espacios onubenses aunque en aquella fecha ya se habían pro- constituía una auténtica pulmonía. ducido algunas muertes, como consecuen- rra, al otro lado, el Alentejo hará de pantalla. Mientras tanto, los veci- En resumen, durante la segunda parte nos de la nueva frontera observa- del siglo XVII la Sierra arochena, como mu- mé, El Cerro, etc. cia de los primeros ataques, se observaba una pobre densidad poblacional. ron con estupor cómo Felipe IV dedicaba los recursos a combatir en otros territorios en conflicto como Cataluña (Revuelta de los Catalanes o Guerra de los Segado- Sin temor a equivocarnos podemos decir que lo que se desarrolló en toda la frontera fue una guerra de guerrillas, de desgaste, con continuos ataques que abrasaban la economía de las poblaciones D O S I E R Otra de las peculiaridades de esta zona fue siempre la carencia de una clara línea fronteriza, pues separando la Sierra arochena de las poblaciones alentejanas se extendía la Raya o frontera, caracterizada por su indefinición, lo que hacía que existieran AH grandes espacios abiertos sin delimitar, como la denominada “Tierra de Contiendas” ENE 2010 que era una extensión de más de ciento veinte kilómetros cuadrados que se disputaban Aroche, Moura y Encinasola. 21 LA DEFENSA. La frontera que se extendía entre Encinasola y Ayamonte era muy extensa por lo que se le dieron a sus partes di- Mapa de la “Frontera de Sevilla” y la “Frontera de Ayamonte”. versos nombres, a la línea que va desde Ayamonte hasta Santa Bárbara de Casa “Frontera de Ayamonte”; al corredor del Chanza, no a las plazas fuertes de Aroche y Encinaso- totalmente distintas, las poblaciones que con Aroche como capital militar, “Frontera la. Al norte, la villa marocha protegía a contaban con defensas, como castillos, mu- de Sevilla”; al norte del término de Encina- otras villas fortificadas como Cumbres de rallas o fuertes, y aquellas otras que carecí- sola comenzaba la “Frontera Extremeña”. San Bartolomé, Cumbres Mayores, Cala, an de ellas. Entre las primeras estaban Aro- Desde el punto de vista militar, el Reino Santa Olalla del Cala, Zufre, etc. Más al Sur, che, Encinasola, Cortegana, Fregenal, de Sevilla, del que formaban parte los muni- Aroche hacía lo propio con Cortegana, Al- Cumbres de San Bartolomé, Cumbres Mayo- cipios de la serranía arochena, indepen- monaster, Aracena, Castillo de las Guardas, res, Cala, Almonaster, Aracena, Zufre o dientemente de su jurisdicción realenga o etc. No obstante, la mayor parte de la Sierra Sanlúcar del Guadiana. Entre las segundas, señorial, va a recibir las órdenes de la Junta