Download TEMA 2. La arquitectura clásica durante el apogeo de Atenas

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A.- HISTORIA.
3.- ESPACIO Y MONUMENTOS DE LA ATENAS CLÁSICA.
0.- Introducción. La arquitectura clásica durante el apogeo de Atenas
La posición hegemónica de Atenas en el seno de la Liga Ático-délica fue el telón de fondo de
algunas de las más grandes creaciones artísticas de todos los tiempos. Con una concepción de lo
humano y de lo divino en consonancia con la preconizada durante décadas por poetas y filósofos,
con la habilidad de sus artistas forjada por una secular tradición artística y artesanal, con los medios
políticos y económicos a su disposición y consciente de su papel de líder, la ciudad ática fue el
lugar idóneo para lanzar el arte a las cotas más altas.
Durante el período severo no hubo manifestaciones de la arquitectura sagrada. El templo de la
Acrópolis erigido por Pisístrato yacía en ruinas tras la violenta destrucción persa, y la construcción
de un templo convencionalmente denominado Pre-Partenón se había truncado por la invasión nada
más establecerse su basamento. Después de la retirada persa, los imperativos militares dieron
prioridad a obras de defensa, como la construcción de murallas para la ciudad y su puerto,
concluida unos años más tarde con los Muros Largos que unían Atenas con El Pireo. La victoria
sólo se había celebrado con la dedicación en el santuario de Delfos de un pórtico jónico. En la ciudad
se reconstruyeron algunos edificios públicos, pero la eclosión de la arquitectura tardó unos treinta
años en manifestarse.
En el año 449 a.C., la firma de la paz con el imperio persa hizo caer el último obstáculo: el
juramento prestado por los griegos, en pleno campo de batalla tras la victoria en Platea, de no
reconstruir los santuarios destruidos por los invasores. Las ruinas, testigos de aquella triste
experiencia, advertirían así constantemente de la necesidad de mantener alta la guardia. La
controvertida paz fue considerada en Atenas como el punto final de la guerra, y el fervor edilicio no
tardó en aflorar con renovado ímpetu.
El deseo de Atenas de seguir ejerciendo su papel panhelénico que pronto desembocaría en un
imperialismo agresivo en el interior de la Liga fue el que dictó la política cultural del momento.
Pericles entendió que, para lograr sus aspiraciones de grandeza, la ciudad necesitaba proyectar hacia
el exterior y hacia el interior su imagen ideológica. Logró que una importante suma del tesoro de la
Liga, ahora custodiado en Atenas, se destinara a la reconstrucción de los santuarios. Merced a esta
disponibilidad económica, y contando con un amplio círculo de artistas y hombres de la cultura,
pudo realizar sus planes, impensables de otro modo para las limitadas finanzas de Atenas. Así, se
erigieron el Partenón y los demás edificios que embellecieron Atenas, en el marco de un ambicioso
programa arquitectónico promovido personalmente por Pericles y aprobado democráticamente por
la Asamblea del pueblo, a pesar de las voces de descontento que se alzaban entre los aliados, al ver
sus tributos convertidos en templos atenienses. Pero la monumentalidad de Atenas no sólo se ceñía a
la Acrópolis, aunque era el lugar más emblemático, sino también al resto de la ciudad y también a
diversos lugares de la comarca ática.
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1.- La Acrópolis de Atenas. El Partenón y otros monumentos.
La acrópolis, el lugar elevado de la ciudad, servía en épocas remotas como refugio para la
población ateniense, de ahí que muy pronto fuera fortificado (en su interior había un pozo de agua
potable) y objeto de actividades constructoras, civiles y religiosas. Parece ser que desde antiguo
había en ella un templo dedicado a Atenea (así como un olivo que simbolizaba el regalo que la diosa
hizo a la ciudad), pero todo ello quedó reducido a escombros (y cimientos) a raíz de la conquista
griega de la ciudad.
Tras la invasión persa, y gracias al enriquecimiento y hegemonía de Atenas en el siglo IV, la
colina fue el lugar privilegiado para la actividad constructora porpagandística de la democracia
ateniense.
El ascenso a la acrópolis por la vía de las Panateneas que procedía del ágora se realizaba por
una rampa que ascendía hasta los Propileos (“las puertas delanteras”), que, a semejanza del
Partenón, constaba de dos pórticos con columnas dóricas y jónicas. En la parte superior de los
Propileos, a la izquierda se ubicaba la Pinacoteca y a la derecha el pequeño templo de Atenea Nike,
jónico, anfipróstilo y tetrástilo. Y un poco más allá estaban el templo de Artemis Brauronia y la
calcoteca. Una vez franqueados los Propileos quedaba enfrente la estatua de Atenea realizada por
Fidias, ésta era de bronce y medía unos 8 metros.
Pero lo que más llamaba la atención, a la derecha de la estatua, en la zona meridional, era el
templo de Atenea Parthenos (“virgen”), el Partenón.
Las obras arquitectónicas de este templo de Atenea duraron diez años (448/447-438 a.C.). Los
arquitectos, Calícrates e Ictino, crearon un original templo dórico (todo él en mármol blanco),
de 69,50 por 30,88 metros y con 8 por 17 columnas, de 10’45 metros de altura, en la perístasis, en
el que el estudio de las proporciones de todos sus componentes arquitectónicos alcanzó niveles
inimaginables. Los constructores recurrieron a complicados cálculos matemáticos para fijar las
proporciones óptimas y romper, a través de estudiadas desviaciones, la matemática frialdad de las
líneas rectas, corrigiendo los defectos ópticos que éstas generan. La profundidad a la que los arquitectos llevaron dichos cálculos dotó el edificio de una organicidad que ninguna otra construcción
helénica pudo igualar.
En el templo del Partenón no existen líneas rectas, ni piezas arquitectónicas exactamente
idénticas, ni un solo volumen o vacío que estén exentos de estereométrica obediencia al
conjunto. Una perístasis compuesta por columnas más densamente distribuidas que en otros templos
coetáneos, sin renunciar a la robustez dórica, alcanzan el perfecto equilibrio gracias a la lograda
proporción entre el diámetro de base y altura. La sucesión de basas, fustes, capiteles, elementos del
entablamento y techumbre cobraba un ritmo armónico, basado en un sistema de múltiples relaciones proporcionales y con innumerables correcciones ópticas, y así podía verse sin deformación
desde el exterior, de modo que las líneas horizontales son en realidad convexas y las columnas tienen
éntasis (un engrosamiento en la parte central del fuste) y se inclinan ligeramente hacia el interior,
aunque las de las esquinas de un modo algo diferente al resto.
En el interior del templo, Ictino rompió con la distribución espacial canónica haciendo
frente a las exigencias cultuales y a los imperativos derivados del volumen de la colosal estatua de
Atenea. La amplia y muy ancha cella, recorrida por tres filas de columnas dispuestas en forma de
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«pi» griega, determinó también el aspecto exterior del templo, con la adopción de las ocho columnas
frontales en lugar de las seis canónicas. Por otra parte, razones cultuales imponían la presencia de
una sala contigua, aunque incomunicada con la cella, que tampoco constituía un elemento
canónico. Esta sala estaba destinada a las actividades de las jóvenes atenienses relativas a la
preparación del peplo de Atenea para las fiestas y, al parecer, fue precisamente por estas vírgenes
(parthénoí) por las que la sala fue denominada Partenón, vocablo que más tarde se extendió a todo
el edificio. El núcleo del templo comprendía, además, pronaos y opistódomos (hexástilos). A la
arquitectura se unía una minuciosa ornamentación, incluidos los juegos de color (azul, rojo y
dorado) en determinados componentes arquitectónicos, que culminaba con la decoración escultórica
muy profusa sobre todo en los frontones y frisos.
Además, en su exterior el tempo constaba de noventa y dos metopas (separadas por tríglifos),
159 metros de friso esculpido y 50 esculturas de busto redondo en los frontones. Las metopas trataban
los temas de la toma de Troya, la Centauromaquia, la Amazonomaquia y la Gigantomaquia. El friso
representaba la procesión de las Panateneas; y los frontones la disputa de Atenea y Posidón por el
Ática, y el nacimiento de Atenea en el Olimpo.
Finalmente, en la cella del Partenón Fidias esculpio la estatua crisoelefantina de Atenea, que
medías 12 metros de altura, y en la que empleón 1.140 kg. de oro y marfil.
En el lado apuesto de la acrópolis, el septentrional, se encontraba el Erecteo, un templo
jónico, que debía adaptarse al fuerte desnivel de la zona, por lo que constaba de tres recintos sagrados
y dos pórticos, de los que destaca el de las Cariátides (columnas con forma de mujer). Junto al
Erecteo estaban el manantial de agua salada que hizo brotar Posidón y, al otro lado, el olivo sagrado
que plantó Atenea.
Otros monumentos de la acrópolis eran el templo del héroe Pandión, el santuario de Zeus
Polieo y el altar de Atenea.
En las laderas meridionales de la acrópolis se encontraban varios edificios públicos, como el
Odeón, destinado a representaciones musicales (posteriormente se construyó otro en época romana,
conocido como el de Herodes Ático), el santuario de Asclepio, y el teatro de Dionisos, que
aprovechaba un hueco semicircular cóncavo excavado en la ladera de la montaña. En un primer
momento sólo se utilizó la piedra en las partes delanteras, mientras que los asientos eran de madera,
aunque en el siglo IV fue reconstruido completamente en piedra. Posteriormente el conjunto de la
ladera fue completado con diferentes Estoas, entre las que destacan la de Eumenes y la de Cleopatra.
2.- El Ágora y otros monumentos de la ciudad.
Como la ciudad no tuvo una planificación urbanística previa, sino que fue adaptándose a las
condiciones naturales del terreno, Atenas tenía un trazado muy irregular de calles estrechas y
sinuosas. Sólo las plazas eran los espacios abiertos que se necesitaban para las relaciones sociales.
Bajando desde la acrópolis por la vía de las Panateneas se encontraba el Ágora, la gran plaza
de Atenas. El ágora era el centro de la vida política, social y económica de la ciudad y plasmaba los
principios básicos del urbanismo griego: comodidad, simplicidad y especialización de funciones.
Ésta se extendía a los pies de la colina del Colono Agoreo, entre el Areópago y el pequeño riachuelo
del Erídano. Precisamente, sobre la cima de esta colina se elevaba (aún hoy día) el templo dórico
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hexástilo de Hefesto (también conocido como Teseion).
El ágora estaba atravesada por la vía de las Panateneas y a ambos lados de ésta se distribuían
los principales edificios administrativos de la ciudad (muchos de ellos reconstruidos tras las guerras
médicas): El Buleuterio, el Tolo (sede de los pritanos), el Estrategeo, la Heliea, el Ninfeo, la ceca,
etc., así como numerosas estatuas, tribunas, altares y, sobre todo, Estoas (los edificios porticados, que
junto a servir de sede para diferentes estamentos, también actuaban como puntos de reunión). Además
en el ágora se encontraban también numerosas fuentes, canalizaciones y jardines. Finalmente también
por toda ella se disponían los tenderetes de los vendedores, y cada verano, durante las fiestas de las
Panateneas, se habilitaba un estado con gradas provisionales para las competiciones atléticas.
Toda Atenas estaba rodeada de murallas (con un perímetro de casi 2 Km.) y constaba de
numerosas puertas. La que daba salida a la vía de las Panateneas recibía el nombre de Dípilon, y junto
a ella se situaba el cementerio del Cerámico, muy conocido por la cantidad y calidad de las estatuas
que adornaban las tumbas.
Cerca del ágora también se encontraba la Pnix, una colina semicircular, y el lugar de reunión
habitual de la asamblea ateniense.
Fuera de las murallas de la ciudad se encontraba el enorme templo de Zeus Olímpico
(aunque no fue terminado hasta la época del emperador romano Adriano. Éste medía 110 metros de
largo por 44 de ancho (aproximadamente, aunque el basamento era mucho mayor), uno de los más
grandes de la antigüedad. Era de estilo corintio, díptero, con dos filas de 20 columnas cada una en los
lados largos y 3 filas de 8 columnas en ambas fachadas. Éstas tenían una alttura de 17,25 metros.
También extramuros de la ciudad, además de las necrópolis, se localizaban los más
importantes gimnasios y escuelas (con sus correspondientes edificios y jardines) como la Academia,
el Liceo, etc. Y diferentes santuarios (como el mencionado templo de Zeus) flanqueaban las orillas
del río Iliso, cercano a Atenas.
3.- El Pireo y otros lugares del Ática.
Desde las murallas de Atenas salín tres murallas (“los largos muros”) que se dirigían a los
puertos de Atenas, sobre todo al principal, El Pireo.
Éste constaba de tres radas: Cántaro, Cea y Muniquia: Pero fue fortificado en su conjunto y
construido siguiendo el trazado Hipodámico: Calles perpendiculares que se cruzan en línea recta. En
él también existían varios templos. El Pireo acogía un mundo abigarrado y cosmopoita donde se
daban cita gentes procedentes de todo el Mediterráneo, y incluso de las tierras de Oriente. Y además
de centro de comercio del Mediterráneo, era el cuartel general de la armada ateniense.
Una de las localidades más importantes del Ática era Eleusis, punto final de la vía de las
Panateneas. Aquí estaba el templo de Deméter y el Telesterio, una sala de reuniones para los
iniciados en los misterios eleusinos, pues era aquí donde se celebraban estas fiestas.
En otros lugares del Ática tambiénn existían otros santuarios, entre los que destacan el templo
de Posidón en el cabo Sunion, el de Artemisa en Braurón, y el de Némesis en Ramnunte.
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Plano del Ágora de Atenas.
Plano de la Acrópolis
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Partenón
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