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Revista BCV Revista BCV Vol. XIV, N° 1, 2000 Comité de Publicaciones Manuel Lago Rodríguez (Presidente) Mary Batista Rafael J. Crazut Carlos Hernández Delfino Armando León Angelo Lucenti Domingo Maza Zavala Luisa F. Coronil D. (Secretaria Técnica) © Banco Central de Venezuela Hecho el depósito de Ley Depósito Legal 88-00-86 ISSN: 005-4720 Concepción gráfica: Ingard Gherembeck Diseño de carátula: Luis Giraldo Diagramación: Elena Roosen Corrección: Alberto Márquez Impresión: Fundación La Casa de Bello Los artículos firmados son responsabilidad exclusiva de sus autores y no comprometen al Banco Central de Venezuela ni a su directorio. Índice Índice Artículos 9 La posibilidad de la elección social Amartya Sen 61 La renta petrolera y el crecimiento económico de Venezuela: análisis del período 1913-1995 Reinier Schliesser José Ignacio Silva 103 La evolución macroeconómica en Venezuela y Colombia en los 90: algunos retos para la armonización Leonardo Vera Documentos 151 La constitución económica de Venezuela Rafael Badell 195 Estado y libre mercado en la obra de Julio César Salas: Paz y trabajo Hoja ocasional, 1904-1908 Ramón Rivas Recensiones 225 Luis Mata Mollejas Economía alternativa José Tomás Estévez 229 Victor Bulmer-Thomas The economic history of Latin America since independence José Tomás Estévez Índice Índice La coyuntura económica 253 Domingo Fontiveros Indicadores económicos 263 Artículos Artículos La posibilidad de la elección social* Sen Amartya Sen** Se ha dicho que “Un camello es un caballo diseñado por un comité”. Esto podría parecer un ejemplo revelador de las terribles deficiencias de las decisiones que toman los comités, pero realmente es una acusación demasiado suave. Es posible que un camello no tenga la velocidad de un caballo, pero es un animal muy útil y armonioso –bien coordinado para recorrer largas distancias sin alimento ni agua. Un comité que, al diseñar un caballo, trate de reflejar los variados deseos de sus diferentes miembros podría muy fácilmente terminar con algo mucho menos congruente que un camello: quizás un centauro de la mitología griega, mitad caballo y mitad algo más –una creación mercurial que combine el salvajismo y la confusión. La dificultad que un pequeño comité experimenta es necesariamente mayor cuando se trata de decisiones de una sociedad de tamaño considerable, que reflejen las opciones “del pueblo, por el pueblo, para el pueblo”. Éste, en términos generales, es el tema de la “elección social”, e incluye dentro de su espaciosa estructura diversos problemas que tienen el rasgo común de relacionar los juicios o dictáme- * Este artículo es la disertación que Amartya Sen presentó en Estocolmo, Suecia, el 8 de diciembre de 1998, cuando recibió el Premio Nóbel en Ciencias Económicas. Se traduce y publica aquí con autorización de la Nobel Foundation. ** The Master´s Lodge, Trinity College, Cambridge, CB2 1TQ, England. Por sus útiles comentarios y sugerencias, estoy sumamente agradecido con Sudhir Anand, Kenneth Arrow, Tony Atkinson, Emma Rothschild y Kotaro Suzumura. También he sacado provecho de las conversaciones con Amiya Bagchi, Pranab Bardhan, Kaushik Basu, Angus Deaton, Rajat Deb, Jean Drèze, Bhaskar Dutta, Jean-Paul Fitoussi, James Foster, Siddiq Osmani, Prasanta Pattanaik y Tony Shorrocks. Amartya Sen / La posibilidad de la elección social 10 nes sociales y las decisiones colectivas con las opiniones y los intereses de los individuos que conforman la sociedad o el grupo. Si existe una interrogante central que pueda considerarse el tema de inspiración de la teoría de la elección social, es justamente ésta: ¿Cómo es posible llegar a dictámenes agregativos convincentes sobre la sociedad (por ejemplo, sobre el “bienestar social” o el “interés público” o la “pobreza agregada”), dada la diversidad de preferencias, inquietudes y situaciones difíciles de los diferentes individuos en el seno de la sociedad? ¿Cómo podemos encontrar alguna base racional para tomar tales decisiones agregativas como “la sociedad prefiere esto o aquello”, o “la sociedad debe escoger esto en vez de aquello”, o “esto es socialmente correcto”? ¿Es posible la elección social razonable, especialmente en vista de que, como Horacio acotó hace mucho tiempo, pueden existir “tantas preferencias como personas”? Teoría de la elección social En esta disertación, trataré de analizar algunos desafíos y problemas fundamentales que enfrenta la teoría de la elección social como disciplina1. La ocasión inmediata para esta ponencia es, por supuesto, una premiación, y estoy consciente de que se espera que analice, de una forma u otra, mi propio trabajo relacionado con este evento (por presuntuoso que ese intento pudiera haber sido en otras circunstancias). Trataré de hacerlo, pero creo que también es una ocasión admisible para abordar algunos asuntos generales sobre la elección social como disciplina –su contenido, relevancia y alcance– y pretendo aprovechar esta oportunidad. La Real Academia Sueca de las Ciencias se refirió a la “economía del bienestar” como el campo general de mi trabajo por el cual fue adjudicado el premio, y diferenció tres áreas específicas: elección social, distribución y pobreza. Aun cuando en efecto me he dedicado, de diversas maneras, a estos diferentes temas, es la teoría de la elección social, formulada por primera vez en su forma moderna por Arrow (1951)2, la que ofrece un enfoque general para la evaluación de, y la selección entre, posibilidades sociales alternas (inclusive entre otros la evaluación del bienestar social, de la desigualdad y de la pobreza). Esto es para mi razón suficiente para concentrarme principalmente en la teoría de la elección social en esta disertación con motivo de la entrega de los premios Nobel. 1 Esto obviamente no es un estudio sobre la teoría de la elección social y no se intenta en modo alguno revisar la literatura relevante. Pueden encontrarse perspectivas generales en Alan M. Feldman (1980), Prasanta K. Pattanaik y Maurice Salles (1983), Kotaro Suzumura (1983), Peter J. Hammond (1985), Jon Elster y Aanund Hylland (1986), Sen (1986a), David Starrett (1988), Dennis C. Mueller (1989) y más ampliamente en Kenneth J. Arrow et al. (1997). 2 Véase también Arrow (1950, 1951, 1963). Amartya Sen / La posibilidad de la elección social 11 La teoría de la elección social es una disciplina sumamente amplia, que abarca una diversidad de asuntos claramente diferenciados, y puede resultar útil mencionar algunos de los problemas como ilustraciones de su materia de estudio (en relación con muchos de los cuales he tenido el privilegio de trabajar). ¿Cuándo el gobierno de la mayoría produce decisiones inequívocas y consistentes? ¿Cómo podemos determinar cuán bien está funcionando una sociedad en su conjunto a la luz de los diferentes intereses de sus distintos miembros? ¿Cómo medimos la pobreza agregada en vista de las diversas situaciones difíciles y miserias de las distintas personas que integran la sociedad? ¿Cómo podemos reconciliar los derechos y las libertades de las personas, al tiempo que reconocemos sus preferencias de manera adecuada? ¿Cómo evaluamos las valoraciones sociales de los bienes públicos tales como el ambiente natural o la seguridad epidemiológica? Asimismo, algunas investigaciones, aunque no son directamente parte de la teoría de la elección social, se han visto favorecidas gracias a la compresión que se ha derivado del estudio de las decisiones colectivas (como, por ejemplo, las circunstancias causantes y la prevención de las hambrunas y del hambre, o las formas y consecuencias de la desigualdad entre los géneros, o las exigencias de libertad individual concebida como un “compromiso social”). El alcance y la aplicabilidad de la teoría de la elección social pueden ser de hecho sumamente amplios. Orígenes de la teoría de la elección social y el pesimismo constructivo ¿Cómo se originó el tema de la teoría de la elección social? Los desafíos que plantean las decisiones sociales que implican intereses y preocupaciones divergentes se han estudiado desde hace mucho tiempo. Por ejemplo, Aristóteles en la antigua Grecia y Kautilya en la antigua India, quienes vivieron en el cuarto siglo antes de Jesucristo, examinaron en sus libros titulados Politics y Economics3 respectivamente varias posibilidades constructivas respecto de la elección social. Sin embargo, la teoría de la elección social como disciplina sistemática fue reconocida cerca de la época de la Revolución Francesa. A finales del siglo dieciocho, los matemáticos franceses fueron los primeros en explorar el tema. Entre ellos se encuentran J. C. Borda (1781) y el Marqués de Condorcet (1785), quienes abordaron estos problemas en términos más bien matemáticos e iniciaron la disciplina formal de la elección social en términos de los procedimientos de votación y 3 La palabra sánscrita “Arthashastra” (título del libro de Kautilya) se traduce mejor literalmente en inglés como “Economics”, aun cuando el autor dedicó mucho espacio a investigar las exigencias del arte de gobernar en una sociedad conflictual. Las traducciones al inglés de las obras Politics de Aristóteles y Arthashastra de Kautilya pueden encontrarse respectivamente en E. Barker (1958) y L.N. Rangarajan (1987). Sobre los interesantes escritos europeos medievales relacionados con estos temas véase, por ejemplo, Ian McLean (1990). Amartya Sen / La posibilidad de la elección social 12 afines. El clima intelectual de ese período estaba marcado en gran medida por la influencia de la Ilustración europea, con su interés en la construcción razonada del orden social. En efecto, algunos de los primeros teóricos de la elección social, el más destacado Condorcet, fueron también líderes intelectuales de la Revolución Francesa. Sin embargo, la Revolución Francesa no introdujo en Francia un orden social pacífico. A pesar de sus logros trascendentales al cambiar la agenda política en todo el mundo, en Francia misma no sólo causó demasiado conflicto y derramamiento de sangre, sino que también desencadenó lo que a menudo se denomina, con bastante precisión, un “reino de terror”. De hecho, muchos de los teóricos de la coordinación social, que habían contribuido a concebir las ideas que sustentaron la Revolución, perecieron en las llamas de la discordia que la misma Revolución desencadenó (esto incluyó a Condorcet que se suicidó cuando ya era bastante probable que otros lo asesinarían). Los problemas de la elección social, que estaban siendo estudiados a nivel de la teoría y del análisis, no esperaron, en este caso, una solución intelectual pacífica. La motivación que inspiró a los primeros teóricos de la elección social fue evitar tanto la inestabilidad como la arbitrariedad en los arreglos relacionados con la elección social. Las aspiraciones de su trabajo se concentraron en la creación de un marco para la toma de decisiones racionales y democráticas dirigidas a un grupo, en la que se prestara adecuada atención a las preferencias y los intereses de todos sus miembros. Sin embargo, incluso las investigaciones teóricas comúnmente arrojaron resultados más bien pesimistas. Señalaron, entre otras cosas, que el gobierno de la mayoría puede ser completamente inconsistente, como por ejemplo: A vence a B por mayoría, B vence a C también por mayoría y C a su vez vence a A también por mayoría.4 Durante el siglo diecienueve, continuó en Europa una cantidad considerable de trabajo exploratorio (a menudo, nuevamente, con resultados pesimistas). En efecto, algunas personas muy creativas trabajaron en esta área y lidiaron con las dificultades de la elección social, entre ellas Lewis Carroll, el autor de Alicia en el País de las Maravillas (bajo su nombre real, C. L. Dodgson, 1874, 1884). Cuando Arrow (1951) revivió el tema de la elección social en el siglo veinte, también estaba preocupado por las dificultades de las decisiones colectivas y las inconsistencias a las que pueden conducir. Aun cuando Arrow colocó la disciplina de la elección social en un marco estructurado –y axiomático– (dando origen 4 Véase Condorcet (1785). Existen muchos comentarios sobre estos análisis, inclusive Arrow (1951), Duncan Black (1958), William V. Gehrlein (1983), H. Peyton Young (1988) y McLean (1990). Sobre la posible ubicuidad de la inconsistencia en la votación mayoritaria, véase Richard D. McKelvey (1979) y Norman J. Schofield (1983). Amartya Sen / La posibilidad de la elección social 13 de esta manera a la teoría de la elección social en su forma moderna), profundizó la penumbra o el desaliento preexistente al establecer un resultado sorprendente –y aparentemente pesimista– de alcance ubicuo. El “teorema de la imposibilidad” (formalmente el “General Possibility Theorem” – Teorema General de la Posibilidad) de Arrow (1950, 1951, 1963) es un resultado de una elegancia y energía asombrosas, que mostró que ningún procedimiento de elección social en una familia muy amplia podría satisfacer simultáneamente ni siquiera algunas condiciones muy suaves de racionalidad. Sólo una dictadura evitaría inconsistencias, pero eso por supuesto supondría: (1) en la política, un sacrificio extremo de las decisiones participativas, y (2) en la economía del bienestar, una gran incapacidad para ser sensibles a los intereses heterogéneos de una variada población. Dos siglos después del florecimiento de las ambiciones de la racionalidad social, en el pensamiento de la Ilustración y en los escritos de los teóricos de la Revolución Francesa, el tema parecía estar ineludiblemente predestinado al fracaso. Parecía que las evaluaciones sociales, los cálculos económicos del bienestar y la estadística evaluativa tenían que ser inevitablemente arbitrarios o irremediablemente despóticos. El “teorema de la imposibilidad” de Arrow suscitó un interés inmediato e intenso (y generó en respuesta una cantidad impresionante de literatura, incluidos muchos otros resultados de imposibilidad)5. También dio lugar al diagnóstico de una profunda vulnerabilidad en el tema que ensombreció el programa constructivo inmensamente importante de Arrow que consistía en formular una teoría sistemática de la elección social que pudiera realmente funcionar. Economía del bienestar y esquelas mortuorias Las dificultades de la elección social se aplican en sumo grado a la economía del bienestar. Para mediados de los 60, William Baumol (1965) acotó de manera 5 Al variar la estructura axiomática, pueden también obtenerse resultados de imposibilidad afines. Pueden encontrarse ejemplos en Arrow (1950, 1951, 1952, 1963), Julian H. Blau (1957, 1972, 1979), Bengt Hansson (1969a, b, 1976), Tapas Majumdar (1969, 1973), Sen (1969, 1970a, 1986b, 1993a, 1995a), Pattanaik (1971, 1973, 1978), Andreu Mas-Collel y Hugo Sonnenschein (1972), Thomas Schwartz (1972, 1986), Peter C. Fishburn (1973, 1974), Allan F. Gibbard (1973), Donald J. Brown (1974, 1975), Ken Binmore (1975, 1994), Salles (1975), Mark A. Satterthwaite (1975), Robert Wilson (1975), Rajat Deb (1976, 1977), Suzumura (1976a, b, 1983), Blau y Deb (1977), Jerry S. Kelly (1978, 1987), Douglas H. Blair y Robert A. Pollak (1979, 1982), Jean-Jacques Laffont (1979), Bhaskar Dutta (1980), Graciela Chichilnisky (1982a, b), David M. Grether y Charles R. Plott (1982), Chichilnisky y Geoffrey Heal (1983), Hervé Moulin (1983), Pattanaik y Salles (1983), David Kelsey (1984a, b), Bezalel Peleg (1984), Hammond (1985, 1997), Mark A. Aizerman y Fuad T. Aleskerov (1986), Schofield (1996) y Aleskerov (1997), entre muchas otras contribuciones. Amartya Sen / La posibilidad de la elección social 14 juiciosa que “los pronunciamientos relacionados con la importancia de la economía del bienestar” habían comenzado a tener “una similitud mal disimulada con las esquelas mortuorias” (p. 2). Ésta era ciertamente la interpretación correcta de los puntos de vista dominantes. Pero, como el mismo Baumol indicó, debemos evaluar cuán acertados eran estos puntos de vista. Debemos analizar especialmente si el pesimismo asociado con las estructuras de Arrow en la teoría de la elección social deben considerarse devastadoras para la economía del bienestar como disciplina. Da la casualidad de que la economía tradicional del bienestar, que había sido concebida por los economistas utilitaristas (tales como Francis T. Edgeworth, 1881; Alfred Marshall, 1890; Arthur C. Pigou, 1920), había tomado un camino muy diferente al de la teoría de la elección social orientada hacia la votación. Se inspiró no en Borda (1781) ni en Condorcet (1785), sino en su contemporáneo Jeremy Bentham (1789). Bentham fue el precursor del uso del cálculo utilitarista para obtener decisiones sobre el interés social, al agregar los intereses personales de los distintos individuos en la forma de sus utilidades respectivas. La inquietud de Bentham –y la del utilitarismo en general– tenía que ver con la utilidad total de una comunidad, independientemente de la distribución de ese total, y en esto existe una limitación informativa de considerable importancia ética y política. Por ejemplo, una persona que es lo suficientemente desafortunada como para tener una capacidad uniformemente inferior de generar disfrute y utilidad del ingreso (digamos, debido a un impedimento físico o mental) también recibiría, en el mundo ideal utilitarista, una porción menor de un total dado. Esto es consecuencia de la búsqueda encaminada únicamente a maximizar la suma total de utilidades (sobre las consecuencias peculiares de esta prioridad unifocal, véase Sen, 1970a, 1973a; John Rawls, 1971; Claude d´Aspremont y Louis Gevers, 1977). No obstante, el interés utilitarista de comparar las ganancias y las pérdidas de diferentes personas no es en sí una inquietud insignificante. Y esta inquietud hace que la economía utilitarista del bienestar se interese profundamente en el uso de una clase de información –en forma de comparación de las ganancias y pérdidas de utilidad de las diferentes personas– con la que no trabajaron directamente ni Condorcet ni Borda. El utilitarismo ha tenido gran influencia en el desarrollo de la economía del bienestar, que durante mucho tiempo estuvo dominada por una fidelidad casi incuestionable al cálculo utilitarista. Pero en la década de los 30, la economía utilitarista del bienestar comenzó a ser duramente criticada. Habría sido bastante natural cuestionar (como lo hiciera magistralmente Rawls [1971] al formular su teoría de la justicia) la manera como el utilitarismo obviaba los asuntos distributivos y se concentraba únicamente en las sumas totales de las utilidades, sin tomar en cuen- Amartya Sen / La posibilidad de la elección social 15 ta la distribución. Sin embargo, ésta no fue la dirección que tomaron las críticas antiutilitaristas en los 30 y las décadas siguientes. Los economistas se dejaron más bien persuadir por los argumentos presentados por Lionel Robbins y otros (influidos profundamente por la filosofía “positivista lógica”) en el sentido de que las comparaciones interpersonales de la utilidad no tenían bases científicas: “Cada mente es inescrutable para cualquier otra mente y no es posible que exista un denominador común respecto a los sentimientos” (Robbins, 1938 p. 636). Por ende, las bases epistémicas de la economía utilitarista del bienestar se consideraron incurablemente defectuosas. Siguieron intentos de hacer economía del bienestar sobre la base de los ordenamientos respectivos de la situación social de las diferentes personas, sin ninguna comparación interpersonal de las ganancias y pérdidas de utilidad (y, por supuesto, sin ninguna comparación de las utilidades totales de las diferentes personas, que los utilitaristas también pasan por alto). A pesar de que el utilitarismo y la economía utilitarista del bienestar son bastante indiferentes a la distribución de las utilidades entre diferentes personas (y más bien se concentran únicamente en la suma total de las utilidades), el nuevo régimen sin ningún tipo de comparación interpersonal redujo aún más la base informativa de la cual podría servirse la elección social. La base informativa ya limitada del cálculo de Bentham se redujo aún más respecto del de Borda y Condorcet, puesto que el uso de ordenamientos de utilidad de las diferentes personas sin ninguna comparación interpersonal es analíticamente bastante similar al uso de la información de votación a la hora de hacer una elección social. Frente a esta restricción informativa, la economía utilitarista del bienestar dio paso, desde los 40 en adelante, a la llamada “nueva economía del bienestar”, que usaba solamente un criterio básico de mejoramiento social, a saber, la “comparación de Pareto”. Este criterio sostiene únicamente que una situación alterna sería definitivamente mejor si el cambio aumenta la utilidad de todos6. Una buena parte de la economía del bienestar posterior limita su atención solamente a la “eficiencia de Pareto” (es decir, sólo a asegurarse de que no sea posible ninguna otra mejora de Pareto). Este criterio no presta atención alguna a los asuntos distributivos, que no pueden abordarse sin considerar los conflictos de intereses y de preferencias. Se necesita obviamente algún otro criterio para tomar decisiones relativas al bienestar social con un mayor alcance, y esto lo estudiaron con gran agudeza Abram Bergson (1938) y Paul A. Samuelson (1947). Esta exigencia condujo directamente a la formulación pionera de Arrow (1950, 1951) de la teoría de la elección social, 6 O, por lo menos, si mejora la utilidad de por lo menos una persona sin dañar el interés de nadie. Amartya Sen / La posibilidad de la elección social 16 en la cual se relaciona la preferencia (o las decisiones) social(es) con el conjunto de preferencias individuales, y esta relación se denomina “función de bienestar social”. Arrow (1951, 1963) consideró un grupo de condiciones que parecían bastante moderadas: (1) eficiencia de Pareto, (2) no dictadura, (3) independencia (con el requisito de que la elección social en relación con cualquier grupo de alternativas debe depender de las preferencias únicamente en relación con esas alternativas), y (4) dominio ilimitado (con el requisito de que la preferencia social debe ser un ordenamiento completo, con transitividad total, y que esto debe funcionar para cada grupo concebible de preferencias individuales). El teorema de la imposibilidad de Arrow demostró que es imposible satisfacer estas condiciones simultáneamente7. A fin de evitar este resultado de imposibilidad, se intentaron en la literatura subsiguiente diferentes maneras de modificar los requisitos de Arrow, pero continuaron apareciendo otras dificultades8. La fuerza y la presencia generalizada de los resultados de imposibilidad generaron un sentimiento consolidado de pesimismo, y éste se convirtió en un tema predominante en la economía del bienestar y la teoría de la elección social en general. ¿Se justificaba esta interpretación? Complementariedad de los métodos formales y el razonamiento informal Antes de proseguir ahondando en materias substantivas, puede resultar útil comentar brevemente sobre la naturaleza del razonamiento utilizado al responder ésta y otras preguntas afines. La teoría de la elección social es un tema en el que se han utilizado ampliamente las técnicas formales y matemáticas. Los que desconfían de los modos formales de razonamiento (y especialmente de los modos matemáticos) se muestran a menudo escépticos de la utilidad de analizar de esta manera problemas del mundo real. Su desconfianza es comprensible, pero en 7 También existe el supuesto estructural de que hay por lo menos dos individuos diferentes (pero no infinitamente muchos) y por lo menos tres condiciones sociales diferentes (probablemente no son los supuestos más irrealistas que hayan hecho alguna vez los economistas). Los axiomas que se mencionan aquí son los de la versión más reciente del teorema de Arrow: Arrow (1963). Puesto que esta presentación es informal, permite algunas ambigüedades técnicas; las personas que estén interesadas en los conceptos exactos pueden consultar los enunciados formales en Arrow (1963), Sen (1970a), Fishburn (1973) o Kelly (1978). En relación con las comprobaciones, existen varias versiones, incluida por supuesto la de Arrow (1963). En Sen (1995a) se da una comprobación muy breve –y elemental. Véase también Sen (1970a, 1979b), Blau (1972), Robert Wilson (1975), Kelly (1978), Salvador Barberá (1980, 1983), Binmore (1994) y John Geanakopolous (1996), entre otras variantes. 8 Sobre reseñas críticas de la literatura, véase Kelly (1978), Feldman (1980), Pattanaik y Salles (1983), Suzumura (1983), Hammond (1985), Walter P. Heller et al. (1986), Sen (1986a, b), Mueller (1989), y Arrow et al. (1977). Amartya Sen / La posibilidad de la elección social 17 definitiva está fuera de lugar. El ejercicio de tratar de obtener un panorama integrado de las preferencias o los intereses diversos de diferentes personas sí supone numerosos problemas complejos, con respecto a los cuales uno podría tomar la dirección equivocada en ausencia de un examen profundo formal. En efecto, el teorema de la imposibilidad de Arrow (1950, 1951, 1963) –de muchas maneras, el locus classicus en este campo– difícilmente puede preverse sobre la base del sentido común o el razonamiento informal. Esto también es válido en el caso de las extensiones de este resultado, por ejemplo en el caso de la demostración de que se mantiene una imposibilidad exactamente similar a la de Arrow incluso sin ningún requisito impuesto de consistencia interna de la elección social (véase Sen, 1993a Teorema 3). Cuando analicemos algunos aspectos sustantivos de la teoría de la elección social, tendré la oportunidad de considerar varios resultados que tampoco pueden preverse fácilmente sin el razonamiento formal. El discernimiento informal, sin dejar de ser importante, no puede reemplazar las investigaciones formales que son necesarias para examinar la congruencia y la eficacia de las combinaciones de valores y de exigencias aparentemente plausibles. Con esto no pretendo negar que la tarea de la comunicación pública generalizada es crucial para el uso de la teoría de la elección social. Es fundamentalmente importante para la teoría de la elección social que se relacione el análisis formal con el examen informal y transparente. Debo confesar que, en mi caso personal, esta combinación ha sido de hecho una especie de obsesión, y algunas de las ideas formales con las que me he involucrado más (tales como un marco adecuado para la ampliación informativa, el uso de la comparabilidad parcial y de los ordenamientos parciales, y el debilitamiento de las condiciones de consistencia que se exigen de las relaciones binarias y de las funciones de elección) exigen simultáneamente la investigación formal y la explicación informal y el estudio minucioso accesible9. Nuestras preocupaciones profundamente sentidas del mundo real deben integrarse de manera sustantiva con el uso analítico del razonamiento formal y matemático. Proximidad de la posibilidad y la imposibilidad La relación general entre los resultados de posibilidad y de imposibilidad también merece algo de atención, a fin de comprender la naturaleza y la función de los teoremas de imposibilidad. Cuando pueden satisfacerse simultáneamente un grupo de axiomas relativos a la elección social, pueden existir varios procedimientos 9 En efecto, en mi monografía principal sobre la teoría de la elección social – Collective Choice and Social Welfare (Sen, 1970a), los capítulos con análisis formal (los capítulos marcados con asterisco) alternan con los capítulos que se limitan al análisis informal (los capítulos que no están identificados con asterisco). Amartya Sen / La posibilidad de la elección social 18 posibles que funcionen, entre los cuales debemos seleccionar. Para escoger entre las diferentes posibilidades mediante el uso de axiomas discriminatorios, debemos introducir más axiomas, hasta que quede sólo un procedimiento posible. Esto es en cierta forma un ejercicio de audacia. Debemos ir reduciendo las opciones posibles, moviéndonos –implícitamente– hacia una imposibilidad, pero luego detenernos justo antes de que se hayan eliminado todas las posibilidades, es decir, cuando quede una y sólo una opción. Por consiguiente, debe quedar claro que una determinación completamente axiomática de un método específico de elección social debe encontrarse ineludiblemente al lado de una imposibilidad –en efecto a muy corta distancia. Si se encuentra lejos de una imposibilidad (con varias posibilidades positivas), entonces no puede darnos una derivación axiomática de ningún método específico de elección social. Por lo tanto, debe esperarse que las vías constructivas en la teoría de la elección social, derivadas del razonamiento axiomático, tiendan a estar cubiertas por un lado de resultados de imposibilidad (frente al lado de las múltiples posibilidades). De esta proximidad no surge ninguna conclusión en relación con la fragilidad de la teoría de la elección social (o su materia de estudio). De hecho, la literatura posterior al trabajo de Arrow ha mostrado clases de teoremas de imposibilidad y de resultados de posibilidades positivas, que se encuentran bastante cerca las unas de las otras10. El problema real no es, por ende, la ubicuidad de la imposibilidad (siempre se encontrará cerca de la derivación axiomática de cualquier norma específica de elección social), sino más bien el alcance y la racionalidad de los axiomas que se usen. Debemos proseguir con la tarea básica de obtener normas prácticas que satisfagan requisitos razonables. Decisiones de la mayoría y coherencia En el análisis expuesto hasta ahora, no he tratado de concentrar la atención en configuraciones particulares de preferencias individuales, pasando por alto otras. 10 Véase Hansson (1968, 1969a, 1969b, 1976), Sen (1969, 1970a, 1977a, 1993a), Schwartz (1970, 1972, 1986), Pattanaik (1971, 1973), Alan P. Kirman y Dieter Sondermann (1972), Mas-Colell y Sonnenschein (1972), Wilson (1972, 1975), Fishburn (1973, 1974), Plott (1973, 1976), Brown (1974, 1975), John A. Ferejohn y Grether (1974), Binmore (1975, 1994), Salles (1975), Blair et al. (1976), Georges A. Bordes (1976, 1979), Donald E. Campbell (1976), Deb (1976, 1977), Parks (1976a, b), Suzumura (1976a, b, 1983), Blau y Deb (1977), Kelly (1978), Peleg (1978, 1984), Blair y Pollak (1979, 1982), Blau (1979), Bernard Monjardet (1979, 1983), Barberá (1980, 1983), Chichilnisky (1982a, b), Chichilnisky y Heal (1983), Moulin (1983), Kelsey (1984, 1985), Vincenzo Denicolò (1985), Yasumi Matsumoto (1985), Aizerman y Aleskerov (1986), Taradas Bandyopadhyay (1986), Isaac Levi (1986), y Campbell y Kelly (1997), entre muchas otras contribuciones. Amartya Sen / La posibilidad de la elección social 19 Formalmente, esto es una exigencia de la condición de Arrow de “dominio ilimitado”, que insiste en que el procedimiento de la elección social debe funcionar para cualquier grupo concebible de preferencias individuales. No obstante, debe ser obvio que, para cualquier procedimiento de decisión, algunos perfiles de preferencias generarán inconsistencias e incoherencia de las decisiones sociales, mientras que otros perfiles no producirán estos resultados. El mismo Arrow (1951) había iniciado, junto con Black (1948, 1958), la búsqueda de restricciones adecuadas que garantizaran decisiones mayoritarias consistentes. En efecto, pueden identificarse las condiciones necesarias y suficientes para llegar a decisiones mayoritarias consistentes (véase Sen y Pattanaik, 1969)11. Aunque mucho menos restrictivas que las condiciones anteriores que habían sido identificadas, siguen siendo bastante exigentes; de hecho, se demuestra que se violarían fácilmente en muchas situaciones reales. Los resultados formales en relación con las condiciones necesarias o de suficiencia de las decisiones mayoritarias sólo pueden dar tanta esperanza –o generar tanta decepción– respecto de la elección social basada en la votación como lo permitan la magnitud de la cohesión y la confrontación sociales (en los patrones reales de preferencias individuales). Los problemas de elección para la sociedad vienen en muchas formas y tamaños, y puede haber menos alivio en estos resultados para algunos tipos de problemas de elección social que para otros. Cuando predominan los asuntos distributivos y cuando las personas buscan maximizar su propia “cuota” o participación sin preocuparse por los demás (como, por ejemplo, en un problema de “división de torta”, en el que cada quien prefiere cualquier división que aumente su propia porción, sin importar lo que ocurra a los demás), entonces el gobierno de la mayoría tenderá a ser absolutamente inconsistente. Pero cuando se trata de un asunto de afrenta nacional (por ejemplo, en respuesta a la incapacidad de un gobierno democrático de evitar una hambruna), el electorado puede ser razonablemente unívoco y completamente consistente12. 11 Véase también Ken-ichi Inada (1969, 1970), quien ha contribuido de manera significativa con esta literatura. Véase también William S. Vickrey (1960), Benjamin Ward (1965), Sen (1966, 1969), Sen y Pattanaik (1969) y Pattanaik (1971). También se ha considerado que otros tipos de restricciones producen decisiones mayoritarias consistentes; véase Michael B. Nicholson (1965), Plott (1967), Gordon Tullock (1967), Inada (1970), Pattanaik (1971), Otto A. Davis et al. (1972), Fishburn (1973), Kelly (1974a, b, 1978), Pattanaik y Sengupta (1974), Eric S. Maskin (1976a, b, 1995), Jean-Michel Grandmont (1978), Peleg (1978, 1984), Wulf Gaertner (1979), Dutta (1980), Chichilnisky y Heal (1983) y Suzumura (1983), entre otras contribuciones. Las restricciones de dominio para una clase más amplia de normas de votación han sido investigadas por Pattanaik (1970), Maskin (1976a, b, 1995), y Ehud Kalai y E. Muller (1977). La vasta literatura ha sido estudiada definitivamente por Gaertner (1998). 12 Ésta es una razón por la cual nunca ha ocurrido hambruna en un país independiente y democrático (que no esté gobernado por mandatarios alienados, ni por un dictador, ni por Amartya Sen / La posibilidad de la elección social 20 Igualmente, cuando las personas se agrupan en partidos, con diálogos y programas complejos, que supongan concesiones mutuas y algunas actitudes generales con respecto a los valores como equidad y justicia, las inconsistencias ubicuas pueden ceder terreno a decisiones más congruentes13. Con respecto a la economía del bienestar, el gobierno de la mayoría y los procedimientos de votación son especialmente propensos a la inconsistencia, teniendo en cuenta la posición central que ocupan los asuntos distributivos en los problemas de la economía del bienestar. Sin embargo, una de las interrogantes básicas que debe plantearse es si las normas de votación (a las cuales los procedimientos de elección social están efectivamente restringidos en el marco definido por Arrow) brindan un enfoque razonable para la elección social en el campo de la economía del bienestar. ¿Nos encontramos en el territorio correcto al tratar de tomar decisiones relativas al bienestar social a través de variantes de sistemas de votación? Ampliación informativa y economía del bienestar Los procedimientos basados en la votación son completamente naturales para algunos tipos de problemas de elección social, tales como elecciones, referendos o decisiones de comité14. Sin embargo, son por completo inadecuados para muun estado de un solo partido). Véase Sen (1984), Drèze y Sen (1989), Frances D’Souza (1990), Human Rights Watch (1992), y Red Cross Society (Sociedad de la Cruz Roja) y Red Crescent Society (Sociedad de la Media Luna Roja) (1994). 13 Sobre diferentes aspectos de este asunto político general, véase Arrow (1951), James M. Buchanan (1954a, b), Buchanan y Tullock (1962), Sen (1970a, 1973c, 1974, 1977d, 1984), Suzumura (1983), Hammond (1985), Pattanaik y Salles (1985), Andrew Caplin y Barry Nalebuff (1988, 1991), Young (1988) y Guinier (1991), entre otros escritos, y también el “Symposium” sobre procedimientos de votación en el Journal of Economic Perspectives (Winter 1995), con contribuciones de Jonathan Levin y Nalebuff (1995), Douglas W. Rae (1995), Nicolaus Tideman (1995), Robert J. Weber (1995), Michel Le Breton y John Weymark (1996) y Suzumura (1999), entre otros. 14 Existen, sin embargo, algunos problemas graves que surgen a raíz de una posible falta de correspondencia entre los votos y las preferencias reales, que podrían discrepar como resultado del voto estratégico orientado a manipular los resultados de la votación. Sobre esto, véase el extraordinario teorema de la imposibilidad de Gibbard (1973) y Satterthwaite (1975). Existe una amplia literatura sobre la manipulación y los desafíos de la aplicación; sobre esto, véase también Pattanaik (1973, 1978), Steven J. Brams (1975), Ted Groves y John Ledyard (1977), Barberá y Sonnenschein (1978), Dutta y Pattanaik (1978), Peleg (1978, 1984), Schmeidler y Sonnenschein (1978), Dasgupta et al. (1979), Green y Laffont (1979), Laffont (1979), Dutta (1980, 1997), Pattanaik y Sengupta (1980), Sengupta (1980a, b), Laffont y Maskin (1982), Moulin (1983, 1995), y Leo Hurwicz et al. (1985), entre otras contribuciones. Existe también una imposibilidad no estratégica al establecer una correspondencia exacta uno a uno entre: (1) preferir, (2) no preferir y (3) ser indiferente, por un lado, y (1*) votar por, (2*) votar contra y (3*) abstenerse, por otro lado, independientemente de que acudir a votar sea costoso, o ameno, o ninguno de los dos (véase Sen, 1964). Amartya Sen / La posibilidad de la elección social 21 chos otros problemas de elección social15. Cuando, por ejemplo, queremos obtener algún tipo de índice agregativo del bienestar social, no podemos confiar en tales procedimientos al menos por dos razones diferentes. En primer lugar, la votación requiere la participación activa, y si alguien decide no ejercer su derecho al voto, su preferencia no encontraría representación directa en las decisiones sociales. (En efecto, debido a una baja participación, los intereses de grupos importantes –por ejemplo, los afroamericanos en Estados Unidos– no tienen una adecuada representación en la política nacional.) Por oposición, al tomar decisiones razonables en materia de bienestar social, los intereses de los que menos participan no pueden simplemente ignorarse. En segundo lugar, incluso con la participación activa de todos en los ejercicios de votación, siempre faltará información importante que es necesaria para la evaluación económica del bienestar (sobre esto, véase Sen, 1970a, 1973a). A través de la votación, cada persona puede jerarquizar u ordenar diferentes alternativas. Pero no existe una manera directa de obtener comparaciones interpersonales del bienestar de las diferentes personas a partir de la información del voto. Debemos ir más allá de la clase de normas de votación (estudiadas por Borda y Condorcet, así como por Arrow) para poder abordar los aspectos distributivos. Arrow había descartado el uso de comparaciones interpersonales, puesto que había seguido el consenso general que había surgido en los 40 en el sentido de que (en los términos de Arrow) “la comparación interpersonal de las utilidades no tiene significado” (Arrow, 1951 p. 9). La totalidad de la combinación de axiomas empleada por Arrow tuvo el efecto de limitar los procedimientos de elección social a normas que son, en términos generales, del tipo de las normas de votación16. Su resultado de imposibilidad se refiere, por lo tanto, a esta clase de normas. 15 16 Sobre esto, véase Sen (1970a, 1977a). Debe explicarse que la restricción de los procedimientos de elección social a las normas de votación no es un supuesto que invoque Arrow (1951, 1963); forma parte del teorema de imposibilidad que él estableció. Es una consecuencia analítica del conjunto de axiomas aparentemente razonables postulados para la elección social razonada. La comparación interpersonal de las utilidades queda, por supuesto, excluida explícitamente, pero la comprobación del teorema de Arrow muestra que un grupo de otros supuestos con admisibilidad considerable, tomados en su conjunto, también implican lógicamente otras características de las normas de votación (un resultado analítico sorprendente en sí mismo). Las características derivadas incluyen, especialmente, el exigente requisito de que no se tome en cuenta efectivamente la naturaleza de las condiciones sociales: sólo los votos que se depositen respectivamente a favor –y en contra– de las mismas (una propiedad que a menudo se denomina “neutralidad” –un nombre algo halagador para lo que después de todo no es más que una restricción informativa). A pesar de que evitar las comparaciones interpersonales de las utilidades elimina la posibilidad de tomar en cuenta la desigualdad de las utilidades (y las diferencias en términos de ganancias y pérdidas de las utilidades), el componente deri- Amartya Sen / La posibilidad de la elección social 22 Para sentar las bases de una teoría de la elección social constructiva, si deseamos rechazar el consenso histórico contra el uso de las comparaciones interpersonales en la elección social, debemos abordar dos preguntas importantes –y difíciles. En primer lugar, ¿podemos incorporar y usar sistemáticamente algo tan complejo como las comparaciones interpersonales que involucren a muchas personas? ¿Será éste un territorio de análisis disciplinado, en lugar de un desorden de ideas que causen confusión (y posiblemente confusas)? En segundo lugar, ¿cómo pueden integrarse los resultados analíticos al uso práctico? ¿En qué tipo de información podemos basar razonablemente las comparaciones interpersonales? ¿La información relevante estará realmente disponible para ser usada? La primera pregunta se refiere principalmente a la construcción del sistema analítico, y la segunda tiene que ver con la epistemología así como también con la razón práctica. Este último aspecto requiere que se vuelva a examinar la base informativa de las comparaciones interpersonales, y actualmente yo sostengo que debe dársele una respuesta inevitablemente restringida o condicionada. Pero la primera pregunta puede responderse de manera más definitiva mediante el análisis constructivo. Sin ahondar en los tecnicismos de la literatura que se ha publicado, desearía informar que las comparaciones interpersonales de diversos tipos pueden axiomatizarse completamente e incorporarse de manera exacta en los procedimientos de la elección social (a través del uso de las “condiciones de invariancia” en un marco generalizado, construido formalmente como “funcionales de bienestar social”, sobre los cuales véase Sen, 1970a, 1977c)17. En efecto, las comparaciones interpersonales ni siquiera tienen que estar limitadas a dicotomías de “todos o ninguno”. Podemos estar en capacidad de hacer comparaciones interpersonales hasta cierto punto, pero no en cada comparación, no de todo tipo, no con extraordinaria exactitud (véase Sen, 1970a, c). Podemos, por ejemplo, no tener gran dificultad en aceptar que la ganancia de utilidad que el Emperador Nerón obtuvo al quemar Roma fue menor que la suma total de la pérdida de utilidades de todos los demás romanos que sufrieron con el incendio. Pero no por esto debemos estar seguros de que podemos colocar las utilidades de cada persona en una correspondencia uno a uno exacta entre sí. Por vado de la “neutralidad” evita que se preste atención indirectamente a los asuntos distributivos mediante la consideración explícita de la naturaleza de las respectivas condiciones sociales (por ejemplo, de las desigualdades en términos de ingresos en las diferentes condiciones sociales). El papel que desempeñan las limitaciones informativas inducidas en la generación de resultados de imposibilidad se analiza en Sen (1977c, 1979b). 17 Véase también Patrick Suppes (1966), Hammond (1976, 1977, 1985), Stephen Strasnick (1976), Arrow (1977), d’Aspremont y Gevers (1977), Maskin (1978, 1979), Gevers (1979), Kevin W. S. Roberts (1980a, b), Suzumura (1983, 1997), Charles Blackorby et al. (1984), d’Aspremont (1985), y d’Aspremont y Philippe Mongin (1998), entre otros escritos. Amartya Sen / La posibilidad de la elección social 23 consiguiente, puede haber posibilidad de exigir “comparabilidad parcial” –y negar ambos extremos: comparabilidad total y ninguna comparabilidad en lo absoluto. Puede darse a los diferentes alcances de la comparabilidad parcial formas matemáticamente exactas (articulando con precisión el alcance exacto de la inexactitud)18. También puede demostrarse que es posible que no exista una necesidad general de comparaciones interpersonales terriblemente refinadas para llegar a decisiones sociales definitivas. Muy a menudo, serán adecuados niveles bastante limitados de comparabilidad parcial para tomar decisiones sociales19. Por ende, el ejercicio empírico no tiene que ser tan ambicioso como a veces se teme. Antes de pasar a abordar el tema de la base informativa de las comparaciones interpersonales, permítanme hacer una importante pregunta analítica: ¿Cuánto cambio ocasiona en la posibilidad de la elección social el uso sistemático de las comparaciones interpersonales? ¿El resultado de imposibilidad de Arrow, y los resultados conexos, desaparecen con el uso de las comparaciones interpersonales en los dictámenes relativos al bienestar social? La respuesta en una palabra es, sí. La disponibilidad de información adicional garantiza suficiente discriminación para escapar de este tipo de imposibilidades. Existe un interesante contraste aquí. Puede demostrarse que admitir la cardinalidad de las utilidades sin comparaciones interpersonales no cambia en lo absoluto el teorema de la imposibilidad de Arrow, lo cual puede extenderse fácilmente a la mensurabilidad cardinal de las utilidades (véase Teorema 8*2 en Sen, 1970a). Por oposición, incluso las comparaciones interpersonales ordinales son adecuadas para romper la imposibilidad exacta. Sabíamos, por supuesto, que con algunos tipos de comparaciones interpersonales exigidas en una forma completa (inclusive la comparabilidad interpersonal cardinal), podemos utilizar el enfoque utilitarista clásico20. Pero resulta que incluso las formas más débiles de comparabilidad todavía permitirían tomar decisiones consistentes en materia de bienestar social, satisfaciendo todos los requisitos de Arrow, además de ser sensibles a las inquietudes distributivas (aun cuando las normas posibles estarán limitadas a una clase relativamente pequeña)21. 18 Véase Sen (1970a, c), Blackorby (1975), Ben J. Fine (1975a), Kaushik Basu (1980), T. Bezembinder y P. van Acker (1980) y Levi (1986). El estudio de la inexactitud también puede ampliarse a caracterizaciones “difusas”. 19 Véase también Anthony B. Atkinson (1970), Sen (1970a, c, 1973a), Dasgupta et al. (1973), y Michael Rothschild y Joseph E. Stiglitz (1973). 20 Sobre esto, véase especialmente la disertación clásica de John C. Harsanyi‘s (1955), que se opuso a la literatura pesimista que siguió al teorema de la imposibilidad de Arrow (1951). Véase también James A. Mirrlees (1982). 21 Véase Sen (1970a, 1977c), Rawls (1971), Edmund S. Phelps (1973), Hammond (1976), Strasnick (1976), Arrow (1977), d’Aspremont y Gevers (1977), Gevers (1979), Roberts (1980a,b), Suzumura (1983, 1997), Blackorby et al. (1984), y d’Aspremont (1985), entre otros escritos. Amartya Sen / La posibilidad de la elección social 24 El asunto distributivo está, de hecho, íntimamente ligado a la necesidad de ir más allá de las normas de votación como la base para las decisiones en materia de bienestar social. Como analizamos antes, el utilitarismo también es en un sentido importante indiferente a la distribución: su programa consiste en maximizar la suma total de las utilidades, sin importar cuán desigualmente pueda ser distribuido ese total (las amplias implicaciones de esta indiferencia frente a los asuntos distributivos se examina en Sen, 1973a). Pero el uso de comparaciones interpersonales también puede asumir otras formas y permitir que las decisiones públicas sean sensibles a las desigualdades en cuanto al bienestar y a las oportunidades. El enfoque amplio de los funcionales del bienestar social abre la posibilidad de usar numerosos tipos diferentes de normas de bienestar social, que difieren en cuanto al tratamiento de la equidad y la eficiencia, así como también en cuanto a sus requisitos informativos22. Además, con la eliminación de la barrera artificial que había prohibido las comparaciones interpersonales, también se han investigado muchos otros campos de medición normativa, con el enfoque axiomático del análisis del bienestar social. En mis esfuerzos personales, en campos tales como la evaluación y la medición de la desigualdad (Sen, 1973a, 1992a, 1997b), la pobreza (Sen, 1976b, 1983b, 1985a, 1992a), la renta nacional ajustada en función de la distribución (Sen, 1973b, 1976a, 1979a) y la evaluación ambiental (Sen, 1995a), he recurrido sin reservas al marco informativo ampliado de la reciente teoría de la elección social23. Base informativa de las comparaciones interpersonales Aunque en general los problemas analíticos de incorporar las comparaciones interpersonales han sido bien resueltos, todavía queda el asunto práctico importante de encontrar un enfoque adecuado para la disciplina empírica de hacer comparaciones interpersonales y luego usarlas en la práctica. La interrogante principal que debe abordarse es ésta: ¿comparación interpersonal de qué ? 22 Sobre éste y temas conexos, véase Sen (1970a, 1977c), Hammond (1976), d’Aspremont y Gevers (1977), Robert Deschamps y Gevers (1978), Maskin (1978, 1979), Gevers (1979), Roberts (1980a), Siddiqur R. Osmani (1982), Blackorby et al. (1984), d’Aspremont (1985), T. Coulhon y Mongin (1989), Nick Baigent (1994), y d’Aspremont y Mongin (1998), entre muchos otros escritos. Véase también Harsanyi (1955) y Suppes (1966) sobre los primeros análisis de los usos de las comparaciones interpersonales. Elster y John Roemer (1991) han proporcionado excelentes reseñas críticas de la vasta literatura que existe sobre este tema. 23 Mi trabajo sobre la desigualdad (comenzando con Sen, 1973a) ha recibido especialmente la influencia de los escritos precursores de Atkinson (1970, 1983, 1989). La literatura sobre este tema ha crecido muy rápidamente en los años recientes; para un examen profundo y crítico, así como referencias de la literatura contemporánea, véase James Foster y Sen (1997). Amartya Sen / La posibilidad de la elección social 25 Las estructuras formales de las funciones del bienestar social no son, en ningún sentido, específicas de las comparaciones de utilidad únicamente, y puede incorporar también otros tipos de comparaciones interpersonales. El asunto principal es la elección de algún tipo de estimación de la ventaja individual, que no necesarimente debe tomar la forma de comparaciones de estados mentales de felicidad, y podría más bien concentrarse en alguna otra manera de ver el bienestar, la libertad o las oportunidades sustantivas del individuo (vista desde la perspectiva de una disciplina de evaluación correspondiente). El rechazo de las comparaciones interpersonales de las utilidades en la economía del bienestar y en la teoría de la elección social que siguió a la crítica positivista (como la de Robbins, 1938) se basaba firmemente en su interpretación como comparaciones de estados mentales. Da la casualidad que, incluso con estas comparaciones de estados mentales, el caso del rechazo sin salvedades ni limitaciones es difícil de defender24. En efecto, como lo ha sostenido enérgicamente el filósofo Donald Davidson (1986), es difícil imaginarse cómo las personas pueden comprender la mente y los sentimientos de los demás, sin hacer alguna comparación con su propia mente y sus sentimientos. Es posible que estas comparaciones no sean extremadamente precisas, pero de nuevo las investigaciones analíticas confirman que pueden no necesitarse comparaciones interpersonales muy precisas para utilizar de manera sistemática las comparaciones interpersonales en la elección social (sobre éste y temas conexos, véase Sen, 1970a, c, 1997b; Blackorby, 1975). Por lo tanto, el panorama no es tan pesimista incluso en el antiguo territorio natal de las comparaciones de estados mentales. Pero, más importante aún, las comparaciones interpersonales del bienestar personal, o de la ventaja individual, no tienen que basarse únicamente en comparaciones de estados mentales. De hecho, puede haber buenas razones éticas para no concentrarse demasiado en las comparaciones de estados mentales –ya sea de placeres o de deseos. Las utilida- 24 Si las comparaciones interpersonales se toman como si fueran completamente un asunto de opiniones o de juicios de valor, entonces también puede plantearse la interrogante de cómo pueden combinarse las opiniones divergentes o las valoraciones de diferentes personas (esto parece ser un ejercicio de elección social en sí mismo). Roberts (1995) ha investigado ampliamente esta formulación específica, tomando la comparación interpersonal como un ejercicio de agregación de opiniones. No obstante, si se toman las comparaciones interpersonales como si tuvieran una base fáctica más sólida (por ejemplo, algunas personas que sean objetivamente más miserables que otras), entonces el uso de las comparaciones interpersonales requeriría un grupo diferente de exigencias axiomáticas –más apropiadas para la epistemología que para la ética. Sobre las perspectivas contrastantes relativas a las comparaciones interpersonales del bienestar, véase Ian Little (1957), Sen (1970a, 1985b), Tibor Scitovsky (1976), Donald Davidson (1986) y Gibbard (1986); véanse también estudios empíricos sobre miseria observada (por ejemplo, Drèze y Sen, 1989, 1990, 1995, 1997; Erik Schokkaert y Luc Van Ootegem, 1990; Robert M. Solow, 1995). Amartya Sen / La posibilidad de la elección social 26 des pueden a veces ser muy maleables en respuesta a la privación persistente. Un indigente desesperanzado con tanta pobreza, un trabajador esclavizado que vive sometido a acuerdos económicos explotadores, un ama de casa subyugada en una sociedad con una arraigada desigualdad entre los géneros, o un ciudadano tiranizado en un autoritarismo brutal puede llegar a aceptar o adaptarse a su privación. Puede obtener cualquier disfrute que pueda de los pequeños logros y ajustar sus deseos para convencerse de que está en capacidad de lograrlos (y, por ende, ayudar al cumplimiento de sus deseos ajustados). Pero su éxito en este ajuste no hará que su privación desaparezca. La métrica del placer o del deseo puede a veces ser bastante inadecuada a la hora de reflejar la magnitud de la privación sustantiva de una persona25. En efecto, puede haber argumentos para considerar los ingresos, los grupos de productos básicos, o los recursos en términos más generales, de interés directo al establecer la ventaja de una persona, y esto puede ser así por varias razones –no simplemente por los estados mentales que pueden ayudar a generar26. En efecto, el Principio de Diferencia (Difference Principle) en la teoría de Rawls (1971) de “justicia como equidad” (“justice as fairness”) se basa en establecer la ventaja individual en términos del dominio o control de una persona sobre lo que Rawls denomina “bienes primarios”, que son recursos de uso general cuya posesión es útil para cualquiera, independientemente de sus objetivos exactos. Este procedimiento puede mejorarse tomando nota no sólo de la propiedad de los recursos y bienes primarios, sino también de las diferencias interpersonales a la hora de convertirlos en la capacidad para vivir bien. En efecto, yo he tratado de argumentar a favor de establecer la ventaja individual en términos de las respectivas capacidades que la persona posee para vivir la vida que tiene razones para valorar27. Este enfoque se concentra en las libertades sustantivas que tienen las 25 Este tema y sus trascendentales implicaciones éticas y económicas se examinan en Sen (1980, 1985a, b). Véase también Basu et al. (1995). 26 La relevancia de las comparaciones del ingreso real en términos del bienestar pueden disociarse de sus estados mentales correlativos; véase Sen (1979a). Véase también la literatura relacionada sobre “equidad” (fairness), vista en términos de no envidia; por ejemplo, Duncan Foley (1967), Serge-Christophe Kolm (1969), Elisha A. Pazner y David Schmeidler (1974), Hal R. Varian (1974, 1975), Lars-Gunnar Svensson (1977, 1980), Ronald Dworkin (1981), Suzumura (1983), Young (1985), Campbell (1992), y Moulin y William Thomson (1997). Franklin M. Fisher (1956) ha analizado los juicios sociales directos sobre las distribuciones interpersonales en relación con productos básicos. 27 Véase Sen (1980, 1985a, b, 1992a), Drèze y Sen (1989, 1995), y Martha Nussbaum y Sen (1993). Véase también Roemer (1982, 1996), Basu (1987), Nussbaum (1988), Richard J. Arneson (1989), Atkinson (1989, 1995), G. A. Cohen (1989, 1990), F. Bourguignon y G. Fields (1990), Keith Griffin y John Knight (1990), David Crocker (1992), Sudhir Anand y Amartya Sen / La posibilidad de la elección social 27 personas, en lugar de considerar solamente los resultados específicos que obtienen. Para los adultos responsables, la concentración en las libertades, en lugar de sólo en los logros, tiene algún mértito, y puede ofrecer un marco general para analizar la ventaja y la privación individual en una sociedad contemporánea. El alcance de las comparaciones interpersonales solamente puede ser parcial –a menudo basado en la intersección de diferentes puntos de vista28. Pero el uso de esta comparabilidad parcial puede hacer una gran diferencia en cuanto a la base informativa de los dictámenes sociales razonados. No obstante, dada la naturaleza del tema y las dificultades prácticas de la disponibilidad y la evaluación de la información, sería muy ambicioso adoptar una posición severamente excluyente al quedarnos sólo con un enfoque informativo y rechazar todos los demás. En la literatura reciente sobre economía del bienestar aplicada, han surgido diversas maneras de hacer comparaciones interpersonales razonables del bienestar. Algunas se han basado en el estudio de los patrones de gasto, usándolos para conjeturar respecto del bienestar comparativo de diferentes personas (véase Pollak y Terence J. Wales, 1979; Dale W. Jorgenson et al., 1980; Jorgenson, 1990; Daniel T. Slesnik, 1998), mientras que otras han combinado esto con otros insumos informativos (véase Angus S. Deaton y John Muellbauer, 1980; Atkinson y Francois Bourguignon, 1982, 1987; Fisher, 1987, 1990; Pollak, 1991; Deaton, 1995)29. Otras han tratado de usar cuestionarios y han buscado regularidades en las respuestas de las personas a la preguntas sobre el bienestar (véase, por ejemplo, Arie Kapteyn y Bernard M. S. Van Praag, 1976). También se han presentado trabajos esclarecedores en los que se han observado importantes características de las condiciones de vida y se han obtenido conclusiones sobre la calidad de vida y los niveles de vida comparativos sobre esa base; en efecto, existe una tradición bien establecida de estudios escandinavos en esta área (véase, por ejemplo, Allardt et al. [1981], y Robert Erikson y Rune Aberg [1987]). La literatura sobre “necesidades básicas” y su satisfacción también ha Martin Ravallion (1993), Arrow (1995), Meghnad Desai (1995) y Pattanaik (1997), entre otros escritos. También se han realizado varios simposios importantes sobre la perspectiva de la capacidad, tales como Giornale degli Economisti e Annali di Economia (1994) y Notizie di Politeia (1996, volumen especial), incluidos escritos de Alessandro Balestrino (1994, 1996), Giovanni Andrea Cornia (1994), Elena Granaglia (1994, 1996), Enrica Chiappero Martinetti (1994, 1996), Sebastiano Bavetta (1996), Ian Carter (1996), Leonardo Casini y Iacopo Bernetti (1996) y Shahrashoub Razavi (1996); véase también Sen (1994, 1996b) donde presento mis respuestas a estos escritos. 28 Sobre esto, véase Sen (1970a, c, 1985b, 1992a, 1999a, b). 29 Véase también Slesnick (1998). Amartya Sen / La posibilidad de la elección social 28 brindado un enfoque empírico para comprender las privaciones comparativas30. Asimismo, bajo el liderazgo intelectual de Mahbub ul Haq (1995), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha usado de manera sistemática un tipo específico de ampliación informativa para hacer comparaciones basadas en características observadas de las condiciones de vida (presentado en PNUD [UNDP por sus siglas en inglés], Human Development Reports)31. Es sumamente fácil encontrar vacíos en cada una de estas metodologías y criticar la métrica relacionada de las comparaciones interpersonales. Pero, no puede haber dudas en cuanto al interés de la economía del bienestar en los usos de largo alcance de la información empírica que han surgido a partir de estos trabajos. Han ampliado considerablemente nuestra comprensión sobre las ventajas individuales y sus conceptos correlativos. Cada una de estas metodologías tiene claramente algunas limitaciones así como virtudes, y nuestra evaluación de sus méritos relativos bien puede divergir, dependiendo de nuestras prioridades respectivas. Yo he tenido la oportunidad de argumentar en otras ocasiones (y brevemente también antes en esta disertación) a favor de las comparabilidades parciales basadas en la evaluación de las capacidades32, pero más allá de este asunto específico (sobre el cual otros pueden tener un punto de vista distinto), desearía hacer hincapié aquí en el punto más general de que las posibilidades de la elección social y la economía del bienestar prácticas se han ampliado inmensamente por medio de estos trabajos empíricos innovadores. En efecto, a pesar de sus diferencias, en general siguen el patrón global de la ampliación informativa que ha señalado enérgicamente el trabajo analítico reciente sobre la teoría de la elección social. Los sistemas analíticos que explora la literatura reciente sobre economía del bienestar y elección social son más amplios que los del modelo de Arrow (y correspondientemente menos rígidos y menos 30 En Paul Streeten et al. (1981) puede encontrarse una buena introducción al enfoque de las necesidades básicas. Véase también Irma Adelman (1975), Dharam Ghai et al. (1977), James P. Grant (1978), Morris D. Morris (1979), Chichilnisky (1980), Nanak Kakwani (1981, 1984), Paul Streeten (1984), Frances Stewart (1985), Robert Goodin (1988), y Alan Hamlin y Phillip Pettit (1989), entre otros escritos. Pigou (1920) se concentró en la satisfacción de las “necesidades mínimas”. 31 Véase, por ejemplo, en Human Development Reports (1990) del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (United Nations Development Programme) y los informes subsiguientes anuales del mismo título. Véase también Sen (1973b, 1985a), Adelman (1975), Grant (1978), Morris (1979), Streeten et al. (1981), Desai (1995), y Anand y Sen (1997) sobre temas conexos. 32 Véase especialmente Sen (1992a). Amartya Sen / La posibilidad de la elección social 29 “imposibles”, sobre lo cual véase Sen, 1970a, 1977c)33. También son lo suficientemente generales desde el punto de vista analítico para permitir diferentes interpretaciones empíricas y bases informativas alternas para la elección social. Todas las diferentes metodologías empíricas que se consideran en la presente disertación pueden verse desde esta perspectiva analítica más amplia. En este sentido, los movimientos en el ámbito de la “alta teoría” han estado vinculados estrechamente con los avances en la “economía práctica”. Es la exploración sostenida de las posibilidades constructivas –en los niveles tanto analítico como práctico– lo que ha ayudado a disipar algo de la penumbra que se asociaba antes con la elección social y la economía del bienestar. Pobreza y hambruna La variedad de información de la cual puede servirse el análisis del bienestar social puede ilustrarse bien mediante el estudio de la pobreza. Por lo general, la pobreza se reconoce en términos de bajos ingresos, y de manera tradicional se ha medido simplemente contando el número de personas que se encuentran por debajo del nivel de ingresos de pobreza, que a veces se denomina la medición por “conteo de cabezas” (head-count measure). El estudio profundo de este enfoque presenta dos tipos de interrogantes. En primer lugar, ¿acaso está bien vista la pobreza como equivalente a un bajo ingreso? En segundo lugar, incluso si se equipara la pobreza con bajos ingresos, ¿la mejor manera de caracterizar la pobreza agregada de una sociedad es el índice de la medición del “conteo de cabezas”? Voy a abordar estas preguntas una a la vez. ¿Obtenemos un diagnóstico suficiente de la pobreza individual al comparar el ingreso de un individuo con un nivel de ingresos de pobreza establecido socialmente? ¿Qué puede decirse de la persona que tiene un ingreso bien por encima del nivel de ingreso de pobreza, pero que sufre una enfermedad costosa (que requiere, por ejemplo, diálisis renal)? ¿Acaso la privación no es en última instancia una falta de oportunidad de llevar una vida mínimamente aceptable, que puede verse influida por una serie de consideraciones, inclusive por supuesto el ingreso personal, pero también las características físicas y ambientales, y otras variables (tales como la disponibilidad y los costos de servicios médicos, entre otros)? La motivación de un ejercicio de este tipo guarda una estrecha relación con el reconocimiento de la pobreza como una privación grave de ciertas capacidades básicas. Este enfoque alterno conduce a 33 La literatura sobre la “aplicación” también ha evolucionado en la dirección de la aplicación práctica; para revisar análisis de algunos de los asuntos en cuestión, véase Laffont (1979), Maskin (1985), Moulin (1995), Suzumura (1995), Dutta (1997), y Maskin y Tomas Sjöström (1999). Amartya Sen / La posibilidad de la elección social 30 un diagnóstico bastante diferente de la pobreza en comparación con los que pueden obtenerse a partir de un análisis basado puramente en el nivel de ingresos34. Esto no significa que neguemos que un bajo nivel de ingresos pueda ser muy importante en muchos contextos, puesto que las oportunidades que una persona disfruta en una economía de mercado pueden verse severamente limitadas por su nivel de ingreso real. No obstante, varias contingencias pueden conducir a variaciones en la “conversión” del ingreso en la capacidad para llevar una vida mínimamente aceptable, y si eso es lo que nos interesa, puede haber buenas razones para ver más allá de la pobreza en términos del ingreso. Existen por lo menos cuatro fuentes diferentes de variación: (1) heterogeneidades personales (por ejemplo, tendencia a enfermarse), (2) diversidades ambientales (por ejemplo, vivir en un área con tendencia a las tormentas o a las inundaciones