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Revista BCV
Revista BCV
Vol. XIV, N° 1, 2000
Comité de
Publicaciones
Manuel Lago Rodríguez (Presidente)
Mary Batista
Rafael J. Crazut
Carlos Hernández Delfino
Armando León
Angelo Lucenti
Domingo Maza Zavala
Luisa F. Coronil D. (Secretaria Técnica)
© Banco Central de Venezuela
Hecho el depósito de Ley
Depósito Legal 88-00-86
ISSN: 005-4720
Concepción gráfica: Ingard Gherembeck
Diseño de carátula: Luis Giraldo
Diagramación: Elena Roosen
Corrección: Alberto Márquez
Impresión: Fundación La Casa de Bello
Los artículos firmados son responsabilidad exclusiva de sus autores
y no comprometen al Banco Central de Venezuela ni a su directorio.
Índice
Índice
Artículos
9
La posibilidad de la elección social
Amartya Sen
61
La renta petrolera y el crecimiento
económico de Venezuela: análisis del
período 1913-1995
Reinier Schliesser
José Ignacio Silva
103
La evolución macroeconómica en
Venezuela y Colombia en los 90:
algunos retos para la armonización
Leonardo Vera
Documentos
151
La constitución económica
de Venezuela
Rafael Badell
195
Estado y libre mercado en la obra
de Julio César Salas: Paz y trabajo
Hoja ocasional, 1904-1908
Ramón Rivas
Recensiones
225
Luis Mata Mollejas
Economía alternativa
José Tomás Estévez
229
Victor Bulmer-Thomas
The economic history of Latin
America since independence
José Tomás Estévez
Índice
Índice
La coyuntura económica
253
Domingo Fontiveros
Indicadores económicos
263
Artículos
Artículos
La posibilidad de la elección social*
Sen
Amartya Sen**
Se ha dicho que “Un camello es un caballo diseñado por un comité”. Esto podría
parecer un ejemplo revelador de las terribles deficiencias de las decisiones que
toman los comités, pero realmente es una acusación demasiado suave. Es posible
que un camello no tenga la velocidad de un caballo, pero es un animal muy útil
y armonioso –bien coordinado para recorrer largas distancias sin alimento ni
agua. Un comité que, al diseñar un caballo, trate de reflejar los variados deseos de
sus diferentes miembros podría muy fácilmente terminar con algo mucho menos
congruente que un camello: quizás un centauro de la mitología griega, mitad
caballo y mitad algo más –una creación mercurial que combine el salvajismo y la
confusión.
La dificultad que un pequeño comité experimenta es necesariamente mayor cuando
se trata de decisiones de una sociedad de tamaño considerable, que reflejen las
opciones “del pueblo, por el pueblo, para el pueblo”. Éste, en términos generales,
es el tema de la “elección social”, e incluye dentro de su espaciosa estructura
diversos problemas que tienen el rasgo común de relacionar los juicios o dictáme-
*
Este artículo es la disertación que Amartya Sen presentó en Estocolmo, Suecia, el 8 de
diciembre de 1998, cuando recibió el Premio Nóbel en Ciencias Económicas. Se traduce y
publica aquí con autorización de la Nobel Foundation.
**
The Master´s Lodge, Trinity College, Cambridge, CB2 1TQ, England. Por sus útiles
comentarios y sugerencias, estoy sumamente agradecido con Sudhir Anand, Kenneth
Arrow, Tony Atkinson, Emma Rothschild y Kotaro Suzumura. También he sacado
provecho de las conversaciones con Amiya Bagchi, Pranab Bardhan, Kaushik Basu, Angus
Deaton, Rajat Deb, Jean Drèze, Bhaskar Dutta, Jean-Paul Fitoussi, James Foster, Siddiq
Osmani, Prasanta Pattanaik y Tony Shorrocks.
Amartya Sen / La posibilidad de la elección social
10
nes sociales y las decisiones colectivas con las opiniones y los intereses de los
individuos que conforman la sociedad o el grupo. Si existe una interrogante
central que pueda considerarse el tema de inspiración de la teoría de la elección
social, es justamente ésta: ¿Cómo es posible llegar a dictámenes agregativos convincentes sobre la sociedad (por ejemplo, sobre el “bienestar social” o el “interés
público” o la “pobreza agregada”), dada la diversidad de preferencias, inquietudes y situaciones difíciles de los diferentes individuos en el seno de la sociedad?
¿Cómo podemos encontrar alguna base racional para tomar tales decisiones
agregativas como “la sociedad prefiere esto o aquello”, o “la sociedad debe escoger esto en vez de aquello”, o “esto es socialmente correcto”? ¿Es posible la
elección social razonable, especialmente en vista de que, como Horacio acotó
hace mucho tiempo, pueden existir “tantas preferencias como personas”?
Teoría de la elección social
En esta disertación, trataré de analizar algunos desafíos y problemas fundamentales que enfrenta la teoría de la elección social como disciplina1. La ocasión inmediata para esta ponencia es, por supuesto, una premiación, y estoy consciente de
que se espera que analice, de una forma u otra, mi propio trabajo relacionado con
este evento (por presuntuoso que ese intento pudiera haber sido en otras circunstancias). Trataré de hacerlo, pero creo que también es una ocasión admisible para
abordar algunos asuntos generales sobre la elección social como disciplina –su
contenido, relevancia y alcance– y pretendo aprovechar esta oportunidad. La Real
Academia Sueca de las Ciencias se refirió a la “economía del bienestar” como el
campo general de mi trabajo por el cual fue adjudicado el premio, y diferenció
tres áreas específicas: elección social, distribución y pobreza. Aun cuando en
efecto me he dedicado, de diversas maneras, a estos diferentes temas, es la teoría
de la elección social, formulada por primera vez en su forma moderna por Arrow
(1951)2, la que ofrece un enfoque general para la evaluación de, y la selección
entre, posibilidades sociales alternas (inclusive entre otros la evaluación del bienestar social, de la desigualdad y de la pobreza). Esto es para mi razón suficiente
para concentrarme principalmente en la teoría de la elección social en esta disertación con motivo de la entrega de los premios Nobel.
1
Esto obviamente no es un estudio sobre la teoría de la elección social y no se intenta en
modo alguno revisar la literatura relevante. Pueden encontrarse perspectivas generales en
Alan M. Feldman (1980), Prasanta K. Pattanaik y Maurice Salles (1983), Kotaro Suzumura
(1983), Peter J. Hammond (1985), Jon Elster y Aanund Hylland (1986), Sen (1986a), David
Starrett (1988), Dennis C. Mueller (1989) y más ampliamente en Kenneth J. Arrow et al. (1997).
2
Véase también Arrow (1950, 1951, 1963).
Amartya Sen / La posibilidad de la elección social
11
La teoría de la elección social es una disciplina sumamente amplia, que abarca
una diversidad de asuntos claramente diferenciados, y puede resultar útil mencionar algunos de los problemas como ilustraciones de su materia de estudio (en
relación con muchos de los cuales he tenido el privilegio de trabajar). ¿Cuándo el
gobierno de la mayoría produce decisiones inequívocas y consistentes? ¿Cómo
podemos determinar cuán bien está funcionando una sociedad en su conjunto a
la luz de los diferentes intereses de sus distintos miembros? ¿Cómo medimos la
pobreza agregada en vista de las diversas situaciones difíciles y miserias de las
distintas personas que integran la sociedad? ¿Cómo podemos reconciliar los derechos y las libertades de las personas, al tiempo que reconocemos sus preferencias
de manera adecuada? ¿Cómo evaluamos las valoraciones sociales de los bienes
públicos tales como el ambiente natural o la seguridad epidemiológica? Asimismo, algunas investigaciones, aunque no son directamente parte de la teoría de la
elección social, se han visto favorecidas gracias a la compresión que se ha derivado del estudio de las decisiones colectivas (como, por ejemplo, las circunstancias
causantes y la prevención de las hambrunas y del hambre, o las formas y consecuencias de la desigualdad entre los géneros, o las exigencias de libertad individual concebida como un “compromiso social”). El alcance y la aplicabilidad de la
teoría de la elección social pueden ser de hecho sumamente amplios.
Orígenes de la teoría de la elección social y el pesimismo constructivo
¿Cómo se originó el tema de la teoría de la elección social? Los desafíos que
plantean las decisiones sociales que implican intereses y preocupaciones divergentes se han estudiado desde hace mucho tiempo. Por ejemplo, Aristóteles en la
antigua Grecia y Kautilya en la antigua India, quienes vivieron en el cuarto siglo
antes de Jesucristo, examinaron en sus libros titulados Politics y Economics3 respectivamente varias posibilidades constructivas respecto de la elección social.
Sin embargo, la teoría de la elección social como disciplina sistemática fue reconocida cerca de la época de la Revolución Francesa. A finales del siglo dieciocho,
los matemáticos franceses fueron los primeros en explorar el tema. Entre ellos se
encuentran J. C. Borda (1781) y el Marqués de Condorcet (1785), quienes abordaron estos problemas en términos más bien matemáticos e iniciaron la disciplina
formal de la elección social en términos de los procedimientos de votación y
3
La palabra sánscrita “Arthashastra” (título del libro de Kautilya) se traduce mejor literalmente en inglés como “Economics”, aun cuando el autor dedicó mucho espacio a investigar las
exigencias del arte de gobernar en una sociedad conflictual. Las traducciones al inglés de las
obras Politics de Aristóteles y Arthashastra de Kautilya pueden encontrarse respectivamente
en E. Barker (1958) y L.N. Rangarajan (1987). Sobre los interesantes escritos europeos medievales relacionados con estos temas véase, por ejemplo, Ian McLean (1990).
Amartya Sen / La posibilidad de la elección social
12
afines. El clima intelectual de ese período estaba marcado en gran medida por la
influencia de la Ilustración europea, con su interés en la construcción razonada
del orden social. En efecto, algunos de los primeros teóricos de la elección social,
el más destacado Condorcet, fueron también líderes intelectuales de la Revolución Francesa.
Sin embargo, la Revolución Francesa no introdujo en Francia un orden social
pacífico. A pesar de sus logros trascendentales al cambiar la agenda política en
todo el mundo, en Francia misma no sólo causó demasiado conflicto y derramamiento de sangre, sino que también desencadenó lo que a menudo se denomina,
con bastante precisión, un “reino de terror”. De hecho, muchos de los teóricos de
la coordinación social, que habían contribuido a concebir las ideas que sustentaron la Revolución, perecieron en las llamas de la discordia que la misma Revolución desencadenó (esto incluyó a Condorcet que se suicidó cuando ya era bastante probable que otros lo asesinarían). Los problemas de la elección social, que
estaban siendo estudiados a nivel de la teoría y del análisis, no esperaron, en este
caso, una solución intelectual pacífica.
La motivación que inspiró a los primeros teóricos de la elección social fue evitar
tanto la inestabilidad como la arbitrariedad en los arreglos relacionados con la
elección social. Las aspiraciones de su trabajo se concentraron en la creación de
un marco para la toma de decisiones racionales y democráticas dirigidas a un
grupo, en la que se prestara adecuada atención a las preferencias y los intereses
de todos sus miembros. Sin embargo, incluso las investigaciones teóricas comúnmente arrojaron resultados más bien pesimistas. Señalaron, entre otras cosas, que
el gobierno de la mayoría puede ser completamente inconsistente, como por
ejemplo: A vence a B por mayoría, B vence a C también por mayoría y C a su vez
vence a A también por mayoría.4
Durante el siglo diecienueve, continuó en Europa una cantidad considerable de
trabajo exploratorio (a menudo, nuevamente, con resultados pesimistas). En efecto, algunas personas muy creativas trabajaron en esta área y lidiaron con las
dificultades de la elección social, entre ellas Lewis Carroll, el autor de Alicia en el
País de las Maravillas (bajo su nombre real, C. L. Dodgson, 1874, 1884).
Cuando Arrow (1951) revivió el tema de la elección social en el siglo veinte,
también estaba preocupado por las dificultades de las decisiones colectivas y las
inconsistencias a las que pueden conducir. Aun cuando Arrow colocó la disciplina de la elección social en un marco estructurado –y axiomático– (dando origen
4
Véase Condorcet (1785). Existen muchos comentarios sobre estos análisis, inclusive Arrow
(1951), Duncan Black (1958), William V. Gehrlein (1983), H. Peyton Young (1988) y McLean
(1990). Sobre la posible ubicuidad de la inconsistencia en la votación mayoritaria, véase
Richard D. McKelvey (1979) y Norman J. Schofield (1983).
Amartya Sen / La posibilidad de la elección social
13
de esta manera a la teoría de la elección social en su forma moderna), profundizó
la penumbra o el desaliento preexistente al establecer un resultado sorprendente
–y aparentemente pesimista– de alcance ubicuo.
El “teorema de la imposibilidad” (formalmente el “General Possibility Theorem” –
Teorema General de la Posibilidad) de Arrow (1950, 1951, 1963) es un resultado
de una elegancia y energía asombrosas, que mostró que ningún procedimiento
de elección social en una familia muy amplia podría satisfacer simultáneamente ni
siquiera algunas condiciones muy suaves de racionalidad. Sólo una dictadura
evitaría inconsistencias, pero eso por supuesto supondría: (1) en la política, un
sacrificio extremo de las decisiones participativas, y (2) en la economía del bienestar, una gran incapacidad para ser sensibles a los intereses heterogéneos de una
variada población. Dos siglos después del florecimiento de las ambiciones de la
racionalidad social, en el pensamiento de la Ilustración y en los escritos de los
teóricos de la Revolución Francesa, el tema parecía estar ineludiblemente predestinado al fracaso. Parecía que las evaluaciones sociales, los cálculos económicos
del bienestar y la estadística evaluativa tenían que ser inevitablemente arbitrarios
o irremediablemente despóticos.
El “teorema de la imposibilidad” de Arrow suscitó un interés inmediato e intenso
(y generó en respuesta una cantidad impresionante de literatura, incluidos muchos otros resultados de imposibilidad)5. También dio lugar al diagnóstico de una
profunda vulnerabilidad en el tema que ensombreció el programa constructivo
inmensamente importante de Arrow que consistía en formular una teoría sistemática de la elección social que pudiera realmente funcionar.
Economía del bienestar y esquelas mortuorias
Las dificultades de la elección social se aplican en sumo grado a la economía del
bienestar. Para mediados de los 60, William Baumol (1965) acotó de manera
5
Al variar la estructura axiomática, pueden también obtenerse resultados de imposibilidad
afines. Pueden encontrarse ejemplos en Arrow (1950, 1951, 1952, 1963), Julian H. Blau
(1957, 1972, 1979), Bengt Hansson (1969a, b, 1976), Tapas Majumdar (1969, 1973), Sen
(1969, 1970a, 1986b, 1993a, 1995a), Pattanaik (1971, 1973, 1978), Andreu Mas-Collel y Hugo
Sonnenschein (1972), Thomas Schwartz (1972, 1986), Peter C. Fishburn (1973, 1974), Allan
F. Gibbard (1973), Donald J. Brown (1974, 1975), Ken Binmore (1975, 1994), Salles (1975),
Mark A. Satterthwaite (1975), Robert Wilson (1975), Rajat Deb (1976, 1977), Suzumura (1976a,
b, 1983), Blau y Deb (1977), Jerry S. Kelly (1978, 1987), Douglas H. Blair y Robert A. Pollak
(1979, 1982), Jean-Jacques Laffont (1979), Bhaskar Dutta (1980), Graciela Chichilnisky (1982a,
b), David M. Grether y Charles R. Plott (1982), Chichilnisky y Geoffrey Heal (1983), Hervé
Moulin (1983), Pattanaik y Salles (1983), David Kelsey (1984a, b), Bezalel Peleg (1984),
Hammond (1985, 1997), Mark A. Aizerman y Fuad T. Aleskerov (1986), Schofield (1996) y
Aleskerov (1997), entre muchas otras contribuciones.
Amartya Sen / La posibilidad de la elección social
14
juiciosa que “los pronunciamientos relacionados con la importancia de la economía del bienestar” habían comenzado a tener “una similitud mal disimulada con
las esquelas mortuorias” (p. 2). Ésta era ciertamente la interpretación correcta de
los puntos de vista dominantes. Pero, como el mismo Baumol indicó, debemos
evaluar cuán acertados eran estos puntos de vista. Debemos analizar especialmente si el pesimismo asociado con las estructuras de Arrow en la teoría de la
elección social deben considerarse devastadoras para la economía del bienestar
como disciplina.
Da la casualidad de que la economía tradicional del bienestar, que había sido
concebida por los economistas utilitaristas (tales como Francis T. Edgeworth, 1881;
Alfred Marshall, 1890; Arthur C. Pigou, 1920), había tomado un camino muy
diferente al de la teoría de la elección social orientada hacia la votación. Se inspiró
no en Borda (1781) ni en Condorcet (1785), sino en su contemporáneo Jeremy
Bentham (1789). Bentham fue el precursor del uso del cálculo utilitarista para
obtener decisiones sobre el interés social, al agregar los intereses personales de
los distintos individuos en la forma de sus utilidades respectivas.
La inquietud de Bentham –y la del utilitarismo en general– tenía que ver con la
utilidad total de una comunidad, independientemente de la distribución de ese
total, y en esto existe una limitación informativa de considerable importancia ética
y política. Por ejemplo, una persona que es lo suficientemente desafortunada
como para tener una capacidad uniformemente inferior de generar disfrute y
utilidad del ingreso (digamos, debido a un impedimento físico o mental) también
recibiría, en el mundo ideal utilitarista, una porción menor de un total dado. Esto
es consecuencia de la búsqueda encaminada únicamente a maximizar la suma
total de utilidades (sobre las consecuencias peculiares de esta prioridad unifocal,
véase Sen, 1970a, 1973a; John Rawls, 1971; Claude d´Aspremont y Louis Gevers,
1977). No obstante, el interés utilitarista de comparar las ganancias y las pérdidas
de diferentes personas no es en sí una inquietud insignificante. Y esta inquietud
hace que la economía utilitarista del bienestar se interese profundamente en el
uso de una clase de información –en forma de comparación de las ganancias y
pérdidas de utilidad de las diferentes personas– con la que no trabajaron directamente ni Condorcet ni Borda.
El utilitarismo ha tenido gran influencia en el desarrollo de la economía del bienestar, que durante mucho tiempo estuvo dominada por una fidelidad casi incuestionable al cálculo utilitarista. Pero en la década de los 30, la economía utilitarista
del bienestar comenzó a ser duramente criticada. Habría sido bastante natural
cuestionar (como lo hiciera magistralmente Rawls [1971] al formular su teoría de la
justicia) la manera como el utilitarismo obviaba los asuntos distributivos y se
concentraba únicamente en las sumas totales de las utilidades, sin tomar en cuen-
Amartya Sen / La posibilidad de la elección social
15
ta la distribución. Sin embargo, ésta no fue la dirección que tomaron las críticas
antiutilitaristas en los 30 y las décadas siguientes. Los economistas se dejaron más
bien persuadir por los argumentos presentados por Lionel Robbins y otros (influidos profundamente por la filosofía “positivista lógica”) en el sentido de que las
comparaciones interpersonales de la utilidad no tenían bases científicas: “Cada
mente es inescrutable para cualquier otra mente y no es posible que exista un
denominador común respecto a los sentimientos” (Robbins, 1938 p. 636). Por
ende, las bases epistémicas de la economía utilitarista del bienestar se consideraron incurablemente defectuosas.
Siguieron intentos de hacer economía del bienestar sobre la base de los
ordenamientos respectivos de la situación social de las diferentes personas, sin
ninguna comparación interpersonal de las ganancias y pérdidas de utilidad (y,
por supuesto, sin ninguna comparación de las utilidades totales de las diferentes
personas, que los utilitaristas también pasan por alto). A pesar de que el utilitarismo y la economía utilitarista del bienestar son bastante indiferentes a la distribución de las utilidades entre diferentes personas (y más bien se concentran únicamente en la suma total de las utilidades), el nuevo régimen sin ningún tipo de
comparación interpersonal redujo aún más la base informativa de la cual podría
servirse la elección social. La base informativa ya limitada del cálculo de Bentham
se redujo aún más respecto del de Borda y Condorcet, puesto que el uso de
ordenamientos de utilidad de las diferentes personas sin ninguna comparación
interpersonal es analíticamente bastante similar al uso de la información de votación a la hora de hacer una elección social.
Frente a esta restricción informativa, la economía utilitarista del bienestar dio paso,
desde los 40 en adelante, a la llamada “nueva economía del bienestar”, que usaba
solamente un criterio básico de mejoramiento social, a saber, la “comparación de
Pareto”. Este criterio sostiene únicamente que una situación alterna sería definitivamente mejor si el cambio aumenta la utilidad de todos6. Una buena parte de la
economía del bienestar posterior limita su atención solamente a la “eficiencia de
Pareto” (es decir, sólo a asegurarse de que no sea posible ninguna otra mejora de
Pareto). Este criterio no presta atención alguna a los asuntos distributivos, que no
pueden abordarse sin considerar los conflictos de intereses y de preferencias.
Se necesita obviamente algún otro criterio para tomar decisiones relativas al bienestar social con un mayor alcance, y esto lo estudiaron con gran agudeza Abram
Bergson (1938) y Paul A. Samuelson (1947). Esta exigencia condujo directamente
a la formulación pionera de Arrow (1950, 1951) de la teoría de la elección social,
6
O, por lo menos, si mejora la utilidad de por lo menos una persona sin dañar el interés de
nadie.
Amartya Sen / La posibilidad de la elección social
16
en la cual se relaciona la preferencia (o las decisiones) social(es) con el conjunto
de preferencias individuales, y esta relación se denomina “función de bienestar
social”. Arrow (1951, 1963) consideró un grupo de condiciones que parecían
bastante moderadas: (1) eficiencia de Pareto, (2) no dictadura, (3) independencia
(con el requisito de que la elección social en relación con cualquier grupo de
alternativas debe depender de las preferencias únicamente en relación con esas
alternativas), y (4) dominio ilimitado (con el requisito de que la preferencia social
debe ser un ordenamiento completo, con transitividad total, y que esto debe
funcionar para cada grupo concebible de preferencias individuales).
El teorema de la imposibilidad de Arrow demostró que es imposible satisfacer
estas condiciones simultáneamente7. A fin de evitar este resultado de imposibilidad, se intentaron en la literatura subsiguiente diferentes maneras de modificar
los requisitos de Arrow, pero continuaron apareciendo otras dificultades8. La fuerza y la presencia generalizada de los resultados de imposibilidad generaron un
sentimiento consolidado de pesimismo, y éste se convirtió en un tema predominante en la economía del bienestar y la teoría de la elección social en general. ¿Se
justificaba esta interpretación?
Complementariedad de los métodos formales y el razonamiento informal
Antes de proseguir ahondando en materias substantivas, puede resultar útil comentar brevemente sobre la naturaleza del razonamiento utilizado al responder
ésta y otras preguntas afines. La teoría de la elección social es un tema en el que
se han utilizado ampliamente las técnicas formales y matemáticas. Los que desconfían de los modos formales de razonamiento (y especialmente de los modos
matemáticos) se muestran a menudo escépticos de la utilidad de analizar de esta
manera problemas del mundo real. Su desconfianza es comprensible, pero en
7
También existe el supuesto estructural de que hay por lo menos dos individuos diferentes
(pero no infinitamente muchos) y por lo menos tres condiciones sociales diferentes (probablemente no son los supuestos más irrealistas que hayan hecho alguna vez los economistas). Los axiomas que se mencionan aquí son los de la versión más reciente del teorema de
Arrow: Arrow (1963). Puesto que esta presentación es informal, permite algunas ambigüedades técnicas; las personas que estén interesadas en los conceptos exactos pueden consultar los enunciados formales en Arrow (1963), Sen (1970a), Fishburn (1973) o Kelly (1978).
En relación con las comprobaciones, existen varias versiones, incluida por supuesto la de
Arrow (1963). En Sen (1995a) se da una comprobación muy breve –y elemental. Véase
también Sen (1970a, 1979b), Blau (1972), Robert Wilson (1975), Kelly (1978), Salvador Barberá
(1980, 1983), Binmore (1994) y John Geanakopolous (1996), entre otras variantes.
8
Sobre reseñas críticas de la literatura, véase Kelly (1978), Feldman (1980), Pattanaik y Salles
(1983), Suzumura (1983), Hammond (1985), Walter P. Heller et al. (1986), Sen (1986a, b),
Mueller (1989), y Arrow et al. (1977).
Amartya Sen / La posibilidad de la elección social
17
definitiva está fuera de lugar. El ejercicio de tratar de obtener un panorama integrado de las preferencias o los intereses diversos de diferentes personas sí supone
numerosos problemas complejos, con respecto a los cuales uno podría tomar la
dirección equivocada en ausencia de un examen profundo formal. En efecto, el
teorema de la imposibilidad de Arrow (1950, 1951, 1963) –de muchas maneras, el
locus classicus en este campo– difícilmente puede preverse sobre la base del
sentido común o el razonamiento informal. Esto también es válido en el caso de
las extensiones de este resultado, por ejemplo en el caso de la demostración de
que se mantiene una imposibilidad exactamente similar a la de Arrow incluso sin
ningún requisito impuesto de consistencia interna de la elección social (véase
Sen, 1993a Teorema 3). Cuando analicemos algunos aspectos sustantivos de la
teoría de la elección social, tendré la oportunidad de considerar varios resultados
que tampoco pueden preverse fácilmente sin el razonamiento formal. El discernimiento informal, sin dejar de ser importante, no puede reemplazar las investigaciones formales que son necesarias para examinar la congruencia y la eficacia de
las combinaciones de valores y de exigencias aparentemente plausibles.
Con esto no pretendo negar que la tarea de la comunicación pública generalizada
es crucial para el uso de la teoría de la elección social. Es fundamentalmente
importante para la teoría de la elección social que se relacione el análisis formal
con el examen informal y transparente. Debo confesar que, en mi caso personal,
esta combinación ha sido de hecho una especie de obsesión, y algunas de las
ideas formales con las que me he involucrado más (tales como un marco adecuado para la ampliación informativa, el uso de la comparabilidad parcial y de los
ordenamientos parciales, y el debilitamiento de las condiciones de consistencia
que se exigen de las relaciones binarias y de las funciones de elección) exigen
simultáneamente la investigación formal y la explicación informal y el estudio
minucioso accesible9. Nuestras preocupaciones profundamente sentidas del mundo real deben integrarse de manera sustantiva con el uso analítico del razonamiento formal y matemático.
Proximidad de la posibilidad y la imposibilidad
La relación general entre los resultados de posibilidad y de imposibilidad también
merece algo de atención, a fin de comprender la naturaleza y la función de los
teoremas de imposibilidad. Cuando pueden satisfacerse simultáneamente un grupo de axiomas relativos a la elección social, pueden existir varios procedimientos
9
En efecto, en mi monografía principal sobre la teoría de la elección social – Collective
Choice and Social Welfare (Sen, 1970a), los capítulos con análisis formal (los capítulos
marcados con asterisco) alternan con los capítulos que se limitan al análisis informal (los
capítulos que no están identificados con asterisco).
Amartya Sen / La posibilidad de la elección social
18
posibles que funcionen, entre los cuales debemos seleccionar. Para escoger entre
las diferentes posibilidades mediante el uso de axiomas discriminatorios, debemos introducir más axiomas, hasta que quede sólo un procedimiento posible.
Esto es en cierta forma un ejercicio de audacia. Debemos ir reduciendo las opciones posibles, moviéndonos –implícitamente– hacia una imposibilidad, pero luego detenernos justo antes de que se hayan eliminado todas las posibilidades, es
decir, cuando quede una y sólo una opción.
Por consiguiente, debe quedar claro que una determinación completamente
axiomática de un método específico de elección social debe encontrarse
ineludiblemente al lado de una imposibilidad –en efecto a muy corta distancia. Si se
encuentra lejos de una imposibilidad (con varias posibilidades positivas), entonces
no puede darnos una derivación axiomática de ningún método específico de elección social. Por lo tanto, debe esperarse que las vías constructivas en la teoría de la
elección social, derivadas del razonamiento axiomático, tiendan a estar cubiertas
por un lado de resultados de imposibilidad (frente al lado de las múltiples posibilidades). De esta proximidad no surge ninguna conclusión en relación con la fragilidad de la teoría de la elección social (o su materia de estudio).
De hecho, la literatura posterior al trabajo de Arrow ha mostrado clases de teoremas de imposibilidad y de resultados de posibilidades positivas, que se encuentran bastante cerca las unas de las otras10. El problema real no es, por ende, la
ubicuidad de la imposibilidad (siempre se encontrará cerca de la derivación
axiomática de cualquier norma específica de elección social), sino más bien el
alcance y la racionalidad de los axiomas que se usen. Debemos proseguir con la
tarea básica de obtener normas prácticas que satisfagan requisitos razonables.
Decisiones de la mayoría y coherencia
En el análisis expuesto hasta ahora, no he tratado de concentrar la atención en
configuraciones particulares de preferencias individuales, pasando por alto otras.
10
Véase Hansson (1968, 1969a, 1969b, 1976), Sen (1969, 1970a, 1977a, 1993a), Schwartz
(1970, 1972, 1986), Pattanaik (1971, 1973), Alan P. Kirman y Dieter Sondermann (1972),
Mas-Colell y Sonnenschein (1972), Wilson (1972, 1975), Fishburn (1973, 1974), Plott (1973,
1976), Brown (1974, 1975), John A. Ferejohn y Grether (1974), Binmore (1975, 1994), Salles
(1975), Blair et al. (1976), Georges A. Bordes (1976, 1979), Donald E. Campbell (1976), Deb
(1976, 1977), Parks (1976a, b), Suzumura (1976a, b, 1983), Blau y Deb (1977), Kelly (1978),
Peleg (1978, 1984), Blair y Pollak (1979, 1982), Blau (1979), Bernard Monjardet (1979,
1983), Barberá (1980, 1983), Chichilnisky (1982a, b), Chichilnisky y Heal (1983), Moulin
(1983), Kelsey (1984, 1985), Vincenzo Denicolò (1985), Yasumi Matsumoto (1985), Aizerman
y Aleskerov (1986), Taradas Bandyopadhyay (1986), Isaac Levi (1986), y Campbell y Kelly
(1997), entre muchas otras contribuciones.
Amartya Sen / La posibilidad de la elección social
19
Formalmente, esto es una exigencia de la condición de Arrow de “dominio ilimitado”, que insiste en que el procedimiento de la elección social debe funcionar
para cualquier grupo concebible de preferencias individuales. No obstante, debe
ser obvio que, para cualquier procedimiento de decisión, algunos perfiles de
preferencias generarán inconsistencias e incoherencia de las decisiones sociales,
mientras que otros perfiles no producirán estos resultados.
El mismo Arrow (1951) había iniciado, junto con Black (1948, 1958), la búsqueda
de restricciones adecuadas que garantizaran decisiones mayoritarias consistentes.
En efecto, pueden identificarse las condiciones necesarias y suficientes para llegar
a decisiones mayoritarias consistentes (véase Sen y Pattanaik, 1969)11. Aunque
mucho menos restrictivas que las condiciones anteriores que habían sido identificadas, siguen siendo bastante exigentes; de hecho, se demuestra que se violarían
fácilmente en muchas situaciones reales.
Los resultados formales en relación con las condiciones necesarias o de suficiencia de las decisiones mayoritarias sólo pueden dar tanta esperanza –o generar
tanta decepción– respecto de la elección social basada en la votación como lo
permitan la magnitud de la cohesión y la confrontación sociales (en los patrones
reales de preferencias individuales). Los problemas de elección para la sociedad
vienen en muchas formas y tamaños, y puede haber menos alivio en estos resultados para algunos tipos de problemas de elección social que para otros. Cuando
predominan los asuntos distributivos y cuando las personas buscan maximizar su
propia “cuota” o participación sin preocuparse por los demás (como, por ejemplo, en un problema de “división de torta”, en el que cada quien prefiere cualquier división que aumente su propia porción, sin importar lo que ocurra a los
demás), entonces el gobierno de la mayoría tenderá a ser absolutamente inconsistente. Pero cuando se trata de un asunto de afrenta nacional (por ejemplo, en
respuesta a la incapacidad de un gobierno democrático de evitar una hambruna),
el electorado puede ser razonablemente unívoco y completamente consistente12.
11
Véase también Ken-ichi Inada (1969, 1970), quien ha contribuido de manera significativa
con esta literatura. Véase también William S. Vickrey (1960), Benjamin Ward (1965), Sen
(1966, 1969), Sen y Pattanaik (1969) y Pattanaik (1971). También se ha considerado que
otros tipos de restricciones producen decisiones mayoritarias consistentes; véase Michael B.
Nicholson (1965), Plott (1967), Gordon Tullock (1967), Inada (1970), Pattanaik (1971), Otto
A. Davis et al. (1972), Fishburn (1973), Kelly (1974a, b, 1978), Pattanaik y Sengupta (1974),
Eric S. Maskin (1976a, b, 1995), Jean-Michel Grandmont (1978), Peleg (1978, 1984), Wulf
Gaertner (1979), Dutta (1980), Chichilnisky y Heal (1983) y Suzumura (1983), entre otras
contribuciones. Las restricciones de dominio para una clase más amplia de normas de
votación han sido investigadas por Pattanaik (1970), Maskin (1976a, b, 1995), y Ehud Kalai
y E. Muller (1977). La vasta literatura ha sido estudiada definitivamente por Gaertner (1998).
12
Ésta es una razón por la cual nunca ha ocurrido hambruna en un país independiente y
democrático (que no esté gobernado por mandatarios alienados, ni por un dictador, ni por
Amartya Sen / La posibilidad de la elección social
20
Igualmente, cuando las personas se agrupan en partidos, con diálogos y programas complejos, que supongan concesiones mutuas y algunas actitudes generales
con respecto a los valores como equidad y justicia, las inconsistencias ubicuas
pueden ceder terreno a decisiones más congruentes13.
Con respecto a la economía del bienestar, el gobierno de la mayoría y los procedimientos de votación son especialmente propensos a la inconsistencia, teniendo
en cuenta la posición central que ocupan los asuntos distributivos en los problemas de la economía del bienestar. Sin embargo, una de las interrogantes básicas
que debe plantearse es si las normas de votación (a las cuales los procedimientos
de elección social están efectivamente restringidos en el marco definido por Arrow)
brindan un enfoque razonable para la elección social en el campo de la economía
del bienestar. ¿Nos encontramos en el territorio correcto al tratar de tomar decisiones relativas al bienestar social a través de variantes de sistemas de votación?
Ampliación informativa y economía del bienestar
Los procedimientos basados en la votación son completamente naturales para
algunos tipos de problemas de elección social, tales como elecciones, referendos
o decisiones de comité14. Sin embargo, son por completo inadecuados para muun estado de un solo partido). Véase Sen (1984), Drèze y Sen (1989), Frances D’Souza
(1990), Human Rights Watch (1992), y Red Cross Society (Sociedad de la Cruz Roja) y Red
Crescent Society (Sociedad de la Media Luna Roja) (1994).
13
Sobre diferentes aspectos de este asunto político general, véase Arrow (1951), James M. Buchanan
(1954a, b), Buchanan y Tullock (1962), Sen (1970a, 1973c, 1974, 1977d, 1984), Suzumura (1983),
Hammond (1985), Pattanaik y Salles (1985), Andrew Caplin y Barry Nalebuff (1988, 1991),
Young (1988) y Guinier (1991), entre otros escritos, y también el “Symposium” sobre procedimientos de votación en el Journal of Economic Perspectives (Winter 1995), con contribuciones
de Jonathan Levin y Nalebuff (1995), Douglas W. Rae (1995), Nicolaus Tideman (1995), Robert
J. Weber (1995), Michel Le Breton y John Weymark (1996) y Suzumura (1999), entre otros.
14
Existen, sin embargo, algunos problemas graves que surgen a raíz de una posible falta de
correspondencia entre los votos y las preferencias reales, que podrían discrepar como resultado del voto estratégico orientado a manipular los resultados de la votación. Sobre esto,
véase el extraordinario teorema de la imposibilidad de Gibbard (1973) y Satterthwaite (1975).
Existe una amplia literatura sobre la manipulación y los desafíos de la aplicación; sobre esto,
véase también Pattanaik (1973, 1978), Steven J. Brams (1975), Ted Groves y John Ledyard
(1977), Barberá y Sonnenschein (1978), Dutta y Pattanaik (1978), Peleg (1978, 1984),
Schmeidler y Sonnenschein (1978), Dasgupta et al. (1979), Green y Laffont (1979), Laffont
(1979), Dutta (1980, 1997), Pattanaik y Sengupta (1980), Sengupta (1980a, b), Laffont y
Maskin (1982), Moulin (1983, 1995), y Leo Hurwicz et al. (1985), entre otras contribuciones.
Existe también una imposibilidad no estratégica al establecer una correspondencia exacta
uno a uno entre: (1) preferir, (2) no preferir y (3) ser indiferente, por un lado, y (1*) votar
por, (2*) votar contra y (3*) abstenerse, por otro lado, independientemente de que acudir a
votar sea costoso, o ameno, o ninguno de los dos (véase Sen, 1964).
Amartya Sen / La posibilidad de la elección social
21
chos otros problemas de elección social15. Cuando, por ejemplo, queremos obtener algún tipo de índice agregativo del bienestar social, no podemos confiar en
tales procedimientos al menos por dos razones diferentes.
En primer lugar, la votación requiere la participación activa, y si alguien decide no
ejercer su derecho al voto, su preferencia no encontraría representación directa
en las decisiones sociales. (En efecto, debido a una baja participación, los intereses de grupos importantes –por ejemplo, los afroamericanos en Estados Unidos–
no tienen una adecuada representación en la política nacional.) Por oposición, al
tomar decisiones razonables en materia de bienestar social, los intereses de los
que menos participan no pueden simplemente ignorarse.
En segundo lugar, incluso con la participación activa de todos en los ejercicios de
votación, siempre faltará información importante que es necesaria para la evaluación económica del bienestar (sobre esto, véase Sen, 1970a, 1973a). A través de la
votación, cada persona puede jerarquizar u ordenar diferentes alternativas. Pero
no existe una manera directa de obtener comparaciones interpersonales del bienestar de las diferentes personas a partir de la información del voto. Debemos ir
más allá de la clase de normas de votación (estudiadas por Borda y Condorcet, así
como por Arrow) para poder abordar los aspectos distributivos.
Arrow había descartado el uso de comparaciones interpersonales, puesto que había
seguido el consenso general que había surgido en los 40 en el sentido de que (en
los términos de Arrow) “la comparación interpersonal de las utilidades no tiene
significado” (Arrow, 1951 p. 9). La totalidad de la combinación de axiomas empleada por Arrow tuvo el efecto de limitar los procedimientos de elección social a
normas que son, en términos generales, del tipo de las normas de votación16. Su
resultado de imposibilidad se refiere, por lo tanto, a esta clase de normas.
15
16
Sobre esto, véase Sen (1970a, 1977a).
Debe explicarse que la restricción de los procedimientos de elección social a las normas
de votación no es un supuesto que invoque Arrow (1951, 1963); forma parte del teorema de
imposibilidad que él estableció. Es una consecuencia analítica del conjunto de axiomas
aparentemente razonables postulados para la elección social razonada. La comparación
interpersonal de las utilidades queda, por supuesto, excluida explícitamente, pero la comprobación del teorema de Arrow muestra que un grupo de otros supuestos con admisibilidad
considerable, tomados en su conjunto, también implican lógicamente otras características
de las normas de votación (un resultado analítico sorprendente en sí mismo). Las características derivadas incluyen, especialmente, el exigente requisito de que no se tome en cuenta
efectivamente la naturaleza de las condiciones sociales: sólo los votos que se depositen
respectivamente a favor –y en contra– de las mismas (una propiedad que a menudo se
denomina “neutralidad” –un nombre algo halagador para lo que después de todo no es más
que una restricción informativa). A pesar de que evitar las comparaciones interpersonales
de las utilidades elimina la posibilidad de tomar en cuenta la desigualdad de las utilidades (y
las diferencias en términos de ganancias y pérdidas de las utilidades), el componente deri-
Amartya Sen / La posibilidad de la elección social
22
Para sentar las bases de una teoría de la elección social constructiva, si deseamos
rechazar el consenso histórico contra el uso de las comparaciones interpersonales
en la elección social, debemos abordar dos preguntas importantes –y difíciles. En
primer lugar, ¿podemos incorporar y usar sistemáticamente algo tan complejo
como las comparaciones interpersonales que involucren a muchas personas? ¿Será
éste un territorio de análisis disciplinado, en lugar de un desorden de ideas que
causen confusión (y posiblemente confusas)? En segundo lugar, ¿cómo pueden
integrarse los resultados analíticos al uso práctico? ¿En qué tipo de información
podemos basar razonablemente las comparaciones interpersonales? ¿La información relevante estará realmente disponible para ser usada?
La primera pregunta se refiere principalmente a la construcción del sistema analítico, y la segunda tiene que ver con la epistemología así como también con la
razón práctica. Este último aspecto requiere que se vuelva a examinar la base
informativa de las comparaciones interpersonales, y actualmente yo sostengo que
debe dársele una respuesta inevitablemente restringida o condicionada. Pero la
primera pregunta puede responderse de manera más definitiva mediante el análisis constructivo. Sin ahondar en los tecnicismos de la literatura que se ha publicado, desearía informar que las comparaciones interpersonales de diversos tipos
pueden axiomatizarse completamente e incorporarse de manera exacta en los
procedimientos de la elección social (a través del uso de las “condiciones de
invariancia” en un marco generalizado, construido formalmente como “funcionales de bienestar social”, sobre los cuales véase Sen, 1970a, 1977c)17. En efecto, las
comparaciones interpersonales ni siquiera tienen que estar limitadas a dicotomías
de “todos o ninguno”. Podemos estar en capacidad de hacer comparaciones
interpersonales hasta cierto punto, pero no en cada comparación, no de todo
tipo, no con extraordinaria exactitud (véase Sen, 1970a, c).
Podemos, por ejemplo, no tener gran dificultad en aceptar que la ganancia de
utilidad que el Emperador Nerón obtuvo al quemar Roma fue menor que la suma
total de la pérdida de utilidades de todos los demás romanos que sufrieron con el
incendio. Pero no por esto debemos estar seguros de que podemos colocar las
utilidades de cada persona en una correspondencia uno a uno exacta entre sí. Por
vado de la “neutralidad” evita que se preste atención indirectamente a los asuntos distributivos
mediante la consideración explícita de la naturaleza de las respectivas condiciones sociales
(por ejemplo, de las desigualdades en términos de ingresos en las diferentes condiciones
sociales). El papel que desempeñan las limitaciones informativas inducidas en la generación de resultados de imposibilidad se analiza en Sen (1977c, 1979b).
17
Véase también Patrick Suppes (1966), Hammond (1976, 1977, 1985), Stephen Strasnick
(1976), Arrow (1977), d’Aspremont y Gevers (1977), Maskin (1978, 1979), Gevers (1979),
Kevin W. S. Roberts (1980a, b), Suzumura (1983, 1997), Charles Blackorby et al. (1984),
d’Aspremont (1985), y d’Aspremont y Philippe Mongin (1998), entre otros escritos.
Amartya Sen / La posibilidad de la elección social
23
consiguiente, puede haber posibilidad de exigir “comparabilidad parcial” –y negar ambos extremos: comparabilidad total y ninguna comparabilidad en lo absoluto. Puede darse a los diferentes alcances de la comparabilidad parcial formas
matemáticamente exactas (articulando con precisión el alcance exacto de la inexactitud)18. También puede demostrarse que es posible que no exista una necesidad general de comparaciones interpersonales terriblemente refinadas para llegar a decisiones sociales definitivas. Muy a menudo, serán adecuados niveles
bastante limitados de comparabilidad parcial para tomar decisiones sociales19. Por
ende, el ejercicio empírico no tiene que ser tan ambicioso como a veces se teme.
Antes de pasar a abordar el tema de la base informativa de las comparaciones
interpersonales, permítanme hacer una importante pregunta analítica: ¿Cuánto
cambio ocasiona en la posibilidad de la elección social el uso sistemático de las
comparaciones interpersonales? ¿El resultado de imposibilidad de Arrow, y los
resultados conexos, desaparecen con el uso de las comparaciones interpersonales
en los dictámenes relativos al bienestar social? La respuesta en una palabra es, sí.
La disponibilidad de información adicional garantiza suficiente discriminación
para escapar de este tipo de imposibilidades.
Existe un interesante contraste aquí. Puede demostrarse que admitir la cardinalidad de
las utilidades sin comparaciones interpersonales no cambia en lo absoluto el teorema
de la imposibilidad de Arrow, lo cual puede extenderse fácilmente a la mensurabilidad
cardinal de las utilidades (véase Teorema 8*2 en Sen, 1970a). Por oposición, incluso
las comparaciones interpersonales ordinales son adecuadas para romper la imposibilidad exacta. Sabíamos, por supuesto, que con algunos tipos de comparaciones
interpersonales exigidas en una forma completa (inclusive la comparabilidad
interpersonal cardinal), podemos utilizar el enfoque utilitarista clásico20. Pero resulta
que incluso las formas más débiles de comparabilidad todavía permitirían tomar
decisiones consistentes en materia de bienestar social, satisfaciendo todos los requisitos de Arrow, además de ser sensibles a las inquietudes distributivas (aun cuando las
normas posibles estarán limitadas a una clase relativamente pequeña)21.
18
Véase Sen (1970a, c), Blackorby (1975), Ben J. Fine (1975a), Kaushik Basu (1980), T.
Bezembinder y P. van Acker (1980) y Levi (1986). El estudio de la inexactitud también
puede ampliarse a caracterizaciones “difusas”.
19
Véase también Anthony B. Atkinson (1970), Sen (1970a, c, 1973a), Dasgupta et al. (1973),
y Michael Rothschild y Joseph E. Stiglitz (1973).
20
Sobre esto, véase especialmente la disertación clásica de John C. Harsanyi‘s (1955), que se
opuso a la literatura pesimista que siguió al teorema de la imposibilidad de Arrow (1951).
Véase también James A. Mirrlees (1982).
21
Véase Sen (1970a, 1977c), Rawls (1971), Edmund S. Phelps (1973), Hammond (1976),
Strasnick (1976), Arrow (1977), d’Aspremont y Gevers (1977), Gevers (1979), Roberts (1980a,b),
Suzumura (1983, 1997), Blackorby et al. (1984), y d’Aspremont (1985), entre otros escritos.
Amartya Sen / La posibilidad de la elección social
24
El asunto distributivo está, de hecho, íntimamente ligado a la necesidad de ir más
allá de las normas de votación como la base para las decisiones en materia de
bienestar social. Como analizamos antes, el utilitarismo también es en un sentido
importante indiferente a la distribución: su programa consiste en maximizar la suma
total de las utilidades, sin importar cuán desigualmente pueda ser distribuido ese
total (las amplias implicaciones de esta indiferencia frente a los asuntos distributivos
se examina en Sen, 1973a). Pero el uso de comparaciones interpersonales también
puede asumir otras formas y permitir que las decisiones públicas sean sensibles a
las desigualdades en cuanto al bienestar y a las oportunidades.
El enfoque amplio de los funcionales del bienestar social abre la posibilidad de
usar numerosos tipos diferentes de normas de bienestar social, que difieren en
cuanto al tratamiento de la equidad y la eficiencia, así como también en cuanto a
sus requisitos informativos22. Además, con la eliminación de la barrera artificial
que había prohibido las comparaciones interpersonales, también se han investigado muchos otros campos de medición normativa, con el enfoque axiomático
del análisis del bienestar social. En mis esfuerzos personales, en campos tales
como la evaluación y la medición de la desigualdad (Sen, 1973a, 1992a, 1997b), la
pobreza (Sen, 1976b, 1983b, 1985a, 1992a), la renta nacional ajustada en función de la distribución (Sen, 1973b, 1976a, 1979a) y la evaluación ambiental
(Sen, 1995a), he recurrido sin reservas al marco informativo ampliado de la reciente teoría de la elección social23.
Base informativa de las comparaciones interpersonales
Aunque en general los problemas analíticos de incorporar las comparaciones
interpersonales han sido bien resueltos, todavía queda el asunto práctico importante de encontrar un enfoque adecuado para la disciplina empírica de hacer
comparaciones interpersonales y luego usarlas en la práctica. La interrogante principal que debe abordarse es ésta: ¿comparación interpersonal de qué ?
22
Sobre éste y temas conexos, véase Sen (1970a, 1977c), Hammond (1976), d’Aspremont y
Gevers (1977), Robert Deschamps y Gevers (1978), Maskin (1978, 1979), Gevers (1979),
Roberts (1980a), Siddiqur R. Osmani (1982), Blackorby et al. (1984), d’Aspremont (1985), T.
Coulhon y Mongin (1989), Nick Baigent (1994), y d’Aspremont y Mongin (1998), entre
muchos otros escritos. Véase también Harsanyi (1955) y Suppes (1966) sobre los primeros
análisis de los usos de las comparaciones interpersonales. Elster y John Roemer (1991) han
proporcionado excelentes reseñas críticas de la vasta literatura que existe sobre este tema.
23
Mi trabajo sobre la desigualdad (comenzando con Sen, 1973a) ha recibido especialmente
la influencia de los escritos precursores de Atkinson (1970, 1983, 1989). La literatura sobre
este tema ha crecido muy rápidamente en los años recientes; para un examen profundo y
crítico, así como referencias de la literatura contemporánea, véase James Foster y Sen (1997).
Amartya Sen / La posibilidad de la elección social
25
Las estructuras formales de las funciones del bienestar social no son, en ningún
sentido, específicas de las comparaciones de utilidad únicamente, y puede incorporar también otros tipos de comparaciones interpersonales. El asunto principal
es la elección de algún tipo de estimación de la ventaja individual, que no
necesarimente debe tomar la forma de comparaciones de estados mentales de
felicidad, y podría más bien concentrarse en alguna otra manera de ver el bienestar, la libertad o las oportunidades sustantivas del individuo (vista desde la perspectiva de una disciplina de evaluación correspondiente).
El rechazo de las comparaciones interpersonales de las utilidades en la economía
del bienestar y en la teoría de la elección social que siguió a la crítica positivista
(como la de Robbins, 1938) se basaba firmemente en su interpretación como comparaciones de estados mentales. Da la casualidad que, incluso con estas comparaciones de estados mentales, el caso del rechazo sin salvedades ni limitaciones es
difícil de defender24. En efecto, como lo ha sostenido enérgicamente el filósofo
Donald Davidson (1986), es difícil imaginarse cómo las personas pueden comprender la mente y los sentimientos de los demás, sin hacer alguna comparación con su
propia mente y sus sentimientos. Es posible que estas comparaciones no sean
extremadamente precisas, pero de nuevo las investigaciones analíticas confirman
que pueden no necesitarse comparaciones interpersonales muy precisas para utilizar de manera sistemática las comparaciones interpersonales en la elección social
(sobre éste y temas conexos, véase Sen, 1970a, c, 1997b; Blackorby, 1975).
Por lo tanto, el panorama no es tan pesimista incluso en el antiguo territorio natal
de las comparaciones de estados mentales. Pero, más importante aún, las comparaciones interpersonales del bienestar personal, o de la ventaja individual, no
tienen que basarse únicamente en comparaciones de estados mentales. De hecho, puede haber buenas razones éticas para no concentrarse demasiado en las
comparaciones de estados mentales –ya sea de placeres o de deseos. Las utilida-
24
Si las comparaciones interpersonales se toman como si fueran completamente un asunto
de opiniones o de juicios de valor, entonces también puede plantearse la interrogante de
cómo pueden combinarse las opiniones divergentes o las valoraciones de diferentes personas (esto parece ser un ejercicio de elección social en sí mismo). Roberts (1995) ha investigado ampliamente esta formulación específica, tomando la comparación interpersonal como
un ejercicio de agregación de opiniones. No obstante, si se toman las comparaciones
interpersonales como si tuvieran una base fáctica más sólida (por ejemplo, algunas personas
que sean objetivamente más miserables que otras), entonces el uso de las comparaciones
interpersonales requeriría un grupo diferente de exigencias axiomáticas –más apropiadas
para la epistemología que para la ética. Sobre las perspectivas contrastantes relativas a las
comparaciones interpersonales del bienestar, véase Ian Little (1957), Sen (1970a, 1985b),
Tibor Scitovsky (1976), Donald Davidson (1986) y Gibbard (1986); véanse también estudios
empíricos sobre miseria observada (por ejemplo, Drèze y Sen, 1989, 1990, 1995, 1997; Erik
Schokkaert y Luc Van Ootegem, 1990; Robert M. Solow, 1995).
Amartya Sen / La posibilidad de la elección social
26
des pueden a veces ser muy maleables en respuesta a la privación persistente. Un
indigente desesperanzado con tanta pobreza, un trabajador esclavizado que vive
sometido a acuerdos económicos explotadores, un ama de casa subyugada en
una sociedad con una arraigada desigualdad entre los géneros, o un ciudadano
tiranizado en un autoritarismo brutal puede llegar a aceptar o adaptarse a su
privación. Puede obtener cualquier disfrute que pueda de los pequeños logros y
ajustar sus deseos para convencerse de que está en capacidad de lograrlos (y, por
ende, ayudar al cumplimiento de sus deseos ajustados). Pero su éxito en este
ajuste no hará que su privación desaparezca. La métrica del placer o del deseo
puede a veces ser bastante inadecuada a la hora de reflejar la magnitud de la
privación sustantiva de una persona25.
En efecto, puede haber argumentos para considerar los ingresos, los grupos de
productos básicos, o los recursos en términos más generales, de interés directo al
establecer la ventaja de una persona, y esto puede ser así por varias razones –no
simplemente por los estados mentales que pueden ayudar a generar26. En efecto,
el Principio de Diferencia (Difference Principle) en la teoría de Rawls (1971) de
“justicia como equidad” (“justice as fairness”) se basa en establecer la ventaja
individual en términos del dominio o control de una persona sobre lo que Rawls
denomina “bienes primarios”, que son recursos de uso general cuya posesión es
útil para cualquiera, independientemente de sus objetivos exactos.
Este procedimiento puede mejorarse tomando nota no sólo de la propiedad de
los recursos y bienes primarios, sino también de las diferencias interpersonales a
la hora de convertirlos en la capacidad para vivir bien. En efecto, yo he tratado de
argumentar a favor de establecer la ventaja individual en términos de las respectivas capacidades que la persona posee para vivir la vida que tiene razones para
valorar27. Este enfoque se concentra en las libertades sustantivas que tienen las
25
Este tema y sus trascendentales implicaciones éticas y económicas se examinan en Sen
(1980, 1985a, b). Véase también Basu et al. (1995).
26
La relevancia de las comparaciones del ingreso real en términos del bienestar pueden
disociarse de sus estados mentales correlativos; véase Sen (1979a). Véase también la literatura relacionada sobre “equidad” (fairness), vista en términos de no envidia; por ejemplo,
Duncan Foley (1967), Serge-Christophe Kolm (1969), Elisha A. Pazner y David Schmeidler
(1974), Hal R. Varian (1974, 1975), Lars-Gunnar Svensson (1977, 1980), Ronald Dworkin
(1981), Suzumura (1983), Young (1985), Campbell (1992), y Moulin y William Thomson
(1997). Franklin M. Fisher (1956) ha analizado los juicios sociales directos sobre las distribuciones interpersonales en relación con productos básicos.
27
Véase Sen (1980, 1985a, b, 1992a), Drèze y Sen (1989, 1995), y Martha Nussbaum y Sen
(1993). Véase también Roemer (1982, 1996), Basu (1987), Nussbaum (1988), Richard J.
Arneson (1989), Atkinson (1989, 1995), G. A. Cohen (1989, 1990), F. Bourguignon y G.
Fields (1990), Keith Griffin y John Knight (1990), David Crocker (1992), Sudhir Anand y
Amartya Sen / La posibilidad de la elección social
27
personas, en lugar de considerar solamente los resultados específicos que obtienen. Para los adultos responsables, la concentración en las libertades, en lugar de
sólo en los logros, tiene algún mértito, y puede ofrecer un marco general para
analizar la ventaja y la privación individual en una sociedad contemporánea. El
alcance de las comparaciones interpersonales solamente puede ser parcial –a
menudo basado en la intersección de diferentes puntos de vista28. Pero el uso de
esta comparabilidad parcial puede hacer una gran diferencia en cuanto a la base
informativa de los dictámenes sociales razonados.
No obstante, dada la naturaleza del tema y las dificultades prácticas de la disponibilidad y la evaluación de la información, sería muy ambicioso adoptar una posición severamente excluyente al quedarnos sólo con un enfoque informativo y
rechazar todos los demás. En la literatura reciente sobre economía del bienestar
aplicada, han surgido diversas maneras de hacer comparaciones interpersonales
razonables del bienestar. Algunas se han basado en el estudio de los patrones de
gasto, usándolos para conjeturar respecto del bienestar comparativo de diferentes
personas (véase Pollak y Terence J. Wales, 1979; Dale W. Jorgenson et al., 1980;
Jorgenson, 1990; Daniel T. Slesnik, 1998), mientras que otras han combinado esto
con otros insumos informativos (véase Angus S. Deaton y John Muellbauer, 1980;
Atkinson y Francois Bourguignon, 1982, 1987; Fisher, 1987, 1990; Pollak, 1991;
Deaton, 1995)29. Otras han tratado de usar cuestionarios y han buscado regularidades en las respuestas de las personas a la preguntas sobre el bienestar (véase,
por ejemplo, Arie Kapteyn y Bernard M. S. Van Praag, 1976).
También se han presentado trabajos esclarecedores en los que se han observado
importantes características de las condiciones de vida y se han obtenido conclusiones sobre la calidad de vida y los niveles de vida comparativos sobre esa base;
en efecto, existe una tradición bien establecida de estudios escandinavos en esta
área (véase, por ejemplo, Allardt et al. [1981], y Robert Erikson y Rune Aberg
[1987]). La literatura sobre “necesidades básicas” y su satisfacción también ha
Martin Ravallion (1993), Arrow (1995), Meghnad Desai (1995) y Pattanaik (1997), entre otros
escritos. También se han realizado varios simposios importantes sobre la perspectiva de la
capacidad, tales como Giornale degli Economisti e Annali di Economia (1994) y Notizie di
Politeia (1996, volumen especial), incluidos escritos de Alessandro Balestrino (1994, 1996),
Giovanni Andrea Cornia (1994), Elena Granaglia (1994, 1996), Enrica Chiappero Martinetti
(1994, 1996), Sebastiano Bavetta (1996), Ian Carter (1996), Leonardo Casini y Iacopo Bernetti
(1996) y Shahrashoub Razavi (1996); véase también Sen (1994, 1996b) donde presento mis
respuestas a estos escritos.
28
Sobre esto, véase Sen (1970a, c, 1985b, 1992a, 1999a, b).
29
Véase también Slesnick (1998).
Amartya Sen / La posibilidad de la elección social
28
brindado un enfoque empírico para comprender las privaciones comparativas30.
Asimismo, bajo el liderazgo intelectual de Mahbub ul Haq (1995), el Programa de
las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha usado de manera sistemática
un tipo específico de ampliación informativa para hacer comparaciones basadas
en características observadas de las condiciones de vida (presentado en PNUD
[UNDP por sus siglas en inglés], Human Development Reports)31.
Es sumamente fácil encontrar vacíos en cada una de estas metodologías y criticar
la métrica relacionada de las comparaciones interpersonales. Pero, no puede haber dudas en cuanto al interés de la economía del bienestar en los usos de largo
alcance de la información empírica que han surgido a partir de estos trabajos. Han
ampliado considerablemente nuestra comprensión sobre las ventajas individuales
y sus conceptos correlativos. Cada una de estas metodologías tiene claramente
algunas limitaciones así como virtudes, y nuestra evaluación de sus méritos relativos bien puede divergir, dependiendo de nuestras prioridades respectivas. Yo he
tenido la oportunidad de argumentar en otras ocasiones (y brevemente también
antes en esta disertación) a favor de las comparabilidades parciales basadas en la
evaluación de las capacidades32, pero más allá de este asunto específico (sobre el
cual otros pueden tener un punto de vista distinto), desearía hacer hincapié aquí
en el punto más general de que las posibilidades de la elección social y la economía del bienestar prácticas se han ampliado inmensamente por medio de estos
trabajos empíricos innovadores.
En efecto, a pesar de sus diferencias, en general siguen el patrón global de la
ampliación informativa que ha señalado enérgicamente el trabajo analítico reciente sobre la teoría de la elección social. Los sistemas analíticos que explora la
literatura reciente sobre economía del bienestar y elección social son más amplios
que los del modelo de Arrow (y correspondientemente menos rígidos y menos
30
En Paul Streeten et al. (1981) puede encontrarse una buena introducción al enfoque de las
necesidades básicas. Véase también Irma Adelman (1975), Dharam Ghai et al. (1977), James
P. Grant (1978), Morris D. Morris (1979), Chichilnisky (1980), Nanak Kakwani (1981, 1984),
Paul Streeten (1984), Frances Stewart (1985), Robert Goodin (1988), y Alan Hamlin y Phillip
Pettit (1989), entre otros escritos. Pigou (1920) se concentró en la satisfacción de las “necesidades mínimas”.
31
Véase, por ejemplo, en Human Development Reports (1990) del Programa de las Naciones
Unidas para el Desarrollo (United Nations Development Programme) y los informes subsiguientes anuales del mismo título. Véase también Sen (1973b, 1985a), Adelman (1975),
Grant (1978), Morris (1979), Streeten et al. (1981), Desai (1995), y Anand y Sen (1997) sobre
temas conexos.
32
Véase especialmente Sen (1992a).
Amartya Sen / La posibilidad de la elección social
29
“imposibles”, sobre lo cual véase Sen, 1970a, 1977c)33. También son lo suficientemente generales desde el punto de vista analítico para permitir diferentes interpretaciones empíricas y bases informativas alternas para la elección social. Todas
las diferentes metodologías empíricas que se consideran en la presente disertación pueden verse desde esta perspectiva analítica más amplia. En este sentido,
los movimientos en el ámbito de la “alta teoría” han estado vinculados estrechamente con los avances en la “economía práctica”. Es la exploración sostenida de
las posibilidades constructivas –en los niveles tanto analítico como práctico– lo
que ha ayudado a disipar algo de la penumbra que se asociaba antes con la
elección social y la economía del bienestar.
Pobreza y hambruna
La variedad de información de la cual puede servirse el análisis del bienestar
social puede ilustrarse bien mediante el estudio de la pobreza. Por lo general, la
pobreza se reconoce en términos de bajos ingresos, y de manera tradicional se ha
medido simplemente contando el número de personas que se encuentran por
debajo del nivel de ingresos de pobreza, que a veces se denomina la medición
por “conteo de cabezas” (head-count measure). El estudio profundo de este enfoque presenta dos tipos de interrogantes. En primer lugar, ¿acaso está bien vista la
pobreza como equivalente a un bajo ingreso? En segundo lugar, incluso si se
equipara la pobreza con bajos ingresos, ¿la mejor manera de caracterizar la pobreza agregada de una sociedad es el índice de la medición del “conteo de cabezas”?
Voy a abordar estas preguntas una a la vez. ¿Obtenemos un diagnóstico suficiente
de la pobreza individual al comparar el ingreso de un individuo con un nivel de
ingresos de pobreza establecido socialmente? ¿Qué puede decirse de la persona
que tiene un ingreso bien por encima del nivel de ingreso de pobreza, pero que
sufre una enfermedad costosa (que requiere, por ejemplo, diálisis renal)? ¿Acaso
la privación no es en última instancia una falta de oportunidad de llevar una vida
mínimamente aceptable, que puede verse influida por una serie de consideraciones, inclusive por supuesto el ingreso personal, pero también las características
físicas y ambientales, y otras variables (tales como la disponibilidad y los costos
de servicios médicos, entre otros)? La motivación de un ejercicio de este tipo
guarda una estrecha relación con el reconocimiento de la pobreza como una
privación grave de ciertas capacidades básicas. Este enfoque alterno conduce a
33
La literatura sobre la “aplicación” también ha evolucionado en la dirección de la aplicación
práctica; para revisar análisis de algunos de los asuntos en cuestión, véase Laffont (1979), Maskin
(1985), Moulin (1995), Suzumura (1995), Dutta (1997), y Maskin y Tomas Sjöström (1999).
Amartya Sen / La posibilidad de la elección social
30
un diagnóstico bastante diferente de la pobreza en comparación con los que pueden obtenerse a partir de un análisis basado puramente en el nivel de ingresos34.
Esto no significa que neguemos que un bajo nivel de ingresos pueda ser muy
importante en muchos contextos, puesto que las oportunidades que una persona
disfruta en una economía de mercado pueden verse severamente limitadas por su
nivel de ingreso real. No obstante, varias contingencias pueden conducir a variaciones en la “conversión” del ingreso en la capacidad para llevar una vida
mínimamente aceptable, y si eso es lo que nos interesa, puede haber buenas
razones para ver más allá de la pobreza en términos del ingreso. Existen por lo
menos cuatro fuentes diferentes de variación: (1) heterogeneidades personales
(por ejemplo, tendencia a enfermarse), (2) diversidades ambientales (por ejemplo, vivir en un área con tendencia a las tormentas o a las inundaciones