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Med Int Mex 2011;27(1):101-102
Rincón del internista
Herlinda Dabbah Mustri (ed). Medicina basada en cuentos. Palabras y
Plumas. México, 2010
Manuel Ramiro H
E
ste nuevo libro de Palabras y Plumas es motivo
de júbilo para todos nosotros. Una nueva editorial
dedicada a la publicación de libros diferentes, libre,
sin ataduras comerciales o genéricas, que nos permite
disfrutar de lecturas muy variadas y que a los autores les
brinda un foro diferente. En una reciente nota periodística Juan José Millás, refiriéndose a la industria editorial
española, comentaba que un buen número de editoriales
(más de 800) facturaba sólo 15% del total de la industria
española, mientras que el 85% restante era publicado por
menos de 15 editoriales; sin embargo, era esta pequeña
franja económica lo que le daba bibliodiversidad al lector y al escritor. Palabras y Plumas es una posibilidad de
bibliodiversidad en México. Seguramente hubiera sido
muy difícil que otra editorial se hubiera atrevido con la
aventura editorial de Medicina Basada en Cuentos, pero es
que no sólo lo publica sino que es fruto de la imaginación
de Herlinda Dabbah.
El cuento breve es un género complicado que, para
conseguir capturar al lector, debe tener una intensidad
inolvidable que impacte al lector como un puñetazo. Rosa
Montero dice que si un libro no consigue capturarte como
si fuera de un mazazo en las primeras páginas, uno puede y
debe abandonarlo. Para capturar al lector, el cuento breve
necesita hacerlo en las primeras líneas, pero debe tener,
además, un principio y un final claros, creo que además
debe ser tan complejo que para quedar satisfecho como
lector, exista la necesidad de releerlo. Juan Goytisolo dice
(quizá con un poquito de soberbia, aunque la soberbia
siempre es excesiva) que él no quiere que lo lean sino
que lo relean.
En Medicina Basada en Cuentos hay varios cuentos
que reúnen características de un muy buen relato breve.
www.nietoeditores.com.mx
Pero quizá la característica fundamental está dada por la
particularidad de sus autores, todos médicos o muy ligados
a la medicina, pero según se lee se convence uno que todos
están capturados por la compleja profesión de ser médico.
Salvo uno o dos de los cuentos todos están fundamentados
en las acciones del ejercicio de la medicina. Pareciera,
según tanto en los cuentos como en los relatos, que la del
médico es una profesión de tiempo absolutamente completo, probablemente exclusivo.
La invitación de Linda para escribir, hecha a muy
diversos médicos, logró conjuntar a algunos que son
escritores consumados y los cuentos que pusieron en
esta antología demuestra su capacidad y maestría, algunos como Bruno Estañol, Norberto Treviño, Arnoldo
Krauss y Raúl Cicero, consiguen mostrar su capacidad y
maestría; pero es también muy interesante la respuesta
que hubo de muchos médicos sin mucha experiencia,
algunos sin ninguna, para escribir. Existen muchos cuentos muy interesantes, algunos profundos, varios muy
bien logrados que conjuntan una antología sumamente
interesante, que probablemente resulte inédita. Una
antología de cuentos escrita sólo por médicos. Estoy
seguro que resultará de gran interés para los médicos,
así lo ha apreciado Martín Herrera y su Consejo Directivo y, por ello, patrocinaron su edición a través del
Colegio de Medicina Interna de México, por lo que no
sólo expreso mi agradecimiento sino también mi más
entusiasta felicitación, que el Colegio amplíe su horizonte editorial resultará seguramente un acierto. Pero
pienso que la obra puede resultar de gran interés para
los no médicos y que alguna vez, circunstancialmente,
resultarán pacientes, conocer los pensamientos, anhelos,
inquietudes y metas de los médicos, que se muestran
en muchos de los cuentos, puede resultar enriquecedor
para entender a quien ha encomendado su problema de
salud y facilitará la relación.
Medicina Interna de México Volumen 27, núm. 1, enero-febrero 2011
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Ramiro H M
Muchos de los cuentos son muy valiosos, en varios de
ellos los autores sacan a pasear a la Loca de la Casa como
llaman a la imaginación Santa Teresa, Vargas Llosa y Rosa
Montero, dos de los expresidentes de la anterior Asociación de Medicina Interna de México, Héctor Aguirre Gas
y Alberto Lifshitz, consiguen cuentos imaginativos, bien
logrados y fantásticos. Como muchos de los contenidos
en el primer tomo ligados al ejercicio de la medicina y sus
preocupaciones particulares, pero fantásticamente elaborados. Octavio Ruiz Speare consigue un cuento fantástico
en el que el relator es el órgano trasplantado, una vez más
la imaginación al servicio del ejercicio del médico.
En los trabajos reunidos en el segundo tomo existen
varios a caballo entre relato y cuento, pero que demuestran las inquietudes del médico por su paciente y por su
profesión, todos ellos las muestran, pero me impactaron
especialmente, en este sentido los de García Irigoyen y
el de Jorge Muñoz, porque relatan experiencias clínicas,
muy bien contadas, que pueden parecer increíbles, pero
que resultan impactantes. Otros tocan temas que para
todos nosotros han resultado trascendentales, como el
examen profesional, Cano Valle logra un relato muy interesante sobre este difícil momento. El Servicio Social es
una época que a muchos nos ha marcado, al respecto las
obras de Carlos Tena, José Fermón y Carlos Lavalle son
muy descriptivas de esta experiencia. Como la responsabilidad de un paciente puede resultar al mismo tiempo
muy demandante, muy pesada, a veces avasalladora pero
siempre muy satisfactoria queda demostrado en el relato
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de Gamboa Marrufo y en el de María Elena Mondragón,
queda claro que para el médico al final existe satisfacción
por el trabajo.
La división entre cuento y relato puede resultar artificiosa, hay varios que parecen cuentos y son relatos y
varios relatos que son cuentos. Algunos depende de quién
los juzgue, la obra de Roberto Hinojos puede parecer para
los legos un cuento, pero para los que hemos ejercido la
medicina largo tiempo, seguramente nos parece un relato,
tomar ese tipo de decisiones sobre la marcha es una experiencia que sólo los médicos experimentamos.
Quiero terminar mi paso breve y superficial sobre los
cuentos, lo hago un poco a propósito porque mi participación en este momento no debe tener otra motivación que
no sea la de provocar que la obra sea leída y festejar su
publicación. Decía que quiero terminar con mi más entera
admiración, por la obra del Dr. Jinich que aquí aparece, en
el cruce de caminos entre cuento, relato y ensayo, es el más
breve de la antología, pero contiene belleza, sabiduría y
esperanza; todo junto en unas líneas. Debemos agradecer
que el Dr. Jinich sea amigo del Colegio.
Mi felicitación más sincera a Palabras y Plumas por la
imaginación, creación y desarrollo del proyecto Medicina
Basada en Cuentos. Al Colegio de Medicina Interna de
México las gracias por haberlo patrocinado.
A Linda Dabbah mi agradecimiento por haberme invitado a participar y logrado que pudiera escribir para estar.
Manuel Ramiro H.
Medicina Interna de México Volumen 27, núm. 1, enero-febrero 2011