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DISCURSO Nº 3
DIPUTADO ROBERTO LEÓN
GRUPO INTERPARLAMENTARIO CHILENO
“¿PUEDE CONTRIBUIR EL COMERCIO INTERNACIONAL A
ATENUAR EL CAMBIO CLIMÁTICO?”
Estimados colegas Parlamentarios,
En primer término, quisiéramos recordar un pensamiento de Albert Einstein,
quien dijo refiriéndose a su época: “El mundo no sobrepasará su presente
estado de crisis con los mismos pensamientos que lo llevaron a la situación
actual.” Esta afirmación tiene hoy día mayor relevancia que nunca y, con
mucha razón, se habla de la necesidad de construir un nuevo paradigma.
La publicación de febrero de 2007 del Cuarto Informe del Panel Internacional
para el Cambio Climático, el Informe Stern sobre “La Economía del Cambio
Climático” de 2006, y el gran impacto mundial que provocó el documental de
Al Gore, “Una Verdad Incómoda”, han logrado situar el problema del
Calentamiento Global, o Cambio Climático, en un primer plano en todos los
foros, discusiones y estudios que abordan el tema del desarrollo futuro de la
humanidad.
Con mucha razón el Cambio Climático ha sido definido como el mayor desafío
actual de la humanidad y el consenso alcanzado por la comunidad científica
internacional impide que se soslaye el problema como se hizo durante varias
décadas.
Podemos resumir este fenómeno señalando que las concentraciones en la
atmósfera de gases de efecto invernadero (GEI) ha alcanzado valores
equivalentes a unas 430 partes por millón (ppm) de CO2 equivalente, en
comparación con el valor de 280 ppm, el mayor registrado en la milenaria
historia del planeta, con anterioridad a la Revolución Industrial.
“La consecución de una importante reducción en las emisiones tendrá su
costo. El Informe Stern ha calculado que los costes anuales de la estabilización
a niveles de 500-550 ppm CO2 equivalente, una cifra bastante por encima de
los niveles actuales, sería del 1% aproximadamente del Producto Interno
Bruto para el 2050, nivel sin duda significativo, aunque viable”.
Quisiéramos destacar dos consideraciones relativas al tema del Cambio
Climático:
La primera: El fenómeno del calentamiento global se refiere a temperaturas
promedio de la superficie del planeta, pero que incluyen variaciones de
diferente signo dependiendo de las latitudes y geografías regionales o locales.
Podemos decir, que el cambio climático se manifiesta por la existencia de
fenómenos climáticos extremos más frecuentes, prolongados e intensivos:
más sequías, más lluvias torrenciales destructivas, fríos y/o calores extremos
más intensos, huracanes y tifones más frecuentes, derretimiento más rápido
de los glaciares y hielos polares, etc.
La segunda: Se debe tener en cuenta la contribución diferenciada de los países
desarrollados y de los países en desarrollo. Ello se aprecia de modo más nítido
si, en lugar de los valores absolutos de las emisiones, se consideran las
emisiones per capita. En efecto, suele decirse que China e India han pasado a
ser los “principales culpables” del Calentamiento Global. Sin embargo, si
analizamos las emisiones per capita la realidad es muy diferente. Según datos
del Informe de Desarrollo Humano del Programa de Naciones Unidas para el
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Desarrollo (PNUD) del año 2006, las emisiones per capita por país muestran
una realidad muy diferente. Las emisiones per capita de un estadounidense
promedio son más de 6 veces las emisiones promedio de un ciudadano chino o
latinoamericano y más de 16 veces las de un ciudadano indio.
La inestabilidad financiera, la inseguridad en el abastecimiento de energía
limpia a precio razonable, la extrema fragilidad de la llamada seguridad
alimentaria, la destrucción de las redes sociales en el campo, entre otros
fenómenos, constituyen desafíos para lograr el desarrollo equilibrado de los
países. Sin embargo el Calentamiento Global se ha convertido en la amenaza
más profunda de los últimos años. Todo esto nos muestra que la apertura del
comercio por si solo, como única variable a considerar, no ha logrado
estabilizar un rumbo de crecimiento sostenido y parejo para la humanidad en
su conjunto. En caso de no revertir los procesos en curso, los países más
pobres y atrasados en su desarrollo sufrirán de manera más dolorosa sus
consecuencias.
Según la Organización Mundial de Comercio (OMC), la liberalización del
comercio no es un fin en sí mismo: está vinculada a valores humanos y
objetivos de bienestar fundamentales, consagrados en la carta fundacional de
la OMC, el Acuerdo de Marrakech. Estos objetivos son, entre otros, la mejora
de los niveles de vida, la utilización óptima de los recursos mundiales de
conformidad con el objetivo de un desarrollo sostenible y la protección y
conservación del medio ambiente.
Sin embargo, el complejo equilibrio entre el respeto a las normas de un
comercio internacional abierto, libre y equitativo, y la coherencia con
compromisos
adquiridos
en
el
marco
de
convenciones
y
acuerdos
3
internacionales en otros ámbitos, entre otras respecto del Cambio Climático,
muchas veces se resuelve en base al criterio de que la remoción de barreras al
comercio traerá, por si sola, la solución más eficiente y equitativa a todos los
problemas del desarrollo.
El cambio climático es un problema global que requiere una solución global. El
comercio juega un rol y la OMC tiene algo que decir. Pero ninguno de los dos
es la causa principal del cambio climático y por ende, tampoco otorgan una
solución completa.
La
degradación
del
medio
ambiente
no
sería
imputable
al
comercio
internacional per se, sino a diversas deficiencias de los mercados y de las
políticas.
Ej:
subsidios
-agrícolas,
pesca,
energía-,
versus
impuestos
ambientales. El tema sería cómo rediseñar las políticas ambientales en una
economía mundial cada vez más integrada, de manera de asegurar que
vivamos dentro de límites ecológicos.
El comercio puede desempeñar un rol positivo. La Ronda de Doha (si resulta)
podría hacer una contribución al respecto: facilitar el comercio de bs. y ss.
ambientales, facilitar la difusión de tecnologías amigables con el medio
ambiente, avances en el tema de los subsidios que dañan el medio ambiente:
pesca, agrícolas, sector eléctrico.
Las medidas comerciales son un mecanismo útil para hacer cumplir los
Acuerdos Ambientales Multilaterales (AMUMAs) en algunos casos, y para tratar
de modificar el comportamiento de gobiernos extranjeros en otros.
Sin
embargo, esto tiene riesgos para el sistema multilateral de comercio, a menos
que la política comercial se utilice de ese modo sobre la base de compromisos
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y acuerdos previos entre los gobiernos respecto a sus obligaciones en la esfera
de la política ambiental.
Creemos que sería interesante y oportuno iniciar un debate serio sobre las
implicancias que el comercio internacional tiene en el cambio climático y qué
medidas se pueden adoptar para paliar sus efectos o aumentar sus beneficios.
Por la experiencia acumulada de Chile en la materia, rechazamos de plano el
uso de argumentos ambientales -como el calentamiento global u otros- sin
justificación científica o técnica para restringir el comercio. Iniciativas como
“food miles” (que castigarían a los alimentos que vienen de países más
distantes por las emisiones que nacen del transporte de las mismas) no tienen
asidero científico y nada ha demostrado que producciones de ciertos bienes en
ciertos países sea más contaminante que en otro; o, que su transporte emita
más gases de efecto de invernadero que otro.
Entrar en ese debate es
peligroso pues nos puede llevar por derroteros muy resbaladizos como
cuestionar procesos y métodos de producción (PPM) con argumentos no
comerciales
como
razones
ambientales,
laborales,
derechos
humanos,
estándares democráticos u otros. Chile es una democracia plena en el que se
respetan tales principios y valores, pero no queremos que éstos se puedan
utilizar como excusa para impedir el comercio y menos de manera unilateral.
Dicho debate también podría ayudarnos a responder la pregunta que nos
hemos hecho en este panel. En principio, no pareciera que el comercio per se
ayude al combate al cambio climático. Pero una mirada más en profundidad
pareciera darnos algunos ejemplos de que sí es positivo. En efecto, nuevas
oportunidades de exportación para los países en desarrollo a los mercados de
mayor poder adquisitivo resultará en mayores ingresos. Éstos, a su vez,
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permitirían financiar medidas paliativas del cambio climático y, en general,
contar con mejores políticas ambientales. Otro ejemplo es la liberalización de
bienes, tecnologías y servicios ambientales que ayuden al control del
calentamiento global y a adoptar alternativas energéticas (ej. turbinas de
viento, paneles solares, etc.). En Doha hay un mandato para liberalizar estos
bienes y servicios ambientales pero, lamentablemente, la discusión parece
muchas veces centrarse más en aspectos mercantilistas y menos en los
beneficios ambientales y/o de desarrollo.
Pero la otra cara de la moneda nos muestra que el combate al cambio
climático requerirá, en ciertas circunstancias, de medidas que restrinjan el
comercio.
El Protocolo de Montreal sobre productos que usan CFC es un
ejemplo de cómo la comunidad internacional frente a un problema global (la
reducción de la capa de ozono) limita el comercio de ciertos productos.
No
estamos proponiendo restricciones al comercio de ciertos bienes, o que este
tipo de medidas sea la solución a todos los problemas ambientales, sino sólo
llamar la atención de que eventuales decisiones multilaterales deben hacerse
de manera coherente.
El régimen multilateral ambiental debe funcionar en armonía con el régimen
comercial multilateral. Doha nos ha presentado la oportunidad de discutir esa
relación. Será necesaria mayor coordinación al interior de nuestros gobiernos
para que no nos contradigamos. De hecho ocurre que por un lado, un grupo
de negociadores limite el comercio de ciertos bienes por razones ambientales y
por otro, los mismos países negocian mayor acceso a mercado para esos
productos.
También será necesario reforzar la gobernanza y coordinación
entre organismos y agencias internacionales.
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Finalmente, quisiéramos que nuestro debate considerara dos elementos que
nos parecen relevantes:
En primer lugar, me permito traer a colación la reflexión realizada por el señor
Bernard Lietaer, ex presidente del Banco Central de Bélgica, quien ha afirmado
que el sistema monetario actual, que privilegia el corto plazo, conspira, y
clausura cualquier posibilidad, para que se puedan introducir de forma
gravitante y significativa, variables de largo plazo. La lógica de corto plazo en
los negocios conspira contra la salud del planeta.
En segundo término, y según un informe de la ONU, las emisiones de dióxido
de carbono (CO2) procedentes de la flota mercante mundial son casi tres veces
superiores a lo que se creía hasta ahora, esas emisiones han alcanzado 1,12
miles de millones de toneladas de CO2 equivalentes anuales, lo que representa
el 4.5 por ciento del total de las emisiones mundiales de GEI. Estas equivalen
a las emisiones de una población de 100 millones de personas que habitan en
países desarrollados, o de 530 millones de personas de países con desarrollo
humano medio.
Considerando la gravedad de fenómeno del Cambio Climático, proponemos
que el Documento Final que acordemos en esta Conferencia Parlamentaria,
incorpore una invitación a los miembros de la OMC a que, en cada uno de los
acuerdos y normas que adopten y en las recomendaciones que dirijan a los
diferentes países miembros, consideren de forma prioritaria las consecuencias
que puedan tener estas medidas en el agravamiento o mitigación del
fenómeno del Calentamiento Global.
Muchas gracias.
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