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Lectio Divina lunes 25 de febrero II semana de Cuaresma- Ciclo –C Lecturas: DANIEL 9,4-10; SALMO 78; Lucas 6, 36-38 PALABRA QUE DA VIDA SEAN COMO SU PADRE 1. Hagamos las LECTURAS Jesús dijo a sus discípulos: - «Sean compasivos como su Padre es compasivo; no juzguen, y no serán juzgados; no condenen, y no serán condenados; perdonen, y serán perdonados; den, y se les dará: les verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante. La medida que usen, la usarán con ustedes.» 2. MEDITEMOS la lectura a. ¿Qué dice el texto? Estamos en la segunda parte de lo que en el Evangelio de Lucas se denomina “sección del Llano”. Esta segunda parte va orientada no sólo a los discípulos, sino a todos los oyentes, a todo el pueblo. El tema de fondo en esta parte es el amor generoso y universal. Ser compasivo es una de las exigencias que Jesús propone como presupuesto de una nueva humanidad. Sólo amando a los seres humanos y viviendo de manera compasiva y misericordiosa es como se aprende a amar a Dios. Jesús coloca las bases de una nueva sociedad más incluyente, más solidaria, más humana, más conforme al corazón de Dios. El amor hacia los hermanos, como consecuencia y fruto del amor hacia Dios, produce la más estupenda e incomparable reciprocidad en los que aman. De ahí se logra la concordia, la mutua ayuda, la paz armónica y serena en un crescendo continuo de generosidad, don que hace exultar al creyente seguidor de Jesús con una alegría tal nunca antes conocida ni experimentada. – ¿Vamos configurando así nuestra vida con la misma vida del Padre, compasivo y misericordioso? b. ¿Qué nos dice el texto a nosotros hoy? En el museo del holocausto que se encuentra en la zona oeste de Jerusalén hay una inscripción que reza así: “We forgive but we do not forget” (es decir: “Perdonamos, pero no olvidamos”. Tratemos de entender la sentencia en el mejor sentido: perdonamos a nuestros verdugos, pero no queremos olvidar sus acciones para que esta memoria impida que se repitan en el futuro. Hoy se habla mucho de “recuperar la memoria”, tanto en el plano personal como en el colectivo. Merece mucho respeto este tratamiento terapéutico de la memoria. Pero, a menudo, no llega a su meta: se detiene en la peligrosa fase del resentimiento y de la venganza. Y esto explica una buena parte de nuestros sinsabores, de nuestras amarguras, de la agresividad con la que a menudo nos conducimos en la vida. Lo que Jesús nos propone es ser como Dios, que perdona “olvidando”. Esta es una manera muy humana de hablar, pero anclada en la sabiduría de la Escritura. Perdonar significa creer en la capacidad que los seres humanos tenemos de empezar de nuevo. El perdón no es un simple armisticio para hacer tolerable la vida sino una nueva creación que nos aproxima al plan de Dios. Creo que nuestro gran desafío es llegar a entender que toda la existencia cristiana la vivimos en la dinámica del perdón, que es como decir la dinámica del comienzo permanente. 3. CONTEMPLEMOS - Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón Ese Dios que nos ama sin límite ha desechado todo juicio y condena: la medida, el juicio, el castigo ha quedado en nuestras manos... Quizás haya que mirar y volver a ver la existencia desde la perspectiva del perdón y la misericordia de Dios y no desde un juicio, una condena y un castigo finales que son consecuencias de las propias mezquindades y no reflejan la esencia amorosa de ese Dios que nos ha creado y criado. Dios ha puesto su corazón en nuestras miserias; es hora de volver a su casa y a la casa en común que tenemos con quien nos hemos enemistado y distanciado. 4. OREMOS - ¿Qué nos hace decirle el texto a Dios? Te bendecimos, Señor, porque nos amas y perdonas. Confesamos que hemos pecado contra ti y los hermanos. Nuestro pecado nos sofoca y el mal nos hace prisioneros. Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados. Enséñanos a ser indulgentes como tú lo eres, para que desterremos todo juicio duro y toda acritud. Tú, que eres Dios lento a la cólera y lleno de ternura, cambia, a imagen de Cristo, nuestros corazones de piedra, para que, sin calcular ni medir nuestro perdón, podamos recibir de ti una medida colmada y rebosante. Amén. 5. ACTUEMOS – ¿Cómo puedo vivir este texto hoy? Motivación: Que todos y cada uno de nosotros seamos valientes para decir “Lo siento, me equivoqué, perdóname”, no solo a Dios cuando hemos pecado, sino también a los hermanos a quienes hayamos herido u ofendido. NI TÚ NI YO SOMOS LOS MISMOS El Buda fue el hombre más despierto de su época. Nadie como él comprendió el sufrimiento humano y desarrolló la benevolencia y la compasión. Entre sus primos, se encontraba el perverso Devadatta, siempre celoso del maestro y empeñado en desacreditarlo e incluso dispuesto a matarlo. Cierto día que el Buda estaba paseando tranquilamente, Devadatta, a su paso, le arrojó una pesada roca desde la cima de una colina con la intención de acabar con su vida. Sin embargo, la roca sólo cayó al lado del Buda y Devadatta no pudo conseguir su objetivo. El Buda se dio cuenta de lo sucedido y permaneció impasible, sin perder la sonrisa de los labios. Días después el Buda se cruzó con su primo y lo saludó afectuosamente. Muy sorprendido Devadatta preguntó: ¿No estás enfadado, señor? No, claro que no. Sin salir de su asombro, inquirió: ¿Por qué? Y el Buda dijo: Porque ni tú eres ya el que arrojó la roca, ni yo soy ya el que estaba allí cuando fue arrojada. El Maestro dice: Para el que sabe ver, todo es transitorio; para el que sabe amar, todo es perdonable. Repite a diario: Perdono a todo el que necesite mi perdón y me perdono a mi mismo, tres veces al levantarte, tres veces al acostarte —por lo menos— y siente que perdonas desde el fondo de tu corazón. Cuando perdonamos actuamos con la energía de nuestra Presencia de Dios interior... y ten en cuenta que con perdonar te quitas una mochila pesada.