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ÍNDICE
1. LA ÉPOCA Y EL MARCO FILOSÓFICO
1.1. El contexto histórico y cultural
1.2. El marco filosófico
2. PLATÓN
2.1. Su vida
2.2. Sus obras
2.3. La filosofía platónica
3. LA “REPÚBLICA”
3.1. La obra
3.2. Los temas principales de su filosofía en relación
con el texto
3.3. “La República”. Texto comentado
3.4. Análisis de términos
3.5. Propuesta de examen
-
1. LA ÉPOCA Y EL MARCO FILOSÓFICO
Conocemos como “mundo clásico” el periodo histórico que comprende las antiguas
civilizaciones de los pueblos griego y romano, un periodo de más de mil años que comienza a
principios del siglo VI aC y que concluye con la caída del Imperio Romano a finales del siglo V
de nuestra era. A lo largo de ese tiempo hay que destacar las aportaciones realizadas por ambos
pueblos a la historia de la humanidad, que abarcan prácticamente todos los ámbitos de la
cultura. Entre las contribuciones más importantes hay que señalar el origen y primer desarrollo
del pensamiento filosófico. La denominada filosofía antigua abarca precisamente la filosofía
griega y romana, en las que encontramos, sobre todo en la primera, el planteamiento inicial e
intentos de solución de problemas filosóficos que conservan todavía plena vigencia, de ahí su
influencia en toda la filosofía posterior.
-
1.1 El contexto histórico y cultural
Dentro de la historia antigua se pueden distinguir cuatro grandes épocas históricas, jónicoitálica, ateniense, helenística y romana, que pueden relacionarse respectivamente con cuatro
etapas filosóficas (presocrática, clásica griega, helenística y helenístico-romana). Veamos
algunos de los principales rasgos de estos periodos históricos.
1º. La época jónico-itálica (aproximadamente entre el 600 y el 475 aC)
A principios del siglo VI aC, el mundo griego estaba constituido fundamentalmente por tres
territorios:
I.
La costa del Mediterráneo oriental de Asia Menor, conocida como Jonia, (actualmente
perteneciente a Turquía) en la que destacaban las ciudades de Mileto y Éfeso.
II.
Sicilia y el Sur de Italia, la zona llamada “Magna Grecia”, en la que sobresalían las
ciudades de Elea y Crotona.
III.
La Península y sus islas adyacentes, que hoy conocemos como Grecia, con algunas
ciudades tan importantes como Atenas y Esparta.
Cada una de estas ciudades se fue consolidando como polis o “ciudad-comunidad”; es
decir, como centro artesanal, comercial y político que, si bien cada ciudad constituía una
comunidad independiente, consideradas en su conjunto formaban una “colectividad cultural”,
en la que sus moradores se sentían unidos por un sentimiento de superioridad común que les
hacía considerarse diferentes de los “bárbaros”, nombre con que los griegos denominaban a los
extranjeros con lengua, costumbres e instituciones distintas.
Fue en Jonia donde se originó la nueva civilización griega. Jonia experimentó a partir del
600 aC un notable auge económico con motivo de la expansión colonial y comercial de los
griegos a lo largo del mar Mediterráneo. Este desarrollo económico impulsó, a su vez, un
considerable desarrollo cultural, especialmente en la ciudad de Mileto, en la medida en que
favorecía el encuentro entre tradiciones culturales distintas. Mileto era, efectivamente, una
ciudad cosmopolita que mantenía relaciones con otros pueblos, especialmente con Mesopotamia
y con Egipto, lo que, con el tiempo, la llevó a convertirse en una de las capitales culturales de su
tiempo y, además, en la cuna del pensamiento Occidental. A esta ciudad pertenecieron los tres
primeros filósofos-científicos: Tales, Anaximandro y Anaxímenes. Otra de las grandes
ciudades jónicas era Éfeso, de donde era natural otro de los insignes pensadores de la época,
Heráclito.
Sin embargo, el progreso de aquellas ciudades helenas de la costa de Asia Menor excitó la
ambición de un pueblo limítrofe, el persa, mucho más fuerte militarmente, que se dispuso a su
conquista. Las ciudades griegas formaron un frente común, encabezado por la ciudad de Atenas,
contra el invasor, desencadenando las Guerras Médicas. Muchos intelectuales jónicos,
huyendo de la inseguridad que reinaba en la Jonia y en la Península, se instalaron en las grandes
ciudades que se habían fundado en el sur de Italia, región conocida como “Magna Grecia”. De
aquí son las otras dos grandes corrientes del pensamiento de este periodo inicial: la escuela
eleática fundada por Parménides en la ciudad de Elea; y la escuela pitagórica, asentada en la
ciudad de Crotona. Así pues, tanto en la Jonia, como en la Magna Grecia, se formó el embrión
del pensamiento occidental gracias a las aportaciones de los pensadores jónicos, eleáticos y
pitagóricos, a los que se les conoce con el nombre de Presocráticos, no sólo porque vivieron
antes de Sócrates, sino también, porque prepararon el camino de la filosofía socrática y, con
ello, el comienzo de la época clásica.
b) La época ateniense (aproximadamente entre el 475 y el 338 aC):
Las Guerras Médicas finalizaron con la victoria de los griegos sobre los persas. A partir de
entonces, Atenas, la gran vencedora moral de estas guerras, creó una importante confederación
o liga de ciudades helenas que tomó el nombre de Delos (isla sagrada de Apolo). En principio
todas las ciudades eran iguales, pero Atenas impuso su economía, sus productos, su arte y sus
costumbres, convirtiéndose en el referente económico, político y cultural de la época. Es el
momento en el que tiene lugar el fortalecimiento de la democracia griega reservada a
“hombres libres” (cuyo máximo desarrollo llegaría en la Atenas de Pericles, quien gobernó entre
los años 461 y 429 aC) y la consiguiente racionalización de la vida pública: organización de
mercados, diferenciación del trabajo, control legislativo, estratificación social, etc. De este
modo, el ambiente propicio para el progreso cultural que antes había predominado en Mileto,
Elea y Crotona, volvió a reinar con algunas variantes en Atenas: economía floreciente,
residencia de extranjeros, libertades democráticas, contacto con otras culturas, etc.
Las condiciones eran favorables para que un gran número de pensadores de la Jonia y de
Italia meridional se sintieran atraídos por esta ciudad, provocando que muchos de ellos se
desplazaran hasta la misma, dando lugar a la segunda etapa del pensamiento griego, la época
ateniense, cuyo núcleo principal fue la ciudad de Atenas. Allí convivieron personalidades cuyas
aportaciones llevaron a la civilización griega a su momento de mayor esplendor. En filosofía:
los llamados sofistas (Gorgias y Protágoras, entre otros), Sócrates, Platón y Aristóteles,
fundadores estos dos últimos de dos escuelas filosóficas, la Academia y el Liceo,
respectivamente, que fueron decisivas en la consolidación del pensamiento; en literatura:
Esquilo, Sófocles y Eurípides; en escultura: Fidias, etc.
A finales del siglo V aC tuvo lugar la caída de la democracia ateniense tras el
enfrentamiento entre Atenas y Esparta en las guerras del Peloponeso (431-404 aC). La lucha
entre estas dos ciudades griegas era en realidad un choque entre dos regimenes políticos
diferentes, que pugnaban por hacerse con el liderazgo de Grecia: la Democracia (representada
por Atenas) y la Aristocracia (representada por Esparta). La derrota de Atenas significó el
triunfo del régimen aristocrático y que en esta ciudad la democracia fuera sustituida por la
oligarquía de los Treinta Tiranos, afín a los intereses de Esparta. Este gobierno duró poco, ya
que en algo más de un año los demócratas se hicieron nuevamente con el poder. Pero, aunque la
democracia fue restaurada, en el 403 aC, Atenas ya nunca volvió a recuperar el esplendor
alcanzado anteriormente. Además, con dicha restauración las injusticias y persecuciones del
enemigo se recrudecieron, hasta el punto de que Sócrates fue condenado a muerte durante la
misma, hecho que marcará la trayectoria filosófica de su discípulo y amigo Platón.
c) La época helenística (aproximadamente entre el 338 y el 146 aC):
La última etapa de la historia griega antigua recibió el nombre de helenística. Los hechos
más importantes en esta época fueron la crisis de la polis griega y la aparición de un
imperialismo que tuvo como consecuencia la considerable expansión de la cultura griega. En
ambos acontecimientos el gran protagonista fue Alejandro Magno, rey de Macedonia.
Alejandro Magno accedió al poder a mediados del siglo IV aC estableciendo su
autoridad en cada una de las ciudades griegas y ampliando su conquista por todo el
Imperio Persa, una parte de la India y Egipto. Allí fundó la ciudad de Alejandría en
el año 332 aC, a la que convertiría más tarde en capital de su imperio.
Este nuevo escenario dio lugar a la integración de la polis griega en un marco político y
cultural mucho más amplio. A partir de ese momento las ciudades griegas perdieron su carácter
específico, como colectividades autónomas, y se abrieron a un cosmopolitismo con carácter
universal.
En este contexto Atenas y Alejandría se convirtieron en los centros principales de
producción y difusión cultural y comenzó la proliferación de escuelas filosóficas. A las dos
escuelas fundadas por Platón y por Aristóteles (la Academia y el Liceo) se les sumaron
especialmente otras tres, el estoicismo, el epicureísmo y el escepticismo, que ejercieron una
influencia decisiva en el pensamiento posterior de la época romana en particular y en el
occidental en general.
d) La época romana (aproximadamente, desde mediados del siglo II aC hasta el siglo V dC):
Con la muerte de Alejandro Magno (323 aC) el imperio se rompió
definitivamente. Los territorios fueron repartidos entre diferentes monarcas
coincidiendo con la aparición de un nuevo pueblo que desempeñará un papel
fundamental en la historia de la humanidad: Roma.
La primera forma de gobierno del pueblo romano fue la republicana, bajo la cual unificó la
península itálica y extendió su dominio a buena parte de la cuenca mediterránea, apoderándose
de Grecia (146 aC), Palestina (63 aC) y Egipto (30 aC), convirtiéndose de esta forma en la
primera potencia mundial. Sin embargo, en el año 27 aC, el Senado se vio obligado a conceder
al general Octavio el título de César Augusto, certificando el fin del periodo republicano y el
nacimiento de la etapa imperial, que iba a prolongarse hasta el 476 dC.
El Imperio amplió sus límites geográficos mediante la anexión de Mesopotamia, Britania y
parte de las actuales Alemania y Polonia. Octavio Augusto se convirtió en el dueño y señor
absoluto de todo ese vasto territorio, que gozó de una larga paz, fundamentada en la fuerza
militar. A partir de ese momento, Roma vivió un amplio periodo de auge económico y social
que posibilitó el desarrollo de la filosofía y de la ciencia. Las escuelas filosóficas del periodo
helenístico continuaron su actividad, aunque una de ellas experimentó un notable desarrollo: la
estoica, en la que destacaron Séneca, Epicteto y Marco Aurelio.
En resumen, hemos dividido la historia del mundo clásico en cuatro etapas que
corresponden, respectivamente, con los siguientes núcleos geográficos:
se
1ª) La Jonia (Mileto y Éfeso), y La Magna Grecia (Elea y Crotona), en el siglo VI y
primera mitad del V aC. Existe un consenso general en considerar que aquí nació la
ciencia y la filosofía, gracias a los pensadores anteriores a Sócrates, los llamados
Presocráticos, entre los que cabe señalar a Tales, Anaximandro, Anaxímenes, Heráclito,
Parménides y Pitágoras.
2ª) Atenas, durante la segunda mitad del siglo V y todo el IV aC, con figuras tan
importantes como los sofistas, Sócrates, Platón y Aristóteles
3ª) Atenas y Alejandría, en los siglos III y II aC, caracterizada por la aparición de
diversas escuelas, como el estoicismo, el epicureísmo y el escepticismo.
4ª) Roma, entre mediados del siglo II aC y V dC, donde sobresalió una de las viejas
escuelas griegas, la de los estoicos.
CONTEXTO HISTÓRICO-CULTURAL
ÉPOCA
JÓNICO-ITÁLICA
P
O
L
Í
T
I
C
A
C
U
L
T
U
R
A
P
E
N
S
A
D
O
R
E
S
ÉPOCA CLÁSICAATENIENSE
ÉPOCA
HELENÍSTICA
ÉPOCA
ROMANA
(siglo VI- 1ª mitad s.V a
C)
(2ª mitad s. V- s. IV aC)
(finales s IV -s. II aC) (2ª mitad s. II aC –
s. V dC)
·Expansión colonial y
comercial.
·Caída de la antigua
aristocracia y aparición
de una nueva clase
social.
·Triunfo de Atenas
contra los Persas y
apogeo de la cultura
ateniense.
. Consolidación de la democracia en la Atenas de
Pericles.
·Guerra contra Esparta (
guerras del Peloponeso )
y derrota de Atenas.
·Crisis de la polis griega.
·Disolución de la polis ·Gobierno
griega.
republicano.
·Expansión de la
·Octavio Augusto
civilización
conquista
helenística.
Alejandría.
·Aspiraciones
·Roma
capital
imperialistas de
política y cultural
Alejandro Magno
de Occidente
·Supremacía
·Etapa imperial y
comercial de
consolidación del
Alejandría.
imperio romano
·Muere Alejandro
Magno. Ruptura del
imperio alejandrino.
·Grandes monarquías
helenísticas.
·Popularización del saber y formación intelectual de los futuros gobernantes.
·Primeras síntesis del
pasado filosófico.
·La elaboración de los
grandes sistemas filosóficos de la Antigüedad.
·Atenas y Alejandría
centros culturales.
·Aparición del
escepticismo,
estoicismo y
epicureísmo.
·Sentimiento
cosmopolita e
individualista de las
escuelas helenísticas.
·Integración de la
herencia
cultural
griega.
·Continuación de la
actividad de las
escuelas
helenísticas
·Desarrollo de la
escuela estoica
·Estoicismo tardío.
Sofistas, Sócrates
Platón, y Aristóteles
·Epicureísmo y
Estoicismo:
Epicuro, Zenón.
·Estoicismo:
Séneca, Epícteto y
Marco Aurelio
·Surgimiento de la polis
griega y paulatina
racionalización de la vida
pública.
·Avance progresivo hacia
la democratización de la
so-ciedad.
. Guerras Médicas.
·Paso del Mito al Logos.
·Primeras teorías
filosóficas en torno al
problema de la Naturaleza
(physis)
·Anticipo de los grandes
sistemas filosóficos y de
sus problemas
fundamentales.
·Presocráticos:
Tales, Anaxi-mandro,
Anaxímenes, Pitágoras,
Heráclito, Parménides y
Demócrito.
2.3 La filosofía platónica
Cuando Platón comienza a escribir su obra, no es ajeno a una serie de problemas
planteados por sus predecesores:



En el terreno Ontológico, tiene frente a sí dos interpretaciones sobre la realidad
supuestamente irreconciliables: el movilismo de Heráclito y el inmovilismo de
Parménides.
En el ámbito Epistemológico, se enfrenta a dos cuestiones diferentes, aunque
relacionadas entre sí: a) se ha planteado, por parte de Heráclito y Parménides, la
existencia de dos fuentes distintas del conocimiento humano: la proporcionada por
los sentidos y la suministrada por la razón; y b) se han contrapuesto dos modos
excluyentes de interpretar el conocimiento: el relativismo de los sofistas y la
posibilidad de alcanzar verdades absolutas de Sócrates.
En el ámbito Antropológico conoce la concepción pitagórica de la doble naturaleza
del ser humano (cuerpo-alma), así como su teoría de la transmigración de las almas.
Pero, además, tiene en cuenta otro problema: el generado por los regímenes políticos
existentes en la época, especialmente el democrático, al que responsabiliza de grandes
injusticias, entre ellas, la muerte de su maestro, Sócrates, según Platón “el más sabio y el más
justo de todos los hombres”.
Pues bien, Platón intenta dar respuesta a todos estos problemas teniendo muy presente las
teorías que le preceden. En líneas generales, podemos señalar cuatro influencias básicas en su
pensamiento: Sócrates, Heráclito, Parménides y los pitagóricos.
A Sócrates debe Platón: 1) su interés por los problemas morales y políticos, 2) su
iniciación en el método dialéctico-argumentativo y 3) su aspiración al conocimiento de
la esencia de las cosas expresada a través de la definición universal.
De Heráclito tomó su caracterización del universo físico, constituido por objetos
diversos sometidos al cambio, a la movilidad y al deterioro constante; un mundo en el
que nada es permanente y todo está sujeto al devenir.
De Parménides adoptó: 1) la distinción entre el pensamiento y la sensación, y 2) el
hecho de que los objetos que conocemos a través de los sentidos no son los objetos del
verdadero conocimiento, ya que éstos, tal y como lo entendía el propio Parménides,
deben ser estables e imperecederos (conforme al Ser).
Y por último, de los pitagóricos aprendió: 1) la importancia de la matemática para
alcanzar el conocimiento verdadero, 2) la concepción dualista del ser humano, y 3) su
doctrina de la preexistencia del alma.
De esta manera, podemos decir que la filosofía platónica se constituye, en parte, como una
respuesta a los regímenes políticos existentes en su época; en parte, como una recapitulación de
todo el pensamiento filosófico que le precedió, y, en parte también, como una respuesta a los
problemas filosóficos planteados por sus antecesores. Pero su teoría es mucho más que una
simple síntesis de aportaciones anteriores, pues supone una auténtica labor creadora en la que se
interpreta la realidad, el conocimiento y el propio ser humano de una manera diferente a
cualquiera de las concepciones vigentes en su tiempo, lo que da lugar a una nueva propuesta
filosófica enormemente vigorosa. Uno de los elementos fundamentales de esta filosofía
platónica es su Teoría de las Ideas, que se encuentra muy presente a lo largo de toda su
producción filosófica y muy en especial en su obra máxima, la República.
3. LA REPÚBLICA
3.1 La obra
Platón vivió una época de convulsiones políticas, que presumiblemente le llevaron a
elaborar una filosofía con marcado carácter político en la que cuestionaba el sistema
democrático y, sobre todo, a aquellos que lo respaldaban con sus enseñanzas, los sofistas. En
realidad, les responsabilizaba de la caída del liderazgo de Atenas, por la férrea defensa que
habían hecho del relativismo de la verdad, del convencionalismo de las leyes y de la búsqueda
del éxito político por encima de la verdad objetiva.
En su obra la República pone de manifiesto ese interés por los asuntos políticos. En cierto
modo, esta obra constituye una recapitulación de los temas y resultados fundamentales de los
diálogos precedentes, a los que interrelaciona en torno a un nuevo tema: el de un Estado justo
que garantice la felicidad de todos sus miembros. Se trata de un modelo a seguir por los
diferentes gobernantes, de un Estado ideal, que Platón identifica con el aristocrático, y al que
contrapone con otras formas de gobierno que considera degeneradas, como la timocracia, la
oligarquía, la democracia y la tiranía.
El gran objetivo, por tanto, de la República es político, pues Platón aplica la racionalidad al
orden social para conseguir el bien del individuo y de la comunidad. Pero, junto a este objetivo,
hay que hacer necesaria referencia a otros que impregnan las páginas de este libro y de casi toda
la obra de nuestro autor, como lo son: su deseo de establecer un conocimiento científico que sea
válido para todos (epistemológico), su convicción de que este conocimiento debe tener por
objeto unas entidades inmutables y perennes (ontológico) y su propuesta de un modelo de vida
que combine el placer y la sabiduría (ético). De esta manera, esta obra no es sólo un compendio
de los resultados obtenidos de Diálogos anteriores, sino que además constituye la base de los
posteriores, de aquí que se la considere como la cima del pensamiento platónico . De hecho, a lo
largo de este diálogo Platón desarrolla casi todos los temas que configuran su pensamiento: una
Epistemología, una Ontología, una Antropología y una Moral.
La República consta de diez libros y cronológicamente parece que, excepto el “Libro I”,
escrito algo antes, los otros nueve libros fueron confeccionados durante el periodo doctrinario o
de madurez, probablemente entre su primer viaje a Siracusa y el segundo. En nuestro estudio
nos vamos a centrar en parte de los Libros VI y VII, concretamente desde el apartado 505a
hasta 521b, en los que de alguna manera se encuentran la mayor parte de problemas abordados
por Platón:
-
La teoría del conocimiento platónica: el dualismo epistemológico. La
Dialéctica.
La ontología platónica: el dualismo ontológico. La Teoría de las Ideas y la Idea
de Bien.
La antropología platónica y la teoría de la reminiscencia.
La ética platónica.
La Teoría del Estado justo y del filósofo gobernante. El papel de la educación.
Además, todos estos temas son ilustrados con tres bellas metáforas que constituyen unas de
las páginas más hermosas de la obra platónica: la analogía del Bien y del sol, el símil de la línea
y su famoso mito de la caverna.
3.3
La República. Texto comentado.
LIBRO VI
1. La idea de bien:
a) ¿Qué es el bien?
b) Prioridad del bien.
c) El bien y las virtudes.
2. La analogía del Bien y el sol.
a) Introducción: El mundo sensible y el mundo inteligible.
b) El sol y la idea del Bien.
- El tercer elemento.
- La superioridad del Bien.
3. El pasaje de la línea dividida.
a) Introducción: las dos regiones.
b) La analogía de la línea.
c) La dialéctica.
LIBRO VII
4.- El mito de la caverna.
5.- La salida al mundo exterior.
a) El proceso de formación.
b) Las consecuencias.
6.- La lectura filosófica del mito.
a) Ontología y epistemología.
b) La naturaleza humana.
c) La educación.
d) La política.
LIBRO VI
1. LA IDEA DEL BIEN.
A)
¿QUÉ ES EL BIEN? (505A-D).
1.- ACTIVIDADES DE LECTURA
1. ¿Cuál es “el más sublime objeto de conocimiento”, según el texto, y con que dos
posibles alternativas se identifica?
2. ¿Cuáles son las consecuencias del desconocimiento de la idea fundamental?
3. Localiza en el documento el ejemplo que aparece de “argumento circular” y de
“razonamiento contradictorio” e indica a quien se les atribuye en cada caso.
1
5
10
15
20
25
30
-En, modo alguno-dije-; pregúntamelo tú mismo. Por lo demás, ya lo has oído
no pocas veces; pero ahora o no te acuerdas de ello o es que te propones ponerme 505
en un brete con tus objeciones. Más bien creo esto último, pues me has oído decir a
muchas veces que el más sublime objeto de conocimiento es la idea del bien, que es
la que, asociada a la justicia y a las demás virtudes, las hace útiles y beneficiosas.
Y ahora sabes muy bien que voy a hablar de ello, y a decir, además, que no lo
conocemos suficientemente. Y si no lo conocemos, sabes también que, aunque
conociéramos con toda la perfección posible todo lo demás, excepto esto, no nos
serviría para nada, como tampoco todo aquello que poseemos sin poseer a un
tiempo el bien. ¿O crees que sirve de algo el poseer todas las cosas, salvo las b
buenas? ¿O el conocerlo todo, excepto el bien, y no conocer nada hermoso ni
bueno?
-No lo creo, ¡por Zeus!-dijo.
XVII. -Ahora bien, también sabes que para las más de las gentes el bien es el
placer; y para los más ilustrados, el conocimiento.
-¿Cómo no?
-Y también, mi querido amigo, que quienes tal opinan no pueden indicar qué
clase de conocimiento; sino que al fin se ven obligados a decir que el del bien.
-Lo cual es muy gracioso-dijo.
-¿Cómo no va a serlo -dije-, si después de echarnos en cara que no conocemos
el bien nos hablan luego como a quien lo conoce? En efecto, dicen que es el
conocimiento del bien, como si comprendiéramos nosotros lo que quieren decir c
cuando pronuncian el nombre del bien.
-Tienes, mucha razón -dijo.
- ¿Y los que definen el bien como el placer? ¿Acaso no incurren en un extravío
no menor que el de los otros? ¿No se ven también éstos obligados a convenir en
que existen placeres malos?
-En efecto.
-Les acontece, pues, creo yo, el convenir en que las mismas cosas son buenas y
malas. ¿No es eso?
- ¿Qué otra cosa va a ser?
d
-¿Es, pues, evidente, que hay muchas y grandes dudas sobre esto?
-¿Cómo no?
1.- COMENTARIO
Este primer fragmento podemos dividirlo en dos partes claramente diferenciadas: el
final del capítulo XVI y el comienzo del capítulo XVII, ambos del libro VI de La
República.
1ª.- En relación con la primera parte del texto descubrimos el transfondo político
cuando Platón se dirige a los pocos que han resistido el proceso de selección para llegar a
ser salvaguardas del Estado, es decir, los guardianes. El paso siguiente consistirá en
demostrar sus capacidades en el terreno de las disciplinas intelectuales más rigurosas
hasta alcanzar el más grande de todos los objetos de conocimiento posible: la idea del
Bien(505a). En este punto el autor nos muestra:
a) En primer lugar, el vínculo entre la Epistemología (el conocimiento más elevado)
y la Ontología (la realidad más sublime) al reconocer la necesidad de ascender
paulatinamente en el proceso de formación -dialéctica ascendente- hasta alcanzar el
objetivo final y fundamental del hombre, “el más sublime objeto de conocimiento”: el
Bien.
b) En segundo lugar, se esfuerza en justificar por qué esta idea ocupa un sitio
privilegiado. Sin ella: la virtud de “la justicia y las demás”, el conocimiento “de todo
lo demás”, e incluso, cualquier cosa que “poseemos” son inútiles. Veamos
detenidamente cada situación.
- Ciertamente, en el primer ejemplo las virtudes del alma pueden entenderse y
desarrollarse de manera errónea cuando no van asociadas al conocimiento superior. Sin la
orientación del conocimiento del Bien tendríamos una mera opinión, una concepción
relativa de la justicia, el valor, etc. Así, el conocimiento de esta idea asociado, por
ejemplo, a la virtud de la justicia permite discernir las falsas interpretaciones de la justicia
de las verdaderas, o asociado al valor hace posible distinguir la valentía de la temeridad,
etc.
En los otros dos casos, señala Platón que sólo después de haber alcanzado la idea
suprema podemos conocer algo bueno o poseer cosas buenas.
- Conocer todas las cosas “con toda la perfección posible” y no haber alcanzado la
idea más elevada no vale para nada puesto que supone “no conocer nada hermoso ni
bueno”.
- Tener todas las cosas sin poseer además esta idea no sirve dado que no tendremos
nada bueno.
En definitiva, considerando que todos queremos el bien en la esfera pública y privada
y, puesto que existe un Bien en sentido absoluto como creyeron Sócrates y Platón, ningún
otro conocimiento puede ser tan importante.
2ª.- La segunda parte del texto aborda el problema de la naturaleza esencial de la
idea suprema (su sentido absoluto) es decir, la respuesta a la pregunta ¿qué es el Bien?
Obviamente, hasta aquí el autor se había mantenido dentro de los límites de la teoría
socrática, pero a partir de ahora el autor se distancia de su maestro puesto que se dispone
a abordar una cuestión que Sócrates dejó sin responder.
Platón propone dos posibles respuestas y los motivos para rechazarlas:
a) El Bien caracterizado como el placer es la postura más generalizada, aunque
también incluye la escuela hedonista que entendía por placer el reposo y la tranquilidad.
Admitir esta posibilidad nos llevaría a una contradicción al descubrir que “existen
placeres malos”.
b) El Bien identificado con el conocimiento, es más propio de intelectuales como,
por ejemplo, la escuela cirenaica o ascética que despreciaban el placer porque perturbaba
la quietud del sabio y producía infelicidad. En este caso, incurrimos en un círculo vicioso
por el hecho de que: por un lado, estos intelectuales echan en cara que, en general, se
desconozca ¿qué es “el bien”?, y al preguntarles a ellos en qué consiste, responden que se
trata de “el conocimiento del bien”; por otro lado, al preguntar: ¿en qué consiste “el
conocimiento del bien”? la respuesta es, en desvelar qué es “el bien”.
Al final del texto el autor se plantea la cuestión de qué es puesto que “no lo
conocemos suficientemente” (505a) y “hay muchas y grandes dudas sobre ello” (505d).
Platón parece decidido a afrontar ese desafío.
1.- ACTIVIDADES COMENTARIO
4.- Intenta justificar por qué, según Platón, la Idea del Bien posee un lugar
privilegiado en base a la relación que posee con las virtudes, el conocimiento y la
posesión “de todo lo demás”.
5.- Analiza los argumentos que utiliza Platón para rechazar a quienes identifican el
Bien con el placer o el conocimiento.
.
3.4 Glosario:
Anamnesis:
La palabra «anamnesis» está relacionada con el vocablo “reminiscencia”
entendida como la acción de representarse en la memoria el recuerdo de algo que
pasó. Sin embargo, la reminiscencia se distingue de la memoria en que ésta
consiste en la conservación de las sensaciones, mientras aquella es el despertar del
conocimiento que el alma poseía antes de venir a este mundo por haber disfrutado
de la contemplación del mundo superior de las ideas. Platón utiliza este vocablo
por primera vez en los diálogos iniciales para referirse, precisamente, a ese
recuerdo de las ideas. De este modo, la anamnesis o reminiscencia: por un lado,
nos explica el conocimiento actual de las ideas a través de sus imágenes, los seres
particulares que nos las recuerdan; y, por otro, nos demuestra la inmortalidad del
alma por los conocimientos que en ella se conservan de su existencia pasada.
Arte.
El término «arte» lo utiliza Platón para referirse a alguien que tenía una
habilidad y facilidad particular para llevar a cabo una tarea, frecuentemente
manual. Platón habla de “hacer las cosas con arte” o “sin arte”. Más tarde su uso
se extendió a tareas intelectuales, como el razonamiento o el uso de la palabra. De
esta forma, el más elevado de entre todos era el arte de la dialéctica. No obstante,
para descubrir su verdadero significado debemos atender al contexto en el que se
utiliza en la medida en que el término, entendido como «la forma de hacer algo»,
se aplica indistintamente a cualquier actividad. Platón diferencia claramente en
algunos casos entre “las llamadas artes” de “la ciencia dialéctica” (511c)
mientras en otros parece referirse al “arte de la dialéctica” (518d)
Dialéctica
En general, la palabra «dialéctica» se asocia al término “diálogo”; el «arte
dialéctico» podría definirse como el «arte de la discusión por medio del diálogo»,
en el sentido lógico de una confrontación de posiciones. Para Platón, aquel que
sabe preguntar y responder es un especialista en el «arte del diálogo» y su objetivo
es la contemplación del alma de las ideas, frente a la mera discusión sofística; la
dialéctica sería un camino o modo de razonamiento ascendente que culmina con el
conocimiento del Bien. Así mismo, en algunos diálogos podemos descubrir que,
una vez alcanzadas las realidades inteligibles, la dialéctica se entiende como
ejercicio reflexivo de distinción de las ideas entre sí y su posterior combinación.
En este segundo caso se trataría de la dialéctica como «ciencia de la verdadera
realidad». Por último, cabría añadir, según algunos autores, una tercera
interpretación, la dialéctica como proceso descendente por el que se llevan a la
práctica los «saberes verdaderos» adquiridos previamente.