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La familia en la psicosis: ¿Aporte o soporte? Contribuciones de
García Badaracco y Berenstein durante los años ’70 en
Argentina.1
Marina Fernández Cosentino
INDICE
INTRODUCCION.…………………………………………………………………………Pág. 3
BERENSTEIN: LA “FAMILIA-ESTRUCTURA”……...……………...………………..Pág. 6
GARCIA BADARACCO: LA “FAMILIA-MULTIPLE”.……….…………………….Pág. 8
CONSIDERACIONES FINALES….………………………………………………...…Pág. 10
BIBLIOGRAFIA………………………………………………………………………….Pág. 12
INTRODUCCION
En el presente trabajo me propongo comparar los diferentes abordajes psicoterapéuticos
familiares propuestos por I. Berenstein y J. García Badaracco durante los años ’70 en la
Argentina, con el fin de dar cuenta de la significancia que para cada uno tiene la familia
del paciente psicótico, tanto en el tratamiento como en la contracción de su padecer.
Para ello realizaré, antes de ocuparme directamente de los aportes de cada autor, un
señalamiento de los momentos previos a sus desarrollos, con el fin de dar cuenta de
ciertos antecedentes que dieron lugar a sus contribuciones.
Me remonto, entonces, a la segunda mitad del siglo XX, luego de la Segunda Guerra
Mundial (1939-1945), período en que se acentúa la relación de las disciplinas médicas
con los enfoques sobre la sociedad, producida por el desarrollo del Movimiento de la
Salud Mental (Módulo de la cátedra, 2007: 3), cuyo consenso “era buscar alternativas al
manicomio, mediante la prevención y promoción de la Salud Mental en la comunidad”
(Carpintero y Vainer, 2004: 66). Las ciencias sociales (entre ellas la psicología) se
volvieron imprescindibles para toda disciplina que pretendiera ocuparse de la sociedad.
En este contexto (fuertemente influenciado por la perspectiva keynesiana del Estado de
Bienestar) el psicoanálisis permitía articular las circunstancias de la historia individual
con un modelo de causación de la enfermedad más propiamente social, lo cual dio lugar
“al desarrollo de temáticas grupales, sociales y preventivas, donde la familia cobró un
rol protagónico como punto de anclaje en Europa, Estados Unidos y, poco después, en la
Argentina” (Macchioli, 2009: 2). Era evidente la declinación del paradigma heredodegenerativo. Este movimiento fue el motor de ciertos cambios y articulaciones en las
teorías y en las prácticas de las disciplinas “psi” (psiquiatría, psicología, psicoanálisis),
favorecidos por la profundización de la intervención de las mismas en la dimensión
pública, intentando transformar las prácticas y las instituciones. La “neurosis de
combate”, principal trastorno que dejó la guerra, exigió tomar en consideración los
aspectos reactivos y sociales de los desordenes subjetivos, poniendo en crisis la idea
misma de “normalidad” mental. Bajo este movimiento se puede destacar la creación en
la Argentina del Ministerio de Salud y Trabajo a partir del surgimiento y consolidación
del peronismo, cuyo ministro fue el Dr. Ramón Carrillo, desde 1946 a 1952 (quien
promovía lo que denominaba psiquiatría preventiva, antes que la psiquiatría de los
“estados terminales”) (Carpintero y Vainer, 2004: 65). En este momento, los únicos
profesionales de la Salud Mental eran psiquiatras (Carpintero y Vainer, 2004: 60).
Ahora bien, para aproximarme al abordaje de los aportes de García Badaracco y
Berenstein será imprescindible tener en cuenta la introducción del psicoanálisis en la
Argentina, en el marco del movimiento de Salud Mental. Según Dafgal: “(…) en nuestro
país, el psicoanálisis y la psicología de los años cincuenta y sesenta no podrían ser
analizados sin estudiar la implantación del kleinismo iniciada en los años cuarenta (…)”
(Dagfal, 2009: 99), a partir del cual se introdujo el psicoanálisis en la Argentina, de la
mano de Pichon-Rivière. Nacido en Ginebra en 1907, fue psiquiatra y psicoanalista,
devenido luego psicólogo social (Dagfal, 2009: 100). Ya en 1936 (recién recibido de
psiquiatra) trabajaba como médico en el Hospicio de las Mercedes, y en 1938 trataba en
su consultorio privado “enfermedades nerviosas y mentales de los adultos y los niños”
(Dagfal, 2009: 106). Junto a un grupo de médicos (A. Rascovsky, Á. Garma, C. Cárcamo
y M. Langer) fundaron, en 1942, la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), la cual
marcó la introducción de psicoanálisis en la Argentina con una impronta kleiniana, base
para la constitución de la “tradición grupal” de las próximas dos décadas. Melanie
Klein (nacida en Viena en 1882) se dedicó al análisis de niños sin llevar a cabo estudios
en medicina: “analizaba el juego del niño e interpretaba la transferencia a la luz de
fantasmas infantiles inconscientes” teniendo en cuenta también las “tendencias
agresivas que dominaban al bebé desde el comienzo de su vida” (Dagfal, 2009: 116) en
tanto suponía que la conformación del superyó era anterior al inicio del complejo de
Edipo. En 1943 comienza a publicarse la Revista de Psicoanálisis (perteneciente a la APA).
En éste primer período psiquiátrico de su obra, Pichon-Rivière recurría al psicoanálisis
desde su profesión médica y psiquiátrica (Dagfal, 2009: 114) en tanto método alternativo
y no ortodoxo ante la falta de atención terapéutica que observaba en los asilos.
Durante los años ’50, el psicoanálisis en la Argentina se vería atravesado por la afluencia
de una nueva forma de tratamiento extendida mundialmente: la Psicoterapia de Grupo.
El psicoanálisis fue condición necesaria (pero no suficiente) para su existencia
(Macchioli, 2009: 1); y en este sentido podemos observar la influencia de la orientación
kleiniana de la mano de Bion, un médico y psicoanalista inglés cuya gran importancia
para los psicoanalistas argentinos de la época se debió principalmente a su experiencia
en el trabajo con grupos de soldados en rehabilitación por las llamadas “neurosis de
guerra” durante la Segunda Guerra Mundial (Carpintero y Vainer, 2004: 198). La idea de
Bion era trabajar en pequeños grupos bajo el principio “grupo sin líder”: él no lideraba
el grupo, solo se incluía interpretando los fenómenos grupales que sucedían,
especialmente los transferenciales, para que pudiera prevalecer el nivel de “grupo de
trabajo”. (Carpintero y Vainer, 2004: 199).
En la Argentina, Pichon-Rivière fue quien llevo a cabo las primeras experiencias
grupales en Salud Mental, durante la década del ’40, en el Hospicio de las Mercedes.
Tras un paro de enfermeros realizó cursos de enfermería entre los pacientes con el fin de
mantener el Servicio en funcionamiento, experiencia que le permitió notar cómo, a
través de la tarea, se producían mejorías en los pacientes, puntapié inicial por el cual
comenzó a pensar la noción de “tarea” y la “idea de que la enfermedad mental era
provocada por la estereotipia de los roles en el grupo familiar” (Carpintero y Vainer,
2004: 199). Una vez más podemos ver a Pichon como el pionero en la Argentina, ésta
vez, de la Terapia Familiar, considerando al paciente como portavoz de la patología del
grupo familiar, motivo por el cual incluyó a la familia como elemento necesario en el
tratamiento de los pacientes (Carpintero y Vainer, 2004: 210).
La realización de la tesis del psiquiatra y psicoanalista argentino Raúl Usandivaras
sobre la Psicoterapia de Grupo, en 1951, derivó en la posterior fundación, en 1954, de la
Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo (AAPPG), de la que fue su
primer presidente. Algunos de los miembros fundadores fueron: J. Bleger, A. Garma, M.
Langer, E. Pichon Rivière, A. Rascovsky y E. Rodrigué2; y en 1957 organizó la Primera
Conferencia Latinoamericana de Grupo en Buenos Aires (Plotkin, 2003: 163). Así
quedaba inaugurada la etapa institucional de los grupos en la Argentina, monopolizada
por la APA. Precisamente, “los grupos marcharon al ritmo del psicoanálisis”
(Carpintero y Vainer, 2004: 200); considerando al grupo como una integración de
distintos elementos que constituyen una totalidad gestáltica, y al análisis individual
como posibilitador del trabajo grupal.
La psicoterapia comenzó a extender sus ambitos de aplicación (hacia los hospitales,
fábricas, escuelas) alcanzando a la familia y la pareja. Así, “la familia se constituyó
tardíamente como objeto susceptible de intervención terapéutica” (Macchioli, 2009: 1)
principalmente a través de dos líneas que se van entrelazando y se instalan en la
Argentina: los desarrollos sobre familia nuclear, en EEUU a principios del siglo XX; y los
europeos, con un enfoque más social, durante la segunda posguerra. Surgen de diversas
disciplinas o saberes como la psiquiatría social, el psicoanálisis, la antropología
estructural, la teoría de la comunicación; entre otras (Macchioli, 2009: 2); a partir de las
importantes transformaciones familiares y sociales que modificaron las pautas de
relación entre las generaciones, los sexos, la crianza de los hijos; en síntesis, los modos
de subjetivación de la época.
La terapia familiar en la Argentina se diversificó en los ’70. Este es el suelo sobre el cual
me adentraré en los aportes de Berenstein y García Badaracco en tanto continuadores de
los abordajes familiares (inicialmente propuestos por Pichon-Rivière).
BERENSTEIN: LA “FAMILIA-ESTRUCTURA”
Isidoro Berenstein fue un médico recibido en la Universidad de Buenos Aires en 1955,
graduado cinco años más tarde en psiquiatría. En el año 1957 ingresó al Hospital
Rawson. Durante los años 1958 y 1959 se incorpora a un grupo operativo de PichonRivière, quien lo incentiva a Berenstein a que trate a la familia. En 1961 entra a la APA
donde se forma como psicoanalista y publica varios artículos en la Revista de
Psicoanálisis perteneciente a dicha institución. Se distancia de la misma en 1977. Por otra
parte, desde 1962 participó de la Fundación Acta Fondo para la Salud Mental, donde
incursionó en psicoterapia familiar, siendo el director del Departamento de Familia
hasta 1972. También allí realizó publicaciones. Durante los años ’60 produce un viraje en
su teoría, a partir de la lectura de Lévi-Strauss y la consecuente introducción del
estructuralismo, el cual queda plasmado en su texto “Familia y estructura familiar.
Consideraciones clínicas, teóricas y técnicas” escrito en 1970, con el que abrió el Primer
Congreso de Patología y Terapéutica del Grupo Familiar el mismo año. A éste período
de su obra me referiré a continuación. Asimismo, no abandona la práctica psicoanalítica,
y en 1977 funda y trabaja en la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires (APdeBA). En
la actualidad, Berenstein es director científico del Departamento de Familia de la
AAPPG y codirector científico del Departamento de Familia de APdeBA3.
Como mencioné antes, tomaré en cuenta las elucidaciones de Berenstein acerca de la
psicoterapia del grupo familiar de pacientes psicóticos, tras la introducción del
estructuralismo levistraussiano (alrededor de los años ’70).
Berenstein considera que “el grupo familiar es un sistema con una estructura
inconsciente” (Berenstein, 1976: 37). El concepto “sistema” lo aborda desde la lingüística
saussureana, la cual produjo el corte lengua/habla. Caracterizó a la primera como un
sistema, en tanto reglas ordenadoras de las manifestaciones individuales del habla;
sistema de signos. “El sistema define no ya los elementos individuales sino las
relaciones entre estos elementos” (Berenstein, 1976: 45). Así, Berenstein toma a la familia
como sistema social y propone como lengua al conjunto de reglas, generalmente
inconscientes, que regulan su funcionamiento. (Berenstein, 1976: 49). Para alcanzar el
concepto de “estructura” será necesario comentar que en 1970, definió al grupo familiar
desde la “estructura elemental de parentesco” propuesta por Lévi-Strauss; es decir,
como la unidad compuesta por la pareja de padres y el o los hijos, donde se despliegan
tres tipos de vínculos: el de “alianza” (entre esposo y esposa), el de “filiación” (entre
padre o madre e hijo) y el “consanguíneo” (entre hermanos). Sus límites son biológicos y
coincidiría con la llamada ‘familia nuclear’ en Occidente. (Berenstein, 1970: 29). Pero la
consideración más importante adoptada por Berenstein (que dará lugar al de
“estructura inconciente”) es la de un cuarto vínculo, llamado “avunculado”, el cual
refiere al tío materno denominado “avunculus”; quien entrega a la mujer (madre) desde
su familia nuclear a la familia conyugal. Sostiene: “lo esencial no es el sistema familiar
en sí sino la relación de por lo menos dos sistemas familiares: la que el tío materno
establece por medio de la hermana con la familia conyugal” lo cual permite “considerar
al grupo familiar como un sistema psicosocial y no solo como un sistema biológico”
(Berenstein, 1976: 30). Así, en 1976 amplia su concepción del grupo familiar, ahora como
un sistema relacional entre dos familias, el cual esta asentado en la prohibición del
incesto como regla fundante del intercambio dentro de él (Berenstein, 1976: 31).
Asimismo, lo que más interesa rescatar de la introducción del “avunculado” en la obra
de Berenstein, lo más substancial del mismo, es que la organización familiar basada en
el intercambio subyace en lo inconciente del grupo familiar formando lo que llama
“estructura inconciente”, mientras que a nivel consciente se halla obstruida por modelos
tendientes a ocultarla (Berenstein, 1976: 31). “Lo inconsciente está históricamente
determinado y conservado en forma estructural” (Berenstein, 1976: 45), lo que permite
pensar un nivel común y universal de los miembros de una familia, una precondición
para desarrollar ciertas predisposiciones. En este sentido, Berenstein dilucida: “Al
considerar la familia del enfermo mental como un sistema hemos optado por una decisión
estratégica: desenfocar el problema individual” (Berenstein, 1976: 41), lo cual justifica la
psicoterapia grupal que lleva a cabo, en donde la familia expresará verbalmente su
estructura (consciente e inconsciente) a través de diversas configuraciones en donde la
intervención del terapeuta (a veces a través de interpretaciones) cuestiona aquello que
ella informa, dando lugar a la emergencia de modelos diferentes, relacionados con
aspectos estructurales distintos (Berenstein, 1970: 30).
GARCÍA BADARACCO: LA “FAMILIA-MULTIPLE”
Jorge García Badaracco fue un médico argentino recibido en 1947 en la UBA. Entre 1950
y 1956 residió en París, para formarse como psiquiatra y psicoanalista; mientras que un
año más tarde fue uno de los fundadores del Instituto Nacional de Salud Mental en
Argentina (Macchioli, 2009: 4). Durante la segunda mitad de los años ’50 (y en el marco
del movimiento de Salud Mental que señalé anteriormente) formó parte de los llamados
psiquiatras “reformistas”, cuya visión de la psiquiatría era más amplia y proponía su
articulación con otras disciplinas. Entre ellos también podemos encontrar a PichonRivière (Carpintero y Vainer, 2004: 68). Tras su vuelta a la Argentina en 1956, se forma
como psicoanalista en la APA. En 1958 ganó la Jefatura de un Servicio del Hospital
Neuropsiquiátrico de Buenos Aires (actual hospital “J. T. Borda”) y creó, también allí, la
primera residencia médica en psiquiatría. En 1962 fundó, dentro del hospital, la primera
Comunidad Terapéutica de Orientación Psicoanalítica; y en 1964 organizó el primer
Hospital de Día de Buenos Aires. Un año después denominó a su dispositivo clínico
como “Comunidad Terapéutica Psicoanalítica de Estructura Multifamiliar”. Luego, en
1968 abandona el hospital y funda, junto a otros colegas que trabajaban con él en el
neuropsiquiátrico, la clínica privada DITEM (Diagnóstico, Investigación y Tratamientos
de Enfermedades Mentales). Ya desde la década del ’60 formaba parte del “movimiento
antipsiquiátrico” el cual estaba a favor de la anulación de los asilos al proponer
tratamientos alternativos en pos de la reinserción social del paciente psicótico. Hacia los
años ’70, el grupo con el que trabajaba cobra protagonismo público capturando el área
de familia y psicosis. En 1978 fue uno de los miembros fundadores de la Sociedad
Argentina de Terapia Familiar –SATF- (primera institución sobre la especialidad en el
país) y durante el período 1980-1984 llevó a acabo su presidencia consecutiva de la APA
(Macchioli, 2009: 5).
Para dar cuenta de sus concepciones acerca de la psicoterapia en pacientes psicóticos y
sus familias me remitiré a dos artículos escritos por él en 1978 y 1979, posteriores a la
inauguración de la SATF,
En primer lugar, García Badaracco sostiene que la familia:
Es una estructura transicional que, tanto desde el punto de vista biológico
como psicológico, está destinada a hacer que sus miembros más jóvenes
adquieran una identidad que les haga posible una existencia independiente
de la familia misma (García Badaracco, 1978: 541).
Y explica que en la experiencia clínica pueden observarse muchos casos en que son los
progenitores quienes obstaculizan, con sus propias carencias y dificultades, la
disolución del complejo de Edipo de sus hijos, condicionando una estructuración
patológica de las relaciones entre ellos (García Badaracco, 1979: 65). Es decir:
Padres con severas carencias y serios conflictos no resueltos, ya sea
personales
o
en
su
relación
de
pareja,
condicionarían
mediante
identificaciones patológicas, detenciones del desarrollo psicoemocional y
psicosexual, las que a su vez producirían fijaciones de las relaciones de objeto
(…) dando lugar a variadas formas de patología mental (García Badaracco,
1979: 68).
En sus desarrollos se intrincan principalmente las contribuciones psicoanalíticas de
Freud, Klein, y Pichon-Rivière, lo que se pone en evidencia, por ejemplo, cuando
sostiene que la noción de “vínculo” construida por éste último, contribuye a entender la
patología del complejo de Edipo, en tanto patología “vincular”.
Por ello, el dispositivo clínico por él propuesto (“Comunidad Terapéutica…”) incluye el
tratamiento simultáneo de psicoanálisis individual, terapia familiar, y terapias grupales
de diferentes tipos, cuyo objetivo sería lograr que el paciente pueda desprenderse de sus
objetos internos patógenos (concepto que adopta de la teoría kleiniana) a través de la
elaboración de sus relaciones de objeto con los objetos externos reales (García Badaracco,
1979: 84). Entonces, “cada uno de los miembros de la familia puede comenzar a pensar
por si mismo” (García Badaracco, 1979: 83).
CONSIDERACIONES FINALES
Varios sucesos fueron decisivos para el desarrollo de las perspectivas psicoterapéuticas
con pacientes psicóticos propuestas por Berenstein y García Badaracco durante la
década del ’70 en la Argentina. Principalmente, la introducción del paradigma de la
Salud Mental en la segunda mitad del siglo XX; la instauración del psicoanálisis en la
Argentina de la mano de Pichon-Rivière (con la fundación de la APA en 1942); la
afluencia de la Psicoterapia de Grupo extendida mundialmente, lo cual contribuyó a la
creación, en 1954 de la AAPPG; y la diversificación de dicha práctica en la Argentina,
durante los años ’70. Importante es destacar la influencia y participación que tuvo
Pichon-Rivière en los acontecimientos antes mencionados, y con él, el psicoanálisis, el
cual permitía articular las circunstancias de la historia individual con un modelo de
causación de la enfermedad más propiamente social.
En este marco, Berenstein y García Badaracco, ambos médicos psiquiatras y
psicoanalistas formados en la APA (el primero desde 1961 y el segundo en 1956), son los
referentes de dos alternativas en psicoterapia grupal, aplicadas al tratamiento de
pacientes psicóticos (y sus familias).
En un principio de su obra, Berenstein toma conceptos de Freud, de Pichon-Rivière y del
psicoanálisis kleiniano (al igual que García Badaracco) y luego de la década del ’70,
influido por el estructuralismo francés, adopta algunos aportes de Lévi-Strauss,
conservando el kleinismo. En este momento considera al grupo familiar como un
“sistema con una estructura inconsciente”, basada en el intercambio que subyace a la
organización familiar (avunculado).
Por su parte, García Badaracco, al mismo tiempo que estaba ligado al núcleo
psicoanalítico más ortodoxo (la APA), impulsaba un psicoanálisis de corte social con su
“Comunidad Terapéutica Psicoanalítica de Estructura Multifamiliar”, sostenida por su
concepción de que son los progenitores quienes obstaculizan, por sus propias carencias
y dificultades edípicas, la disolución del complejo de Edipo de sus hijos, condicionando
una estructuración patológica.
Tomando en cuenta ambos enfoques psicoterapéuticos familiares, podría decir que la
importancia de la inclusión de la familia del paciente psicótico en el tratamiento está
dada, para Berenstein, en tanto la forma de intercambio puede ser fuente de patologías
mentales y, para García Badaracco, la misma función cumpliría el Edipo no resuelto de
los padres del paciente. Por este motivo podría deducir que para ambos es necesario
extender el tratamiento desde el paciente hasta incluir a su familia, ya que la patología
mental en cuestión no tendría entonces un origen individual, sino grupal; mejor dicho,
en este caso, familiar.
BIBLIOGRAFIA
Fuentes primarias
Berenstein, I. (1970). Familia y estructura familiar. Consideraciones clínicas, teóricas y
técnicas. En Sluzki, C., Berenstein, I., Bleichmar, H. & Maldonado Allende, I. (Eds.),
Patología y terapéutica del grupo familiar. Actas del Primer Congreso Argentino de
Psicopatología del Grupo Familiar. Buenos Aires: Acta.
Berenstein, I. (1976). Familia y enfermedad mental. Buenos Aires: Paidós. Especialmente:
Nota introductoria, Cáp. 1 “Los límites de una definición del grupo familiar”, Cáp. 2 “El
grupo familiar es un sistema con una estructura inconsciente”.
Garcia Badaracco, J. (1979). El complejo de Edipo a la luz de la experiencia clínica con
pacientes psicóticos. Revista Uruguaya de Psicoanálisis, Vol. 59, 59-90.
Garcia Badaracco, J. (1978). Integración del psicoanálisis individual y la terapia familiar
en el proceso terapéutico del paciente psicótico. Revista de Psicoanálisis, Vol. 35, Nº3, 529578.
Fuentes secundarias
Carpintero, E. y Vainer, A. (2004). Cáp. 1 “El progreso comienza a llamarse el campo de
la Salud Mental”, Cáp. 6 “El trabajo en grupo. Una marca de época”, Cáp. 10 “De Freud
a Lacan pasando por Marx”. En Las huellas de la memoria. Psicoanálisis y Salud Mental en
la Argentina de los ’60 y ’70. Tomo I: 1957-1969. Buenos Aires: Topía.
Dagfal, A. (2009). Cáp. 2 “El nacimiento de un psicoanálisis `oficial´ y la recepción de la
obra kleiniana (1942-1955)” Entre París y Buenos Aires. Buenos Aires: Paidós.
Macchioli, F. (2009). La psicosis en la familia: modelo para armar. Jorge García
Badaracco y la versión de algunos conceptos psicoanalíticos (1960-1979). En Actas de las
Primeras Jornadas de Historia, Psicoanálisis y filosofía, CD ROM.
Módulo de la cátedra, Dagfal, A.; Vezzetti, H., Unidad III: Psicología, psiquiatría y salud
mental, 2007. En: www.elseminario.com.ar
Plotkin, M. (2003). Cáp. 3 “El cambio social y la expansión del mundo psicoanalítico”,
Cáp. 4 “El papel de los divulgadores en la expansión del mundo psicoanalítico”. En
Freud en las pampas. Buenos Aires: Sudamericana.
www.aappg.org.ar/quienessomos.html el 29/10/2010.
www.elseminario.com.ar el 01/11/2010. Trabajos de Florencia Medina y Erica Viviana
Díaz.
Trabajo realizado en el marco del seminario de grado “La familia como objeto de intervención en la
Argentina: tradiciones intelectuales y psicoterapéuticas (1950-1979).”, dictado por la Dra. Florencia A.
Macchioli, Cátedra I de Historia de la Psicología, Facultad de Psicología, UBA.
1
2
Extraído de www.aappg.org.ar/quienessomos.html el 29/10/2010.
3
Extraído de www.elseminario.com.ar el 01/11/2010. Trabajos de Florencia Medina y Erica Viviana Díaz.