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¿TAMBIÉN USTEDES SE QUIEREN MARCHAR? ¿También ustedes se quieren marchar? Ésta es la pregunta que Jesús les dirige a sus apóstoles al final de capítulo 6 de san Juan. Al inicio del capítulo 6, Jesús es seguido por una gran multitud (más de cinco mil personas iban con Él), finalizando el mismo capítulo 6, Jesús se encuentra prácticamente sólo. Constata Juan: “Desde entonces muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con Él”. Es aquí en donde Jesús mirando a los apóstoles les pregunta: ¿También ustedes se quieren marchar? A lo que Pedro responde: “Señor; ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna”. Este es el estilo de Jesús: no impone, no obliga, simplemente propone, deja en libertad al hombre. Le podemos dejar, irnos lejos de su corazón o permanecer junto al Él. Me gusta pensar en un Dios que a pesar de ser nuestro creador nos deja libres. Él mismo se puso un límite: nuestra libertad. Sólo desde la libertad le podemos seguir y seguir con todas las consecuencias. ¿También ustedes se quieren marchar? Es la pregunta que nos dirige para que nuestro seguimiento sea siempre alegre, libre y pleno. Es la pregunta para que asumamos con responsabilidad nuestras decisiones. Nos deja libres para que decidir. A Jesús se le acepta o se le rechaza, no cabe otra postura. Jesús no es una hermosa historia que nos contamos los domingos ni una opinión sobre algún personaje que me cae bien o mal, estar con Él, implica aceptarle, abrazarle y seguirle de todo corazón. Muchos dejaron de seguirle, nos cuenta san Juan; porque sus palabras resultaban duras y difíciles de comprender. Veinte siglos después, sigue siendo un problema, un enigma, para los hombres y para las iglesias. La pregunta: ¿Quién es Jesús? Es inagotable. Antes que andar preocupados por definiciones teológicas correctas, debemos de entrar en una verdadera relación de corazón a corazón. Jesús no es un catecismo ni una teología, es una PERSONA con la que estoy o no estoy conectado. Jesús escandalizó a sus discípulos y nos escandaliza hoy porque la manera de conectar con Él, es comer el pan, su Carne y beber el vino, su Sangre. La conexión virtual, intelectual o teológica ni conduce a la fe ni da la vida eterna. Cuántas veces nos quedamos solos preocupados de los ritos, de actos externos, mientras nuestros corazones están lejos de Dios. Nos debería de cuestionar que muchos católicos parecen desear cada vez menos: menos sacramentos, menos Palabra de Dios, menos comuniones. El minimalismo católico es una misa de 25 minutos y todos vayan en paz. La pregunta: ¿Ustedes también se quieren marchar? Debe de provocar en nosotros un estar conscientes, alegre y comprometido. ¡Hemos elegido permanecer con el Señor! Un permanecer que nos debe llevar a esa intimidad que Él mismo quiere que vivamos al celebrar la Eucaristía. En ella, Él se hace uno con nosotros y nosotros con Él. Pbro. César Buitrago