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1
EL CORAZON SACERDOTAL DE CRISTO
EN LA VISION DE LA CRUZ DEL APOSTOLADO
Juan Esquerda Bifet
(Sumario)
Introducción
1. El misterio sacerdotal de Cristo desde sus "sentimientos"
2. Los amores más profundos del Corazón Sacerdotal de Cristo. Dimensión
trinitaria
3. Los "sacerdotes" en el Corazón Sacerdotal de Cristo
4. Identidad sacerdotal: Sentirse realizado en el Corazón Sacerdotal de
Cristo
5. En el "hoy" del Corazón Sacerdotal
singladuras de la espiritualidad sacerdotal
de
Cristo,
hacia
las
nuevas
A modo de conclusión
* * *
Introducción
La invitación evangélica, de "mirar al que
cfr. Zac 12,10), es el momento culminante de una
evangelio de Juan. Se trata de "ver la gloria" de
como dirá Juan en su primera carta, "ver" en toda
la vida" (1Jn 1,1ss).
traspasaron" (Jn 19,37;
línea que cruza todo el
Jesús (Jn 1,14; 2,11) o,
su realidad al "Verbo de
En su costado abierto (como término análogo de su corazón), el
discípulo amado (que había reclinado su cabeza sobre su pecho: Jn 13,23-25)
quiere resumir el símbolo de su amor sacrificial, al que hay que mirar con
fe (Jn 19,34-37), para descubrir allí la fuente del "agua viva" (Jn 7,3739). "Sangre" indica una vida donada en sacrificio; "agua" es el símbolo de
la vida nueva en el Espíritu (cfr. Jn 3,5; 7,39). Jesús resucitado, al
aparecer a sus discípulos, comunicó el Espíritu Santo mostrando sus manos y
su costado abierto (cfr. Jn 20,20-22.27). "Del costado de Cristo, muerto en
cruz, nació el sacramento admirable de la Iglesia entera" (SC 5).
Mi reflexión sobre el Corazón Sacerdotal de Cristo quiere ser una
"lectura" del acontecimiento salvífico del costado abierto del Señor, a
partir de su amor sacerdotal oblativo manifestado en la última cena: "Yo me
inmolo por ellos" (Jn 17,19).
Se ha escrito mucho sobre el Corazón de Cristo y también sobre este
mismo Corazón en su dimensión sacerdotal. Iré recogiendo en las notas los
mejores estudios actuales sobre el tema, aprovechando sus aportaciones
teológicas.1
1 Tengo en cuenta especialmente dos volúmenes en colaboración: AA.VV., El
ministerio y el corazón de Cristo, "Teología del Sacerdocio" 16 (1983);
2
Mi estudio se basa principalmente en una lectura detallada del libro
de Concepción Cabrera de Armida, A mis sacerdotes. De ahí el título completo
de mi aportación: "El Corazón Sacerdotal de Cristo, en la visión de la Cruz
del Apostolado".2
Puedo ya anticipar, como resumen de mi estudio, que este Corazón
inmolado corresponde a la realidad de Cristo, el "Sacerdote misericordioso y
fiel" de la carta a los Hebreos (cfr. Heb 2,17). Es el "Corazón manso y
humilde", según las mismas palabras del Señor (Mt 11,29). Precisamente por
ello, es Corazón Sacerdotal que puede exigir a "los suyos" (Jn 13,1) una
donación de totalidad.
Por el hecho de manifestarse con una donación amorosa de "dar la vida"
(Jn 15,13), puede exigir a sus "amigos" un amor total de retorno:
"Permaneced en mi amor" (Jn 15,9). Su inmolación es una mirada amorosa y
suplicante al Padre: "Santifícalos en la verdad" (Jn 17,17).
Como es sabido, el libro A mis sacerdotes recoge las inspiraciones, a
modo de "confidencias" o comunicaciones, del Corazón de Jesús a Concepción
Cabrera de Armida, desde el 23 de septiembre de 1927 hasta el 28 de enero de
1931. Las principales "confidencias" sobre el sacerdocio las recibió
Conchita a partir de los Ejercicios Espirituales (Morelia), dirigidos por
Mons. Luis M. Martínez y que tuvieron como tema: "El interior del Corazón de
Jesús". El arzobispo de México le había indicado también el objetivo
concreto de estos Ejercicios: "Entrega total a la divina voluntad, dispuesta
a todo".3
Las
"confidencias"
del
Corazón
Sacerdotal
de
Cristo
han
de
interpretarse a la luz de su amor, que examina continuamente a "los suyos"
sobre la entrega sacerdotal. Tienen, pues, un valor permanente. Pero su
interpretación concreta está condicionada por los defectos y virtudes de los
apóstoles de una época (1927-1931) y de una geografía concreta (México),
aunque con perspectiva de universalismo eclesial, más allá del tiempo y del
espacio circunstanciales. La naturaleza humana es básicamente la misma, con
sus luces y sombras, en todas las culturas, latitudes y épocas históricas.
El objetivo amoroso de la Encarnación del Verbo es siempre universalista:
"Pedí a mi Padre bajar a la tierra para unificar el amor de las creaturas
con el Suyo" (C.C. 60,55).
El sacerdocio de Cristo y el sacerdocio ministerial, participado por
AA.VV., El corazón sacerdotal de Jesucristo, "Teología del Sacerdocio" 18
(1984).
2
A mis sacerdotes, Edición privada, estrictamente reservada a los
sacerdotes, México, Edit. "La Cruz" (usamos la sexta edición, de 1992). Ver
también los volúmenes 49-56 de la "Cuenta de conciencia".
3 Cfr. J.M. PADILLA, Concepción Cabrera de Armida (México 1986) vol. III,
pp. 403-405. Gran parte de estas confidencias sobre el sacerdocio se
publicaron (en edición privada) en Morelia (1928-1931), con el permiso del
arzobispo de Michoacán, Mons. Leopoldo Ruiz. De hecho, esta publicación (con
el título de "A mis sacerdotes") viene a ser un amplio resumen sistemático
de la "Cuenta de conciencia" de Conchita durante esos mismos años.
3
el sacramento del Orden, aparecen en las "confidencias" no por medio de una
sistematización de conceptos, sino desde los amores del Corazón Sacerdotal
de Cristo. Precisamente por esta perspectiva del "Corazón", siempre en
relación con la Cruz, el sacerdocio de Cristo y el nuestro se inserta, en el
amor de Cristo a las almas, es decir, a la Iglesia esposa y a la humanidad
entera.
En este sentido, las "confidencias" van dirigidas, en realidad a todo
creyente sensible respecto a los amores de Cristo Sacerdote, aunque la
publicación pueda haber sido reservada a los sacerdote ministros. El
sacerdocio es un don del amor del Corazón Sacerdotal de Cristo a toda su
Iglesia. Las "almas sacerdotales" lo comprenderán mejor.
En mi reflexión y estudio, me voy a ceñir a las exigencias
sacerdotales que derivan de estas "confidencias", pero derivando a un "hoy"
sacerdotal. Me refiero a la novedad evangélica que brota permanentemente del
Corazón Sacerdotal de Cristo, como actualización de su oración sacerdotal y
de su oblación en la Cruz.4
1. El misterio sacerdotal de Cristo desde sus "sentimientos"
En el evangelio, Jesús habla de su Corazón para resumir sus actitudes
internas manifestadas en su actuación externa: "Aprended de mí, que soy
manso y humilde de corazón" (Mt 11,29). Los sentimientos de Cristo se van
expresando de diversas maneras: compasión (Mt 15,32), admiración (Mt 8,10),
gozo y agradecimiento (Lc 10,21), queja por incredulidad (Mt 15,8-9),
tristeza (Mt 26,37-39), amistad (Jn 15,13-16), invitación a creer (Jn 20,
27-29).
En las "confidencias", el misterio
todos sus elementos esenciales: es Dios y
ello mismo, Salvador, Redentor, Mediador.
expresa en su obrar, especialmente por
Víctima.
sacerdotal de Cristo aparece en
hombre, el Verbo Encarnado y, por
Su ser, de Dios hecho hombre, se
su victimación. Es Sacerdote y
Estas realidades sacerdotales van aflorando desde las vivencias del
Corazón de Cristo. Parece como si se recordaran momentos evangélicos en los
que Cristo muestra su "compasión" (Mt 15,32) y también su "gozo" (Lc 10,21).
Quien lee las "confidencias", reconoce sus propios defectos (al menos en su
raíz) y se siente invitado a entrar en el Corazón de Cristo o a meter su
mano en él como Santo Tomás (cfr. Jn 20,27).
La realidad del Corazón Sacerdotal de Cristo se expresa como
victimación perfecta, en cuanto que es el Corazón de Dios hecho hombre.
Cristo tiene "Corazón de hombre", pero con un amor "divinizado por el Verbo
4 Las encíclicas sacerdotales anteriores al concilio Vaticano II, los
decretos sacerdotales del mismo concilio (especialmente "Presbyterorum
Ordinis" y "Optatam totius") y las exhortación postsinodal "Pastores dabo
vobis" de Juan Pablo II, han abierto nuevas singladuras a la espiritualidad
sacerdotal, en el sentido de urgir a una vida "evangélica", al estilo de los
doce Apóstoles ("apostolica vivendi forma"). El "Directorio para el
ministerio y la vida de los sacerdotes" detalla algo más. ¿Cómo afrontar
estas exigencias a partir del Corazón Sacerdotal de Cristo muerto en Cruz?
4
eternamente". De esta realidad, Jesús tiene conciencia "desde el primer
instante de la Encarnación", precisamente para poder asumir el "papel de
víctima".5
Es Corazón divino: "Ha llegado el tiempo de hacer brillar la Divinidad
de mi Corazón". Pero es el Corazón del "Verbo hecho carne". Por esto se
invita a un "conocimiento interno" de este Corazón:
"Ha llegado el tiempo de hacer brillar la Divinidad de mi Corazón; de
hacer amar más y más al Verbo hecho carne... Ha llegado el tiempo de
desarrollar en toda su plenitud el conocimiento interno de mi
Corazón... No es conocido en todas su fibras mi Corazón... Mis
sacerdotes transformados en Mí, conocerán en toda su extensión, las
intimidades dolorosas y tiernas de mi Corazón divino para darlas a
gustar a las almas" (A mis sacerdotes, cap. LXX).
Por tratarse del Corazón del Verbo encarnado, es un "volcán de fuego
divino", que encierra "abismos de ternura" (ibídem, LXI). Es el "Corazón de
Dios-hombre", que entrega sus "amores", es decir, "las almas" a los
sacerdotes para que cuiden de ellas (ibídem, LXXX).
Por ser Corazón humano, puede sentir "penas íntimas, delicadas e
internas" (ibídem, XIV). En él "caben todas las ingratitudes", pero también
"todos los afectos para agradecerlos" (ibídem, LXXIII).
Ese
Corazón
Sacerdotal,
divino
y
humano,
sorprende
por
su
"misericordia infinita" (ibídem, CIX). A ese Corazón, abierto en la Cruz,
hay que mirar para dejarse cautivar por él:
"¿Qué, no dejé romper mi Corazón sólo para manifestar mi amor y para
que cupieran ahí los hombres y se salvaran con mi ternura?" (A mis
sacerdotes, cap. CX).6
Así es el Corazón de Cristo Sacerdote, lleno de amor divino y humano,
expresado en ternura que exige totalidad:
"Es preciso enseñar más intensamente, a amar mi Corazón en todas sus
propiedades; su amor humano, pero derivado del amor divino; a enseñar
a las almas lo más íntimo de mi Corazón de amor, sus dolores...
divinizados y salvadores. En mi Corazón, sólo su forma y sus latidos
es lo que tiene de hombre, aunque divinizado; pero sus dolores
redentores son divinos; su vergüenza ante el Padre celestial al querer
cubrir la humanidad culpable es divina" (A mis sacerdotes, cap. LXX).
"En mi Corazón, cupo el amor divino con el amor humano, el amor de un
Dios con todo el purísimo amor del hombre!" (ibídem, cap. CXII). "Yo
en el sacerdote soy el que me inmolo" (ibídem, LXXI).
María es siempre el trasfondo materno de este Corazón Sacerdotal:
5
Vida 5,361-373; C.C. 23,246-259; cfr. C.C. 51,30.
6 Ver síntesis bíblica y teológica en: M.A. BARRIOLA, C. POZO, L.M.
MENDIZABAL, Corazón de Cristo, Escritura, Teología, Magisterio, Bogotá 1989;
I. DE LA POTTERIE, Il mistero del Cuore trafitto, Bologna, EDB 1988.
5
"Desde aquel instante (Encarnación), la Madre Virgen no ha
ofrecerme a Él (al Padre) como Víctima venida del cielo para
mundo...Me alimentó para ser Víctima y consumó la inmolación de
entregarme para ser crucificado... Siempre María me ofreció
siempre desempeñó cierto papel sacerdotal, al inmolar su Corazón
puro en mi unión" (A mis sacerdotes, cap. XCVI).
cesado de
salvar el
su alma al
al Padre,
inocente y
2. Los amores más profundos del Corazón sacerdotal de Cristo. Dimensión
trinitaria
El cruce de "miradas" entre el Padre y el Hijo deriva hacia la
expresión personal en el Espíritu Santo, cerrando el círculo de la Trinidad
en la máxima unidad de Dios Amor.
De esta vida trinitaria deriva el amor a la humanidad entera y al
hombre concreto en toda su integridad ("las almas"). Ese amor se concreta
especialmente en la Iglesia entera como esposa y partícipe del sacerdocio de
Cristo. Y de modo todavía más particular, ese amor se manifiesta hacia
quienes, como sacerdotes ministros, son, en el tiempo, la prolongación
personal de Cristo Sacerdote. Todo proviene de la unidad amorosa de la
Trinidad y todo camina hacia la participación en ella por el proceso de
santidad.
De este cruce de miradas se desprende el sentido sacrificial de "dar
la vida" (cfr. Mc 10,45; Jn 10,15; 15,13; 17,19) como clave para entender el
Corazón abierto en la Cruz.7
En las "confidencias", el lector se siente sumergido en la oración
sacerdotal de Cristo durante la última cena. Es oración dirigida al Padre,
en el amor o "gloria" del Espíritu Santo, para el bien de "los suyos".
Parece como si el gozo más profundo de Cristo se resumiera en esta
expresión: "Los has amado como me has amado a mí" (Jn 17,23).
En la oración sacerdotal, Jesucristo habla de su amor al Padre en el
Espíritu Santo, de su amor a la Iglesia y a todas las almas, de su amor de
predilección a sus sacerdotes, para llevar a toda la humanidad a la
participación del misterio trinitario: "Que todos sean uno. Como tú, Padre,
en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo
crea que tú me has enviado" (Jn 17,21).
Los amores del Corazón Sacerdotal de Cristo, por expresarse en el
cruce de miradas entre el Padre y el Hijo (con la consecuente expresión
"personal" del Espíritu Santo) y por asumir responsablemente la suerte de la
humanidad entera, se convierten en un martirio victimal: "Éstos son dos
martirios de mi ternura, mi Padre y el hombre" (A mis sacerdotes, cap. II).
Este amor del Corazón Sacerdotal de Cristo, que busca glorificar al
Padre y salvar las almas, es fuente de su dolor: "Mis anhelos de sufrir que
no se han agotado, por la fiebre que aún consume mi Corazón de amor de
7 La interioridad o sentimientos sacerdotales del Corazón de Cristo: M.
GONZALEZ MARTIN, El Corazón de Cristo, Pastor, "Teología del Sacerdocio" 16
(1983) 299-317; A. VANHOYE, Le coeur sacerdotal du Christ dans les écrits du
Nouveau Testament, "Teología del Sacerdocio" 18 (1984) 47-67.
6
glorificar al Padre y de darle almas.... El amor y el dolor que no pueden
separarse, porque ambos forman la sustancia de mi Corazón" (ibídem, LXII).
La inmolación sacerdotal de Cristo en la Cruz consiste principalmente
en este amor de su Corazón, que alcanza los frutos de la redención: "Le
muestro (al Padre) en favor de los sacerdotes y de mi Iglesia, mi Corazón
herido, le hago sentir lo que Yo siento en favor de mis ministros
culpables... Le presento al Sacerdote eterno, del cual participa mi Iglesia
santa. Esta fibra lo conmueve, lo desarma" (ibídem, CXIII).
Esta realidad íntima del Corazón Sacerdotal de Cristo se hace vivencia
en el mismo sacerdote:
"Yo soy el sacerdote quien mira a mi Padre" (A mis sacerdotes, cap.
II).
"Siempre he llevado en mi Corazón esa fibra santa y fecunda de mi
Padre, mis sacerdotes... y en esa mirada eterna (del Padre), que yo vi
y sentí, germinaron los sacerdotes en el Sacerdote eterno... ese nacer
y vivir injertados en Mí, por el germen divino y santo de su vocación"
(ibídem, LXXVII).
"Sentirán como Yo, amarán como Yo y se perderán en la unidad como me
pierdo Yo, que sólo vivo de mi Padre, y en mi Padre, y en unión del
Espíritu Santo" (ibídem, CVI).
"Las almas sacerdotales imprescindiblemente tienen que ser víctimas;
tienen que convertirse en don, ofreciéndose puras a mi Padre en mi
unión, y entregándose también en donación a las almas, como Yo"
(ibídem, LIV).
3. Los sacerdotes en el Corazón sacerdotal de Cristo
El título de las "confidencias" (A mis sacerdotes) recuerda la
expresión evangélica "los suyos", que señala el inicio de la pasión (cfr. Jn
13,1), así como otras palabras de la oración sacerdotal: "Los que tú me has
dado... el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos" (Jn
17,6.26). En su ser y vivencia, el sacerdote es signo personal o "gloria" de
Cristo (Jn 17,10).
Es el mismo amor de Cristo el que se expresa así: "Mis sacerdotes"...
Se puede auscultar en esta afirmación el eco de otras expresiones
evangélicas llenas de cariño y ternura: "Mis hermanos" (Jn 20,17), "mi
Iglesia" (Mt 16,18), "mi viña" (Mt 20,4), "mi Madre" (Lc 8,21)...
El sacerdote ministro aparece en su ser (ungido por el Espíritu
Santo), en su obrar (para prolongar la misma misión de Cristo) y en su
vivencia, traducida en imitación, unión, transformación y relación amistosa
con Cristo. Los sacerdotes son "otros Yo mismo", "otra Eucaristía ambulante"
, "Eucaristía viviente" (A mis sacerdotes, cap. CXII). De su transformación
en Cristo y de su vida de unidad (con el propio Obispo y con los demás
sacerdotes) dependerá el cumplimiento de los grandes planes de Dios Amor
sobre toda la humanidad ("las almas").8
8
Estas expresiones corresponden también a los estudios actuales: J.A.
7
Del Corazón Sacerdotal de Cristo van emanando expresiones de cariño en
torno a la afirmación "son otros Yo":
"Mi Corazón completará su reinado a medida que tenga sacerdotes como
él" (ibídem, cap. XXXIII). "Los sacerdotes son fibras de mi Corazón,
su esencia, sus mismos latidos" (ibídem). "Engendrados por el Padre,
nacieron en mi Corazón por amor, es decir, por el Espíritu Santo"
(ibídem, cap. XXXIV). "Para espiritualizar al mundo, necesito almas
interiores de sacerdotes, poseídas del Divino Espíritu... corazones
como mi Corazón, sacerdotes como el sumo y eterno Sacerdote... que se
transformen en Mí" (ibídem, cap. LXXI). "¡Quiero volverlos a mis
brazos y estrecharlos contra mi Corazón y comunicarles fuego, vida!"
(ibídem, cap. LXXIX). "Si los sacerdotes son otros Yo, tienen que
llevar en sí mismos los mismos sentimientos que Yo" (ibídem, cap.
LXXXIII.
Los sentimientos del Corazón Sacerdotal de Cristo crucificado piden a
quienes "nacieron en mi Corazón por amor" (A mis sacerdotes, cap. XXXIV),
que sean "corazones con mi Corazón" (ibídem, cap. LXXI). El ser sacerdotal
convierte a los ordenados en "fibra santa" de su Corazón. Del ser se pasa al
obrar y a la vivencia, que tiene siempre dimensión mariana y eclesial:
A) El ser y el obrar del sacerdote:
"Engendrado por el Padre y nacido por el Espíritu Santo en mi Corazón;
porque los sacerdotes son fibras de mi Corazón, su esencia, sus mismos
latidos" (A mis sacerdotes, cap. XXXIII).
"Creé a mis sacerdotes, y engendrados por el Padre, nacieron en mi
Corazón por amor, es decir, por el Espíritu Santo... y cuando el Verbo
se hizo hombre, en su Corazón nació la Iglesia" (ibídem, cap. XXXIV).
"¿Nos figuramos esos otros Yo en el mundo... que atraen y abrasan en
el amor a las almas y las hacen arder por medio de mi Corazón, de la
Cruz, del Espíritu Santo, para gloria de mi Padre?... otros Yo,
convertidos en Mí" ibídem, cap. LII).
"En el sacerdote me veo a Mí mismo... veo a mi Iglesia amada y a miles
de almas... Y éste es un tormento para mi Corazón
filial capaz de
darme la muerte... Por la Ordenación sacerdotal, adquieren un sello
divino... En la ordenación se les da la fecundidad... Yo me formo en
el corazón del sacerdote por el Espíritu Santo con la fecundación del
ABAD IBAÑEZ, El Corazón de Cristo y el ministerio del perdón "Teología del
Sacerdocio" 16 (1983) 117-152; G. FERRARO, Il cuore di Cristo e il ministero
liturgico del sacerdozio ministeriale "Teología del Sacerdocio" 18 (1984)
69-123; J.A. GOENAGA, El Corazón de Cristo y el ministerio eucarístico
ministerial, ibídem, 125-175; J.L. GUTIERREZ GARCIA, El sacerdocio y la
familia a la luz del Corazón de Cristo "Teología del Sacerdocio" 16 (1983)
233-247; N. LOPEZ MARTINEZ, El Corazón de Cristo y el ministerio de la
reconcilicación "Teología del Sacerdocio" 18 (1984) 177-201; A. SARMIENTO,
El Corazón de Cristo y el carácter misionero del sacerdocio ministerial,
ibídem, 203-246; J.A. SAYES, El Corazón de Cristo y el sacrificio
eucarístico "Teología del Sacerdocio" 16 (1983) 69-97.
8
Padre, y por esto vivo en ellos y ellos debieran vivir en Mí" (ibídem,
cap. CXVI).
"Él (el sacerdote) es Jesús, queda en su alma la estela de la
encarnación... al ofrecer la hostia al Padre, transformado en Jesús,
también es hostia, también es víctima (ibídem, cap. LIV).
B ) La vivencia del sacerdote:
"Hay que pedir para que los sacerdotes sean víctimas con la Víctima
divina" (A mis sacerdotes, cap. III).
"Me representan y que Yo vine al mundo a servir y no a ser servido...
y lastiman mi Corazón" (ibídem, cap. XIV).
"Mis sacerdotes, es decir, el grupo escogido de mi Iglesia que debe
tener la fisonomía y el corazón mismo de su Rey crucificado por
amor"... (ibídem, cap. XXXII).
"Según los deseos de mi Padre y los ardientes anhelos de mi Corazón...
necesitan ser otros Yo" (ibídem, cap. XLII).
"Para
espiritualizar
al
mundo,
necesito
almas
interiores
de
sacerdotes, poseídas del Divino Espíritu... corazones como mi Corazón,
sacerdotes como el sumo y eterno Sacerdote... que se transformen en
Mí... el Sacerdote soy Yo... Yo en el sacerdote soy el que me
inmolo... en favor del mundo" (ibídem, cap. LXXI).
"Si los sacerdotes son otros Yo, tienen que llevar en sí mismos los
mismos sentimientos que Yo" (ibídem, LXXXIII).
"Deben mis sacerdotes asemejarse a mi Corazón en su manera íntima de
sentir, sobre todo, respecto a mi Padre celestial, una sola cosa
Conmigo y con el Espíritu Santo" (ibídem, cap. XC).
"Confianza les pide mi Corazón todo indulgente y bondad... son mi
imagen en la tierra, y trato de que sean otros Yo mismo, de
transformarse en Mí... ¿Comprenden los anhelos de mi Corazón... que
anhela la santificación de mis sacerdotes?" (ibídem, cap. XCIV).
"Así quiero a todos mis sacerdotes Hostias, en el copón de mi Corazón"
(ibídem, cap. CII).
C) Con María y como Ella:
"Formar a Jesús en el corazón de los sacerdotes... éste es el papel de
María" (A mis sacerdotes, cap. XCVII).
"Así María ensanche más su Corazón y su ternura de Madre en cuanto ve
más perfecta mi imagen en el sacerdote" (ibídem, cap. XLVIII).
"Ella cuida la semilla santa que el Espíritu Santo pone en el corazón
del sacerdote... formando los rasgos de Jesús...
encarnación
mística... puede hacer... el reflejo de esa misma Encarnación
místicamente... A los Apóstoles y a mi naciente Iglesia, María les
reveló los secretos de mi Corazón" (ibídem, cap. XCVIII).
9
En resumen, el lugar que los sacerdotes ocupan en el Corazón
Sacerdotal
de
Cristo
es
de
identificación,
imitación,
sintonía
y
transformación. Las afirmaciones del Señor son muy expresivas: "Son mi mismo
Corazón" (ibídem, cap. CXIII), "otros Yo mismo" (ibídem, cap. CXII). Por
esto:
"Es un martirio para mi Corazón de amor el ver cortado un sarmiento a
su Vid que soy Yo" (A mis sacerdotes, cap. CXLV).
"El Sacerdocio, que es como otra Eucaristía ambulante... mis
sacerdotes... no sólo deben ser copones que me contengan, sino otros
Yo mismo, mi mismo Cuerpo, mi misma Sangre, en su transformación en
Mí" (ibídem, cap. CXII).
"Los sacerdotes... son mi mismo Cuerpo, mi misma Sangre, mi mismo
Corazón, son mis esperanzas en la Iglesia" (ibídem, cap. CXIII).
"El Verbo se hizo carne, como para formar en la tierra esa legión
santa de los sacerdotes, ideal del Padre, engendrados en su mente;
fruto del Espíritu Santo en su fruto Jesús, Yo, primer Sacerdote,
formados y crecidos y envueltos en mi Corazón de Hombre Dios" (ibídem,
cap. CXX).
4. Identidad sacerdotal: Sentirse realizado en el Corazón sacerdotal de
Cristo
Ser consciente y feliz con lo que uno es y hace, constituye su
identidad. Al leer las "confidencias", el sacerdote se siente amado por el
Corazón Sacerdotal de Cristo, profundamente relacionado con él, interpelado
para mejorar y fecundo, especialmente a través de las cruces de la vida y
del ministerio sacerdotal.
Estas "confidencias" sólo pueden captarse desde los amores de Cristo,
"de corazón a corazón" (A mis sacerdotes, cap. XCIII; cfr. Jn 13,23). Las
expresiones de ternura de parte del Corazón de Cristo Sacerdote llegan a un
lirismo de antología. Sólo a partir de esa ternura misericordiosa se pueden
comprender las correcciones concretas, los exámenes y las descripciones
detalladas de defectos y pecados en el ejercicio del ministerio y en la vida
sacerdotal, de quienes son calificados como "mis sacerdotes", "los míos, los
que debieran ser otros Yo y que no lo son" (ibídem, cap. XXII).
Ese amor de Cristo es oblativo, de Sacerdote y Víctima: "por ellos yo
me inmolo" (Jn 17,19). Habla, pues, el Corazón de Cristo, manifestando una
vez más su amor "hasta el extremo" (Jn 13,1), en donación plena y
permanente, presente en la Eucaristía por ministerio de sus sacerdotes. Y,
por esto, también manifiesta su dolor, porque "los suyos" no siempre le aman
con un amor de retorno. Es, pues, una declaración de amor que pide a gritos
una respuesta generosa: "Como mi Padre me amó, así os he amado yo;
permaneced en mi amor" (Jn 15,9).
No queda faceta ministerial que no tenga su examen
predilección, que denuncia los defectos sin paliativos y que
personas sin humillarlas, como saben hacer los enamorados. Se
franqueza todo lo que lastima la finura, la delicadeza y la
de amor de
anima a las
denuncia con
ternura del
10
Corazón de Cristo Sacerdote (A mis sacerdotes, cap. XXXI). Por esto, todo el
libro es "una lección de amor" (ibídem, cap. X), impartida por un Corazón
"conmovido" (ibídem, cap. CVII). No existe el tono de tragedia, sino sólo el
de esperanza. Jesús, también ahora, sigue hablando con el Corazón en la
mano.
Estos textos son como "llamas" o "gritos" del Corazón de Cristo, que
no puede admitir componendas en "los suyos". La palabra "quiero" se repite
con insistencia. "Tengo sed de amor sacerdotal... sed de corazones
sacerdotales todos míos" (A mis sacerdotes, cap. LXXII); "necesito
sacerdotes con el fuego del Espíritu Santo" (ibídem, cap. LI), "una legión
de sacerdotes santos, transformados en Mí mismo, que cubran la faz de la
tierra que la evangelicen con palabras y obras" (ibídem, cap. CVII).
En las "confidencias" aparecen los contenidos bíblicos del corazón
humano. Sólo Dios conoce el corazón (1Sam 16,7; Sal 44,22). Y es el mismo
Dios quien lo escruta, prueba, purifica y renueva (Sal 7,10; 51,12; Ez
36,26), para escribir en él su ley (Jer 31,33) y exigir un amor de totalidad
(Deut 4,29). El corazón está sano cuando sabe escuchar la Palabra de Dios
(Os 2,16; cfr. Lc 2,19.51).
Dios quiere trasformar el corazón de piedra en "un corazón nuevo" (Ez
18,36; 36,26), para que todos se vuelvan a él "con todo el corazón" (Jl
2,12). En este corazón unificado por el amor, "habita Cristo por la fe" Ef
3,17) y el Espíritu Santo comunicado por el Padre (Rom 5,5). Entonces la
comunidad eclesial puede llegar a ser "un solo corazón y una sola alma" (Act
4,32; cfr. Ez 11,19).
El sacerdote que lee estas "confidencias" del Corazón Sacerdotal de
Cristo, se siente, pues: A) amado, B) relacionado y acompañado, C)
interpelado, D) fecundo espiritual y apostólicamente.9
A) Saberse profundamente amado por Cristo:
"Mi primer amor, después de mi Padre, es María; y después mis
sacerdotes, mi Iglesia, y en ella las almas" (A mis sacerdotes, cap.
VIII).
"Mi Iglesia es de amor, porque Yo soy amor...¡Es terrible para la
ternura de mi Corazón perder un alma de sacerdote para siempre!...
¡Quiero encontrar un corazón donde desahogar la amargura infinita del
mío!" (ibídem, cap. LXVIII).
"Éste es mi Corazón, vibrante de ternura y de dolor por mis
sacerdotes" (cap. 117). "Los llevo desde la eternidad en los abismos
ternísimos de mi Corazón... Nacidos en mi Corazón" (ibídem, cap. CXX).
"Éste
es mi Corazón, vibrante de ternura y de dolor por mis
sacerdotes" (ibídem, cap. CXVII)."Pedazos de mi Corazón" (ibídem, cap.
CXIX).
"Y en ese costado abierto por la lanza tuvieron su cuna los sacerdotes
9 Cfr. L.M. MENDIZABAL, El ministerio del Corazón de Cristo, centro de la
vida y del ministerio sacerdotal, en: AA.VV., El ministerio y el corazón de
Cristo, "Teología del Sacerdocio" 16 (1983) 177-200.
11
de la Iglesia... Mi vida fue su anuncio; el Calvario, su
María... Y así se engendraron mis sacerdotes y nacidos en mi
¿cómo no amarlos con pasión divina? ¿Cómo no los ha de ver
con la ternura misma que me ve a Mí?... si nacieron de mi
(ibídem, cap. XXXIV).
cuna con
Corazón,
el Padre
Corazón"
"Nacieron a impulsos de los latidos amorosos y dolorosos de mi Corazón
en la cruz" (ibídem, cap. XXXV).
"Es preciso amar a los sacerdotes como los amo Yo... con mi Corazón
todo caridad y ternura, como quien dio la Sangre y la vida... A los
sacerdotes indignos los amo más... ¿No quieren acompañarme, no quieren
consolarme?
Mi
mayor
consuelo
es
darme
sacerdotes
santos,
transformados en Mí... Siempre mi Corazón se inclina a la
misericordia, al perdón... Son míos por doble donación de mi Padre y
del Espíritu Santo, que me ungieron con el Sacerdocio eterno, y todos
dependen de Mí y todos son uno en Mí, su Cabeza, su Corazón..."
(ibídem, cap. CXVI).
"Éste es mi Corazón para el sacerdote; su principio amoroso en el seno
del Padre, un mar doloroso desde el seno de María" (ibídem, cap. CXX).
B) Sentirse relacionado con Cristo y acompañado por él:
"La falta de amor es lo que más contrista mi Corazón" (A mis
sacerdotes, cap. X). "Quiero su perfección y santificación" (ibídem,
cap. XXXI).
"Muchos medios les he dado para activar esa transformación que vengo
persiguiendo, ya con mis quejas... y muchas veces con amor que pide,
con amor que perdona, con amor que suplica, con amor que ofrece, con
amor que no mide" (ibídem, cap. LXXVI).
"El remedio para un sacerdote, tentado en su vocación, es orar,
descubrirse a su Obispo, y buscar refugio en mi Corazón y en María"
(ibídem, cap. XXII).
"¡Quiero volverlos a mis brazos y estrecharlos contra mi Corazón y
comunicarles fuego, vida! Todo esto quiero en estas confidencias
secretas y de mi Corazón todo ternura y caridad... en donde esté un
solo
sacerdote,
estaré
Yo
obrando,
atrayendo,
purificando
y
santificando" (ibídem, cap LXXIX).
"En estas confidencias íntimas, de corazón a Corazón, les voy a
confiar un secreto que dejé traslucir: la debilidad, le llamaremos
así, del Corazón de un Dios Salvador, de Jesús Redentor... Es el amor
que me vence... que me hace abajarme y olvidar... besar, y estrechar
contra mi Corazón ardiente a las almas pecadoras, a las almas
ingratas" (ibídem, cap. CXIII).
"Nada hay tan íntimo en mi Corazón como los sacerdotes... ¡Si ellos
son como las entrañas de mi alma, si los llevo desde la eternidad en
los abismos ternísimos de mi Corazón!... Nacidos en mi Corazón"
(ibídem, cap. CXX).
"María fue siempre el espejo donde se reflejaba mi Corazón con todas
12
sus torturas... mis sacerdotes, porque desde la Encarnación los he
llevado en sus vocaciones sacerdotales, ahí dentro, muy dentro y he
alimentado y comprado esas vocaciones con los dolores íntimos de mi
Corazón... que eso me costó la Iglesia el precio sin precio de los
íntimos y crueles martirios de mi Corazón" (ibídem, cap CXXXIX).
C) Sentirse interpelado para entregarse del todo:
"Es un bien que les hago a mis sacerdotes, al señalarles lo que me
hiere... lo que lastima la finura y delicadeza y ternura de mi
Corazón. Quiero conmoverlos; quiero su perfección y santificación" (A
mis sacerdotes, cap. XXXI).
"Por eso me duelen en lo más íntimo sus
alejamientos... si los amo con la ternura de
(ibídem, cap. XCIV).
desconfianzas, sus
todas las madres!"
"Que sientan lo que Yo siento, que quieran lo que o quiero, que amen
como Yo amo... Que las almas pidan sin cesar... porque Yo sea
glorificado en mis sacerdotes transformados en Mí... esas almas
predilectas de mi Corazón" (ibídem, cap. CVI).
"Y Yo debiera ser su vida misma... son los sacerdotes para Mí, mis
manos, mis obreros, mi mismo Corazón... En el sacerdote me veo a Mí
mismo... veo a mi Iglesia amada y a miles de almas... Y éste es un
tormento para mi Corazón
filial capaz de darme la muerte"(ibídem,
cap. CXVI).
"Las almas
sacerdotes
espinas y
sacerdotes
me costaron el precio de mi Sangre... y las almas de más
se compran con la Sangre de mi Corazón, es decir, con sus
dolores íntimos que son el precio sin precio de mis
amados" (ibídem, cap. CXX).
"Me duelen esos miembros de mi Cuerpo sacerdotal, esas como sangrías a
mi Iglesia amada... Porque para Mí mis sacerdotes son como la médula,
la sustancia de mi Corazón" (ibídem, cap. CXXI).
D) Ser fecundo espiritual y apostólicamente:
"Y cuánto ama mi Corazón a las almas de mis sacerdotes y cómo ansío
reflejar en ellas mis misterios!" (A mis sacerdotes, cap. LIV).
"Los dolores y sufrimientos de un sacerdote transformado en Mí son
penas y sufrimientos redentores... Este es un punto muy serio y muy
capital; ésta es una fibra dolorosa de mi Corazón que hoy descubro, el
desperdicio de los sufrimientos sacerdotales" (ibídem, cap. LXXVV).
"Hemos llegado al punto culminante... asemejarse al Hijo es asemejarse
al Padre... es reflejar al Padre, identificarse con el Padre, es ¡ser
padre!... Cuántos sacerdotes han pasado por alto estas delicadezas de
mi Corazón" (ibídem, cap. LXXXVIII).
"En la ordenación se les da la fecundidad" (ibídem, cap. CXVI).
5. En el "hoy" del Corazón Sacerdotal
singladuras de la espiritualidad sacerdotal
de
Cristo,
hacia
las
nuevas
13
La Iglesia ha ido viviendo y experimentado, en el decurso de dos
milenios, que "el amor de Cristo excede todo conocimiento" (Ef 3,19). Los
Padres presentaban ese amor con el símbolo de su corazón. Desde la Edad
Media, se fue generalizando la devoción al Corazón herido de Jesús, como
término de un camino espiritual: por sus pies (purificación) y sus manos
(iluminación), para entrar en su Corazón (unión). Desde las revelaciones
privadas a Santa Margarita María de Alacoque (1647-1690), se hizo más
popular esta devoción.
El magisterio pontificio (e.g. enc. Haurietis Aquas, de Pío XII, 1956)
ha ido presentado a la comunidad eclesial algunos aspectos de esta devoción:
naturaleza, objetivos, medios. Se ha hecho hincapié en el amor de Cristo
simbolizado por su Corazón (en lenguaje bíblico), se ha descrito su amor (en
armonía y unidad: divino, humano, espiritual y sensible), se ha invitado a
la respuesta de amor, confianza, reparación. El Corazón de Cristo es "la
síntesis de todo el misterio de nuestra redención", porque "a nuestro divino
Redentor le clavó en la cruz la fuerza de su amor" (Pío XII, Haurietis
Aquas).
En el campo apostólico, se ha instado a vivir el amor de Cristo al
estilo de San Pablo: "El amor de Cristo nos apremia al pensar que, si uno
murió por todos, todos por tanto murieron. Y murió por todos, para que ya no
vivan para sí los que viven, sino para aquel que murió y resucitó por ellos"
(1Cor 5,14-15). Ordinariamente se ha unido ese anhelo apostólico al tema de
la "sed" de Cristo (cfr. Jn 19,28).
Hoy la Iglesia, al señalar las líneas básicas de la espiritualidad
sacerdotal, acentúa el aspecto relacional con Cristo y de sintonía con los
sentimientos de su Corazón. La "ascesis propia del pastor de almas" (PO 13)
y la caridad pastoral encuentran su fuente en los amores del Corazón
Sacerdotal de Cristo.10
Si, como hemos dicho más arriba, Cristo sigue hablando con el Corazón
en la mano, es para invitar a entrar en él. Esta invitación de las
"confidencias" nos conduce a comprender mejor la afirmación de la
exhortación Pastores dabo vobis: "La espiritualidad del Corazón del Señor
supone llevar una vida que corresponda al amor y al afecto de Cristo
Sacerdote y buen Pastor: a su amor al Padre en el Espíritu Santo, a su amor
a los hombres hasta inmolarse entregando su vida" (PDV n. 49). "El corazón
de Dios se ha revelado plenamente a nosotros en el Corazón de Cristo Buen
Pastor. Y el Corazón de Cristo sigue hoy teniendo compasión de las
muchedumbres y dándoles el pan de la verdad, del amor y de la vida, y desea
palpitar en otros corazones, los de los sacerdotes" (PDV n. 82).
A mis sacerdotes va presentando estas mismas realidades de gracia, con
la terminología de su época y con una fuerte dimensión trinitaria,
cristológica, pneumatológica y eclesiológica: los amores del Corazón de
Cristo Sacerdote afloran en cada página de las "confidencias":
"Estas Confidencias han tenido por objeto unir a todos los sacerdotes
10 AA.VV., Il cuore di Cristo e la formazione sacerdotale oggi (Roma,
Centro Volontari Sofferenza, 1990). Ver afirmaciones parecidas en en la
exhortación postsinodal Vita Consecrata nn. 18, 23, 40, 65-66, 109.
14
en la unidad de la Trinidad, pero transformados en Mí" (ibídem, cap.
LXIV). "Para esto he tocado el corazón del sacerdote en todas sus
fibras principales en estas confidencias amorosas... y abierto ante
sus ojos horizontes de perfección" (ibídem, cap LXV). "Estas
confidencias... si han sido y son un desahogo de mi Corazón amargado,
llevan siempre el fin de llegar al fondo de las almas sacerdotales"
(ibídem, cap. XCV). "Y Yo prometo que estas Confidencias del Corazón
de un Dios hombre conmoverán y darán copioso fruto a mi Iglesia y una
grande gloria a la Trinidad" (ibídem, cap. LX).
Si se leen estas "confidencias" con sencillez, sin prisas y con el
corazón abierto a la gracia, nadie se siente cohibido, sino más bien
invitado a avanzar con alas desplegadas por el camino de la santidad, y a
profundizar muchos temas básicos de espiritualidad cristiana y sacerdotal:
la vida trinitaria en sí misma y participada, la Encarnación del Verbo en su
aspecto sacerdotal desde el seno de María, la acción renovadora del Espíritu
Santo, la espiritualidad de la Cruz, el Corazón de Cristo Sacerdote en sus
vivencias más hondas, la cercanía materna de la Santísima Virgen, el
misterio pascual presente en la Eucaristía (sacrificio, presencia y
comunión), la Iglesia esposa y madre, el sacerdocio ministerial y el
sacerdocio de los fieles en su relación mutua, el celo misionero sin
fronteras, etc.11
Cada uno se siente invitado a encontrar, a la luz de la fe, un sitio
privilegiado y reservado en el Corazón de Cristo, como una "fibra" del mismo
o como parte de su misma biografía. "El Hijo de Dios, con su Encarnación, se
ha unido en cierto modo con todo ser humano" (Gaudium et Spes n.22). Desde
la Encarnación, "el tiempo llega a ser una dimensión de Dios" (Tertio
Millennio Adveniente 10). En esta perspectiva podrán entenderse las
"confidencias" cuando hablan de la "Encarnación mística" o participada y
vivida por el camino de la perfección.
Las nuevas singladuras de la espiritualidad sacerdotal pasan por el
Corazón Sacerdotal de Cristo. A la luz de este Corazón, en la visión de la
Cruz del Apostolado (según Concepción Cabrera de Armida), la espiritualidad
sacerdotal se hace eminentemente: A) Eucarística, B) mariana, C eclesial, D)
misionera, E) de comunión fraterna, F) de entrega sincera a la santidad.
A) Centralidad de la Eucaristía en la espiritualidad sacerdotal:
"Miren cuál fue el principal motivo de la Encarnación del Verbo:
purificar al mundo y perpetuar su estancia en él de dos maneras, en la
Eucaristía y en el sacerdocio, que es como otra eucaristía
ambulante... perpetuarán, como la Eucaristía, en ellos mismos, mi
estancia en la tierra... eucaristías vivientes... No acaba la misión
del sacerdote en el altar, sino que ahí empieza, por decirlo así" (A
mis sacerdotes, cap. CXII).
11 Son temas que también aparecen en algunos estudios sobre el Corazón de
Cristo: A. BANDERA, Papel de María en la formación del Corazón sacerdotal de
Cristo "Teología del Sacerdocio" 16 (1983) 201-231; J. ESQUERDA, Corazón
abierto (Barcelona, Balmes, 1984); J. GALOT, Il Cuore di Cristo (Roma 1986);
B. RAMAZZOTTI, Spiritualità del Cuore di Gesù (Verona 1995); A. VIVO, El
sacerdote, formador de la comunidad según el Corazón de Cristo "Teología del
Sacerdocio" 16 (1983) 153-176.
15
"Los sacerdotes me deben pues vocación, María, Sangre, plegarias,
vida, Esposa, transformación, y ese más que representarme en la
tierra, el que sean otros Yo mismo en las Misas... ser otros Yo en
todo instante y ocasión, que es lo que vengo buscando" (ibídem, cap.
LXXXVIII).
B) Dimensión mariana de la espiritualidad sacerdotal:
"Mi primer amor, después de mi Padre, es María; y después mis
sacerdotes, mi Iglesia, y en ella las almas" (A mis sacerdotes, cap.
VIII).
"María quiere sacerdotes vírgenes... Tienen los sacerdotes un sitio
especial en el Corazón de María y los latidos más amorosos y
maternales de ella, después de consagrarlos a Mí, son para los
sacerdotes. Ellos son la parte predilecta y consentida de su alma en
el mundo" (ibídem, cap. XLVII).
"Me alimentó para ser Víctima y consumó la inmolación de su alma al
entregarme para ser crucificado... Siempre María me ofreció al Padre,
siempre desempeñó cierto papel sacerdotal, al inmolar su Corazón
inocente y puro en mi unión... su íntima presencia con él (con el
sacerdote) en el altar... en su Corazón, eco fidelísimo del Mío y
elemento necesario para el fundamento de mi Iglesia a la vez que para
el sostén espiritual de mis Apóstoles y primeros discípulos" (ibídem,
cap. XCVI).
"Si María es Esposa del Espíritu Santo, también es para engendrar de
El, las vocaciones sacerdotales que sirven en la Iglesia... mi Madre
que toda era para Mí... cuyo Corazón palpitaba al unísono del Mío...
Pero fue preciso para mi tierno Corazón el crucificarla" (ibídem, cap.
XCVII) 12
C) Dimensión eclesial de la espiritualidad sacerdotal:
"Quiero sacerdotes celestiales, tales como los necesita mi Iglesia y
ha concebido mi Corazón" (A mis sacerdotes, cap. XV).
"Se falta a la fidelidad a la Iglesia... los sacerdotes que tales
monstruosidades cometen con mi Iglesia no saben lo que hacen, no han
penetrado en mi Corazón" (ibídem, cap. LXXXIV).
12 El "Corazón" de María indica toda su interioridad en relación con
Cristo su Hijo. En su Corazón encontraron acogida las palabras del Señor:
las palabras del ángel (Lc 1,29), el mensaje de Belén (Lc 2,19), la profecía
de Simeón (Lc 2,33), las palabras de Jesús niño (Lc 2,51)... Todo lo
"contemplaba en su corazón" (Lc 2,19.51). La actitud de "contemplar" tiene
el sentido de "confrontar" lo que está oyendo o viendo, con otros datos de
la Palabra de Dios, para comprender mejor su significado salvífico. Es la
actitud sapiencial de los pobres de Yavé. De esta contemplación en el
corazón, derivaban todas las actitudes, palabras y acciones de María. Así se
asoció a Cristo Redentor (cfr. LG 65) como modelo de vida sacerdotal (cfr.
PO 18).
16
"Desde la eternidad estaba destinada para mis sacerdotes esa Esposa,
la Iglesia, brotada de mi Corazón en la Cruz" (ibídem, cap. LXXXVIII).
D) Dimensión misionera de la espiritualidad sacerdotal:
"Mi Iglesia es Madre, y sus sacerdotes deben tener para con los pobres
entrañas maternales... ¡cuántas veces se estremece mi Corazón de pena
ante las injusticias con que humillan mis sacerdotes a esas amadas
almas!... Yo quiero llamar la atención sobre este punto que lastima la
caridad de mi Corazón... quiero que los míos me imiten y tengan un
mismo corazón con todas las almas y vean en ellas sólo a Mí, porque
reflejan la Trinidad cuya imagen llevan" (ibídem, cap. XXVII).
"La Iglesia que es madre... y en su corazón, como en el Mío, caben
todas las almas... Mi Corazón es infinitamente bueno; sabe olvidar,
perdonar y ¡amar!... si todos mis sacerdotes... se transformaran en
Mí, me amaran a Mí y en Mí a las almas, sólo en Mí, serían felices"
(ibídem, cap. LXXXI).
E) Espiritualidad de comunión fraterna:
"Una petición amorosísima de mi Corazón: el hacerlos UNO con el UNO...
Quiero... unificándolos con todo lo que soy y tengo mío para
consumarlos desde la tierra en la unidad de la Trinidad" (ibídem, cap.
LXXI).
"Quiero que todos los sacerdotes vengan a Mí... que realicen ese grito
secular de mi Corazón, la consumación de todos en uno, en mi Padre y
en el Espíritu Santo, en la unidad perfecta de la Trinidad!" (ibídem,
cap. LXXXII).
"Allí (en los Seminarios) tengo Yo mis ojos y también mi Corazón"
(ibídem, cap. XXVIII).
"Ése debe ser el oficio de los Obispos, ofrecerse en Mí al Padre en
favor de los sacerdotes... No basta que se lamenten, sino que se
inmolen" (ibídem, cap. CXVI).
"Que tengan un solo corazón, el mío" (ibídem, cap. LVII).
"Yo aseguro que si los sacerdotes todos a una, en la unidad de la
Trinidad, emprenden este gran impulso santificador y divino... será
éste un consuelo para la Santa Sede y un grande obsequio para mi
Corazón... El Corazón de María, nido purísimo del Espíritu Santo, nos
conducirá a El" (ibídem, cap. LXXX).
F) Entrega incondicional a la santidad:
"Quiero obsequiar a mi Padre, delicia de mi Corazón, con sacerdotes
modelos" (A mis sacerdotes, cap. XXXV).
"¿Cómo no ha de sentir mi Corazón vivos anhelos de caridad infinita
hacia mis sacerdotes para tomarlos puros, santos y transformados en
Mí, para ofrecerlos así a mi Padre?" (ibídem, cap. LXXII).
17
"El Concilio futuro tendrá y dará frutos de vida eterna (esto es del
año 1928)... ¡Cómo mi Corazón palpita y ansía esta época de
transformación en Mí y de triunfo para mi Iglesia!... como si fueran
Conmigo... un mismo corazón... han lastimado años y más años la
delicadeza y ternura de mi Corazón de amor. Hasta lo más hondo, hasta
lo más íntimo, quiero hacer la luz en el corazón de mis sacerdotes"
(ibídem, cap. LXXXV).
A modo de conclusión
El Corazón Sacerdotal de Cristo, descrito en las "confidencias" del
Señor a la Sierva de Dios Concepción Cabrera de Armida, es siempre de
"misericordia y amor". Es "el Corazón más amante y más doloroso... fuente de
todo bien y de toda luz, gracia y misericordia" (Ap. C. 43 a). A su luz,
todo dolor se transforma en donación. "Feliz el que se interne en el Corazón
de la Cruz, rompiendo su corteza, porque ése penetra en el Corazón de un
Dios-hombre" (C.C. 6,139).
La caridad del Corazón Sacerdotal del Buen Pastor, del "Verbo hecho
carne, sacrificado por amor" (C.C. 33, 272), se prolonga en sus sacerdotes.
Entonces el "dolor sufrido por amor, fecunda" (C.C. 55, 178). El dolor,
convertido en donación, es "la Cruz divinizada por el Hijo" y convertida en
"escalón para subir al amor de caridad" (C.C. 6, 123).
La espiritualidad sacerdotal es sintonía con el Corazón Sacerdotal de
Cristo, quien se entrega a sí mismo, haciendo que el sacerdote ministro
entre en la dinámica de su mirada al Padre en el amor del Espíritu Santo.
Cuando el sacerdote se identifica con esta mirada de Cristo, "de corazón a
Corazón" (A mis sacerdotes, cap. CXIII), se hace fecundo en la salvación de
las almas.
Quien aprende a "apoyar la cabeza sobre el pecho de Jesús" (Jn 13,23),
sabe también identificarse con la mirada de Jesús al Padre (cfr. Jn 17,1).
Entonces se prolonga la oración sacerdotal de Cristo en quien está llamado a
ser su "gloria" o expresión en el tiempo (cfr. Jn 17,10).
Estas "confidencias" tienden a transformar dos corazones (el de Cristo
y el del sacerdote) en un solo: "Que tengan un solo corazón, el mío" (A mis
sacerdotes, cap. LVII) "Yo soy el sacerdote quien mira a mi Padre" (ibídem,
cap. II). "Los sacerdotes son fibras de mis Corazón, su esencia, sus mismos
latidos" (ibídem, cap. XXXIII). "Necesito corazones como mi Corazón"
(ibídem, cap. LXXI). Así quiere el Señor a sus sacerdotes: "Formados y
crecidos y envueltos en mi Corazón de Hombre Dios" (ibídem, cap. CXX).13
13 La espiritualidad sacerdotal "específica" en el Presbiterio diocesano
(y, analógicamente, la espiritualidad sacerdotal de cualquier sacerdote
religioso) puede ser reforzada y motivada por las líneas de espiritualidad
que derivan del Corazón Sacerdote de Cristo, según las "confidencias"
contenidas en el libro A mis sacerdotes (o en la Cuenta de Conciencia).
Estas líneas peculiares de las "confidencias" puede ser un medio
determinante para vivir lo que es principal y específico del sacerdote
diocesano: ser signo del Buen Pastor, en la "fraternidad sacramental" y
"familia sacerdotal" del Presbiterio (cfr. PO 8; PDV 74), al servicio de la
Iglesia particular y universal, en dependencia espiritual y pastoral del
carisma episcopal que preside la diócesis en comunión con el Sucesor de
Pedro. Respetando estas realidades sacerdotales de gracia, el plan de vida
18
de un grupo o fraternidad sacerdotal, que se inspire en la doctrina de
Concepción Cabrera de Armida, se encuadrará fácilmente en el "plan de vida"
general del propio Presbiterio (cfr. PDV 79), siempre para vivir mejor la
espiritualidad específica del sacerdote diocesano.