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Edith Stein: filósofa y santa
Jorge Capella Riera
“Bien está el venerar al Crucificado en imágenes y fabricar
crucifijos [...] pero mejor que las imágenes de madera y
piedra se conviertan en imágenes vivas”. (Edith Stein)
Introducción
Caballero Bono (2010) nos cuenta que en la primavera del año 2009 se inauguró en
Berlín un busto en bronce de Edith Stein ubicado junto al río Spree. El autor de la efigie es
Bert Gerresheim 1, el mismo artista que realizó el grupo escultórico sobre la santa junto al
Seminario Diocesano de Colonia. Y al igual que allí, ha representado el rostro de la
filósofa cortado, longitudinalmente, en dos mitades que no encajan entre sí.
¿Tendrá esa bisección algún significado? Yo creo que la imagen puede sugerir que, pese
a la ruptura: la conversión y el itinerario intelectual, hay una continuidad en la persona y
en su pensamiento.
Y es que Edith fue una gran judía convertida al catolicismo y a la vez una de las grandes
filósofas del siglo XX. MacIntyre (2008) le da la talla de filósofos contemporáneos como
Lukács, Rosenzweig, Reinach, Heidegger, Ingarden, etc.,
Hay quienes han exclamado "¡Una verdadera locura!" ¿Cómo a alguien se le ocurre
renunciar a la fama y al éxito? Ella, que hubiera podido ser nombrada "Filósofa del siglo
XX" si no se hubiese retirado... Pero la verdad es que esta mujer desapareció de la vida
pública y la Orden del Carmelo, y con ella la Iglesia, se hicieron de una extraordinaria
pensadora de nuestra época.
Es por eso que Marchesi (2012) considera que “en dos mil años de historia de la Iglesia,
después del apóstol Pablo, hebreo convertido a la fe cristiana, que centró toda su
catequesis en la muerte redentora de Cristo, tal vez ningún otro cristiano de origen
hebreo, como Edith Stein, también parte del pueblo elegido y convertida del hebraísmo a
la fe católica, ha focalizado con igual fuerza el itinerario completo de su maduración
1
Gerresheim es un alemán, Düsseldorf (1935), que ha destacado como dibujante, escultor y pedagogo con
importantes esculturas sobre todo en Europa y Estados Unidos de Norte América.
1
espiritual, hasta la entrega suprema de sí mismo, en el misterio de Cristo crucificado,
“necedad” para los hombres, pero “poder de Dios y sabiduría de Dios” (1 Cor 1, 18-25)”.
Y, por su parte, MacIntyre (2008) afirma que “Edith Stein, asistente Edmund Husserl,
fundador de la fenomenología, fue una de las pocas mujeres que participó activamente
como miembro del círculo de Göttingen, una comunidad de amigos unidos por el deseo de
llevar a cabo un proyecto filosófico de corte realista”.
Ahora bien, a veces sus textos sobre espiritualidad, e incluso misticismo, han
ensombrecido su pensamiento filosófico. Pero en realidad ella va a hacer de su vida una
auténtica “filosofía”, y su filosofía se va a transformar en vida. En este sentido, podemos
descubrir en Stein un modelo de los filósofos antiguos, que hacían de su vida un continuo
filosofar. No era la filosofía un aspecto más de su vida, sino que filosofía y vida
caminaban juntos, se confundían.
Ferrer Santos ( 2011) señala que “en algunos filósofos es más relevante que en otros la
biografía. En el caso de Edith se vuelve particularmente significativa, no solo por el
atractivo que en sí misma tiene, sino también porque incide de modo especial en los
distintos hitos de su trayectoria intelectual y porque en ella la experiencia vivida es una
fuente de primer orden para el tratamiento que hace de los diversos temas, como ha
resaltado MacIntyre en la biografía intelectual que le dedica”.
Efectivamente, como afirma García Rojo (1998), “es una gran mujer entre otras cosas
porque “no se permitió que la vida transcurriese delante de ella, cual espectador
desocupado que se sienta a ver pasar la vida. No. Edith Stein es una de esas criaturas
que tomó desde joven las riendas de su mundo personal para ser protagonista del
mismo. Se ha forjado a pulso su existir y su pensar; nada se le regaló. Buscó hasta
encontrar, pugnó por vencer y convencer. Tenía de sí una alta estima y se esforzó por
mantenerla y justificarla, incluso se molestó para que otros también la alcanzasen. Tanto
su vida como su obra son de una rabiosa importancia y actualidad para nosotros,
personas, cristianos, religiosos... de finales del siglo XX”.
Cabe hablar de la actitud militante de Stein frente al discurrir de la historia del siglo
pasado. Es aquí donde cabe situar su existencia, y desde aquí se torna más
comprensible su pensar y su legado.
En la segunda década del siglo XXI estamos frente a un grave problema que parece
afectar al ser humano: la incapacidad de pensar su existencia y el desinterés, bastante
generalizado, por los valores. Vivimos también un momento histórico de grandes
contrastes. Por un lado, la necesidad profunda por recuperar “la persona”, y por otro lado
la real anulación de la persona, que centra su vida en lo casi estrictamente material y
superficial.
Lo expresado hasta aquí, especialmnete en el último párrafo, me ha motivado a escribir
este artículo con la sola pretensión de aportar al conocimiento de la vida, pensamiento y
legado de Edith Stein, Santa Teresa Benedicta de la Cruz, y de esta forma contribuir en
algo a una vida más plena para quienes tengan a bien leerme.
2
En el escrito presentaré algunas de sus vivencias y comentarios personales, tratando de
dar un panorama general de su vida, obras, pensamiento y legado; y para facilitarlo he
empleado este esquema:
-
Contexto socioeconómico y cultural
Primeros años de su vida
Estudios universitarios
Conversión
Carmelita Descalza
Personalidad
Obras
Persecución y asesinato
Pensamiento
Vigencia.
El mérito de este trabajo corresponde a los autores que he consultado y a quienes cito
literal o referencialmente, según aconseje el discurso. Si en algún caso ha habido
omisiones les pido disculpas. A todos ellos, mil gracias. Mi aporte ha consistido en
sistematizar la información que he recabado.
Como quiera que el artículo es de difusión, me he permitido una serie de anotaciones a
pie de página para referirme a datos, hechos o personas - que a lo menos yo no conocía
o había olvidado-, que me han parecido significativos para una mejor comprensión de la
grandeza espiritual de Edith Stein.
En cuanto a los nombres de ciudades respeto la manera en que han sido escritos por los
diversos autores.
Enero del 2015
Contexto socioeconómico y cultural
Gutiérrez (2014) nos dice que “la filosofía, según Hegel, es «una época elevada a
concepto». Dicha elevación implica un esfuerzo de parte del filósofo por salir de la
cotidianeidad para captar la realidad espacio-temporal en la que vive inmerso el hombre y
categorizarla en conceptos e ideas.” En ese sentido, y dado que la búsqueda de Dios que
Stein inicia está hilada en torno a su búsqueda filosófica de la verdad, es importante
contextualizarla en su espacio-tiempo en el que vive y en el que surgen las ideas
filosóficas que más la influenciaron en la formación de su pensamiento.
A lo expresado en la introducción, cabe decir que, como bien sostiene Sancho (2014), el
siglo XX “ha sido una época de grandes crisis y de grandes cambios en el panorama
social, político, religioso y científico. En medio de los grandes dramas sufridos, las dos
guerras mundiales y el terrible desenlace de Auschwitz, han surgido profundos
interrogantes sobre el valor y el sentido de la existencia del hombre”.
Pero esto no sucedió por casualidad en cada parte del mundo hubo una causa, un
preámbulo. En el caso específico de Alemania la crisis se agrava con su unificación bajo
3
la hegemonía prusiana que Bismark convirtió primero en la Corporación Germánica y
luego en el imperio alemán, proclamado en Versalles en 1871.
Ese mismo año se aprobó la ley del púlpito para controlar la influencia del clero en los
fieles. Al año siguiente se aprobó, también, la ley que controlaba la enseñanza y los
jesuitas fueron expulsados.
Años más tarde, el asesinato del heredero del trono austríaco en Sarajevo, el 28 de junio
de 1914, provocó el estallido de la Primera Guerra Mundial. Esta guerra fue
terriblemente sangrienta., Y al terminar Alemania tuvo que arrastrar un sentimiento de
derrota, que marcó los años venideros tanto en la fuerte depresión como en la sed de
venganza. Esto hizo que años más tarde, en 1933, Hitler fuera nombrado Canciller de
Alemania por el Presidente de la República de Weimar y a la muerte de este se
convirtiera en dictador del país.
Los nazis restauraron la estabilidad económica, lo que impulsó la popularidad del
régimen. El racismo, especialmente el sin sentido antisemitismo, fue una de sus
características centrales. Los pueblos germánicos —también llamados raza nórdica—
fueron considerados la representación más pura del arrianismo 2, presentándose como
una raza superior, en virtud de lo cual los judíos y otros grupos étnicos, considerados
indeseables, fueron perseguidos o asesinados, y la oposición al gobierno de Hitler fue
reprimida sin piedad.
Vino luego la Segunda Guerra Mundial con todas las atrocidades que durante la misma
se cometieron, especialmente con ciudadanos judíos, hasta que llegó la capitulación del
régimen nazi el 8 de mayo de 1945. Tras seis años de guerra la estructura económica de
Alemania se había quedado en nada.
Felizmente Adenauer 3, Canciller de 1949 a 1963, inició la reconstrucción de la Alemania
Occidental y ayudó a convertir la nación en una potencia económica. Entonces el país
retomó los cauces de la vida democrática en todas sus expresiones.
Edith Stein vivió en este contexto, sinembargo, no se dejó arrastrar por la corriente
política, social y cultural, sino que desde que tomó conciencia de la realidad, se empeñó
por buscar respuestas y soluciones. En medio de estas vicisitudes, y a pesar de ellas,
nuestra protagonista no renunció jamás a considerarse alemana; más bien al contrario,
2
El arrianismo es el conjunto de doctrinas cristianas expuestas por Arrio, un presbítero de Alejandría que
sostenían que Jesús era hijo de Dios, pero no Dios mismo. Fue condenado definitivamente como herejía en
el Primer Concilio de Constantinopla (381). El nazismo toma una vertiente del arrianismo, según la cual
inexplicablemente la raza aria era una raza superior. En virtud de esta creencia, el asesino Hitler excluía de la
raza humana a los judios y a la gran mayoría de los eslavos por tener influencias judías. Por lo tanto los
Convenios de Ginebra no les eran aplicables.
3
Konrad Adenauer, político católico, presidió la cámara alta del Parlamento prusiano durante la República de
Weimar, entre 1920 y 1933. Al llegar al poder los nazis fue internado en el campo de concentración de
Buchenwald. Al acabar la guerra participó en la fundación de la Unión Demócrata-Cristiana. Fue eligido
Canciller al ganar las primeras elecciones generales de la República Federal Alemana. Presidió el gobierno
alemán durante 14 años, por lo que es considerado el «padre» de la democracia alemana. En 1954 consiguió
acabar con el estatuto de país ocupado y restablecer la plena soberanía del país.
4
se siente insertada de pleno derecho en el devenir de esta nación, conservando siempre
muy vivo el deber de agradecer los beneficios que de ello se derivan. Esto no será óbice
para que sin renunciar al destino citado, se identifique con otro: el del pueblo judío, y por
conversión, el de la Iglesia católica.
Ahora bien, no podemos pasar por alto que desde el siglo XIX pasado Alemania gozó
de una gran riqueza cultural.
La Universidad d e Breslau, Wroclaw capital de la Silesia, una región de Alemania que
pasó a Polonia después de la segunda guerra mundial, fue fundada por los jesuitas en
1645 y se llamaba Academia Leopoldina. En 1810 pasó a ser la Universidad Federico
Guillermo de Silesia, donde se estudiaba filosofía, teología católica y protestante,
derecho y medicina.
Cabe señalar que la ciudad de Breslau fue un centro importante de la cultura judía. En
1854 se fundó el Seminario Teológico Judío y en 1872 la Universidad para el estudio del
Judaísmo.
La Universidad de Berlín fundada en 1810 supuso la creación de un modelo que aún
hoy caracteriza a la universidad alemana. En ella, según Humbolt, el individuo ya
estaba preparado para conducirse por sí mismo hacia su autodeterminación, ya no
necesitaba ser enseñado. En la universidad debía dedicarse por entero a la ciencia, a
la investigación en soledad y libertad, en la que la cooperación entre el maestro y
el alumno constituían la verdadera formación”.
Frente a los negativo y positivo a que tuvo que enfrentarse, Donoso Brant (2010)
considera que “Stein cree tener claro cual es su puesto en la historia de su tiempo, y
como observadora atenta advierte la situación del mundo que le rodea; el familiar, el
estatal, y hasta el europeo y mundial. Ha iniciado el despliegue de sus afinadas antenas,
con lo que el campo de acción es muy amplio, resultando fácil detectar la situación de las
novedades respecto al centro receptor”.
“A medida que analiza los textos, añade, advierte que la historia no puede ser sólo lanzar
la mirada a un pasado inmortalizado en las páginas de los libros; la historia no es tanto
conocer cuanto participar activamente en el presente. En la concepción steiniana la
marcha de la historia no es algo que se impone sin más, un sino ineludible, antes que
nada es un quehacer cuya responsabilidad compete a todos, quieran o no. Por activa o
por pasiva todo sujeto está implicado en el devenir histórico. Edith Stein optó por ser
actor, protagonista, en lugar de dejar pasar los acontecimientos en actitud fatalista.”
Su amor por la historia no era un simple sumergirse romántico en el pasado. Iba unido
estrechamente a una participación apasionada en los sucesos políticos del presente,
como historia que se está haciendo.
Exponente de la atención prestada a la historia presente será, por ejemplo, la lectura
regular de periódicos, y además liberales. Así pues, la filosofía y la historia se aliarán a la
hora de concebir Edith Stein su cosmovisión en la que ella misma queda comprendida.
5
Esta mujer pronto advirtió el peligro que encierran las miradas unilaterales y los
raquitismos intelectuales o el solipsismo 4; si asoman dichos momentos en su mundo,
automáticamente se ponen en guardia sus resortes advirtiendo de las consecuencias no
deseadas. Así va por la vida, así va configurando su pensar, y desde esta plataforma
contempla el mundo de su tiempo, el de la primera mitad del siglo XX.
Primeros años de su vida
La familia Stein era judía y procedía de Lublinitz (Polonia); y el matrimonio conformado
por Siegfiied Stein y Auguste Courant se trasladó a Breslau en 1890.
El Sr. Stein trabajaba como mayorista en la venta de maderas, un negocio que le
permitía dar a su familia una vida hasta cierto punto acomodada. Y lo más importante,
era u n a d e e s a s familias que valoraban la formación de los hijos, preocupados por
el futuro. Se consideraban completamente alemanes, como solía ocurrir con los judíos
afincados en el país, que ya habían asimilado su cultura.
El 12 de octubre de 1891 nace Edith en Breslau, Ello ocurrió cuando la familia festejaba el
Yom Kippur. 5 Esto hizo que su madre tuviera una especial predilección por la hija más
pequeña. Era la última de una familia numerosa.
Cuando sólo tiene un año y medio muere su padre. Su madre, de carácter
enérgico y trabajador, al quedarse sola consiguió sacar a flote la industria de madera.
Eso no impidió hacer frente al cuidado de la familia por lo que desde muy pequeña es
el modelo de mujer que observa. La imagen que Edith tiene de ella es la de la mujer fuerte
de que hablan las Sagradas Escrituras.
Pese a las dificultades iniciales, nunca pasaron hambre, pero sí se acostumbraron a
una vida de sencillez. Vila Griera (2014) nos dice que cuando la economía estuvo
afianzada, la madre, recordando el pensar y sentir de su difunto esposo, permite que sus
hijas más jóvenes hagan estudios académicos, algo poco común en la mujer de aquel
tiempo.
Edith cuando mayor dirá en su autobiografía: “Hay un aspecto de la vida de nuestra
familia que siempre he destacado, el tremendo respeto por la formación. Recuerdo
claramente el dicho que frecuentemente repetía mi padre: Pueden quitarte tu dinero o
tus posesiones. Pero nadie puede quitarte lo que está en tu cabeza”.
4
Solipsismo, del latín "solus ipse" ("solamente yo existo") es la creencia metafísica de que lo único de lo
que uno puede estar seguro es de la existencia de su propia mente. La realidad que le rodea no se puede
conocer. Todos los objetos, personas, etc., que uno capta o experimenta serían meramente emanaciones de
su mente.
5
Yom Kipur es el día judío del arrepentimiento, considerado el día más santo y más solemne del año.
Comienza en el anochecer del noveno día del mes de Tishrei (primer mes del calendario hebreo moderno,
cercano al equinoccio otoñal del 21 de septiembre) y continúa hasta el anochecer del siguiente día.
6
Erna Biberstein-Stein (1949), hermana de Edith, nos cuenta que “su primera niñez
coincidió en el tiempo en que nuestra madre sobrellevaba las tareas más pesadas, tras la
muerte repentina de nuestro padre. A causa de sus cargas inevitables poco podía
dedicarse a nosotras. Las dos "pequeñas" estábamos acostumbradas a entendernos las
dos solas y -al menos por las mañanas, hasta que los mayores regresaban de la escuelanos entreteníamos nosotras solas”.
Y añade: “desde los cuatro o cinco años comenzó a manifestar conocimientos de
literatura. Cuando entré yo en la escuela, se sintió terriblemente sola, tanto que mi madre
decidió internarla en un jardín de infancia. Pero esto fracasó del todo. Se veía allí tan
desoladamente infeliz, y aventajaba intelectualmente todos los niños, que hubo que
renunciar a ello.”
Sancho (2014) afirma que “de niña fue de un talante muy despierto, y el amor a las letras
pronto la va a caracterizar. De hecho, al cumplir los seis años de edad “exige” ir a la
escuela, lo cual consigue gracias a un privilegio especial”.
En efecto a los seis años, Edith entra en un colegio de la ciudad, la Escuela
Victoria. La llamaban “la niña inteligente, ”cosa que le molestaba bastante. Ella
siempre valoró más en las personas, la bondad que la inteligencia.
Y Sancho escribe que: ”enseguida destaca entre las primeras de la clase. Pero quizás,
resulta más interesante la evolución que ella experimentaba en su interior. No podía pasar
con los ojos cerrados ante los sucesos que ella observaba a su alrededor. Cualquier
situación extraordinaria la elaboraba interiormente como tratando de encontrar respuestas
o aclaraciones”.
Según este autor, ella misma dice en su autobiografía: “Pero en mi interior había además
un mundo escondido. Todo lo que durante el día veía y oía lo elaboraba por dentro”.
Así transcurrió su infancia, feliz, rodeada de los suyos. Solo le preocupaba el problema
de la existencia divina y humana.
Del ambiente familiar apenas si podía recibir influencias o ayudas que faciliten su
comprensión de la existencia. La vida se le aparece como carente de sentido y con gran
facilidad llega al rechazo absoluto de todo. Poco a poco, se aleja de la práctica religiosa
de los suyos, y se le adormece la fe de sus padres.
Durante la pubertad, Edith comienza a entrar en una crisis, que se le va a agudizar en
la adolescencia. En 1905 decide dejar el colegio porque no quiere estudiar. A su
madre y a sus hermanos les sorprende enormemente esta decisión.
Por ese entonces, su hermana Else, que vive en Hamburgo, va a dar a luz a su
segundo hijo y pide ayuda a la familia. Edith, animada por su madre, decide ir. En
principio iba a ser un período corto, pero nuestra jovencita se queda un año.
“Mi madre no puso la menor resistencia a mi decidida voluntad. No te forzaré, decía, te
dejé entrar en la escuela cuando tú quisiste, puedes dejarla ahora si tú lo quieres. Así
dejé la escuela y fui a Hamburgo unas semanas después...”
7
“Aquí tuve conciencia completa de la oración y la abandoné por una decisión libre. No
pensaba en mi porvenir, pero seguía viviendo con la convicción de que se me había
asignado algo grande.”
Su hermana Erna nos narra que “cuando mi madre la visitó después de seis meses,
apenas si la reconoció. Había crecido muchísimo y parecía plenamente madura. En esta
ocasión confió a mi madre que había cambiado de parecer y que deseaba regresar a la
escuela para poder seguir estudiando.”
“En aquella época pensaba de vez en cuando para mis adentros: sería más sensato
que yo fuera al Instituto y no me conformase con estudiar ocasionalmente. Así
comencé de nuevo mi vida de estudiante”.
Así es cómo regresa a Breslau; se preparó en latín y matemáticas, con la ayuda de dos
estudiantes, para pasar la secundaria y superó brillantemente la reválida en 1911.
En el acto de clausura, al llegar el turno de Edith, el director dijo: Golpea en la
piedra 6 y saldrá sabiduría.
Cuando dejó el Instituto se volvió atea, pero nunca renegó del judaísmo. Esta situación
duró diez años, aunque siempre vivió en una continua búsqueda de la verdad.
Edith se planteaba, ya adolescente, qué Dios puede ser éste que no asegura la vida de la
persona. Este Dios no podía ser respuesta y por eso lo rechaza: “Ya he contado como
perdía mi fe infantil y cómo, casi al mismo tiempo, comencé a sustraerme como persona
independiente… “.
La pérdida de fe de Edith fue un gran disgusto para su madre. Era la hija con la que
solía ir a la Sinagoga, pero Edith la siguió acompañando. Tanto ella como sus
hermanos, que también perdieron la fe, fueron respetuosos, conservaron los ayunos
en la casa, a pesar de que ya no practicaban.
No cabe duda que, a partir de su regreso a Breslau, su verdadero interés sigue siendo la
filosofía como veremos al referirme a su estudios universitarios.
Pero su ejercicio docente le sigue fascinando: perteneció al Grupo pedagógico y trabajó
en la Asociación Humbolt para la educación popular, en la que se instruía a obreros.
Es más, en 1922, nos informa Ruiz-Alberdi Fernández (2005), “Edith aceptó el puesto de
profesora de Alemán en el Colegio de las Hermanas Dominicas en Speyer. Allí, trabajó
por 8 años siendo conocida por ser una mujer benévola y servicial cuya preocupación iba
más allá de trasmitir conocimientos, incluía la formación a toda la persona, pues estaba
convencida que la educación era un trabajo apostólico”.
En 1931, Edith deja la escuela del convento y al año siguiente aceptó la cátedra en la
Universidad de Münster, pero un año después le dijeron que debería dejar su puesto por
su antecedente judío. Una caritativa universidad de administración le sugirió que trabajase
6
Stein, e n alemán, significa piedra.
8
en sus proyectos hasta que la situación de Alemania mejorara, pero ella se negó.
También recibió otra oferta de América del Sur, pero tampoco la aceptó.
Por estas fechas Edith continuó sus escritos y traducciones de filosofía y asumió el
compromiso de dar conferencias, que la llevó a Heidelberg, Zurich, Salzburg y otras
ciudades.
Le interesaban también los problemas de la mujer. Entró a formar parte de la
organización "Asociación Prusiana para el Derecho Femenino al Voto". Más tarde
escribía: " como bachiller y joven estudiante, fui una feminista radical. Perdí después el
interés por este asunto. Ahora voy en busca de soluciones puramente objetivas".
Efectivamente, una lectura de sus textos revela claramente su oposición radical al
feminismo y su fuerte compromiso al reconocimiento y desarrollo de la mujer, así como
al valor de la madurez de la vida cristiana en la mujer como una respuesta para el
mundo.
Ruiz-Alberdi Fernández (2010) cree que nuestra E d i t h s iempre supo que la mujer
cambíaría de estilo de vida, entre otras razones porque Europa no podría resurgir sin
el acceso de la mujer al espacio público, social, profesional y político.
Por último concluyo este apartado señalando que Edith era afable y bondadosa con los
miembros de su familia. Incluso después de su conversión continuó yendo regularmente
a su casa. Fue amada y adorada por sus sobrinos y sobrinas. Su hermana recuerda que
con frecuencia, mientras ella trabajaba en su cuarto, tenía a los niños con ella y los
entretenía con cualquier libro. Se sentían muy felices y contentos a su lado.
Su hermana Erna dice que “los años universitarios, en que yo había comenzado a
estudiar medicina en 1909, fueron para nosotras tiempo de trabajo serio, pero también de
estupendo compañerismo. Habíamos formado un grupo de ambos sexos con los que
pasábamos nuestras horas libres y las vacaciones en gran libertad y sin prejuicios, dadas
las condiciones de aquellos tiempos.”.
De igual manera desde el convento compartió sin merma el antiguo amor y la vinculación
con inalterable interés.
Estudios universitarios
En 1911 la Universidad de Breslau se convirtió en su nuevo hogar. Tenía 19 años y una
gran ilusión por aprender
Vila Griera (2014) nos dice que “aunque un tío suyo la quiere encaminar hacia la
medicina, ella estudiará filosofía. Porqué Edith considera que: “Estamos en este mundo
para servir a los hombres, y eso se puede conseguir de una manera más perfecta
realizando aquello para lo cual cada uno está mejor dotado”.
Se matriculó en Psicología, Historia, Germanística y Filosofía. La elección de estas
materias está motivada por su inquietud personal.
9
La psicología, que centrará sus estudios era impartida por William Stern 7, con quien
pensó incluso hacer su doctorado. Sin embargo, no va a sentirse satisfecha,
fundamentalmente porque ella buscaba averiguar la esencia de la persona humana, y lo
único que le ofrecía la psicología de Stem era un método naturalista y puramente
mecánico, que en fondo partía de la concepción de la persona sin alma. Desde su
experiencia personal no podía aceptar una visión reduccionista del ser humano. Era como
privar a la persona de su dignidad más íntima.
Sus estudios de filosofía seguían el neokantismo representado en su profesor Hónigswald 8. Si
bien es cierto que su reacción no va a ser tan “violenta” como contra la psicología de Stern,
tampoco va a dejar grandes huellas en su pensamiento posterior. Precisamente en un
seminario con Hónigswald es donde Edith oye hablar de Husserl y de la fenomenología.
Lo poco que va captando de esta nueva corriente de pensamiento, va impactando su
espíritu, hasta que se decide a leer las “Investigaciones lógicas”, obra que le produjo un
fuerte impacto. Aquí descubre un nuevo modo de acercarse a la realidad. Surge en su
interior la inevitable comparación entre lo que estaba estudiando y las posibilidades que la
fenomenología parecía ofrecer.
Un día Edith lee en la prensa que Hedwig Conrad-Martius 9 se había doctorado en
filosofía. Ella querrá imitarla y deseará hacerse discípula de Husserl y por ello decide
estudiar filosofía en la Universidad de Göttingen. Husserl había creado un campo
propicio para la mujer; con la fenomenología la mujer entra en la historia de la filosofía.
Edmund Husserl fue un filósofo judío/alemán que nació el 8 de abril en 1859 en
Prossnitz, hoy Prostejov, actual República Checa. Discípulo del filósofo y psicólogo
Brentano 10, su filosofía se encuentra en la base de la llamada «escuela fenomenológica»,
de la que partieron Max Scheler y Martin Heidegger, en quien vio a su legítimo
7
William Stern (1871- 1938) fue un psicólogo y filósofo alemán, fundador, junto a Binete Galto, de la
psicología diferencial y creador del concepto de Cociente de Inteligencia (CI) para designar la relación entre
edad mental y edad cronológica. Desarrolló esta idea en el Laboratorio de Psicología de la Universidad de
Hamburgo. También ejerció docencia en la Universidad de Duke en los Países Bajos.
8
Richard Hönigswald (1875-1947) fue un filósofo neokantiano austro/húngaro de familia judía. Estudió
medicina y filosofía. Desde1916 ejerció como Profesor de filosofía, psicología y pedagogía en la Universidad
de Breslau. A partir de 1930 fue Profesor en Munich. En sus trabajos puso énfasis en la teoría del
conocimiento desde el punto de vista de la filosofía del lenguaje. En 1933 tuvo que retirarse compulsivamente,
permaneció tres semanas en el campo de concentración de Dachau y en 1939 emigro a Estados Unidos de
Norte América con su esposa y su hija..
Hedwig Conrad-Martius (1888 – 1966) fue una filósofa alemana, parte del movimiento fenomenológico, y
mística cristiana. Estudió Literatura e Historia en Rostock y Friburgo y luego filosofía en Múnich. En 1912 se
trasladó a la Universidad de Gotinga, donde entró a formar parte del grupo de estudiantes de Husserl. Su
trabajo de investigación fue temporalmente interrumpido por una prohibición de publicar bajo el régimen nazi.
Después de la Segunda Guerra Mundial fue Profesora en Múnich.
9
10
Franz Brentano (1838-1917) nació en Marienburgo, Alemania. Realizó estudios filosóficos y psicológicos.
Enseñó en la Universidad de Viena, donde ejerció mucha y positiva infuencia sobre alumnos como Sigmund
Freud, Carl Stumpf, Edmund Husserl, Kazimierz Twardowski, Alexius Meinong y Christian von Ehrenfels.
Estuvo también vinculado a la Universidad de Würzburg de Alemania.
10
continuador, aunque las ideas de éste expuestas en “Ser y tiempo” motivaron la ruptura
entre ambos.11
A partir de 1887 fue profesor en Halle, y en Gottingen desde 1906. En 1916 pasó a ser
profesor titular de la Universidad de Friburgo, donde ejercería la docencia hasta su
jubilación, en 1928.
Con la llegada del nazismo al poder en 1933, fue apartado de la docencia y falleció el 27
de abril en Friburgo en 1938.
El movimiento fenomenológico es uno de los movimientos más influyentes del siglo XX y
aún lleno de vitalidad en el siglo XXI.
Retomando a Edith diré que llega a la Universidad de Gottingen y la nueva ciudad estuvo
llena de novedades. Lo primero que tuvo que hacer Edith fue buscarse una vivienda. Su
primo Richard Courant y su mujer le ayudaron mucho. Pero no llegó sola,
compañeros de Breslau, como Rosa y Mos, también fueron a estudiar en l a
misma universidad.
Lo que al inicio fue un cambio provisional -iba con la idea de estudiar sólo un semestre-,
se convirtió en el camino a seguir. No se trató solamente de un cambio de universidad o
de escuela filosófica. Podemos tranquilamente hablar de una auténtica conversión
filosófica, o mejor dicho una conversión a la fenomenología. Y es que la fenomenología le
facilita la caída total de prejuicios para acercarse a la realidad tal como ella se presenta.
Se enfrenta a la fenomenología a través de varios de sus grandes representantes.
Fundamentalmente incidirán en su formación fenomenológica: Husserl y Max Scheler.
Con este último su contacto fue escaso aunque fundamental. Coincidió con los primeros
meses de su estancia en Gottingen. Este había sido invitado por el grupo fenomenológico
a que diera unas conferencias. En esta época Scheler vivía convencido del catolicismo y
sus lecciones públicas eran una síntesis de sus convicciones interiores. La impresión que
produjo en Edith Stein no fue indiferente: “Éste fue mi primer contacto con aquel mundo
hasta entonces desconocido. No me condujo todavía a la fe. Pero me abrió un campo de
«fenómenos» ante los que ya no me fue nunca posible pasar con los ojos cerrados. No en
vano nos habían inculcado que debíamos mirar a las cosas sin prejuicios, quitándonos
antes todas las lentes de los ojos… y el mundo de la fe quedó repentinamente abierto
ante mí. (…) Me contenté con captar sin oposición los estímulos de mi circunstancia,
transformándome casi sin notarlo”.
Su amigo Mos, como había estudiado un semestre en la universidad, introdujo a Stein en
la “Sociedad Filosófica de Gottingen” que se fundó con un grupo de estudiantes que
venían de Munich para poder estudiar con Edmund Husserl.
11
Hay historiadores que afirman que el distanciamiento se debió a la actitud asumida por Heidegger cuando,
siendo rector de la Universidad de Friburgo, Husserl tuvo que dejar la docencia en esa universidad por ser
judío.
11
Todos los que entraron a formar parte d e esta sociedad hicieron una fuerte amistad.
Edith encontró ahí a sus mejores amigos: Roman Ingarden (con quien mantuvo
siempre correspondencia), su mejor amiga Hewig Conrad-Martius y su marido, Erika
Goethe y Hans Lipps.
Edith buscaba en la fenomenología encontrar la verdad sobre sí misma y sobre el
misterio del hombre. Este método responde a su deseo de encontrar la verdad y más
tarde le ayudará a aceptar a Dios tal como Él se quiera manifestar.
El contacto y las relaciones con Husserl van a ser de gran fruto para Stein: se siente
identificada con él, al que llamará siempre “el Maestro”, y con su escuela fenomenológica,
que considerará durante toda su vida “su patria espiritual”. No obstante, como veremos
más adelante, no se da ningún tipo de adulación o de servilismo. Edith va a saber seguir
su propio camino.
Ferrer Santos ( 2011) nos cuenta que Edith siguió el curso dictado por Husserl
sobre “Naturaleza y espíritu”. Pero también le atrajeron la claridad expositiva de Reinach y
la vivacidad intelectual de Scheler.
Es en esta época que en la calificación final del trabajo de licenciatura sobre la
“ empatía” obtuvo sobresaliente. Más tarde lo completará en la tesis.
Estalla en 1914 la primera Guerra Mundial y Edith se sintió en la obligación de
interrumpir sus estudios y se fue como ayudante voluntaria de la Cruz Roja a un hospital
militar en Märish-Weisskirchen. También allí, como en todas partes, trabajó con toda el
alma, siendo estimada tanto por los heridos como por las compañeras y superiores.
Al regreso de la guerra Husserl la escoge como asistente, y llega a ser un miembro más
de la escuela fenomenológica de Gottinge de la que también formaba parte el católico
Adolf Reinach 12, el más íntimo colaborador de Husserl. Una persona cordial que
suavizaba las relaciones de los discípulos con el maestro, hombre distante y difícil de
tratar. De su encuentro con Reinach diría Edith años más tarde: "Tenía la impresión de no
haber conocido jamás a un hombre con una bondad de corazón tan pura”.
Cabe señalar que Edith no era la única de origen judío en el grupo fenomenológico. Los
judíos eran una parte numerosa dentro de esta corriente. Entre otros destaca el mismo
maestro, Husserl, que junto con su mujer se convirtió al protestantismo.
Husserl comunica a Stein que deja la Universidad de Gottinge porque le han
nombrado catedrático en la Universidad de Friburgo.
La tesis doctoral de Edith “Sobre el problema de la empatía” está terminada, por lo que
se desplaza a esa universidad para defenderla el 3 de agosto 1916 ante a Husserl. Su
calificación es de summa cum laude.
12
Adolf Reinach (1883-1917) fue un filósofo judío alemán que estudió en la Universidad de Munich donde
obtuvo su doctorado en filosofía. Luego decidió ir a estudiar con Husserl en Gotinga. Más tarde, en 1905
regresó a Munich para completar sus estudios de derecho y luego continuó en 1906-1907 en Tübingen.
Con el apoyo de Husserl, fue capaz de obtener la habilitación para la enseñanza universitaria en Gotinga en
1909.
12
Defendida la tesis doctoral, Husserl le ofrece la posibilidad de permanecer a su lado como
su asistente. Edith Stein acepta en seguida. Durante casi dos años (1916-1918) se
encargará de introducir en la fenomenología a los estudiantes de Husserl, y al mismo
tiempo el maestro le encomienda la transcripción y elaboración del volumen II de “Ideas
relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica”, donde se esboza la
noción de persona en su diferencia con el yo puro.
Son dos años en los que se empapa totalmente del pensamiento husserliano. También va
a ser testigo de la evolución del maestro hacia el idealismo trascendental, que provocará
la separación de muchos de sus discípulos. Stein confesará que ella tampoco puede
seguirle en esa dirección, y siente la necesidad de elaborar sus propios trabajos.
Viau Mollinedo (2012) nos dice que “en otoño de 1918, Edith deja de ser asistente de
Husserl porque deseaba trabajar independientemente. Deseaba obtener la habilitación
para la libre docencia, algo que era imposible para una mujer en esos tiempos”. Husserl
se pronunciaba así en un informe que redacta:"Si la carrera universitaria se hiciera
accesible a las mujeres, la podría recomendar encarecidamente más que a cualquier otra
persona para el examen de habilitación". Sin embargo, más tarde, increíblemente se le
negaría ser docente debido a su origen judío.
La primera vez que volvió a visitar a Husserl después de su conversión fue en 1930 y tuvo
con él una discusión sobre la nueva fe de la que la hubiera gustado que participara
también él.
Conversión
Ferrer Santos (2011) cree que “la fenomenóloga brillante quiere rendirse a la gracia, pero
atraviesa crisis profundas a las que su voluntad se resiste. Edith estudia incansablemente
"los fenómenos" que se van sucediendo en su alma, se apasiona por "explicar" qué es lo
que pasa sin lograrlo. Esto la lleva a tener un cansancio crónico pero que finalmente le
muestra lo que es el poder de la gracia de Dios en el alma”.
Tras retornar de la experiencia de la guerra, retomó su vida de estudiante, pero las dudas
profundas, el insaciable hambre de verdad volcado a la filosofía y el testimonio de muchos
cristianos comenzaron a socavar en ella su hasta entonces radical ateísmo.
Ferrer Santos, Viau Mollinedo, y Vila Griera nos cuentan que a finales de 1917 llegó a
Edith la noticia de que Reinach había caído en el frente. Edith fue designada para hacerse
cargo del legado filosófico del colega muerto. Tenía que pedir los papeles de Reinach a
su mujer, y temía encontrarse con una viuda deshecha en lágrimas. … Pero en la
esposa de Reinach vio, además de dolor, una fe robusta que daba serenidad y fortaleza.
Años después, Edith escribiría:"Este ha sido mi primer encuentro con la cruz y con la
fuerza divina que transmite a sus portadores... Fue el momento en que se desmoronó mi
irreligiosidad y brilló Cristo".
13
En el verano de 1921 fue durante unas semanas a Bergzabern (Palatinado), a la finca de
Hedwig Conrad-Martius y su esposo Hans-Theodor Conrad, discípulos de Husserl,
conversos al catolicismo; que una tarde encuentra en la biblioteca la autobiografía de
Teresa de Ávila, que leyó durante toda la noche. "Cuando cerré el libro, me dije: esta es la
verdad".
El 1 de enero de 1922, el padre Eugenio Breitling bautizó a Edith Stein en la parroquia
de Bad Bergzabern. Su madrina fue Hedwig Conrad-Martius. Recibió el nombre de
Teresa Hedwig. Edith eligió este nombre en agradecimiento a Santa Teresa y a su
amiga Hedwig, que fue el instrumento para conocer la vida de la santa de Avila. En
febrero recibió el Sacramento de la Confirmación de manos del obispo de Espira.
Considera que su inserción como Católica, lejos de robarle su identidad como judía,más
bien le da cumplimiento y un sentido más profundo. Al ser católica se sientemás judía;
encuentra en Jesucristo el sentido de toda su fe y vida como judía. Este doble aspecto,
crea en Edith un corazón auténticamente reconciliador entre las dos religiones.
De esta época Juan Pablo II (1999) dirá: “Durante mucho tiempo Edith Stein vivió la
experiencia de la búsqueda. Su mente no se cansó de investigar, ni su corazón de
esperar. Recorrió el camino arduo de la filosofía con ardor apasionado y, al final fue
premiada, la Verdad la conquistó. En efecto, descubrió que la Verdad tenía un nombre:
Jesucristo, y desde ese momento el Verbo encarnado fue todo para ella. Al contemplar,
como Carmelita, ese período de su vida, escribió a una Benedictina: «Quien busca la
verdad, consciente o inconscientemente busca a Dios»”. Ella que quería contar con sus
propias fuerzas preocupada por afirmar su libertad en las opciones de la vida. Al final de
su largo camino pudo llegar a una constatación sorprendente: “Sólo el que se une al
amor de Cristo llega a ser verdaderamente libre”.
Edith consideró que debía ir a visitar a su familia, a casa de su anciana madre, para
contarles lo que había hecho. Se puso de rodillas y le dijo: "¡Mamá, soy católica!". La
madre, firme creyente de la fe de Israel, lloró. Y lloró también ella. Ambas sentían que, a
pesar de seguirse amando intensamente, sus vidas se separaban para siempre. Cada
una de las dos encontró a su manera, en la propia fe, el valor de ofrecer a Dios el
sacrificio solicitado.
Al poco de su conversión, abandona su actividad científica, concibe la vida cristiana
como relación personal entre Dios y el hombre. Quiere vivir «sólo» para Dios; otra
actividad es juzgada como una distracción. Su primer director espiritual y, más tarde,
santo Tomás le hacen ver el error de tal consideración. Comprende que Dios se vale
de muchos medios en su plan de salvación. Poco a poco la Iglesia como comunidad
y lugar de manifestación del amor divino, entra en su horizonte.
Ahora bien, una vez bautizada emergió en ella, como fruto directo, la seguridad de su
vocación a la vida religiosa. Viau Mollinedo (2012) nos informa que “deseaba entrar lo
más pronto posible al convento, pero sus asesoesr espirituales, el abad de Beuron
Raphael Walzer 13 y el jesuita Erich Przywara 14, le aconsejan que espere, considerando
que aún tenía mucho bien que hacer por medio de sus actividades “en el mundo”.
13 Dom Raphael Walzer, fue abad de Beuron cuando esta abadía benedictina vivía una efervescencia
extraordinaria y uno de los centros propulsores del movimiento litúrgico alemán. Personificaba plenamente la
vida benedictina, era su encarnación viviente.Fue opuesto radicalmente a las doctrinas nazis y fue refugio de
personas, sobre todo judías, que eran perseguidas por el regimen de Hitler.
14
Cabe resaltar que para Edith conocer al abad benedictino Raphael Walzer fue una
verdadera fortuna. En la infancia ella había perdido a su padre, y ahora, en la segunda
infancia espiritual Dios le concede un padre de talla admirable. Para Edith el abad
Walzer personificaba plenamente la vida benedictina, era su encarnación viviente. Muy
pronto le abrió el alma, le confió sus problemas, y encontró en él un apoyo
incondicional. Se compenetraron a fondo. Edith veía en el joven abad, lleno de vida y de
equilibrio, un hombre de Dios; para el abad Walzer era ella una de las grandes mujeres
del presente a quién él tenía la fortuna de conocer y dirigir en la vida interior. El influjo
de Walzer sobre Edith fue muy grande. Nadie tuvo tanta influencia sobre ella, ni la
conoció tan profundamente.
El abad le introdujo de profesora en el colegio de Santa Magdalena de las dominicas de
Speyer. Además de sus clases, escribe y traduce. Durante estos años realizó, además de
otros trabajos menores, dos obras voluminosas: La traducción al alemán de las Cartas y
diarios del Cardenal Newman 15, y la traducción, en dos tomos, de las “Cuestiones sobre
la verdad” de Santo Tomás de Aquino. Este se convertirá en base fundamental para sus
obras filosóficas, escritas luego en el Carmelo. También da varias conferencias y
programas radiales dentro y fuera de Alemania, siendo reconocida notablemente por sus
colegas.
Aún en medio de tanta actividad apostólica, Edith busca siempre que puede, sobre todo
en Semana Santa, la soledad y la paz de la abadía de Beuron 16. Su amor a la liturgia de
la iglesia la lleva a pasar horas en la capilla y a celebrar las diferentes horas de oración
junto con los benedictinos.
Sobre las estancias de Edith en Beuron, el abad Walzer escribirá: “Quería estar ahí,
estar con Dios, tener ante sí en cierto modo los grandes misterios, lo que la naturaleza,
fuera del recinto sacro, no podía ofrecerle. Yo no creo que necesitara muchos textos
escritos para su reflexión y oración, o que pensara discursos espirituales, para los que
siempre la llamaban... Como su porte externo casi rígido, así permanecía su interior en
la paz de su gozosa y dichosa contemplación de Dios. Conversa agradecida y feliz de
estar en la casa de su madre, la Iglesia, reconocía en el coro salmodiante de los
monjes... a la gran Iglesia en oración. Conoció en toda su profundidad la recomendación
14 Erich Przywara (1889-1972) fue un sacerdote jesuita alemán, conocido especialmente por sus reflexiones
sobre la analogía del ser, y su impacto sobre la teología contemporánea, tanto católica como protestante. Su
filosofía estuvo inflenciada por el pensamiento de Agustín de Hipona, Tomás de Aquino, John Henry
Newman, y la fenomenología de Edmund Husserl y Max Scheler.
15
John Henry Newman (1801 - 1890) fue un presbítero anglicano convertido al catolicismo, elevado a la
dignidad de cardenal por el Papa León XIII y beatificado en 2010 en una ceremonía que presidió el
Papa Benedicto XVI en el Reino Unido. En su juventud fue una importante figura del Movimiento de Oxford,
que aspiraba a que la Iglesia de Inglaterra volviera a sus raíces católicas. Escribió varias obras y Cartas y
diarios; estos últimos son los traducidos por Stein (Ediciones Rialp.Madrid, 1996).
16
La Abadía de Beuron fue la realización monástica más vigorosa de los benedictinos gracias a un pujante
movimiento restaurador del siglo XIX y una de las más grandes empresas del espíritu de la edad
contemporánea. Paradójicamente, lo que algunos llamaron imperio cenobítico, coincidente con la ascensión
de su influencia en muchos ámbitos de la historia de entonces, empezó a declinar cuando allí volvía a
hablarse de imperio ante la persecución nacionalsocialista. El abad Raphael Walzer, elegido en 1921, tuvo
que dimitir y exiliarse en 1937.
15
de Cristo: «orad sin interrupción», y así ninguna ceremonia litúrgica le parecía
demasiado larga, ningún esfuerzo demasiado grande. Tampoco la sola belleza de la
esmerada liturgia era decisiva para su espíritu y su corazón. Ciertamente la forma
ocupaba un lugar privilegiado, con su lenguaje, su visión, su creatividad...
Carmelita Descalza
El 30 de abril de 1933, durante la adoración del Santísimo Sacramento sintió con claridad
su vocación a la vida religiosa y tomó interiormente su decisión. ¡Para la madre supuso
otro golpe! "También siendo hebreo se puede ser religioso", le había dicho para
disuadirla. "Claro - le había respondido Edith - si no se ha conocido otra cosa".
La verdad es que nuestra protagonista, desde que había leído la vida de Santa Teresa,
estaba enamorada del Carmelo y decía: "en la cima de mis pensamientos estaba sólo el
monte Carmelo" e inundada por el agradecimiento de ser Carmelita exclama: "no me
queda sino dar gracias a Dios de continuo por la inmensa gracia, inmerecida, de la
vocación" . Ahora el abad Walzer no se lo puede negar, aunque siempre sintió
perderla de la vida militante.
Al principio teme que no la admitan por su edad (42 años), su ascendencia judía y la
falta de dote. Nada de eso ocurre porque es admitida muy pronto en el convento de
Colonia. Cuando en el locutorio del Carmelo pide el ingreso en la Comunidad, expresa
los motivos de su vocación con estas palabras: “No nos puede ayudar la actividad
humana sino la Pasión de Cristo. Mi deseo es de participar en ella”. Para Edith la
vida religiosa es un martirio incruento para ganar a sus hermanos de raza para Cristo.
Edith tomó el hábito en una solemne ceremonia y eligió el nombre en religión de Teresa
Benedicta de la Cruz. El nombre de Benedicta fue por su gran amistad con los Padres
Benedictinos y de la Cruz porque se consideraba esposa del Señor bajo el signo de la
Cruz. La profesión perpetua la realizó en 1938.
En el recordatorio de su profesión perpetua, el 21 de abril de 1938, hizo imprimir las
palabras de San Juan de la Cruz, al que dedicará su última obra: "que ya sólo en amar es
mi ejercicio ".
Al cabo de seis días de su profesión solemne muere su amado profesor Husserl,
reconociendo el gran amor de Dios y el perdón de Cristo. Ella considera este
acontecimiento como un fabuloso regalo de profesión.
Rodeada de sus hermanas y en ambiente de silencio, se siente feliz y privilegiada de
gozar de tanta paz y tranquilidad interior. Se le ha concedido la gracia que hace
tanto tiempo anhelaba: «Vivir en el santuario más íntimo de la Iglesia».
Ahora su apostolado es la oración, sobre todo por el pueblo judío y por los que lo
persiguen. Pone toda su confianza en Dios, y tiene como a maestro espiritual a san
Juan de la Cruz. Con esfuerzo se va adaptando a la vida comunitaria. Ha aceptado la
vida religiosa como donación y holocausto, no reserva nada para ella, se hace dócil a
todo lo que le exigen. Valora profundamente la vida comunitaria, después de unos años
16
en el claustro, escribe: “Uno no puede conocer verdaderamente sus faltas sino viviendo
en comunidad. Cuando uno vive solo, se hace ideas falsas sobre sí mismo. Esto
constituye ya una inestimable ventaja de la vida conventual”.
En su tiempo, muchas religiosas opinaban que el trabajo intelectual no era un
trabajo auténtico ni era conforme a la vida de oración. En las órdenes masculinas no
existía esta limitación por aceptar los religiosos tareas espirituales o por ser sacerdotes.
Había que vencer muchos prejuicios, uno de ellos lo señala el moralista Hans Rotter 17:
“Una elevación de nivel en la formación de la mujer tiene como consecuencia evidente
la de una nueva visión en la sociedad. El bajo nivel católico de formación (de la mujer)
sólo se podía superar cuando dejasen de equipararse la humildad y la ignorancia.”
Es en este contexto que el padre Provincial de la Orden, abrumado por la
responsabilidad de tener a una C armelita con tanto talento, le pide que deje las tareas
domésticas y vuelva a sus trabajos científicos. Es más, ya cuando finaliza el noviciado,
le pide que prepare para su publicación su trabajo de oposiciones a cátedra “Acto y
potencia”. Bajo el influjo de sus nuevas experiencias en el Carmelo rehace totalmente el
original y lo titula: “ Ser finito y ser eterno”. Lo redacta después de dos años de
laboriosa actividad dedicándole dos horas diarias. El fenomenólogo Koyré 18 definió esta
obra como «su biografía espiritual».
También pudo terminar de escribir la obra “Acto y Potencia” y otras obras, como
veremos más adelante. Así mismo continuaba escribiendo la vida de su familia, que
llevaba varios años haciéndolo. Con ocasión de la fiesta de San Juan de la Cruz, el año
1934 Edith prepara una meditación sobre el amor a la Cruz.
En el año 1936, murió su madre. Le llegó el rumor de que su madre se había convertido
y contestó que no lo creía, “que se había mantenido fiel a su fe y ahora sería su más fiel
intercesora”.
Después de la muerte de su madre, su hermana Rosa acude al convento, se ha
convertido al catolicismo y quiere seguir a su hermana; juntas seguirán hasta el final.
La vida consagrada ofrece a Edith nuevos horizontes en la contemplación de María.
Contempla a María sobre todo en su virginidad. En la Madre de Jesús la virginidad es
disponibilidad, sin reservas, a Dios. En la religiosa la virginidad consagrada es renuncia
personal y cumplimiento de la voluntad divina. Esta actitud femenina no es represión “es
17
Hans Rotter (1932- 20149) fue un jesuita especialista en teología moral (Universidad de Innsbruck y
Universidad de München). Destacó como profesor en la Universidad de Innsbruck.
18
Alexandre Koyré: (1892-1964) nacido en Rusia adquirió la nacionalidad francesa. Es conocido
como filósofo e historiador de la ciencia y considerado como el padre de la Historia de la Ciencia. Denominó
“revolución científica” al nacimiento de la física moderna. Fue formado en las disciplinas religiosas y estudió
personalmente los argumentos de San Anselmo para su tesis doctoral. Al ser discípulo de Edmund Husserl en
Gotinga, tiene orígenes fenomenológicos en abierta oposición a la corriente epistemológica del positivismo.
En 1912 se trasladó a París para estudiar historia de la filosofía con Henri Bergson en el Colegio de Francia.
Fue Profesor tanto en Europa como en USA. Actualmente, la gran institución parisina superior de Historia de
la ciencia lleva su nombre en recuerdo de su legado.
17
ejercicio supremo de la libertad humana porque es un acto de amor voluntario al Señor”.
Cristo elige a una madre-virgen para realizar la Redención. Edith Stein descubre en este
gesto de Cristo “que la virginidad libremente elegida y consagrada es amor redentivo
para el mundo y expiación supletoria del Crucificado”. María es el modelo de la «sponsa
Christi» de la religiosa. Si ella “es el corazón de la Iglesia que llena a los miembros de
vida, la religiosa ocupa el mismo puesto y ejerce idéntica función”.
La vocación religiosa ha potenciado su conciencia de su pertenencia al pueblo judío.
Aunque perseguido, se siente orgullosa de pertenecer al mismo pueblo de Jesús. En
el Carmelo escribe a un amigo jesuita: “No puede imaginar lo que significa para mí
cuando al entrar en la capilla por la mañana contemplo en el tabernáculo y a
María, me digo: ellos eran de nuestra sangre”. Ella quiere impregnarse de la
espiritualidad que arranca de la Cruz y es capaz de la donación total. “Me dirigí al
Redentor y le dije que veía claro cómo su Cruz cargaba ahora sobre las espaldas del
pueblo judío”. Ella estará dispuesta a interceder por su pueblo y llevar su parte de cruz
por los demás. “El Señor ha aceptado mi vida por muchos. Yo soy una pequeña
Ester, pobre e impotente, pero el rey que me ha escogido es infinitamente grande y
misericordioso. Esto es un gran consuelo”.
Personalidad
Poco se conoce acerca de la conformación física de Edith. Solo sabemos que, como ella
misma relata, a su vuelta a casa procedente de Hamburgo: “Físicamente me desarrollaba
con rapidez y vigor. Aquella criatura débil se hizo casi del todo una mujer.” Además
los cabellos rubios se oscurecieron mucho. Cuando llegué a Breslau apenas me
reconocían”.
En su juventud, practicaba el tenis y el remo con sus hermanas y amigas, y se
centró mucho en el estudio, le encantaba estudiar. Una compañera suya, con la que
iba todos los días a clase, la recordaba como la más dulce, amable y profundamente
contemplativa.
En cuanto a su capacidad intelectual, quienes la conocieron opinan que fue inteligente,
innovadora, dispuesta, hacendosa y dinámica
Su hermana Erna (1949) precisa que “en la escuela y en la universidad, Edith es siempre
considerada una estudiante brillante. En el bachillerato, licenciatura y doctorado
conseguirá las calificaciones más altas”.
Era muy segura y de una energía férrea. No obstante nunca fue mala amiga, sino que
siempre fue una excelente compañera pronta a ayudar. Demostraba en todo momento
amabilidad, paz, silencio, servicio y dominio de sí misma.
García Rojo nos dice que “la entera existencia de Edith Stein rezuma pasión e intensidad;
no obstante, puede constatarse períodos singularmente significativos, que ponen mejor al
descubierto en toda su originalidad el espíritu peculiar del sujeto en cuestión. Uno de esos
momentos claves, y que de alguna manera condiciona, orienta y explica el devenir un
tanto sorpresivo de esta mujer, es la etapa juvenil (más o menos desde los 17 a los 25
años, de 1908 a 1916). Es entonces cuando, pasada ya la crisis de la adolescencia, toma
decidida las riendas de su existir para configurar, a partir de su rico mundo interior y de los
18
materiales circundantes que aparecen en su camino, una personalidad bien definida que
no la abandonará para el resto de los años.”
“Es a esta edad cuando se sacude los prejuicios y tutelas, los miedos y encogimientos,
que de manera notoria habían dominado su infancia y adolescencia. Y, cosa curiosa, a
partir de ahora la felicidad hace acto de presencia y comienza a sentirse a gusto consigo
misma.”
“Todos sus anhelos y esfuerzos colaboran al unísono en los objetivos señalados. Por fin
puede dar rienda suelta a esa fuerza interior que se resiste a permanecer por más tiempo
recluida y desaprovechada. El mundo intelectual se constituirá en el foco aglutinador de
sueños y proyectos, de decisiones, de cambios, de pesares y de ilusiones, etc.”
Vila Griera considera que “la joven Edith era exigente, muy segura de sí misma, debía
hacerse violencia para aceptar los errores que observaba en los otros. Sus mejores
amigos se lo advierten, resulta demasiado exigente, demasiado crítica,
«encantadoramente implacable»”
Sorprendida aceptaba la corrección y años más tarde comentará: “Yo vivía con el
ingenuo autoengaño de que en mí todo era correcto, como es frecuente en las
personas incrédulas, que viven con un tenso idealismo ético. Había considerado
siempre, como un justo derecho mío, el señalar despiadadamente con el dedo las
debilidades, los errores y faltas de otras personas, a menudo en un tono irónico y
despectivo”.
Edith nunca se sintió inferior al hombre, ni un ser a su servicio, sino que el hombre y la
mujer en condición de igualdad debían poder tener acceso a todo tipo de posibilidades
según el talento de cada uno. Ya en sus años de estudiante manifiesta una gran
sensibilidad por los derechos de la mujer. Ella misma escribirá: “Cuando estaba en el
Instituto, y después como estudiante de universidad, fui acérrima feminista”. Por ello
trabajará activamente porque las mujeres tengan los mismos derechos que el hombre.
Durante los años universitarios de Breslau nos dice que: “Desde este sentimiento de
responsabilidad social me puse decididamente a favor del derecho de voto femenino. Esto
era entonces, incluso dentro del movimiento ciudadano femenino, no del todo evidente. La
asociación prusiana en la que ingresé con mis amigas, estaba integrada en su mayoría
por socialistas, debido a que postulaba la total igualdad política de derechos para la
mujer”.
En la Universidad de Göttingen se encontrará con profesores que son enemigos
declarados a que las mujeres estudien. Pero con la capacidad intelectual y la seriedad
en el estudio de jóvenes como Edith, hará posible que los profesores cambien de
opinión. Dirá en su autobiografía: “ El estricto y temido Edward Schröder 19 […] al
igual que su cuñado Roeth,en Berlín, era enemigo de que las mujeres estudiasen y no
había recibido hasta entonces a ninguna señorita. Me tocó vivir su «conversión» […]
Cuando al comienzo de aquel semestre […], declaró públicamente que a partir de
Edward Schröder (1858 –1942) fue un especialista en estudios germámicos y medioevales (Universidades
de Strasbourg y Berlinand) que se desempeñó como Profesor en la Universidad de Göttingen and publicó
numerosos. Fue uno de los 300 académicos que firmaron el compromiso profesional de adhesión a Hitler y al
nacionalsocialismo.
19
19
entonces permitiría el acceso al cursos superior a las señoritas, pues lo habían
merecido por su aplicación y meritorios trabajos”. En otra ocasión, otro profesor ante
la presentación de un buen trabajo intelectual realizado por Edith, dijo: “¡Qué sería de
su seminario si no hubiera señoritas que trabajasen con tanta aplicación e
inteligentemente! “Esto me pareció a mí algo exagerado y me sentí obligada a hablar a
favor de mis compañeros varones”.
Explica en sus memorias que solía discutir fuertemente con su hermana Erna y sus
mejores amigas sobre la tarea y misión de la mujer. Mientras que las otras estaban
dispuestas a dejar la profesión para formar en un futuro una familia, sólo ella declaraba
que nunca haría eso. Edith está convencida que la mujer tiene mucho camino por
recorrer y una de sus conquistas es la profesión intelectual.
Viau Mollinedo (2012) sostiene que “siendo una mujer con una personalidad de alta
tensión y fuertemente pasional, así como totalmente racionalista y atea, en el fondo
mismo de su corazón, la semilla de la generosidad y servicio a la humanidad causaba un
profundo cuestionamiento existencial.” Como ya hemos visto, al estallar la primera
guerra mundial Edith sigue un curso de enfermería y en seguida colabora en un hospital
austriaco, donde le tocó atender a enfermos de tifus y ayudar en el quirófano. Sus
palabras fueron: "Ahora mi vida no me pertenece. Todas mis energías están al servicio
del gran acontecimiento. Cuando termine la Guerra, si es que vivo todavía, podré pensar
de nuevo en mis asuntos personales. Si los que están en las trincheras tienen que sufrir
calamidades, porqué he de ser yo una privilegiada?" 20
En cuanto a cultura, Edith vivió a la vez las raíces hebreas familiares y el nacionalismo
prusiano. Desde los primeros años mostró gran afición por la Historia, la Literatura y la
Música alemanas. “Prefería los clásicos: Schiller, Mozart, Bach, Beethoven, Wagner y
Rembrandt.”
Sentía especial predilección por Bach. “Ese mundo de pureza y estricta regularidad me
hablaba a lo más íntimo”. Lo que a Edith le fascinaba de Bach, no era el contexto
religioso o incluso confesional de sus obras para la Iglesia, ni tampoco el contenido de los
textos bíblicos o de los corales, tomados de los himnarios de la Iglesia Evangélica. Lo que
hablaba a lo más íntimo de ella era sobre todo la consonancia entre la emoción poética y
la forma estrictamente racional, la pureza de la armonía, así como la sintonía que
reflejaba todo el movimiento expresivo del texto y toda la emoción afectiva sentida
por los fieles.
García Rojo considera que Stein “posee un espíritu fuertemente oxigenado en búsqueda
constante; resulta por ello natural su inclinación y pasión por la filosofía, como terreno
idóneo para llevar a plenitud sus aspiraciones universalistas, donde los otros, lo
comunitario, juegan un papel determinante. La filosofía, con su perspectiva de totalidad,
se le antoja como el saber a seguir . Sus esquemas mentales sobrepasan los férreos
límites de familia, raza y nación”.
20
Al término de su período como voluntaria en el hospital militar, en 1915, obtuvo la medalla de valor en
reconocimiento a su servicio generoso.
20
Para advertir cómo interpreta el devenir histórico y en qué instante del siglo XX se halla
por entonces, baste con leer la excelente carta dirigida a su hermana Erna el 6 de julio
de 1918. Han pasado cuatro años de guerra, el final parece no llegar y el desencanto va
dejando huella también en los componentes de la familia. A este oscuro panorama que
parece dominar a los suyos, la joven filósofa opone su cosmovisión, su visión del
proceso histórico, donde lo que importa es el todo y el final, que es lo que da sentido a lo
particular y a los instantes precedentes.
Ferrer Santos considera que “de anecdótico se podría tildar su paso por la política, si no
fuera por las consecuencias que habría de tener en su maduración intelectual. Las
discrepancias con el prusianismo de la República de Weimar en el periodo prebélico fue lo
que la llevó a afiliarse más tarde al Partido Demócrata Alemán (DDP), alejado tanto de la
socialdemocracia como del estatalismo prusiano. Esta experiencia está a la base de sus
escritos políticos, en los que reflexiona sobre la naturaleza del Estado y la sociedad civil,
publicados en el husserliano “Anuario de Filosofía e investigación fenomenológica” (1921).
En este sentido, García Rojo afirma que Edith “se ve a sí misma alemana por los cuatro
costados, y como tal trata de orientar su existencia. … Se confesará patriota, orgullosa
de su nación, pero sin caer en el reduccionismo nacionalista; le resulta insoportable la
indiferencia de los estudiantes y el escaso espíritu comunitario de los suyos. Quizá
pueda decirse que su sentido de pertenencia familiar se fue debilitando en la misma
proporción en que aumentaba su conocimiento y experiencias sociales, hasta llegar a
trasladar las referencias familiares a los intereses nacionales: el amor y la filiación salen
del reducido círculo doméstico, pasando a dominar las relaciones nacionales”.
Desde la perspectiva de Edith Stein, en la que el espíritu de solidaridad y de
responsabilidad social constituyen los materiales del quehacer histórico, todos los seres
humanos son necesarios y sus aportaciones imprescindibles para la buena marcha de la
historia; de lo contrario aparecerán vacíos o desvíos que entorpez