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Hablemos de Economía
Hablemos de Economía
Humberto Zambon
EDUCO
Editorial de la Universidad Nacional del Comahue
Neuquén – 2012
Zambon, Humberto
Hablemos de economía. - 1a ed. - Neuquén:
EDUCO - Universidad Nacional del Comahue, 2012.
268 p. : il. ; 23x16 cm.
ISBN 978-987-604-287-1
1. Teorías Económicas. I. Título.
CDD 330.1
EDUCO
Director: Luis Alberto Narbona
Departamento de Diseño y Producción: Enzo Dante Canale
Departamento de Comunicación y de Comercialización: Mauricio Bertuzzi
Tapa: Enrique Silberstein según Dani Varela (Neuquén, 2012)
Imágenes interior: Gentileza Diario “La Mañana Neuquén”.
© 2012 – EDUCO – Editorial de la Universidad Nacional del Comahue
Buenos Aires 1400 – (8300) Neuquén - Argentina
Prohibida la reproducción total o parcial por cualquier medio,
Sin el permiso de EDUCO.
Dedicatorias
En memoria de Enrique Silberstein
INDICE
1- Introducción
1.1- Enrique Silberstein y su sentido del humor
1.2- Las “Charlas económicas” de Enrique Silberstein
1.3- ¿Qué es el excedente económico?
1.4- Los oráculos económicos
1.5- Las distintas teorías económicas
1.6- ¿Qué es el mercado?
Pág. 11
Pág. 15
Pág. 19
Pág. 23
Pág. 27
Pág. 31
2- Hablemos de los Economistas
2.1- Luca Pacioli y la partida doble
2.2 -Tomás Mun y la balanza de pagos
2.3- Los aportes teóricos de William Petty
2.4- El mercantilismo de Von Hornick
2.5- Quesnay y el primer modelo económico
2.6- Malthus y el problema de la población
2.7- Adam Smith y el liberalismo económico
2.8- ¿Qué es el liberalismo?
2.9- David Ricardo y la división internacional del trabajo
2.10- La ley de Say
2.11- Silvio Gesell y la política monetaria
2.12- Veblen y la sociedad de consumo
2.13- Michal Kalecki y la demanda efectiva
2.14- Michal Kalecki y el ciclo político
2.15- Keynes y la igualdad ahorro e inversión
2.16- El multiplicador keynesiano
2.17- Minsky, el más famoso de los economistas desconocidos
2.18- Para luchar contra la desocupación
2.19- Las leyes de Nicholas Kaldor
Pág. 35
Pág. 39
Pág. 43
Pág. 47
Pág. 51
Pág. 55
Pág. 59
Pág. 63
Pág. 67
Pág. 71
Pág. 75
Pág. 79
Pág. 83
Pág. 87
Pág. 91
Pág. 95
Pág. 99
Pág. 103
Pág. 107
3- Hablemos de la Economía Mundial
3.1- Breve historia de la moneda
3.2- ¿Qué es la inflación?
3.3- La inflación no es una sola
3.4- Bodino, Hume y la teoría cuantitativa de la moneda
3.5- El efecto Ponzi
3.6- La política económica y la crisis de los años ’30
3.7- La curva de Phillips
3.8- Laffer y la bandera conservadora
3.9- La tasa Tobin al ataque
3.10- Los Chicagos Boy’s
3.11- ¿Qué es el F.M.I.?
3.12- La Unión Europea y el comercio intraindustrial
3.13- ¿Otra vez la Alianza para el Progreso?
Pág. 111
Pág. 115
Pág. 119
Pág. 123
Pág. 127
Pág. 131
Pág. 135
Pág. 139
Pág. 143
Pág. 147
Pág. 151
Pág. 155
Pág. 159
3.14- ¿Qué fue el Plan Brady?
3.15- Los economistas aterrados
3.16- El futuro del Euro
3.17- La sombra de Keynes
3.18- La situación económica de Grecia
Pág. 163
Pág. 167
Pág. 171
Pág. 175
Pág. 179
4- Hablemos de la Economía Argentina
4.1- La economía que Belgrano y Moreno querían
4.2- Los modelos de crecimiento argentino
4.3- La crisis de 1890
4.4- La historia de la moneda argentina
4.5- El pare y arranque de la economía argentina
4.6- Prebisch y los términos del intercambio
4.7- El tipo de cambio
4.8- La historia de las retenciones
4.9- Marcelo Diamand, un economista heterodoxo
4.10- Lo que dicen las cifras de los censos industriales
4.11- La autonomía del Banco Central
4.12- El capital extranjero y el desarrollo argentino
4.13- La enfermedad Holandesa
4.14- La inflación importada
4.15- Los precios de exportaciones y las presiones internacionales
4.16- La limitación externa
5-
Pág. 183
Pág. 187
Pág. 191
Pág. 195
Pág. 201
Pág. 205
Pág. 209
Pág. 213
Pág. 217
Pág. 221
Pág. 227
Pág. 231
Pág. 237
Pág. 241
Pág. 245
Pág. 249
Hablemos de otra Economía posible
5.1- Tomás Moro y la utopía
5.2- Roberto Owen y el nacimiento de la Economía Social
5.3- El año de la cooperación
Pág. 253
Pág. 259
Pág. 265
Nota preliminar
En los primeros días de junio del año 2010 vino a visitarme el
economista y amigo Claudio Scaletta para contarme que asumía la
responsabilidad como editor del suplemento económico del diario
La Mañana del Neuquén y a pedirme una posible colaboración. De
esa conversación nacieron estas páginas semanales que se vienen
publicando ininterrumpidamente desde entonces. Está de más
decir que son escritos periodísticos, con las urgencias propias de
ese carácter, por lo que en ellos no se puede buscar ni la
originalidad ni la profundidad que se espera encontrar en los
trabajos académicos, que tienen otros lectores y otro objetivo.
Emprendí ese compromiso por dos razones:
En primer lugar el convencimiento de que la auténtica
democracia, la democracia representativa, requiere ciudadanos
informados sobre los temas que se deben resolver. En particular, la
política económica y los conceptos teóricos que están detrás
afectan -y mucho- a la vida cotidiana del ciudadano y a su futuro.
Parafraseando el conocido dicho sobre la guerra y los militares,
podríamos decir que la economía es algo muy serio como para
dejarla en manos de los economistas. Por eso los ciudadanos
necesitan información y conocimientos que le sean comprensibles.
Como sostuvo Arturo Jauretche, “en economía no hay nada
misterioso ni inaccesible al hombre de la calle”.
Una segunda razón es el dominio intelectual que todavía ejerce
la teoría económica ortodoxa y la concepción neoliberal, no solo
en el ámbito académico sino también sobre la opinión pública, a
través de su presencia cotidiana en los medios de prensa masivos
como diarios y televisión. Lo que es una visión teórica particular de
la teoría y política económica, sujeta a la verificación práctica de la
experiencia, se la presenta como “la única verdad científica”. Los
resultados en nuestro país luego de veinticinco años de política
ortodoxa (1976-2001) y los logros de las medidas heterodoxas en la
última década no parecen hacer mella en la “verdad de dogma” del
pensamiento único. Me parece importante que haya muchas voces
que disientan públicamente con el mismo.
En otras palabras, se trata de desmitificar, en la medida que lo
pueda hacer una modesta columna periodística de provincia,
conceptos que se procuran imponer a la opinión pública. En este
momento histórico, en que los pueblos latinoamericanos parecen
encontrar un camino conjunto de liberación, unión y cambio, no
tengo dudas que se está librando una lucha cultural donde todo
aporte, por pequeño que sea, es útil.
Una vez que la columna se estaba publicando, Enzo Dante
Canale de EDUCO, editorial de la Universidad Nacional del
Comahue, me propuso reunirlas en un libro. En forma
independiente, el lic. Pablo Ala Rué, director del Departamento de
Economía de la Facultad de Economía y Administración, conversó
conmigo sobre la posibilidad de llevar a cabo un proyecto similar.
La presente publicación, que reúne la mayor parte de las columnas
publicadas entre junio de 2010 y noviembre de 2011 –no en el
orden cronológico en que han aparecido- es el resultado de esas
propuestas. A los tres, Claudio Scaletta, Enzo Dante Canale y
Pablo Ala Rué, así como al periodista Roberto Aguirre, mi
agradecimiento por la confianza y la colaboración prestada.
Un último recuerdo al maestro Enrique Silberstein, cuyas
charlas económicas de los años ’60 estaban inspiradas en las
mismas razones que motivaron las presentes, que fueron pensadas
como un pequeño homenaje a su memoria.
Neuquén, enero de 2012
Hablemos de Economía / Humberto Zambon
1 – Introducción
1.1 – Enrique Silberstein y su sentido del humor
Enrique Silberstein fue uno de los economistas más lúcidos que
dio Argentina a mediados del siglo XX. Se recibió de contador y
doctor en ciencias económicas estudiando en Rosario y en La
Plata, aunque su carrera académica transcurrió en la Universidad
de Buenos Aires y en la del Sur. En la primera fue Prosecretario
General cuando Arístides Romero fue Secretario General, una
época de esplendor para la universidad argentina; también fue
asesor de rectorado y el síndico e impulsor de EUDEBA.
En la Universidad Nacional del Sur fue profesor. Los que
tuvimos la suerte de ser sus alumnos nunca lo vamos a olvidar:
muy grande (no solo intelectualmente, sino también físicamente:
alto y muy robusto), enfundado en trajes oscuros invariablemente
manchados de tiza y ceniza del infaltable cigarrillo, alejado de toda
formalidad y con sencillez convertía en accesibles y familiares,
inclusivo hasta amenas, las abstracciones formales de la teoría
económica.
Su fuerte era la escritura; prolífico, escribió de todo (economía y
literatura, tanto cuentos y novelas como obras de teatro) y todo de
gran nivel. De todas formas, uno de sus principales aportes fueron
las “Charlas Económicas”, columna diaria en “El Mundo” a
principios de los años ‟60, que hizo la delicia de miles de lectores.
11 | P á g i n a
Hablemos de Economía / Humberto Zambon
Esas charlas fueron luego recopiladas y editadas por A. Peña
Libros en 1967.
Escribió por lo menos once libros sobre economía, además de
las charlas económicas. Publicó “Dialéctica, economía y
desarrollo”, “Keynes”, ”Los economistas”, “Los ministros de
economía”, “Marx, su pensamiento económico”, “De La Torre y
los frigoríficos”, “Porque Perón sigue siendo Perón: la economía
peronista”, “Vida y milagros de nuestro peso”, “Los destructores
del capitalismo”, “Los asaltantes de caminos” y “Piratas,
filibusteros, corsarios y bucaneros” . Sus cuentos fueron
recopilados en dos libros bajo el título “Cuentos de corrientes y
Paraná” (primera y segunda parte) y su novela se tituló “El
Asalto”, que fue llevada al cine en 1960, con Alberto de Mendoza
y Egle Martin. Las obras de teatro fueron: “Necesito diez mil
pesos” y “La historia de la guita”.
Casado con la poetiza neuquina Irma Cuña tuvo dos hijas.
Murió en Buenos Aires en 1973, con poco más de 50 años y
cuando todavía se podía esperar mucho de su madurez intelectual.
Con gran sentido del humor, solía bromear sobre sí mismo y
sobre su profesión (que es también la mía). Respecto a la primera,
se presentó a sí mismo, en la contratapa de uno de sus libros,
como “¿Es un economista literato? ¿O es un literato economista? ¿O qué?
Aunque algunos dicen que ni esto”. Respecto a su profesión,
posiblemente basado en el dicho francés que todo empresario que
se precie necesita cuatro balances: uno para demostrar al fisco que
no gana nada; el segundo para los bancos y financistas, mostrando
una situación floreciente; un tercero para los accionistas, con una
ganancia normal: lo suficientemente alta para que dejen sus
ahorros en la empresa pero relativamente baja para que no
pretendan aumentar sus dividendos y, finalmente, un cuarto para
él, para saber como diablos va la empresa. Silberstein escribió:
“Comprender como el mismo balance de una misma firma en una misma fecha
12 | P á g i n a
Hablemos de Economía / Humberto Zambon
puede tener valores totalmente contradictorios es algo tan difícil de explicar que
mejor es pasar a otro punto. (O bien, es tan fácil de explicar que lo mejor es
pasar a otro punto)”.
De sus charlas económicas tomamos algunos párrafos dedicado
a las ciencias económicas:
El contador
Aunque originariamente el contador era quien contaba, ahora ya no cuenta
más, porque para eso están las máquinas de calcular que han sido compradas
porque el contador lo aconsejó, así como aconsejó que se comprasen las
máquinas … electrónicas. De esto no debe concluirse que el contador sea un
vendedor de máquinas. Aconsejó estos gastos para mejorar la organización
administrativa interna de la empresa (sea pública o privada) y para llevar un
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Hablemos de Economía / Humberto Zambon
mejor control de las operaciones, con lo que se reduce y simplifica la labor de
auditoría que realizan los contadores. Pero de esto no debe entenderse que el
contador-organizador le quita trabajo al contador-auditor, cuya función es
revisar los registros en libros que efectúa el contador, que tiene a su cargo la
dirección de la contabilidad. Las funciones de estos tres tipos de contadores (el
organizador, el auditor, el ejecutivo) atienden principalmente a lograr que la
empresa opere eficientemente. Si así sucede, se presentan problemas impositivos
que son resueltos por el contador-asesor impositivo. Si así no sucede y la
empresa opera con pérdidas o dificultades financieras, se recurre a los tribunales
pidiendo convocatoria de acreedores o quiebra, en cuyo caso el juez sorteará un
síndico que, por supuesto, será un contador. Además, cuando hay que certificar
fehacientemente el monto de una deuda en la justicia, el juez designa a un
perito, que, ¡Oh sorpresa! Es un contador. Después hay gente que se sorprende
porque la Facultad de Ciencias Económicas es la que tiene mayor cantidad de
alumnos inscritos.
El auditor
Si bien el auditor es quien escucha, el sentido que nos interesa es el que se
refiere a quien controla la contabilidad… La función del auditor es revisar
todas y cada una de las operaciones que se realizan, siguiéndolas a través de
distintos registros contables en una tarea tan detallada y aburridora que
generalmente está a cargo de los “juniors”, que son los pibes que acaban de
ingresar en la firma de auditores con su flamante diploma de contador público
o de licenciado de administración, o de bachiller comercial, o de pariente del
gerente. Porque lo importante para tal tarea no es el título, sino la paciencia,
paciencia que sólo pueden tener un tipo que empieza a trabajar y cree que
trabando hará carrera. El auditor “senior” está en las grandes cosas, sea en la
presentación del balance, en la organización de la empresa, en los problemas
inherentes a la estructura jurídica o financiera, en los problemas financieros. Su
función es hablar, es opinar; de oyente a pasado a ser hablante. Cuando más
difícil hable, mejor se cotiza; y si lo mismo lo dice en inglés, sus honorarios son
astronómicos, expandiéndose su fama por doquier. Hasta que aparece otro
auditor que habla más difícil y más en inglés.
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Hablemos de Economía / Humberto Zambon
1.2 Las charlas económicas de Enrique Silberstein
Ya hablamos de Enrique Silberstein y de sus “Charlas
Económicas”, que se conocieron a principios de los años ‟60.
Según contaba el propio autor, “la suerte de las primeras „Charlas
Económicas‟ fue variada. En unos casos dejaron de aparecer por desaparición
del vehículo transmisor (caso de „Esto Es‟ y „Vea y Lea‟). En otros, por
violento raje debido a presiones de entidades empresarias que veían en su
supresión una manera de defender la libertad –la libertad de ellos, por
supuesto- (caso de „La Razón)”. Hasta que recalaron –como columna
diaria- en el diario “El Mundo”, en el que lograron verdadera
trascendencia. Finalmente, en 1967, muchas de ellas fueron
recopiladas y editadas por A. Peña Lillo.
Mi generación gozó con su lectura. A pesar del medio siglo
transcurrido mantienen toda la frescura y la actualidad que solo
conservan las cosas buenas y, cuando las releo, siento el mismo
placer de entonces. Aunque en la presentación del libro se
anunciaba un segundo tomo con las charlas no incluidas en el
primero, creo que nunca fue editado. Y el primero y único tomo
está agotado y es muy difícil de conseguir. Por esa razón deseo
compartir unas pocas líneas con ustedes: si las leen con una sonrisa
será el mejor homenaje que podemos ofrecer a la memoria de
Enrique Silberstein.
¿Qué es “en trámite”?
Trámite es cada uno de los pasos que hay que recorrer para terminar un
asunto, y “en trámite” significa que los papeles y documentos que representan
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Hablemos de Economía / Humberto Zambon
algo (una jubilación, un crédito, una licencia, un pleito) están siguiendo los
carriles preseñalados. Claro que el hecho que sigan los caminos que han sido
indicados por quienes organizaron el sistema de movimiento de los papeles no
quiere decir que el papel se mueva. Sólo quiere decir que el papel debería estar
moviéndose, que teóricamente está pasando de una oficina a otra, de una
persona a otra; pero la verdad es que no se mueve un pito. Porque si en algún
sitio se puede todavía palpar la existencia de conceptos pregalileanos es en esto
de estar en trámite. Porque estar en trámite es el antimovimiento, es la quietud
absoluta, es el reposo en su estado más puro, más prístino. Zenón de Elea
demostró que el movimiento no existía, y la dicotomía afirma que es imposible
recorrer una distancia, porque para recorrer una distancia primero hay que
recorrer la mitad de esa distancia, luego la mitad de la restante, luego otra vez
la mitad de lo que queda, y así sucesivamente. De modo que siempre queda
una distancia por recorrer; o sea que el movimiento es imposible. El estar en
trámite está totalmente de acuerdo con esta paradoja. Pero no sólo apoya el
criterio de Zenón, sino que teniendo en cuenta que estar en movimiento significa
no estar en ninguna parte, puesto que siempre se está pasando a otro sitio,
apoya la idea de que la flecha no puede moverse, pues si se mueve no está en
ningún lado, y si está en algún lado no se mueve. Así, cuando un papel está
en algún sitio no se ha movido, y si se ha movido no está en ninguna parte y es
imposible encontrarlo. Los matemáticos creen que la solución de las paradojas
de Zenón, la de la flecha en movimiento y todo lo demás, está en la concepción
del infinito de Cantor. Ilusos de ellos. La solución del movimiento-reposo está
en el “en trámite”, que indica que todo está como estaba entonces y como
seguirá estando. Porque el movimiento no existe. Por lo menos para los
papeles.
¿Quién fue Cantillón?
Cantillón escribió lo que se considera el primer tratado sobre Economía, ya
que su “Ensayo sobre la naturaleza del comercio en general” apareció en
1755. Trata de casi la totalidad de los temas económicos en forma articulada y
sistemática, y es anterior al libro de Adam Smith, quien lo publicó en 1776.
De tal forma se puede decir que se conoce el apellido del iniciador de la
Economía. La macana es que no se sabe ni su nombre, ni su nacionalidad, ni
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su ocupación, ni nada… hasta no se sabe en que lengua se escribió el libro ni
donde se imprimió. Porque si bien la primera edición aparecida en francés dice
traducida del inglés, la edición original no existe. Se sabe, sí, que era un
banquero muy audaz, que le gustaba la buena vida y las mujeres, que era muy
deshonesto, no teniendo inconvenientes en engañar a sus socios o a su mujer, a
quien desheredó. Se sabe que actuó en Francia en época de John Law, cuando
éste estaba en el máximo de su poder. Se aprovechó de los negocios que pudo
hacer a la sombra de Law, y cuando palpitó que todo se venía abajo, como
cualquier argentino que se respete, mandó su fortuna al exterior
distribuyéndola entre Londres y Amsterdam. Cuando empezó a especular
contra Law, éste lo mando llamar y le dijo que si estuviera en Inglaterra le
aceptaría la oposición, pero como estaba en Francia, si se hacía muy el loco lo
iba a mandar a la Bastilla. Cantillón dijo que sí, que cómo no, y se la picó a
Londres. Allí se dio la gran vida, hasta que un criado lo mató, robó lo que
pudo y prendió fuego a la casa. Esto es lo que se sabe del aparente fundador de
la Economía. Que tiene un apellido español, nacido aparentemente de familia
irlandesa, que escribió en francés o en inglés un libro que no se sabe donde se
imprimió. Ahora uno entiende la Economía. Sus conceptos e ideas son tan
claros como el origen y nombre de su fundador”.
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Hablemos de Economía / Humberto Zambon
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Hablemos de Economía / Humberto Zambon
1.3 - ¿Qué es el excedente económico?
La idea del excedente económico estaba instalada en los
economistas clásicos de fines del siglo XVIII y las siete décadas del
XIX. Luego desapareció de la literatura económica hasta que en los
años ‟50 del siglo pasado lo rescató Paul Baran. Baran fue un
destacado economista norteamericano (aunque nacido en Rusia, se
radicó desde muy pequeño en ese país) y que junto a Paul Sweezy y
Leo Huberman publicaron la revista Monthly Revew que se
convirtió en vocero de los sectores progresistas del país del norte1.
El libro más conocido de Barán es La política económica del
crecimiento (publicada en castellano por el Fondo de Cultura
Económica, 1959), en el que define al excedente económico como
la diferencia entre lo producido por el trabajo humano y el
consumo que debe realizar el productor (y su familia) para poder
subsistir.
Fíjense ustedes que en una economía de subsistencia no hay
excedente económico. Es lo que ocurrió al menos durante los
primeros 90.000 años de la existencia como especie del homo
sapiens, que en grupos nómades salió de África y se distribuyó
sobre toda la tierra. Dedicado por entero a recolectar frutos o
cazar animales comestibles, cuando se producía un enfrentamiento
con otro grupo no tenía sentido tomar prisioneros, ya que el
producido por el trabajo del capturado alcanzaba sólo para la
1
La revista fue publicada en castellano en Buenos Aires por Liliana
Martín e Irene MIzrahi, que apareció entre julio de 1963 y junio de 1966,
fecha del golpe del general Onganía.
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Hablemos de Economía / Humberto Zambon
subsistencia del mismo: o se los incorporaba como iguales o –lo
más probable- se los mataba (y, de existir necesidad, se los comía).
Recién cuando el hombre aprendió a domesticar animales y
plantas aumentó la productividad de su trabajo y apareció el
excedente económico. Se volvió sedentario, radicándose a la orilla
de los ríos o lagos; a partir de este momento tuvo sentido hacer
trabajar al semejante para apoderarse del excedente que podía
generar, dando lugar al nacimiento de la esclavitud.
Simultáneamente a este hecho, para los vencedores fue necesario
organizarse para mantener a los esclavos como tales y asegurar que
trabajasen y, también, para establecer las formas de distribución de
ese excedente. Aparece la división social del trabajo, el desarrollo
del estado y del poder policial y militar y de las normas jurídicas
que regulan las relaciones entre los hombres.
Con el excedente económico aparece también la posibilidad que
un grupo de hombres subsista sin verse obligado a la producción
material de los bienes necesarios para ese fin, pudiendo dedicar su
tiempo al arte o al conocimiento. Es el nacimiento de la
civilización.
Para el conocimiento de una sociedad interesa responder a los
siguientes interrogantes 1) ¿Cómo se genera el excedente
económico? Es decir con que técnicas y con que relaciones sociales
se produce; 2) ¿Cómo se distribuye el excedente? y 3) ¿Cuál es el
destino que se da a ese excedente?
Con respecto al primer interrogante, las técnicas de producción
y las relaciones sociales entre los hombres (por ejemplo, hombres
libres y esclavos) están íntimamente asociadas. En Alejandría, en el
siglo I, Herón desarrolló una aplicación de la fuerza del vapor
creando juguetes autopropulsados; ni a él ni a sus contemporáneos
se les ocurrió utilizar esa energía para ahorrar trabajo humano,
como se hizo en Inglaterra el siglo XVIII dando comienzo a la
20 | P á g i n a
Hablemos de Economía / Humberto Zambon
revolución industrial: en la civilización antigua el esclavo era tan
barato que no tenía sentido reemplazarlo por otra fuente
energética.
Es importante saber la forma que adquiere la distribución del
excedente. En principio, con el modo de producción esclavista,
son los hombres libres quienes lo usufrutuan, pero cambian la
manera de participación de los distintos sectores que componen la
sociedad, dando lugar a diferentes civilizaciones con sus propias
características distintivas, como fueron la sumeria, la del antiguo
Egipto, Grecia, Roma, los mayas o los incas.
El destino del excedente ha sido, en general, el consumo de las
clases sociales dominantes. En algunas civilizaciones, ese excedente
ha sido tan grande que, superado largamente las necesidades de
subsistencia de aquellas, parte del mismo fue dedicado a consumos
permanentes o a destinos no productivos pero de largo plazo,
como fue la erección de las pirámides egipcias o mayas o las
imponentes catedrales europeas.
El primer sistema que le dio un destino productivo al excedente
fue el capitalismo. Desde sus comienzos, la posición en la escala
social estaba dada por la acumulación individual de capital, de
forma tal que los primeros capitalistas eran austeros y trabajadores,
tratando de consumir sólo lo necesario y acumular la mayor
cantidad posible. Como el objetivo era maximizar la ganancia, la
introducción de una innovación tecnológica que disminuyera
costos le daba al innovador una posición privilegiada, hasta que se
divulgaba y desaparecía la ganancia adicional y quedaba abierto
para una nueva innovación que repetía la historia. El capitalismo se
caracterizó por revolucionar permanentemente a los medios de
producción, elevando en progresión geométrica la productividad
del trabajo humano.
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Hablemos de Economía / Humberto Zambon
Hoy existe la posibilidad de generar un excedente económico
tan grande que con pocas horas de trabajo diario de todos los
adultos se podría asegurar una vida digna y confortable para todos
los habitantes de la tierra.
La realidad es otra. La situación mundial es muy distinta: por
ejemplo, los 225 habitantes más ricos del planeta tienen una
riqueza mayor que el ingreso anual del 50% de la población más
pobre. Mientras unos pocos nadan en la abundancia otros sufren
desocupación, marginación e imposibilidad de acceder a bienes
materiales y culturales básicos.
La irracionalidad de esta situación es evidente. Se hace
imprescindible crear otros modos de producción, es decir, generar
nuevas reglas de distribución del excedente económico que
permitan lograr, a nivel mundial, una sociedad más equitativa.
Paul Baran
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1.4 – Los oráculos económicos
Hubo una época en que los dioses se ocupaban de casi todo:
desde los fenómenos naturales a la historia y decidían el éxito o
fracaso de los pueblos. Naturalmente, al hombre le preocupaba el
futuro, por lo que los sacerdotes encargados de conversar con los
dioses o interpretar la voluntad de ellos respecto al porvenir
ocupaban un lugar privilegiado en la escala social. Así aparecieron
los oráculos, algunos famosos como el de Delfos. Con el tiempo,
los conocimientos científicos dieron una explicación racional y la
voluntad de los dioses fue perdiendo terreno para concentrarse en
algunos problemas específicos.
En la actual sociedad de consumo, donde “la panza es reina y el
dinero dios”, según la definición discepoliana, el lugar de los
sumos sacerdotes –en su función de adivinar el futuro- fue
ocupado, no podría ser de otra forma, por los economistas. Pero
no cualquier economista, sino los economistas del establischment,
que pertenecen a la ortodoxia neoliberal y que son
permanentemente consultados por la “prensa seria” y demás
medios de comunicación.
Cuando en la antigüedad los sacerdotes se equivocaban en sus
pronósticos, el culpable nunca eran ellos sino el rey o los pueblos
que, con su conducta, habían hecho modificar la decisión divina.
Lo mismo pasa con los economistas, que –según ellos- nunca se
equivocan: las diferencias entre lo pronosticado y la realidad se
debe a que el gobierno no ha seguido sus consejos de política
económica o porque el Mercado, especie de Zeus contemporáneo
23 | P á g i n a
Hablemos de Economía / Humberto Zambon
que decide con omnipotencia sobre las relaciones económicas de
los hombres, así lo dispuso.
Es interesante seguir las predicciones de nuestros consultores
famosos. El periodista Roberto Novarro hizo una recopilación de
las predicciones para los años 2001 y 2002 (revista Veintitrés, 3-103) de donde extraemos las siguientes:
A principios del año 2001, el último de la gestión de De la Rúa
y de la convertibilidad, Miguel Ángel Broda auguraba que “se
renovará gradualmente el flujo de capitales… el PBI crecerá al
6,5%” (se refería al cuarto trimestre, que en realidad cayó un 5%),
mientras que Jorge Ávila (en Ámbito Financiero del 19/1/01)
aseguraba que era un “escenario propicio para una fuerte
recuperación. Enero ha sido el piso de la caída. A partir de febrero
debería darse una importante recuperación”; Martín Redrado
garantizaba que “El riesgo del default fue eliminado con el blindaje
financiero” (BAE, 19-2-01) completado por Abel Viglione (“El
blindaje … genera condiciones para la recuperación económica”
en El Cronista, 12-2-01) y por Manuel Solanet (“Argentina va
camino a la recuperación”, Ámbito financiero, 2-2-01); con mayor
precaución, Daniel Artana la dejaba para fin de año (Ámbito
financiero, 19-2-01). Y por encima de todos ellos estaba Domingo
Cavallo que garantizaba que “los depósitos están seguros. Invito a
la gente a poner otra vez la plata en los bancos” (Clarín, 23-8-01).
Año 2002. Luego de la profunda crisis económica, social y
política que vivió nuestro país, con el abandono de la
convertibilidad y el default, con el dólar estabilizado alrededor de$
3, comenzó un largo período de crecimiento económico. Nuestros
adivinos pronosticaban “en el mejor escenario el dólar a $5 y la
inflación mayor al 175%; en el peor, dólar a $ 20 e inflación al
1100% anual” (Broda en La Nación) mientras que para Jorge Ávila
“no habrá ni moneda ni bancos por dos generaciones; esto termina
en una hiperinflación” (CitiEconómica 31-5-02) y según Manuel
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Hablemos de Economía / Humberto Zambon
Solanet “el sistema financiero se va a quedar con pocos o ningún
depósito” (El Cronista, 22-4-2002).
Luego de 2003 se instaló un período de alto crecimiento
económico merced a políticas heterodoxas y a una situación
internacional favorable. Pero nuestros augures económicos se
negaron a aceptarlo y continuaron con sus presagios agoreros: “es
sólo el rebote” y, ante la persistencia de la bonanza, “es un
veranito, luego viene la caída”; ante el canje de la deuda, con
importante quita, del año 2005 se aseguró “el fracaso de la
propuesta; el país va a quedar aislado del concierto internacional,
sin inversión ni salida económica….”. Cuando se renacionalizó el
sistema previsional salieron denunciaron la violación a la propiedad
privada y a predecir que con esta medida se “destruye el mercado
de capitales locales y con ello la inversión futura” (Ricardo López
Murphy), mientras Jorge Ávila lo calificaba la como “una
catástrofe”.
Ante esta suma de fracasos alguien podría sentirse sorprendido
y cuestionar el por que los consultores siguen utilizando un
andamiaje teórico que mostró incapacidad para interpretar la
realidad social y, en consecuencia, no puede ser apto para predecir
tendencias futuras y, también, como es posible que se los siga
consultando y escuchando. Pero todo tiene su explicación: son
funcionales al interés del poder económico.
Pero no es un mal sólo argentino. Decía el historiador Eric
Hobsbawm: “El éxito de los pronosticadores de los últimos treinta
o cuarenta años, con independencia de sus aptitudes profesionales,
como profetas ha sido tan espectacularmente bajo que sólo los
gobiernos y los institutos de investigación económica siguen
confiando en ellos, o aparentan hacerlo”.
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Hablemos de Economía / Humberto Zambon
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Hablemos de Economía / Humberto Zambon
1.5 – Las distintas teorías económicas
Uno puede preguntarse cómo, si la economía es realmente una
ciencia, ante un mismo problema se pueden plantear respuestas
distintas e, inclusive, generar enconados debates entre economistas
provenientes de diferentes escuelas.
Lo que ocurre es que cuando se intenta pensar sobre la realidad
social que nos rodea, nos encontramos con un entramado de
relaciones entre personas, instituciones y objetos con múltiples
influencias recíprocas, donde todo parece tener que ver con todo;
una concatenación de causas-efectos, según el decir de Federico
Engels, que hace muy difícil poder desentrañar y entender lo que
realmente pasa. El camino para procurar una explicación comienza
con determinar cuáles son los elementos realmente importantes y
dejar de lado, es decir, hacer abstracción, poner entre paréntesis, a
todos los demás; a continuación, con esas variables principales, hay
que determinar las relaciones que existen entre ellas y su
comportamiento ante modificaciones externas o internas; es decir,
crear un modelo ideal o abstracto que nos permita desarrollar una
teoría lógica sobre el funcionamiento de la sociedad.
Para que una teoría sea aceptable y útil para explicar un
fenómeno debe cumplir con dos requisitos: que los supuestos en
que se basa (es decir, cuales son las variables realmente
importantes y cuales se dejan de lado, así como el escenario en que
las mismas se mueven) se ajusten a la realidad que quieren explicar
y, en segundo lugar, que no exista contradicción lógica en la
construcción mental que se hace a partir de esos supuestos. La
realidad, es decir, la experiencia concreta, dirá si el resultado al que
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Hablemos de Economía / Humberto Zambon
se llega coincide con lo previsto; en otras palabras, si la teoría en
cuestión puede considerarse o no como valedera para explicar esa
realidad y resulta útil o no para entender su funcionamiento y,
eventualmente, para tratar de actuar sobre ella. Claro que el
conocimiento es acumulativo, por lo que toda teoría debe ser
considerada como provisoria, susceptible de ser mejorada o,
simplemente, dejada de lado.
Esto no se aplica sólo a las ciencias sociales. Por ejemplo,
Aristóteles explicó el funcionamiento del cosmos con un modelo
simple, que partía del supuesto de que la tierra era el centro del
universo, como indica el sentido común, y que la bóveda celeste, el
sol, la luna y los demás astros, estaban en esferas concéntricas que
giraban en torno a la tierra. Por eso, para los griegos, la esfera era
el símbolo de la perfección, propia del cielo. La teoría aristotélica
no explica del porque hay astros (como el sol, la luna y los
planetas) que van cambiando su trayectoria a lo largo del año, cosa
que solucionó Ptolomeo, un griego alejandrino, incorporando
varias esferas no concéntricas entre la tierra y la bóveda celeste,
que sí era una esfera cuyo centro era nuestro planeta; con esta
teoría se pudo predecir la posición de los astros visibles en
cualquier momento y se convirtió en un instrumento insuperable
para los navegantes y viajeros. Sin embargo, luego de los viajes y
descubrimientos de los siglos XV a XVII, se puso en duda la
explicación; Copérnico rechazó el supuesto de la tierra como
punto fijo del universo y lo trasladó al sol, alrededor del cual
giraban la tierra y los demás planetas, concepción que la iglesia
rechazó como contraria a las enseñanzas de la Biblia y al sentido
común, declarándola falsa y herética. Como desde el punto de vista
práctico ambas teorías daban una explicación satisfactoria y
resultaban útiles para las necesidades de los navegantes,
coexistieron durante siglos, hasta que se terminó de imponer la
coperniana; eso hasta que el supuesto del sol como fijo tampoco
resultó correcto y hubo que abandonarlo a favor de teorías más
complejas.
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Hablemos de Economía / Humberto Zambon
Entonces, según los supuestos que se hagan, se podrán
desarrollar distintos modelos o teorías –inclusive antagónicas- para
explicar un mismo fenómeno. La experiencia dirá cual es verdadera
o, mejor dicho, cual se acerca más a la realidad; será –lógicamentela que parta de supuestos adecuados a esa realidad. Por ejemplo,
los monetaristas parten del supuesto, propio de la ortodoxia
clásica, de que la economía de mercado en equilibrio tiende a la
ocupación plena de todos los recursos; en esas condiciones, si el
estado aumentara el gasto público financiado con emisión
monetaria, como la oferta de bienes no puede aumentar porque no
hay recursos desocupados disponibles, la consecuencia sería un
aumento generalizado de los precios; conclusión: la emisión
monetaria siempre produce inflación. Esto sería cierto siempre y
cuando se cumpliera en la realidad social el supuesto de ocupación
plena, cosa que no ocurre en el capitalismo, en particular el
maduro, donde la regla general es la existencia de desocupación.
La validez de una teoría depende, repetimos, de la solidez y
concordancia de los supuestos con la realidad y de que la
construcción mental realizada a partir de los mismos no contradiga
a las leyes de la lógica. El lenguaje en que se desarrolla una teoría
es secundario; puede ser la prosa común, la utilización de gráficos
–que son muy útiles para la visualización de un fenómeno y para la
enseñanza- o el simbolismo matemático, que da precisión a la
exposición, cosa que no puede hacerse con el lenguaje habitual;
por esta razón las ciencias, a medida que profundizan su
conocimiento, tienden a utilizar más y más herramientas
matemáticas. Y sobre esto cabe una aclaración: existen corrientes
contemporáneas de pensamiento económico que se centran en la
forma matemática, olvidando que se trata solamente de un
instrumento, que la economía es y será siempre una ciencia social y
lo que realmente importa es la realidad.
En conclusión, ante explicaciones distintas sobre problemas de
economía o de política económica lo primero que hay que
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Hablemos de Economía / Humberto Zambon
preguntarse es que supuestos fundamentan cada posición y cuál es
su concordancia con la realidad social en cuestión. Pero también es
importante tener en cuenta que muchas veces la controversia, más
que diferencias entre ideas, esconde enfrentamientos de intereses
concretos.
Nicolás Copérnico
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Hablemos de Economía / Humberto Zambon
1.6 - ¿Qué es el mercado?
El mercado es una organización social en la que entran en
relación comercial los oferentes y los demandantes de bienes y
servicios, es decir los productores o vendedores con los
consumidores o compradores. Se trata de relaciones sociales entre
personas. Mucha gente, en particular socialistas, cometen el error
de identificar mercado con capitalismo. Esto no es correcto: el
mercado es una institución social anterior al capitalismo y que,
según la experiencia del siglo XX y lo que teóricamente se puede
inferir, lo va a trascender. Es preciso insistir que es una creación
social y que nunca debería convertirse en un ente por encima de la
sociedad, con poder para dominarla.
Existe mercado cuando hay división del trabajo y producción
para intercambiar con otros agentes anónimos. Existió mercado en
la sociedad esclavista, como la griega o romana, y también en las
sociedades precapitalistas. Lo que sucede es que con el capitalismo
la mercancía, y por lo tanto el mercado, ha tomado un lugar central
y dominante en la sociedad. Todo tiende a convertirse en
mercancía. Por ejemplo la fuerza de trabajo, que es la capacidad
humana de transformar la realidad, que es parte de la esencia de
nuestra especie, se ha convertido en mercancía y por eso se habla
del mercado de trabajo y de su precio, el salario.
Los bienes que por esencia son bienes públicos, que deberían
ser libres y gratuitos como el aire, se han vuelto mercancías: la
educación, la salud, el servicio de seguridad, el derecho a la
vivienda tienen sus respectivos mercados y precios. Inclusive la
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Hablemos de Economía / Humberto Zambon
muerte, como ceremonia y como lugar en un cementerio, ha sido
sometida a la ley del mercado.
Para esta sociedad no importa el ser humano sino que sólo
existen productores y clientes. Las necesidades que no se traducen
en demanda monetaria no interesan; la producción y los servicios
son para quienes pueden pagarlo. El estado pareciera estar sólo
para castigar a aquellos que amenazan lo más sagrado: la propiedad
privada. Recientemente hubo un caso patético que muestran lo que
es la ausencia de un estado comprometido con el bienestar social:
Richard Verone, trabajador norteamericano desocupado de 59
años, se sintió enfermo y vio que la única forma de conseguir
tratamiento médico y alimento era estando preso; entonces robó –
simulando estar armado- a un banco un dólar; obtenido el magro
botín, se sentó a espera que la policía lo llevara detenido.
Esta exagerada centralidad del mercado en el capitalismo ha
tenido su justificación teórica con el liberalismo económico. Adam
Smith, en el siglo XVIII, verificó el carácter objetivo del valor de
cambio de las cosas y trató de demostrar que el mercado es el
perfecto asignador de los recursos productivos; en consecuencia,
debía dejarse al mercado actuar por su cuenta, en total libertad, sin
interferencias –como podría ser la del estado- para lograr un
óptimo social.
El discurso de Adam Smith es racional. Uno puede discutirlo,
creerlo o rebatir sus argumentos; puede decir, por ejemplo, que
logar el óptimo presupone condiciones y supuestos que no se dan
en la realidad social; inclusive puede argüir, con fundamento, que
los ejemplos históricos muestran que esa perfectibilidad del
mercado es un mito.
Pero la justificación teórica del mercado dio un paso más. Y en
este paso tuvo importancia Friedrich von Hayek, que en 1944
publicó Camino de servidumbre y en 1960 Los fundamentos de la libertad.
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Hablemos de Economía / Humberto Zambon
Para este autor, toda planificación económica, aún la más leve,
lleva necesariamente al totalitarismo y a la pérdida de las libertades
personales; ese camino hacia la servidumbre comienza cuando se
lanza la idea de “justicia social” o de “justicia distributiva”, que,
según él, tiende a desmantelar al mercado libre y termina
conculcando las libertades económicas y personales. Von Hayek, y
sus seguidores, confunden Libertad (así, con mayúscula) con
“libertad de empresa” y la pretenden convertir en sinónimo de
propiedad privada.
Ese pensamiento se institucionalizó en el llamado
“neoliberalismo” y se convirtió en el pensamiento dominante de
toda una época. Fue el pensamiento único. Más que de una
concepción ideológica, como el liberalismo económico de Adam
Smith, se trata de una especie de religión, donde el Mercado ocupa
el lugar de divinidad suprema. El Mercado –para el neoliberalismoestá por encima de los hombres y de la sociedad y, como toda
divinidad, nunca se equivoca; siempre decide el mejor camino y el
mundo que resulta de sus decisiones es el mejor mundo posible.
Los argentinos, después de la larga experiencia que se extendió
por más de una década, conocemos bien lo que significa el
dominio absoluto del mercado, sostenido por neoliberalismo, y
cuales son sus consecuencias. Como dijo el presidente Kirchner al
asumir en mayo del 2003 “sabemos que el mercado organiza
económicamente, pero no articula socialmente, debemos hacer que
el Estado ponga igualdad allí donde el mercado excluye y
abandona”.
En resumen, el mercado es una institución social que cumple
una finalidad económica pero que las consecuencias sociales que
resultan pueden entrar en colisión con los objetivos de las
mayorías democráticas e, inclusive, pueden llegar a ser desastrozas.
Entonces es la sociedad, corporizada por el estado, quien debe
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Hablemos de Economía / Humberto Zambon
intervenir, regulando su funcionamiento y encausando los
resultados.
Hace unos años Horacio Rieznik, ex sub secretario de industria
de la Nación, escribió sobre este tema unas líneas que me
parecieron impecables: “El hombre opera sobre la naturaleza
utilizando sus propias leyes, para protegerse y evitar o limitar los
desastres naturales (incluyendo a las enfermedades) y para
utilizarlas en su provecho y aumentar su confort. Para ello aplica
regulaciones (pararrayos, diques, caminos pavimentados, agua
corriente, cloacas, estructuras antisísmicas, etc.) y hoy en día trata
de protegerla mediante la ingeniería ambiental. No deja operar
libremente a las leyes naturales porque sería avasallado por ellas.
En forma idéntica se debe actuar sobre el mercado, utilizando la
leyes de la economía para prevenir que su libre acción conduzca a
calamidades tan perversas como las que fácilmente se observan en
la naturaleza y para gozar de un alto nivel de vida”.
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Hablemos de Economía / Humberto Zambon
2 - Hablemos de los Economistas
2.1 – Luca Pacioli y la partida doble
Fray Luca Pacioli fue un franciscano que se dedicó a las
matemáticas: las enseñó, fue uno de los primeros en preocuparse
por el cálculo de probabilidades, escribió obras de divulgación y
trascendió históricamente por ser el inventor de la partida doble;
por esta última razón es considerado como el fundador de la
contabilidad moderna. Nació en 1445 y murió en 1517 (aunque
algunas fuentes sostienen que fue en 1514).
En 1494 publicó “La Summa” de aritmética y proporciones,
que es considerada la primera enciclopedia de matemáticas pura y
aplicada, que tiene el enorme mérito de estar escrita en lengua
vulgar, lo que hizo asequibles los conocimientos a todo el mundo.
Se trata fundamentalmente de una obra de divulgación, aunque
tiene algunas ideas originales, como la partida doble para la
contabilidad, que él consideraba una rama de las matemáticas
aplicadas.
Trasladado a Milán, se hizo amigo de Leonardo da Vinci y con
su colaboración publicó “La divina proporción”, dedicado a la
relación aurea, conocida desde la época de los pitagóricos, que da
Vinci bautizó como “el número de oro”: dados dos números, a y
b, si la proporción entre ambos (a respecto a b), es igual a la
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Hablemos de Economía / Humberto Zambon
proporción entre la suma de los dos y el número a, estamos ante
una divina proporción; en la notación convencional se escribe así
(a+b):a::a:b y se lee: “a+b” es a “a” como “a” es a “b”. El valor de
la relación es 1,61803… Ese valor se da en forma aproximada en
numerosas relaciones que se pueden establecer en la naturaleza,
por ejemplo en las caracolas o en el cuerpo humano, comparando
la altura de una persona con la distancia entre el suelo y el ombligo.
En geometría, las diagonales de un pentágono regular se cortan
según la razón aurea; si se cumple con los lados de un cuadrilátero
refleja la perfecta armonía; este último tiene, además, varias
propiedades interesantes, por ejemplo, si a un rectángulo que
cumple con la proporción aurea se le saca un cuadrado, el nuevo
rectángulo que queda también la cumple. Para Pacioli fue la
confirmación de que la matemática está indisolublemente ligada a
la belleza y a la simetría y esta relación ha dominado las artes desde
el renacimiento. Representa la figura proporcionada y armoniosa;
es una relación tan natural en el hombre que, sin darnos cuenta,
está presente continuamente en el mundo contemporáneo. Hagan
una prueba: tomen un libro cualquiera y midan su tapa (alto y
ancho) y hagan la división; tendrán una aproximación al valor del
“número de oro”; lo mismo con una tarjeta de débito o crédito
cualquiera. Y podríamos dar muchísimos ejemplos más. El libro
“La divina proporción” se publicó en 1497, con ilustraciones y
esquemas de da Vinci (“¡No tenés ilustrador!” debe haber pensado
el bueno de fray Lucas).
Pero volvamos a lo nuestro. En la “Summa” escribe: “Como es
bien sabido, quien quiera dedicarse al comercio y operar con la
debida eficiencia necesita fundamentalmente tres cosas… La
principal de ellas es el dinero… La segunda cosa que se precisa
para el tráfico mercantil es ser un buen contador y hacer las
cuentas con gran rapidez… La tercera y última cosa necesaria es la
de registrar y anotar todos los negocios de manera ordenada, a fin
de que se pueda tener noticias de cada uno de ellos con rapidez”.
Y, como parte de las matemáticas aplicadas, desarrolla los
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Hablemos de Economía / Humberto Zambon
principios de la contabilidad: los libros necesarios y –como gran
aporte- los principios de la partida doble. Se le asigna también el
invento de las fichas móviles de contabilidad, tan usados en la
administración moderna.
El fundamento de la partida doble es –como casi todas las cosas
importantes- muy simple: se reduce a los siguientes principios: 1No hay débito sin crédito ni crédito sin débito; 2- Se debitan los
aumentos del activo, disminuciones del pasivo y los gastos. A la
inversa, se acreditan las disminuciones del activo, aumentos del
pasivo y los ingresos o ganancias; 3- La suma de los débitos es
siempre igual a la suma de los créditos.
Con el uso de la partida doble se evitan errores, se dificultan las
adulteraciones y se facilita enormemente los controles. Toda la
contabilidad desde el siglo XVI esta basada en ella, ya sea que se
usen los grandes y pesados libros del siglo XIX, la contabilidad
mecanizada popularizada en el siglo XX y también en la
contemporánea computarizada.
La partida doble denuncia cualquier error de números y
omisión, como bien sabe cualquier persona que haya trabajado en
contabilidad y tenido que buscar esos “tres malditos centavos que
impiden cerrar el balance”. Y sobre esto hay una ley de Murphy:
“El tiempo que se necesita para encontrar esa diferencia es
inversamente proporcional al plazo que tiene el contador para
entregar su trabajo”.
El invento de Lucas Pacioli tuvo diversos reconocimientos.
Quizá el más importante sea el de Max Weber, quien sostuvo que
el capitalismo moderno fue posible por dos razones: por la
aparición de la ética protestante y por el descubrimiento de la
partida doble.
De todas formas, creo que el mejor homenaje que he escuchado
es el que involuntariamente le hizo hace unos años Guillermo
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Ferreri, profesor de contabilidad de la Universidad del Comahue.
Mientras conversábamos en un pasillo de la Universidad le
pregunté sobre que novedades importantes había en su
especialidad y él, muy serio, me respondió: “Desde Lucas Pacioli
en adelante… ¡Ninguna!”
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Hablemos de Economía / Humberto Zambon
2.2 – Tomas Mun y la balanza de pagos
Luego de la conquista de América España recibió un flujo
constante de oro y plata, primero por el saqueo y luego por la
explotación de las minas, trabajadas por el sistema de mita, que
sometía a la servidumbre temporal a los pueblos originarios. Ese
flujo de riqueza convirtió al reino español en la primera potencia
mundial, mirada con envidia por el resto de los países europeos
que, en principio, asociaron la grandeza nacional con la cantidad de
metal precioso acumulado. Se llegó a prohibir la salida de oro y
plata y se pusieron trabas a la importación de mercaderías para
evitarla. Se creó así una escuela de pensamiento denominada
metalismo, que dio lugar a otra, más evolucionada, que se conoce
como mercantilismo, cuyo principal exponente es Tomás Mun (15711641).
Un precursor fue Francis Bacon (1561-1626), un gigante
intelectual de la época, que se opuso a la acumulación metálica
como finalidad, sobre lo que escribió “el dinero es como el
estiércol: no es bueno a no ser que se desparrame”. Además, y
según parece, fue el primero en utilizar el concepto de “balanza
comercial” para determinar el resultado neto del comercio con el
resto del mundo.
Tomás Mun fue director de la Compañía de las Indias
Orientales, una de las principales empresas de la época, y estaba
interesado en defender los negocios comerciales de la misma con
el exterior. Escribió en 1620 el “Discurso del comercio de
Inglaterra con las Indias Orientales” y luego “El tesoro de
Inglaterra mediante el comercio exterior”, publicado
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Hablemos de Economía / Humberto Zambon
póstumamente por su hijo en 1664. Aquí defiende el hecho de
importar materias primas para luego, con valor agregado local,
exportarlas: “Así, si contemplamos los actos de un labrador en la
siembra, cuando arroja el grano abundante y bueno en la tierra, lo
tomamos más por un loco que por un labrador; pero cuando
pensamos en su tarea en la época de cosecha, que es el final de sus
esfuerzos, descubrimos el mérito y pingüe producto de sus actos”.
El instrumento que desarrollaron es la Balanza Comercial
(exportaciones menos importaciones de bienes y servicios) que
forma parte de la Balanza de Pagos. Esta última se divide en dos
capítulos: el primero, la Cuenta Corriente, que incluye a la
exportación e importación de mercancías, los ingresos y egresos
por los servicios como fletes y seguros, a los pagos y cobros por
intereses, dividendos y regalías y a las transferencias de los
residentes de un país a otro (ítem que tiene gran importancia en
algunos países latinoamericanos por la gran cantidad de emigrantes
que trabajan en el exterior, especialmente en Estados Unidos). El
segundo capítulo es la Cuenta Capital, que registra las entradas y
salidas de capital.
La regla de funcionamiento de la Balanza de Pagos es: los
ingresos de dinero (exportaciones, entradas de capital, etc.) son
positivos y las salidas (importaciones, salidas de capital) son
negativos. En general, si la Cuenta Corriente es positiva, la Cuenta
Capital es negativa y viceversa; la diferencia entre los valores
absolutos de ambas se manifiesta en el aumento o disminución del
oro y las divisas que posee un país (las reservas monetarias).
Tomás Mun escribió: “…no es la gran cantidad de oro y plata
lo que constituye la verdadera riqueza de un Estado, ya que en el
mundo hay países muy grandes que cuentan con abundancia de
oro y plata y que no se encuentran más cómodos ni son más
felices”. Y para lograr la grandeza precisó: “El medio normal de
aumentar nuestra riqueza y tesoro es mediante el comercio
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Hablemos de Economía / Humberto Zambon
exterior, por lo que debemos seguir siempre esta regla: vender cada
año más a los extranjeros de lo que consumimos de ellos en
valor… Manteniendo esta norma en nuestro comercio, podemos
estar seguros de que el reino será enriquecido anualmente en
doscientas mil libras, que nos llegarán como tesoro, porque esta
parte de nuestra producción que no vuelve a nosotros en
mercancías debe volver necesariamente a casa en tesoro”. Esta fue
la norma del imperialismo inglés (y de todos los imperialismos):
exportar capital (cuenta capital negativa) que se compensa con
exportaciones mayores que las importaciones (cuenta corriente
positiva) que asegura trabajo y ganancias a la actividad local.
En nuestro país, durante mucho más que cien años, las
importaciones superaron a las exportaciones (cuenta corriente
negativa) por lo que se debió compensar con ingresos de capitales
(préstamos o inversiones extranjeras) lo que generó, a su vez,
intereses y remesas de utilidades que agravaron aún más el carácter
negativo de la cuenta corriente, obligando a un mayor
endeudamiento en un círculo vicioso de dependencia y
endeudamiento que explotó en el año 2001.
La situación se agravó especialmente durante dos períodos:
1976-1983 y 1991-2001. En el primero de ellos, para combatir a la
inflación se liberó a la economía y se estableció la “tablita”
cambiaria de Martínez de Hoz, que fomentó las importaciones y
castigó a la industria nacional, aumentando el endeudamiento y
extranjerizando la economía, hasta finalizar con la crisis de la
deuda de 1983. En la segunda, Domingo Cavallo (con Menem y
luego con De la Rúa) trató de hacer algo parecido, pero con un
mayor grado de liberalismo explícito, como fue la experiencia de la
convertibilidad. El resultado final fue también parecido, pero en
este caso con una crisis mucho más profunda y dolorosa.
La crisis del año 2001 produjo una gran devaluación del peso,
permitiendo reconstruir la industria y crecer las exportaciones
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Hablemos de Economía / Humberto Zambon
mientras que el mismo mercado limitaba las importaciones. En los
años siguientes, el mantenimiento de un tipo de cambio favorable
permitió conservar una cuenta corriente positiva, disminuyendo el
endeudamiento y aumentando las reservas monetarias del Banco
Central, en coincidencia con los consejos que dio Mun en el siglo
XVII.
¡Como debemos lamentar los argentinos que ni José Martínez
de Hoz ni Domingo Cavallo jamás hayan leído a Tomás Mun!
Tomás Mun
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2.3 – Los aportes teóricos de William Petty
La monumental obra Historia Crítica de la Plusvalía de Carlos
Marx2 se inicia con estas palabras: “William Petty es el fundador de
la moderna economía política. Su genio y su originalidad son
incontestables”.
Petty (1623-1687) fue un inglés de origen relativamente
humilde, dotado de gran inteligencia y de una mente inquieta, sin
límites en el objeto de su conocimiento. Lo muestra claramente
los hitos de su vida: a los 23 años, siendo estudiante, inventó una
máquina de copiar que fue utilizada con éxito; dos años después se
doctoró en física y, al cabo de otros dos años, de profesor de
anatomía y de profesor de música, además de interesarse y estudiar
matemáticas. Inicialmente, como medio de vida, ejerció la
medicina y llegó a ser (1651) el médico personal de Oliver
Cromwell, el poderoso líder que comenzó la revolución burguesa
en Inglaterra. Luego de la invasión y conquista inglesa de Irlanda,
por influencia de Comwell fue el encargado de levantar el plano
topográfico de esas tierras, tarea que le llevó los años 1655 a 1658,
pero como el pago de sus honorarios se hizo con tierras, volvió de
Irlanda convertido en un rico terrateniente. A partir de entonces,
sin preocupaciones sobre su bienestar económico, pudo dedicarse
a lo que realmente le gustaba: estudiar, escribir y fomentar todo
tipo de conocimiento científico; frecuentó a los principales
intelectuales de la época y fue discípulo y amigo de Hobbes, uno
2
La Historia Crítica de la Plusvalía es una historia del pensamiento
económico que fue editada por Carlos Kautsky entre 1905 y 1910. Suele
presentarse como los tomos IV y V de El Capital.
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de los creadores de la ciencia política; fue uno de los fundadores de
la Royal Society y en 1661 fue nombrado “sir” por el rey.
Educado en las ciencias naturales, fue partidario de la
utilización del método inductivo en economía y de la constatación
estadística de los desarrollos. En este sentido, fue un precursor de
la contabilidad nacional y, en el plano teórico, puede considerarse a
Kalecki como su continuador en el siglo XX. Petty escribió “…en
vez de no usar más que palabras comparativas y argumentos
intelectuales, he resuelto expresarme en base a números, pesos y
medida; usar sólo argumentos con sentido y considerar sólo
aquellas causas que tienen un fundamento visible en la naturaleza”.
Escribió varios libros. El primero fue el Tratado de impuestos y
contribuciones (1662), que es considerado el primer estudio tributario
sistemático; ent