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Francisco Javier López Precioso es
arqueólogo y miembro del Instituto
de Estudios Albacetenses “Don Juan
Manuel”. Tiene especial preferencia,
entre otros temas, en el análisis de
la cultura material de aspectos desconocidos de periodos históricos sobre los que antes no se había tratado.
Abraham Rubio Celada, es doctor
en Historia del Arte, miembro de la
Asociación de Ceramología y colaborador de la Real Academia de la
Historia. Está especializado en diversos aspectos de las Artes Decorativas
y en la catalogación de colecciones
de museos e instituciones.
Este catálogo ordena y analiza un
conjunto de producciones de los alfares de época moderna y contemporánea que existieron en Hellín y
que alcanzaron una gran difusión en
el antiguo Reino de Murcia y sus
alrededores, cayendo después en el
olvido, motivo por el que su redescubrimiento y puesta al día ofrece una
nueva y complementaria perspectiva
para el estudio de la cerámica española. La publicación incluye un CdRom que complementa la obra.
F. JAVIER LÓPEZ PRECIOSO - ABRAHAM RUBIO CELADA
INSTITUTO DE ESTUDIOS ALBACETENSES
“DON JUAN MANUEL”
DE LA EXCMA. DIPUTACIÓN DE ALBACETE
Serie III - Congresos - Seminarios - Exposiciones y Homenajes - Núm. 11
Albacete 2009
Cubierta: Plato de la familia Guirado.
Fot. F. Javier López Precioso
INSTITUTO DE ESTUDIOS ALBACETENSES “DON JUAN MANUEL”
DE LA EXCMA. DIPUTACIÓN DE ALBACETE,
ADSCRITO A LA CONFEDERACIÓN ESPAÑOLA DE CENTROS DE ESTUDIOS LOCALES, CSIC
Las opiniones o hechos consignados en esta obra son de la exclusiva responsabilidad del autor o autores.
I.S.B.N. 978-84-96800-28-1
D.L. AB-81/2009
Maquetación, fotomecánica e impresión
Gráficas Ruiz S.L.
Juan de Toledo, 44 - Teléfono 967 217 261
02005 Albacete
ÍNDICE
Presentación .......................................................................................... 7
Prólogo. Natacha Seseña ..................................................................... 11
Estudio introductorio.
Francisco Javier López Precioso y Abraham Rubio Celada................... 15
Bibliografía.......................................................................................... 50
Catálogo ............................................................................................. 51
Loza Blanca ................................................................................. 55
Loza Bicolor ................................................................................. 63
Loza tricolor................................................................................. 89
Loza azul y blanco ..................................................................... 115
Desechos de alfar en bizcocho (1ª cocción) .................................. 225
Desechos de alfar (2ª cocción) .................................................... 231
Cerámica aplicada a la arquitectura............................................ 239
Agradecimientos ................................................................................ 265
5
PRESENTACIÓN
7
En algo más de 10 años, desde que se empezó a estudiar sistemáticamente la cerámica hellinera, el conocimiento
sobre ella ha pasado de vagas referencias a una sólida base sobre la cual trabajar para entender una producción
olvidada y casi perdida. En el origen fueron citas generales en otros trabajos, pero a partir de 1998 se empezó
a evidenciar la pujanza de esta producción y que nos encontrábamos ante una de las grandes desconocidas
de la historia de la cerámica española. Desde el Museo Comarcal, dependiente de la Concejalía de Patrimonio
Histórico y de la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Hellín, se planteó un programa de trabajo, que,
con sus altibajos, ha dado sus frutos salvando no pocos obstáculos. En estos 10 años se ha aposentado el
conocimiento sobre la misma y hoy sabemos que podemos dar a conocer con fundamento estas lozas para
que el público estudioso, los coleccionistas y los curiosos en general sepan de ellas y puedan alcanzar el
reconocimiento que se merecen.
Su pujanza fue tal que abarcó un mercado regional amplio, convirtiéndose los alfares de Hellín en proveedores del
Reino de Murcia y otros territorios adyacentes. Su estudio no da más que sorpresas y continuamente encontramos
nuevas referencias, baste decir que en estos últimos meses se ha documentado que Francisco Salzillo tenía en su
vivienda loza de Hellín, tal y como figura en la relación de sus bienes. Por otra parte en el archivo municipal de
Hellín se ha digitalizado la relación documental de los alfareros de Hellín que figuran en los libros de matrícula
y en el padrón de habitantes. La lista es numerosa y habla de la intensidad de la producción en el siglo XIX, a
lo que hay que sumar diversas citas y referencias en antiguos textos y diccionarios geográficos.
Las próximas excavaciones arqueológicas que llevemos a cabo en conjuntos urbanos de la provincia de Albacete
y Murcia empezarán a aportar más datos, no nos cabe duda, y por poner un ejemplo: hoy podemos afirmar
que el estudio de las excavaciones en los solares de la ciudad de Murcia dará enormes sorpresas, a la vista
de lo que pudimos observar en los almacenes de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia. Todo ello
contribuirá a expandir el conocimiento sobre un periodo poco tratado en el sureste y sobre una producción
olvidada que tuvo una especial relevancia.
Queda por último agradecer el esfuerzo realizado a todas las instituciones y personas que han trabajado para
que este catalogo salga a la luz, en especial a Antonia Collados Jiménez, que nos ha ayudado en todo momento,
a la Junta de Comunidades de Castilla La Mancha, que ha financiado partes del proyecto de investigación, y
más señaladamente a la Delegación Provincial de Cultura de Albacete, sobre todo a Maria Teresa Rico Sánchez
que confió en el proyecto, al propio Instituto de Estudios Albacetenses que no sólo ha financiado la edición
del catálogo, sino que también ayudó a realizar pequeños proyectos específicos de investigación y por último
a la Diputación de Albacete, que ampara a esta institución y que apoya estos proyectos, muchas veces poco
“rentables” pero necesarios y fundamentales.
Francisco Javier López Precioso.
Director del Museo Comarcal de Hellín.
9
PRÓLOGO. Natacha Seseña
11
Demos la bienvenida a la cerámica de Hellín de la que poco se sabía y que presenta el aspecto de
producción basta con vidriado estannífero y unos rasgos decorativos sencillos con el aroma y sabor de lo
genuinamente popular. Debemos las primeras noticias a Francisco Javier López Precioso1 que documenta la
colección Escandell, guardada en el Museo Comarcal.
Hagamos un poco de historia, Hellín, hoy provincia de Albacete, perteneció en la antigüedad al
Reino de Murcia. En plena edad media, los territorios habían sido encomendados a la Orden de Santiago
que hizo muy poco por la prosperidad de la zona. Importa destacar que en la Edad Moderna, Murcia
experimenta un gran aumento de población por la llegada de moriscos granadinos que se dedicaron a la
agricultura y a la artesanía de la seda y del barro, situación que llegó hasta su expulsión del valle de Ricote,
donde se encuentra Hellín, en 1614. La expulsión fue económicamente catastrófica. Ya en el XVIII una familia
procedente de la vecina Mula se asentó en Ricote y compró tierras abandonadas a precios bajos. Hay que
tener en cuenta que esta familia –los Llamas– eran desde antiguo arrendadores de las tierras de la orden de
Santiago, situación que continuó a lo largo del siglo XVIII y parte del XIX hasta que se produjo la disolución
de la orden de Santiago y sus bienes adquiridos por familias.
La vida de los habitantes del valle hay que entenderla por la impronta dejada por los moriscos,
buenos conocedores de oficios imprescindibles en la cotidianidad, en el día a día. Hay que repetir una y otra
vez, y más en estos tiempos de inmigraciones extranjeras, con el recelo de inquietud que siempre producen,
la inmensa deuda que los reinos de España tienen con la cultura musulmana en cuanto a las lozas de vidriado
estannífero y decoración azul.
Las lozas de Hellín tienen la facha, es decir, la apariencia, de lo genuinamente morisco, y por tanto
se parecen a las de Fajalauza, Muel, Teruel y Talavera en su arranque cerámico. Son lozas baratas, simples,
con poco estaño en el vidriado y las formas revisten la misma simplicidad funcional: fuentes redondas, platos
de diversos tamaños, alguna jarra, algún especiero, alguna bacía de barbero.
La raíz morisca está presente también en algunos nombres dados a estas piezas, como los lebrillos de
buen tamaño llamados zafas, palabra que se recoge como aljofaina y alborma propia del reino de Murcia
y Andalucía, en el Diccionario de Autoridades (1737). Asimismo, uno de los motivos que adornan el centro
de platos, e incluso bordes se le denomina colleja, es decir una hierba silvestre que crece en el trigo y que es
comestible, típica de la cocina popular manchega, como nos cuentan López Precioso y Abraham Rubio2.
Incluso en lo más humilde como es la cerámica popular, hay evolución, y ya son del XIX las placas
con los nombres de las calles.
1
F. J. LÓPEZ PRECIOSO: “La cerámica hellinera blanca y azul. Una gran desconocida”, ZAHORA, 1998, Nº 27, Albacete, pág. 12.
F. J. LÓPEZ PRECIOSO, op. cit., 1998; A. RUBIO CELADA, “Vajillas hellineras en el Liétor de los siglos XVIII y XIX”, XXII ciclo de conciertos en los
órganos de Liétor, Liétor, mayo-junio, 2004.
2
13
Como ocurre con las producciones alfareras o lozeras, las noticias documentales son tardías. En
cuanto a las lozas, las primeras noticias las divulga Francisco Mariano Nipho, hijo de napolitano pero nacido
en Alcañiz en 1719. Funda el Correo General de España (1770), periódico protegido por la Real Junta de
Comercio, con el fin de ilustrar y combatir la escasa laboriosidad de los españoles y su despreocupación por
los problemas económicos3.
Cuando el corregidor de Hellín contestaba a Nipho sólo hablaba de una “fábrica de vidriado blanco
ordinario, dirigida desde tiempo inmemorial por maestros alfareros que trabajan ... para adquirirse el
mantenimiento”. Un poco más tarde, en la encuesta de Tomás López, fechada entre 1786-89, se mencionan
cuatro fábricas de “loza entre fina donde se fabrican de 400 a 500 mil piezas de todos tamaños y figuras”.
Una producción tan numerosa indica que el comercio se extendía por la comarca y la región.
En la descripción de España de 1827 se citan “En Hellín, manufacturas de vidriado”. En el excelente
Diccionario de Sebastián Miñano (1826-29) se clasifican y especifican las labores de Hellín que tienen al
barro como materia prima, al decirnos “... una de cántaros, jarras, ladrillos, teja, etc; y otra de bajilla basta,
surtiendo las de la primera a muchos pueblos, y las de la segunda a casi toda la provincia ... por su baratura
y solidez”.
Madoz en su Diccionario (1847) también cita la alfarería hellinera, si bien con menor descripción
clasificatoria. A partir del XIX, con la invasión de lozas de Manises, Talavera, y Puente del Arzobispo más
evolucionadas con brillantes policromías, se acentúa más el origen morisco de las lozas hellineras.
Con respecto a la alfarería sin vidriado, de cántaros con sencilla decoración incisa, debemos las
noticias primeras a Domingo Sanz Montero y Severiano Delgado, en Viaje a los alfares perdidos de Albacete
(1991)4.
Quiero terminar animando a la búsqueda de testares y excavaciones, como parece ser es el propósito
del Museo de Hellín, porque de esa manera puede modificarse el actual mapa alfarero y cerámico de
España.
3
J. L. ALBORG, Historia de la literatura española, Madrid, 1985, vol. III, pp. 63 - 70
D. SANZ MONTERO y S. DELGADO, Viaje a los alfares perdidos de Albacete, Madrid, 1991.
4
14
ESTUDIO INTRODUCTORIO.
Francisco Javier López Precioso y Abraham Rubio Celada.
15
Conocida en el ámbito local desde antiguo, los datos que hasta hace poco manejábamos sobre la
loza esmaltada hellinera eran escasos y dispersos. Este panorama ha ido cambiando en los últimos años,
gracias a una serie de investigaciones sobre el tema, la mayor parte todavía inéditas, coordinadas desde el
Museo Comarcal de Hellín y patrocinadas por instituciones como el Instituto de Estudios Albacetenses Don
Juan Manuel o la Consejería de Cultura de Castilla y la Mancha. También el entusiasmo que el coleccionismo
de estas cerámicas ha despertado en algunos museos locales, como el Museo Parroquial de Liétor5, o el
descubrimiento de cerámicas hellineras en colecciones particulares, atribuidas generalmente a alfares
aragoneses, ha contribuido a un mejor conocimiento de estas cerámicas.
Aunque en el pasado no tenemos estudios que organicen y sistematicen esta curiosa producción, tan
característica y personal, emparentada con las producciones de la cerámica esmaltada popular española de
los siglos XVII al XIX, sí que encontramos algunas referencias en publicaciones especializadas; la primera
cronológicamente, en 1983, en el capítulo Alfarería popular en la provincia de Albacete: Estudio etnográfico,
del tomo 3 del libro de Lizarazu de Mesa titulado Etnografía Española6, donde se estudia el alfar de Tobarra
de Antonio Ortiz López, al que consideraba con unas características técnicas similares a las de los extintos
alfares de Hellín.
Más centrado en nuestro tema de investigación es el artículo de Francisco Navarro Pretel, director del
museo parroquial de Liétor, titulado “Muestras de cerámica antigua en los fondos del Museo Parroquial de
Liétor. Catálogo, procedencia y evolución decorativa de sus dibujos y colores” de 19907, en el que estudia
un número importante de fragmentos y piezas cerámicas hellineras halladas en Liétor.
La tercera publicación, de 1991, se titula Viaje a los alfares perdidos de Albacete de Domingo Sanz
Montero y Severiano Delgado Gamo8. Presenta datos y documentación oral sobre los últimos alfareros de Hellín,
activos todavía después de la Guerra Civil, centrándose en la tejera de Enrique Córcoles Mas especializado en
teja, ladrillos y alfarería como cántaros, botijos, morteros de resina y otra producción menor.
El director del museo de Hellín, Francisco Javier López Precioso, publicó en 1998 en la revista
Zahora el estudio más completo, con los datos conocidos hasta ese momento, que se ha hecho hasta ahora
sobre la cerámica hellinera, titulado “La cerámica hellinera blanca y azul. Una gran desconocida”. En este
breve trabajo se abarcaban diversos ámbitos, como el documental, el arqueológico o el histórico-artístico,
planteando la importancia de abordar una investigación más profunda sobre el tema, dado su interés dentro
del panorama de la cerámica española y su profundo desconocimiento por los investigadores y el público en
general9.
5
Hay que felicitar a Francisco Navarro Pretel por la gran labor realizada para el mejor conocimiento de los fondos cerámicos del Museo Parroquial de Liétor,
subvencionando en el año 2000 a un equipo formado por Abraham Rubio (coordinador), Eva María Martínez, Raquel Marco y Elena Mora, para restaurar y
catalogar los fondos del museo.
6
Mª A. LIZARAZU DE MESA, 1983. La producción estudiada se corresponde con la alfarería de basto, por lo que la relación con la loza esmaltada hellinera es
prácticamente nula. Sí puede ser interesante como paralelo de la producción de alfarería de basto hellinera, todavía un campo virgen para los investigadores.
7
F. NAVARRO PRETEL, 1990.
8
D. SANZ MONTERO y S. DELGADO GAMO, 1991. Aunque en su libro aparece una ilustración de un plato de cerámica esmaltada en azul y blanco, con una
decoración que se encuadra dentro de lo que se ha llamado la serie de la colleja (ellos la llaman de la acelga), no hacen ninguna referencia a esta producción,
basando su trabajo en la loza de basto exclusivamente.
9
F J. LÓPEZ PRECIOSO, 1998, p. 11-28.
17
Otro trabajo dedicado a la cerámica hellinera, esta vez en relación con su aplicación a la arquitectura,
se plasmó en la comunicación presentada al VIII Congreso de la Asociación de Ceramología en Castellón
en el 2003, con el título Cerámica hellinera aplicada a la arquitectura: Azulejos importados y obra local de
Herbert González Zymla y Abraham Rubio Celada10, donde se presentaban algunas cerámicas sobresalientes
traídas de fuera y otras fabricadas en el propio Hellín.
La publicación más reciente es un pequeño artículo de Abraham Rubio Celada incluido en el programa
de conciertos de órganos de Liétor (Albacete) de 200411, titulado Vajillas hellineras en el Liétor de los siglos
XVIII y XIX, en el que se da a conocer a los vecinos de este pueblo cómo eran las vajillas usadas por sus
antepasados tanto en sus formas como en sus decoraciones, a raíz de los restos conservados en el Museo
de Liétor o encontrados en las últimas excavaciones, depositados en el Museo de Hellín. Los nuevos rumbos
que ha tomado la investigación de la loza esmaltada hellinera en los últimos meses, con el conocimiento de
las piezas hellineras descubiertas en las excavaciones de Murcia y Lorca, atribuidas al siglo XVII, nos hace
rectificar la cronología de algunas de las cerámicas de Liétor decoradas en azul y ocre publicadas como del
siglo XVIII, retrotrayendo su fecha de fabricación a un siglo antes.
Desde el punto de vista documental, tanto encuestas como diccionarios y enciclopedias, en lo que atañe
a Hellín, se han condensado en un interesante libro de obligada consulta, escrito en 1997 por F. Rodríguez
de la Torre y A. Moreno García, Hellín en Textos geográficos antiguos (facsímiles y transcripciones)12.
La primera noticia registrada, muy importante sin duda, es la que ofrece Francisco Mariano Nipho
en su obra Correo General de España. A la encuesta mandada le responde el corregidor de Hellín, Don Juan
Pablo de Salvador, señalando lo siguiente:
“Solo hay en la villa de Hellin una Fabrica de Vidriado blando ordinario, dirigida desde tiempo
inmemorial por maestros Alfareros, que trabajan sin Privilegio alguno, ni Franquicia, sino por oficio,
y por adquirirse el mantenimiento.”
En la Geografía Moderna de Nicolle de La Croix, fechada en 1779, se cita escuetamente una fábrica
de vidriado blanco. Otra referencia importante se localiza en la contestación que se realiza al cuestionario
enviado por Tomás López desde Madrid, encuesta fechada entre 1786 y 1789. A la novena pregunta,
referente a la existencia de industrias se dice literalmente lo siguiente:
“... que ay en este pueblo 4 fabricas de Loza entre fina de tiempo enmemorial, y se travajan en ellas
en el discurso del año de 400, a 500 mil piezas de todos tamaños y figuras...”
El dato es fundamental puesto que se constata la existencia de fábricas de loza entrefina y se habla
de una producción que es evidente no sólo cubre la necesidades del mercado local, sino que debe estar
presente en el mercado comarcal y en el regional, tal como lo demuestran los fragmentos de cerámicas
10
Actualmente se encuentra en prensa, pendiente de la publicación de Las Actas del Congreso.
A. RUBIO CELADA, 2004. Este mismo artículo fue reproducido posteriormente en el programa de fiestas de Liétor del mismo año.
12
F. RODRÍGUEZ de LA TORRE y A. MORENO GARCÍA, 1997.
11
18
hellineras que aparecen en poblaciones más o menos distantes de Hellín como son las ciudades de Murcia
o Lorca13, entre otras. Se evidencia la existencia de variadas formas con técnicas y decoraciones que casan
bien con la referencia a loza entrefina.
Después, en 1827 se sigue citando en la Descripción general de España, realizada por Francisco
Verdejo Páez la existencia de: “... manufacturas de vidriado...”, al igual que ocurre con Tobarra.
Entre 1826 y 1829 se edita el Diccionario Geográfico y Estadístico de España y Portugal, realizado
por Sebastián Miñano, que cita a la alfarería entre otras industrias como telares, una fábrica de sombreros y
los molinos.
En la voz de Villa de Hellín se inserta el documento redactado por José Rodríguez Carcelén, que, al
referirse a la industria del municipio y de la ciudad, señala que existen dos tipos de alfarerías:
“... una de cántaros, jarras, ladrillos, teja, etc; y otra de bajilla basta, surtiendo las de la primera
a muchos pueblos y las de la segunda a casi toda la prov(incia). Y a todas las casas de comunidad
de más de 20 leg.(uas) de dist.(ancia) por su baratura y solidez. El barro es susceptible hasta de la
más fina, como lo demuestran los ensayos; y por falta de quien enseñe no se ha fomentado ya este
ramo...”
En el Diccionario Geográfico Estadístico Histórico de España de Pascual Madoz, fechado en 1847,
en lo que atañe al volumen de referencia, sin duda una obra puntera en su género, se vuelve a citar la
alfarería:
“... hay alfarerías de bajilla ordinaria”. En otro lugar del texto se dice “vidriada y de cantaros y otras
vasijas sin barnizar...”
En el proyecto de Ordenanzas del Campo y Huerta de la Villa de Hellín, escritas en 1883 por Ricardo
Mateo Guerrero, se vuelve a mencionar la existencia de alfarerías:
“...varias alfarerías de bajilla ordinaria y de cantaros y otras basijas sin barnizar...”
Es muy posible que copie la cita de Madoz, si bien, al estar el trabajo realizado en Hellín debe ser
un dato fiable que constata el mantenimiento de la producción en estos momentos, es decir, a finales del siglo
XIX, seguramente los últimos años de la loza esmaltada hellinera, con decoraciones del estilo de los platos de
“la colleja”, ya que son aquellas que se han mantenido en la memoria colectiva de los vecinos de Hellín.
Después no aparecen otras alusiones a la fabricación de loza esmaltada, aunque sí existen referencias
en lo concerniente a la fabricación de tejas y ladrillos así como a la alfarería de basto, aspectos éstos que
nosotros no tratamos en este catálogo.
13
En los museos de dichas ciudades se conservan fragmentos y piezas de cerámica hellinera halladas en excavaciones, que demuestran la comercialización
de estas cerámicas.
19
Por otra parte, podemos decir que con relación a la cerámica de basto se distinguen dos producciones
cerámicas en Hellín: en primer lugar, la cerámica común sin vidriar, de la que destacamos los cántaros. De
éstos sabemos a ciencia cierta que se terminan con una ligera decoración a base de líneas incisas. La
segunda producción corresponde a piezas acabadas en vidriado, que al parecer se dejan de hacer ya desde
finales del siglo XIX o principios del XX.
En este catálogo se estudia sólo una tercera producción, a la que denominamos loza esmaltada, cuya
característica principal es llevar una cubierta blanca, conseguida con óxido de plomo mezclado con estaño,
que permite impermeabilizar la superficie de las piezas. Muchas de las cerámicas se decoraban con óxidos
de colores, que en el caso de Hellín son el azul cobalto, el óxido de hierro y el negro de manganeso, que
sobre el esmalte blanco, podían ir juntos o aislados según las épocas o tipos de decoración. Recientemente
se ha podido identificar junto al azul, ocre y negro un cuarto color, el verde, tanto en una cruz aplicada a
la arquitectura y fechada en 1721, como en algunos murales pertenecientes a un Vía Crucis. De momento
no conocemos piezas de vajilla con este tipo de color verde oliva, logrado no con óxido de cobre, sino
mezclando azul de cobalto y ocre.
Técnicamente la producción se organiza de manera común a otras, es decir, tras el proceso de
modelado en el torno, se somete a una primera cocción o bizcochado y, después de la inmersión en el barniz
estannífero y de la decoración con óxidos a pincel, en el caso de que no se trate de loza blanca, se le aplica
una segunda cocción.
Las arcillas se recogen de diversas canteras del entorno de la ciudad, sobre todo de la zona de
la carretera de Pozohondo y el cementerio de Hellín. El proceso de extracción y de depuración debió de
corresponder a los modelos al uso en el siglo XVIII y XIX. Una vez que la arcilla ha sido recogida en pedazos
de las canteras se transporta a los alfares, donde primeramente se tritura y se mezcla con agua en una balsa
para decantarla y, posteriormente, pasarla a otras hasta lograr la depuración deseada. Finalmente, después
de dejarla reposar durante un tiempo, se amasa y se conserva en un lugar húmedo, del que se van cogiendo
porciones según las necesidades del alfar.
Las decoraciones hellineras se relacionan con series de estética semejantes a las que se realizan en
otras zonas de España, entre ellas las que se debieron fabricar en Murcia en esos momentos. Otros centros
con los que relacionarlas serían Manises (Valencia), Alcora (Castellón), Talavera de la Reina y Puente del
Arzobispo, Olivares (Zamora), Cataluña, Fajalauza (Granada) y Villafeliche (Zaragoza); las producciones de
estos dos últimos, son con las que más se confunden las cerámicas hellineras, sobre todo Villafeliche, al que se
atribuyen normalmente algunas de las cerámicas hellineras conservadas hoy día, en los museos. Éste es el caso
de determinadas piezas, como unas cerámicas del Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González
Martí de Valencia, publicadas en un libro sobre cerámica aragonesa como originarias de Villafeliche.
También es frecuente que en las tiendas de anticuarios y en las subastas aparezcan a la venta
cerámicas de Hellín con otras atribuciones, como ocurrió hace poco tiempo en la casa Christie’s de Londres14,
donde se vendió como catalán un gran plato hellinero que perteneció a la colección Lucas (figura 1).
14
Agradecemos esta información, así como el que nos proporcionara la fotografía del catálogo a Ángel Sánchez-Cabezudo, importante coleccionista y gran
conocedor de la cerámica talaverana y de otras producciones paralelas españolas. La subasta se celebró el 27 de mayo de 1999 y el plato con un diámetro
de 41,5 cm. se vendió en 550 libras.
20
Figura 1. Plato de la Colección Lucas.
Mayor problema tiene la cronología de la producción de loza esmaltada hellinera puesto que los
datos documentales, hasta el momento, no nos permiten establecer una fecha absoluta de su origen. Es seguro
que ya en el siglo XVII se está manufacturando loza a imitación de la de Talavera de la Reina. Aunque no
sabemos exactamente cuando empezaría la producción, la documentación aporta datos sobre unos alfareros
apellidados Padilla que están activos a mediados del siglo XVII, y puesto que sabemos que esta familia en el
XVIII está haciendo un tipo de cerámica con recuerdos talaveranos, hay que pensar que estos conocimientos
se fueron heredando de padres a hijos.
La primera referencia cronológica de una cerámica esmaltada hellinera la tenemos en una cruz
formada por azulejos, fechada en 1721. También se han documentado alfareros en pleno siglo XVIII como es
el caso de Juan de Padilla, cuya firma aparece en un mural que nos permite conocer algunas de las técnicas
y decoraciones usadas en su alfar. Otro taller activo a mediados del siglo XVIII es el de Rafael Padilla y su
mujer Catalina Pérez, autores del pavimento del camarín de la iglesia del Rosario de Hellín.
21
El final de la producción de cerámica hellinera debe situarse hacia los momentos postreros del siglo
XIX, momento en que la “invasión” de lozas de Manises, más finas y trabajadas y seguramente más baratas,
debió de tender a absorber la demanda de estas piezas en la segunda mitad del siglo XIX.
Aunque desde un punto de vista morfológico la mayor parte de la producción se relaciona con la
vajilla de mesa, también en los alfares de Hellín se hizo cerámica aplicada a la arquitectura, prácticamente
todavía desconocida.
Entre la cerámica con fines arquitectónicos contamos con tejas vidriadas en azul, como las
de la cúpula de la torre de la Parroquia de la Asunción de Hellín, de las que una de ellas se conserva en el
Museo Taurino de la localidad. La producción de tejas se exportaba a otros pueblos más o menos cercanos,
como Chinchilla, para cuya iglesia se enviaron 15.000 tejas vidriadas en el año 1777, tal como consta en
el libro de fábrica de la parroquia.
Otro tipo de piezas son las placas para lápidas como las que aparecieron en la parroquia de la
Asunción de Hellín, que hoy se conservan en una colección particular, y que ya han sido publicadas15.
Aparecieron con motivo de las obras de saneamiento de los tejados de la iglesia. Una de estas lápidas
llegada a nuestros días, presenta en letra capital romana, la siguiente leyenda: HER[edero]S [de F]RA[ncis]
CO DE BELASCO OCHOA SESTO TRAMO 12 (figura 2).
Figura 2. Lápida de la Iglesia de la Asunción. Hellín.
Entre las piezas más abundantes figuran las placas para calles, de las que el Museo de Hellín conserva dos de ellas (figura 3), y los números de casas, algunos colocados todavía in situ y otros en colecciones
particulares, como los aparecidos en la casa de Macanaz.
15
F. RODRÍGUEZ DE LA TORRE y A. MORENO GARCÍA, 1996, p. 46.
22
Figura 3. Placa de calle. Museo de Hellín.
Una pieza excepcional es la cruz de azulejos fechada en 1721 (figura 4), citada antes, que hasta
hace poco tiempo se encontraba encastrada en la fachada de una vivienda de la calle Villoras, a espaldas
de la calle de la Cruz, en el barrio de San Roque de Hellín.
Figura 4. Cruz de la calle Villoras. Hellín.
23
Afortunadamente, debido a la obra que iba a hacer desaparecer la pared en la que estaba la cruz,
se ha desmontado y donado al Museo Comarcal de Hellín, por lo que hay que felicitar a las gentes de la
ciudad por saber valorar su patrimonio cultural y no permitir que sigan desapareciendo estas obras de arte
de la cerámica hellinera, tal como ocurrió con las estaciones del Vía Crucis situado en el atrio del Santuario
del Rosario, formado por murales de azulejos pintados en 1748 por el ceramista hellinero Pedro Hernández.
Volviendo a la cruz, está formada por azulejos con el borde dentado, rectangulares en el cuerpo, trapezoidales
en el extremo superior y el remate de los brazos, y una base escalonada que representa el monte Gólgota,
con la leyenda: MEMENTO MO/RI[S] ET NUNC/ PECABIS / AÑO DE 1721 (figura 5).
Figura 5. Detalle de la base de la cruz.
Otro tipo de piezas producidas en los hornos hellineros, son las cerámicas para pavimentos, como
las olambrillas que se encuentran en el camarín del Santuario de Nuestra Señora del Rosario de Hellín, que
conforman un gran repertorio de motivos decorativos en azul y ocre (figura 6), y en azul y blanco (catálogo
0131 y 0132).
Figura 6. Olambrilla del pavimento del Camarín de la Virgen del Rosario.
24
Es un pavimento de mediados del siglo XVIII que el historiador Sánchez Ferrer publicó como producción
valenciana y que más recientemente ha sido atribuido con dudas a los alfares de Hellín por Campos Garaulet,
quien considera que Catalina Pérez, cuya leyenda figura en una de las olambrillas, no puede ser la autora
debido “… a las costumbres de la época en donde no se permitía que la mujer fuese la cabeza visible de un
taller, aunque si podía trabajar en él”16. En la reciente limpieza del pavimento del camarín17, patrocinada por
el Museo Comarcal de Hellín, hemos podido documentar en esa olambrilla que alrededor de la leyenda de
Catalina Pérez, aparece, apenas visible, la de su marido, el alfarero Rafael Padilla, pintada en azul cobalto
sobre ocre, por lo que podemos asegurar que esta familia es coautora del pavimento, puesto que en otra
olambrilla, se halla la leyenda que menciona a Dª María de Villotas, esposa del alfarero Benito de Padilla,
miembros por tanto, de la otra rama de los alfareros Padilla.
Otros azulejos hechos en Hellín, seguramente a finales del siglo XVIII, son los que forman el pavimento
que se encuentra ante el frontal de altar del Santuario del Rosario, decorados con motivos florales en azul y
blanco (catálogo 0130).
También se fabricaron en Hellín azulejos en azul y blanco, de los que en Valencia se llaman de
mitadad históricamente y más modernamente de mocador. Están decorados a partir de una diagonal, la mitad
en azul y la otra mitad en blanco. Hasta hace poco se conservaba una fila de estos azulejos en el claustro
del convento de San Francisco, cuya función era rematar el zócalo de piedra; hoy sólo se conocen gracias
a algunas fotografías18. De este tipo de azulejos, hay muestras en el pavimento del camarín del Santuario de
Nuestra Señora del Rosario de Hellín colocados en alguna de las antiguas reparaciones.
Al parecer existieron azulejos con otras decoraciones, a juzgar por un modelo encontrado en la casa
de Macanaz, en Hellín, con dibujos simétricos en azul y blanco (catálogo 0128). También, en la colección
de Luis Silvestre se conserva un azulejo de formato cuadrado en azul y blanco, decorado con un Cordero
Eucarístico (catálogo 0129), del que ignoramos cual sería el espacio donde estaba ubicado originalmente.
Muy relevantes son los murales devocionales compuestos por azulejos, de los que sólo conocemos
hasta el momento, el que se conserva en el Museo Taurino de Hellín. Representa a San Rafael y está firmado
por Juan de Padilla (figura 7), activo en el siglo XVIII; es la única obra firmada que conocemos hasta ahora,
lo que nos permite hacer otras atribuciones en base a paralelos formales.
Del tipo de los murales devocionales son las series que forman los Vía Crucis u otros misterios como
los Dolores de la Virgen, tales como los que existían en el atrio y plazuela alta del Santuario del Rosario de
Hellín, pintados en el siglo XVIII, el primero por Pedro Hernández y el segundo por Francisco López. Aunque
desgraciadamente han desaparecido, podemos hacernos una idea de cómo eran mediante los restos de
un Vía Crucis (figura 8) conservado en el convento de Santa Ana de Jumilla que, por paralelos estilísticos y
técnicos, atribuimos a los alfares de Hellín19.
16
Mª C. CAMPOS GARAULET, “El Santuario del Rosario. Arquitectura, pintura y escultura”, en VV. AA., 2005, p. 139
La restauración ha sido coordinada por la empresa ECRA SERVICIOS INTEGRALES DE ARTE S. L., con la colaboración de Leonardo Gabaldón Guerrero, Pilar
Picazo Olivares y la Asociación Cultural Ingenia. Actividades Culturales (Antonia Collados Jiménez, Montserrat Brusi Casamitjana y Verónica Valero Hernández).
18
Desaparecieron en la reforma llevada a cabo hace muy poco, siendo sustituidos por otros de diseño moderno, no muy afortunado con la estética general que
presenta el patio del claustro.
19
Como en la cruz de azulejos de Hellín, fechada en 1721, aparece ese color verde oliva, resultado de mezclar azul cobalto y ocre.
17
25
Figura 7. Azulejo del Arcángel San Rafael.
Hellín (Museo Taurino Cañamón).
Figura 8. Vía Crucis. Jumilla.
Si nos centramos en las formas relacionadas con la vajilla de mesa, hay que distinguir entre escudillas,
cuencos, platillos, platos, grandes platos o fuentes circulares, jarros de pico, jarras de asas y saleros o
especieros. Otras formas se hicieron para ser usadas como tinteros, bacías para el afeitado, zafas o lebrillos
para el aseo personal, también utilizadas para otras funciones, en algún caso como pilas bautismales, y botes
para farmacia u otros usos.
Funcionalmente se trata de una vajilla simple, sin grandes complicaciones en la forma, en el acabado
y en la decoración; en general son piezas de calidad media baja, con baños de esmalte mal distribuidos y
una ornamentación muy sencilla, aunque sin embargo, existen otras con una terminación más cuidada y una
decoración mucho más rica por tratarse, sin duda, de regalos o encargos personales mejor pagados, como
puede ser el gran plato con la leyenda “D. JUAN DE ROGAS” (catálogo 0066).
Desde la perspectiva de nuestro tiempo, la cerámica manufacturada en Hellín tiene un contenido
estético popular, que debe ponerse en valor por caracterizar un territorio y tener una personalidad propia,
muy decorativa. De hecho, ha estado en el punto de mira de los coleccionistas, aunque sin saber que estaba
hecha en Hellín, y se encuentra actualmente en colecciones públicas y privadas atribuidas a otros centros
cerámicos españoles.
26
Como ya dijimos antes, toda la producción hellinera de loza esmaltada incluida en este estudio, está
impermeabilizada con la técnica de cubierta estannífera. Muchas de las piezas presentan simplemente dicha
capa por lo que el resultado final es un acabado monocromo en blanco. Otro grupo de piezas aporta una
decoración conseguida con determinados óxidos metálicos que dan lugar a una reducida gama de colores;
en muchas cerámicas el azul cobalto es el único tono utilizado, en otras, la combinación de azul y ocre y
por último, azul, ocre y manganeso. El color verde oliva, presente en la azulejería, todavía no ha podido ser
documentado en ninguna pieza de vajilla, pero hemos de considerar que el estudio de la loza esmaltada
hellinera está en una primera fase de estudio y los resultados de la investigación futura pueden deparar
muchas sorpresas.
Cuadro de clasificación general.
1. Loza blanca (Monocroma)
2. Loza Bicolor.
Series:
-Orla de hojas bicolor.
-El ramillete bicolor.
-Zoomorfa bicolor.
-Otros motivos bicolor.
3. Loza Tricolor.
Series:
-Orla de hojas tricolor.
-Cenefa talaverana tricolor.
-Hojas de helecho y flores de cuatro pétalos.
-Otros motivos tricolor.
4. Loza azul y blanco.
Series:
-Orla de hojas azul y blanco.
-Hoja trebolada.
-El ramillete azul y blanco.
-La colleja.
-Gran flor.
-Hojas de palmera.
-Hojas de helecho y flores de cuatro pétalos.
-Aguila bicéfala.
-Zoomorfa azul y blanco.
-Otros motivos azul y blanco.
En algunas cerámicas con uso arquitectónico podemos apreciar, además de los
colores azul y ocre-rojo, el verde oliva.
En función del tipo de técnica empleada y de la decoración que presentan las cerámicas las hemos
clasificado en cuatro grandes apartados.
27
1. La loza blanca
Se agrupan en este bloque las cerámicas esmaltadas en blanco y carentes de motivos decorativos
pintados. Desde el siglo XVI suele ser una producción habitual en los alfares peninsulares.
Prácticamente la totalidad de piezas conocidas son escudillas y aunque la fragmentación de muchas
de las cerámicas conservadas no permite su adscripción a otras formas es seguro que debieron fabricarse de
esta manera. En el museo de Lorca se conservan un plato y unas escudillas esmaltados en blanco que fueron
hallados en una excavación en aquella ciudad y fechados en el siglo XVII, cuya forma es muy similar a piezas
fabricadas en Hellín (catálogo 0002). En la restauración de la casa de Macanaz, en Hellín, han aparecido
una serie de botes de farmacia esmaltados en blanco que se pueden atribuir también a la producción hellinera. En las vitrinas del Museo de esta localidad se exponen algunas escudillas de este tipo, como la que
presenta el número de inventario 95-009-6 (figura 9 y catálogo 0004).
Figura 9. Escudilla (95-009-6). Museo de Hellín.
La colección del Museo parroquial de Liétor cuenta con numerosas escudillas esmaltadas en blanco
y algunas presentan unas asas muy características. En la última excavación de la plaza del Conde (Liétor)
también han aparecido fragmentos con las mismas características, es el caso de la pieza con número de
inventario Li-Pc-1005-2. Su atribución a los alfares de Hellín se hace con base al hallazgo de fragmentos
similares aparecidos en los testares de esta población, como la pieza con número de inventario 99-005-18
(catálogo 0005).
2. La loza bicolor
Dentro de la loza bicolor, llamada así porque utiliza sólo los colores azul cobalto y ocre para sus
decoraciones, predominan los platos que en líneas generales, siempre presentan en el ala el mismo diseño de
hojas alargadas. Hasta el momento hemos estructurado esta producción en cuatro series que son las siguientes:
Serie de la Orla de Hojas bicolor, el Ramillete bicolor, Zoomorfa bicolor y Otros motivos bicolor.
28
Entre las decoraciones típicas se encuentra la llamada Orla de Hojas bicolor, que tiene su
correspondencia exacta con otra serie decorada sólo en azul, que pertenece al grupo de loza blanca y azul.
Se caracteriza por decorar el ala de los platos con una hoja alargada en azul, que se repite varias veces, y
que presenta pequeños trazos paralelos curvos en su arranque. Estas hojas van separadas unas de otras, por
pequeñas líneas curvas dispuestas de manera paralela en color ocre. A esta decoración del ala se asocia un
motivo típico en el centro de la pieza, similar a una palmeta en azul con pequeños trazos o puntos en ocre
que puede presentar numerosas variantes. Dentro de esta serie se encuadran un grupo de platos completos
o en buen estado de conservación localizados en Liétor, algunos de los cuales aparecieron al derrumbarse
de la bóveda de la sacristía de la iglesia de Santiago, hoy Museo Parroquial, en donde habían permanecido
desde el siglo XVIII, como el inventariado con el número 65 (catálogo 0007), y otros al hacer obras en el
ayuntamiento. La atribución de estas piezas a Hellín se ha podido hacer debido a los fragmentos de desechos
de alfar encontrados en los testares de esta población, deformados por un exceso de temperatura en la
cocción. En el convento del Carmen de Liétor, terminado ya en 1700, aparecen fragmentos de esta serie que,
aunque se pudieran seguir haciendo a principios del siglo XVIII, su producción plena data del XVII, tal como
atestiguan los fragmentos encontrados en los estratos de este siglo en las excavaciones de Lorca y Murcia.
Figura 10. Plato de loza bicolor. Subastas Segre.
Dentro de la misma serie de Orla de hojas bicolor, un tipo de piezas más cuidadas en su elaboración
y decoración, presentan en el centro un motivo vegetal estilizado, rodeado de palmetas azules y ocres
alternativamente, formadas por trazos rayados paralelos en disminución, que recuerdan a la serie de La
Encomienda de Talavera – Puente de Arzobispo (Toledo) de los siglos XVII-XVIII. De este tipo es el plato de
buen tamaño y bastante completo con número de inventario 396 (catálogo 0008), aparecido precisamente
29
en la C/ Encomienda de Liétor, que resulta ser una pieza excepcional por ser el único ejemplar encontrado
hasta ahora en la zona, aunque también conocemos un gran plato semejante que fue ofrecido a la venta en
Subastas Segre de Madrid hace unos años (figura 10).
La segunda serie del grupo de loza bicolor la hemos denominado El Ramillete bicolor, que se
caracteriza por presentar, en el asiento de las piezas, como motivo central un ramillete de hojas romboidales,
detalle idéntico al que aparece en la loza azul y blanca que veremos posteriormente.
Figura 11. Plato de loza bicolor.
Museo de Hellín.
A este tipo pertenece un plato del Museo Comarcal de Hellín, que presenta en el centro un ramillete
con las típicas hojas romboidales y en el ala dos grandes hojas afrontadas y tres motivos formados por
trazos paralelos curvos en distintas posiciones. El color ocre se ha utilizado poco, sólo para los tres tallos del
ramillete y para algunos detalles del ala del plato (figura 11 y catálogo 0012). Una decoración similar la
encontramos en un cuenco, conservado en la Fundación Gómez Moreno de Granada.
Con respecto a la tercera serie del grupo, llamada Zoomorfa bicolor, sólo conocemos una pieza
que se expone en las vitrinas del Museo de Hellín. Se trata de una zafa o lebrillo, utilizada posiblemente en
su momento como pila bautismal, con número de inventario 95- 09–2, decorada con un ave con una rama
en el pico y las alas abiertas en color azul y ocre, que ocupa toda la superficie (catálogo 0013). Está posada
en una rama de la que cuelgan unos frutos idénticos a los de la serie de Las hojas de palmera (del bloque de
loza azul y blanco), por lo que se deben identificar como dátiles.
Por último, en la cuarta serie, denominada Otros motivos bicolor, hemos incluido todas las piezas
con decoraciones atípicas y aquellas que por tratarse de fragmentos, presentan motivos incompletos y no
identificables. Dentro de esta serie el ejemplar más singular es un plato conservado en el Museo Parroquial
de Liétor con número de inventario 75, que fue encontrado en el antiguo convento del Carmen de la misma
30
localidad (catálogo 0014). Está decorado con un gran escudo de la orden del Carmen rodeado de motivos
florales estilizados. El dibujo está perfilado en azul y para el relleno se ha utilizado el ocre y un azul muy
diluido. Se trata, sin duda, de un encargo expreso del convento del Carmen de Liétor a los alfares de Hellín,
lo que la convierte en una pieza rara y tal vez única.
En los fondos del Museo Comarcal de Hellín se conservan algunos fragmentos pertenecientes a esta
serie, procedentes de los testares de esta población. Uno de ellos, con número de inventario 99-005–35
(catálogo 0015), pertenece a un plato de gran calidad técnica, que presenta como motivo una hoja o bien
un ala, perfilada en azul cobalto e, interiormente, una zona rellena con el mismo color y otra con rayas
paralelas en ocre. El otro, con número de inventario 99-005-29 (figura 12 y catálogo 0016), es un fragmento
de escudilla, decorado en su parte externa con una serie de motivos vegetales estilizados de forma triangular
de los que parten pequeños trazos en ocre.
Figura 12. Fragmento de escudilla (99-005-29). Museo de Hellín.
3. La loza tricolor
Este tipo de cerámica está decorada con tres colores: Azul, ocre y manganeso. La influencia de la
loza tricolor talaverana es clara al contemplar diferentes piezas; los alfares de Hellín no fueron ajenos a esta
moda tricolor y en los testares localizados se han encontrado muestras de fragmentos ejecutados con esta
técnica. Sin embargo, también pudieron llegar influjos directamente desde Italia puesto que muchos italianos
trabajaron en esta zona durante los siglos XVII y XVIII, a pesar de lo cual los motivos decorativos denotan una
personalidad propia.
31
Son pocas las cerámicas conocidas hasta ahora con decoración tricolor, no obstante nos hemos
permitido agruparlas en varias series tratando de conseguir una mayor sistematización para su estudio. Estas
series son la Orla de Hojas tricolor, la Cenefa talaverana tricolor, Hojas de helecho y flores de cuatro pétalos
tricolor y la serie de Otros motivos tricolor.
Una de las decoraciones características es paralela a la que hemos visto en el grupo de loza bicolor y
que como veremos con posterioridad, también estará presente en el bloque de loza azul y blanco; se trata de
la típica Orla de Hojas tricolor que decora el ala de las piezas pero que en este caso, y coincidiendo con
la misma serie del apartado bicolor, la escena central queda enmarcada por motivos triangulares formados
con líneas paralelas en azul y ocre. Sólo hemos encontrado una cerámica con esta decoración hasta el
momento, pieza muy significativa en cuyo centro se halla representada un ave con una rama en el pico
rodeada de motivos vegetales. El recipiente tiene forma de lebrillo o zafa, seguramente usado como pila
bautismal, y se conserva en el antiguo convento agustino de Nuestra Señora de la Loma, situado a las afueras
del pueblo conquense de Campillo de Altobuey, desamortizado en el siglo XIX (catálogo 0018).
Entre las decoraciones con mayor influencia talaverana en la cerámica de Hellín, destacamos ahora la
cenefa compuesta por un motivo repetido estilizado en forma de s, inspirada en la cenefa castellana, que rodea
el borde en la parte interna de los recipientes. A esta serie la denominamos Cenefa talaverana tricolor.
Las aspas que separan los motivos vegetales de las decoraciones talaveranas han sido sustituidos aquí por los
pequeños trazos curvos típicos de la serie hellinera de la Orla de hojas y los motivos centrales talaveranos por
otros motivos típicos hellineros como la palmeta o menos comunes, como por ejemplo, la flor estrellada de una
escudilla del Museo de Bellas Artes de Murcia con número de inventario 0/820 (figura 13).
Figura 13. Escudilla. Museo de Bellas Artes de Murcia.
De este tipo es un plato conservado en el Museo de Lorca (catálogo 0019), que recientemente se ha
dado a conocer al público en dicha institución con motivo de una exposición titulada La cerámica entre los
siglos XVI y XVII en Lorca. En el Museo de Hellín también hemos localizado un fragmento de borde de un plato
(catálogo 0020), con el diseño de la cenefa talaverana en la parte superior interna, junto al borde.
32
Figura 14. Fragmento de plato. Museo de Lorca.
Paradójicamente, la cerámica hellinera más singular de las halladas hasta ahora, pertenece al
reducido grupo de loza tricolor y la encuadramos dentro de la serie Otros motivos tricolor. La pieza se
halló en Liétor y se conserva en su Museo Parroquial con número de inventario 40 (catálogo 0022); se trata
de un jarro de pico, incompleto, que tiene forma cilíndrica que aumenta de diámetro según asciende, un
pico vertedor en forma de cabeza barbada, un asa en el extremo opuesto – que no se ha conservado- y pie
moldurado con estrangulamiento en la zona de unión con el cuerpo. En toda la extensión de éste y a los lados
de la cabeza barbada, se han pintado ramos curvilíneos de flores, dibujados en manganeso y rellenos con
azul y ocre. El mismo procedimiento se ha utilizado para la cabeza, hecha con molde.
Figura 15. Fragmento de plato. Museo de Hellín.
33
Algunas de las decoraciones de la serie no se han podido reconstruir debido a lo incompletas que nos
han llegado, aunque algunos detalles nos permitan relacionarlos con series, como las palmetas que se corresponden con la serie de la Encomienda de Talavera, caso del fragmento que se conserva en el Museo Arqueológico de Lorca (figura 14 y catálogo 0028). En la mayoría de los casos, sólo podemos decir que son motivos
vegetales estilizados, como es el caso de un fragmento de la base de un plato, procedente de la excavación de
la plaza del Conde, de Liétor, con número de inventario Li-Pc-56 (catálogo 0023) y también de otro que procede de los testares de Hellín con número de inventario 99-005-26 (catálogo 0024), aunque esta vez el detalle
vegetal va rodeado de tres círculos concéntricos paralelos pintados en azul cobalto y el dibujo es tan esmerado
que se puede afirmar, viendo esta pieza, que en Hellín se produjeron cerámicas de la más alta calidad.
Figura 16. Fragmento de plato. Museo parroquial de Liétor.
En algunos casos el motivo decorativo no es identificable, como el de un fragmento de plato con
número de inv. 99-005-37 (figura 15 y catálogo 0025), procedente de los testares de Hellín, que presenta un
motivo en azul y ocre dentro de un doble anillo paralelo en manganeso en el fondo de la pieza, y otro que
apareció en la C/ Encomienda de Liétor, conservado en los fondos del Museo Parroquial de Liétor, número
de inventario 409 (figura 16 y catálogo 0026).
4. La loza azul y blanco
Este tipo de cerámica es el más numeroso de la producción hellinera y el más variado en cuanto a la
ornamentación; diez son las series que hemos distinguido en este amplio apartado atendiendo a los motivos
decorativos, todos en color azul cobalto.
El primer grupo, Orla de hojas en azul y blanco, está formado por una cifra importante de platos
que se pueden encuadrar dentro del siglo XVII. Esta serie convive con la que vimos anteriormente dentro del
bloque de loza bicolor, cuyas piezas están decoradas con motivos similares pero con los colores azul y ocre.
34
Figura 17. Plato. Museo parroquial de Liétor.
La decoración más característica, una orla formada por tres o cuatro hojas alargadas, se presenta
en el ala de los platos, en todo su perímetro, y pegada al borde. Cada hoja arranca con pequeños trazos
paralelos curvos y todas están separadas por puntos, a diferencia de la serie de la Orla de hojas bicolor
que lo están por pequeños trazos curvos paralelos en ocre. En el Museo parroquial de Liétor se conservan
los mejores ejemplares de esta serie, algunos de ellos procedentes del derrumbamiento de la bóveda de la
sacristía de la iglesia de Santiago y otros localizados en el ayuntamiento, como el plato con el número de
inventario 17 (figura 17 y catálogo 0029).
Figura 18. Fragmento de escudilla. Museo Comarcal de Hellín.
35
Un segundo grupo, serie de la Hoja trebolada, se puede fechar en el siglo XVIII, siempre hablando
de una cronología relativa. En general, la pincelada es más grosera y los azules más intensos. Estas piezas
presentan numerosas variantes decorativas, entre ellas, la más típica muestra en el centro del asiento una hoja
trebolada que está compuesta por varios trazos a punta de pincel, semejantes a la hoja de un trébol.
Se conservan numerosos ejemplares, algunos expuestos al público, como una escudilla completa del
Museo Comarcal de Hellín, número de inventario 96-026-029 (catálogo 0030). También en el Museo de la
Ciudad de Murcia se expone otra con esta decoración. Fragmentos de escudillas de ejemplares idénticos han
aparecido en los testares de Hellín, como los correspondientes a los números de inventario 99-005–17 (figura
18) y 99-005–40, así como parte de un plato con el número de inventario 99-005-15 (figura 19).
Figura 19. Fragmento de plato. Museo Comarcal de Hellín.
Otro de los motivos decorativos más típico de las lozas hellineras es el que hemos agrupado en
la serie El ramillete azul y blanco, con dos subseries: el ramillete de hojas y el ramillete floral, detalle
consistente en un pequeño ramo de hojas romboidales y diminutas florecillas o frutos con forma redonda, muy
utilizado para adornar el asiento de platos y zafas o lebrillos, aunque también lo encontramos en un bote de
farmacia de la colección J. Mª Rovira (Barcelona) (catálogo 0035). Esta decoración aparece en fragmentos
hallados en la escombrera del castillo de Hellín (figura 20).
Figura 20. Fragmento de plato o lebrillo. Museo Comarcal de Hellín.
36
En la excavación de la plaza del Conde de Liétor, se ha localizado una zafa o lebrillo con el ramillete
más lucido de los conocidos hasta ahora, número de inv. Li-Pc-1005-40 (catálogo 0034), con el aliciente
añadido de presentar en su pared las letras H y E enlazadas, posibles dos primeras letras de Hellín o tal vez
del apellido Hernández, una de las familias de alfareros documentados en Hellín en el siglo XVIII.
Una pieza excepcional, por ser la única forma de este tipo que se conoce hasta ahora, es la bacía
decorada con un ramillete de hojas que se conserva en la colección Carranza (figura 21).
Figura 21. Bacía. Colección Carranza (Madrid).
Como hemos dicho más arriba, dentro de esta serie distinguimos, además, los ramilletes formados
por grandes flores de distintas formas. La decoración es más abigarrada y en conjunto se trata de un ramo
formado por diferentes tipos de flores que en algún caso parece salir de un recipiente. En las vitrinas del
Museo Comarcal de Hellín se expone un ejemplar muy representativo con número de inv. 4646 (catálogo
0036), cuyo motivo central es un ramillete de tres flores; la pared de la pieza está decorada alternativamente,
con dos tipos de ramos florales que parten desde el borde hacia el interior. Se suele utilizar un azul fuerte para
perfilar el dibujo y un azul más diluido para rellenarlo.
Se puede decir que dentro de esta serie encontramos las piezas más espectaculares, como la gran
pila bautismal de Riopar (catálogo 0039). También es muy significativo de esta tendencia al barroquismo el
lebrillo del Museo de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí de Valencia, con número de inventario
1/1150 (figura 22 y catálogo 0040).
37
Figura 22. Lebrillo. Museo de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí.
La decoración de las cerámicas hellineras más conocida hasta ahora, es la correspondiente a la
serie de La colleja, denominación acuñada ya así en varios trabajos de investigación, como en el artículo
de Francisco Javier López Precioso en la revista Zahora, basado en la denominación tradicional del lenguaje
oral de Hellín.
Gran número de fragmentos cerámicos encontrados en Hellín y Liétor y otras piezas conservadas en
colecciones particulares y museos presentan en el centro del asiento este motivo decorativo, que consiste en
un pequeño grupo de hojas que recuerda a la planta de la colleja. Las hojas tienen una forma romboidal
o trapezoidal muy característica, resultado de apoyar el pincel con una técnica precisa, aunque también
aparece una variante en la que el detalle vegetal está formado por hojas más bien redondeadas, por lo que
recuerdan a una flor. Muchas de estas cerámicas están decoradas además con una serie de trazos irregulares
en el ala de las piezas y otros motivos estilizados semejantes a una S con uno o dos puntos.
Si la producción de esta serie pudo haber comenzado en el siglo XVIII, desde luego se debió
desarrollar y popularizar en el siglo XIX y, probablemente, debe ser la más cercana en el tiempo puesto que
es la decoración que ha permanecido en la memoria de la gente del pueblo como la que caracteriza a la
típica cerámica hellinera.
38
Figura 23. Plato. Museo Comarcal de Hellín.
Figura 24. Platillo. Museo Comarcal de Hellín.
En el museo de Hellín se exponen ejemplares representativos de la serie de La colleja, como una escudilla
cuyo borde está decorado con un filete, con número de inventario 448 (catálogo 0042), un plato que presenta
además, en el ala, pequeños trazos irregulares que se alternan con motivos ondulados y puntos, número de
inventario 96-026-032 (figura 23 y catálogo 0041), y otros tres platillos con los números de inventario 454,
96-026–025 (figura 24) y 96-026-026, que presentan el borde y el ala decorados con semicírculos.
En cuanto a los fragmentos localizados en Liétor encuadrados en esta serie, son importantes los
ejemplares que se conservan completos, ya que nos facilita hacer corresponder fragmentos de bordes con
otros de asientos, antes difíciles de relacionar. En los testares y basureros de Hellín han aparecido numerosos
fragmentos idénticos a las cerámicas descritas anteriormente.
También el Museo de la Ciudad de Murcia, expone tres platos con esta decoración cuyas alas
además, están pintadas con una línea ondulada trazada de forma descuidada.
A la serie de La colleja pertenecen también las piezas que, como hemos mencionado anteriormente,
muestran un motivo vegetal que asemeja a una gran flor formada por varias hojas redondeadas, superpuestas
unas a otras, de cuyo tallo salen otras de menor tamaño. En el centro del ala suele pintarse una línea. De
este tipo se exponen en las vitrinas del Museo de Hellín varios ejemplares, con los números de inventario
4654 (catálogo 0044), 96-026-030 (figura 25) y 95-009-01. En los fondos del Museo de Hellín se conservan
fragmentos procedentes de los testares que presentan esta decoración, como un fragmento del asiento de un
plato o fuente con número de inventario FMH99-005-21 (figura 26)
39
Figura 25. Plato.
Museo Comarcal de Hellín.
Figura 26. Fragmento de plato.
Museo comarcal de Hellín.
Figura 27. Lebrillo. Museo de Cerámica
Nacional de Chinchilla.
En otros casos, por ejemplo al hablar de otro tipo de piezas como las zafas o lebrillos, la colleja
decora el centro del recipiente y la pared es ornamentada con trazos irregulares, segmentos de entrelazo
y motivos vegetales estilizados junto al borde; de este tipo se expone una zafa en el museo de Hellín, con
número de inventario 95-091-1 (catálogo 0046). El Museo de Cerámica Nacional de Chinchilla exhibe un
ejemplar similar (figura 27).
Por otro lado, en esta serie incluimos aquellas piezas que muestran un motivo decorativo similar a
un vegetal, formado por varios trazos estilizados, cuya característica principal es que se repite varias veces
a lo largo de la pared de algunos saleros o especieros, tal como puede verse en el que hay expuesto en las
vitrinas del Museo de Hellín, con número de inventario 96-026-170 (catálogo 0047).
Otra decoración bastante frecuente en la loza esmaltada de Hellín y que hemos denominado serie
Gran Flor, está formada por una enorme flor, como motivo central de los asientos de las cerámicas, unas
veces con la corola rellena por una cuadrícula de líneas entrecruzadas en diagonal que lleva puntos en su
interior, y que identificamos como un girasol, y otras, sin los puntos pero rematada por tres cuerpos redondos
bordeados, por la parte superior, con rayas paralelas de distinto tamaño.
En esta serie, otra decoración típica, esta vez junto al borde, consiste en una cenefa de semicírculos
dentro de semicircunferencias que normalmente ornamentan el ala de las piezas. En la excavación de la
plaza del Conde de Liétor han aparecido varios fragmentos de una zafa o lebrillo, que la restauración ha
devuelto a su forma original, con número de inv. Li-Pc-1005-20 (catálogo 0049), y ha permitido ver la leyenda
que aparece escrita en la pared: …”DA. JOSEFA GARCIA DE SERRANO”, propietaria de la cerámica, de
40
Figura 28. Plato. Colección Alvado (Alicante).
Figura 29. Plato. Museo de Bellas Artes de Murcia.
la que se sabe que murió en la ciudad de Hellín en 180120, por tanto la pieza fue fabricada antes de ese año.
Entre los varios ejemplares que hemos localizado, sirvan de ejemplo un plato de la colección Alvado (figura 28),
otro del Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí de Valencia con número de inventario
1/1107 (catálogo 0052)21 y otro del Museo de Bellas Artes de Murcia (figura 29 y catálogo 0051).
La atribución de este tipo de cerámicas a Hellín se ha hecho, no sólo con base a paralelos estilísticos,
formales o de técnica, sino a la localización de fragmentos con la misma decoración en la escombrera del
Castillo de Hellín y en los testares de la misma localidad, producto del vaciado de solares en la zona donde se
ubicaron los hornos de alfarería, como el que corresponde a una zafa o lebrillo con número de inventario 2003001-10 (figura 30) y el fragmento de un plato hondo con el número de inventario CH2003-001-4 (figura 31).
Figura 31. Fragmento de plato hondo.
Museo Comarcal de Hellín.
Figura 30. Fragmento de zafa o lebrillo.
Museo Comarcal de Hellín.
20
El investigador Herbert González halló su partida de nacimiento y de defunción en el curso de una investigación, subvencionada por la Consejería de
Cultura de Castilla-la Mancha.
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Como suele ser habitual con este tipo de cerámicas, en la ficha del museo esta pieza se atribuye a Villafeliche (Aragón).
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Dentro de la serie Gran flor, también incluimos cerámicas que están adornadas con otro tipo de flores
de gran tamaño que decoran el centro de las piezas y que aparecen o no asociadas a motivos vegetales
estilizados, tal y como ocurre con un bote de farmacia de la colección J. Mª Rovira (figura 32). Otras piezas
asociadas a esta serie, con una gran flor estilizada, presentan un acabado más afinado, como un gran plato
que salió a la venta hace unos años en Subastas Castellana de Madrid (figura 33).
Otra de las decoraciones representativas de la cerámica hellinera y de la que hemos localizado
bastantes ejemplares, la hemos denominado serie de Las hojas de palmera. Las formas abiertas suelen
presentar en el centro del asiento una especie de tronco del que parten ramas, agrupadas de tres en tres, con
hojas semejantes a las de las palmeras. Las hojas se forman con un rayado paralelo hecho con pinceladas
muy finas. Del árbol suelen colgar tallos ondulados con frutos redondeados, que recuerdan a una de las
especies de dátiles conocida.
La serie es de las más abigarradas, y toda la superficie de las cerámicas se rellena con motivos
variados: Árboles de copas alargadas en miniatura que parecen cipreses, agrupaciones de puntos, trazos
curvos paralelos, e incluso algún pájaro de pequeño tamaño posado sobre la copa de la palmera. De este
tipo es un gran plato, conservado en el Museo Nacional de Cerámica y Artes Suntuarias González Martí de
Valencia22, con número de inventario 1/1147 (catálogo 0060), que está decorado en el centro con un ave
posada en la copa de una palmera datilera, abajo dos grupos de cuatro cipreses en miniatura y en el ala la
leyenda: “DEL DOTOR D. ANTONIO CARPENA”.
Figura 32. Bote de farmacia. Colección J. Mª Rovira (Barcelona).
Figura 33. Subastas Castellana (Madrid).
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Esta cerámica fue publicada en 1978 como de Villafeliche por ÁLVARO ZAMORA en su libro Cerámica aragonesa decorada desde la expulsión de los
moriscos a la extinción de los alfares (siglos XVII – Fines del XIX), ilustración número 217.
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Figura 34. Hellín. Fragmento de plato.
Casa de Macanaz (Hellín).
Figura 35. Museo Comarcal de Hellín.
Figura 36. Lebrillo.
En la casa de Macanaz de Hellín han aparecido bastantes fragmentos cerámicos de esta serie. Uno
de ellos, parte del asiento de un plato de buen tamaño, muestra en el centro las típicas hojas de palmera y a
los lados los cipreses en miniatura (figura 34). En los fondos cerámicos del Museo de Hellín relacionados con
los testares de la población, aparecen fragmentos con motivos característicos de la serie, como por ejemplo
un fragmento inventariado con el número 99-005-49 (figura 35).
Entre las series más novedosas del repertorio de motivos decorativos de la cerámica hellinera,
destacamos la denominada Hojas de helecho y flores de cuatro pétalos, que presenta unas
características flores con pétalos redondeados u ovalados combinadas con hojas formadas por pequeños
trazos paralelos decrecientes que recuerdan a las hojas de helecho; los tallos son ondulados y sobre ellos
y al alrededor de los motivos mencionados aparecen pequeños trazos curvos paralelos de manera que la
decoración denota tendencia de horror al vacío. En algunos casos el trazo es de extremada calidad y finura
y en otros, más grueso.
De esta serie se conservan varios platos completos, botes de farmacia y algunos fragmentos. Recientemente
hemos localizado una zafa o lebrillo de gran tamaño en una feria de antigüedades de Madrid (figura 36), que
además de las típicas flores de cuatro pétalos, incorpora otros tipos de flores, una de ellas similares a tulipanes
como los que se representan en algunas olambrillas del camarín de la iglesia del Rosario de Hellín.
En una colección particular de Valencia, se conserva un plato de gran tamaño que muestra el nombre
del dueño: “D. JUAN DE ROGAS” (catálogo 0066). También hemos localizado otro de menor tamaño en el
Museo Parroquial de Peñas de San Pedro (Albacete) (catálogo 0067), donde además se conserva un bote de
farmacia incompleto (catálogo 0072). Otros botes interesantes con este tipo de decoración pertenecen a la
colección J. Mª Rovira de Barcelona (catálogo 0063 y 0064). Si esta serie debió hacerse ya desde al menos
principios del siglo XVIII, debi&oa