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The Economist advierte:
“¡Los beneficios son demasiado elevados!”
Marc Vandepitte estudió Matemáticas, Filosofía, Teología y
Economía y tiene cuatro títulos de maestría en la Universidad
de Gante y la Universidad de Lovaina.
Es profesor de Educación y Economía Mundial en diferentes
universidades de Flandes y es profesor invitado habitual en
varias universidades. También es profesor de Historia en la
Escuela Técnica Mechelen.
Traducido del francés por Beatriz Morales Bastos.
No somos nosotros ni el gobierno quienes viven por encima de sus
posibilidades, son los ultrarricos. Generar los megabeneficios de las
grandes empresas no es sostenible ni social ni económicamente. El analista
político Marc Vandepitte nos explica por qué y esboza cómo invertir la
tendencia.
“Es una guerra de clases y es mi clase la que está ganando”, Warren
Buffett. En rebelión.es
¿Muy poco oxígeno?
Es la cantinela de los últimos años: vivimos por encima de nuestras posibilidades,
hemos creado agujeros que ahora hay que rellenar, no hay dinero para proyectos
sociales, etc. Para que la economía se vuelva a poner en marcha y crear empleo las
empresas tienen que recibir más oxígeno, hay que reducir el Estado y la seguridad
social. Por consiguiente, es necesario un “tax shift” [reforma fiscal] a beneficio de las
empresas. Puede que temporalmente sea una carga pesada pero, según este
razonamiento, si mejora la vida económica, a fin de cuentas nos beneficiaremos
todos. Esta es la cantinela con la que nos bombardean los políticos y los
laboratorios de ideas de derecha.
No es más que una enorme mentira, la realidad es lo contrario de lo que defienden.
Actualmente a las empresas y, más precisamente, a las grandes empresas, no les
falta oxígeno, más bien todo lo contrario, tienen demasiado. Sus beneficios nunca
han sido tan altos como ahora. Durante el último cuarto de siglo la tasa de
ganancia de las empresas en Estados Unidos pasó del 9 % al 16 %. En ese mismo
periodo de tiempo se duplicó su parte de riqueza nacional. La tendencia es similar
en Europa y Japón.
Una baza surrealista
Según The Economist, sin duda el periódico más influyente del mundo y portavoz
de la élite económica, los beneficios de los grandes negocios hoy son
“anormalmente altos”, incluso “demasiado elevados para ser buenos”. v En una
economía sana la mayor parte de los beneficios van a nuevas inversiones,
competencia obliga. Pero los actuales “megabeneficios” son tan importantes que
las empresas no saben qué hacer con ellos. En 2015 el conjunto de las empresas
estadounidenses obtuvo unos beneficios récord de más de 1.600.000 millones de
dólares, mientras que solo invirtieron 500.000 millones de dólares. Por
consiguiente, el año pasado solo en Estados Unidos había un “excedente” de
capital de más de 1.000.000 millones de dólares. A escala mundial se calcula que
este excedente de capital es de 7.000.000 millones de dólares.
Para que se hagan una idea, esta cantidad equivale a los ingresos anuales totales
de América del Sur y de África. También equivale a cincuenta veces la ayuda
mundial al desarrollo. Este capital durmiente, junto con el dinero negro, es el que se
oculta en Panamá y en otros paraísos fiscales. Esta cantidad descomunal nos
permitiría crear decenas de millones de empleos, introducir la semana de 30 horas
manteniendo el salario, aumentar los subsidios por encima del nivel de pobreza,
etc.
Proporcionalmente, en el caso de Bélgica el excedente de capital equivaldría a unos
100.000 millones de euros. Una cantidad fabulosa con la que nuestros ultrarricos
no saben qué hacer. Es treinta veces el agujero del presupuesto, que se querría
recuperar a expensas de la población trabajadora. En España el excedente de
capital equivaldría a 260.000 millones de euros, es decir, cuatro veces el plan de
austeridad de Rajoy de 2012.
Por una parte, cada vez se exprime más a las personas corrientes, mientras que en
el otro extremo la oligarquía acumula unas fortunas a las que no da ningún uso, ¡es
surrealista! ¿No hay dinero para las pensiones, la seguridad social, la enseñanza o la
sanidad? La verdad es lo contrario, hay dinero a punta pala, pero se le quita a la
población trabajadora y lo acapara la capa de los ultrarricos.
Las causas
A grosso modo, hay tres razones para este fenómeno de los megabeneficios. En
primer lugar, la tasa impositiva de las empresas se revisa sistemáticamente a la baja,
a lo que hay que añadir unos regímenes fiscales preferenciales para las empresas
más grandes. En 1990 la tasa impositiva en Estados Unidos se elevaba al 35%, hoy
es solo del 20%. En Europa y Japón el descenso es aún más importante. En todas
partes se alzan voces para bajar aún más esta tasa impositiva. Junto a esto tenemos
la evasión y fraude fiscal que ahora conocemos vía los Offshore Leaks, Luxleaks,
Swissleaks y otros Panama Papers.
Segunda razón: la moderación salarial. En los últimos quince años los ingresos
medios de los hogares estadounidenses han bajado un 7%. En Europa la parte de
los salarios en el PNB pasaba en ese mismo periodo del 62% al 58%. Salarios y
beneficios son vasos comunicantes: cuanto más bajos son los salarios, más elevados
son los beneficios y a la inversa.
La tercera causa es la formación de monopolios. Actualmente 147 superempresas
controlan el 40 % de la economía mundial y 737 “integradores sistema” controlan
hasta el 80 % de ella. Los integradores sistema son megaempresas que controlan el
conjunto de la cadena de producción. Tienen una marca dominante, controlan la
investigación y desarrollo, imponen los precios a las demás. Entorno a ellas
organizan a una serie de empresas de subcontratación completamente
subordinadas a sus intereses. Muchas ramas sectoriales evolucionan cada vez más
hacia un mercado tipo “winner-takes-all” (el ganador se lo lleva todo), que permite
a las empresas en cuestión cosechar megabeneficios. Estos beneficios les permiten
comprar las subcontratas o a la competencia, lo que aumenta aún más el grado de
concentración y el círculo se cierra.
La solución
El semanario ultraliberal The Economist apenas se preocupa por los dueños de los
capitales, que ganan fortunas a costa de los trabajadores. Pero en este momento la
cultura de la depredación ha ido tan lejos, según el semanario, que la oligarquía
económica y política corre peligro de perder su legitimidad. Se deduce, por
ejemplo, de los buenos resultados obtenidos por Donald Trump y Bernie Sanders
en las primarias presidenciales de Estados Unidos. Pero también en varios países
europeos la cantidad de los votos de protesta llega a un nivel alarmante. Además,
estos megabeneficios pueden llevarnos a una larga recesión. Unos capitales
durmientes son poco beneficiosos para el crecimiento económico. El enfoque
monetario vía unas tasas de interés bajas y unas inyecciones masivas de liquidez en
los mercados financieros apenas han producido efecto y ya ha llegado a su límite.
Se impone un enfoque diferente.
Algunas personas proponen simplemente hacer trabajar más la máquina de
imprimir billetes y dar a cada ciudadano varios millones de euros o de dólares. Así
se acabaría con la espiral descendente de la deflación y la demanda económica se
relanzaría con fuerza. Esto va totalmente en contra de la actual política de
austeridad que nos imponen todas las elites políticas. El problema que plantea este
tipo de remedio es que es desfavorable a los mercados financieros y que debe ser
administrado por el Banco Central, que trabaja precisamente para las elites
financieras.
Para atacar la enfermedad de frente se necesitan al menos cuatro elementos:
1. Para reanimar el inmenso capital durmiente hoy en día hay que gravar a los
millonarios. Los ingresos de esta tasa permitirán lanzar un Plan Marshall económico
y social que dinamizará la economía y aliviará problemas sociales.
2. Para evitar que en el futuro se creen megabeneficios se deben aumentar las tasas
impositivas del capital y de forma draconiana. Según los cálculos, la tasa impositiva
ideal para los ingresos muy grandes es de aproximadamente el 80 %. Hay que
prohibir inmediatamente regímenes de favor como los “rulings” o los intereses
nocionales. Habría que luchar seriamente contra la evasión y fraude fiscales. Para
ello es indispensable un catastro de las fortunas.
3. Otra manera de prevenir los beneficios excesivos es aumentar la masa salarial.
Para poder volver a unos beneficios “normales”, la masa salarial actual debe
aumentar al menos un 5%. En el futuro la masa salarial deberá crecer
proporcionalmente tanto a la duración de la vida como al aumento de la
productividad.
4. Finalmente, solo acabando con la omnipotencia de estas megaempresas e
“integradores sistema” es posible una solución estructural y duradera. Se quiera o
no, con ello se toca el corazón mismo de nuestro sistema de acumulación.
Primavera social
Las actuales oligarquías políticas occidentales no están dispuestas a considerar
siquiera semejantes propuestas. Esporádicamente protestan aquí o allá contra la
cultura de la depredación del 1 % de los más ricos, pero en general solo es
simbólico. En realidad, bailan al son de la alta sociedad. Si no lo hacen, es a ellas a
quienes se chantajea, como ocurrió en Grecia el año pasado.
Habrá que instaurar otras relaciones de fuerza construidas desde abajo. En este
sentido vemos signos prometedores: los movimientos en torno a Bernie Sanders,
Podemos, Nuit Debout, … En tanto que principales organizaciones de la población
trabajadora, los sindicatos desempeñarán un papel insustituible en la elaboración
de estas relaciones de fuerza. Por consiguiente, no es casual si hoy son el blanco de
los ataques.