Download Los desafíos del subempleo y del trabajo
Document related concepts
Transcript
ATANDO CABOS LOS DESAFÍOS DEL SUBEMPLEO Y DEL TRABAJO INFORMAL EN AMÉRICA LATINA Por Giovanni E. Reyes (*) Tres son los indicadores que se consideran vitales para la economía de cualquier país: (i) la tasa de crecimiento económico; (ii) las condiciones del empleo o bien los niveles de desempleo; y (iii) la tasa de inflación, esto es, de la elevación generalizada de precios que puede tener lugar en el mercado interno. Aun considerando los niveles de crecimiento económico en Latinoamérica, que distan de ser los desbordantes niveles de China o India, se han obtenido resultados relativamente favorables en la generación de empleo. La idea principal en este artículo es revisar las condiciones de empleo formal e informal en Latinoamérica. Uno de los datos más sobresalientes que inicialmente llama la atención es que no obstante el crecimiento económico que se ha tenido, en particular durante el período de 2003 a 2014 –tiempo de elevación de exportaciones debido a los precios internacionales de las materias primas- en la región aún casi el 50 por ciento de la fuerza laboral debe sobrevivir en las condiciones de la economía informal o subterránea, o marginal. De manera más puntual, es el 47 por ciento de los trabajadores los que no se encuentran en los circuitos formales, según ha dado a conocer recientemente el Banco Mundial. Esas cifras que se tienen como promedios, desde luego, están muy influenciadas por los extremos. En el “cluster” o grupo de países bastante más funcionales –tales los casos de Uruguay, Costa Rica, Trinidad y Tobago, además de Chile- la informalidad puede variar entre 20 y 40 por ciento de los trabajadores. En el otro extremo, en el grupo de países más disfuncionales, más pobres y por ello más vulnerables –casos que incluyen a Haití, Honduras, Nicaragua, Guyana, Guatemala y hasta cierto punto Bolivia- los niveles de informalidad de la fuerza de trabajo pueden llegar al 70 por ciento. Este panorama general del empleo no es alentador cuando se compara el desempeño del mismo con otras regiones del planeta. La región latinoamericana es la que muestra el mayor peso de la informalidad, tan sólo superada por las cifras de África, en particular África al Sur del Sahara. Nótese cómo, al respecto, las naciones más desarrolladas si cuentan con una presencia institucional más incluyente. En Europa y Estados Unidos se tienen programas relacionados con “welfare”, “billetes de alimentos”, “social match”, seguridad social de relativa amplia cobertura y seguros perentorios de desempleo. Estos programas aseguran una red de protección, misma que amortigua la caída de la demanda interna en los mercados y proporciona una base para la demanda de bienes y servicios, lo que se traduce en estímulo a la producción, el empleo y la confianza de los consumidores. Es cierto que hay adelantos. Es indiscutible. Véase al respecto cómo tan sólo en el año 2000, se estimaba que sólo un 35 por ciento de los trabajadores encontraba su ocupación productiva en la formalidad. Esto demostraba que para ese entonces casi 6 de cada 10 trabajadores, o bien 2 de cada 3 de ellos, se encontraba en los vericuetos de la economía informal en América Latina. Las implicaciones de la informalidad, cuando esta prevalece en las condiciones de mercado interno de un país, es no sólo un debilitamiento de los ingresos fiscales para los gobiernos, sino –esto es esencial- la desprotección del trabajador. Éste carece de derechos –obviamente no cuenta con servicios de salud, ni garantías contra despido, ni seguridad laboral, ni mucho menos vacaciones- lo que se tiene es una actividad mínima que no asegura la salida de la pobreza. De esa cuenta los mercados internos pierden fuerza como motor que impulse la producción, la productividad, la innovación y el emprendimiento sostenible en un país. Se tiene aquí la evidencia de que el tipo de empleo que se produce es de muy baja calidad, es inestable y contribuye de manera significativa a mantener los ya altos niveles de inequidad en la distribución de oportunidades y de ingresos. Recuérdese a todo esto que Latinoamérica es la región más inequitativa del planeta. ¿Qué se puede hacer para establecer mejores y más amplias condiciones que favorezcan la formalidad por sobre las economías marginales o subterráneas, que ayuden a superar los niveles de informalidad? Como todo en la vida, no hay soluciones mágicas, pero si prácticas que han resultado interesantes en países como Uruguay, tal y como lo documenta desde Europa, Roberto Valls. Entre esas medidas que han permitido un descenso sostenido de la informalidad se encuentran disposiciones que favorecen un trato fiscal preferencial a pequeñas empresas, simplificación en la tramitación burocrática y en favorecer la contratación de personal por parte de este tipo de organizaciones. También la capacitación es clave, lo que se ha relacionado con aumentos importantes de productividad. Esto último por ejemplo ha sido evidente en el caso de fomento empresarial en Perú. El panorama fundamental de la informalidad desemboca en que se tienden a perpetuar las condiciones de pobreza y de carencia de oportunidades. No se trata de algo ideológico; en un país, en la medida que se tienen pobres, al final perdemos todos. Pierde quien no puede comprar, pierde quien no puede vender porque no hay demanda, pierde quien no puede producir, porque aquel no vende, y pierde quien no puede tener una empresa o un empleo, porque el otro no vende, porque aquel no compra. El emprendimiento y la innovación, la competitividad de las empresas o unidades de producción de Latinoamérica es algo vital para las sociedades. Se requiere también de una red eficiente, eficaz e incluyente de instituciones que puedan establecer condiciones que compensen fallas de mercados, además de producción y dotación de bienes públicos. Lo lamentable es que la región latinoamericana, aunque ha tenido importantes niveles de crecimiento económico, los mismos no han jalonado tanto como quisiéramos, los niveles de empleo formal. De allí que no se hayan creado con aceptable dinamismo condiciones de formación de empresas y de empleos productivos. En cambio, los presupuestos militares si aumentan, como está aumentando la vulnerabilidad externa al incrementarse los niveles de la deuda externa en muchos países de la región. (*) Ph.D. University of Pittsburgh/Harvard. Profesor Escuela de Administración Universidad del Rosario.
Related documents