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revista independiente
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2 - 2016
ISSN: 2444-0515
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Albahri, entre Oriente y Occidente.
Revista independiente de estudios históricos
ISSN 2444-0515
Url: http://revistaalbahri.com
Fecha de la publicación: 31/01/2016
Edición: Instituto de Estudios de Ronda y la
Serranía (IERS). C/ Virgen de la Paz, 15.
CP: 29400. Ronda (Málaga).
Portada: Plato con un barco del s. XVII producido en Nicea (Turquía) y conservado en
el Museo Nacional de las Antigüedades y de
Arte Islámico. Argel. Argelia.
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40
D irector
Virgilio M artínez Enamorado
Subdirector
J uan Antonio M artín Ruiz
Secretarios
Á ngel Ignacio Aguilar Cuesta
E steban L ópez García
C onsejo
de
R edacción
Miguel Á ngel Borrego S oto - Encarnación Cano M ontoro
C het
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D uzer - Juan Ramón García Carretero
L uis Iglesias García - M ilagros L eón V egas
R ubén Lot García Lerga - A ntonio Ordoñez Frías
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de la
V ega - Francisco S iles Guerrero
C onsejo C ientífico
M assimo Botto (Istituto
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M editerraneo Antico
del
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M adrid)
Bologna)
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M anuela C ortés García (Universidad
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Granada)
A na D elgado H ervás (Universitat Pompeu Fabra)
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Grigori L azarev (Funcionario
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José Á ngel Zamora L ópez (C onsejo S uperior
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Científicas)
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© Edición: Instituto de Estudios de Ronda y la Serranía (IERS)
© Maquetación: Ángel Ignacio Aguilar Cuesta
© Textos, dibujos y fotografías: Sus autores
© Logotipo de la revista: María Cristina Aguilar Maraver
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LA BATALLA DE HUNAYN Y LOS INTERROGANTES QUE
SUSCITA. REFLEXIONES EN TORNO AL PROBLEMA DE
LA TRADICIÓN MUSULMANA Y LAS FUENTES ÁRABES
ROBERTO MARÍN GUZMÁN
Universidad de Costa Rica
[email protected]
Fecha de recepción: 21/10/2015
Fecha de aceptación: 17/11/2015
RESUMEN
La batalla de Hunayn fue sin duda una de las más importantes campañas militares del Profeta
Muhammad. Sin embargo, es una de las que más interrogantes suscita, debido a la complejidad
de las tradiciones que narran tanto los acontecimientos militares de la batalla, como el reparto del
botín en Ji‘rana, después de la confrontación de Hunayn. Las tradiciones en las diferentes fuentes
árabes contienen grandes contradicciones que hace imposible una reconstrucción fidedigna del
enfrentamiento, del número de soldados en el ejército musulmán, del número de muertos, así como
del botín capturado. Este último parece también exagerado. Este ensayo analiza estos distintos
aspectos y profundiza en las contradicciones en la tradición musulmana y en las fuentes árabes, que
suscitan tantas interrogantes en torno a esta batalla.
Palabras clave: Batalla de Hunayn, Muhammad, Islam, Tribus árabes, Botín, Interrogantes,
Fuentes Árabes.
ABSTRACT
Undoubtedly the battle of Hunayn was Prophet Muhammad’s one of the major military
campaigns. However, it is one of the wars which raises more questions. This is due to the complexity of
the various Muslim traditions that describe both, the military confrontation itself, and the distribution
of the booty at Ji‘rana, after the battle of Hunayn. Muslim traditions contained in the different Arabic
sources have serious contradictions, which make impossible an accurate reconstruction of the war,
the number of soldiers in the Muslim army, the number of deaths among the Muslims, as well as
the number of prisoners, and the animals captured to the enemy. The figures that Arabic sources
contain seem to be exaggerated.This essay analyses these themes, and tries to shed some light on
the contradictions in Muslim traditions and in Arabic sources, which raise so many questions around
this battle.
Key words: The Battle of Hunayn, Muhammad, Islam, Arab Tribes, Booty, Questions, Arabic Sources.
Albahri entre Oriente y Occidente. Revista independiente de estudios históricos, 2, enero - 2016, pp. 4 - 92.
ISSN 2444-0515, http://revistaalbahri.com/?page.id=862
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ROBERTO MARÍN GUZMÁN
1. INTRODUCCIÓN
El renombrado cronista Muhammad Ibn Jarir al-Tabari (m. 923) refiere en su
monumental obra Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk las opiniones contradictorias en la
tradición musulmana respecto del número de batallas en las que participó el Profeta.
Según algunas fuentes árabes el Enviado de Allah comandó un total de veintiséis
expediciones militares. Según otras obras fueron veintisiete. Al-Tabari asegura que
los que sostienen que fueron veintiséis campañas es debido a que la expedición contra
Khaybar, y luego hacia Wadi al-Qura, la cuentan como una sola contienda militar, dado
que el Rasul Allah no regresó a Khaybar, sino que continuó su travesía hacia Wadi
al-Qura. Los que contabilizan veintisiete expediciones militares cuentan como dos las
actividades castrenses en Khaybar y en Wadi al-Qura.1
Una de las más relevantes y que más interrogantes suscita es la batalla de Hunayn
que tuvo lugar en el año 9 de la Hijra (630 d.C.), poco después de que Muhammad conquistó
pacíficamente la Meca. El propósito de este ensayo es reconstruir la batalla misma,
tal como se preserva en la tradición musulmana, que contiene varias interpretaciones.
También enfatizaremos en los datos contradictorios, dado que las tradiciones contienen
informaciones diferentes. A lo largo de la exposición se irán analizando los problemas
en las fuentes árabes (las obras de Ibn Ishaq, Ibn Hisham, al-Waqidi, Ibn Sa‘d, alBukhari, Muslim, al-Baladhuri, Ahmad Ibn Hanbal, Malik Ibn Anas, al-Tabari, entre
otros) que generan tantas interrogantes sobre esta batalla. El botín de guerra capturado
en Hunayn, cuyo enorme número de camellos y otros animales más pequeños, así como
los prisioneros de los Hawazin, enemigos de Muhammad, nos parecen cifras exageradas.
Tanto el botín capturado como el reparto mismo suscita interrogantes, como se explicarán
oportunamente en este trabajp. Lo mismo se puede decir de las cifras exageradas del
ejército musulmán y al mismo tiempo los pocos mártires – solo se mencionan cuatro –
que murieron en este enfrentamiento. ¿Por qué no se contabilizaron los otros muertos
como shuhada’ (mártires) si también cayeron por la senda de Dios (fi sabil Allah)?
Para más información véase: Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1756 (Edición
de Leiden). Tabari enumera todas las campañas militares de Muhammad. Véase: Tabari,
Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, pp.1756-1757 (Edición de Leiden).
1
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LA BATALLA DE HUNAYN Y LOS INTERROGANTES QUE SUSCITA. REFLEXIONES EN TORNO AL PROBLEMA
DE LA TRADICIÓN MUSULMANA Y LAS FUENTES ÁRABES.
Finalmente la difusión del Islam entre las distintas tribus árabes (al-qaba’il al‘arabiyya) significó un gran triunfo para Muhammad, tanto para la consolidación de
la nueva religión en la península Arábiga, como por toda la diplomacia desarrollada
que llevó a que las qaba’il musulmanas acosaran a las tribus árabes no musulmanas.
Posteriormente éstas enviaron delegaciones al Profeta en Medina. La condición sine qua
non para la paz era que se sometieran al Islam, como se explicará en este ensayo.
2. LA BATALLA DE HUNAYN Y LAS INTERROGANTES QUE SUSCITA
EN RELACIÓN CON LOS SHUHADA’ Y LOS AL-ANFAL. REFLEXIONES
EN TORNO AL PROBLEMA DE LA TRADICIÓN MUSULMANA Y LAS
FUENTES ÁRABES.
Uno de los asuntos que más nos inquieta en la historia del Islam es que
una de las grandes batallas de Muhammad fue la de Hunayn, pero solo hubo
cuatro mártires, sin contar los heridos, solo los que murieron fi sabil Allah.
¿Cómo fue posible que solo hubiera cuatro muertes entre los musulmanes, a
diferencia de Khaybar, donde se contabilizan veinte? Ibn Hisham provee la lista,
que referimos a continuación:
De los Quraysh de los Banu Hashim alcanzó el martirio Ayman b. ‘Ubayd
(al-Tabari agrega que era el hijo de Umm Ayman, la nodriza del Profeta).2 De los
Banu Asad b. ‘Abd ‘Uzza se convirtió en mártir Yazid b. Zama‘a b. al-Aswad b.
al-Muttalib b. Asad. Tanto Ibn Hisham como al-Tabari aseguran que este último
murió cuando cayó violentamente de su caballo –llamado al-Janah –que lo tiró
al suelo.3 Al-Waqidi en su Kitab al-Maghazi contiene otra tradición distinta
como se explicará oportunamente.4 De los al-Ansar murió en la batalla por el
Islam Suraqa b. al-Harith b. ‘Adi que pertenecía al clan de los Banu ‘Ajlan. De
Para más información véase: Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1669 (Edición
de Leiden).
3
Ibn Hisham, Sirat al-Nabi, Vol. IV, pp.35 ss. (Edición publicada por Dar al-Tala’i‘ en Madinat
2
Nasr, El Cairo). Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1669 (Edición de Leiden).
4
Abu ‘Abd Allah Muhammad b. ‘Umar al-Waqidi, Kitab al-Maghazi, editado por Marsden
Jones, Oxford University Press, Londres, 1966, Vol. III, p.938.
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los Ash‘ariyun alcanzó el martirio Abu ‘Amir al-Ash‘ari.5 Al-Tabari provee la
misma lista, pues para ello cita a Ibn Hisham.6
En una gran medida lo que hicieron, dijeron, regularon o prohibieron
los Ashab al-Rasul, en especial los cuatro califas Rashidun, se preservó y se
considera asimismo Sunna. Con relación al martirio, ‘Umar Ibn al-Khattab, por
ejemplo, solía pedirle a Allah morir como mártir y asimismo fallecer en Medina,
la ciudad del Profeta. El Rasul Allah señalaba que el martirio era la muerte más
excelsa porque se hace por Allah y Dios le retribuirá al shahid con una gran
recompensa.7
En la Sunna se conservaron diversos ahadith en los que el Profeta
Muhammad hablaba del justo reparto del botín, lo que incluía todos los objetos
capturados, fueran armas, animales grandes como caballos o camellos, o animales
más pequeños como cabras, ovejas, entre otros, así como ropas, sandalias,
zapatos y todos los otros artículos capturados a los enemigos incluyendo las
esposas e hijos de los vencidos, como ocurrió en Hunayn. 8 Es oportuno recordar
que al respecto el Sahih al-Bukhari contiene numerosas referencias.9 La batalla
de Hunayn significó un gran éxito militar para el Profeta y para la consolidación
del Islam en la península de Arabia,10 junto a su otra victoria cuando los líderes
Para mayores detalles véase: Ibn Hisham, Sirat al-Nabi, Vol. IV, pp.35-36. (Edición
publicada por Dar al-Tala’i‘ en Madinat Nasr, El Cairo).
6
Véase: Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1669 (Edición de Leiden). Para
mayores detalles véanse: Ibn Sa‘d, Kitab al-tabaqat, Vol. II, pp.149-157. (Edición de Beirut,
1957-1960). Ibn Kathir, Al-Sirat al-Nabawiyya, Vol. III, p.644. (Edición de El Cairo, 1964).
7
Para más detalles al respecto, véase: Malik Ibn Anas, Al-Muwatta’, p.257.
8
Sobre el ‫ منغلا ديلقت‬contenido en el Sahib al-Bukhari, véase: Bukhari, Sahih al-Bukhari,
Vol. III, p.179. (Edición de El Cairo, 1387 H.). Véase también: Jean-Louis Déclais, “La
kunya du Prophète et le partage du butin. Un midrash sur Josué?”, en Arabica. Revue d’ études
arabes et islamiques, Vol. XLVI, Fasc. 2, 1999, pp.176-192.
9
Para mayores detalles véase: Bukhari, Sahih al-Bukhari, Vol. III, pp.178-179. (Edición de
El Cairo, 1387 H.).
10
Sobre la batalla de Hunayn, véanse: Ibn Sa‘d, Kitab al-tabaqat, Vol. II, pp.149-157.
5
(Edición de Beirut, 1957-1960). Ibn Kathir, Al-Sirat al-Nabawiyya, Vol. III, pp.610-619
(Edición de El Cairo, 1964). Véanse también: Maurice Lombard, The Golden Age of Islam,
North Holland Publishing Company, Amsterdam, Oxford, 1975, pp.70 ss. Muhammad Ahmad
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Hawazin de al-Ta’if pactaron con Muhammad y aceptaron el Islam. Para
algunos de los tradicionalistas e inclusive historiadores y cronistas, los ángeles
se aparecieron y lucharon al lado de los musulmanes en Hunayn. 11 Pero, ¿qué
sabemos con certeza de esta batalla? ¿Son más las interrogantes que suscita que
lo que conocemos de esta ghazwa?
Debido a la importancia de la batalla de Hunayn es oportuno hacer varias
reflexiones y proporcionar algunos comentarios sobre esta campaña militar.
Debemos tener en consideración que la Meca recibía muchos de los productos
agrícolas de las fértiles tierras de al-Ta’if, que la tribu de los Thaqif dominaba.
Los Hawazin son una rama de los Thaqif y según algunas fuentes 12 se movilizaron
hacia Hunayn para atacar sorpresivamente al Rasul Allah. Según otras tradiciones
que asimismo cita al-Tabari, debido a que los Hawazin eran politeístas, el Profeta
decidió atacarlos y en sus planes estaba que tras lograr someterlos dirigirse
después a al-Ta’if todavía en manos infieles de los Thaqif. El Enviado de Allah
inclusive resentía de los Thaqif que lo hubieran rechazado años antes, cuando
fue a predicarles el Islam. Los Hawazin creían que Muhammad temería atacarlos
si ellos contaban con un ejército fuerte y bien organizado. Por este motivo el
líder Hawazin, Malik b. ‘Awf ,13 decidió armar sus tropas y salir al encuentro del
Rasul Allah y atacarlo en alguno de los sitios apropiados para una emboscada.
Es en estos asuntos donde las fuentes árabes difieren, lo que constituye una de
las grandes problemáticas de esta batalla que suscita tantas interrogantes.
Tanto Ibn Hisham como al-Tabari refieren que fueron los Thaqif y la rama
Bashmil, Ghazwat Hunayn. Min Ma‘arik al-Islam al-Fasila, Dar al-Fikr li’l-Taba‘at wa alNashr wa al-Tawzi‘, El Cairo, Beirut, 1977, passim. Abu Khalil Shawqi, Hunayn wa al-Ta’if,
Dar al-Fikr bi-Dimashq, Damasco, 1983, passim. Véanse también: Peters, Muhammad and
the origins of Islam, pp.238-239. Inamdar, Muhammad and the Rise of Islam. The creation of
group identity, pp.147-167.
11
Sobre esto último, véase por ejemplo: Ibn Kathir, Al-Sirat al-Nabawiyya, Vol. III, pp.633
ss. (Edición de El Cairo, 1964).
Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1669 (Edición de Leiden).
13
Véase: Ibn Hisham, Sirat al-Nabi, Vol. IV, pp.35 ss. (Edición publicada por Dar al-Tala’i‘
en Madinat Nasr, El Cairo).
12
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de esta qabila, los Hawazin, los que al enterarse de que el Rasul Allah había
salido de Medina para entrar en la Meca, 14 decidieron organizar sus ejércitos y
dirigirse contra el Mensajero de Allah, antes de que éste los atacara después de
conquistar la Meca. Al-Tabari asimismo cita otra tradición en la que se asegura
que cuando los Thaqif se enteraron que Muhammad había capturado la Meca,
decidieron atacarlo y por ello marcharon contra él con todas sus posesiones,
sus esposas y sus hijos.15 Para algunos tradicionalistas fueron los Thaqif los
que iniciaron las hostilidades, para otros fue el Profeta. Este asunto nunca lo
sabremos con exactitud debido a las múltiples contradicciones. Tal vez fue
el Rasul Allah quien decidió atacar primero a sus enemigos por los motivos
mencionados más arriba, ya que resentía de ellos el mal trato que le habían dado
años antes en al-Ta’if. También deseaba acabar con su politeísmo. La caída de
esta ciudad y que sus habitantes tribales abrazaran el Islam eran fundamentales
para la difusión de la nueva religión en toda esa zona y para extender el prestigio
y la influencia del Profeta.
Malik b. ‘Awf del clan de los Banu Nasr, perteneciente a la tribu de los
Thaqif,16 fue el líder militar que organizó los ejércitos de los Thaqif y los Hawazin
para atacar al Profeta en Hunayn. También contaba con la participación de todos
los Nasr, de todos los Jusham y de todos los Sa‘d b. Bakr, según Ibn Hisham
y también de acuerdo con al-Tabari.17 Estos dos autores agregan que Malik b.
‘Awf contaba asimismo con el apoyo militar de algunos de los Banu Hilal. 18
Para mayores detalles véanse: Ibn Hisham, Sirat al-Nabi, Vol. IV, pp. 37-38. (Edición
publicada por Dar al-Tala’i‘ en Madinat Nasr, El Cairo). Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa alMuluk, Vol. I, p.1654 (Edición de Leiden).
15
Véanse: Ibn Hisham, Sirat al-Nabi, Vol. IV, pp. 35-37 (Edición publicada por Dar al-Tala’i‘
en Madinat Nasr, El Cairo). Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1654 (Edición de
Leiden).
16
Ibn Hisham, Sirat al-Nabi, Vol. IV, pp. 35 ss. (Edición publicada por Dar al-Tala’i‘ en
Madinat Nasr, El Cairo).
17
Para más información véanse: Ibn Hisham, Sirat al-Nabi, Vol. IV, pp. 35 ss. (Edición
14
publicada por Dar al-Tala’i‘ en Madinat Nasr, El Cairo). Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa alMuluk, Vol. I, p.1655 (Edición de Leiden).
18
Es difícil poder determinar el número de voluntarios de los Banu Hilal que pudieron haber
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Todos los anteriores pertenecían al gran grupo o Confederación de tribus de los
Qays ‘Aylan.19 Por otra parte, las tribus Ka‘b y Kilab, que formaban parte de los
Hawazin, no participaron en la batalla. Al-Tabari nos informa con detalle que
entre la gente de los Jusham estaba Durayd b. al-Simma b. Bakr b. ‘Alqama b.
Juda‘a b. Ghaziyya b. Jusham b. Mu‘awiya b. Bakr b. Hawazin,20 que era un
líder tribal experimentado, pero ya muy viejo para formar parte de las tropas.
Su única participación era apoyar y bendecir a los guerreros.21 La tribu de los
Thaqif contaba con dos experimentados líderes militares: Qarib b. al-Aswad b.
Mas‘ud b. Mu‘attib, que comandaba a los confederados de los Ahlaf; y Dhu alKhimar Subay‘ b. al-Harith Ibn Malik, que comandaba sobre los Banu Malik.22
Malik b. ‘Awf dirigió sus ejércitos de los Hawazin que acamparon en el
valle de Awtas, uno de los territorios que controlaban los Hawazin y en donde
se dio la batalla de Hunayn. El viejo líder tribal Durayd b. al-Simma llegó ahí
cargado en una litera (shijar). Tras preguntar dónde se encontraba, le indicaron
participado en este enfrentamiento contra el Rasul Allah, al lado de los Hawazin, los Thaqif
y los otros aliados, pues no quedaron registros al respecto. Tabari solo menciona que fueron
algunos, lo que nos da a entender que solo participaron algunos voluntarios y no el clan
completo, como era frecuente. Para mayores detalles, véase: Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa alMuluk, Vol. I, p.1655 (Edición de Leiden). Véase también: Ibn Hisham, Sirat al-Nabi, Vol.
IV, pp. 35-36. (Edición publicada por Dar al-Tala’i‘ en Madinat Nasr, El Cairo).
19
Para mayores detalles sobre la Confederación de tribus del Norte, o Qays, Qays ‘Aylan
o Mudar, y las tribus del Sur o Qahtan, Kalb o Yemen, véanse: A. Fischer, “Kahtan”, en
Encyclopaedia of Islam (1), E.J. Brill, Leyden, 1927, Vol. II, pp.628-630. A. Fischer, “Kays
‘Aylan”, en Encyclopaedia of Islam, (1), E.J. Brill, Leyden, 1927, Vol. II, pp.652-657. Véase
también: Ibn Hisham, Sirat al-Nabi, Vol. IV, pp.35 ss. (Edición publicada por Dar al-Tala’i‘ en
Madinat Nasr, El Cairo). Véase también: Roberto Marín Guzmán, “Arab Tribes, the Umayyad
Dynasty and the ‘Abbasid Revolution”, en American Journal of Islamic Social Sciences, Vol.
XXI, Número 4, 2004, pp.57-96.
20
Para el linaje completo de Durayd b. al-Simma véase: Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa alMuluk, Vol. I, pp.1657-1658 (Edición de Leiden). Véase también: Ibn Hisham, Sirat al-Nabi,
Vol. IV, pp.36-37. (Edición publicada por Dar al-Tala’i‘ en Madinat Nasr, El Cairo).
21
Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1655 (Edición de Leiden).
Para mayores detalles al respecto, véanse: Ibn Hisham, Sirat al-Nabi, Vol. IV, pp.37-38.
(Edición publicada por Dar al-Tala’i‘ en Madinat Nasr, El Cairo). Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa
al-Muluk, Vol. I, p.1655 (Edición de Leiden).
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que en el valle de Awtas.23 Entonces señaló que era un sitio apropiado para el
combate. Sin embargo, al oír tanto ruido de los camellos, las cabras, las ovejas y
los niños, preguntó por todos esos ruidos y le informaron que Malik b. ‘Awf había
dado orden de que los soldados fueran a la batalla con todas sus posesiones, sus
esposas y sus hijos, con el propósito de que pelearan con mayor coraje, inclusive
hasta la muerte, para defender a sus familias y sus posesiones. Ante esto Durayd
b. al-Simma se reunió con Malik b. ‘Awf y le manifestó que esa actitud era muy
peligrosa, pues si todo salía bien en la batalla no tendría ningún problema, pero
si lo iban derrotando o si perdía la contienda, nada lograría detener a los soldados
cuando huyen para salvar sus vidas. 24 Por lo anterior le aconsejó cambiar de
tácticas y enfrentar con la caballería a las fuerzas de Muhammad. Los otros
ejércitos de infantería podrían apoyarlo por la retaguardia para defender las
familias y sus rebaños. Sin embargo, Malik no oyó sus consejos y más bien le
indicó que ya estaba viejo y que la senilidad le había afectado el razonamiento.
Por ello demandó a sus soldados la lealtad y la aceptación de su liderazgo, o
dirigiría su espada contra ellos. Sus tropas le juraron lealtad y obediencia.25
Las diferentes tradiciones que recopilan los cronistas pueden tener
información importante, pero también algunas contradicciones, como hemos
venido refiriendo. Las tradiciones que compiló al-Tabari en su Ta’rikh al-Rusul
wa al-Muluk indican que tanto Malik b. ‘Awf, como el Rasul Allah, enviaron
sendos espías para obtener información del enemigo antes de la batalla. Así, Ibn
Hisham y al-Tabari26 aseguran que Malik b. ‘Awf envió espías para obtener datos
de la preparación de los ejércitos del Profeta.27 Cuando los espías regresaron
Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, pp.1656-1657 (Edición de Leiden).
24
Ibn Hisham, Sirat al-Nabi, Vol. IV, pp.36-37. (Edición publicada por Dar al-Tala’i‘ en
Madinat Nasr, El Cairo). Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1656 (Edición de
Leiden).
25
Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, pp.1656-1657 (Edición de Leiden).
26
Para mayores detalles véanse: Ibn Hisham, Sirat al-Nabi, Vol. IV, pp.37 ss. (Edición
23
publicada por Dar al-Tala’i‘ en Madinat Nasr, El Cairo). Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa alMuluk, Vol. I, p.1658 (Edición de Leiden).
27
Ibn Hisham, Sirat al-Nabi, Vol. IV, pp.37 ss. (Edición publicada por Dar al-Tala’i‘ en
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le informaron que habían visto una tropa enorme cabalgando sobre caballos
blancos y negros y antes de que ellos pudieran hacer algo los musulmanes los
atacaron, razón por la cual se vieron forzados a huir. Según esta tradición, Malik
b. ‘Awf no desistió de su propósito, no obstante haber oído lo que sus espías le
informaban.
Los tradicionalistas y los cronistas asimismo relatan, siguiendo las
tradiciones compiladas por Ibn Ishaq, que el Rasul Allah a su vez envió a ‘Abd
Allah b. Abi Hadrad al-Aslami, para que actuara como espía de los ejércitos
enemigos.28 Tenía la orden de quedarse entre los Hawazin, interactuar con ellos
y finalmente, cuando obtuviera la información sobre los ejércitos, las tácticas
militares y las intenciones de Malik b. ‘Awf, regresara para comunicarle todo
ello a Muhammad.29 Tal como el Profeta se lo ordenó, ‘Abd Allah b. Abi Hadrad
al-Aslami obtuvo los datos de primera mano al permanecer con los enemigos
haciéndose pasar por uno más de ellos. Sin embargo, lo curioso de todo esto que
nos relata esta tradición que compilaron primero Ibn Ishaq, posteriormente Ibn
Hisham y luego al-Tabari,30 es que ‘Umar Ibn al-Khattab no le creyó y le dijo
al Profeta que ‘Abd Allah b. Abi Hadrad al-Aslami mentía. Al-Tabari agrega
que el aludido argumentó que era cierto todo lo que decía sobre los planes y
las decisiones de Malik b. ‘Awf y los Hawazin y que ‘Umar Ibn al-Khattab lo
acusaba injustamente de no decir la verdad. Al-Aslami inclusive señaló que
‘Umar había negado la predicación del Islam por muchos años, con lo que daba
Madinat Nasr, El Cairo). Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1658-1659 (Edición
de Leiden).
28
Ibn Hisham, Sirat al-Nabi, Vol. IV, pp.37 ss. (Edición publicada por Dar al-Tala’i‘ en
Madinat Nasr, El Cairo). Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1658-1659 (Edición
de Leiden).
29
Para mayores detalles véanse Ibn Hisham, Sirat al-Nabi, Vol. IV, pp.37 ss. (Edición
publicada por Dar al-Tala’i‘ en Madinat Nasr, El Cairo). Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa alMuluk, Vol. I, p.1658 (Edición de Leiden).
Véanse: Ibn Hisham, Sirat al-Nabi, Vol. IV, pp.37 ss. (Edición publicada por Dar al-Tala’i‘
en Madinat Nasr, El Cairo). Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1658 (Edición de
Leiden).
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ROBERTO MARÍN GUZMÁN
a entender que no había aceptado y había negado la verdad de la revelación
por algún tiempo. Es conveniente recordar que ‘Umar se convirtió al Islam,
según las fuentes, cuatro años antes de la Hijra; es decir, en el año 618 d.C., 31
cuando según algunas tradiciones había oído recitar la sura XVI, aya 17. 32 Si
estas referencias están correctas, entonces había negado el Islam por espacio de
cinco años, pues el Profeta hizo públicas las revelaciones a partir del año 613.
Para mayores detalles véanse: Muhammad Ibn Jarir al-Tabari, Tafsir al-Qur’an. Jami‘ alBayan ‘an Ta’wil al-Qur’an, editado por Mahmud Muhammad Shakir y Ahmad Muhammad
Shakir, Dar al-Ma‘arif bi-Misr, El Cairo, 1969. Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol.
I, passim. Muhammad Ibn ‘Isa al-Tirmidhi, Sahih al-Tirmidhi, editado por ‘Abd al-Wahid
Muhammad al-Tazi, al-Matba‘at al-Misriyya bi-al-Azhar, El Cairo, 1931. Muhammad Ibn
‘Isa al-Tirmidhi, Al-Mukhtasar fi al-Shama’il al-Muhammmadiyya wa Sharhuha li-Abi
‘Isa al-Tirmidhi, Matba‘at Misr, El Cairo, 1950. Muhammad Ibn ‘Isa al-Tirmidhi, Sunan
al-Tirmidhi wa huwa al-Jami‘ al-Sahih, Al-Maktaba al-Salafiyya, Medina, 1965-1967.
Muhammad Ibn ‘Isa al-Tirmidhi, Mukhtasar al-Shama’il al-Muhammadiyya, Maktabat alAdab, El Cairo, 1987. Muhammad Ibn ‘Isa al-Tirmidhi, Thalathat Musannafat li’l-Hakim
al-Tirmidhi. Kitab Sirat al-Waliya’ Jawab al-Masa’il Allati Sa’ala, Yutlab min Dar al-Nashr
Frants Shtaynar, Beirut, 1992. Muhammad Ibn ‘Isa al-Tirmidhi, Al-Ikhtiyarat al-Fiqhiyya,
Al-Maktab al-Islami li’l-Ihya’ al-Turath, s.l.e., 2005. Muhammad Ibn ‘Isa al-Tirmidhi, Jami‘
al-Tirmidhi ma‘a Taqrir Shaykh al-Hind, Kutub Khana Rashidiyya, s.l.e., s.f.e. Abu Ishaq
Ahmad Ibn Muhammad Ibn Ibrahim al-Tha‘labi, ‘Ara’is al-Majalis fi Qisas al-Anbiya’, Lives
of the Prophets, traducción al inglés pr William Brinner, E.J. Brill, Leiden, 2002. Ahmad
Ibn Hanbal, Musnad, El Cairo, 1313 H., passim. Véanse también las siguientes fuentes
secundarias: A.J. Wensinck, “Ibn Mas‘ud”, en First Encyclopaedia of Islam, E.J. Brill,
Leiden, 1993, Vol. III, pp.403-404. A.J. Wensinck, “Ibn Mas‘ud”, en Shorter Encyclopaedia
of Islam, Cornell University Press, Ithaca, New York, 1953, p.150. A.J. Wensinck, “Izra’il”,
en First Encyclopaedia of Islam, E.J. Brill, Leiden, 1993, Vol. IV, pp.570-571. A.J. Wensinck,
“Izra’il”, en Shorter Encyclopaedia of Islam, Cornell University Press, Ithaca, New York,
1953, p.190. A.J. Wensinck, “Al-Nasa’i”, en First Encyclopaedia of Islam, E.J. Brill, Leiden,
1993, Vol. VI, p.848. A.J. Wensinck, “Al-Nasa’i”, en Shorter Encyclopaedia of Islam, Cornell
University Press, Ithaca, New York, 1953, pp.439-440. A.J. Wensinck, “Al-Tirmidhi”, en First
Encyclopaedia of Islam, E.J. Brill, Leiden, 1993, Vol. VIII, pp.796-797. A.J. Wensinck, “AlTirmidhi”, en Shorter Encyclopaedia of Islam, Cornell University Press, Ithaca, New York,
1953, p.595. John Alden Williams, Themes of Islamic Civilization, University of California
Press, Berkeley, Los Angeles, Londres, 1971.
31
Para mayores detalles véanse: Caetani, Annali dell’Islam, Vol. I, p.285. Blachère, Le Coran,
p.179. Thomas O’Shaughnessy, S.I., Muhammad’s Thoughts on Death, E.J. Brill, Leiden,
1969, p.10.
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LA BATALLA DE HUNAYN Y LOS INTERROGANTES QUE SUSCITA. REFLEXIONES EN TORNO AL PROBLEMA
DE LA TRADICIÓN MUSULMANA Y LAS FUENTES ÁRABES.
El Rasul Allah, ante los reclamos de ‘Umar Ibn al-Khattab con relación a lo que
indicaba ‘Abd Allah b. Abi Hadrad al-Aslami, señaló que era cierto que ‘Umar
había estado en el error al no aceptar por un tiempo el Islam, pero que Allah lo
había guiado hacia la verdad.33
Esta tradición sobre los actos de espionaje que se dieron antes del
enfrentamiento en Hunayn, suscita varias interrogantes. En primer lugar debemos
señalar que ni Ibn Ishaq, ni posteriormente Ibn Hisham, quien completa la Sirat
Rasul Allah34 del primero, ni Ibn Sa‘d,35 ni al-Waqidi,36 ni al-Tabari,37 ni otros
compiladores y cronistas nos informan lo que ocurrió después de estas discusiones.
Probablemente el Rasul Allah aceptó lo que ‘Abd Allah b. Abi Hadrad al-Aslami
le comunicó, creyéndole a él, al emisario que había enviado a interactuar con
los Hawazin. Aparentemente no puso atención a las dudas que manifestó ‘Umar
Ibn al-Khattab. Por otro lado, tampoco nos quedan claras las razones por las
que ‘Umar pudo haber cuestionado lo que aseguraba el emisario del Profeta.
¿Era solo una suposición de quien llegó a ser luego el segundo califa del Islam?
¿Era su deseo de negar, de no aceptar y quizá prepararse mentalmente para
rechazar la idea y quizá el hecho de que el enemigo estuviera bien organizado y
armado? ¿Manifestaba con estas dudas y con las acusaciones de que ‘Abd Allah
b. Abi Hadrad al-Aslami mentía, sus temores a enfrentar al enemigo? Nunca
sabremos las verdaderas respuestas a estos cuestionamientos, como tampoco
lograremos conocer si ‘Abd Allah b. Abi Hadrad al-Aslami había mentido antes
y de ahí la acusación de ‘Umar Ibn al-Khattab, o si no decía la verdad con
Ibn Hisham, Sirat al-Nabi, Vol. IV, pp.35 ss. (Edición publicada por Dar al-Tala’i‘ en
Madinat Nasr, El Cairo). Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1658 (Edición de
Leiden).
34
Ibn Hisham, Sirat al-Nabi, Vol. III, p.204 (Edición publicada por Dar al-Tala’i‘ en Madinat
Nasr, El Cairo).
35
Ibn Sa‘d, Kitab al-tabaqat, Vol. I, Parte I, pp.108 ss. (Edición de E. Sachau, Leiden, 19051940).
33
Abu ‘Abd Allah Muhammad b. ‘Umar al-Waqidi, Kitab al-Maghazi, editado por Marsden
Jones, Oxford University Press, Londres, 1966, Vol, III, pp.92 ss.
37
Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, pp.1658 ss. (Edición de Leiden).
36
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alguna frecuencia, lo que movió a ‘Umar a lanzar esas acusaciones. Tampoco las
fuentes son explícitas respecto de si el Profeta aceptó toda la información que le
proporcionó su emisario ‘Abd Allah b. Abi Hadrad al-Aslami.
De las decisiones posteriores del Rasul Allah se puede inferir que pudo
haber oído cuidadosamente y aceptado lo que su emisario le notificaba, pues en
otras tradiciones, asimismo compiladas por al-Tabari, Ibn Hisham, al-Waqidi e
Ibn Sa‘d, entre otros, se observa que el Profeta Muhammad decidió organizar
bien su ejército y dotarlo de armamentos para defenderse y para poder atacar con
éxito a los enemigos.38 Sus seguidores le indicaron que un hombre de la Meca,
llamado Safwan b. Umayya disponía de cotas de malla y de algunas armas.
Safwan b. Umayya para entonces todavía era politeísta e inclusive había sido
uno de los que se enfrentó al Profeta cuando éste entró a la Meca.39 Al-Tabari
afirma que entonces el Enviado de Allah fue donde Safwan Ibn Umayya y le
pidió que le prestara los armamentos referidos, a lo que Safwan le preguntó si
Muhammad los estaba demandando, o si solo los solicitaba como préstamo por
un tiempo.40 El Rasul Allah le indicó entonces que era un préstamo y por un
tiempo limitado, mientras sus soldados utilizaban esas armas en la batalla que
estaban por llevar a cabo. Safwan entonces aceptó y le prestó, según las fuentes,
tanto los tradicionalistas como los cronistas posteriores, cien cotas de malla y
una cantidad adecuada de armas, que ni los historiadores ni los cronistas indican
con precisión ni su número, ni los tipos de armamentos.41 Según se agrega a
Para mayores detalles véanse: Ibn Hisham, Sirat al-Nabi, Vol. IV, pp.35 ss. (Edición
publicada por Dar al-Tala’i‘ en Madinat Nasr, El Cairo). Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa alMuluk, Vol. I, p.1658 (Edición de Leiden).
39
Véase: Ibn Sa‘d, Kitab al-tabaqat, Vol. II, Parte I, pp. 25 ss. y Vol. II, Parte I, pp.100-110
(Edición de E. Sachau, E.J. Brill, Leiden, 1904-1908).
40
Véanse: Ibn Hisham, Sirat al-Nabi, Vol. IV, p.37. (Edición publicada por Dar al-Tala’i‘ en
Madinat Nasr, El Cairo). Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1659 (Edición de
Leiden).
38
Véanse: Ibn Hisham, Sirat al-Nabi, Vol. IV, p.37. (Edición publicada por Dar al-Tala’i‘ en
Madinat Nasr, El Cairo). Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1659. (Edición de
Leiden).
41
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LA BATALLA DE HUNAYN Y LOS INTERROGANTES QUE SUSCITA. REFLEXIONES EN TORNO AL PROBLEMA
DE LA TRADICIÓN MUSULMANA Y LAS FUENTES ÁRABES.
esta tradición, Muhammad le solicitó a Safwan que le proveyera asimismo las
bestias para el transporte de las cotas de malla y los otros pertrechos, con lo que
Safwan también estuvo de acuerdo.42
Según consta en la tradición que llega hasta ‘Abd Allah Ibn Abi Bakr b.
Muhammad b. ‘Amr b. Hazm al-Ansari (muere hacia el 752-753), el Enviado
de Allah incluyó en su ejército para el enfrentamiento en Hunayn los dos mil
hombres que le habían acompañado de Medina a la Meca, más diez mil hombres
de la ciudad natal de al-Nabi que se unieron a sus tropas. Esto sumaba un ejército
de doce mil soldados.43 Al iniciar su salida de la Meca hacia Hunayn, donde le
esperaban los enemigos, nombró a ‘Attab b. Asid b. Abi al-‘Is b. Umayya b.
‘Abd Shams, a cargo de la defensa de su ciudad natal.44 La cifra que proveen
las principales fuentes árabes de doce mil combatientes parece exagerada, lo
que constituye otro gran problema a la hora de analizar la batalla de Hunayn,
que suscita tantas interrogantes. ¿Por qué aumentarían la cifra las tradiciones
que compilaron los cronistas posteriores a estos acontecimientos históricos?
¿Deseaban mostrar el rápido proceso de conversión al Islam y por ello engrandecer
los números de los soldados musulmanes en Hunayn? ¿Era de su interés mostrar
la popularidad y el gran apoyo que tenía Muhammad a partir de la conquista de
la Meca? ¿Les interesaba referir la gran aceptación del Profeta y del Islam entre
los Quraysh desde el momento de la captura de la Meca, la ciudad natal del
Rasul Allah? Son interrogantes, como muchas otras de naturaleza similar, a las
cuales no podemos dar una respuesta. Sin embargo, lanzar los cuestionamientos y
especular en sus posibles respuestas puede abrirnos otras perspectivas. Tampoco
podemos precisar el número de soldados del Profeta, aunque las fuentes indican
Es oportuno indicar que según Abu Ja‘far Ibn ‘Ali, esta práctica instituida por el Profeta
de pedir algo prestado con la garantía de devolverlo, o pagar su valor, se convirtió en Sunna.
Esto quiere decir una tradición válida a seguir.
43
Para mayores detalles véanse: Ibn Hisham, Sirat al-Nabi, Vol. IV, pp. 35 ss. (Edición
publicada por Dar al-Tala’i‘ en Madinat Nasr, El Cairo). Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al42
Muluk, Vol. I, p.1659 (Edición de Leiden).
44
Véanse: Ibn Sa‘d, Kitab al-tabaqat, Vol. II, Parte I, p.105 (Edición de E. Sachau, Leiden,
1904-1908). Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, pp.1659 (Edición de Leiden).
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que su ejército era muy numeroso. Dudamos, empero, de doce mil soldados en
las filas musulmanas para la batalla de Hunayn.
Malik b. ‘Awf, el líder de los Hawazin, ya preparado su ejército en
Hunayn, dio la orden de atacar como un solo hombre y sorpresivamente a los
musulmanes. Éstos, ante la fiereza del combate y la emboscada, retrocedieron
por el desfiladero y pronto se dio el desorden que parecía una derrota como
había acontecido en Uhud en el año 625 d.C. Al-Tabari describe vívidamente
estos acontecimientos al citar a uno de los testigos, cuyo testimonio preservó la
tradición musulmana. Así dice:45
Cuando nos aproximamos al valle de Hunayn, descendimos por el valle de
Tihama46 que era ancho y cenagoso. Bajamos gradualmente en la penumbra
del amanecer, después de que el enemigo nos había precedido… Ellos
[los enemigos politeístas]se habían reunido en un solo grupo y estaban
completamente preparados. ¡Por Dios que estábamos asustadísimos!
Conforme estábamos descendiendo, los escuadrones [enemigos] nos
atacaron como un solo hombre. A nuestros soldados los persiguieron y [se
vieron forzados] a huir, sin que ninguno mirara alrededor para ver atrás
al otro. El Mensajero de Allah se retiró hacia la derecha [del valle] y
gritó: “¿Dónde estáis, oh hombres? ¡Venid hacia mí, yo soy el Mensajero
de Allah! ¡Yo soy Muhammad, el hijo de ‘Abd Allah!” Pero fue inútil. Los
camellos chocaban unos con otros y los hombres huyeron, excepto unos
pocos de entre los Muhajirun, los Ansar y la propia familia [del Profeta]
que permanecieron con el Mensajero de Allah. De entre los Muhajirun
que se mantuvieron firmes en pie estuvieron Abu Bakr y ‘Umar y de los
Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, pp.1660 (Edición de Leiden). Traducción de
los autores.
46
Para mayores detalles sobre el valle de Tihama y en general de esta franja de tierra que va
45
a lo largo de la costa desde la península del Sinaí por el oeste y el sur de Arabia, véase: A.
Grohmann, “Tihama”, en First Encyclopaedia of Islam, E.J. Brill, Leiden, 1993, Vol. VIII,
pp.763-765.
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LA BATALLA DE HUNAYN Y LOS INTERROGANTES QUE SUSCITA. REFLEXIONES EN TORNO AL PROBLEMA
DE LA TRADICIÓN MUSULMANA Y LAS FUENTES ÁRABES.
miembros de su familia estuvieron ‘Ali Ibn Abi Talib,47 al-‘Abbas b. ‘Abd
al-Muttalib48 y su hijo al-Fadl,49 Abu Sufyan b. al-Harith,50 Rabi‘a b. alHarith,51 Ayman b. ‘Ubayd 52(quien es Ayman b. Umm Ayman) y Usama b.
Zayd b. Haritha.53
Del fragmento anterior se puede observar lo sorpresivo del ataque de los
Hawazin contra los musulmanes en un desfiladero, en un sendero peligroso, lo
que causó muchas muertes, numerosos heridos y la desbandada de las tropas del
Profeta. Éste tuvo que reunirlos y pedirles a gritos que volvieran al campo de
batalla. El temor y el peligro de la muerte, que para muchos parecía inminente,
provocó la gran huída. Sin embargo, las fuentes nos aseguran que algunos de
los compañeros del Rasul Allah, como Abu Bakr y ‘Umar, permanecieron con
él, así como otros Muhajirun, unos pocos de los al-Ansar, además de algunos de
‘Ali Ibn Abi Talib era primo hermano de Muhammad. Luego se casó con Fátima, la hija
del Profeta, de manera que era el yerno del Rasul Allah. Fue el primer imam del Islam Shi‘ita
y el cuarto califa. Ibn Muljan, un kharijita, lo asesinó en Kufa en el año 661, con lo cual
termina el período de los califas Rashidun (los rectamente guiados), si exceptuamos el corto
período de solo seis meses del califato de Hasan Ibn ‘Ali Ibn Abi Talib, nieto del Profeta
Muhammad. Ibn Muljam vengaba a los kharijitas muertos en la batalla de Nahrawan que ‘Ali
había dirigido contra ellos.
48
Al-‘Abbas b. ‘Abd al-Muttalib era tío paterno del Profeta. Había sido su enemigo e inclusive
luchó contra su sobrino Muhammad en la batalla de Badr. Se convirtió al Islam y fue seguidor
del Rasul Allah, cuando éste se dirigía de Medina a la Meca en el año 630. Murió en el año
653.
49
Fadl Ibn al- ‘Abbas Ibn ‘Abd al-Muttalib, era primo hermano del Profeta y muy cercano
a él. Inclusive en las tradiciones se menciona que fue uno de los que participó en el lavado
ritual del cadáver de Muhammad antes de proceder a su entierro.
50
Abu Sufyan b. al-Harith era primo del Profeta.
51
Rabi‘a b. al-Harith era primo del Profeta y murió al inicio del califato de ‘Umar.
52
Ayman b. ‘Ubayd era de los al-Ansar. Su madre Umm Ayman, cuidó a Muhammad en su
niñez, fue su nodriza. Ella murió poco después de la defunción del Rasul Allah.
53
Usama b. Zayd b. Haritha era el hijo de Zayd b. Haritha, un liberto del Profeta. Poco antes
47
de su muerte, el Rasul Allah lo puso al mando de un ejército que atacaría a los bizantinos
en Mu’ta, pero las tropas llegaron solo hasta el oásis de Jurf, a unas tres millas al norte de
Medina.
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sus familiares, como aparecen en la lista que provee al-Tabari.54 Sin embargo, es
importante llamar la atención sobre el hecho de que se consideran parientes, no
solo los directamente de la misma familia, como tíos, o primos, sino también a
uno de los al-Ansar, como el caso de Ayman b. ‘Ubayd, hijo de Umm Ayman. La
razón es porque la madre de Ayman, Umm Ayman, había sido nodriza del Profeta
Muhammad.55 Asimismo se considera pariente a Usama b. Zayd b. Haritha, pues
su padre había sido liberto del Rasul Allah. 56
La desbandada de los musulmanes provocó la desesperación y la frustración
de los que permanecían con el Profeta, al punto que Abu Sufyan Ibn Harb en son
hiriente y con mofa dijo:
Su estampida no parará sino hasta que lleguen al océano.57
Como Abu Sufyan b. Harb –convertido al Islam- tenía en su carcaj sus
flechas para las adivinanzas, Kalada b. Hanbal, medio hermano de Safwan b.
Umayya, dijo:
Sin duda la brujería no tendrá ninguna utilidad hoy.58
A esto Safwan b. Umayya –el que le prestó los armamentos al Profeta-,
que todavía era politeísta y a quien Muhammad le había dado un período de
gracia, respondió con furia:
¡Cállate! ¡Dios destruya tu boca! ¡Por Dios que prefiero que me gobierne
un hombre de los Quraysh, que un hombre de los Hawazin! 59
Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1660 (Edición de Leiden).
Véase: Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1669 (Edición de Leiden).
56
Para mayores detalles sobre la actividad militar de Usama Ibn Zayd Ibn Haritha, véase:
Baladhuri, Ansab al-Ashraf, Vol. I, pp.473-476.
57
Citado por Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1660 (Edición de Leiden).
Traducción de los autores.
58
Citado por Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1661 (Edición de Leiden).
54
55
Traducción de los autores.
59
Citado por Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1661 (Edición de Leiden).
Traducción de los autores.
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DE LA TRADICIÓN MUSULMANA Y LAS FUENTES ÁRABES.
De lo anterior se desprende el sentimiento de odio y las rivalidades
inter-tribales que eran constantes entre los Quraysh y los Hawazin. Safwan
b. Umayya estaba en un período de gracia que le había otorgado el Profeta,
para que reconsiderara su posición y aceptara el Islam. Después de la batalla
de Hunayn, de acuerdo con Ibn Hisham y al-Tabari, el Profeta le otorgó cien
camellos durante el reparto del botín en Ji‘rana, quizá con el mismo propósito
de que abrazara el Islam, tal vez como agradecimiento por haberle prestado las
cotas de malla, los armamentos y las bestias para el transporte de los pertrechos
de guerra aludidos en líneas anteriores.60
De inmediato surge el problema de las descripciones, de las tradiciones y
de las fuentes árabes que narran estos acontecimientos. Para algunos cronistas
los musulmanes iban ganando la batalla pero, como en Uhud, se desconcentraron
del combate para saquear el botín del enemigo.61 Otros indican que las primeras
filas del ejército de Muhammad estaban formadas por jóvenes que no tenían
cotas de malla para protección y que cayeron como víctimas de las flechas de
los Hawazin y de los Banu Nasr, lo que diezmó la resistencia musulmana. Estos
jóvenes aparentemente acababan de convertirse al Islam a raíz de la conquista
musulmana de la Meca y no tenían experiencia alguna en el combate.62 Sin duda
aquí surge una gran interrogante, una más de las tantas que suscita la batalla de
Hunayn. Como ya se indicó más arriba, las fuentes afirman que solo hubo cuatro
mártires en esta batalla, pero las mismas fuentes narran la forma en que las
huestes de los Hawazin atacaron a los musulmanes y diezmaron las filas de los
primeros combatientes, que cayeron muertos o heridos, incapaces de continuar
en el combate. ¿Por qué no registraron los tradicionalistas, ni los testigos de
Para mayores detalles véase: Ibn Hisham, Sirat al-Nabi, Vol. IV, pp. 35 ss. (Edición publicada
por Dar al-Tala’i‘ en Madinat Nasr, El Cairo). Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I,
pp.1679-1680 (Edición de Leiden).
60
Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, pp.1660-1661 (Edición de Leiden).
62
Para más información véase: Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, pp.1660-1661
(Edición de Leiden).
61
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la batalla, ni los sobrevivientes, ni los cronistas posteriores, a todos estos que
murieron como shuhada’ en el enfrentamiento en defensa del Islam? ¿Por qué
no los contabilizaron entre los mártires, si ya se habían convertido al Islam y
luchaban fi sabil Allah? ¿Será posible imaginar que debido a su muy reciente
conversión al Islam los musulmanes dudaban de la sinceridad de sus creencias en
Allah y en Su Enviado y que más bien su participación en la batalla de Hunayn
pudo haberse debido más a obtener beneficios personales del reparto de los alAnfal (botín de guerra) que a la lucha por la causa de Allah? Es dudoso imaginar
esto último, pero siempre brota esta interrogante cuando se estudia la batalla de
Hunayn. Es posible suponer esa interrogante, sobre todo a raíz de la forma en
que concluyó el enfrentamiento de Hunayn, –con el reparto del botín capturado
y los generosos regalos que dio el Profeta a muchos miembros de la tribu de los
Quraysh– 63. Probablemente un gran número de esos nuevos combatientes habían
recibido el ofrecimiento de grandes riquezas si lograban derrotar a los enemigos
Hawazin y obtener un cuantioso botín de guerra.64 Recordemos que la qabila de
los Quraysh era la más importante y la más noble de todas las tribus de la Meca,
como lo aseguran todas las fuentes árabes.65
Otra interrogante es que no quedan registros, ni en los tradicionalistas,
ni en los cronistas, ni en los historiadores posteriores, si a los cadáveres los
enterraron ahí mismo como mártires, con sus ropas ensangrentadas, como debe
seguirse la forma de enterrar a los shuhada’, sin proceder al ritual del lavado
Véanse: Waqidi, Kitab al-Maghazi, Vol. III, p.949. Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk,
Vol. I, pp.1685-1686 (Edición de Leiden).
64
Para mayores detalles véanse: Ibn Hisham, Sirat al-Nabi, Vol. IV, pp. 35-37. (Edición
publicada por Dar al-Tala’i‘ en Madinat Nasr, El Cairo). Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa alMuluk, Vol. I, p.1658 (Edición de Leiden).
65
Al respecto se pueden mencionar muchas fuentes árabes, pero bástenos con las siguientes:
Ibn Hisham, Sirat al-Nabi, Vol. IV, passim. (Edición publicada por Dar al-Tala’i‘ en Madinat
Nasr, El Cairo). Ahmad Ibn Hanbal, Al-Musnad, passim. Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk,
63
passim (Edición de Leiden). Ibn Sa‘d, Kitab al-tabaqat, passim (Edición de E. Sachau, E.J.
Brill, Leiden, 1904-1908). Ya‘qubi, Ta’rikh al-Ya‘qubi, passim (Edición de Leiden). Mas‘udi,
Muruj al-Dhahab, passim.
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del cadáver.66 Tampoco es necesario rezar por los mártires, pues según las
creencias musulmanas, ellos van directo al al-Janna (el Paraíso), donde a cada
uno de ellos le esperan setenta y dos vírgenes. Tampoco quedaron registros de
la forma en que los musulmanes sepultaron a los muchos otros que murieron en
el combate cuando los politeístas dirigidos por Malik b. ‘Awf los atacaron. Por
lo que se puede concluir no los consideraron shuhada’. Las fuentes mencionan
que los arqueros de los Hawazin diezmaron las filas de los musulmanes.67 Otra
interrogante que suscita la batalla de Hunayn es que ni las tradiciones, ni las
crónicas informan sobre el número de combatientes que sobrevivieron de los
supuestos doce mil que marcharon de la Meca a Hunayn.68 Tampoco nos dan
datos sobre el número de soldados musulmanes que dirigió el Profeta en la
campaña de al-Ta’if, que tuvo lugar inmediatamente después de Hunayn. A pesar
del sitio sobre al-Ta’if, de este enfrentamiento que duró dos semanas, el Rasul
Allah salió derrotado, no pudiendo lograr su objetivo: la captura de la ciudad de
al-Ta’if y la conversión de sus habitantes de la tribu Thaqif.
Otra interrogante es que no se registró en las crónicas, ni lo hicieron
tampoco los tradicionalistas, si los musulmanes devolvieron las cotas de malla y
las armas a Safwan b. Umayya, pues con frecuencia en las fuentes árabes se parte
de una idea, se narra un acontecimiento, pero quedan algunos cabos sin atar al
Malik Ibn Anas, Al-Muwatta’, p.257. Véanse también: Ibn Sa‘d, Kitab al-tabaqat, Vol.
III, Parte I, p.7, pp.187 ss. Ahmad Ibn Hanbal, Al-Musnad, Vol. III, p.299, p.367. Bukhari,
Sahih al-Bukhari, passim. Muslim, Sahih Muslim, passim. Para mayores detalles sobre las
excepciones que establece la tradición musulmana en estos asuntos respecto del entierro de
los shuhada’ si no se lava el cadáver o si debe hacerse véase: Muhammad ‘Abdul Hai Arifi,
The Islamic Way in Death, Idaratu’l-Qur’an, Karachi, 2001, pp.103-142.
67
Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1660 (Edición de Leiden). Véanse asimismo:
Gaudefroy-Demombynes, Mahoma, pp.144-145. Véase también, Martin Lings, Muhammad.
His life based on the earliest sources, Inner Traditions, Rochester, Vermont, 2006, passim, en
especial pp.317-325.
68
Para mayores detalles sobre el número de combatientes musulmanes en la batalla de Hunayn,
66
véanse: Ibn Hisham, Sirat al-Nabi, Vol. IV, pp.35-37. (Edición publicada por Dar al-Tala’i‘
en Madinat Nasr, El Cairo). Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1659 (Edición de
Leiden).
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final de la narración. Entre esos cabos sin atar se puede mencionar por ejemplo
el hecho de que no se menciona la devolución de esos armamentos que Safwan b.
Umayya había prestado al Rasul Allah. Es de suponer que así se procedió, pues
el Profeta había dado su palabra y siempre cumplió con sus promesas. Además,
esto se puede inferir también de lo que argumentó posteriormente Abu Ja‘far
Ibn ‘Ali, según indica al-Tabari.69 Abu Ja‘far Ibn ‘Ali aseguró que esta práctica
instituida por el Profeta de pedir algo prestado con la garantía de devolverlo, o
pagar su valor, se convirtió en Sunna. Esto quiere decir que desde entonces llegó
a ser una tradición válida a seguir. Abu Ja‘far Ibn ‘Ali fue el quinto imam del
Islam Shi‘ita. 70 Era nieto de ‘Ali Ibn Abi Talib y se le consideraba una autoridad
en la cadena (isnad) de la tradición musulmana.
Las tribus de los Thaqif y la de los Hawazin contaban con excelentes
arqueros para enfrentar a los musulmanes. Otras fuentes aseguran que algunos
recién convertidos al Islam y que formaban parte del ejército del Profeta no
combatieron, sino que huyeron, por temor de perder sus vidas.71 En todos estos
relatos hay grandes dificultades y contradicciones. Es difícil saber la realidad
de todo ello. Pero si fuera cierto el relato que afirma que los jóvenes que iban al
frente de las tropas no contaban con protección de cotas de malla y que fueron
diezmados, entonces nos preguntamos una vez más ¿por qué no figuran entre los
shuhada’ fi sabil Allah?
Tanto los tradicionalistas como posteriormente los cronistas, describen que
en medio de la batalla hubo muchos sentimientos encontrados, de oposiciones
tribales, de odios, rivalidades y sentimientos de venganza. Algunos autores,
como por ejemplo al-Waqidi72 e Ibn Sa‘d, 73 en sus obras narran con detalle
Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1659 (Edición de Leiden).
70
Para mayores detalles sobre este imam shi‘ita véanse: Shaykh al-Mufid, Kitab al Irshad,
passim, en especial pp.393-407. Abu Muhammad al-Hasan b. Musa al-Nawbakhti, Kitab
Firaq al-Shi‘a, editado por Helmutt Ritter, Staatsdruekerei, Estambul, 1931, passim.
69
Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, pp.1659-1661 (Edición de Leiden).
72
Waqidi, Kitab al-Maghazi, Vol. III, pp. 909-910.
73
Ibn Sa‘d, Kitab al-tabaqat, Vol. II, Parte I, p.28 (Edición de E. Sachau, Leiden, 1904-1908).
71
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el juramento que habían hecho Safwan b. Umayya y Shayba b. ‘Uthman b.
Abi Talha. Éste último pertenecía al clan de los Banu ‘Abd Dar, que a su vez
formaba parte de la tribu de los Quraysh.74 Ambos deseaban matar al Profeta
para vengar a sus respectivos padres, caídos en dos enfrentamientos diferentes
contra el Rasul Allah. Safwan b. Umayya había prometido vengar la muerte de
su padre Umayya b. Khalaf, muerto en la batalla de Badr. Por otra parte, Shayba
b. ‘Uthman b. Abi Talha deseaba asesinar a Muhammad para vengar la muerte de
su padre, ‘Uthman b. Abi Talha, caído en la batalla de Uhud. Al-Tabari explica
las intenciones de Shayba b. ‘Uthman b. Abi Talha y lo que dijo respecto de
vengar la muerte de su progenitor:
Hoy vengaré la muerte de mi padre. Hoy mataré a Muhammad. [Luego
dijo] Yo aceché al Mensajero de Allah para matarlo, pero algo sucedió.
Fui superado por un estado de inercia [de parálisis] y no pude hacerlo.
Entonces me di cuenta de que a él lo protegían de mí.75
De este fragmento se infiere el elemento sobrenatural: a Muhammad lo
protege Allah y Él no permitirá que los infieles o politeístas pongan fin a su
vida. Por otro lado, otras obras señalan razones más mundanas al indicar que su
tío al-‘Abbas lo protegía por la derecha y su primo ‘Ali Ibn Abi Talib lo defendía
por la izquierda.76 Otra interrogante de esta batalla es si Safwan b. Umayya es el
mismo individuo al que Muhammad tenía a prueba para su conversión al Islam,
o si es otro con el mismo nombre. Si se tratase del mismo nos preguntamos
¿Cómo el Rasul Allah no se había percatado de sus intenciones, sabiendo que
probablemente deseaba vengar la muerte de su padre? ¿Habría sido una actitud
Para mayores detalles véase también: Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1661
(Edición de Leiden).
75
Citado por Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1661 (Edición de Leiden).
Traducción de los autores.
76
Véanse por ejemplo: Waqidi, Kitab al-Maghazi, Vol. III, pp. 909-910. Al-Waqidi provee
74
asimismo la lista de los hombres que estuvieron en ese momento con el Profeta para defenderlo.
Véase: Waqidi, Kitab al-Maghazi, Vol. III, p.902. Ibn Sa‘d, Kitab al-tabaqat, Vol. II, Parte I,
p.28 (Edición de E. Sachau, Leiden, 1904-1908).
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ingenua del Profeta de tener a Safwan b. Umayya entre sus soldados? ¿Habría
Safwan b. Umayyad prestado los armamentos a Muhammad con el propósito de
poder acercarse a él para matarlo y vengar a su padre? ¿Será posible imaginar
que Safwan b. Umayya se reclutó en las fuerzas de Muhammad para poder
matarlo y vengar la muerte de su progenitor? ¿Habrá sido sincera su posterior
conversión al Islam? Éstas y muchas otras del mismo tono, son preguntas que
no podemos responder con acierto. Shayba b. ‘Uthman b. Abi Talha igualmente
aparece reclutado en las tropas del Enviado de Allah y también nos preguntamos
si el Profeta ¿obró con ingenuidad o con mucha confianza de que este otro
soldado no iba a intentar vengar la muerte de su padre, lo que era entonces una
costumbre arraigada en toda Arabia?
Según otro relato, en medio de la conmoción y de la desbandada de los
musulmanes, Muhammad logró reunir a varios de sus hombres que se habían
refugiado entre las rocas, para protegerse de las flechas de los enemigos. Según
se narra, Kathir Ibn al-‘Abbas, el hijo de al-‘Abbas Ibn ‘Abd al-Muttalib, primo
y tío de Muhammad respectivamente, acompañaban al Rasul Allah. Este primo
del Profeta aparentemente poseía una fuerte voz y empezó a gritar en nombre
del Profeta:
“Yo soy el Profeta de Allah, el Verídico, el hijo de ‘Abd al-Muttalib. ¡A mí
los Ansar! ¡A mí los Compañeros del árbol (de al-Hudaybiyya)! Y muchas
voces contestan: “¡Aquí estamos contigo!”77
Al-Waqidi en su Kitab al-Maghazi preservó esta información de otra
cadena de transmisión que contiene algunas variaciones. Así dice:78
‫ اولاق‬: ‫ لوفي بزاع نب ءاربلا ناكو‬: ‫ وه الإ هلإ ال يذلا هللاو‬، ‫هللا لوسر ىلو ام‬
، ‫ ملسو هيلع هللا ىلص‬، ‫رصنتساو فقو هنكلو‬، ‫ لوقي وهو لزن مث‬: ‫ال يبنلا انأ‬
‫ هرصن هيلع هللا لزنأف بلطملا دبع نبإ انأ بذك‬، ‫ هودع تبكو‬، ‫ هتجح حلفأو‬.
77
78
Citado por Gaudefroy-Demombynes, Mahoma, p.145.
Waqidi, Kitab al-Maghazi, Vol. III, p.902. Traducción de los autores.
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Ellos dijeron: al-Bara’ bn. ‘Azib dijo: Por Dios Él no tiene otro Dios
excepto Él, y el Enviado de Allah (la paz sea con él) no oyó pero él
permaneció (ahí) y pidió la victoria. Por lo tanto bajó diciendo: Yo soy el
Profeta (por ello) no miento, soy el hijo de ‘Abd al-Muttalib y Allah le dio
la victoria. (Con ello) silenció a su enemigo y su misión triunfó.
De igual forma en las sirat Rasul Allah y entre los cronistas e historiadores
posteriores, se menciona que a Kathir Ibn al-‘Abbas Ibn ‘Abd al-Muttalib, en el
momento del desorden y huída de los soldados musulmanes, el Enviado de Allah
le pidió que con su portentosa voz llamara a los musulmanes diciéndoles:
¡Oh comunidad de los Ansar, oh compañeros del árbol de acacia (alsamura)! 79
Aquí observamos otra contradicción más que contienen las tradiciones
sobre esta batalla. Nunca sabremos si quien gozaba de la portentosa voz era
el primo del Profeta, o si su tío, mencionados anteriormente. Puede suponerse
también que fueran ambos los que hicieran esos llamados a viva voz.
Según la tradición, entonces Ibn al-‘Abbas hizo este llamado de inmediato,
pues se lo pedía el Rasul Allah. El Profeta pudo entonces escuchar que sus
seguidores contestaban el clamor. Al-Tabari agrega a todas estas narraciones
que en la desbandada, en el desorden y en el pánico colectivo, estos hombres
deseaban regresar y unirse al Rasul Allah y a los soldados que estaban con
él pero no podían hacerlo debido a lo estrecho del pasillo y a la presencia de
muchos hombres y camellos. Por este motivo pusieron sobre el cuello de sus
camellos las armaduras y empuñando sus espadas y escudos, corrieron entre las
rocas a unirse al Profeta, a defenderlo y a pelear fi sabil Allah. 80 Cerca de cien
hombres se congregaron alrededor de Muhammad y lucharon valientemente.
Citado por Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1661 (Edición de Leiden).
Traducción de los autores.
79
Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1661 (Edición de Leiden). Véase también:
Ibn Hisham, Sirat al-Nabi, Vol. IV, pp. 39 ss. (Edición publicada por Dar al-Tala’i‘ en Madinat
Nasr, El Cairo).
80
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Las fuentes aseguran que eran treinta y tres Muhajirun y sesenta y siete de los
al-Ansar, a quienes de acuerdo con la tradición musulmana el arcángel Jibril
(Gabriel) llamó los Cien Hombres Firmes, Resueltos. 81 El enfrentamiento contra
los Hawazin fue entonces fiero, desde el momento en que el Profeta logró reunir
a sus hombres, de acuerdo con los recuentos de al-Waqidi, de Ibn Hisham y de
al-Tabari.82
Según las fuentes, el Profeta, que en la campaña se encontraba cabalgando
su mula blanca llamada Duldul,83 recurrió entonces a un ardid, como lo había
hecho en Badr. Lanzó guijarros llenos de arena a sus enemigos, mientras decía
Ha Mim, las misteriosas letras cuyo significado se desconoce, con que empieza
la sura número XLVI. 84 Como los guijarros daban en su blanco, desató un gran
pánico entre los Hawazin. Éstos, debido a las nubes de polvo y arena no podían
ver, ni abrir bien los ojos. De acuerdo con los testimonios de algunos de los
presentes, como lo preservó la tradición musulmana, hubo acontecimientos
sobrenaturales. Algunos de los testigos refirieron que miles de saltamontes
negros bajaron del cielo contra los enemigos de Muhammad. Otros aseguraron
que un número infinito de hormigas invadió el campo de los enemigos de los
musulmanes.85 Al-Tabari menciona en su obra la tradición de Jubayr b. Mut‘im,
Para mayores detalles al respecto, véase: Waqidi, Kitab al-Maghazi, Vol. III, pp.900-902.
82
Waqidi, Kitab al-Maghazi, Vol. III, pp.902-903. Ibn Hisham, Sirat al-Nabi, Vol. IV, pp.39
ss. (Edición publicada por Dar al-Tala’i‘ en Madinat Nasr, El Cairo). Tabari, Ta’rikh al-Rusul
wa al-Muluk, Vol. I, pp.1664 ss. (Edición de Leiden).
83
Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1664 (Edición de Leiden).
84
Para más información al respecto, véase: Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I,
pp.1664-1665 (Edición de Leiden). Véanse también: Jalal al-Din Muhammad Ibn Ahmad
al-Muhli al-Suyuti y Jalal al-Din Ibn ‘Abd al-Rahman Ibn Abi Bakr, Tafsir al-Jalalayn,
Maktaba al-Safa, El Cairo, 2004, passim. Muhammad Ibn Sirin, Tafsir al-Ahlam, Dar al-Fajr
li’l-Turath, El Cairo, 2004, passim. Ibiyari, Ta’rikh al-Qur’an, passim. Ibn Kathir, Tafsir alQur’an, passim. Isma‘il Ibn ‘Umar Ibn Kathir, Al-Musnad al-Faruq, Amir al-Mu’minin Abi
Hafs Ibn ‘Umar Ibn al-Khattab wa Aqwaluhu ‘ala Abwab al-‘Ilm, Dar al-Wafa’, Al-Mansura,
81
Egipto, 1991 (Dos Volúmenes), Vol. II, passim, en especial pp.569-571.
85
Para mayores detalles véase: Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1663 (Edición
de Leiden).
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en la que se afirma que antes de que los musulmanes huyeran él vio que del
cielo descendía algo parecido a una túnica negra rayada hasta que cayó entre los
musulmanes y sus enemigos politeístas. Entonces observó algo sorprendente:
una masa infinita de hormigas negras llenaba todo el valle. Asevera al mismo
tiempo que no tenía duda de que eran ángeles y que entonces derrotarían a sus
enemigos.86 El al-Qur’an señala que fue Dios quien dio la victoria y que envió
miles de ángeles para atacar a los enemigos. El pasaje coránico dice:
Dios os ha socorrido en múltiples campos de batalla y en el día de Hunayn,
cuando vuestro gran número os maravillaba, pero no os servía de nada:
la tierra os parecía estrecha, a pesar de que era ancha; os volvisteis
retrocediendo.
Dios hizo descender enseguida Su presencia sobre Su Enviado y sobre
los creyentes, e hizo descender ejércitos de ángeles que no veíais, al
tiempo que atormentaba a quienes no creían. Esa es la recompensa de los
incrédulos.
Después de aquello, a continuación, Dios volverá a quien quiera. Dios es
indulgente, misericordioso.87
Este fragmento nos lleva a apuntar ciertos asuntos. En primer lugar, que el
Profeta había logrado reunir un gran ejército. Algunas fuentes señalan que eran
cerca de veinte mil guerreros, otros aseguran que eran doce mil, como ya hemos
indicado; asuntos que, obviamente, en ambas informaciones las cifras parecen
exageradas y pueden ser debatibles. En todo caso, era un ejército mucho más
numeroso que el reunido por sus enemigos Hawazin. En las sirat Rasul Allah, así
como entre algunos cronistas, se afirma que Muhammad estaba muy orgulloso
de sus tropas.88 Según el mismo al-Qur’an, Allah le dio una prueba, causándole
86
Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1663 (Edición de Leiden).
Al-Qur’an, IX, 25-27. Traducción de Juan Vernet.
88
Para mayores detalles véanse: Ibn Hisham, Sirat al-Nabi, Vol. IV, pp.35 ss. (Edición
publicada por Dar al-Tala’i‘ en Madinat Nasr, El Cairo). Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al87
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una derrota inicial, en la emboscada en la que los Hawazin lo sorprendieron en
un territorio rocoso y relativamente angosto. Del mismo fragmento se infiere
que fue Allah quien dio la victoria y envió ejércitos de ángeles que atacaron a
los enemigos de los musulmanes y que además Allah atormentaba a quienes no
creían.
El Kitab al-Irshad de al-Shaykh al-Mufid89 contiene gran cantidad de
tradiciones, especialmente shi‘itas, las que asimismo son importantes y debemos
consignarlas en esta investigación. En una de estas tradiciones se asegura que
‘Ali Ibn Abi Talib90 logró matar al portaestandarte de los Hawazin, lo que dio la
victoria a los musulmanes. Por otra parte, al-Tabari cita la tradición en la que el
portaestandarte de los Hawazin, llamado Dhu al-Khimar,91 con su camello lograba
acorralar a algunos seguidores de Muhammad y había dado muerte a muchos de
ellos con su lanza. Al-Waqidi agrega a todo esto que un hombre de los Hawazin
(no indica que su nombre es Dhu al-Khimar) se encontraba sobre un camello rojo
(‫ ) رمحأ لمج ىلع نزاوه نم لجر ناكو‬y que era el portaestandarte de los Hawazin.92
Desde esa altura, sobre el animal, logró dar muerte a muchos musulmanes,93
aunque no indica el número de muertos, lo que añade una interrogante más a
los acontecimientos mismos de la batalla de Hunayn. Entonces ‘Ali Ibn Abi
Talib y uno de los al-Ansar, que al-Tabari94 no menciona su nombre, pero que
al-Waqidi95 nos informa que era Abu Dujana, (‫ )ةناجد وبأو يلع دشيو‬atacaron al
portaestandarte de los Hawazin. Primero ‘Ali Ibn Abi Talib golpeó con fuerza
las ancas del camello –probablemente con su espada, aunque al-Tabari no lo
Muluk, Vol. I, p.1659 (Edición de Leiden).
89
Al-Shaykh al-Mufid, Kitab al-Irshad, passim, en especial pp.1-267 (de la traducción al
inglés).
90
Al-Shaykh al-Mufid, Kitab al-Irshad, passim, en especial pp.1-267 (de la traducción al
inglés).
91
Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1664 (Edición de Leiden).
92
Para más detalles véase: Waqidi, Kitab al-Maghazi, Vol. III, p.903.
Waqidi, Kitab al-Maghazi, Vol. III, p.902.
94
Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1662 y también p.1664 (Edición de Leiden).
95
Véase: Waqidi, Kitab al-Maghazi, Vol. III, p. 902.
93
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menciona–96 y al caer el camello de costado el otro hombre, el ansari, se lanzó
sobre él y con su espada lo golpeó con tal fuerza que le cortó de un solo tajo el
pie al portaestandarte de los Hawazin hasta la mitad de su pantorrilla. Luego
los dos se lanzaron sobre él y lo mataron.97 Al-Waqidi98 da un relato un tanto
distinto, pues asegura que tanto ‘Ali como Abu Dujana atacaron a ese hombre
de los Hawazin uno por el lado derecho y el otro por el izquierdo, logrando
entonces ‘Ali cortar la mano derecha a ese hombre y Abu Dujana logró lo mismo
pero de la otra mano. Así escribió:
‫ ينميلا هدي يلع عطقيف‬، ‫ىرخألا هدي ةناجد وبأ عطقيو‬
‘Ali le cortó su mano derecha y Abu Dujana le cortó su otra mano.99
Según el relato de al-Waqidi, entre los dos, ‘Ali y Abu Dujana, dieron
muerte a ese hombre y no solo ‘Ali, como exageran algunas de las obras shi‘itas,
lo que puede aportar más dudas e interrogantes a esta batalla.100
El nuevo portaestandarte de los Hawazin fue ‘Uthman b. ‘Abd Allah,
hasta que también los musulmanes le dieron muerte.101 Según al-Tabari, que
preserva las tradiciones, asegura que cuando le informaron al Profeta sobre la
muerte de ‘Uthman b. ‘Abd Allah, el Rasul Allah exclamó:
Que Allah lo prive de Su Misericordia. Él solía odiar a los Quraysh.102
Durante estos bravos combates asimismo se indica que en un desfiladero
los musulmanes lograron matar a setenta hombres de los Banu Malik, lo que
parece una cifra reducida, si tenemos en cuenta que eran ejércitos numerosos,
Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1662 (Edición de Leiden).
97
Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1662 (Edición de Leiden).
98
Waqidi, Kitab al-Maghazi, Vol. III, p.902.
99
Waqidi, Kitab al-Maghazi, Vol. III, p.902. Traducción de los autores.
100
Al-Shaykh al-Mufid, Kitab al-Irshad, passim, en especial pp.1-267, obra que exagera el
coraje y la participación de ‘Ali en las distintas batallas.
96
Véase: Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1664 (Edición de Leiden).
102
Citado por Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1664 (Edición de Leiden).
Traducción de los autores.
101
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aunque ya se ha indicado que el número de soldados parece exagerado. 103 Según
se narra también, un solo musulmán, Abu Talha, mató a veinte de los Banu
Malik y tomó el botín de guerra de los que él mató. El Profeta les permitió
también a otros musulmanes adueñarse de las pertenencias de aquellos que iban
liquidando, aún antes del reparto del botín. Esto constituyó un precedente y en
algunas ocasiones se convirtió en una práctica a seguir.104
Al-Tabari asimismo nos informa que Abu Talha fue a la batalla de Hunayn
y llevó con él a su esposa que estaba embarazada de su hijo ‘Abd Allah b. Abi
Talha. Ella sostenía y cuidaba el camello de su esposo, mientras él guerreaba en
la batalla. La esposa de Abu Talha se llamaba Umm Sulaym y mientras sostenía
una daga en su mano le dijo al Profeta que por Allah Muhammad debería de
matar a los que lo abandonaron huyendo de la contienda, igual que daba muerte
a los enemigos que combatía. En su opinión también merecían la muerte quienes
habían desertado. Cuando se le preguntó qué tenía en la mano, respondió que
una daga y que si algún politeísta se le acercaba, ella no dudaría en abrirle el
estómago.105 El relato de al-Waqidi al respecto es muy semejante al que contiene
al-Tabari.106 Sin embargo, también nos informa que Umm Sulaym sostenía
firmemente en su mano una daga y estaba resuelta a usarla contra el enemigo
que la rodeara o se le acercara. Así escribió:107
‫اهطسو ىلع هتمزح دقرجنخ اهعم ميلس مأو‬
Umm Sulaym tenía una daga [en su mano] y realmente estaba resuelta [a
usarla] contra quien la rodeara.108
También es importante indicar que al-Waqidi provee los nombres de otras
Para mayores detalles al respecto, véase: Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I,
p.1662 (Edición de Leiden). Véase también: Gaudefroy-Demombynes, Mahoma, p.145.
104
Para mayores detalles véase: Gaudefroy-Demombynes, Mahoma, p.145.
105
Para más información al respecto, véase: Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I,
p.1663 (Edición de Leiden).
103
Para mayores detalles, véase: Waqidi, Kitab al-Maghazi, Vol. III, pp.902-903.
107
Waqidi, Kitab al-Maghazi, Vol. III, p.902.
108
Waqidi, Kitab al-Maghazi, Vol. III, p.902. Traducción de los autores.
106
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DE LA TRADICIÓN MUSULMANA Y LAS FUENTES ÁRABES.
mujeres que estaban en el campo de batalla, algunas inclusive cargando espadas
para defenderse y participar del enfrentamiento fi sabil Allah. 109 Esta historia nos
llama poderosamente la atención pues nos muestra que con frecuencia las mujeres
asistían a las batallas. A veces lo hacían para llevar y preparar los alimentos para
los soldados, a menudo ayudaban a entregarles las armas, curarles las heridas,
transportar a los heridos de regreso, como ocurrió en tantas contiendas, como en
Uhud, en Khaybar, entre otras, o como en este caso, cuidar el camello del marido
mientras éste se encontraba ocupado en la refriega militar. De la narración se
infiere que el estar embarazada no era óbice para su participación.
La obra Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk de al-Tabari, contiene detalladas
descripciones de esta contienda. El cronista narra que tras la derrota de los
Hawazin, muchos de éstos huyeron hacia al-Ta’if y Malik b. ‘Awf se fue con
ellos. Algunos acamparon en Awtas, mientras otros, los Banu Ghiyara, un clan
de la tribu de los Thaqif,110 se dirigieron hacia el valle de Nakhla. La caballería
musulmana persiguió a los que se fueron huyendo hacia el valle de Nakhla, pero
no a los que se dirigieron por los desfiladeros angostos, quizá para evitar otra
emboscada. Entre los musulmanes iba Rabi‘a b. Rufay‘ b. Uhban b. Tha‘laba b.
Rabi‘a b. Yarbu‘ b. Sammal b. ‘Awf b. Imr al-Qays, llamado Ibn Ladh‘a por su
madre. Este líder militar logró derrotar y detener a Durayd b. al-Simma, que de
momento Rabi‘a pensó que era una mujer, pues iba en una litera. Sin embargo,
se percató que era un hombre y muy anciano. Rabi‘a no conocía a Durayd b.
Simma. Éste le preguntó qué iba a hacer con él, a lo que el aludido respondió
que lo mataría. Durayd b. Simma recibó entonces un golpe con la espada, pero
no lo mató. Entonces de acuerdo con al-Tabari dijo:
¡Qué espada más pobre os ha otorgado vuestra madre! Tomad mi espada
que está en la parte posterior de mi montura en la litera y golpeadme
justo encima de la columna y antes del cerebro, pues yo solía matar
Waqidi, Kitab al-Maghazi, Vol. III, pp.902-903.
110
Para mayor información, véase: Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1665
(Edición de Leiden).
109
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ROBERTO MARÍN GUZMÁN
hombres de esa forma. Cuando regreséis a vuestra madre informadle que
habéis matado a Durayd b. al- Simma. ¡Por Dios, cuántas veces protegí a
vuestras mujeres!111
Rabi‘a b. Rufay‘ golpeó con la otra espada a Durayd b. al-Simma y lo
mató. Posteriormente informó a su madre a quién había dado muerte, a lo que
ella dijo:
¡Por Dios, él dio libertad a tres mujeres vuestras!112
En otras fuentes árabes se citan diversas tradiciones que contienen
información diferente. Por ejemplo Ibn Hisham en su Sirat al-Nabi, 113 afirma
que quien mató a Durayd b. al-Simma fue ‘Abd Allah b. Qunay‘ b. Uhban b.
Tha‘laba b. Rabi‘a, que no hemos podido identificar ni saber si es el mismo que
menciona al-Tabari. Por otra parte al-Baladhuri, en su Ansab al-Ashraf, asegura
que más bien Durayd b. al-Simma mató a Abu ‘Amir, asunto que no mencionan
las otras fuentes.114 Todo esto trae todavía mayor incertidumbre. Al-Baladhuri
también asegura que quien dio muerte a Durayd b. al-Simma fue al-Dahhak
Ibn ‘Abd al-Rahman al-Ash‘ari. Al respecto al-Baladhuri escribió las siguientes
líneas en las que cita lo que dijo al-Dahhak Ibn ‘Abd al-Rahman al-Ash‘ari:115
‫ نينح موي نزاوه هللا مزه امل‬، ‫ هللا لوسر دقع‬، ‫ ملسو هيلع هللا ىلص‬، ‫يبأل‬
‫ بلطلا ليخ ىلعرماع‬، ‫ ةمصلا نب ديرد نبإ اذإف هعم انأو مهبلطف‬. ‫هيلإرماع وبأ لدعف‬
، ‫هنم ءاوللا ذخأو ديرد نبإ هلتقف‬. ‫ ديرد نبإ ىلع تددشو‬، ‫ءاوللا تذخأو هتلتقف‬
‫ هنم‬، ‫سانلاب تفرصنا مث‬. ‫ هللا لوسر ىنآر املف‬، ‫ ملسو هيلع هللا ىلص‬، ‫لاق‬
Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1666 (Edición de Leiden). Traducción de
los autores.
112
Para más detalles sobre todo este asunto, véase: Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol.
I, p.1666 (Edición de Leiden). Traducción de los autores.
113
Para mayores detalles véase: Ibn Hisham, Sirat al-Nabi, Vol. IV, pp.36-37 (Edición
111
publicada por Dar al-Tala’i‘ en Madinat Nasr, El Cairo).
114
Baladhuri, Ansab al-Ashraf, Vol. I, p.366.
115
Baladhuri, Ansab al-Ashraf, Vol. I, p.366. Traducción de los autores.
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DE LA TRADICIÓN MUSULMANA Y LAS FUENTES ÁRABES.
‫ معن تلق ؟رماع وبأ لتقأ‬. ‫ هللا لوسر عفرف‬، ‫ ملسو هيلع هللا ىلص‬، ‫وعدي هدي‬
‫رماع يبأل‬
Cuando Dios les dio la derrota a los Hawazin el día (en la batalla)
de Hunayn, el Profeta (la paz sea con é) mandó a Abu ‘Amir a llevar
el estandarte (en su caballo). (Entonces) los llamó a ellos (a los
portaestandartes) y yo estaba con él cuando Ibn Durayd bn. Simma se
acercó y Abu ‘Amir se dirigió hacia él, pero Ibn Durayd lo mató (a Abu
‘Amir) y lo despojó de su estandarte. Yo seguí a Ibn Durayd y lo maté y
cogí su estandarte y regresé hacia la gente (los combatientes). Cuando el
Rasul Allah (la paz sea con él) me vio dijo (preguntó): ¿Mataron a Abu
‘Amir? Contesté: sí. Entonces el Profeta (la paz sea con él) levantó sus
manos pidiendo (perdón, misericordia) para Abu ‘Amir.
Otra de las interrogantes que suscita la batalla de Hunayn es que las
numerosas tradiciones pueden inclusive ser contradictorias. Al-Tabari compila
muchas de esas tradiciones. Por ejemplo, según la autoridad de Abu Musa alAsh‘ari (que posteriormente defendió a ‘Ali y fue su representante como árbitro
en la batalla de Siffin), después de que los musulmanes derrotaron a los Hawazin
en Hunayn, el Profeta Muhammad envió a sus hombres a perseguir a los politeístas
que habían huido hacia Awtas.116 Nótese la información contradictoria respecto
de la tradición anterior, que señala claramente que los ejércitos musulmanes
persiguieron a los Hawazin hacia el valle de Nakhla, no hacia Awtas, por lo
peligroso de los desfiladeros y porque probablemente temían otra emboscada.
En esta otra tradición que quedó bajo la autoridad de Abu Musa al-Ash‘ari, se
asegura que el Rasul Allah mandó a sus hombres hacia Awtas. También en esta
segunda tradición se afirma que el Profeta envió a Abu ‘Amir al-Ash‘ari con
un ejército a Awtas y que Abu ‘Amir al-Ash‘ari fue quien enfrentó a la guardia
de Durayd b. Simma y que él fue quien mató al anciano.117 Las interrogantes
116
117
Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1666 (Edición de Leiden).
Para mayores detalles véase: Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, pp.1666-1667
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son, pues, numerosas y las distintas tradiciones se contradicen y por ello no es
posible determinar con exactitud la realidad de los hechos históricos.
Para complicar aún más estos asuntos y tener todavía más interrogantes,
antes que respuestas, al-Tabari compila una tercera tradición, también bajo la
autoridad de Abu Musa al-Ash‘ari.118 En esta tradición asegura que el Profeta
Muhammad lo había enviado a él bajo el mando de su sobrino Abu ‘Amir alAsh‘ari, pero no se indica con claridad hacia el lugar donde se dirigieron. Es
de suponer que el sitio era Awtas, pues es el lugar que menciona en la tradición
anterior. En esta tercera tradición se asegura que un hombre de los Banu Jusham
hirió con una flecha a Abu ‘Amir al-Ash‘ari en su rodilla y que de la herida
murió poco después. No se indica, pero es posible inferir que la flecha estaba
envenenada. Cuando Abu ‘Amir al-Ash‘ari le señala a su tío el hombre enemigo
que le había herido, Abu Musa al-Ash‘ari corre a enfrentarse con él. Finalmente
lo derrota y lo mata, con lo que vengaba la herida y pronta muerte de su sobrino. 119
El tío regresa con su sobrino y éste poco antes de expirar, lo nombra en el
comando del ejército. Abu ‘Amir al-Ash‘ari poco después murió. Como se ve,
esta tradición es contraria a lo señalado anteriormente.
Hay aún mayor confusión en todos estos hechos cuando al-Baladhuri
sostiene en su Ansab al-Ashraf, que quien mató a Abu ‘Amir al-Ash‘ari fue
Durayd b. al-Simma. 120 Otras tradiciones, compiladas por Ibn Hisham en su Sirat
al-Nabi, aseguran que fueron dos hermanos, al-‘Ala y Awfa, hijos de Harith, del
clan de los Banu Jusham b. Mu‘awiya quienes hirieron a Abu ‘Amir al-Ash‘ari.
Una flecha le dio en la rodilla y la otra en el corazón. Para vengar a su sobrino,
Abu Musa al-Ash‘ari enfrentó a esos dos hermanos y los mató.121 Sin embargo,
(Edición de Leiden).
118
Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, pp.1666-1667 (Edición de Leiden).
119
Véase: Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, pp.1666-1667 (Edición de Leiden).
120
Véase: Baladhuri, Ansab al-Ashraf, Vol. I, p.366.
121
Ibn Hisham, Sirat al-Nabi, Vol. IV, pp.35 ss. (Edición publicada por Dar al-Tala’i‘ en
Madinat Nasr, El Cairo), donde se pueden leer los detalles de esta tradición preservada por
este autor, siguiendo la autoridad de Ibn Ishaq, cuya Sirat al-Rasul o Sirat al-Nabi Ibn Hisham
completó.
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DE LA TRADICIÓN MUSULMANA Y LAS FUENTES ÁRABES.
en otra tradición que menciona Ibn Hisham, se asegura que Abu Musa al-Ash‘ari
se enfrentó en un duelo con diez hombres, todos hermanos y que logró matar a
nueve y dejó escapar al décimo.122 También Ibn Hisham asegura que ese hombre
que huyó poco después se convirtió al Islam. 123 Al-Tabari todavía menciona otra
tradición en la que se indica que Salama b. Durayd, fue quien con una flecha
hirió en la rodilla a Abu ‘Amir al-Ash‘ari, herida de la cual después murió.124
Como parte de las numerosas contradicciones en las fuentes árabes, al-Waqidi
menciona todavía otra tradición según la cual Abu Musa al-Ash‘ari se enfrentó
a diez hombres y logró matar a nueve, pero el décimo lo mató a él.125 De todo lo
anterior se pueden observar las grandes contradicciones en las fuentes árabes y
en las tradiciones. Por ello, para algunos detalles, como los referidos en líneas
anteriores, se hace imposible conocer la verdad.
Hay un incidente después de la batalla de Hunayn que resulta curioso,
pero las fuentes árabes lo tratan vagamente. Al-Tabari, por ejemplo, indica que
el Profeta Muhammad envió su caballería a perseguir a sus enemigos y dio orden
de que detuvieran a Bijad, del clan de los Banu Sa‘d b. Bakr y que deberían de
impedir que él escapara, pues había hecho algo reprobable: descuartizó a un
musulmán y después quemó su cadáver.126 Cuando los musulmanes lograron
apresar a Bijad, capturaron también a su familia y a la hermana de Bijad,
llamada al-Shayma’ bt. al-Harith b. ‘Abd Allah b. ‘Abd al-‘Uzza, quien decía ser
hermana adoptiva del Profeta.127 Los musulmanes no le creyeron pero la llevaron
Ibn Hisham, Sirat al-Nabi, Vol. IV, pp.35 ss. (Edición publicada por Dar al-Tala’i‘ en
Madinat Nasr, El Cairo), con frecuencia algunas tradiciones exageran o resaltan las cualidades
guerreras de algunos musulmanes en sus enfrentamientos contra los politeístas o los infieles
(kuffar).
123
Ibn Hisham, Sirat al-Nabi, Vol. IV, pp.35 ss. (Edición publicada por Dar al-Tala’i‘ en
Madinat Nasr, El Cairo).
124
Para mayores detalles véase al respecto: Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I,
p.1667 (Edición de Leiden).
122
Waqidi, Kitab al-Maghazi, Vol. III, pp.915-916.
126
Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1668 (Edición de Leiden).
127
Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, pp.1668-1669 (Edición de Leiden).
125
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ante el Rasul Allah, quien le pidió que diera las pruebas. Ella indicó que tenía
una señal en su espalda que era un mordisco que él le había dado cuando niño,
mientras ella lo cargaba en su cadera. Muhammad aceptó la prueba y extendió
su manto para que al-Shayma’ se sentara en él. Después le ofreció quedarse con
los musulmanes, o si ella prefería, regresar con su gente. Ella aceptó lo segundo
y se fue con los suyos. Según al-Tabari, que menciona la tradición de los Banu
Sa‘d Ibn Bakr, el Profeta le regaló un esclavo llamado Makhul, así como una
esclava, que ella los casó entre sí para tener progenie.128 Esto es todo lo que se
indica en esta tradición sin mayores detalles. Al-Waqidi en su Kitab al-Maghazi,
asegura que poco antes de regresar con los suyos, al-Shayma’ bt. al-Harith b.
‘Abd Allah b. ‘Abd al-‘Uzza abrazó el Islam y el Profeta le regaló tres esclavos
y un número de animales.129 No nos ha sido posible conocer más sobre ella ni su
suerte posterior.
Después de la batalla de Hunayn los Hawazin derrotados lo perdieron
todo: sus mujeres, sus hijos, sus rebaños, pero el Rasul Allah no abusó de esta
situación y tuvo la esperanza de que los Hawazin abrazarían el Islam. El Profeta
les prometió que si se convertían recuperarían muchas de sus pertenencias. Todo
el botín capturado lo recibió el Mensajero de Allah para su reparto. Él nombró
a Mas‘ud b. ‘Amr al-Qari como supervisor de los al-Anfal. 130 Muhammad
ordenó trasladar todo el ghunm capturado a Ji‘rana, ubicado a unos veinticuatro
kilómetros de la Meca hacia al-Ta’if, para posteriormente proceder a su reparto.
Antes del reparto del botín y tras derrotar a los Hawazin en Hunayn,
el Profeta decidió dirigirse a al-Ta’if, para someterla a su dominio y quizá
convencer a los vencidos que abrazaran el Islam. Pero Muhammad fracasó en
Para mayores detalles véase: Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, pp.1668-1669
(Edición de Leiden).
129
Waqidi, Kitab al-Maghazi, Vol. III, pp.913-914.
130
Para más información al respecto véase: Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I,
p.1669 (Edición de Leiden). Era frecuente que el Profeta nombrara a algún musulmán de
128
su confianza, de gran honestidad y de intachable comportamiento, como supervisor de los
al-Anfal, para proceder posteriormente a su reparto. Ese supervisor tenía la obligación de
contabilizar todo lo capturado como botín de guerra.
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al-Ta’if y no logró derrotar a los Thaqif. Los habitantes de esta ciudad más bien
se empecinaron en su resistencia, no obstante el hecho de que el Mensajero
de Allah había mandado a quemar las plantaciones de palmeras en las fértiles
tierras de sus alrededores.131 Según al-Tabari hubo doce mártires en el sitio de
la ciudad fortificada de al-Ta’if que duró quince días,132 pero este cronista no
menciona sus nombres, solo que fueron siete de los Quraysh, uno de los Banu
Layth y cuatro de los al-Ansar.133 Sin embargo, otras fuentes, como Ibn Hisham
y al-Waqidi contienen la lista completa de los nombres de los shuhada’ caídos en
el sitio de al-Ta’if, con los detalles del caso y una vez más con las divergencias
que contienen las diferentes tradiciones sobre la forma en que murieron algunos
de los mártires.134 Al respecto al-Waqidi escribió las siguientes líneas:
‫فئاطلاب دهشتسا نم ةيمست‬
‫ ةيمأ ينب نم‬: ‫ ةيمأ نب ديعس نب ديعس‬، ‫نب بيبح نب بابحلا ني ةطفرعو‬
‫نبرماع نب ورمع نب نزام نب ةميزخ نب ةنانك نب ثراحلا نب دعس نب فانم دبع‬
‫ سيقلا ئرما نب ةثراح نب ةبلعث‬، ‫ مهل فيلح‬.
‫ دسأ ينب نمو‬: ‫ دوسألا نب ةعمز نب ديزي‬، ‫ هل لاقي ناكو ــ هسرف هب حمج‬:
‫ هولتقف فئاطلا نصح ىلإ ــ حانجلا‬. ‫ لاقيو‬: ‫ مهل لاق‬: ‫ مكملكأ ىتح ينونمأ‬. ‫هونمأف‬
‫ هولتق ىتح لبنلاب هومر مث‬.
‫ ميت ينب نمو‬: ‫ ةفاحق يبأ نب ركب يبأ نب هللا دبع‬، ‫لزي ملف مهسب يمر‬
‫ احيرج هنم‬، ‫ يبنلا ةافو دعب ةنيدملاب تامف‬، ‫ ملسو هيلع هللا ىلص‬.
‫ موزخم ينب نمو‬: ‫ ةريغملا نب ةيمأ يبأ نب هللا دبع‬، ‫ نصحلا نم يمر‬.
‫ ىدع ينب نمو‬: ‫ ىزنعلا ةعيبر نبرماع نب هللا دبع‬، ‫ مهل فيلح‬.
‫ مهس ينب نمو‬: ‫ سيق نب ثراحلا نب بئاسلا‬، ‫ ثراحلا نب هللا دبع هوخأو‬.
‫ ثيل نب دعس ينب نمو‬: ‫نبإ ناحيضلا نب براحم نب هللا دبع نب ةحيلج‬
‫ ثيل نب دعس نب بشان‬.
Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, passim, en especial pp.1669-1674 (Edición
de Leiden).
132
Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1673. (Edición de Leiden).
131
Véase esta escueta referencia en: Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1674.
134
Véanse: Ibn Hisham, Sirat al-Nabi, Vol. Vol. IV, pp.39 ss. (Edición publicada por Dar alTala’i‘ en Madinat Nasr, El Cairo). Waqidi, Kitab al-Maghazi, Vol. III, p.938.
133
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‫ راصنألا نمو‬: ‫نب لهس نب ثراحلاو ــ ةبلعث عذجلا همسإو ــ عذجلا نب تباث‬
‫ لفون نب هللا دبع نب رذنملاو ةعصعص يبأ‬. ‫ الجر رشع انثا كلذف‬.
Los nombres de los que lograron el martirio en al-Ta’if
De los Banu Umayya: Sa‘id bn Sa‘id bn Umayya y ‘Urfuta bn al-Hubab
bn Habib bn ‘Abd al-Manaf bn Sa‘d bn al-Harith bn Kinana bn Khuzayma
bn Mazin bn ‘Amru bn ‘Amir bn Tha‘laba bn Haritha bn Imri’ al-Qays y
esos fueron todos.
De los Banu Asad: Yazid bn Zama‘a bn al-Aswad, (quien no pudo jinetear
su caballo) (su caballo) llamado al-Janah se desbocó y lo llevó hacia la
fortaleza de al-Ta’if donde lo mataron. Sin embargo, otros aseguran de
él que ––pertenecía al flanco, a la infantería– y se dirigió a la fortaleza
[al sitio] de al-Ta’if donde lo mataron. Otros dicen de él que [durante el
sitio a al-Ta’if] él les dijo (a los de al-Ta’if): Dénme la seguridad hasta
que les hable. Le dieron la seguridad pero le tiraron flechas hasta que lo
mataron.
De los Banu Taym: ‘Abd Allah bn Abi Bakr bn Abi Quhafa, (a quien) le
tiraron una flecha y todavía con la herida (padeciendo de la herida) (se
trasladó a al-Madina) y murió en al-Madina después de la defunción del
Profeta [la paz sea con él].
De los Banu Makhzum: ‘Abd Allah bn Abi Umayya bn al-Mughira, murió
durante el sitio.
De los Banu ‘Ada: ‘Abd Allah bn ‘Amir bn Rabi‘a al-‘Anazi y esos son todos.
De los Banu Sahm: Al-Sa’ib bn al-Harith bn Qays y su hermano ‘Abd
Allah bn al-Harith.
De los Banu Sa‘d bn Layth: Julayha bn ‘Abd Allah bn Muharib bn alDayhan Ibn Nashib bn Sa‘d bn Layth.
De los al-Ansar: Thabit bn al-Jadha‘ y su nombre verdadero era al-Jadha‘
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Tha‘laba y al-Harith bn Sahl bn Abi Sa‘sa‘ y al-Mundhir bn ‘Abd Allah bn
Nawfal. En total fueron doce hombres.135
El fragmento anterior de al-Waqidi señala que el caballo llamado al-Janah
se desbocó y condujo hasta la fortaleza de al-Ta’if a su jinete Yazid bn. Zama‘a
bn al-Awad, donde los infieles lo mataron. Ibn Hisham y al-Tabari,136 como ya
señalamos, citan una tradición diferente que asegura que Yazid bn. Zama‘a bn
al-Awad cayó violentamente de su caballo, lo que le provocó la muerte. Esto es
un ejemplo más de las diferencias y contradicciones en las tradiciones y en las
fuentes árabes.
Tras este fracaso y con el propósito de que las tribus estuvieran tranquilas
y satisfechas, lo mismo que los combatientes, el Profeta los llevó a todos a
Ji‘rana, para proceder al reparto del botín capturado en Hunayn.137 Al-Waqidi al
respecto escribió
‫ يبنلا مهل مهسأف‬، ‫ ملسو هيلع هللا ىلص‬، ‫اعيمج‬
El Profeta, la paz sea con él, hizo repartir [el botín] entre todos ellos [los
que participaron en la campaña militar].138
Sin embargo, otra interrogante que suscita la batalla de Hunayn es que
las fuentes árabes no indican los motivos por los cuales el Profeta ordenó a
todos a trasladarse a Ji‘rana para el ‫( منغلا ديلقت‬el reparto del botín). ¿Cuáles
serían los posibles peligros de hacerlo en el mismo sitio de la batalla? ¿Temía
el Rasul Allah que sus enemigos pudieran atacarlo otra vez en Hunayn, sobre
todo teniendo en cuenta que no había logrado derrotar a los Thaqif en al-Ta’if,
Waqidi, Kitab al-Maghazi, Vol. III, p.938. Traducción de los autores.
Ibn Hisham, Sirat al-Nabi, Vol. IV, pp.35 ss. (Edición publicada por Dar al-Tala’i‘ en
Madinat Nasr, El Cairo). Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1669 (Edición de
Leiden).
137
Para más información al respecto véase: Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I,
135
136
pp.1675-1686 (Edición de Leiden), donde esta obra contiene minuciosas descripciones sobre
el reparto del botín en Ji‘rana.
138
Waqidi, Kitab al-Maghazi, Vol. III, p.903. Traducción de los autores.
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ni capturar esta ciudad? De lo contenido en las fuentes no es posible llegar
a conclusiones contundentes. Sin embargo, podemos especular, suponer, que
Ji‘rana sería un sitio más apropiado y quizá al mismo tiempo más seguro para
proceder al reparto de los al-Anfal. Recordemos que asimismo los ejércitos
vencedores de los musulmanes habían apresado a muchas de las mujeres y los
niños de los Hawazin y quizá por ello temían un ataque de esta tribu, que podría
intentar liberar a sus familiares (esposas, hijos, etc.) capturados.
Las fuentes contienen numerosas contradicciones y datos diferentes sobre
las cantidades de los al-Anfal. Se indica que Muhammad ordenó repartir entre
los combatientes musulmanes todo lo que se había logrado capturar –con las
excepciones ya indicadas de aquellos a los que se les permitió adquirir las
pertenencias de los enemigos que iban liquidando– a los Hawazin: mujeres,
niños, una cantidad enorme y que las fuentes no precisan, de corderos y seis mil
camellos.139 Al-Waqidi asegura que más bien los prisioneros fueron seis mil. Así
escribió:
‫فالآ ةتس ىبسلا ناكو‬
Y [el número] de prisioneros [cautivos] llegó a seis mil.140
Aunque las tradiciones preservadas por al-Waqidi, Ibn Hisham y alTabari, entre otros, indican esas enormes cifras, no hay duda de que parecen
exageradas. En algunas fuentes se asegura que el número de camellos fue de
seis mil,141 mientras que al-Waqidi asevera que el número de seis mil fue el
de los prisioneros, como ya se ha señalado,142 mientras nos informa de otra
cifra para los camellos, que como el número de cautivos, igualmente nos parece
exagerada. Así escribió:
Para estos datos que nos parecen exagerados, véanse: Ibn Hisham, Sirat al-Nabi, Vol. IV,
pp.39 ss. (Edición publicada por Dar al-Tala’i‘ en Madinat Nasr, El Cairo). Waqidi, Kitab alMaghazi, Vol. III, pp.943-944.
140
Waqidi, Kitab al-Maghazi, Vol. III, p.943. Traducción de los autores.
141
Véanse por ejemplo: Ibn Hisham, Sirat al-Nabi, Vol. IV, pp.39 ss. (Edición publicada
139
por Dar al-Tala’i‘ en Madinat Nasr, El Cairo). Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I,
pp.1675-1686 (Edición de Leiden).
142
Waqidi, Kitab al-Maghazi, Vol. III, p.943.
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DE LA TRADICIÓN MUSULMANA Y LAS FUENTES ÁRABES.
‫ريعب فلأ نيرشعو ةعبرأ لبإلا تناكو‬
Y [el número] de camellos [capturados] fue de veinticuatro mil.143
En las tradiciones que contiene el Kitab al-Maghazi de al-Waqidi, se llega
a tal exageración, que se asegura que no se conocen las cantidades del botín
capturado a los Hawazin en Hunayn, dando a entender que eran tan grandes, que
no pudieron contabilizarse. Al respecto al-Waqidi escribió:
‫اهددع ىردي ال منغلا تناكو‬
No se conocen las cifras del botín [capturado]. 144
Al-Tabari cita una de las tradiciones que afirma que el Rasul Allah
había apresado seis mil hombres, mujeres y niños de los Hawazin.145 AlWaqidi complementa lo anterior citando otra tradición en la que se indica que
los musulmanes además lograron obtener cuarenta mil ovejas,146 cifra que
asimismo nos parece exagerada. También al-Waqidi asegura que los musulmanes
adquirieron de sus enemigos dos mil ‘uqiya. Cada ‘uqiya equivalía a cuarenta
dirhams de plata.147 Todas estas cifras parecen fuera de la realidad de la época
y de las condiciones sociales y económicas del tiempo del Profeta Muhammad.
Aquí las fuentes árabes suscitan grandes cuestionamientos, como el número de
camellos ya explicado, así como de otros animales más pequeños como corderos
y ovejas.
Las fuentes indican que a cada combatiente de infantería se le otorgaron
cien camellos y a los de caballería se les dio el doble por haber contado con
un caballo para el combate. Todo parece muy exagerado, así como que además
de lo anterior, el Profeta envió muchos camellos (cantidad que no se menciona
con claridad, suscitando al mismo tiempo algunas dudas) además de cuantiosos
Waqidi, Kitab al-Maghazi, Vol. III, p.943. Traducción de los autores.
144
Waqidi, Kitab al-Maghazi, Vol. III, p.943. Traducción de los autores.
143
Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1669 (Edición de Leiden).
146
Para mayores detalles véase: Waqidi, Kitab al-Maghazi, Vol. III, p.943.
147
Véase: Waqidi, Kitab al-Maghazi, Vol. III, pp.943-944.
145
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ROBERTO MARÍN GUZMÁN
regalos, a los jefes de las tribus.148 Al-Tabari cita la tradición en la que Muhammad,
para reconciliarse y atraerse a los más nobles y ganar sus corazones, ordenó
otorgarles cien camellos a cada uno. La lista de al-Tabari de doce nobles es la
siguiente:149
Abu Sufyan b. Harb y cien más a su hijo Mu‘awiya.150 También otorgó cien
camellos a Hakim b. Hizam,151 a al-Nudayr b. al-Harith b. Kalada b. ‘Alqama,
un hermano de los Banu ‘Abd al-Dar. Asimismo dio cien camellos a al-‘Ala
b. Haritha al-Thaqafi, un aliado de los Banu Zuhra,152 a al-Harith b. Hisham, a
Safwan b. Umayya, a Suhayl b. ‘Amr, 153 a Huwaytib b. ‘Abd al-‘Uzza b. Abi
Qays, a ‘Uyayna b. Hisn, a al-Aqra’ b. Habis al-Tamimi y a Malik b. ‘Awf alNasri. A éstos se les llamó los hombres de los cien.154
Como ya se ha indicado insistentemente en este trabajo, las contradicciones
en las fuentes son frecuentes y en este reparto algunos autores y tradicionalistas
mencionan que por ejemplo Yazid, otro hijo de Abu Sufyan b. Harb también
recibió del Rasul Allah cien camellos y que además Abu Sufyan b. Harb y sus
dos hijos Mu‘awiya e Yazid recibieron cada uno cuarenta ‘uqiyas de plata.155
Gaudefroy-Demombynes, Mahoma, p.147, explica estos detalles basado principalmente en
la crónica de al-Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, obra que sigue cuidadosamente.
149
Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, pp.1679-1680 (Edición de Leiden).
150
Estos dos eran importantes líderes de la Meca, que pertenecían al clan de los Banu Umayya,
de la tribu Quraysh, la misma del Profeta. Mu‘awiya fue el fundador de la dinastía Omeya
y el primer califa de esta dinastía. Para mayores detalles véanse: F. Buhl, “Abu Sufyan”,
en First Encyclopaedia of Islam, E.J. Brill, Leiden, 1993, Vol. I, pp.107-108. H. Lammens,
“Mu‘awiya”, en First Encyclopaedia of Islam, E.J. Brill, Leiden, 1993, Vol. VI, pp.617-621.
151
Hakim b. Hizam era sobrino de Khadija, la primera esposa del Profeta.
152
Los Banu Zuhra era un clan de la tribu Quraysh. Amina, la madre de Muhammad, pertenecía
a ese clan. Para mayores detalles véase: F. Buhl, “Amina”, en First Encyclopaedia of Islam,
E.J. Brill, Leiden, 1993, Vol. I, p.328.
153
Suhayl b. ‘Amr fue quien dirigió la delegación de mequíes en el tratado de al-Hudaybiyya.
Su hijo ‘Abd Allah había aceptado el Islam y había emigrado a Abisinia.
154
Para mayores detalles véase: Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, pp.1679-1680
148
(Edición de Leiden).
155
Para más información sobre estos asuntos véanse: Waqidi, Kitab al-Maghazi, Vol. III,
pp.944-945. Ibn Sa‘d, Kitab al-tabaqat, Vol. II, Parte I, p.110 (Edición de E. Sachau, Leiden,
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DE LA TRADICIÓN MUSULMANA Y LAS FUENTES ÁRABES.
Otras fuentes mencionan que Hakim b. Hizam, sobrino de Khadija, la
primera esposa de Muhammad, reclamó y pidió más camellos. Según al-Waqidi
llegó a adquirir trescientos camellos,156 mientras que Ibn Sa‘d asegura que fueron
doscientos.157 De nuevo las interrogantes que se suscitan respecto de la batalla
de Hunayn y del reparto del botín. Nunca sabremos con exactitud la cantidad
exacta de camellos que recibió este hombre, pero en ambos casos parecen cifras
exageradas.
También al-Tabari menciona los nombres de los tres líderes Quraysh, la
misma tribu de Muhammad, que recibieron del Profeta menos de cien camellos,
pero no se preservó la tradición con la cantidad exacta de estos animales. La
lista de los tres Quraysh es la siguiente:
Makrama b. Nawfal b. Uhayb al-Zuhri. ‘Umayr b. Wahb al-Jumahi.158
Hisham b. ‘Amr, un hemando de los Banu ‘Amir b. Lu’ayy.159
De igual forma el autor de Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, cita la tradición
de los dos hombres que recibieron cincuenta camellos cada uno, siempre con la
idea de acercarlos a la causa del Islam y ganarse su apoyo. Estos dos hombres
fueron:
Sa‘id b. Yarbu‘ b. ‘Ankatha b. ‘Amir b. Makhzum y ‘Adi b. Qays alSahmi.160
Al-Tabari asimismo menciona que a ‘Abbas b. Mirdas el Profeta le entregó
unos cuantos camellos, cantidad que no se establece con precisión, pero agrega
que este hombre no estuvo conforme con la parte del botín que se le adjudicó.161
1904-1908).
156
Waqidi, Kitab al-Maghazi, Vol. III, p.945.
157
Ibn Sa‘d, Kitab al-tabaqat, Vol. I, Parte 2, p.179 (Edición de E. Sachau, Leiden, 19041908).
158
Makrama b. Nawfal b. Uhayb al-Zuhri luchó contra los musulmanes en Badr.
159
Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1680 (Edición de Leiden).
160
Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1680 (Edición de Leiden).
Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, pp.1680-1681 (Edición de Leiden), donde
explica estos detalles. Posteriormente analiza los casos de otros musulmanes que no estuvieron
conformes con lo que les correspondió del reparto del botín. Véanse también: Malik Ibn Anas,
161
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En algunas otras fuentes se dice que el número de camellos para cada
combatiente fue de cincuenta, lo que asimismo parece exagerado y poco consistente
con las otras cifras contenidas en otras tradiciones, pues si consideramos, como
se asegura que eran doce mil combatientes (probablemente fue una cifra mucho
menor) y se capturaron seis mil camellos (también debe de haber sido un número
menor) no alcanzaría matemáticamente este último número de animales para
otorgar a cada soldado cincuenta camellos, aún cuando muchos hubieran muerto
en la refriega.162 Esto es otra inconsistencia e interrogante en torno a esta batalla
y el ‫( منغلا ديلقت‬reparto del botín). Por otra parte, algunos de los soldados que
participaron en la batalla de Hunayn se quejaron de que solo les dieron unas
pocas bestias. Entre ellos destacó el caso de ‘Abbas Ibn Mirdas, quien además
se quejaba en verso, 163 por lo que el Profeta ordenó: ¡“Cortádle la lengua!”.
En circunstancias diferentes y para otra persona, esta orden probablemente
los musulmanes la hubieran cumplido de inmediato. Sin embargo, por tratarse
de ‘Abbas Ibn Mirdas, más bien interpretaron que era necesario satisfacer su
codicia y le dieron más camellos.164 Como resulta obvio de esta queja es que
la tradición puede no ser verídica de que a cada combatiente le otorgaron en el
reparto cincuenta camellos. Todavía hay otra versión en las fuentes árabes que
afirma que cada combatiente recibió cuatro camellos o cuarenta corderos,165 lo
que parece más verosímil, pero todavía es imposible comprobar su veracidad.
Algunos otros asimismo se quejaron ante el Profeta del reparto. Uno de
los compañeros de Muhammad le indicó que él le había otorgado parte del botín
a ‘Uyayna b. Hisn y a al-Aqra’ b. Habis, pero que había dejado por fuera de ese
al-Muwatta’, p.254. Ahmad Ibn Hanbal, al-Musnad, Vol. III, pp.426-427. Vol. IV, p.69. Vol.
V, p.380.
162
Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1680 (Edición de Leiden).
163
Tabari cita el poema hiriente que declamó en el que muestra su inconformidad con los
camellos que se le adjudicaron en el reparto. Para mayores detalles véase: Tabari, Ta’rikh alRusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1681 (Edición de Leiden).
Para mayores detalles véase: Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1681 (Edición
de Leiden). Véase también: Gaudefroy-Demombynes, Mahoma, p.147.
165
Waqidi, Kitab al-Maghazi, Vol. III, p.949.
164
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DE LA TRADICIÓN MUSULMANA Y LAS FUENTES ÁRABES.
reparto a Ju‘ayl b. Suraqa al-Damri, a lo que el Rasul Allah respondió con las
siguientes palabras que preservó la tradición y que al-Tabari cita en su obra:
Por Aquel en cuya mano está mi alma, Ju‘ayl b. Suraqa al-Damri es mejor
que el mundo entero lleno de hombres como ‘Uyayna b. Hisn y al-Aqra’
b. Habis; pero los he tratado con generosidad para que ellos abracen el
Islam y he confiado [más bien] a Ju‘ayl b. Suraqa al-Damri a su Islam.166
Lo anterior suscita asimismo algunas interrogantes y nos muestra la
forma en que de alguna manera, fuera por motivos políticos, o bien por razones
religiosas de atraer a nuevos adeptos al Islam, o que los neófitos fortalecieran
su fe, el Rasul Allah repartió el botín capturado en Hunayn de la forma que
él creyó conveniente y atinada. Obviamente los reclamos se consideraban
inaceptables, pues se trataba de la decisión del Enviado de Allah, cuyas normas
eran y son incuestionables. No obstante esto, muchos reclamaron y demandaron
de Muhammad una mejor parte del botín. ¿Consideraron injusto el reparto?
¿Pensaron que a algunos se les beneficiaba en detrimento de otros? ¿Por qué
las dudas y reclamos? Todas son interrogantes que no se pueden responder con
acierto ni a partir de las tradiciones musulmanas ni a partir del estudio de las
fuentes árabes.
La siguiente tradición asimismo preservada por al-Tabari, nos muestra
las particularidades intrínsecas a todo este asunto del reparto de los al-Anfal
capturado en Hunayn, pues se indica, contra todo lo que se establece en las
decisiones inapelables del Rasul Allah, que otro que se quejó fue Dhu alKhuwaysira de los Banu Tamim. Éste habló al Profeta y le dijo que él no había
sido justo en el reparto del botín capturado en Hunayn, por lo que Muhammad
se enfureció y entonces le explicó que si no había justicia con él, con quién más
podría haber justicia en el mundo. Entonces ‘Umar Ibn al-Khattab le manifestó
al Rasul Allah que si él le daba permiso mataría a ese hombre. Muhammad se
Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, pp.1681-1682 (Edición de Leiden). Traducción
de los autores.
166
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opuso a ajusticiar a Dhu al-Khuwaysira.167
En esta tradición preservada por al-Tabari, se afirma que Dhu al-Khuwaysira
se quejaba ante el Profeta por el reparto del botín capturado en Hunayn. Sin
embargo, otra tradición asimismo preservada por al-Tabari y que este cronista
la cita con detalle, contradice la anterior,168 pues indica que Dhu al-Khuwaysira
le reclamaba al Profeta el reparto de los bienes que ‘Ali Ibn Abi Talib había
capturado en el Yemen y que había enviado al Rasul Allah. Según esta otra
tradición no se quejaba por el reparto del botín obtenido en Hunayn. En este
asunto de nuevo observamos las contradicciones y las múltiples interrogantes
que suscita la batalla de Hunayn y el reparto del botín capturado en esta
contienda. Como ya se ha indicado para otros casos, nunca sabremos la verdad
de este asunto y los verdaderos motivos de las quejas de Dhu al-Khuwaysira. Lo
importante a señalar es que hubo muchos que reclamaron una mayor parte del
botín e inclusive acusaron al Profeta, como en este caso particular, de injusticia
en la distribución de los al-Anfal.
Hay en las fuentes árabes un acontecimiento que se menciona que ocurrió
después del reparto del botín capturado en la ghazwat Hunayn y se refiere al caso
de que un Compañero del Profeta relató que después de Hunayn iba jineteando su
bestia y tenía puestas unas sandalias muy rústicas, poco acabadas y ásperas. Su
animal se acercó mucho al Enviado de Dios que a su vez iba también jineteando.
Este hombre con su sandalia golpeó accidentalmente al Rasul Allah, golpe que le
causó una herida y dolor. Entonces Muhammad con su látigo golpeó con fuerza
el pie de su Compañero diciéndole que le había dolido y que se fuera a cabalgar
detrás de él. Al día siguiente el Mensajero de Allah lo estaba buscando y lo
mandó a llamar. Deseaba compensarle el dolor que le había causado el latigazo
Véase para mayores detalles: Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1682 (Edición
de Leiden), donde explica estos asuntos. En las fuentes árabes y al-Tabari no es una excepción,
167
es posible observar el fuerte carácter y con frecuencia violento de ‘Umar Ibn al-Khattab.
168
Para mayores detalles véase: Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1682 (Edición
de Leiden).
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DE LA TRADICIÓN MUSULMANA Y LAS FUENTES ÁRABES.
del día anterior y por ello le otorgó ochenta ovejas. 169 Esta historia que parece
común y de la vida diaria, nos lleva a preguntarnos por los números de camellos,
ovejas y otros animales que se podían capturar en una sola batalla y la forma
en que se repartían como botín de guerra. Todo esto nos mueve a preguntarnos:
¿De dónde tendría Muhammad esas cantidades de animales para luego repartir?
¿Serán cifras exageradas? ¿Sería que el Profeta dispuso para compensar a su
Compañero con ese número de ovejas, de la quinta parte del botín de guerra
que se reservaba al Estado islámico? ¿Lo habría hecho de la parte del botín que
le correspondió a él? Son preguntas que las fuentes no nos permiten contestar
con acierto. Solo nos es posible especular y volver sobre lo mismo: las fuentes
árabes parecen exagerar los números.
Mientras estaban en este reparto en Ji‘rana, que suscita tantas dudas,
llegaron a Muhammad diecinueve jefes tribales de los Hawazin del clan de los
Banu Sa‘d b. Bakr que deseaban la paz y la conversión de toda la tribu al Islam. 170
Otras fuentes árabes tienen información diferente, como por ejemplo el Kitab
al-tabaqat de Ibn Sa‘d que provee datos diferentes a los de al-Tabari. 171 Ibn
Sa‘d asegura que eran catorce los miembros de los Hawazin que se dirigieron
al Profeta. Zuhayr b. Surad, conocido como Abu Surad 172 era quien presidía
la delegación de los Hawazin y le informó al Rasul Allah que todos deseaban
convertirse al Islam. También le suplicó que los musulmanes devolvieran a
estos delegados sus esposas e hijos capturados en Hunayn. Muhammad aceptó
su conversión y la de todos los miembros de los Hawazin y les informó que
estaba dispuesto a devolverles sus bienes y sus familias, pero de la parte que
personalmente le correspondía a él. Los emisarios de los Hawazin asimismo
Esta historia la preservó al-Tabari. Para mayores detalles véase: Tabari, Ta’rikh al-Rusul
wa al-Muluk, Vol. I, p.1683 (Edición de Leiden).
170
Para mayores detalles al respecto véase: Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I,
p.1675 (Edición de Leiden). Véase también: Ibn Hisham, Sirat al-Nabi, Vol. IV, passim
169
(Edición publicada por Dar al-Tala’i‘ en Madinat Nasr, El Cairo).
171
Véase: Ibn Sa‘d, Kitab al-tabaqat, Vol. I, Parte I, p.72.
172
Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1675 (Edición de Leiden).
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reclamaron los miembros de las familias de los otros integrantes de los Hawazin
que permanecían cautivos en manos de los musulmanes. Para lograr esto último
suplicaron la intercesión del Mensajero de Allah ante los otros combatientes
musulmanes para que a su vez devolvieran las mujeres y los niños capturados.
Por este motivo el Rasul Allah con habilidad reunió a los jefes de las diferentes
unidades del ejército y los convenció de que ellos también renunciaran a su
parte de los cautivos. Muy pocos rehusaron hacerlo y la gran mayoría siguió
las sugerencias del Enviado de Allah, tanto de los Muhajirun como de los alAnsar. 173 ‘Uyayna b. Hisn, por ejemplo, rechazó tajantemente la idea o sugerencia
de devolver las mujeres que se le habían adjudicado en el reparto y lo hizo a su
nombre y a nombre de los Banu Fazara al-Aqra’ Ibn Habis al-Tamimi. Según las
fuentes, con vehemencia indicó que a lo que a él concernía, así como a todos los
Banu Tamim, ninguno de ellos renunciaría al botín asignado.174
Por otro lado, ‘Abbas b. Mirdas rehusó devolver lo que consideraba
como su propiedad capturada en Hunayn y habló al mismo tiempo a nombre
de los Banu Sulaym, a los que representaba. 175 Sin embargo, los Banu Sulaym
no siguieron sus indicaciones, aceptaron más bien las peticiones del Profeta y
entregaron a los cautivos. Fue entonces cuando el Rasul Allah prometió que
aquel que devolviera a los cautivos, recibiría seis camellos del próximo botín,
por cada uno de los cautivos que entregara a sus familias. Al-Tabari asegura que
los musulmanes entonces regresaron las mujeres y los niños a sus familias.176
La historia continúa y algunos con insistencia trataron de convencer a ‘Uyayna
b. Hisn para que devolviera la mujer que todavía mantenía en su poder. Parece
que tanto le insistieron que finalmente aceptó entregarla a sus familiares por los
Véase: Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1676 (Edición de Leiden).
174
Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1676 (Edición de Leiden). Al-Tabari nos
explica en su obra que algunos musulmanes estaban muy satisfechos con lo que habían
obtenido como botín de guerra y rehusaban con vehemencia devolver parte del al-Anfal.
173
Para mayores detalles al respecto véase: Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1676
(Edición de Leiden).
176
Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1676 (Edición de Leiden).
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seis camellos que había ofrecido el Profeta del próximo botín.177 Sin embargo,
respecto de las informaciones contenidas en las fuentes no se puede llegar a una
conclusión definitiva. Solo es posible indicar que así parece haber sido.
Después de esto, el Profeta preguntó por Malik Ibn ‘Awf y le indicaron
que todavía estaba en al-Ta’if. Entonces les pidió que le informaran que si él
abrazaba el Islam, el Mensajero de Allah le devolvería todos sus bienes (que
se habían preservado intactos y no se habían repartido) y que además le daría
adicionalmente cien camellos más. Cuando Malik Ibn ‘Awf se enteró de este
ofrecimiento, salió de al-Ta’if furtivamente y sin que nadie lo viera, pues temía
una represalia de la tribu de los Thaqif. Se reunió con el Profeta en Ji‘rana o en
la Meca, pues las fuentes no indican con precisión el lugar dónde lo hicieron.
Malik se convirtió al Islam y recibió a cambio su familia, sus bienes capturados,
más los cien camellos adicionales. También el Rasul Allah lo puso a cargo de sus
parientes y de las tribus musulmanas de los alrededores de al-Ta’if. Lo anterior
nos muestra también la habilidad diplomática y estratégica del Profeta que iba
convenciendo a más y más tribus para que se convirtieran al Islam, con lo cual se
difundía con rapidez esta religión. Sin duda los ofrecimientos materiales también
sirvieron de aliciente para muchas qaba’il árabes. De nuevo la interrogante es
sobre el número de camellos que ofreció el Profeta Muhammad a Malik Ibn ‘Awf
por su conversión al Islam. ¿De dónde se obtendrían? ¿De lo que personalmente
le correspondió al Rasul Allah, o de la quinta parte reservada al Estado islámico
que, como ya se ha indicado, Muhammad administraba? Son interrogantes que
no podemos responder de forma clara, sino solo especular. En todo caso, llama
la atención, una vez más, el elevado número de esos animales que contiene la
tradición islámica y que preservaron las fuentes árabes, en especial Ibn Ishaq,
Ibn Hisham, al-Waqidi, Ibn Sa‘d y al-Tabari, entre tantos otros.
Durante el reparto de los al-Anfal en Ji‘rana el Rasul Allah ordenó otorgar
porciones mayores del botín a los que merecían más.178 Esto asimismo suscita
177
178
Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1677 (Edición de Leiden).
Véase Ibn Sa‘d, Kitab al-tabaqat, Vol. II, pp.149-157. (Edición de Beirut, 1957-1960).
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interrogantes, pues ¿cómo establecer la diferencia entre quiénes merecían más y
quiénes menos? ¿Podría interpretarse como favoritismo hacia ciertas personas,
familias, clanes o tribus? El Rasul Allah ordenó, por ejemplo, otorgar el doble a
los soldados de la caballería sobre los de la infantería, lo que parece lógico, dado
que el primero, a diferencia del segundo, provee su propio caballo para la batalla.
Lo que ocurrió inmediatamente después en Ji‘rana con el reparto de los al-Anfal
capturados en Hunayn, es reflejo de la insatisfacción de muchos musulmanes
que combatieron y que notaron ese posible favoritismo, como lo conservó la
tradición. Malik Ibn Anas en su al-Muwatta’ preservó esta tradición e informa
que al cabalgar el Profeta sobre su camella muy cerca de un árbol, porque muchos
lo estaban presionando y siguiendo y a grandes voces le reclamaban una parte
mayor del botín capturado en Hunayn, su capa se enredó entre las ramas y cayó
al suelo y entonces dijo:
“Devolvedme mi capa. ¿Acaso teméis que no reparta entre vosotros lo
que Allah os ha dado como botín? Y, ¡Por Aquel en Cuya mano está mi
alma!, que si Allah os diera como botín tantos camellos como las acacias
de Tihama los repartiría entre vosotros, y no me encontraríais tacaño, ni
cobarde,179 ni mentiroso.” Y cuando el Mensajero de Allah (la paz sea con
él) desmontó, se puso de pie entre la gente y dijo: “Cumplid (incluso en)
un hilo o una aguja, porque el fraude es una vergüenza, un fuego y una
ignominia para quienes lo practican.” Dice: “Luego recogió de la tierra
un pelo de camello, o algo así y dijo: “¡Por Aquel en Cuya mano está mi
alma!, que no me corresponde de lo que Allah os ha dado como botín ni
siquiera algo como esto, a excepción del quinto; y el quinto revierte a
Véanse también: Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, pp.1675-1686 (Edición de
Leiden). Ibn Kathir, Al-Sirat al-Nabawiyya, Vol. III, pp.638 ss. (Edición de El Cairo, 1964).
179
En términos generales la cobardía en el Islam está muy mal vista. Los egipcios modernos
tienen un proverbio que se burla de los soldados cobardes y dice así: ‫لتق نمريخ هللا هازخا رف‬
‫“( هللا همحري‬Él huyó, ¡desgracia para él!”, es mejor que: “¡él fue asesinado [en el combate]
Allah tenga misericordia de él!”). Para mayores detalles véase: Burckhardt, Arabic Proverbs,
p.171.
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DE LA TRADICIÓN MUSULMANA Y LAS FUENTES ÁRABES.
vosotros”.
180
Es posible inferir que después de estas fuertes palabras del Profeta, quienes
demandaban una mayor parte del botín se hubieran tranquilizado y se hubieran
conformado con lo que les correspondió, pues la tradición no vuelve sobre estas
quejas, ni nos informa sobre nuevos reclamos. Esto es lo que podemos suponer
del contexto ya que las fuentes guardan silencio sobre nuevos reclamos por el
botín.
En relación con el reparto del botín en Hunayn, tanto al-Waqidi, como
al-Tabari citan una tradición más en la que se asegura que a cada hombre de
infantería se le otorgaron cuatro camellos o cuarenta ovejas, lo que agrega mayor
confusión a todo lo que se viene explicando.181 Al respecto al-Waqidi escribió
las siguientes líneas:182
‫ هللا لوسررمأ مث‬، ‫ ملسو هيلع هللا ىلص‬، ‫سانلا ءاصحإب تباث نب ديز‬
‫ مئانغلاو‬، ‫ سانلا ىلع اهضف مث‬، ‫ مهماهس تناكف‬، ‫نوعبرا وأ لبإلا نم عبرأ لجر لكل‬
‫ةاش‬.
Entonces el Rasul Allah, la paz sea con él, ordenó a Zayid bn. Thabit
estar a cargo (contabilizar a la gente del Profeta y el botín de guerra) del
reparto (de los cautivos y) de los botines [de guerra] y los repartió entre
todos y así a cada hombre [se le otorgaron] cuatro camellos o cuarenta
ovejas.183
Estas cifras parecen más razonables, aunque debido a las divergencias en
Malik Ibn Anas, Al-Muwatta’, p.254. Véanse también: Ahmad Ibn Hanbal, Al-Musnad,
Vol. III, pp.426-427. Vol. IV, p.69. Vol. V, p.380. Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol.
I, pp.1678-1679 (Edición de Leiden).
181
Para mayores detalles véanse: Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1685 (Edición
180
de Leiden). Waqidi, Kitab al-Maghazi, Vol. III, p.949.
182
Waqidi, Kitab al-Maghazi, Vol. III, p.949. Traducción de los autores.
183
Waqidi, Kitab al-Maghazi, Vol. III, p.949. Traducción de los autores.
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las otras tradiciones se nos hace imposible saber con exactitud los números de
animales que se otorgaron a cada soldado, de infantería o de caballería. Al-Tabari
también menciona que al-Waqidi asegura que a los hombres de la caballería se
le otorgaron partes adicionales del botín, por haber contado con un caballo para
el combate.184 Sin embargo, al-Tabari no es específico en esta información que,
obviamente, añade más dificultades al citar otra tradición más. Al-Waqidi en
su Kitab al-Maghazi, indica que los hombres de la caballería recibieron doce
camellos o ciento veinte ovejas.185 Así escribió:
‫ لبإلا نم ةرشع ىتنثا ذخأ اسراف ناك نإف‬، ‫ ةاش ةئامو نيرشع وأ‬، ‫هعم ناك نإو‬
‫هل مهسي مل دحاو سرف نم رثكأ‬
A cada caballero se le otorgaron doce camellos o ciento veinte ovejas y
aunque (el caballero) tuviera más de un caballo, no se le dio más.186
Lo anterior agrega más cuestionamientos y suscita nuevas inquietudes
sobre el número de animales capturados y luego las formas en que se repartieron.
Todo ello es debido a las distintas tradiciones que contienen las diferentes fuentes
históricas, como las mencionadas de al-Waqidi y al-Tabari.
Después de la batalla de Hunayn y del reparto del botín, el Profeta envió
a ‘Amru b. al-‘As a recaudar la sadaqa (a veces se utiliza este término como
sinónimo de la zakat)187 de los dos clanes Jayfar y ‘Amr, que eran los líderes del
grupo Julanda, perteneciente a la tribu de los Azd. Estaban ubicados en ‘Uman
y ya habían aceptado el Islam. 188 Este asunto es importante, pues nos deja ver
Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1685 (Edición de Leiden). Waqidi, Kitab
al-Maghazi, Vol. III, p.949.
185
Waqidi, Kitab al-Maghazi, Vol. II, p.949.
186
Waqidi, Kitab al-Maghazi, Vol. III, p.949. Traducción de los autores.
187
Sadaqa usualmente se traduce como caridad y zakat como una limosna obligatoria. Si la
limosna es obligatoria puede considerarse como un impuesto. En el caso del Islam sería un
impuesto religioso y la zakat constituye uno de los cinco pilares (arkan) del Islam.
184
Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1686 (Edición de Leiden). Tabari asegura
que ‘Amru b. al-‘As recaudó sin problemas los impuestos en la zona, pero devolvió a los
pobres lo que les había cobrado.
188
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DE LA TRADICIÓN MUSULMANA Y LAS FUENTES ÁRABES.
la aplicación de una práctica relevante en el Islam y que constituye uno de
los cinco pilares de la religión. También debemos tener en cuenta que ‘Amru
b. al-‘As igualmente recaudó el jizya, el impuesto de capitación, de entre los
zoroastrianos que vivían en esta zona.
Toda la situación del regreso de Muhammad a Medina, tras la ghazwat
Hunayn y su fracaso militar en al-Ta’if, era un poco tensa, pues los al-Ansar
veían la generosidad del Rasul Allah con los miembros de su tribu Quraysh y
al mismo tiempo temían un trato diferente, sobre todo si el Profeta finalmente
se iba a vivir a la Meca, su ciudad natal.189 Estos acontecimientos los resume
Maurice Gaudefroy-Demombynes, que sigue muy de cerca a al-Tabari, con las
siguientes palabras:
Los ansar que, como ya hemos visto, habían podido temer que Mahoma
volviese a habitar en su ciudad natal, sentían renacer sus temores
viéndolo tan generoso a favor de los coreichitas.190 Los reunió en un
recinto, apartados de los refugiados, les recordó su antigua intimidad,
y les repitió su voluntad de quedarse entre ellos: “¿No os consideráis
satisfechos con que esa gente se vaya con camellos y corderos mientras
que vosotros volvéis a vuestras moradas con el Enviado de Alá? Señor,
conserva en tu misericordia a los ansar, a los hijos de los ansar, y a los
hijos de sus hijos, que en el Día del Juicio vuelvan a encontrarse conmigo
alrededor de mi estanque.” Los ansar lloraron; y “sus lágrimas corrían
por sus barbas”. 191
Cuando el Profeta ya se encontraba en la ciudad de Medina, de regreso de
las campañas referidas, llegó a él una delegación de la tribu Thaqif que moraba
en la ciudad de al-Ta’if. A los Thaqif los acompañaron algunos de sus aliados,
Véase: Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, pp.1683-1685 (Edición de Leiden).
190
Se refiere a la tribu Quraysh, la misma del Profeta. En la traducción de la obra Mahoma de
189
Gaudefroy-Demombynes se españolizó el término por coreichitas.
191
Gaudefroy-Demombynes, Mahoma, p.148. Para mayores detalles véase Tabari, Ta’rikh alRusul wa al-Muluk, Vol. I, pp.1683-1685 (Edición de Leiden).
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no sometidos todavía al Islam. Es oportuno recordar que estas qaba’il habían
sido objeto de varios ataques de las tribus árabes ya convertidas al Islam y por
lo tanto sometidas a la autoridad de Muhammad. El que dirigía esos ataques de
varias otras tribus contra los Thaqif de al-Ta’if, era Malik b. ‘Awf, pero de la
rama de los Hawazin, el mismo que enfrentó al Profeta en Hunayn. Sin embargo,
debido a las promesas de Muhammad, las que ya hemos referido, había abrazado
el Islam.192
Otro cuestionamiento que suscita la batalla de Hunayn y los acontecimientos
que tuvieron lugar alrededor de esta campaña militar es que según algunas
tradiciones preservadas por al-Tabari, Malik b. ‘Awf pudo haberse reunido
con Muhammad en Ji‘rana, pero también se indica que pudo haber sido en la
Meca. Dos sitios más a lo que señalan otras tradiciones que aseguran que fue
en Medina.193 Tras su conversión al Islam, Malik b. ‘Awf tenía la obligación
de hostigar a los Thaqif de al-Ta’if, para lo que contaba con el apoyo de las
tribus Thumala, Salima y Fahm, ya convertidas al Islam.194 Debido a los
inconvenientes que debían enfrentar diariamente en la ciudad de al-Ta’if, los
Thaqif decidieron enviar una delegación a Medina para hablar con Muhammad
y anunciarle al Profeta que aceptaban el Islam.195 Llegaron a negociar y tenían
una gran desconfianza, pues se indica que no comían nada de lo que les ofrecían
a menos que sus interlocutores medineses hubieran ingerido parte de los mismos
alimentos.196 Según se asevera en las fuentes, deseaban que el Profeta los
dispensara de la plegaria y pedían un plazo de tres años para deshacerse de su
ídolo. El Rasul Allah, no aceptó esas condiciones y los Thaqif no tuvieron otra
Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1678 (Edición de Leiden).
193
Véase: Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1678 (Edición de Leiden).
194
Véanse: Ibn Hisham, Sirat al-Nabi, Vol. IV, pp.39 ss. (Edición publicada por Dar al-Tala’i‘
en Madinat Nasr, El Cairo). Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1678 (Edición de
Leiden).
195
Para mayores detalles véase: Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.1678 (Edición
192
de Leiden).
196
Para más información al respecto, véanse las atinadas explicaciones de GaudefroyDemombynes, Mahoma, p.148, para lo que sigue minuciosamente la obra de al-Tabari.
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opción más que abrazar el Islam de forma clara y directa, con el propósito de
lograr la paz. Es más, se asegura que el tesoro del ídolo de los Thaqif en alTa’if, sirvió para pagar las deudas que tenía el jefe de la tribu que se convirtió al
Islam.197 A esta conversión de los Thaqif, que siguió a la de los Hawazin como
ya se indicó, debemos agregar que también se sometieron a Allah y abrazaron el
Islam las tribus de los Ghatafan y de los Sulaym.
Las delegaciones de las diversas tribus que llegaban al Profeta para
someterse al Islam, tanto de las tribus de la Confederación del Norte (Mudar,
Qays, Qays ‘Aylan), como de la Confederación de las tribus del Sur (Qahtan,
Kalb, Yemen), con frecuencia llevaban una serie de instrucciones que los jefes
de las qaba’il enviaban con sus representantes en las que se hacía saber lo
que reclamaban. Aprovechaban entonces la ocasión para indicar que toda la
tribu iba a someterse al Islam. Tanto Ibn Hisham en su Sirat al-Nabi, como
al-Tabari en su Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, entre otras fuentes, contienen
descripciones pormenorizadas de estos acontecimientos.198 Las fuentes relatan
que a las delegaciones las recibía Bilal (el primer negro convertido al Islam,
como agradecimiento de que los musulmanes compraron su libertad), para lo
que se seguía un ceremonial que el Profeta había establecido. Las delegaciones
habitaban en la casa de los huéspedes, que usualmente era la de Ramla bint alHarith al-Najariyya, donde los trataban con cortesía y generosidad por espacio de
diez días y luego estos representantes de sus jefes tribales regresaban colmados
de regalos,199 lo que se puede considerar como un ejemplo de la tradicional
hospitalidad árabe.
La batalla de Hunayn suscita muchas interrogantes que no podemos
responder con acierto, ni a partir de las tradiciones musulmanas, ni a partir de las
Gaudefroy-Demombynes, Mahoma, p.148.
Véase: Ibn Hisham, Sirat al-Nabi, Vol. IV, passim (Edición publicada por Dar al-Tala’i‘ en
Madinat Nasr, El Cairo).
197
198
Para más información véase: Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, p.175 (Edición
de Leiden). Al-Tabari enumera todas las campañas militares de Muhammad. Véase: Tabari,
Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. I, pp.1756-1757 (Edición de Leiden).
199
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fuentes árabes. Sin embargo, esta ghazwa, significó un gran éxito militar para el
Profeta. Después del enfrentamiento el Rasul Allah repartió el botín de manera
que consolidó la reciente conversión al Islam de algunas personas y tribus. Este
triunfo castrense le permitió asimismo ejercer presión, desplegar su diplomacia
y desarrollar algunas tácticas para lograr la conversión de los Hawazin y de los
Thaqif de al-Ta’if. Con estas conversiones el Islam se difundió con gran rapidez
entre estas y otras tribus de esas regiones.
3. ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE EL FRAUDE CON LOS AL-ANFAL
(LOS BOTINES) DE GUERRA EN LOS PRIMEROS TIEMPOS DEL
ISLAM Y SU CONDENA EN EL INFIERNO.
En un gran número de ahadith el Profeta prohibió el fraude con los alAnfal, como el hadith citado más arriba de al-Muwatta’ de Malik Ibn Anas.
200
En otros ahadith se asegura que el fraude es una vergüenza y un serio delito. 201 El
propósito de esta parte es analizar la prohibición del fraude con los al-Anfal, así
como explicar que no obstante las prohibiciones existentes muchos encontraron
medios para burlar la vigilancia y los controles y adquirieron riquezas de forma
fraudulenta. Es oportuno indicar que en esta sección se utiliza principalmente el
término al-Anfal para referirse a los botines de guerra, aunque hay otros términos
en árabe que se emplean con el mismo significado, como ghanima, ghunm y fay’
principalmente.
Malik Ibn Anas, Al-Muwatta’, p.254. Véanse también: Ahmad Ibn Hanbal, Al-Musnad,
Vol. III, pp.426-427. Vol. IV, p.69. Vol. V, p.380. Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol.
I, pp.1678-1679 (Edición de Leiden). En las notas que siguen no aparecen las referencias
completas de todas las obras, excepto aquellas en las que se consideró necesario. Para obtener
la referencia completa el lector deberá consultar la bibliografía.
200
Para mayores detalles véase: Malik Ibn Anas, Al-Muwatta’, p.254. Véanse también: Ahmad
Ibn Hanbal, Al-Musnad, Vol. III, pp.426-427. Vol. IV, p.69. Vol. V, p.380. Tabari, Ta’rikh alRusul wa al-Muluk, Vol. I, pp.1678-1679 (Edición de Leiden).
201
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LA BATALLA DE HUNAYN Y LOS INTERROGANTES QUE SUSCITA. REFLEXIONES EN TORNO AL PROBLEMA
DE LA TRADICIÓN MUSULMANA Y LAS FUENTES ÁRABES.
El Profeta Muhammad prohibió el fraude en todas sus formas, fuera en el
comercio,202 en las actividades de la vida diaria y en el reparto del botín (‫ديلقت‬
‫) منغلا‬.203 En el reparto del botín tras la batalla de Hunayn quedó claro que las
decisiones del Rasul Allah eran incuestionables, aunque algunos protestaron y
reclamaron una mejor parte de los al-Anfal ,como ya se explicó. También la
honradez y la justicia en el reparto del botín eran de extrema importancia y por
ello el fraude con los al-Anfal obtenidos en la lucha fi sabil Allah, era oprobioso
y condenable. En la batalla de Hunayn, por ejemplo, murió un hombre y cuando
le informaron al Profeta enunció el siguiente hadith que se complementa con
muchos otros:
“Rezad vosotros por vuestro compañero.” A los que estaban ahí al oír
esto les cambió la cara. Zayd aseguró que el Mensajero de Allah (la paz
sea con él) dijo: “Vuestro compañero ha cometido fraude en el camino de
Allah (es decir, en el reparto del botín)”. Dice: “Abrimos sus pertenencias
y encontramos abalorios de los judíos que no valían ni dos dirhams.”
204
El hadith anterior amerita algunos cometarios puntuales. En primer lugar
lo serio y denigrante de cometer fraude con el botín capturado en las campañas
militares por la causa de Dios, pues todo lo obtenido en estas expediciones fi
sabil Allah pertenece a Dios y a Su Enviado, de acuerdo con el al-Qur’an, sura
al-Anfal (los botines), número VIII, aya 1. 205 Lo anterior muestra la importancia
Respecto de la prohibición de fraude en la Sunna del Profeta, véase: Muslim, Sahih Muslim,
passim. Para mayores detalles véase también: Marín-Guzmán, “Trade and Traders in Islamic
Tradition”, passim. Roberto Marín-Guzmán, “Prohibitions and regulations of pre-Islamic
commercial transactions: the formation of early economic law in Islam”, en Revue Entreprise
et Commerce, (Université d’Oran, Argelia), No. 5, 2009, pp.67-102.
203
Para más información al respecto, véase: Bukhari, Sahih al-Bukhari, Vol. III, p.179.
También: Jean-Louis Déclais, “La kunya du Prophète et le partage du butin. Un midrash sur
Josué?”, en Arabica. Revue d’ études arabes et islamiques, Vol. XLVI, Fasc. 2, 1999, pp.176192.
202
Malik Ibn Anas, Al-Muwatta’, p.254.
205
Para la importancia de los botines capturados a los enemigos, tanto lo que contiene el
al-Qur’an al respecto, como la Sunna del Profeta, véase por ejemplo: Ibn Kathir, Tafsir al204
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de la hermandad entre los musulmanes, respetar los tratados que se han hecho
entre ellos, así como el reparto del botín. El Profeta agrega la condena del fraude/
robo de los al-Anfal. Es tan impactante este delito, que Muhammad no rezó por
el muerto aludido en líneas anteriores, porque había cometido un fraude con el
botín capturado. Es factible inferir que si el Rasul Allah no quiso rezar por ese
difunto –cuyo nombre no trascendió y no lo contienen las fuentes– ni implorar
la misericordia de Allah para que lo perdonara era debido a lo grave de la falta
cometida. Tampoco lo consideró un mártir, aunque hubiera muerto fi sabil Allah.
Probablemente con esta práctica el Mensajero de Allah manifestaba lo serio del
delito, pero permitió que sus compañeros rezaran por él. Del hadith se puede
igualmente deducir que queda entonces en al-‘adala, en la justicia de Allah, si
se salva o se condena. Otro asunto a comentar es el referente al escaso valor de
lo robado, que según lo manifestó el propio Profeta, no llegaba ni a dos dirhams
(la moneda de plata). De igual forma es importante llamar la atención sobre el
hecho de que los abalorios eran de los judíos, o bien, de lo capturado a los judíos
probablemente en Khaybar, aunque en la tradición no se indica con claridad el
sitio de su procedencia, lo que constituye una gran interrogante –entre muchasque suscita la batalla de Hunayn.
En al-Muwatta’ del jurista Malik Ibn Anas también se preservó otro
acontecimiento de la vida y obra de Muhammad, en que se describe otro incidente
de fraude.206 En una ocasión el Profeta fue a visitar a la gente tribu por tribu y
a pedir por ellos, pero de repente se alejó de una de las tribus.207 Cuando le
preguntaron la razón de ello respondió que habían encontrado en las albardas
de un hombre de esa qabila un collar de ónix obtenido fraudulentamente. No se
menciona que lo hubiera robado de los al-Anfal, pero es factible inferirlo del
Qur’an, Vol. III, pp.273-355. (Edición de Beirut, 1966). Véase también: Isma‘il Ibn ‘Umar
Ibn Kathir, Al-Musnad al-Faruq, Amir al-Mu’minin Abi Hafs Ibn ‘Umar Ibn al-Khattab wa
Aqwaluhu ‘ala Abwab al-‘Ilm, Dar al-Wafa’, Al-Mansura, Egipto, 1991 (Dos Volúmenes),
Vol. II, pp.582-584.
206
Malik Ibn Anas, Al-Muwatta’, p.254.
207
Para mayores detalles véase: Malik Ibn Anas, Al-Muwatta’, p.254.
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DE LA TRADICIÓN MUSULMANA Y LAS FUENTES ÁRABES.
contexto. El relato continúa indicando que entonces el Rasul Allah pronunció
el takbir sobre ellos –se entiende sobre los miembros de esa qabila– como se
hace con los difuntos. 208 Esta historia es asimismo relevante porque muestra
un caso más de fraude, probablemente con el botín obtenido en las campañas
fi sabil Allah. A diferencia del hadith mencionado anteriormente en el que se
explica que el Profeta no quiso rezar por un hombre que había cometido fraude
con el botín capturado en las actividades militares por la causa de Dios, quizá
en Khaybar, en esta otra ocasión al pronunciar el takbir sobre ellos como se
hace con los difuntos, los declaraba muertos. Además dio a entender que los que
cometían fraude con la ghanima obtenida en las batallas contra el enemigo, irían
a quemarse en el fuego del Infierno.
Otro caso de fraude con el botín de guerra se menciona asimismo referente
a la batalla por la conquista del oásis de Khaybar. Después de esta captura al
Profeta le regalaron un sirviente negro llamado Mid‘am. El Rasul Allah se dirigió
entonces al Wadi al-Qura209 y en este lugar, mientras Mid‘am bajaba la silla de
montar de Muhammad, una flecha perdida lo alcanzó y lo mató. Entonces la
gente dijo:
“Enhorabuena, suyo es el Paraíso”. Y dijo el Mensajero de Allah (la paz
sea con él): “¡No! por Aquel en Cuya mano está mi alma que el manto que
tomó el día de Khaybar procedente del botín y que no le había tocado en
el reparto, encenderá un fuego sobre él”.210
El hadith anterior nos da a entender y corrobora lo que antes había aseverado
el Profeta Muhammad, que los que hagan fraude o roben de los al-Anfal irán al
Infierno. Para el caso anterior del sirviente negro Mid‘am su manto arderá con
él, lo que puede interpretarse que Mid‘am estará en el Infierno.
Malik Ibn Anas, Al-Muwatta’, p.254.
209
Para más información sobre el Wadi al-Qura, véanse: Ibn Sa‘d, Kitab al-tabaqat, Vol.
208
II, pp.89 ss. (Edición de Beirut, 1957-1960). Shawqi, Ghazwat Khaybar. Al-Fath al-Qarib,
passim, en especial pp.108-110.
210
Malik Ibn Anas, Al-Muwatta’, p.255.
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Todo lo anterior referido a los casos de fraude con el botín capturado de
los enemigos en las batallas fi sabil Allah, se puede complementar con otra
tradición, asimismo compilada por Malik Ibn Anas, que pasó a ser parte de la
Sunna. En esta tradición el califa Abu Bakr, miembro de los Ashab al-Rasul,
le ordena diez cosas a Yazid Ibn Abi Sufyan, comandante de un batallón que el
califa envió a Bilad al-Sham (Siria), entre ellas no cometer fraude –se entiende
con el botín capturado– . Le dijo lo siguiente:
Y te encomiendo diez cosas: que no mates a ninguna mujer; ni a ningún
niño; ni a ningún anciano decrépito; y que no cortes ningún árbol que dé
fruto; ni arruines nada que esté habitado; ni mates a ninguna oveja, ni
camello, excepto para alimentarse; y que no quemes ninguna palmera, ni
la hagas pedazos; y no cometas fraude, ni seas cobarde.211
Si el fraude en el reparto del botín se dio en la época de Muhammad,
como los ejemplos ya señalados, es posible pensar que pudieron haber ocurrido
muchos casos más en las numerosas campañas militares que los musulmanes
llevaron a cabo hacia las distintas direcciones. No fue posible para las autoridades
musulmanas detectar todos los casos de fraude y por ello no quedaron registrados,
pero podemos especular, inferir, que muchos más pudieron haber tenido lugar a
lo largo de los siglos. Al respecto podemos mencionar lo acontecido en la captura
de los tesoros visigóticos en la conquista árabe-musulmana de al-Andalus en el
año 711.212 Aunque en las fuentes puede haber exageraciones en las cantidades
Malik Ibn Anas, Al-Muwatta’, p.248. Es oportuno recordar que el fraude, la hipocresía,
la envidia, la avaricia, la enemistad, la arrogancia, el engaño, entre tantas otras prácticas,
además de las enunciadas en el pasaje anterior, las condenaban con fuerza los juristas. Así
lo hicieron a lo largo de los muchos siglos del Dar al-Islam. Al respecto véase por ejemplo:
Ghazali, On Knowing this World and the Hereafter, p.41.
212
Ibn ‘Abd al-Hakam, Futuh Ifriqiyya wa al-Andalus, p.94. Abu Bakr Ibn ‘Umar Ibn alQutiyya al-Qurtubi, Ta’rikh Iftitah al-Andalus, editado y traducción al español (Historia de
211
la Conquista de España) de Julián Ribera, Tipografía de la “Revista de Archivos”, Madrid,
1926, passim. Kennedy, Las Grandes Conquistas Árabes, passim, en especial pp.370 ss.
Roberto Marín Guzmán, Sociedad, Política y Protesta Popular en la España Musulmana,
Albahri entre Oriente y Occidente. Revista independiente de estudios históricos, 2, enero - 2016, pp. 4 - 92.
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de riquezas capturadas, así como leyendas, al referirnos detalladamente a
estos asuntos podemos observar ciertas irregularidades ya que algunos líderes
militares, aprovechándose de las circunstancias, pudieron haber escondido
parte del botín capturado para usos personales, o para otros propósitos, como se
explica a continuación.
Las fuentes árabes describen minuciosamente los tesoros capturados por
Tariq bn Ziyad, en cuenta la ma’ida Sulayman, la mesa de Salomón, el famoso
rey judío de la Antigüedad. Esta era una exquisita mesa cubierta de oro, con
incrustaciones de piedras preciosas, de un valor que el cronista menciona de
200.000 dinares, (‫ )ىتئامب فلا رانيد‬tal como lo manifiesta Abu al-Qasim ‘Abd
al-Rahman b. ‘Abd Allah Ibn ‘Abd al-Hakam (m.871) en su Futuh Ifriqiyya wa
al-Andalus. Los visigodos custodiaban con gran celo este tesoro en un lugar
secreto a las afueras de Toledo.213 La obra de Ibn ‘Abd al-Hakam es una de las
más importantes para el estudio de la conquista de al-Andalus, dado que fue una
de las primeras fuentes y como tal resultó un punto de referencia obligatorio
de todos los cronistas posteriores que narraron las hazañas de Tariq bn Ziyad y
Musa Ibn Nusayr en la conquista de la península Ibérica.
Las descripciones de las riquezas que Tariq capturó en al-Andalus, tal
como lo narra Ibn ‘Abd al-Hakam, son de gran relevancia, aunque debemos
Editorial de la Universidad de Costa Rica, San José, 2006, passim, en especial pp.86-87.
Roberto Marín Guzmán, “La conquista árabe-musulmana de al-Andalus: entre la leyenda y
la realidad histórica”, en Diego Melo Carrasco y Francisco Vidal Castro, A 1300 años de la
conquista de al-Andalus (711-2011). Historia, cultura y legado del Islam en la Península
Ibérica, Centro Mohammed VI para el diálogo de civilizaciones, Coquimbo, Chile, 2012,
pp.133-188.
213
Ibn ‘Abd al-Hakam, Futuh Ifriqiyya wa al-Andalus, p.94. Véase también: Abu Bakr Ibn
‘Umar Ibn al-Qutiyya al-Qurtubi, Ta’rikh Iftitah al-Andalus, passim, en especial pp.128-129
del texto árabe, (pp.112-113 de la traducción al español) y p.139 del texto árabe, (pp.121122 de la traducción al español). Véase también: Roberto Marín Guzmán, “Los tesoros y
la ma’ida Sulayman (la mesa de Salomón) capturados en la conquista árabe de España: el
problema de las fuentes históricas y la rendición de cuentas de Tariq bn. Ziyad y Musa Ibn
Nusayr ante el califa en Damasco”, en Estudios de Asia y África, Vol. XLVIII, Número 2,
(151) 2013, pp.449-486.
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señalar que posiblemente las cantidades de esos tesoros están exageradas y se
ubican principalmente en el nivel de la leyenda por la cantidad de oro, plata,
piedras preciosas y otros bienes, incluyendo las coronas de los reyes visigodos.214
Sin duda la información respecto de la mesa de Salomón es una leyenda, pues
son muy pocas las fuentes que mencionan este tesoro, 215 y las referencias siguen
minuciosamente a los primeros cronistas iniciadores del mito. Por otro lado, solo
existen escasas menciones en algunas obras cristianas, quizá como repetición
de la leyenda. Algunos autores medievales inclusive aseguran que no era la
mesa de Salomón, sino que se trataba de un tesoro de origen visigodo. El hecho
de que este tesoro no haya sobrevivido, ni existan informaciones confiables y
contundentes en las fuentes árabes sobre su paradero, o sobre su suerte final, nos
lleva a la conclusión de que todo el asunto es un mito que sirvió el propósito de
alimentar la codicia y el interés de muchos para continuar las campañas militares
y las conquistas en Europa. La leyenda asegura que Tariq le arrancó una pata y
la sustituyó por otra de madera burda216 y tras entregar a Musa Ibn Nusayr los
tesoros capturados, le informó que desafortunadamente así había encontrado la
ma’ida Sulayman, mientras conservaba secretamente en su poder la pata original
Para mayores detalles véase: Ibn ‘Abd al-Hakam, Futuh Ifriqiyya wa al-Andalus, pp.94
ss. Véase también: Marín Guzmán, Sociedad, Política y Protesta Popular en la España
Musulmana, passim, en especial pp.86-87. Marín Guzmán, “La conquista árabe-musulmana
de al-Andalus: entre la leyenda y la realidad histórica”, pp.133-188. Marín Guzmán, “Los
tesoros y la ma’ida Sulayman (la mesa de Salomón) capturados en la conquista árabe de
España: el problema de las fuentes históricas y la rendición de cuentas de Tariq bn. Ziyad y
Musa Ibn Nusayr ante el califa en Damasco”, pp.449-486.
215
Entre las fuentes árabes que mencionan la mesa de Salomón está por ejemplo Ibn alQutiyya, Ta’rikh Iftitah al-Andalus, pp.128-129 del texto árabe, (pp.112-113 de la traducción
al español) y p.139 del texto árabe, (pp.121-122 de la traducción al español). Marín Guzmán,
“La conquista árabe-musulmana de al-Andalus: entre la leyenda y la realidad histórica”,
pp.133-188. Véase también: Marín Guzmán, “Los tesoros y la ma’ida Sulayman (la mesa de
Salomón) capturados en la conquista árabe de España: el problema de las fuentes históricas
y la rendición de cuentas de Tariq bn. Ziyad y Musa Ibn Nusayr ante el califa en Damasco”,
214
pp.449-486.
216
Ibn ‘Abd al-Hakam, Futuh Ifriqiyya wa al-Andalus, p.94. Marín Guzmán, “La conquista
árabe-musulmana de al-Andalus: entre la leyenda y la realidad histórica”, pp.133-188.
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arrancada a la mesa. Aquí vemos a un líder militar que conserva para sí parte
del botín capturado en la conquista fi sabil Allah, para aparentemente para los
propósitos que se explicarán más adelante, aunque siempre queda la duda de
que si no los hubiera mandado a llamar el califa y rendir cuentas en Damasco,
si se habría dejado la pata cubierta de oro y llena de piedras preciosas para
enriquecerse de los al-Anfal capturados. ¿Habrá habido otros casos semejantes
en al-Andalus o en otras latitudes? Es una pregunta cuya respuesta nos mueve a
la reflexión.
Mientras tanto, Musa Ibn Nusayr con su ejército conquistó Sevilla (con
la ayuda de su mawla Mughith), Mérida y otros pueblos en su camino a Toledo.
Musa y Tariq se encontraron en Talavera, cerca de Toledo, y juntos en el 714
dirigieron la captura de Zaragoza, Huesca y Lérida. La meta de los invasores
era adueñarse de la totalidad del reino visigodo. Después de estas conquistas
los musulmanes impusieron varios tributos a los pueblos sometidos. También
se dispuso la confiscación de las propiedades y riquezas de los visigodos que
hubieran muerto o huido durante las campañas militares. Los conquistadores
asimismo se apropiaron de los dineros de algunas iglesias.217
En las fuentes árabes hay información contradictoria acerca del lugar donde Tariq y
Musa se unieron para continuar juntos la conquista de muchas otras ciudades de al-Andalus.
Algunas fuentes afirman que se unieron en Talavera, que parece ser el lugar más indicado
y posible donde coincidieron los dos ejércitos para continuar juntos. Esta es la opinión más
aceptada por los historiadores. Sin embargo, hay otras fuentes que sostienen que ambos
conquistadores se unieron en Toledo. Todavía hay otras que aseguran que fue en Almaraz,
cerca de Talavera. Véase: Abu al-‘Abbas Ahmad Ibn Muhammad Ibn ‘Idhari al-Marrakushi,
Al-Bayan al-Mughrib fi Akhbar al-Andalus wa al-Maghrib, editado por Reinhart Dozy, G.S.
Colin, Évariste Lévi-Provençal, Dar al-Thaqafa, Beirut, s.f.e., Vol. II, p.8. También: Abu
al-‘Abbas Ahmad b. Muhammad al-Maqqari, Kitab Nafh al-Tib, editado por Reinhart Dozy
y Gustave Dugat, E.J. Brill, Leiden, 1855-1861, reimpresión, AMS, Amsterdam, 1967, Vol.
I, p.253. Akhbar Majmu‘a, editado y traducción al español de Emilio Lafuente y Alcántara,
Imprenta de M. Rivadeneyra, Madrid, 1867, p.18. Mustafa Abu Dayf Ahmad, Al-Qaba’il
al-‘Arabiyya fi al-Andalus Hatta Suqut al-Khilafa al-Umawiyya (710-1031), Dar al-Nashr
217
al-Maghribiyya, Casablanca, 1983, pp.42-43. Shams al-Din Abu al-Barakat Muhammad Ibn
Ahmad Ibn Iyas al-Hanafi, Kitab Nashq al-Azhar fi ‘Aja’ib al-Aqtar, manuscrito número 2407
(Mixt 1228), en Österreichischen Nationalbibliothek, Viena, passim, en especial p.17. Para
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Poco después el califa mandó a llamar a estos dos líderes militares para que
rindieran cuentas de lo ocurrido y de los tesoros capturados en al-Andalus. La
leyenda continúa y nos explica que finalmente Musa y Tariq llegaron a Damasco
y que rindieron cuentas al califa Sulayman, pues ya al-Walid I había muerto. Aquí
las fuentes discrepan y contienen informaciones disímiles y contradictorias. Abu
al-‘Abbas Ahmad b. Muhammad al-Maqqari, por ejemplo, en su Nafh al-Tib,218
explica, de acuerdo con Abu Marwan Ibn Hayyan, que fue el califa Sulayman Ibn
‘Abd al-Malik y no al-Walid I quien castigó a Musa Ibn Nusayr. Sin embargo, la
obra Ta’rikh Iftitah al-Andalus de Abu Bakr Ibn ‘Umar Ibn al-Qutiyya contiene
información distinta y asegura que Musa Ibn Nusayr entró en la corte del califa
al-Walid I antes de que éste muriera, no obstante lo que explica respecto del
emisario que Sulayman envió a Musa indicándole que retrasara el viaje lo más
posible para que cuando llegara a Damasco ya al-Walid I hubiera muerto. Esto
era con el propósito de que rindiera cuentas ante Sulayman que asumiría como el
nuevo Amir al-Mu’minin.219 Por otro lado, de acuerdo con Ibn ‘Abd al-Hakam,
Musa llegó a Damasco poco después de la muerte de al-Walid I, por lo que tanto
Musa Ibn Nusayr como Tariq bn Ziyad informaron al califa Sulayman de sus
conquistas y de los botines capturados en al-Andalus.220 Todo se complica aún
más detalles y descripciones de las distintas ciudades de al-Andalus, a pesar de que algunas
de esas descripciones son tardías, véase: Abu Yahya al-Qazuini, Kitab ‘Aja’ib al-Buldan,
manuscrito número 4895 gg 32, en la Biblioteca Nacional de Madrid, passim, especialmente
pp.477-478. Véase también: Marín Guzmán, “Los tesoros y la ma’ida Sulayman (la mesa de
Salomón) capturados en la conquista árabe de España: el problema de las fuentes históricas
y la rendición de cuentas de Tariq bn. Ziyad y Musa Ibn Nusayr ante el califa en Damasco”,
pp.449-486.
218
Maqqari, Nafh al-Tib, Vol. I, pp.167-168, en especial Vol. I, p.172. Véase también: Maqqari,
Nafh al-Tib, Vol. II, pp.7-8. También: Marín Guzmán, “La conquista árabe-musulmana de alAndalus: entre la leyenda y la realidad histórica”, pp.133-188.
219
Ibn al-Qutiyya, Ta’rikh Iftitah al-Andalus, pp.143-144, del texto árabe, (pp.124-125 de la
traducción al español).
Ibn ‘Abd al-Hakam, Futuh Ifriqiyya wa al-Andalus, passim. Para una versión diferente
de estos acontecimientos, véase: Ibn al-Qutiyya, Ta’rikh Iftitah al-Andalus, pp.143-144, del
texto árabe, (pp.124-125 de la traducción al español).
220
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más cuando al-Maqqari afirma que el califa al-Walid I ya había muerto para
cuando Musa Ibn Nusayr y Tariq bn Ziyad llegaron a Damasco.221 El nuevo
califa era Sulayman Ibn ‘Abd al-Malik. Abu Marwan ‘Abd al-Malik Ibn alKardabus, en su Ta’rikh al-Andalus, por otra parte, menciona que Sulayman
pidió a Musa que demorara su entrada a la corte y que llegara después de que
al-Walid I, ya muy enfermo, hubiera muerto.222 Ibn al-Kardabus describe que
Musa y Tariq llevaron a Damasco grandes cantidades de oro, plata, zafiros y
otras piedras preciosas, además de muchas otras cosas y tesoros.223 También
llevaron 400 esclavos (‫)مجعلا كولم نم لجر ةئام عبرا‬.
224
Musa ya había llegado
a Damasco, pero no a la corte. Sulayman, el nuevo califa, deseaba ser él quien
recibiera los tesoros que traía Musa desde al-Andalus.225 Contrario a todos estos
Maqqari, Nafh al-Tib, Vol. II, p.8. Véase también: Marín Guzmán, “Los tesoros y la ma’ida
Sulayman (la mesa de Salomón) capturados en la conquista árabe de España: el problema de
las fuentes históricas y la rendición de cuentas de Tariq bn. Ziyad y Musa Ibn Nusayr ante el
califa en Damasco”, pp.449-486.
222
Abu Marwan ‘Abd al-Malik, Ibn al-Kardabus, Ta’rikh al-Andalus li-Ibn al-Kardabus,
editado por Ahmad Mukhtar al-‘Abbadi, Ma‘had al-Dirasat al-Islamiyya bi-Madrid, Madrid,
1971, p.50. Véanse también: Marín Guzmán, “Los tesoros y la ma’ida Sulayman (la mesa de
Salomón) capturados en la conquista árabe de España: el problema de las fuentes históricas
y la rendición de cuentas de Tariq bn. Ziyad y Musa Ibn Nusayr ante el califa en Damasco”,
pp.449-486. Marín Guzmán, “La conquista árabe-musulmana de al-Andalus: entre la leyenda
y la realidad histórica”, pp.133-188.
223
Ibn al-Kardabus, Ta’rikh al-Andalus, p.50. Para más información sobre los tesoros véase
también: Ibn ‘Abd al-Hakam, Futuh Ifriqiyya wa al-Andalus, passim. Para mayores detalles
al respecto, véase: Marín Guzmán, Sociedad, Política y Protesta Popular en la España
Musulmana, passim, en especial pp.84-87.
224
Ibn al-Kardabus, Ta’rikh al-Andalus, p.50. Véanse también: Marín Guzmán, “Los tesoros
y la ma’ida Sulayman (la mesa de Salomón) capturados en la conquista árabe de España:
el problema de las fuentes históricas y la rendición de cuentas de Tariq bn. Ziyad y Musa
Ibn Nusayr ante el califa en Damasco”, pp.449-486. Marín Guzmán, “La conquista árabemusulmana de al-Andalus: entre la leyenda y la realidad histórica”, pp.133-188.
225
Ibn al-Kardabus, Ta’rikh al-Andalus, p.50. Véanse también: Marín Guzmán, “Los tesoros
y la ma’ida Sulayman (la mesa de Salomón) capturados en la conquista árabe de España:
221
el problema de las fuentes históricas y la rendición de cuentas de Tariq bn. Ziyad y Musa
Ibn Nusayr ante el califa en Damasco”, pp.449-486. Marín Guzmán, “La conquista árabemusulmana de al-Andalus: entre la leyenda y la realidad histórica”, pp.133-188.
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asuntos, el autor anónimo de la Crónica Mozárabe asegura, al igual que otras
fuentes, como por ejemplo Ibn al-Qutiyya entre otras autoridades musulmanas,
que Musa Ibn Nusayr y Tariq bn Ziyad entraron en la corte del califa al-Walid
I en Damasco.226 La Crónica Mozárabe afirma que el califa al-Walid I castigó a
Musa e inclusive le hizo montar en su burro viendo para atrás.227
De acuerdo con la leyenda, o lo que podría ser la realidad histórica, una
vez en Damasco, Musa y Tariq rindieron cuentas no a al-Walid I, sino al califa
Sulayman, lo que parece haber sido más posible, no obstante las informaciones
contradictorias en las fuentes árabes. Ibn ‘Abd al-Hakam asevera que Musa
rindió cuentas ante el califa Sulayman sobre los tesoros que él había capturado en
al-Andalus, incluyendo la valiosa mesa de Salomón, pero que desgraciadamente
la había encontrado con una pata menos. A esto Tariq tomó la palabra e indicó
que la historia no era así, sino que había sido él quien había obtenido ese gran
tesoro, en cuenta la mesa de Salomón, pero le había desprendido una pata, la
que había conservado, y que en ese momento presentaba al califa. Con esto se
establecía como evidente la mentira de Musa. En estos asuntos lo interesante
es notar que una importante fuente histórica como el Futuh Ifriqiyya wa alAndalus de Ibn ‘Abd al-Hakam presenta todas estas descripciones como hechos
históricos fidedignos, cuando en realidad son más bien parte de una leyenda, la
que se transmitió de crónica a crónica entre los historiadores árabes. Entre ellos
podemos mencionar a Abu Marwan Ibn Hayyan, cuyas referencias reproduce al-
Crónica Mozárabe del 754 editado y traducción al español por José Eduardo López Pereira,
Anubar, Zaragoza, 1980, p.75. Véanse también: Marín Guzmán, “Los tesoros y la ma’ida
Sulayman (la mesa de Salomón) capturados en la conquista árabe de España: el problema de
las fuentes históricas y la rendición de cuentas de Tariq bn. Ziyad y Musa Ibn Nusayr ante
el califa en Damasco”, pp.449-486. Marín Guzmán, “La conquista árabe-musulmana de alAndalus: entre la leyenda y la realidad histórica”, pp.133-188.
227
Crónica Mozárabe, p.74. Véanse también: Marín Guzmán, “Los tesoros y la ma’ida
Sulayman (la mesa de Salomón) capturados en la conquista árabe de España: el problema de
226
las fuentes históricas y la rendición de cuentas de Tariq bn. Ziyad y Musa Ibn Nusayr ante
el califa en Damasco”, pp.449-486. Marín Guzmán, “La conquista árabe-musulmana de alAndalus: entre la leyenda y la realidad histórica”, pp.133-188.
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Maqqari,228 así como Abu ‘Abd Allah Muhammad Ibn ‘Abd Allah Ibn ‘Abd alMun‘im al-Himyari en su Kitab Rawd al-Mi‘tar,229 que contiene también muchos
asuntos históricos a pesar de que es un tratado geográfico.
Asimismo es importante señalar, como parte de lo que puede ocultar entre
líneas la mencionada leyenda, la posible desconfianza de Tariq de que Musa se
iba a jactar y adjudicar la captura de todos los tesoros. Esta narración también nos
deja entrever que posiblemente eran frecuentes las rivalidades entre miembros
del mismo ejército musulmán. A lo anterior podemos agregar que lo manifestado
de que Tariq hubiera podido ocultar una pata de la mesa de Salomón también nos
muestra lo débil que podían resultar los controles para que algunos comandantes
de los ejércitos no escondieran para beneficio propio parte del botín (ghanima
o fay’) capturado en las guerras de conquista. La leyenda asimismo nos lleva a
pensar que aunque el comandante principal intentaba preservar y dominar todo
para entregar al califa, o a sus intermediarios, los mecanismos de supervisión
tenían sus fallas internas y no parecen haber sido muy eficientes. Estos asuntos
pueden hacernos pensar que así como Tariq pudo esconder y conservar una parte
de la ghanima capturada, quizá otros generales en al-Andalus, en al-Mashriq o
inclusive en Ma Wara’ al-Nahr, pudieron haber hecho lo mismo.230 Lo que tanto
condenó el Profeta como fraude en el reparto de los al-Anfal, tal vez se dio más
a menudo de lo que los líderes musulmanes hubieran deseado.
Los llamados del califa al-Walid I y luego la rendición de cuentas de Musa
y Tariq ante el califa Sulayman, podrían indicar esos temores de fraude, de que
algunos líderes militares tal vez se las ingeniaban para esconder, con propósitos
Véase: Maqqari, Nafh al-Tib, Vol. I, p.172 (edición de Leiden, 1855-1860), passim.
229
Abu ‘Abd Allah Muhammad Ibn ‘Abd Allah Ibn ‘Abd al-Mun‘im al-Himyari, Kitab Rawd
al-Mi‘tar fi Khabar al-Aqtar, editado por Évariste Lévi-Provençal, Dar al-Ma‘arif, El Cairo,
1937, pp.158-159.
230
Kennedy, Las Conquistas Árabes, passim, en especial pp.370 ss. Véase también: Roberto
Marín Guzmán, “La expansión árabe-musulmana hacia Ma Wara’ al-Nahr y los primeros
228
contactos chinos con el Islam: Una visión histórica del encuentro de culturas”, en Susan Chen
Mok, et. al., Estudios sobre China desde Latinoamérica, Editorial de la Universidad de Costa
Rica, San José, 2013, pp.44-76.
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particulares, parte de la ghanima capturada a los enemigos fi sabil Allah. Por otra
parte, esta descripción que explica detalladamente los grandes tesoros capturados,
nos permite reflexionar que con mucha frecuencia las fuentes exageraban las
dimensiones de los botines y de las riquezas adquiridas. Recordemos la crítica
que al respecto hizo el historiador magrebí ‘Abd al-Rahman Ibn Khaldun (13321406), quien recomendaba dudar de las cifras exageradas de tesoros, ejércitos,
tribus, etc.,231 pues la ciencia histórica debe entenderse como lo explica:
Mas la ciencia histórica tiene sus caracteres intrínsecos: que son el
examen y la verificación de los hechos, la investigación atenta de las
causas que los han producido, el conocimiento profundo de la naturaleza
de los acontecimientos y sus causas originales.232
Es factible mencionar otro ejemplo de fraude, corrupción o injusticia
en el reparto del botín de guerra, en que no se seguían los principios básicos
establecidos por el Rasul Allah. Hay evidencia de que con alguna frecuencia a los
mawali (los conversos persas al Islam), cuando se les reclutaba en los ejércitos
de las guerras expansivas, no solo les pagaban estipendios (‘ata’) menores que
a los árabes, sino que les daban una porción menor de los al-Anfal capturados
a los enemigos.233 Así, Qutayba Ibn Muslim reclutó en sus filas a persas locales
que participaron en la conquista de Asia Central, la zona llamada Ma Wara’ alNahr, hasta llegar a Farghana.234 Su ejército, como muchos otros organizados
para las guerras expansionistas por diferentes líderes militares árabes en el este,
estaba formado sobre todo por mawali. Sin embargo, los mawali no recibían
igual trato que los musulmanes árabes y tenían que conformarse con una parte
‘Abd al-Rahman Ibn Jaldun, Al-Muqaddima, Introducción a la Historia Universal,
traducción al español por Juan Feres, Fondo de Cultura Económica, México, 1977, pp. 92-93.
232
Ibn Jaldun, Al-Muqaddima, pp.92-93.
233
Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. II, pp. 1354 ss. (Edición de Leiden).
234
Para mayores detalles véase: Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. II, p. 1354.
231
(Edición de Leiden). Véase también: Marín Guzmán, “La expansión árabe-musulmana hacia
Ma Wara’ al-Nahr y los primeros contactos chinos con el Islam: Una visión histórica del
encuentro de culturas”, pp.44-76.
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menor de los botines.235 Las fuentes árabes son explícitas al respecto y muestran
cuánta discriminación tenía lugar en el momento de la repartición de las riquezas
capturadas en las guerras expansionistas. Este trato injusto a los pobladores
iraníes (y a los bereberes en el Maghrib) reclutados en los ejércitos, entre otras
razones, como la discriminación y los problemas socio-económicos, derivados
de este proceso, fueron los motivos principales por los que los conversos se
rebelaron contra los árabes, tanto en el al-Mashriq como en el al-Maghrib, en el
Norte de África y en al-Andalus.236
El asunto de los tesoros adquiridos de los enemigos, en las campañas
militares fi sabil Allah, es de tal importancia que aparece en el al-Qur’an. En la
sura VIII, llamada al-Anfal (los Botines) se establece claramente que lo capturado
a los enemigos de Dios es de Allah y del Enviado y que los musulmanes deben
arreglar sus diferencias. Este último asunto es importante, porque nos muestra
que desde los primeros tiempos del Islam los musulmanes tenían sus disputas,
que quizá se originaron en los repartos del botín, o procedían de rivalidades
tribales, clánicas o de familias, quizá de muchos lustros anteriores al Islam. El
pasaje del al-Qur’an dice así:
‫تاذ اوحلصأو هللا اوقتاف لوسرلاو هلل لافنألا لق لافنألا نع كنولئسي‬
‫ نينمؤم متنك نإ هلوسرو هللا اوعيطأو مكنيب‬
Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. II, p. 1354. (Edición de Leiden). Véase también:
Marín Guzmán, “La expansión árabe-musulmana hacia Ma Wara’ al-Nahr y los primeros
contactos chinos con el Islam: Una visión histórica del encuentro de culturas”, pp.44-76.
236
Véase Abu al-‘Abbas Shams al-Din b. Abi Bakr Ibn Khallikan, Wafayat al-A‘yan wa Anba’
Abna’ al-Zaman, editado por Ihsan ‘Abbas, Dar al-Thaqafa wa Dar Sadr, Beirut, 1972, Vol.
IV, pp. 86-87. Véanse también: Akhbar Majmu‘a, editado y traducción castellana de Emilio
Lafuente y Alcántara, Imprenta de M. Rivadeneyra, Madrid, 1867, passim, en especial pp. 6-7
(pp. 20-21 de la traducción española). Patricia Crone, Slaves on Horses. The Evolution of the
235
Islamic Polity, Cambridge University Press, Cambridge, 1980, p. 53. Sobre la discriminación
contra los mawali, a quienes se les pagaba menos por sus servicios en el ejército, véase:
Tabari, Ta’rikh al-Rusul wa al-Muluk, Vol. II, p. 1354. (Edición de Leiden).
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Te preguntan, Muhammad, por los botines. Responde: “Los botines son
de Allah y del Enviado. ¡Temed a Dios! ¡Arreglad vuestras diferencias!
¡Obedeced a Allah y a Su Enviado, si sois creyentes”.237
Este pasaje coránico es importante porque aclara a quiénes pertenecen
los al-Anfal: son de Allah y de Su Enviado. Asimismo nos indica que entre
los musulmanes había diferencias que debían de superarse. Relacionado con
lo anterior de evitar las diferencias y enemistades entre los musulmanes, de
igual forma en la Sunna se establece cumplir con el aman; es decir los pactos
de paz y seguridad. En el Islam no se acepta incumplir el aman, tanto si se
ha hecho el trato, como si se establece por señas,238 debido a las dificultades
de comunicación porque hablan idiomas diferentes. En las compilaciones de
ahadith, el incumplimiento del aman se da a entender como equivalente a
una hipocresía. Recordemos también las implicaciones de la hipocresía y de
los hipócritas en el Islam. Al respecto se menciona el caso de cuando el califa
‘Umar Ibn al-Khattab se enteró que los musulmanes perseguían a los persas y
cuando éstos se escondían les gritaban matras, 239 que quiere decir no temas, pero
cuando salían de sus escondites y estaban al alcance de la espada los mataban.
El califa le escribió al gobernante de una tropa que había enviado y le dijo que si
se enteraba del paradero de alguien que hubiera hecho eso, le golpearía (dando
a entender que lo mataría).240
Al-Qur’an, VIII, 1. Hemos modificado ligeramente la traducción de Juan Vernet. Para
mayores detalles véase también: Nasa’i, Tafsir al-Qur’an al-‘Azim, Vol. I, pp.513-531.
238
Para más información sobre este asunto de otorgar el aman por señas, véase: Malik Ibn
237
Anas, Al-Muwatta’, p.249.
239
Malik Ibn Anas, Al-Muwatta’, p.248.
240
Para más detalles véase: Malik Ibn Anas, Al-Muwatta’, p.248.
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DE LA TRADICIÓN MUSULMANA Y LAS FUENTES ÁRABES.
4. CONCLUSIÓN
De lo explicado anteriormente se puede llegar a un gran número de
conclusiones. Sin embargo, enfatizaremos solo en las más importantes.
1. La batalla de Hunayn fue una de las más importantes que combatió el
Profeta Muhammad. Sin embargo, es la que más interrogantes suscita debido a
las numerosas contradicciones en las diversas tradiciones y en las fuentes árabes.
Son tantas las dificultades en esas fuentes que se torna con frecuencia imposible
encontrar la verdad, desde quién inició el ataque, si fue el Rasul Allah o si los
Hawazin, hasta quién y cómo (o en qué circunstancia) alguien mató a otro. De
entre los muchos problemas está el tamaño del ejército musulmán y los pocos
mártires consignados en las tradiciones y en las fuentes históricas posteriores.
2. Otro gran problema que muestra las enormes dificultades en las fuentes
árabes es el concerniente al botín (exageradísimo) y al reparto del mismo en
Ji‘rana. Desconocemos los verdaderos motivos por los cuales el Enviado de
Allah ordenó que fuera en Ji‘rana y no en Hunayn. ¿Hubo favoritismo? ¿Por
qué otorgó más a unos que a otros en circunstancias distintas de la diferencia
entre el caballero y el soldado de infantería? ¿Cómo fue posible que algunos se
atrevieran a desafiar al Profeta y le demandaron mayor justicia o equidad en el
reparto de los al-Anfal? Todo esto se discutió en este ensayo y se lanzaron éstas
y muchas otras interrogantes.
3. Los números de cautivos de los Hawazin, tanto mujeres como niños,
capturados en Hunayn nunca los sabremos con certeza, pero cuando ciertas
fuentes árabes y tradiciones de los musulmanes – como se analizaron en este
ensayo – aseguran que alcanzaban la cifra de seis mil personas, nos parece una
exageración.
4- De todo lo explicado en la última sección de este ensayo queda claro
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ROBERTO MARÍN GUZMÁN
que la prohibición de robar de los tesoros capturados fi sabil Allah era tan
contundente y la gravedad del delito era de tales dimensiones, que el Profeta
Muhammad aseguró que el que robara de los al-Anfal tendría el castigo de al-Nar
(el Infierno). No obstante las prohibiciones y las aseveraciones del Rasul Allah,
desde los primeros tiempos del Islam y en las campañas militares posteriores
a lo largo de varios siglos, algunos líderes militares encontraron formas para
burlar la vigilancia y los controles y así lograr dejarse fraudulentamente parte
de los al-Anfal de guerra.
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