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LOS ÁNGELES MÚSICOS Érase una vez un cielo inmenso, tan grande tan grande que no se divisaban sus límites. Los colores variaban al mirarlo: por la mañana el celeste daba luz al nuevo día y permitía que todo el mundo iniciara esa jornada que estaba por vivir. A veces madejas de algodón decoraban el paisaje. Por las tardes era la hora del espectáculo por todos admirados: rojos, azules y amarillos se alternaban con los violas, turquesas, rosas y morados, así hasta cubrirse de estrellas durmiendo hasta el nuevo amanecer. Ángeles de alas blancas y plumas nácar vivían repartidos por esa alfombra de luz. Un día decidieron bajar a la tierra y visitaron el Palacio Musical. Les mostraron los instrumentos que allí se impartían y cada uno tomó el suyo como el mejor de sus amigos. Desde entonces lo hicieron oir para disfrute propio, de familiares y conocidos. Descubrieron que la voz es el reflejo del alma y con ella se expresan sentimientos, emociones y pensamientos de una forma bella y peculiar. La Escalera del Palacio con sus siete escalones y vuelta a empezar y todas las patitas de mosca que aparecen en las partituras y de forma amena aprendían cada tarde en sus aulas. Un día, estando cantando, les visitó el Príncipe de los Trovadores. Quedó maravillado por la dulzura y afinación de sus voces, así como el entusiasmo con que expresaban su más hondo sentir: “Hoy es jueves y venimos al Conservatorio a aprender divirtiéndonos. Estamos muy contentos porque es la clase de…” Cuando regresaban, tras esa tarde intensa y fructífera, se sentían mejores angelitos y recordaban todo la señorita les había dicho: “La Música, musa de la sensibilidad, es el Arte que nos une. *********** Disfrutar con lo que cada uno hace es una fortuna y más si es de corazón. *************** Cuando la Música viene de fuera es de cepillo y si sale de dentro es de colmillo. ****************** Que vuestras voces estén guiadas siempre por el corazón” ******************** ¡Quién sabe ,si cuando pasen los años, aquellas almas de infantes que hacían sonar por Navidad el “Cántico de Nöel”, ”Noche de Paz” o “Las Casas el Nacimiento” forman parte de esos coros celestiales que por aquí y por allá elevan a cuantos se sienten felices, dichosos y han despertado su música interior. Eran F de “Formidables”, ”Fabulosos”, ”Fenomenales”, ”Favoritos” algunos de los calificativos que hacían suyos cada jueves. Seguro que esa semilla germinará en su Belleza Interior y florecerán como músicos maravillosos. Isabel Martín Sánchez Profesora del Conservatorio de Música "Ramón Corrales"