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No ha nacido ningún hombre
más grande que Juan el Bautista
Canto: Preparad el camino
Lectura del santo Evangelio según Mateo 11, 11-15
Jesús dijo a la multitud:
«Les aseguro que no ha nacido ningún hombre más grande que Juan el Bautista; y sin embargo, el más
pequeño en el Reino de los Cielos es más grande que él.
Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora el reino de los cielos sufre violencia, y gente violenta
intenta arrebatarlo. Porque todos los Profetas, lo mismo que la Ley, han profetizado hasta Juan. Y si
ustedes quieren creerme, él es Aquel Elías que debe volver. ¡El que tenga oídos, que oiga!»
Palabra del Señor.
Para reflexionar
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Ese Dios volcado hacia su pueblo decidió, al
cumplirse la plenitud de los tiempos, enviar a su Hijo
al mundo. Y quiso también que su venida estuviera
preparada por un precursor, Juan Bautista.
El Bautista es el que establece el puente hacia los
tiempos nuevos, los definitivos. Jesús lo alaba
diciendo que es el profeta a quien se había
anunciado cuando se decía que Elías volvería y que
es el más grande de los nacidos de mujer.
El Bautista supo mantenerse en su lugar con
humildad reconociendo que no era él el Salvador,
sino el que le preparaba el camino. Vivió en la
austeridad y predicó sin recortes ni grises el
mensaje de conversión. Fue la voz que clamó en el
desierto para
preparar
la
venida
del
Mesías, encaminó a sus discípulos hacia Jesús, el
nuevo y definitivo Maestro.
Con Juan Bautista han terminado los tiempos de la
Ley y de los profetas. Antes, el camino de salvación
se realizaba a través del cumplimiento de la ley y de
la pureza ritual, de ahora en adelante, el camino de
salvación está trazado por seguimiento de Jesús.
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Con este marco el Señor aprovecha para decir que su
Reino supone esfuerzo, que hace violencia. Sólo los
esforzados harán experiencia del reino nuevo. Es
un orden nuevo exigente y radical. La vida del Reino
inevitablemente genera violencia, rupturas, propias del
paso a lo nuevo. El parto lleva consigo la violencia de lo
que se abandona, por la vida nueva que irrumpe. El
Bautista ya anunció que el hacha estaba dispuesta para
cortar el árbol. El Reino es gracia y tarea, es salvación
y juicio a la vez.
El Reino no se hará presente como por acto de
magia, ni se expresará débilmente. Desde la búsqueda
de una justicia largamente esperada, desde la defensa
de la dignidad del hombre, desde el compromiso con los
pobres y los que sufren, desde la fuerza por hacer
presente la Vida sobre la muerte, el Reino se mostrará
violento, recreando y renovando.
Vivir el Adviento supone esfuerzo, no es un tiempo
dulzón y sentimental. El don de Dios es siempre a la
vez tarea y compromiso. Es palabra de consuelo y
de conversión.
Para discernir
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¿Me esfuerzo con las cosas que me impiden
vivir el reino?
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¿Vivo con tibieza y acomodándome a las
cosas?

¿Me dejo apasionar por la novedad del reino
de Jesús?
Para la lectura espiritual
«Juan era la lámpara que arde e ilumina» (Jn 5,35)
…” Cuando la justicia soberana dijo a Noé: «Tú eres el único justo que he encontrado» (Gn 7,1) fue un gran
elogio de su justicia. Es signo de un mérito muy grande cuando Dios asegura a Abrahán que es por él que se
cumplirán las promesas… ¡Qué gloria para Moisés, cuando Dios arde de celo para defenderle y confundir a sus
enemigos! (cfr Num. 12,6s)… Y ¿qué decir de David en quien el Señor se felicita por haber encontrado en él a
«un hombre según su corazón»? (1Sam 13,14).
Y sin embargo, por muy grande que haya sido la grandeza de estos hombres, ni entre ellos ni entre los demás
«nacidos de mujer», «no ha habido ninguno mayor que Juan el Bautista», según el testimonio del Hijo de la
Virgen. Es cierto que no todas las estrellas tienen el mismo brillo (1C 15,41), y en el coro de los santos astros
que han iluminado la noche de este mundo antes que amaneciera el verdadero Sol, algunos han brillado con un
resplandor admirable. Sin embargo ninguno de ellos no ha sido mayor ni más brillante que esta estrella de la
mañana, esta lámpara ardiente y luminosa preparada por Dios para su Cristo (cfr Sl 131,17). Primera luz
matutina, estrella de la aurora, precursor del Sol, anuncia a los mortales la inminencia del día y grita a los que
duermen «en tinieblas y en sombras de muerte» (Lc 1,79): «Convertíos, porque el Reino de Dios está cerca» (Mt
3,2). Es como si dijera: «La noche está avanzada, el día se echa encima: dejemos las actividades de las tinieblas
y pertrechémonos con las armas de la luz» (Rm 13,12). «Despierta tú que duermes, levántate de entre los
muertos y Cristo será tu luz» (Ef. 5,14).
Beato Guerrico de Igny (hacia 1080-1157), abad cisterciense – 3er sermón para la Natividad de san Juan
Bautista, 1-2; PL 185, 169
Para orar
Señor Jesús
mientras peregrino navegando
sobre turbulentas aguas de mi vida
dame la alegría de tener como brújula
un corazón que me lleve hacia el puerto del amor.
Dame un corazón de POBRE
capaz de amar, para abrirse y entregarse.
Dame un corazón PACIENTE
capaz de amar, viviendo esperanzado.
Dame un corazón PACIFICO
capaz de amar, sembrando la paz en el mundo.
Dame un corazón JUSTO
capaz de amar, jugándose por la justicia.
Dame un corazón MISERICORDIOSO
capaz de amar, comprendiendo y perdonando.
Dame un corazón SENSIBLE
capaz de amar, llorando sin desalientos.
Dame un corazón PURO
capaz de amar, descubriendo a Dios en el hombre.
Dame un corazón FUERTE
capaz de amar, siendo fiel hasta la muerte.
Dame un corazón EVANGÉLICO
capaz de amar.
Repitamos a lo largo de este día
…Que venga tu Reino Señor…
e
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