Download La Justificación por la Fe (16) La fe que justifica ¿Qué Marcas tiene?
Document related concepts
no text concepts found
Transcript
La Justificación por la Fe (16) La fe que justifica ¿Qué Marcas tiene? Una persona que pueda llegar a tener un entendimiento adecuado de sí mismo, y una percepción de Dios real, que ambas cosas van de la mano, lo que expresa Salm.130:3, será su propio sentir, así es como se verá. Estará viviendo con cierto temor, pues tiene encima cierto sentimiento de culpa que pesa sobre todo su ser. Este es un aspecto de la realidad del hombre que normalmente se prefiere evadir, y no vivir de esa manera, hay que aspirar a sentirse mejor, hay que planear y organizarse para encontrar la sonrisa de la vida. Como si no tuviéramos males, como si Dios ni los viera ni los tomara en cuenta. Pero este no es el camino que un hombre debe de emprender, ni esa es la manera en la que un hombre debe plantearse su vida. Porque este camino no le lleva a donde como ser creado a la imagen y semejanza de Dios debe llegar. El camino por el que todo hombre debe de coger es ese que le lleve a ver y sentir lo que dice este vers., camino por el que puede ser consciente de la realidad de sus manchas y pecados ante Dios, camino que le puede recordar cómo tiene cuentas pendientes con el Dios del cielo. Tiene que ser una persona que pueda escuchar las enseñanzas de la Biblia. Por ahí es que podrá sonar en su mente de las preguntas más importantes que ser humano pueda hacerse, la cual se responde con esta enseñanza que nos ocupa. La pregunta ¿un hombre pecador podría alcanzar el ser justo ante el Dios nuestro Juez, santo y justo? Si, gracias a Dios así puede ser, ¿Cómo? la justificación por la fe es la respuesta. Dios por Su gracia ha provisto una manera en la que un hombre puede ser declarado justo ante Dios. ¿Sobre qué base? Pues no sobre las obras que podemos hacer, o la clase de persona que podemos ser, sino sobre la base de la obra que Cristo hizo a nuestro favor, Su obediencia perfecta y Su sacrificio sustitutorio, para limpiarnos los pecados, esa justicia de Cristo (la justicia de Dios) se nos puede imputar a notros. Gen.15:6. ¿Cómo, porqué medio de qué puede ser realizada esa transacción? A través de la fe, la fe sola. Eso es lo que Dios ha escogido para dar al hombre la justicia de Cristo por la que un hombre es reconciliado con Dios, perdonado sus pecados, declarado justo ante Dios, y adoptado como hijo de Dios y heredero de Su reino. En este punto estamos: Esta fe con la logramos la justicia ante Dios, es contrastada a las obras, no es una obra, es la mano con la que recibimos esta dádiva de Dios. Y es la fe sola, no es fe y algo más que podamos aportar. Pero el día anterior fuimos a Stgo.2:14-26 que añade algo importante al respecto de esta fe que justifica. Nos dice que sí, ciertamente es por la fe sola que somos justificado, sin embargo quiere corregir un serio error que ya estaba corriendo entre sus lectores: es solo la fe que justifica, pero esa fe no está sola. Hay unas obras que acompañan a la fe que justifica, pero cuidado, esas obras que acompañan a esa fe no merecen o contribuyen a que podamos ser justificados. Los dos ejemplos puestos en el pasaje, de Abraham y Rahab, la justicia que les fue imputada por Dios a través de la fe, fue evidenciada por las obras que luego hicieron. Esta es la gran enseñanza del texto. Vamos a quedarnos aquí, Stgo. nos dice que hay tal cosa como una fe que no justifica, que no salva, 2:14, una fe muerta, vana, ver,17,20,26. Que hay que diferenciarla de la fe que justifica. Entremos en esto… 1) Algunos casos de esta fe que no justifica. Esto es un asunto llamativo, pues nos encontramos con hombres que profesan fe, pero resulta que esta fe no es esa a la que nos hemos referido. Men 7- Julio, 2013 “La justificación por la fe” (XVI) 1 Hech.8:13, nos encontramos que Felipe, cuando llegó a predicar a Samaria, Dios hizo una obra prodigiosa, muchos abrazaron el Evangelio, vers.6,12; hasta el punto que la noticia llegó a Jerusalén donde estaban los apóstoles, y enviaron a Pedro y a Juan. Pero entre todas esas personas, hubo un caso notorio, el de Simón el Mago, ilustre personaje, un engañador que había embaucado a toda esta población, vers. 9-10. Dice que también creyó como muchos de estos en Samaria, vers.13, a la vista de todos hizo lo mismo, y luego de creer y ser bautizado incluso manifestaba un apego a Felipe y un entusiasmo para estar con él y apoyar todo cuanto estaba haciendo, que parecía en verdad muy prometedor. Sin embargo cuando llegó Pedro a Samaria le tuvo que decir unas palabras aclaradoras y severa sobre la condición espiritual peligrosa en la que estaba este hombre, ver.20-23. Su corazón fraguaba una serie de pensamientos, y el accedía a tales cosas, que revelaban que era esclavo de sus pecados, que andaba en su corazón por los mismos caminos que antes, no se había dado una transformación en su corazón, así que no se arrepentía de tales cosas. No había sido purificado por la fe su corazón, Hech.15:9. Notar este hombre, se muestra abierto y favorable al mensaje del evangelio, y llega a hacer lo que el Evangelio requiere, y así está pensando que tiene parte en eso que Cristo promete en él. Pero no es así, esa fe no es la fe que justifica, es otra fe que se ha elaborado en su corazón. Juan.2:23-25. Habla de que en Jerusalén una cantidad considerable de personas no expresaron abierta oposición a Jesús, sino todo lo contrario, muy favorables. Ciertos indicativos, ciertas señales les animaban a todo ellos a poner su confianza en Jesús, a creer en Él. Pero Jesús no alabó ni le agradó tal profesión de fe que hacían. No llegó a esa conclusión, como Pedro, viendo los caminos de ellos, sino veía y sabía lo que había en sus corazones. Y lo que sabía Cristo era que esa fe que brotó en sus almas, ese creer en Su nombre no era la que dice Jn.1:12, la fe por la que el hombre se le da la potestad de ser hecho hijo de Dios. Sino que veía Cristo que era de otra naturaleza, tiene otros ingredientes. No era la fe que justifica esa que todas estas personas decían tener, en la cual ellos se sentían satisfechos. Lc.8:13. La Parábola del sembrador, donde Cristo expone las diferentes reacciones que las personas irían a tener al ser expuestas a la predicación del Evangelio. Tres de estas son negativas, y una es la buena. Entre estas tres están esas personas cuyos corazones se asemejan a la tierra donde hay piedras. Si reciben el evangelio, y lo hacen con gozo, hay una buena reacción a este evangelio, se abraza al ver sus promesas, su veracidad, su atractivo... ciertos elementos despiertan el aprecio... Sin embargo esta fe es temporal, no echa raíces en el corazón, es una fe que no soporta las pruebas, no está arraigada en Cristo de tal manera que puede sobreponerse a las dificultades y adversidades de la vida de fe. Esa no es la fe que justifica, aunque produjera ese agrado cuando oía el Evangelio. Mat.7:21-23. Vemos aquí como Cristo cita esta otra clase de personas que vivieron sus vidas sobre una clase de fe que les permitió hacer obras notorias, una confianza en Dios que le llevó a hacer obras relevantes, llamativas. Pero Cristo nos descubre que esa fe que les permitía hacer todas esas cosas, no les llevó realizar aquello esencial que caracteriza la fe que justifica. Esa fe no les llevó a librarse del poder y la esclavitud del pecado. Si, muchas cosas podían hacer, pero la fe que justifica nos capacita para ver y librarnos del poder del pecado, y para poder mortificarlo. Pues puede ver a Cristo y tomarse sus mandatos de una manera. Todos estos casos expuestos son personas que profesan la fe, que tienen buena disposición hacia el Evangelio, que lo creían y recibían. Sin embargo esa fe que brota en el pecho de ellos no es la fe que necesitamos, no es la que aborda la gran cuestión esencial del ser humano, ¿cómo puede ser declarado justo un pecador ante Dios? Estos hombres quisieron vivir una vida con Dios, pero con una fe que Él no aprueba, y vivieron una religión engañosa. Men 7- Julio, 2013 “La justificación por la fe” (XVI) 2 2) Analizando esta fe vana. Thomas Watson, el puritano del s.xvii, "Tratado de Teología" clasifica la fe en 4 diferentes clases a la luz de textos como los que hemos repasado: .- La fe histórica. Consiste en la aceptación de las verdades reveladas en la Palabra de Dios, por causa de la autoridad que estas tienen. Para muchos la Biblia tiene su peso, se asume la veracidad de sus relatos, su valor moral, didáctico, aporta sabiduría, buenas enseñanzas. Todo esto le da un peso que hace que muchos crean las cosas que ella dice, así que leyendo su contenido, y oyendo de sus enseñanzas no pueden sino admitir que es verdad, que es útil y positiva su aportación; pero esa no es la fe que justifica. Esa clase de fe descansa exclusivamente en la razón, el asentimiento a la PD se limita al terreno intelectual. Por eso esta clase de fe es la que citaba Stgo.2:19 que tienen los demonios, quienes no pueden hacer sino admitir la mismas verdades que los discípulos creían, pues ellos saben la verdad de Cristo, y de cuanto ahí se afirma de Dios, y no pueden sino asentir a lo que las Esc. enseñan y afirman. Esta es la fe histórica, con la que muchos creen, es como aquel que está en alta mar, y puede vislumbrar que allá hay una isla que tiene cosas excelentes y muy buenas y provechosas, pero no puede llegar a ella, no puede beneficiarse de lo que hay allí, aunque afirma de las buenas cosas. La fe que justifica no se limita a una aceptación mental del Evang., sino que cree con el corazón (Rom.10:10), Y esa fe hace que todas las facultades del alma se pongan en movimiento, tanto el entendimiento, como los afectos, voluntad, conciencia. Porque lo que sabe de la isla hace que se ponga en marcha todas sus facultades, y no quiere otra cosa sino alcanzar ese lugar y obtener lo que hay allí. .- La fe transitoria o temporal. Así la llama Cristo en Lc.8:13, es una clase de fe que dura por un tiempo, esto es, creen y se gozan en oír el evangelio, lo toman en serio, quieren obedecerlo, pero solo por un tiempo, hasta que llegan las dificultades, aflicciones por causa del Evangelio, entonces cambia, pues " no tiene raíces". Es como si esa fe estuviese depositada en las bendiciones del Evangelio y sus promesas, cuantas cosas buenas hay ahí, pero no asume que la participación de estas bendiciones es a través de aflicciones, de negarnos a nosotros, mismos, de renuncia y a través de adversidades. Jn.6:60, seguían a Cristo, pero solo bajo sus propias condiciones, hasta donde a ellos les parecía razonable. La fe que justifica no pone condiciones a Cristo, sino que entiende que es al revés, por eso persevera, sigue confiando y esperando en Cristo, a través de cualquiera que fuere lo que Cristo le pida o requiera. Salm.119:33ss .- La fe milagrosa. Una forma de creer en Dios, de entender la religión en la que se llega a realizar obras portentosas, como esas de los apóstoles, caso mencionado en Mat.7:22-23, o el propio Judas el traidor, que le fue concedido con los demás discípulos hacer tales maravillas, Lc.10:17, pero esa fe que le permite hacer tales cosas, no les llevó a tratar el asunto más serio del hombre, que le separa de Dios, el asunto de sus pecados. Como vemos en esos textos. Como el caso de Simón el mago, su fe le llevó a entusiasmarse con todos esos milagros que Felipe hacía, pero no su corazón y la maldad en él. La fe que justifica. En esta fe entra en juego una percepción de sí mismo y de Dios que el hombre normalmente no tiene, una apropiación de las verdades de la PD, y una transformación interior de su corazón. " Una firme y constante adherencia a las misericordias y las bondades que Dios ofrece en el evangelio ". Lc.8:15 Esta fe hace que en ese corazón haya una clase de fruto con perseverancia. Veamos algunos. a.- La fe que justifica aparece donde hay una verdadera y real convicción de pecado, donde entiende la naturaleza del pecado, como violación de la voluntad de Dios, la gravedad de esto, que despierta la conciencia de la culpa por tales males, y de ahí un sentido real del juicio de Dios. De ahí que en ese alma haya un dolor, un pesar por haber pecado contra Dios, y violado Su ley, hay un temor por el juicio de Dios que esto acarrea; pero también un anhelo por saber cómo podría verse libre de esto. Este es el que se preguntará nuestra gran cuestión ¿como un pecador podría ser declarado justo Men 7- Julio, 2013 “La justificación por la fe” (XVI) 3 ante Dios? Ver tal sentir en el publicano, Lc.18:13; los que escucharon con esta fe el Evangelio Hech.2:37. La justificación busca resolver este vital asunto del pecado en ti, de la culpa ante Dios y del juicio de Dios que merece. Por eso la fe con la que un hombre es justificado te permite distinguir este gran mal, y como Dios ha provisto salida. Amigo, tú sabes que eres pecador, pero ¿tú entiendes la naturaleza de ese pecado? ¿Tu conciencia te trae el peso de tales pecados? Pues si crees que eres pecador, ¿cómo es que no tienes la culpa sobre ti? ¿Vives con el temor del juicio que esos males merecen? b- La fe que justifica, por tanto te lleva a dejar, abandonar la confianza en ti mismo para buscarla fuera de ti, lo que hay en ti no sirve delante de Dios, esta fe te empuja, te lleva a entender que en ti, en lo que has hecho no vas a encontrar lo que necesitas para que Dios te justifique, así que como los ángeles con Lot y los suyos, te coge de la mano y te lleva hacia afuera. Tú no puedes quedarte aquí, tú no puedes apoyarte en lo que has hecho, y tus obras, esa es tu perdición, Escapa de ahí. Así procede la fe que salva, Fil.3:9. La fe muerta por el contrario, te deja que sigas viviendo así, confiando en tus obras y justicia, esa fe lleva a imaginar que tiene sus propios méritos, que sus obras valen y Dios seguramente lo reconocerá. La fe muerta no llega más allá, no puede soltarse de sí mismo, dejar la confianza en sí mismo. c.- A donde te lleva la fe que justifica, te lleva a mirar a Cristo, pero no en general, como ese hombre bueno, digno de ejemplo, sabio... Como afirman los de fe histórica. La fe que justicia es la que permite ver a Cristo como la dádiva que el Dios de gracia nos concede para poder alcanzar el perdón de pecados, la culpa y del juicio, y la justicia con la que eres hecho heredero de Dios. Hech.6:12; 10:43; 16:31. Este Cristo es el único que nos da el perdón, la justicia de Dios para heredar la vida eterna. Pero no se puede confiar de esta manera en Cristo sino en la medida en la que uno salga de sí mismo, y acabe de apoyarse en méritos propios, o en la sabiduría y en soluciones de uno... d.- Pero esa fe que ve y mira a Cristo como el único Dador de perdón y de la justicia que necesita, también lo ve como Aquel en Quien deben de confiar y apoyarse en todas las circunstancias de la vida, y a Quien debe de oír para seguir por donde diga. Volvamos a Stgo.2:21-23. Abraham creyó, y le fue contado por justicia, y esa fe que le llevó a recibir la justicia de Dios, también le llevó a tomar en serio y obedecer la petición de Dios que le sacrificara a su hijo, Esta fe que actúa así con lo que Dios le dice, es la que da fruto con perseverancia. Esta fe que justifica, entonces, renuncia de sí mismo, para poder hacer lo que Cristo pide y manda. Renuncia a sus ideas, razón, comodidad, seguridad para poder hacer lo que Cristo pide y quiere. Mira esto mismo en Rahab, Stgo.2:25, al esconder a los espías se puso en peligro, renunció a su seguridad, pues la fe que justifica confía en Dios y Su poder para así alcanzar lo que Dios prometió. Si confiamos en Dios no podemos confiar en nuestras ideas, razones, buscar nuestra seguridad a nuestra manera. ¿Es así tu fe en Cristo? Mira que hay una fe muerta que se viste de fe verdadera, pero no justifica. Men 7- Julio, 2013 “La justificación por la fe” (XVI) 4