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Esplendor del Padre
. . . . . . . . . y que podamos decir
que tuvimos un padre que, hasta que murió, todo lo que tenía lo perdió
y sólo se llevo 1o que dió.
Tu hijo Valentín
CAPÍTULO PRIMERO.El día 29 de Agosto de 1925 se produjo una caricia de Dios que
se encarnó en un hombre, de nombre Valentín, como quisieron sus
padres, sus apellidos Sánchez Agramunt, que le correspondían por su
filiación civil.
Su infancia se produjo en un ambiente humilde y sencillo, como
prefacio de lo que iba a ser su vida: Como una gota de lluvia que al
final se une con la mar de la que nació.
Lógicamente, desde el punto de vista del que escribe estas
líneas, abordar este capítulo es difícil dado que obviamente no pude
ser testigo ocular y he de hacer obligadamente acopio de lo que he
oído, así como de pruebas documentales o de otro tipo que han
llegado a mi conocimiento.
Vino al mundo como un bebe más, vivió y compartió su vida
con los demás niños del barrio en que nació, camino de El Grao, a la
sazón.
Muy joven se quedó huérfano de padre y tras diversas
vicisitudes, conocer sus detalles pienso que carece de importancia,
ingresó por derecho propio en el Colegio de Huérfanos de la Guardia
Civil, fundado por el Duque de Ahumada. Según manifestación hecha
en primera persona por él, fue el momento crucial de su vida pues allí
encontró hogar, pan, educación y la proyección de un futuro que, en
potencia, se le había prometido si lograba reunir los requisitos para ser
Guardia Civil.
De su Hoja de Servicios, que sostengo en mis temblorosas
manos, y que poseen el color de la añoranza, tomo los siguientes
datos:
“Con arreglo a lo dispuesto en el art. 26 del reglamento del
Colegio, y al hallarse útil para el servicio, sale de dicho Colegio como
Guardia Civil. Tras diversos destinos a los que fue destinado, llegó a
la Comandancia de Valencia, causando baja en el Cuerpo de la
Guardia Civil el año 1963.”
No me considero facultado para nombrar detalles de los distintos
destinos por constar ya en su Hoja de Servicios y las anécdotas que
revistieron su vida militar ya serán relatadas en su momento, si ello es
posible, por alguno de su compañeros.
CAPÍTULO SEGUNDO.
AMOR FILIAL
Nacimos en circunstancias muy humildes, preñadas de
necesidades, pero éramos muy felices. Un día podían escasear los
huevos, pero nunca el cariño. El primero en nacer fui yo,
seguidamente María del Carmen, que falleció al año de su bautismo,
el 14 de febrero de 1959, festividad de S. Valentín Obispo. Fue
elevada a la gloria de Dios desde la ciudad de Valencia, y, su
resignados padres, Valentín y María, recibieron un golpetazo envuelto
con ese aire gélido que se produce cuando la muerte nos golpea con su
ala.
Pensando ahora lo que ha quedado de aquellos años infantiles,
recuerdo que más que las palabras que nos dijo, muy acertadas, los
gestos fueron los que quedaron en nuestros corazones.
Pues las palabras son sólo palabras y se las lleva el viento y en
cambio, UN GESTO DE AMOR QUEDA PARA SIEMPRE.
Por esto influyeron nuestros padres en nuestra educación.
Cuando un niño es listo, es más listo de lo que parece, distingue entre
palabras bonitas y las personas que quiere de veras.
Cierro, por un momento, mis ojos qué, “Y… qué queda de mi
infancia?. Nada recuerdo de los verbos irregulares, seguro que no sé
los quebrados, me atascaría en la lista de los ríos de Europa, pero no
puedo olvidar a mi padre que fue el mejor de los rostros que nos
quisieron y enseñaron a ser felices.
Fuimos creciendo y lo que nunca faltó fue su cariño y su amor.
Parecía que dentro de su corazón sólo existía una idea motriz: que
tuviéramos lo que él no había tenido y que no sufriéramos nada.
Todos tenemos en nuestro corazón un rincón donde rendimos
cultos idolátricos, la verdad, es que yo, en mi padre, nunca los he
visto; sin embargo los demás lo camuflamos bajo algo artificial. El
sabía que, de todas sus armas, la más peligrosa, era la lengua. Por eso
rindió culto a la verdad, no olvidando dos cosas: Que jamás acabaría
de encontrarla y mucho menos, completa.
Mi casa nunca fue un paraíso de dinero, pero sí una montaña de
ternura; como considero que mi padre fue un santo, - terminó teniendo
el corazón líquido -, se volvió blando pero sentía como punto de vista
de quienes convivían con él que nunca podían chocar con su alma: al
contrario, reposaban en él su cabeza.
En definitiva, se hizo de miel y se lo comieron gozosamente las
moscas. Seguro que ha muerto feliz, puesto que al llegar a la madurez
percibió que el amor es más conocido que la sabiduría, ya que entre el
amor y la sonrisa nace la ternura. Todos los que le conocieron
bebieron y seguirán bebiendo su bondad como agua fresca, porque al
fin y al cabo, la bondad, es la fuerza más poderosa del mundo y él la
poseía y jamás, quien le haya conocido, podrá sustraerse a ese don que
seguramente se descubrirá muchos años después de su muerte.
Hay padres que sólo lo son biológicos, pero nunca fecundarán
en el alma de sus hijos todo el amor que es necesario para vivir.
Puesto que lo más importante que yo aprendí lo aprendí en casa de
mis padres y lo que más me ha servido para vivir, mucho más que los
libros que he leído y lo que he estudiado, pues, mi padre me enseñó
que es más importante un poeta que un catedrático.
Recuerdo, sobre todo, cuando de pequeños nos llevaba sobre sus
hombros como quien lleva a un emperador.
Concebir un hijo puede ser cuestión de minutos, horas, días,
meses, pero amarlo, ayudarle a crecer, ayudarle a vivir y sobre todo,
dotarlo de las armas necesarias para que se pueda defender en este
mundo, sólo lo puede hacer un padre que sea papá. Para él, no había
más orgullo que nombrar a sus hijos: María del Carmen, Javier,
Manolo, Pablo y Valentín. Por eso, sólo le pido todos los días que nos
haga un trasplante de corazón, es decir, que su corazón sea sustituido,
por lo menos, por el mío, ya que el corazón no solamente es el órgano
del amor, sino órgano de conocimiento, porque quien conoce con el
corazón conoce bajo la óptica del amor: Y éste es como una carta que
siempre llega a su destino aunque lleve la dirección equivocada.
Siempre se ha dicho que para ser hombre hay que plantar un
árbol, escribir un libro y tener un hijo. La experiencia demuestra que
hay árboles que no echan ni raíces, libros que tienen sólo palabras y
no ideas, e hijos que tienen de sus padres la sangre y... poco más.
Por esto, ser padre es una dulce responsabilidad, cargada de
obligaciones y sin ninguna recompensa; precisamente el papá amaba
porque lo consideraba un regalo que a él mismo se le hacía, porque el
que ama de verdad es el que recibe verdaderamente el regalo.
Como había sufrido tanto, no quería que sufriéramos por nada,
por eso vivimos entre algodones, manteniendo el cordón umbilical con
él, que nos envolvía en un halo de ternura, cariño y protección que, al
faltarnos, nos hemos quedado como una veleta sin rumbo o mejor
dicho, se nos ha perdido el mando a distancia de nuestras vidas.
Ser padre es el título primero y eso no se aprende en la
universidad sino que se tiene o no se tiene y él era un genio del amor.
Como anécdota simpática, recuerdo que fue, a Baudelaire a
quien le dijo una señora de la aristocracia: “Claro para usted ser genio
es fácil”, a lo que Baudelaire contestó: “Señora, ser genio es el trabajo
de todos los días.”
Esta frase me viene como anillo al dedo a lo que fue el trabajo
de mi padre, el que sin tener ninguna facilidad para adquirir formación
e información, fue el trabajo el que le convirtió en un genio; siempre
que me acuerdo del papá, me acomplejo ante la altura de su genio, su
serenidad para convertir una maraña de sutilezas en un lago tranquilo,
y sobre todo, para transmitir la belleza a través de la palabra que hacia
blanco siempre en el corazón del interlocutor. También, como
anécdota curiosa, recuerdo que una vez, un monje, cuando estaba
enseñando las salas del convento y tras ver una sala preciosa,
hermosísima, llena de paz, sosiego y presidida por la belleza que la
envolvía, una señora le preguntó al humilde monje: “Pero bueno
padre, esta sala ¿para qué sirve?.” A lo que contestó: “Esta sala ya
tiene bastante con ser hermosa” y añadió: Porque de no ser así yo le
podría preguntar: “¿Para qué sirve su marido?”. En consecuencia, el
hecho de ser y estar era bastante, porque irradiaba su sola presencia
toda la paz y serenidad que puede conseguir un corazón en paz. Y
recordando, no literalmente, una frase - cuyo autor ignoro - dijo:
“Tengo el sol en mis manos y me quema ¿por qué no lo reparto y así
dé calor a los demás?”. En definitiva, el papá fue una caricia que Dios
dejó caer en nuestra tierra.
¿Cómo no se puede amar a un hombre así?, ¿Cómo no se puede
estar agradecido de haber disfrutado tantos años de su compañía?. Su
consejo, su protección, y su amistad. Sus hijos eran la proyección de
lo que él no había podido ser, y el baluarte que sustentaba en todos los
momentos de su vida. Estaba enamorado de sus hijos, pues se puede
estar enamorado de una mujer, de una idea, de un proyecto, pero
también estar enamorado de haber traído al mundo cinco bolas de luz
que iluminaron su vida y algunas le dieron horas oscuras pues como él
muy bien sabía, no puede haber amor sin sufrimiento.
Recordando unos versos de S. Juan de la Cruz decía: “¿Qué sabe
quien no ha sufrido?, puesto que el sufrimiento es el verdadero traje
de los amadores”.
CAPÍTULO TERCERO.SU HONRADEZ PERSONAL Y PROFESIONAL.
El papá era un hombre bueno, como dijo Antonio Machado, en
el mejor sentido de la palabra “bueno”; nunca se dejó influir por nada
que le apartara de una vida recta, justa y fiel.
Estaba completamente al margen de cualquier capricho,
influencia o manipulación que pudiera marginar para lo que él nació.
Esa rectitud de intención, le llegó a costar muy cara, pero valió la
pena, porque fue coherente con lo que él pensaba, por eso desearía
transcribir una carta que le dirigí:
“Valencia, a 9 de Noviembre de 1994
Mi querido papá:
A la caída de la tarde del día de hoy, no he podido dejar de pensar en tus
palabras que aunque muy poco definidas no dejaban de traslucir bastante
desánimo y tristeza.
Y me he estado planteando, si debía, o no, sentarme a la máquina de
escribir, de la tía Carmen, y después de una seria reflexión: me he sentado
delante de ella dispuesto a dirigirte unas palabras que, aunque pobres, pretenden
ser de calado, esperando que las entiendas como una conversación reposada que
hubiéramos tenido, pero que no ha sido posible, por el respeto que tu silencio me
inspira y más aun por lo que de sagrado tiene el silencio cuando se eleva a la
categoría de sacrificio y ofrecimiento por amor de Dios y por amor a los
hombres.
Te ruego sepas perdonar todos los errores mecanográficos pues tú muy
bien, sabes, papá, que lo mío nunca ha sido la técnica, dado que en estas
cuestiones siempre he recurrido a ti además de otras por supuesto, que como tú
muy bien sabes, quedan entre Dios, tú y yo.
Pues, con todas mis imperfecciones provocadas por el desconocimiento de
la máquina de escribir, que va muy bien, por cierto, paso a hacerte unas
consideraciones con todo mi corazón tanto que está sangrando, creo, hasta la
máquina.
Lo absurdo es no querer a Dios. Lo difícil es vivir en la amargura.
Yo, no he tenido tu suerte. Los santos como tú siempre tienen cosas
grandes que ofrecer a Dios, tú tienes tu enfermedad, los desprecios de algunos
hombres y otros sufrimientos permanentes y constantes. Yo, tu hijo, nunca he
tenido nada serio que ofrecer. Me temo que, a la hora de mi muerte, voy a tener
poco que ofrecer. Porque Dios nunca me ha enviado nada cuesta arriba para
poder ofrecérselo.
Pero qué voy a hacer yo si Dios no me ha elegido como a ti? A veces me
avergüenzo pensando que me moriré sin haber estado nunca al lado de Jesús en
el huerto de los olivos, sin haber tenido la agonía de Getsemaní. Tú, papá, en
cambio sí que has estado y ESTAS AUN EN LA AGONÍA DE GETSEMANÍ.
Yo, por el contrario, nunca he salido del domingo de Ramos.
Sabes, papá, aún tiemblo el domingo de Ramos y sobre todo, LEYENDO
LA PARÁBOLA DEL HIJO PRODIGO, Dios aún me sigue perdonando.
Papá, ¿cómo puedes estar triste sabiendo que esta tierra ha estado pisada
por Jesús?
Yo sé que toda mi tarea de ser hombre es repetir el nombre de Jesús y
retirarme.
Por todo esto, papá, ¿cómo puedes estar triste si eres uno de los elegidos?.
Dios te ama, te quiere, te prefiere, y te espera siempre como esperan los padres
con los BRAZOS ABIERTOS.
Con esa esperanza debes vivir, gozar y no sufrir, pues Jesús está con
nosotros, te quiere, te quiere mucho y te cuida, NADA TE VA A PASAR.
Te sobra fe, ganas de ayudar a los demás y corazón rebosante de AMOR
DE DIOS, y eso es lo que importa NO LO QUE OPINEN ALGUNOS
HOMBRES.
CON TODO MI AMOR,
Valentín”
Después de esa carta se deriva que su rectitud profesional y
trayectoria humana estaban íntimamente unidas, por eso se puede
decir de él: “Era un hombre que tenía mucho de Dios por la
inmensidad de su amor y mucho de ángel por la incansable solicitud
de sus cuidados. Un hombre que siendo joven, tenía la reflexión de un
anciano, en la vejez, trabajó con el vigor de la juventud....
Un hombre que no tenía títulos académicos pero descubrió los
secretos de la vida con más aciertos que un sabio y se acomodaba a la
simplicidad de los niños...
Un hombre que siendo pobre tenía como la mayor riqueza la
felicidad de los que ama, y siendo rico hubiera dado con gusto sus
tesoros por no ver sufrir el corazón de los suyos, como así lo hizo.
Un hombre que, siendo vigoroso, se estremecía con el vagido de
un niño, y siendo débil se revestía, a veces, con la bravura del león.
Un hombre que siendo el dueño y señor de los suyos, eran, sin
embargo, los suyos los dueños y señores de él...
Un hombre que mientras vivió quizá no supimos estimarlo,
porque a su lado todos los dolores se olvidaban, pero después de
muerto, daríamos todo lo que somos y todo lo que tenemos por
mirarle de nuevo un momento, por tocarle una vez su rostro, por
recibir de él una sola caricia, por escuchar una palabra suya, por
recibir un único beso en nuestra frente...
De este hombre no me exijáis el nombre a mí, si no queréis que
empape con lágrimas mi ropa, porque él lo ha sido todo para nosotros.
Pero si me obligáis, os diré que aquí os he dejado un pálido, un pobre
retrato de mi PADRE.”
CAPÍTULO CUARTO.SU ÚLTIMA ETAPA LABORAL
Como decía Rosales, “Podía haber descansado de vivir”, sestear
un poco y dedicarse a otras actividades que nada tuvieran que ver con
la vida laboral. Pero pudo más el amor que tenía hacia sus hijos,
concretamente en mi caso, ya que sabía que si no estaba junto a mí, el
fracaso era inminente. En consecuencia, fue su último rasgo de amor a
un hijo que podía o debía resolver sus cosas sólo, pero no lo consintió
porque su amor estaba en las entrañas de su corazón y quería ser padre
hasta el final.
En cierta ocasión recuerdo que me dijo: “Yo estaré contigo
aunque tenga que venir con garrote.” Sabía que 1e quedaba poco
tiempo y tenía mucha prisa en amar a los suyos, hasta el final, ya que
tenía presente que un día Dios terminaría el último día de su vida para
empezar el suyo.
Es de justicia, de honestidad y de amor a la verdad, que sin él
jamás lo habría conseguido, mis propósitos, mis estudios, etc., pues no
me echó una mano, sino una soga de barco.
Sus consejos, su presencia, su claridad de ideas, su experiencia y
los trozos de Dios que desparramó sin control hizo de él un ser
insustituible, necesario y eficaz.
Por eso se dice que, según es el clavo, deja el agujero, y yo te
digo, papá, que has dejado un boquete que no se puede llenar ni
sustituir, todo lo más intentar, que aunque todo lo que me enseñaste no
lo capté, aquello que filtraste en mi corazón, pueda algún día dejar un
débil retrato y secuela que manifieste que tuve un padre excepcional,
fuera de lo común, que pasó por este mundo haciendo el bien, sin
hacer excepción de personas y queriéndonos a todos como quieren los
padres, con los brazos abiertos.
Un padre no acaba nunca de morirse, porque siempre vivirá en
nuestros corazones, en nuestras decisiones y nos acompañará, mucho
mejor que cuando estaba en esta tierra, porque aquí estaba limitado,
pero ahí donde está, en el cielo, hilan mucho más fino; además te
pedimos que le tires de la manta a Jesús, quien todo lo puede, sobre
todo cuando se lo pide un hombre que tenía tantas ganas de estar con
Él. Aun recuerdo tus últimas frases, en la agonía, en las que decías:
“Vámonos que Jesús me está esperando.” Y es que naciste por
voluntad de Dios y por voluntad de Dios has vuelto a Él, como le
ocurre a la gota de lluvia que al final se une con el mar del que nació.
Esto te convierte en un hombre de exquisita pureza, por eso quisiste
trabajar hasta el final porque sabias que tu vida no podía ser estéril,
tenia que servir para algo y para alguien. Fue el despacho el epicentro
de tu atención, me consta fehacientemente, y la tribuna que sirvió para
ayudar a todo aquel que te necesitaba, siempre aportando las ayudas a
tus amigos en todos los órdenes, abogacía, notaría, sacerdocio.
En esta etapa tuviste la ocasión de tener relación con Mª Jesús, a
la quisiste y quieres como una hija. Ella fue parte, también, decisiva
en la génesis del despacho; como detalles a destacar, fueron la sintonía
laboral, íntima, sentimental y, sobre todo, de mutua confianza que
provocó que después de tu muerte dijera que “habías sido un
verdadero padre para ella.” Y esto se manifestó en sus lágrimas
interiores y exteriores, que desvelan que el corazón está lleno de
cicatrices porque no hay manera de anestesiar el dolor. Porque el amor
es el analgésico de la inteligencia.
Si Mª Jesús no era tu hija biológica, sí lo fue de hecho porque en
el fondo, aún los hijos biológicos, lo son adoptivos, puesto que la vida
no la creamos nosotros, sino que colaboramos con ella. Recuerdo con
qué cariño pronunciaba tu nombre y esto constituye todo un
homenaje, puesto que un hombre es hombre de verdad cuando
pronuncia su nombre una mujer, en este caso no necesariamente por
vínculos de ningún tipo, sino por el anclaje que sólo el amor, como
ceñidor de la consumación del mismo puede lograr.
Ya ves, hasta en momentos de horas bajas, tu corazón no se
había dado de baja, pues estuvo siempre activo y receptivo, ya que
sabías que la mejor historia de amor es la que protagoniza una mujer
buena. Por eso Dios quiso elegir a una mujer como madre de su hijo,
ya que sabía que sus entrañas estaban rebosantes de entrega, de
aceptación, de cariño y por supuesto aceptando esta frase que M Jesús
asumió cuando tú le hablabas: “Fiat”, es decir, “Hágase en mí, según
tu palabra.” Y también puedes estar seguro que todos tus secretos
estaban bien guardados en el corazón de M Jesús, pues, como decía
María, “Guardaba todos los secretos en su corazón.” Por ello, esos
secretos serán las más hermosas flores que podrán coronar su
ascensión al cielo, en el que estaremos todos juntos. Te doy las gracias
personales por haberla querido, respetado y conquistado su amor, a la
que elegí y tú aceptaste porque se lo merecía, pero también porque
vuestros corazones estaban unidos. Esto me recuerda las últimas
palabras del buen ladrón: “Señor, acuérdate de mí cuando estés en tu
reino.” Que en la lengua de su tiempo sería: “Acuérdate de mí cuando
estés en la gloria de tu realeza.” Fíjate bien, papá, que sólo le pidió un
recuerdo y Jesús le contestó: “Te aseguro que hoy estarás conmigo en
el paraíso.” Hoy: prontitud, conmigo: cercanía, paraíso: descanso
eterno. Por eso te pedimos, como el buen ladrón, que te acuerdes de
nosotros y le pidas al Señor que un día estemos contigo. Esa es nuestra
esperanza, nuestro consuelo y el acicate para seguir viviendo.
Además de Mª Jesús te pido, con todo mi corazón, que cuides y
guardes a un buen amigo que nos ayudó, en nuestra etapa profesional
y en todos los órdenes, que no menciono su nombre porque adivino
que en su corazón quiere hacer suyas las palabras de Paul Claudel:
“Quiero ser un sendero que se utiliza y se olvida.” Aunque yo sé que
tú no le olvidas. Sabes que sin su ayuda no lo hubiéramos conseguido,
pero tú que lo ves todo, desde el cielo, y tienes muy cerca a Jesús, no
lo abandones porque como tú mejor sabes: “Amor con amor se paga.”
Como tú eras la alegría, te suplico y te ruego que: “Lo programes bien
para que sea feliz, como se merece, y yo pueda gozar de su
irreemplazable compañía.” Esta persona no tiene nombre civil,
solamente tú sabes como se llama y no como figura en los papeles de
este mundo sino como figura desde arriba, por tanto, nadie sabrá de
quien hablo más que tú.
CAPÍTULO QUINTO.TU ESPOSA
Sería imperdonable que este capítulo no se escribiera, pues tu
mujer, María, nuestra madre, que tú elegiste - seguramente basándote en el adagio de que los hijos me los manda Dios, pero la
mujer y los amigos los elijo yo.
Sin duda ninguna diste en la diana, escogiste el alma gemela que
Dios te había guardado desde el principio de la constitución del
mundo. Porque el amor es una chispa que surte, no por casualidad,
sino por providencia, siempre y cuando el corazón está invadido y
prendado por el amor de otra persona.
Fuisteis una escuela del amor entre un hombre y una mujer, que
precisamente es lo que Dios quiso cuando creó la mujer, puesto que
entendió que no era bueno que el hombre estuviera solo. Realmente el
amor hay que cuidarlo, mimarlo, mantenerlo, disculparlo, de todas las
posibles ofensas, y vosotros sabíais que los hombres, en lugar de estar
toda la vida disparándose unos a otros, era mucho mejor reconciliarse
y pedirse perdón. Porque en definitiva, el amor es como una planta, si
no se riega, se vigila y se cuida, al final muere y a veces muere aún
haciendo todas esas cosas, pero eso ya no es responsabilidad de los
cónyuges sino del destino.
Ante la estatura de vuestra sabiduría para captar las necesidades
del otro, he de inclinar la cabeza, escuchar, aprender y repetir el
nombre de nuestros padres y después retirarme.
Qué duda cabe que la vida os dio muchos arañazos, pero estos
fueron superados por la cordillera de vuestro amor, que estuvo
envuelto y soportado por unas empalizadas tan fuertes que ni el agua
ni el viento, ni las tormentas ni cualquier tipo de circunstancias pudo
hacer que el edificio se derrumbara.
Y a ti, mamá, hay que decirte que el cielo no está encima de las
nubes, que no es un lugar, es un estado y el papá anda por tus
habitaciones, con pies de terciopelo y está a tu lado, porque la muerte
no existe, es sólo cambiar de situación y no olvides que él está
descansando y que sigue amándote mucho más, si cabe, que en esta
vida, porque aquí hacemos las cosas bastante mal, pero en el cielo
hilan más fino.
Dios sabe bien que esta separación provisional de cuerpos, pero
no de almas, dura hasta que Dios quiera, pero tú has de conservar la
esperanza de que ese día llegará cuando Dios quiera y, mientras tanto,
tú único sentido de vivir es continuar su obra y cumplir como hicisteis
desde que os casasteis.
En definitiva, no olvides que él está contigo y estará hasta el
final; si esto no lo olvidas, te ayudará a vivir y a ser feliz y a dar
gracias a Dios por los años que te regaló de vivir con él, porque la
vida es un préstamo que no cotiza en bolsa pero al final produce
muchos dividendos que son el resultado del amor que se haya
invertido en la bolsa del querer.
Y por último, ya sabes que él dijo: No lloréis por mí que yo
rogaré por vosotros, no os abandonaré y estaré con vosotros hasta el
final.
CAPÍTULO SEXTO.SU RELACIÓN CON SUS HIJOS
Fue un verdadero regalo el que Dios nos permitiera tener un
padre como tú, único, insustituible. Tanto mis hermanos como yo
hemos sentido un vacío muy grande, pues cuando los pilares de una
casa se rompen luego cuesta mucho reconstruirla y nunca será igual.
Ten la completa seguridad de que vives en nuestros corazones, en
nuestras acciones, en nuestras decisiones y en todos nuestros actos, y
que sentimos tu presencia permanente en todo momento, sabemos que
no te has ido, que estás un poco más lejos, esperando que llegue
también para nosotros la estación del último destino y que podamos
decir que tuvimos un padre que, hasta que murió, todo lo que tenía lo
perdió y sólo se llevo lo que dio.
Tus problemas eran los nuestros. Como tú muy bien decías la
carrera de padre no termina nunca y estabas siempre pendiente de que
no nos faltara nada, desde el día que nos trajiste al mundo hasta el día
que te fuiste. Y este es un tesoro, una escuela y una imagen a imitar
que está escrita con letras de sangre de tu corazón que va limpiando
nuestros ventrículos hasta que nos concedas el privilegio de
trasplantamos tu corazón al nuestro.
Papá: te prometemos que en nosotros vivirás siempre, porque lo
que hiciste y lo que estás haciendo, no se puede olvidar ni echar en
saco roto. Gracias, muchas gracias por haber sido y seguir siendo
nuestro papá, palabra que nos sacude el alma como la mejor de las
sinfonías, porque tu recuerdo y tu compañía nos serenan, nos dan
calor y luz para seguir viviendo.
Quédate con nosotros porque el día va de caída y te
recordaremos, como Jesús, cada vez que partamos el pan, pan que tú
nos diste para alimento de nuestro cuerpo y para agradecer a Dios el
haber nacido y crecido en el nido de ternura, de dulzura y de amor
infinito que jamás podremos comprender porque rebasa lo humano.
Tu cariño y tu amor son divinos.
CAPÍTULO SÉPTIMO.SU PERFIL RELIGIOSO
El día que marcó su vida, definitivamente, fue el día que se
encontró con Jesús, cara a cara, en un cursillo de cristiandad. Allí
descubrió que Dios le amaba, se enamoró de Él y él se enamoró de
Jesús. Realmente toda su vida fue un sufrimiento sin encontrar posada,
pero asumió las palabras de Sta. Teresa cuando le preguntó a Jesús:
“Señor, ¿por qué me haces sufrir tanto?” Y Jesús le contestó: “Teresa,
Teresa, así trato yo a mis amigos.”
El sabía que para seguir a Jesús había que ser su Cirineo y
aceptó la cruz con todos los sinsabores que la vida le dio; hasta los
umbrales de la muerte murió sufriendo, precisamente por haber hecho
el bien. En esto, papá, te pareces a Jesús, porque vino al mundo como
hijo de Dios y nadie le reconoció salvo doce discípulos y alguno de
ellos hasta lo negó. Tú no lo negaste nunca, por eso te habrá recibido
con los brazos abiertos porque, cómo va a rechazar a quien tenía
tantas ganas de verle?
Tu vida fue la del discípulo fiel que lo siguió con sencillez y con
humildad. Por eso, aunque todas las bienaventuranzas se te podrían
aplicar, yo creo que hay dos fundamentalmente que se encarnaron en
ti: la primera, “Bienaventurados los limpios de corazón” y la segunda,
“Bienaventurados los perseguidos a causa de la justicia, porque de
ellos será el reino de los cielos.” Por esto sabemos que estás en el
Cielo, con Jesús y con todos tus amigos que te quisieron y que hoy
estáis gozando de la presencia de Dios.
Seguro que cuando llegaste al Cielo Jesús te miró las manos, las
vio llenas de cicatrices en forma de cruz y te preguntó: “¿Esto por
qué?, y tú le dijiste: Pero si las tengo vacías”, y Él te fue recordando
todo lo que habías hecho por tus hermanos los hombres y te dijo
“Todas estas cruces son la muestra de lo mucho que has amado, por
esto pasa y siéntate conmigo y descansa en la paz que te has ganado
porque cuando tuve hambre me diste de comer y cuando tuve sed me
diste de beber y cuando estaba enfermo me visitaste. Y cada vez que
lo hiciste me lo hiciste a mí y por haber cumplido mi mandato, aquí
tienes tu recompensa y desde aquí te ayudaré, a todos los que te
encomendé en la tierra porque míos eran y te los di, y me los has
guardado hasta el día que yo te llamé. Por eso, estate tranquilo,
Valentín, que ni a tu esposa ni a tus hijos ni a tus nietos ni a tus
amigos los abandonaré y te prometo que los llevaré en mis brazos por
el amor que tú, como hombre bueno, les diste”. Por todo esto, no te
preocupes, yo te ayudaré y tú, descansa en paz.