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GANADOR 1976 GLORIA Y FORTUNA DEL OLIVO. Lema: Anunciación de la luz I-­‐ Presencia y Fruto. Bajo la paz del cielo, que es la lumbre divina,
bajo el vasto zafiro-credencial de la aurora,
el alma de los campos, de nuevo, se ilumina,
y el alba presumida se sabe vencedora…
…Bajo la luz del cielo, Dios bendice el misterio
de un cuerpo torturado, que otros llaman olivo,
donde el pájaro cumple su dulce ministerio
de cánticos filiales en verso compasivo.
¿Entiende, a su manera, las odas de la brisa,
inerte y poderoso capitán de la loma?
¿Tiene, acaso, nostalgia de la antigua sonrisa
que dibujaba gozos en los labios de Roma?
En plenitud de siglos, ¿le llega ese mensaje
que acuñó, fervoroso, el corazón del griego?
¿La sangre de las horas derrama en el paisaje
la soñada promesa de su futuro fuego?
Es un brote de vida, porque la vida estalla
de pasión primeriza, que el olivar rezuma,
arrebatadamente, como guarda la playa
su memoria de sales, al despedir la espuma…
GANADOR 1976 …Oh, mar de los olivos para un barco de gozo,
que navega, invisible, cuando el amor promete
derrota de misterios y timón de alborozo,
que a manejar aprende el corazón grumete.
Todo está aquí señero, presente y florecido,
verdecida presencia, soledad verdeante,
memoria soberana, verdores sin olvido,
y verde profecía de un mañana brillante.
Es este cuerpo dócil poderosa fortuna,
salmo o fruto nativo para un mensaje prieto,
que hacia los cuatro vientos pronuncia la aceituna,
para que el campo entienda la luz de su secreto.
Aquí todo el misterio se hace zumo y fragancia,
urna mínima y verde de soledad votiva,
con la grácil presencia, con la niña elegancia
que en predios bien colmados nos ofrece la oliva.
Símbolo la aceituna de una gracia pequeña,
adusta temerosa de su amargo destino,
apasionadamente, porque morir ya sueña,
por renacer al lado de una copa de vino.
GANADOR 1976 Sacrificio inocente de una carne inmolada,
porque en el árbol viejo su adolescencia brilla,
-sorpresa de los tiempos- y parece, arrancada,
enseñando a las bocas el sabor de la arcilla.
Si el paladar pudiera, bendeciría nombres:
serrana, zorzaleña, manzanilla y gordal.
(Regalo suntuoso que reciben los hombres,
pagando su presente d esperanza y de sal).
Ánfora delicada que otoños atesora,
desdeña primaveras, acompasa veranos,
y en la rueda del año, con invierno aflora
su rotunda promesa de bríos soberanos.
Aceituna o joyita dorada por el fuego
de soles-rayo a rayo- en travesura gualda,
desde el prado celeste, tasando como en juego
un alma de princesa en cuerpo esmeralda.
II-­‐ Aceite. Orgullosa aceituna de su luz en clausura,
con la anunciada gloria que cela su deleite,
va cuajando, por siempre, la fúlgida aventura,
en el sino materno de brindar el aceite.
Aceite que sería como un ángel profano,
con túnica esmeralda, con vocablos de brasa,
para dejar más claro que el corazón humano,
GANADOR 1976 contra sombras que asedian el orbe de la casa.
El óleo es compañero de linfas bautismales,
-aurora o balbuceo- cuando empieza la vida,
Y un sereno alborozo de mínimos cristales
Al alma del infante le curan una herida.
El óleo es despedida para la unción del hombre
en el pavor tremendo de las cerradas brumas,
cuando – final suspiro, porque muerte es su nombre –
el alma va surcando las últimas espumas.
Aceite o centinela de Sacra Maravilla
-inocente plegaria a quien niegan la vozcuando brinda el sustento a la fiel lamparilla,
que guarda en el sagrario la soledad de Dios.
III. Olivo en el tiempo, olivo en España… El campo en los olivos – sus hijos – se derrama,
alhajando llanuras, romanizando alcores.
(Y trina, en verde trono que finge cada rama,
el aire, como un ave, sus himos rondadores).
Era entonces un signo de paz y de bonanza,
ramo en pico del ave, vencedor de los vientos,
epílogo amoroso que sella la esperanza,
como una tumba alegre de viejos desalientos.
GANADOR 1976 Con un eco de “hosannas” del tiempo repetido,
desplegando su pura bandera de alegría,
en domingo de ramos, más allá del olvido,
consagra bienvenidas al Cristo de aquel día.
Era un dolor callado, tortura inexpresable,
-oh, savia temerosa, corazón casi yerto –
al contemplar a cristo, en noche inolvidable,
sufriendo por nosotros en la quietud del huerto.
Tentado por querencia de llano y de montaña,
ganándole a las lindes, pacífica, su guerra,
como una bella arruga sobre la piel de España.
Ya tiene su hospedaje en Córdoba señera;
acaricia con mimo los predios de Sevilla:
infinita promesa del sur, olivarera,
mientras el sol pregona su paz sobre la arcilla.
El olivo se yergue, cuando el amor ha escrito,
guiado por la mano del ángel amanuense,
como un canto silente, como un canto infinito,
renglones milenarios en campo turolense.
Espala es tesorera de olivos o ensueños,
y voltear quisiera sus íntimas campanas,
cuando llena de gracia los barros extremeños
o triunfa de las penas en tierras catalanas.
GANADOR 1976 Da su bíblica sombra a la patria brillante,
donde el bierzo, entre linfas, sus fulgores proclama;
y en el edén ibero (que apellidan levante)
dibuja una delicia de luz en cada rama.
Doncel de soledades, señor de su rocío,
es motivo de gozo con la jota, en cantares
de cálida fragancia vencedora del frío,
porque aragón se rinde a un ardor de olivares.
Es índice afanoso que muestra so porfía,
arracimando hileras del campo mallorquín,
y oye, como un regalo de mar y lejanía,
espumas que recitan sus glorias en latín.
Por glebas toledanas, es legión que despliega
sus armas para un reto que atestigua la aurora,
cuando España – materna - una palabra entrega
de amor y claridades. Y la palabra es Mora.
Mora de los olivos, ataviada de fiesta,
donde la rama es sello de color y de gracia,
y el alma ciudadana, como una rosa enhiesta,
se viste con rocío de azul aristocracia.
Por cantar al olivo, capitán de su barro,
en vegetal alerta de misión y camino,
el ansia de Quevedo se hizo lumbre y desgarro,
y Góngora cedía su verbo diamantino.
GANADOR 1976 ¿Le suenan en el alma los versos de Machado,
- alamar bien prendido por lomas de Jaén – ?
¿Escucha, todavía, su corazón cansado,
el eco soberano del canto de Rubén?
Juglar de su belleza, galán de su figura,
yo traigo a su presencia mi palabra sumisa,
como un sencillo exvoto que pague su hermosura,
y que lleve sus ramas el ave de la brisa;
Yo traigo mi mensaje de humildad cotidiana,
hilando madrigales de gozo sensitivo,
cuando la noble antorcha, que enciende la mañana,
le va prestando soles al cuerpo del olivo.