Download 6. La Oracion
Document related concepts
no text concepts found
Transcript
Plática 6 para señoras La Oración Folletos: Conozcamos nuestra fe católica (26) La Oración Conozcamos nuestra fe católica (28) Manual de Oraciones Objetivos: Crecer en nuestra amistad con Jesús. Disfrutar de la compañía de Dios en nuestra oración y a lo largo del día. Hacer de nuestra vida una oración, o sea ver a Dios en todas las circunstancias y en todas las personas. Orar es platicar con Dios, es estar en comunicación con Él, es hablarle desde el corazón con sencillez y naturalidad. Es estar en su presencia para escucharlo. Es dejarme amar por Él y amarlo yo también. La oración es una necesidad, pues Dios al crearnos a su imagen y semejanza, nos puso un sello en el alma que nos inclina naturalmente hacia Él. Por ejemplo, cuando estamos en un problema casi espontáneamente decimos “Ayúdame Dios mío”, hasta los que dicen que no creen en Dios lo hacen. Cuándo rezamos, ¿no desaparece algo de ése vacío que sentimos?, ¿no recuperamos algo de paz que habíamos perdido? La oración es necesaria porque alimenta y anima nuestra alma, porque nos da el gozo y la paz que necesitamos para ser felices, porque en ella, Dios nos regala muchas gracias que nos ayudan a ser mejores personas. En la oración aprendemos a amar más a Dios y a nuestro prójimo, a cumplir Su voluntad y a vencer las tentaciones, a practicar las virtudes para que vayan desapareciendo los defectos. ¿Para qué oramos a Dios? Para alabarlo diciéndole lo mucho que lo amamos. Para agradecerle por todo lo que nos ha dado, la vida, mi familia, mis amigos… Para pedirle perdón por todas las veces que lo hemos ofendido. Para pedirle por nuestras necesidades espirituales y materiales, para pedirle consejo, confiarle nuestras preocupaciones y a las personas que amamos, para desahogarnos con Él y compartir nuestros sufrimientos. Jesús nos dice “Pedid y se os dará, buscad y encontrareis, llamad y se os abrirá”, Él siempre escucha nuestras peticiones, sobre todo cuando las pedimos con fe y si lo que pedimos es bueno para nuestra salvación y la de los demás. Recuerda que Dios es Todopoderoso y no hay nada imposible para Él, pero nunca nos va a conceder cosas que nos hagan daño. Si lo que pido no me conviene, me dará otra cosa; pero la oración que sube al cielo nunca vuelve vacía, aunque a veces pensamos que no nos escucha. Es como una madre que cuando su niño le pide un cuchillo con el que se puede cortar, no se lo da, en cambio le da un juguete. En caso de que en los planes de Dios esté dejarnos una cruz, nos dará fuerzas para llevarla. San Agustín dijo: «Señor, dame fuerzas para lo que me pides, y pídeme lo que quieras». Recuerda que Jesús murió para salvarnos, por lo que para Dios, lo más importante es que lleguemos al cielo. Para interceder o para pedirle por las necesidades de otros. El valor de la oración es muy grande, con ella convertimos a muchos pecadores y acercamos a muchas personas a Dios. Para ofrecerle nuestros trabajos, sufrimientos, alegrías, esfuerzos… Podemos orar de varias formas: Con nuestras propias palabras, diciéndole lo que sentimos, lo que hay en nuestro corazón. Con oraciones ya hechas, diciéndolas con el corazón, pensando cada palabra, haciendo mía la oración. Haciendo una reflexión de una cita del Evangelio o alguna lectura espiritual. Como la oración es un diálogo, Jesús también nos habla en nuestra alma, nos dice qué quiere de nosotros. Nos los dice en su palabra que está en la Biblia o cuando guardamos silencio en la oración, nos llena de buenos pensamientos y de deseos de ser mejores. Con cantos, pensando lo que voy cantando. Con nuestras obras o quehaceres, si ofrecemos nuestro día, si invitamos a Jesús a nuestro corazón para que todo lo haga con nosotros, trapear, hacer la comida…se convertirá en una oración, y al hacer las cosas con Dios, como Él es divino, mis quehaceres se convierten en actos divinos, Él diviniza todo lo que hago si lo hago con Él. No debemos desperdiciar ninguna cosa de las que hacemos, todo hay que ofrecérselo para que Dios Nuestro Señor, lo convierta en oración. Nunca salgas de tu casa sin haberle ofrecido a Dios tu día. Con nuestras actitudes, ser alegre, servicial, cariñosa, paciente…que mi amor sea la voz que alaba a Dios. La oración es una conversación y se puede conversar de distintas maneras. Algunas veces es un simple intercambio de palabras. Pero la conversación profunda y sincera se da cuando intercambiamos pensamientos, corazón y sentimientos, cuando entregamos nuestro "yo" tal como es, cuando mi oración sale del corazón para amar a Dios. Dice San Pablo, “Orad sin cesar”, la perseverancia en la oración es fundamental para crecer en nuestra amistad con Dios y recibir los dones que nos quiere regalar. Y San Agustín da la solución: “Orad con el deseo. Aunque calle la lengua, si deseas amar, ya estás amando. Tu deseo es tu oración, si deseas siempre, tu oración es continua”. Lo que me ayuda para orar: Para hacer una oración de 10 minutos más o menos: Relajarme y recogerme, entrar en mi alma, olvidarme de lo de afuera. Ponerme en presencia de Dios. “Señor sé que estás aquí conmigo, que me ves, que me escuchas, que me amas, yo también quiero amarte.” Hablarle de lo que hay en mi corazón con total sinceridad, platicarle de mis cosas, de lo que me preocupa, de mis planes, de mis alegrías. Hacer momentos de silencio para escuchar su voluntad. Dejarle mi corazón con toda confianza para que me regale las gracias o cualidades que necesito para ser santa. Si quiero rezar más de 10 minutos a demás de lo anterior: Hacer reflexión de un pedazo del Evangelio o de un libro de espiritualidad o de una oración ya hecha (de San Francisco de Asís, de San Agustín, el Credo, el Padre Nuestro) y escuchar lo que me Dios me dice. A veces creemos que orar es una acción que hacemos nosotras solas, como por ejemplo hacer una lista del mandado o una carta, pero orar es ante todo la acción de Dios en nosotros. Es entregarle nuestro corazón con todo lo que trae adentro, preocupaciones, egoísmos, alegrías…y dejar que Él lo consuele, lo llene de su amor, lo moldee con sus manos divinas. Dios siempre nos quiere regalar muchas gracias o cualidades, pero si nosotros no abrimos nuestro corazón, no las podremos recibir. Durante la oración, el Espíritu Santo, sin que nos demos cuenta, nos transforma, aclara nuestro entendimiento, inclina el corazón a comprender y a gustar las cosas de Dios, nos ayuda a vivir el Evangelio: ver, sentir, juzgar y amar todas las cosas como Jesús las ve, las siente, las juzga y las ama. Dios está siempre dispuesto a colmarnos de gracias: nosotros en cambio, no siempre estamos dispuestos a recibirlas. En la oración Dios nos hace aptos para ello. Dejémonos pues, amar por Dios para que Él llene nuestro corazón de Su amor y amando a los demás con Su amor, podamos alcanzar la felicidad que nos tiene preparada. En la oración también debemos de dirigirnos a la Santísima Virgen, pues ella es una gran intercesora. Nos ama muchísimo y le pide a Jesús por nosotros. Jesús la escucha especialmente, pues es su Madre amadísima y le concede lo que es bueno para nuestra salvación y la de los demás. Se hace un momento de oración todas juntas: Le explicamos que con los ojos cerrados vamos a hacer una oración dirigida y que después vamos a poner una o dos canciones con los ojos cerrados escuchando la letra de la canción. La oración se lee despacio y pausadamente: Oración: Cerramos los ojos para entrar en nuestro interior olvidándonos de todo lo que hay afuera y nos ponemos en presencia de Dios. Señor Jesús, sé que estás aquí conmigo, que me ves, que me escuchas, que me amas inmensamente. Yo también quiero amarte y agradecerte Señor por todos los dones que me has dado, y por eso quiero ofrécete éste momento de oración. Espíritu Santo, me pongo en Tus manos para que me guíes, para que me enseñes a orar. Transforma mi alma para que aprenda a gozar de la presencia de Dios. Señor, Tú conoces lo que hay dentro de mi corazón, lo que me preocupa, lo que me angustia, lo que me da miedo; lo pongo en tus divinas manos para que me ayudes a solucionarlo de la mejor manera, ilumíname para que sea capaz de hacer lo que está en mis manos, lo que yo puedo remediar y te pido fe para confiar en que Tú harás lo demás, lo que yo no puedo hacer. Que en todas mis angustias sepa decirte “Jesús, confío en ti”, “Jesús, confío en ti”… (Minuto de silencio) También quiero compartir contigo mis alegrías Señor, te quiero agradecer por mi familia…, por mis hijos…, por la sonrisa de cada uno de ellos… Gracias Señor, porque hoy me invitaste a éstas pláticas en donde me has dicho lo mucho que me amas y las ganas que tienes de estar conmigo. En donde me has enseñado a abrir mi corazón para poder recibir el amor que tanto me quieres dar. Quiero ser toda tuya Señor, quiero entregarte mi corazón así como es, con sus defectos y virtudes, sé que con gran ternura lo irás llenando de tu amor y alegría y así me ayudaras a ser mejor persona para poder disfrutar desde hoy de la felicidad que tu me has preparado. No me sueltes de tu mano, pues si contigo estoy, nada me falta. Señor Jesús, te entrego también mis ojos para que me enseñes a ver como Tú ves, que te encuentre en la belleza del sol, de los árboles, de la naturaleza. Que te pueda ver en mi esposo y así, ayudarlo en su camino al cielo, que le hable de Ti con mi trato amoroso de todos los días. Que te vea en mis hijos, y que con tus ojos los vea con esa ternura con que tu me miras a mí, que sepa darles buen ejemplo para a vivir las virtudes que los llevará a ser santos. Que te vea en cada persona y en cada lugar. Te entrego también mi boca, para que hable con tus palabras tiernas, dulces, amorosas, llenas de comprensión, para que todo el que se encuentre conmigo, sienta tu amor de Padre. Que mi boca te alabe en todo momento, en mis alegrías y también en mis tristezas. Y sobre todo Señor, te entrego mi corazón, quiero que sea tuyo para que me enseñes a amarte y a amar a los demás, te pido que lo llenes de tu amor para que sea con ése amor inmenso, alegre, servicial, entregado, con el que ame a todos los que me rodean, principalmente a mi esposo y a mis hijos. No me sueltes de tu mano Señor, si te tengo a ti, nada me falta. (Minuto de silencio) Virgen María, quiero bendecirte y agradecerte por que le pides a Jesús por mí. Te ofrezco toda mi vida para que se la entregues. Enséñame a rezar, a hacer de mi vida una oración, a pedirle perdón a Jesús con sincero arrepentimiento, a escucharlo para aceptar su voluntad, y a pedirle con fe y humildad lo que necesito para ser santa. Virgen María, ayúdame a estar siempre muy cerca de Jesús, enséñame a amarlo fielmente. Amén. Para terminar: Poner una o dos canciones que nos lleven a seguir en oración. Se puede poner sólo una y repetirla 2 veces. Si se llevan las letras por escrito para que las vayan siguiendo, sería mucho mejor. Pueden ser: Tu estás aquí de Jesús Adrián Moreno Ven Señor Jesús de la Hermana Glenda Pide y se te dará de la Hermana Glenda Mi Pan mi Luz del Coro Laudem Compromiso: 1. Voy a persignarme todas las mañanas para invitar a Dios a mi alma y ofrecerle todo lo que haga durante el día. 2. Voy a estar consciente de que Dios está conmigo todo el tiempo, voy a platicar con Él muchas veces durante el día. 3. Voy a hacer 10 min de oración todos los días leyendo un pedacito del Evangelio. 4. Voy a tratar de rezar con mi familia o antes de acostarnos, o antes de comer dando gracias por los alimentos, o rezando un misterio del Rosario una vez a la semana. La Virgen nos prometió, que la familia que reza unida, permanece unida. 5. Voy a ir a Misa todos los domingos con mi familia. 6. Si todo esto ya lo hago, o dentro de un año quiero crecer más en mi oración, puedo asistir a Misa, además de los domingos, un día entre semana. Si no hay Misa cerca, puedo visitar a Dios Nuestro Señor en el Sagrario.