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DÉJAME SOÑARTE
Mayte Jiménez Aguilar
1
Aun puedo recordar aquella mirada mientras un escalofrío recorre mi espalda, la noticia de que
ella ya no está entre nosotros me ha dejado helado. Apenas hace dos días fui a visitarla y la
encontré sonriente en su jardín mientras acomodaba unas preciosas rosas amarillas en un
jarrón. Su rostro era sereno y transmitía paz, la saludé cordialmente y ella me miró a los ojos.
Sus preciosos ojos negros me ofrecieron una mirada intensa y chispeante llena de matices que
hizo que mi corazón diera un vuelco. Amara era una mujer única, siempre me fascinó.
No puedo evitar que las lágrimas resbalen por mis mejillas mientras pienso en ella y en lo que ha
ocurrido. No puedo evitar sentir que soy un cobarde, que he pasado estos últimos años
posponiendo todo lo que me apasiona, permitiendo que el miedo me gobierne, confiando en que
la vida va a esperarme siempre…y ahora comprendo que no es así.
Era ella, la amaba, jamás se lo dije.
A duras penas consigo retener mis lágrimas e intento terminar mi trabajo, mi corazón sigue
llorando amargamente, mis recuerdos se amontonan en mi mente en un intento desesperado por
recuperarla, por tener la oportunidad de decirle…lágrimas, más lágrimas, dolor…
Sigo sin coger el teléfono, estos dos últimos días parece que ha dejado de sonar, creo que han
comprendido que necesito estar solo. Los días se han vuelto grises e interminables desde aquel
terrible martes de abril. Intento con todas mis fuerzas aclarar mi mente, mirarme al espejo por las
mañanas sin odiarme. No puedo seguir así, tengo que hacer algo.
He decidido pasar el fin de semana en la montaña, dos horas de tren me alejarán de todo,
necesito ese espacio para volver a encontrar sentido a mi vida.
De camino a la estación siento lejano el bullicio de gente, su ir y venir por las calles de la ciudad,
un murmullo que me envuelve y me hace sentir pequeño, muy pequeño. Voy caminando ajeno a
todo ello, inmerso en mis pensamientos, sin darme cuenta de que alguien me está llamando.
Una preciosa mujer de unos treinta años se acerca a mí, lleva un pequeño paquete entre sus
manos, su rostro me resulta muy familiar, pero nunca la había visto antes. Me sorprende que se
dirija a mí por mi nombre y ella debe de notarlo en la expresión de mi rostro, pues rápidamente
se presenta sin dejarme articular palabra.
-Hola, soy Alicia, hermana de Amara. Hace días que intento ponerme en contacto contigo, pero
ha sido imposible. Siento presentarme así y me alegra haberte encontrado a tiempo.-Añade
mirando mi maleta.
2
Una explosión de sensaciones me invade, sigo en silencio, la miro, la miro, la miro y no puedo
decir nada.
-Mi hermana me habló mucho de ti y sé que le habría gustado que tuvieras esto –dice mirando el
paquetito y poniéndolo en mis manos a la vez que sus ojos se llenan de lágrimas.
-No sé qué decir… -odio quedarme sin palabras, hay tantas cosas que quiero preguntarle, hay
tantas cosas que querría decir…silencio, agradecimiento, ternura, más silencio.
-¿Tienes tiempo para una cerveza? –se apresura a decir mirando el pequeño café que hay más
allá –me gustaría poder hablar un poco contigo.
-Por supuesto, vamos.
Es increíble cómo la vida nos sorprende a cada paso, Alicia, en su dolor, aún tiene capacidad
suficiente para mirar la vida con una fortaleza envidiable, es una mujer valiente, tenaz, capaz de
transmitir una energía enorme. Hablar con ella me ha hecho comprender muchas cosas, me ha
hecho reflexionar y, lo mejor de todo, me ha mostrado un camino que yo sólo habría tardado
mucho tiempo en ver.
Me despido de ella y me dirijo de nuevo a la estación. Ya no me siento pequeño, el bullicio no me
oprime. Siento el paquete en mi mano y una mágica sensación se apodera de mí. He tomado la
decisión de no abrirlo hasta que llegue a mi destino. El viaje en tren, los paisajes desde la
ventanilla, el calor de no sentirme solo…todo ello construye en mí paz, una paz que creí no
volver a sentir.
La cabaña está relativamente cerca de la estación y decido ir caminando hasta allí. El paisaje es
magnífico, la brisa fresca en mi rostro me recuerda que la belleza y la vida están ahí, esperando
que sepamos apreciarlas, que sepamos sentirlas, que sepamos agradecerlas.
Al llegar a mi destino, un espacio acogedor y cálido, con detalles muy cuidados y un intenso
aroma a naturaleza, suelto mi maleta y miro mi paquete. Tengo un nudo en la garganta, estoy
deseoso de ver su contenido pero tengo miedo. Maldito miedo. Quiero abrirlo pero no puedo. Lo
dejo en la mesa y salgo de la casita. Hay un precioso lago cerca, puede verse desde aquí.
Respiro hondo. No sé cuánto tiempo permanezco observando, sintiendo, evitando abrir algo que
sé que me hará llorar como un niño.
3
Cierro los ojos y de nuevo la sonrisa y la mirada de Amara vuelven a mi mente, esta vez no me
siento triste, esta vez no tengo miedo, ahora comprendo que una parte de ella siempre estará en
mí. El paquete está cuidadosamente envuelto, Alicia ha cuidado todos los detalles como sabe
que lo habría hecho su hermana. Mi corazón se agita. Lo primero que encuentro al abrirlo son
varias fotografías, momentos compartidos entre amigos, cuántos recuerdos…lágrimas en los
ojos, sonrisa en los labios, un aliento cálido que llega misteriosamente a mi corazón compungido.
Bajo las fotos, atadas con un fino cordel, cartas. Amara me escribió cartas que nunca
envió…daría mi vida por poder mirarla a los ojos una vez más, besar sus labios…
No podría decir cuánto tiempo he estado con sus cartas oprimiendo mi pecho, sin abrirlas,
intentando desesperadamente poder sentirla junto a mí.
Mi querido Eric
Esta tarde has estado en casa otra vez, hemos pasado un buen rato escuchando música, nos
hemos reído mucho, me siento tan bien contigo…Ahora de nuevo estoy escuchando esa canción
que tanto te molesta pero que me encanta. Me gusta ver la cara que pones cuando empieza a
sonar. Es justo en ese momento cuando me apetece abrazarte, besarte y decirte todo lo que
siento por ti. Pero me contengo, siempre me contengo, para mí es muy importante la amistad
que nos tenemos y no quiero estropearla. Siento que hay algo en tu alma afín a la mía que me
hace sentir algo muy especial por ti, algo tan intenso que podría mover el mundo, algo tan
intenso que las palabras no alcanzan a explicar…vuelve pronto, tu sonrisa me hace feliz.
Amara
Quiero soñarte, poder decirte en mi sueño todo lo que callé, quiero sentir tu piel en mi sueño,
regalarte todas las caricias que no te di. Quiero sonreírte, porque en mi sueño quiero verte feliz.
Quiero que el cielo me regale esta noche la oportunidad que durante años perdí, solo una noche,
solo un sueño, solos tú y yo.
Amanece temprano en la montaña, los pájaros rompen el silencio de la noche. Me siento
sorprendentemente descansado, tranquilo, mi mente callada. Al mirarme en el espejo veo algo
que me sorprende y empiezo a recordar…mis ojos brillan, mi semblante ha cambiado…vuelvo a
sonreír. No lo entiendo…o quizás si…sobre sus cartas en la mesilla, una rosa amarilla…
He decidido hacer una hoguera esta noche, guardar en mi corazón los buenos recuerdos,
escribir la respuesta a todas sus cartas y utilizar el mismo cordel que las unía para atarlas junto a
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las mías. Quiero que el fuego funda todas las palabras calladas y las convierta en una sola, para
guardarla siempre en mi mente y en mi alma. Quiero dejar atrás el dolor y agradecer todo lo que
hemos compartido…quiero, de una vez por todas, que esa hoguera destruya el miedo, quiero
aprender a vivir.
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