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Transcript
Darwin vs Lamarck*
Enrique P. Lessa
A veces el pensamiento parece tener que
abrirse camino por incontables barreras
hasta proponerse y ser escuchado.
Julio Cortázar
Las figuras y aclaraciones al respecto son de rigor en todo libro de texto de biología al
momento de ocuparse de la evolución: Por un lado está la explicación lamarckista, basada
en la herencia de los caracteres adquiridos. Según esta, las jirafas, por ejemplo, han
logrado sus largos cuellos ya que el estiramiento adquirido por fuerza del ejercicio de
comer las hojas en las ramas más altas de los árboles se transmiten a la descendencia.
Este proceso, repetido generación tras generación, provoca la evolución de cuellos más
largos.
Por otro lado, siempre en nuestro libro de texto, está la explicación darwinista, basada en
la selección natural. En una población ancestral de jirafas debió existir variación en la
longitud del cuello. Al menos parte de dicha variación tenía un componente hereditario.
Las jirafas de cuello largo tenían una ventaja a la hora de alimentarse, pudiendo
aprovechar las hojas más altas de los árboles. En promedio, dejaron más descendientes
que las de cuello corto. Este proceso, repetido generación tras generación, provoca la
evolución de cuellos más largos.
Según esta visión, entonces, la diferencia fundamental entre Darwin y Lamarck radica en
que elaboraron mecanismos contrapuestos, naturalmente excluyentes, de la evolución.
Pero esta interpretación choca con el hecho de que Darwin, quien bien conocía la obra de
Lamarck, no solamente no se ocupó de contradecir el mecanismo de la herencia de los
caracteres adquiridos, sino que, por el contrario, lo aceptó en todo momento como un
proceso legítimo de evolución. ¿Cómo es posible entonces que nuestra cultura moderna
insista en que allí radica la diferencia esencial entre estos dos grandes del evolucionismo
decimonónico? Una posibilidad es que esto haya ocurrido porque ellos fueron
inspiradores de dos grandes corrientes del pensamiento evolucionista, llamadas
lamarckismo y darwinismo, que se enfrentaron en cuanto a los mecanismos de la
evolución. Se trataría entonces de un contraste, ya no entre las teorías originales, sino
entre versiones de dichas teorías modificadas a lo largo de la historia. Según esta visión
de las cosas, el argumento decisivo a favor del darwinismo ha sido el rechazo de la
*
Cuadernos de Marcha, Tercera Epoca, Año 11 (1996), No. 116:58-64.
herencia de los caracteres adquiridos como mecanismo genéticamente viable. Este punto
de vista es más cercano a la verdad, pero no está exento de dificultades.
Creo que las posturas de Darwin y Lamarck ante la evolución se dan por lo general de un
modo distorsionado que no ayuda a comprender sus respectivas contribuciones. Una de
las metas de este ensayo es precisamente aclarar este tema.
Existe también confusión sobre el significado de la selección natural, el papel de Darwin
en la gestación de esta idea, y más en general en la génesis del evo lucionismo moderno.
Varios considerandos siembran dudas sobre la importancia de los aportes de Darwin. Por
lo pronto, bien sabemos que Darwin no fue el primer evolucionista, ni siquiera el primero
en postular una teoría completa y comprensiva de la evolución. Tampoco fue el primero
en proponer el mecanismo de la selección natural. En 1958, Alfred Wallace le envió al
propio Darwin un breve manuscrito que formulaba el concepto con absoluta claridad. Si
bien es cierto que Darwin ya había elaborado para ese entonces el concepto, el mérito es
sin duda compartido.
Finalmente, se dice que la idea de la selección natural es una tautología, ya que la
selección opera mediante la supervivencia de los más aptos, que serían simplemente
quienes sobreviven. Este ensayo se propone aclarar este mar de dudas sobre el papel de
Darwin y sobre el mecanismo de la selección natural.
Las ideas centrales de Lamarck
Si bien es cierto que muchos autores habían esbozado ideas evolucionistas antes que
Lamarck, le corresponde a éste el gran merito de haber elaborado la primera teoría
completa y coherente de la evolución. En este sentido, Lamarck es sin duda el gran
predecesor intelectual de Darwin y del evolucionismo moderno. Las ideas centrales de
Lamarck pueden resumirse apretadamente del modo siguiente:
1- La vida se origina por generación espontánea. Era ésta una idea ampliamente
aceptada en la época, y solamente fue descartada mucho después gracias a los
trabajos de Pasteur.
2- La vida tiene una tendencia innata a la perfección. Este gran impulso vital (élan
vital, como le llamo la literatura vitalista francesa) es el verdadero motor de la
evolución.
3- El camino de la evolución es esencialmente lineal. Las formas de vida,
impulsadas por su tendencia innata, evolucionan hacia una creciente perfección a
lo largo de una única senda esencial. La escala zoológica representa justamente
una serie de estadíos a lo largo de ese camino.
4- A esa gran tendencia debe agregarse la noción de que las distintas formas de vida
pueden detenerse en los distintos estadíos, o aún desviarse hacia caminos
laterales. Esta idea anticipa en cierto sentido la moderna y darwinista idea de la
evolución como serie de ramificaciones sucesivas, aunque sin duda fue una
noción secundaria para Lamarck.
5- La adaptación de los organismos al medio se debe, no sólo a su impulso vital que
los empuja hacia una creciente perfección, sino a un mecanismo específico de
ajuste al medio: la herencia de los caracteres adquiridos.
Del apretado resumen de las ideas lamarckistas que antecede, se desprende que
existen dos grandes mecanismos de evolución. En primer lugar existe un impulso
vital hacia la perfección, que es un motor interno de la vida misma, tiene un carácter
general y una gran dirección principal. En segundo lugar existe el fenómeno de la
adaptación al medio mediante la herencia de los caracteres adquiridos, que es un
mecanismo condicionado a las circunstancias particulares, y cuyo sentido y carácter
son por tanto específicos para cada situación. Como se verá a continuació n, cada uno
de estos dos postulados lamarckistas de evolución fue fuente de inspiración para una
escuela particular de pensadores.
Muchos predecesores del darwinismo esbozaron ideas y mecanismos de evolución,
pero no llegaron a componer teorías autosuficientes y comprensivas. Lamarck, en
cambio supo generar una visión del mundo alternativa al fijismo, lo que supuso una
tremenda aventura intelectual. En el camino debió superar, entre otros escollos, la
tradición esencialista, según la cual las especies son esencialmente inmutables, y la
noción tradicional de un mundo relativamente joven, de una edad insuficiente como
para permitir una larga evolución de la vida. Lamarck le atribuyó a la historia natural
una dimensión histórica, y fue en este sentido, no sólo un precursor de Darwin, sino
de la historización de varias otras ciencias, como la geología y la astronomía.
Corrientes de inspiración lamarckista
Una parte del legado de Lamarck lo constituye su hipótesis de herencia de los
caracteres adquiridos. Esta noción prospero en la Unión Soviética estalinista,
liderada por Lisenko, un genetista que logró convencer al núcleo en el poder de la
estrecha relación existente entre el lamarckismo y el socialismo, en contraposición al
darwinismo de corte capitalista. Los resultados fueron desastrosos para la Unión
Soviética en dos sentidos. En primer lugar, la promesa de inducir adaptaciones al
clima por simple exposición de las plantas a un nuevo ambiente, inspirada por la
creencia en la herencia de los caracteres adquiridos, atentó por largo tiempo contra la
investigación agrícola soviética. En segundo lugar, la genética y el evolucionismo
rusos, de notable desarrollo a principios del siglo, sufrieron un desmantelamiento
devastador. Las connotaciones dramáticas de ese proceso se vieron exacerbadas por
su estrecha vinculación con la contraposición más amplia de ideologías en pugna.
El fracaso de la tesis de Lisenko, y por ende de su peculiar entrecruzamiento entre
ciencia e ideología, contrasta con el gran desarrollo de la genética y el evolucionismo
de corte neodarwinista, principalmente en Inglaterra y Estados Unidos, en el mismo
periodo. La idea del mejoramiento por selección domino el proceso de consolidación
de las variedades agrícolas y ganaderas modernas. Paralelamente, se consolido la
llamada teoría sintética de la evolución, esencialmente una armonizacion del
seleccionismo de Darwin con la genética Mendeliana.
Pero este contraste entre un Lamarckismo soviético trasnochado y un triunfo
darwinista en la teoría y en la práctica no debe servir para olvidar que el mecanismo
lamarckista de la herencia de los caracteres adquiridos, lejos de haber sido
definitivamente enterrado por la historia, está siendo investigado activamente en
laboratorios modernos de evolución. Cierto es que estas investigaciones buscan
establecer un posible papel para este mecanismo en el muy acotado contexto de la
repuesta de ciertas bacterias al estrés ambiental. Igualmente correcto es que, aún en
este terreno, la balanza parece inclinarse una vez más en contra de una herencia de
tipo lamarckista. No obstante, la herencia de los caracteres adquiridos es una hipótesis
perfectamente científica, cuya validez y rango de aplicación están siendo estudiados
seriamente en la actualidad.
Lo cierto es que en términos conceptuales la principal confrontación entre
lamarckismo y darwinismo ha estado en un terreno que poco tiene que ver con la
herencia de los caracteres adquiridos. La otra gran idea de Lamark postulaba la
existencia de un impulso hacia la perfección de lo viviente como el gran motor
general de la evolución. Esta ha sido retomada, con variantes, por pensadores hasta
nuestros días, particularmente en Francia. Como ejemplo baste citar a Henri Bergson
y su impulso vital, y al vitalismo religioso de Teillard de Chardin.
No es aventurado decir que el vitalismo rescata lo esencial del pensamiento
lamarckista, ya que el impulso vital constituye el principal factor causal de la
evolución en ese contexto. El vitalismo constituye la gran tendencia de la vida hacia
la complejidad, y contiene una suerte de linealidad predeterminada. Conceptualmente,
el impulso interno de la vida hacia la perfección sustituye lo que en el pensamiento no
evolucionista era el diseño ideal de la creación como algo consumado por un gran
movimiento hacia ese ideal. La herencia de los caracteres adquiridos, en contraste, no
es sino un mecanismo por el que pueden explicarse ciertas adaptaciones puntuales a
las circunstancias. Más aun, la adaptación al entorno inmediato por este mecanismo
podría para Lamarck explicar porqué no toda la vida continúa indefinidamente el
camino hacia la perfección. Las formas imperfectas de vida, de patente presencia para
un naturalista como Lamarck, podrían verse casi literalmente trabadas por su
adaptación puntual, e impedidas de proseguir hacia el omega a todo vapor.
El papel central del vitalismo en la teoría lamarckista queda así esbozado. Como se
verá mas adelante, provee una de las claves para entender la verdadera y profunda
confrontación entre lamarckismo y darwinismo.
Las ideas centrales de Darwin
Al igual que Lamarck, Darwin desarrollo una teoría completa y coherente de la
evolución, que pretendió comprender toda la diversidad biológica. La teoría
darwinista tuvo además caracteres propios de una gran originalidad, algunos de los
cuales fueron también vislumbrados por sus contemporáneos de un modo
independiente. El caso más dramático fue sin duda el de Wallace, que concibió el
principio de la selección natural. Las ideas centrales de Darwin sobre la evolución
pueden resumirse de siguiente modo:
1) Toda la diversidad biológica deriva de una única forma de vida ancestral, a partir
de la cual la vida evoluciono a lo largo de múltiples y sucesivas vías divergentes.
2) La evolución puede concebirse como un proceso de descendencia (de formas
ancestrales a formas derivadas) con modificación.
3) La evolución está basada en factores y procesos puramente mecánicos o
materiales. Entre los mecanismos que producen la evolución, Darwin aceptó
varios de los propuestos por sus predecesores siempre que fuesen puramente
materiales. Entre ellos, aceptó en particular la herencia de los caracteres
adquiridos de Lamark. Rechazo en cambio por la vía de la omisión, el impulso
vital y toda otra forma de vitalismo Lama rckiano.
4) El mecanismo fundamental, aunque no único, y ciertamente el favorito de Darwin
a la hora de explicar la adaptación y diversidad biológicas, es el de la selección
natural. Darwin concibió también el mecanismo de la selección sexual, que es un
caso particular de selección natural.
5) La evolución es un proceso lento y gradual. Con frecuencia se dice que
seleccionismo y gradualismo constituyen la dupla fundamental de rasgos de la
teoría darwinista.
Al igual que Lamarck, Darwin tuvo que transitar por un largo camino intelectual para
llegar a completar sus ideas sobre la evolución. En ese trayecto, tuvo que abandonar el
esencialismo y abrazar una teoría de transmutación de las especies, reconciliando tal
noción con la de un cambio lento y gradual. Pese a esto, la significación de sus
contribuciones se ve a menudo opacada por consideraciones que, tomadas de un modo
superficial, cuestionan su originalidad. Un análisis detallado de toda la problemática
revela que Darwin fue, sin lugar a dudas, el gran evolucionista del siglo pasado, logrando
una transformación completa de las ciencias biológicas. Cierto es que varios de los
ingredientes de la teoría darwinista habían sido concebidos por algunos de sus
contemporáneos. Pero esta objeción es análoga a cuestionar la significación del modelo
del ADN de Watson y Crick porque la información que utilizaron (en este caso, toda la
información) fue producto de otros investigadores. Los avances conceptuales que,
tomados en conjunto, le confieren a la obra de Darwin su carácter singular incluyen los
siguientes:
1. Mecanicismo. A diferencia de la teoría de Lamarck, con su dimensión vitalista, la
teoría de Darwin invoca exclusivamente procesos materiales para construir una visión de
la evolución. La importancia de esta distinción es que, por primera vez, nos encontramos
con una teoría que cae pura y exclusivamente dentro del campo de la ciencia. Los
conceptos lamarckistas en torno al “impulso interno hacia la perfección”, y otras teorías
vitalistas de igual inspiración, tienen connotaciones que las colocan fuera del ámbito de
decisión de la ciencia. Recuérdese que el argumento fundamental del creacionismo del
siglo pasado giraba en torno a la perfección de lo viviente como reflejo del creador. La
sustitución lamarckiana de esas ideas por una visión evolucionista preservaba no obstante
una singularidad inabordable mediante el método científico en las nociones de impulso
vital y de perfección. Concebir que el argumento creacionista del diseño de los seres
vivos como evidencia de la mano del creador podía ser sustituido, ya no por un
misterioso impulso interno hacia la perfección, sino por procesos mecánicos sin una
dirección predeterminada, representó el paso clave para estructurar el campo de la
evolución como una disciplina científica.
2. Pensamiento poblacional. El pensamiento predarwinista entendía que las especies
eran esencialmente inmutables, y además que la variación intraespecifica era un
fenómeno secundario, algo así como el ruido que velaba la señal de su ve rdadera esencia.
El mecanismo de la selección natural implica un cambio radical de concepción, ya que la
variación, si es al menos en parte heredable, constituye la materia prima del proceso
evolutivo. Implica también que el juego evolutivo se dirime en la competencia dentro de
las poblaciones. Darwin adoptó entonces un pensamiento poblacional, al decir de Ernst
Mayr, a partir del cual pretendió explicar el origen de toda la diversidad biológica. La
diferencia entre el proceso (selección) y su producto (diversidad, adaptación), y el
carácter probabilístico del pensamiento poblacional desorientan aún hoy a más de un
encumbrado pensador.
Típico reflejo de esa confusión es la critica, que suena en la actualidad tan a menudo
como en la época de Darwin, en el sentido de que la selección natural es una tautología:
-¿Quiénes sobreviven? Los más aptos.
-¿Quiénes son los más aptos? Aquellos que sobreviven.
La selección natural requiere de una relación sistemática y estadística, medible y
demostrable por tanto, entre determinados rasgos con base hereditaria y el éxito
reproductivo. Tan es así que la acción de la selección y el peso relativo de su acción en
distintos aspectos y etapas de la vida de los organismos han sido cuantificados con gran
refinamientos en numerosos estudios. Y es también reconfortante notar que existen
igualmente cuidadosos estudios que han permitido descartar la acción de la selección en
otros casos. La expresión “supervivencia del más apto”, acuñada en verdad por Spencer,
es poco afortunada, pero un análisis serio del concepto de selección levanta por completo
la objeción referida a la tautología (ver el recuadro “La selección natural”).
La selección natural
Como se explica en el cuerpo del ensayo, a menudo se acusa a la selección natural de
tautológica. La selección natural se expresa a veces como la supervivencia del más apto, usando
una metáfora creada por Herbert Spencer. Los más aptos, a su vez se distinguen por ser aquellos
favorablemente seleccionados, y el razonamiento es entonces tautológico. En realidad, la
selección natural es un proceso fácil de definir, pero tiene un carácter probabilistico, no
determinístico. Por ejemplo, es común que los colores crípticos, que dificultan la detención de
las polillas por las aves, sean favorecidos por la selección. Esto no significa que toda polilla
críptica sobreviva, ni que todo ejemplar vistoso muera presa de un ave. Se trata más bien de que
la probabilidad de supervivencia, y por ende de dejar descendientes, es mayor en un caso que en
otro. Para demostrar que ocurre selección en este carácter, hay que probar que los distintos
tipos tienen probabilidades diferentes de supervivencias más allá de las variaciones que ocurren
sólo por azar. Debemos pues mostrar, que hay una relación sistemática, y no casual, entre
patrón de coloración y supervivencia.
Un segundo punto es que, para que opere la selección, la variación observada debe tener una
base genética, al menos parcial. Esto garantiza que las diferencias se transmitan de generación
en generación. En tercer lugar, hay que reconocer que las presiones selectivas son a veces
contrapuestas. Un color vistoso en polillas, por ejemplo, podría resultar favorecido por la
selección sexual si se usase en el cortejo. Así, la selección natural mediada por la predación y la
selección sexual pueden, por así decirlo, empujar a la población en sentidos diferentes.
Afortunadamente, estos fenómenos pueden estudiarse empíricamente, y los efectos de varios
factores pueden cuantificarse para comprender cuál es el balance.
Mucho más difícil es probar que un carácter que observamos hoy ha sido fijado por la selección
natural en el pasado. Esta dificultad se debe a que la selección no tiene un sentido prefijado, sino
que es el resultado de las interacciones de los organismos y sus ambientes en cada momento
histórico. En otras palabras, las condiciones que operaron en el pasado, tanto respecto a los
genes como al ambiente, seguramente no son las que operan hoy. Presumiblemente, la
adaptación de los organismos a su ambiente es el resultado acumulado de la selección natural,
pero no es siempre fácil demostrar a partir del producto (adaptación) la naturaleza del
proceso(selección) que le dio origen. No obstante, aún en este campo, el ingenio de los
investigadores ha generado varios métodos para atacar el tema.
Conviene también aclarar que la selección opera a través de la competencia entre individuos, de
los que cuenta su performance global. Indirectamente, la selección puede estar favoreciendo
todos aquellos genes o combinaciones de genes estrechamente ligados (que tienden a ir juntos)
en el genoma, de una generación a la siguiente. La selección natural es, en síntesis, un
mecanismo claramente formulado, y sus efectos pueden en principio ser medidos. Cierto, la
selección se ha invocado a veces sin el rigor necesario, y a la larga el seleccionismo a la ligera
ha hecho más daño que favor a la gran idea de Darwin. Ello no quita sin embargo que se pueda
ser riguroso al respecto. La verdadera discusión actual no radica en viejas objeciones ya
superadas como la de la tautología. Más bien, el debate está centrado en tres temas: 1) cuál es la
importancia relativa de la selección natural y otros procesos, en particular el azar, en la
evolución de las características de los seres vivos; 2) cuál o cuáles son los niveles en que opera
la selección, dado que el proceso competitivo puede darse en principio tanto entre organismos (
la postura clásica de Darwin) como a niveles inferiores(genes) o superiores (grupos, especie s); y
3) cómo detectar el efecto de la sele cción en el pasado a partir de las huellas que deja en las
poblaciones y especies actuales.
3. Síntesis organizativa del conocimiento. Otro aporte de Darwin, este sí largamente
reconocido, es su capacidad de organizar el amplio espectro del conocimiento biológico
de su época, desde la anatomía al comportamiento, desde la biogeográfica a la
paleontología, en una teoría unificadora. El cúmulo de evidencias que Darwin presenta a
favor de la evolución es simplemente abrumador. Su capacidad de discutir con elegancia
y rigor desde el caso más puntual hasta la presunta unidad de todo lo viviente sentaron las
bases del evolucionismo moderno. Igualmente ejemplar es su discusión de las
dificultades de la teoría. La evolución ya no pudo ser considerada una excentricidad
intelectual, y pasó a ser uno de los elementos constitutivos de la biología como disciplina.
4. Creación de nuevos campos. Darwin fue un generador de temas de investigación
biológicos, además de un asiduo contribuyente a otros preexistentes. Respecto a este
ultimo punto, se ha dicho, a modo de ejemplo, que sus aportes a la fisiología vegetal
hubiesen bastado para asegurarle un lugar en la historia. Pero Darwin sentó las bases de
campos enteros de estudio. Así, su libro sobre la polinización de las plantas por los
insectos generó el área de la coevolución, que investiga los procesos de interacción entre
diferentes especies y sus consecuencias evolutivas. Sus estudios de comportamiento
animal y humano, y su concepción de la selección sexual como modo particular de
selección natural, pautaron la etología y su vínculo con la evolución.
5. Método de análisis histórico. Darwin fue siempre un personaje enigmático. Entre los
muchos asuntos que causaron confusión sobre su obra y personalidad se cuenta el hecho
que dedicó largos años de su vida, si no la gran mayoría de su actividad intelectual, a
problemas aparentemente triviales, o al menos de menor calibre que los tratados en el
Origen de las especies. ¿Cómo interpretar, por ejemplo, su libro sobre la acción de los
gusanos en el suelo, o su larga monografía sobre la taxonomía de los cirripedios
(crustáceos altamente modificados)? Por largo tiempo se pensó que dichos aportes
puntuales solo podrían ser apreciados por los respectivos especialistas. Pero Michael
Ghiselin se tomó el trabajo de leer toda la obra de Darwin, y en la década de 60 publico
un pequeño y maravilloso libro donde nos ofrece una repuesta clara. Para Ghiselin, cada
una de las obras de Darwin representa un examen detallado, con especial énfasis en la
metodología del análisis, de algún gran componente de su teoría. Así por ejemplo, los
gusanos actuando sobre el suelo le sirvieron para examinar la importancia a largo plazo
de procesos triviales a escalas cortas de tiempo. Destacó así Darwin la viabilidad de una
evolución lenta y gradual, en la que los procesos son sutiles y de efecto insignificante en
el corto plazo, para explicar por acumulación, variaciones sustanciales. La monografía
taxonómica es un largo y detallado ejercicio de reconstrucción de la historia de un grupo
particularmente complejo. Los cirripedios están tan grandemente modificados que una
mirada superficial no consigue entender su condición de crustáceos. Más aún, una
transformación radical es poco comprensible. Afortunadamente, la evolución deja pistas
de su propio curso en la diversidad de los organismos, y Darwin se aplicó a demostrar
cómo era posible reconstruir la larga serie de transformaciones que sufrió el grupo y la
diversificación de las líneas divergentes a partir de ancestros comunes. Las numerosas
obras adicionales de Darwin apoyan la tesis de Ghiselin, cubriendo un impresionante
espectro de temas. En suma, la obra de Darwin tiene una unidad subyacente, consistente
en el desarrollo pormenorizado de un método de análisis de la historia de la vida, que
jerarquiza y da cohesión a sus esfuerzos particulares.
Darwin ante la teoría de Lamarck
La discusión precedente permite, finalmente, abordar una de las preguntas centrales de
este ensayo, es decir la naturaleza de la confrontación entre las teorías de Darwin y
Lamarck. Darwin fue, vale la pena decirlo desde ya, ambivalente a la hora de referirse al
evolucionista francés. Por momentos negó toda influencia, afirmando la independencia de
su proceso intelectual, pero si nos guiamos por se publicación del Viaje del Beagle,
encontramos una referencia a Lamarck en la estadía en Maldonado, es decir muy al
comienzo del viaje, cuando Darwin no había siquiera comenzado sus especulaciones
sobre la evolución. Aunque no es improbable que esta referencia haya sido una adición a
posteriori, sugiere que la influencia de Lamarck sobre Darwin existió y fue muy anterior
a la publicación del Origen.
En el Origen Darwin acepta explícitamente el mecanismo de la herencia de los caracteres
adquiridos, así como, en menor medida, procesos propuestos por otros precursores del
evolucionismo. Jamás se preocupó de modificar esta posición en obras posteriores.
¡Puede por tanto decirse sin ambages que el contraste esencial entre darwinismo y
lamarckismo simplemente no puedo estar centrado en este tan trillado punto! No
obstante, es también cierto que Darwin manifestó una clara preferencia por su propio
mecanismo de la selección natural a la hora de intentar explicar los procesos evolutivos.
Las referencias a otros mecanismos fueron secundarias siempre que a Darwin le fue
posible sostener a la selección natural como mecanismo más plausible.
Debe recordarse también que el origen cumplió una doble función: por una parte,
acumular evidencias y argumentos a favor de la evolución basada en causas materiales;
por otra, argumentar a favor del mecanismo de la selección natural como uno de los más
importantes, aunque no necesariamente el único. Darwin era desesperadamente
consciente que el virtual vacío del conocimiento sobre los mecanismos de la herencia
abría un amplio espacio de dudas respecto a la mecánica, y por ende a la viabilidad, de la
evolución. Por lo tanto, la aceptación de mecanismos diferentes de la selección,
incluyendo la herencia de los caracteres adquiridos, cumplió una doble función en su
obra. En primer lugar, sirvió para agregar la plausibilidad a la evolución en general, al
presentar un abanico de posibles procesos causales. En segundo lugar, fue el resultado
casi necesario de la falta de argumentos decisivos sobre los mecanismos de la herencia.
Recuérdese que los trabajos de Mendel permanecieron en la penumbra hasta que sus
leyes fueron redescubiertas a principio de nuestro siglo.
En realidad, la contraposición radical entre darwinismo y lamarckismo respecto a los
caracteres adquiridos no se debe a Darwin sino a Weissmann, quien abandonó sus propias
ideas lamarckistas de un modo radical a fines del siglo pasado. Las interpretaciones
alternativas sobre la evolución del cuello de las jirafas, de rigor en los libros de texto, no
representan pues, la posición de Darwin ante Lamarck, sino la de Weissmann, uno de los
más influyentes neodarwinistas del siglo 19.
Mi opinión es que la verdadera y profunda discrepancia entre Darwin y Lamarck no se
refiere a sus respectivos mecanismos materiales favoritos de adaptación, sino a que
Darwin formulo una teoría puramente material de la evolución, rechazando en el camino
cualquier tipo de fuerza metafísica, en particular el impulso interno hacia la perfección.
En resumen, creo que Lamarck y Darwin comparten el mérito de haber creado las
primeras teorías completas y coherentes de la evolución, pero que sólo la darwinista se
ciñe a límites estrictamente científicos.
El gran evolucionista Ernest Mayr ha señalado acertadamente que los debates que con
frecuencia emergen en el campo de la evolución suelen tener profundas raíces históricas
y culturales. Es tal vez por eso que quien se toma el tiempo de volver a las fuentes de la
disciplina ve invariablemente compensados sus esfuerzos. No dudo por tanto en
recomendar al lector que haya llegado hasta este punto que verifique por sí mismo esta
realidad, hojeando El origen de las especies o el Viaje del Beagle. El reconocimiento de
la verdadera naturaleza de las divergencias entre Darwin y Lamarck, y del modo
distorsionado como se la representa por lo general, no constituyen sólo una curiosidad
histórica, sino que nos permiten comprender mejor la actual teoría de la evolución
biológica.
Bibliografía recomendada
Adams, M.B. 1991. Through the looking glass: the evolution of soviet Darwinism. En L.
Warren y H. Koprowski (eds.), New perspectives on evolution. Wiley-Liss, New
York.
Allen, G. E. 1991. Mechanistic and dialectical materialism in 20th century evolutionary
theory: the work of Ivan I. Schmalhausen. En L.Warren y H. Koprowski (eds.),
New perspectives on evolution. Wiley-Liss, New York.
Ghiselin, M.T. 1984. The triumph of the Darwinist method. University of Chicago Press,
Chicago.
Mayr, E. 1982. The growth of biological thought: diversity, evolution, and inheritance.
Belknap Press, Harvard University Press, Cambridge, Mass.