Download Normas y límites: premios y castigos.

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II. CHARLA PARA PADRES: NORMAS Y LÍMITES/ PREMIOS Y CASTIGOS.
2. PREMIOS Y CASTIGOS.
Introducción.
Como ya vimos en la charla anterior, la conducta o el comportamiento de nuestros hijos depende
principalmente de los antecedentes y las consecuencias, es decir, lo que pasa justo antes y justo
después de la conducta del niño, depende de nuestra reacción ante sus
distintos comportamientos.
ANTECEDENTE
Le digo 20 veces que recoja su
cuarto y no hace caso.
CONDUCTA
Le grito
Me pongo a su altura, hago que
me atienda mirándome, le digo Recoge su habitación
que recoja y empiezo a hacerlo
con él, después dejo que
termine él solo.
CONSECUENCIA
Recoge y aprende que hasta
que no se le grita no hay que
obedecer.
Le doy un beso y le digo lo que
me gusta cuando recoge sus
cosas.
El niño aprenderá a comportarse de un modo u otro en función de cómo reaccionen sus padres. Las
conductas del niño deben ser guiadas mediante normas y límites, de este modo, aprenderá a
desarrollar habilidades imprescindibles para vivir en sociedad, como son:
-
Capacidad de autocontrol.
Tolerancia a la frustración.
Estas habilidades le ayudarán en un futuro a saber manejar situaciones estresantes y poder controlar
sus sentimientos de ansiedad y agresividad, mostrando un comportamiento más adaptativo y
socialmente valioso.
Por tanto, debemos mostrarles las consecuencias, tanto positivas como negativas, de cada conducta
que realicen, y sobre todo, ser constantes. Si no experimentamos las consecuencias de nuestras
acciones, nos convertimos en tiranos, y damos por sentado que los demás deben estar a nuestra
entera disposición cuando lo deseemos. El niño debe aprender que no siempre puede conseguir lo
que quiere, que va a haber situaciones en que esto no ocurra, y aprender a tolerarlo.
Controlar los disparadores del conflicto
Muchas veces nos ahorraríamos conflictos si nos fijáramos en lo que ocurre alrededor de la
situación en la que el niño se comporta mal. Por ejemplo, si no queremos que pique entre horas, no
debemos dejarle al alcance productos que sabemos que le gustan, así evitamos una rabieta cada vez
que los vea y los pida, podemos guardarlos en el armario, o bien dejar de comprarlos por un tiempo.
Debemos anticiparnos al conflicto. A esto se le llama CONTROL ESTIMULAR, y consiste en
estar pendientes de todo aquello que suele provocar un conflicto en la casa o en la calle y retirar ese
estímulo detonante antes de que lo provoque.
Ejemplo: Dos hermanos se pelean cada vez que tienen que hacer sus camas, deshaciéndolas para
fastidiarse, podrían hacerlas por turnos y así evitar las peleas.
Para controlar los estímulos son muy eficaces:
-
Las tareas de distracción.
Por ejemplo, se le dice que no a una chuchería que se le antoja por la calle y se sigue andando,
dejando de lado la tienda, mientras le hablamos de otro tema.
-
Las actividades alternativas.
Intentamos implicar al niño en una actividad que sea incompatible con el comportamiento negativo,
por ejemplo, encargarle que nos busque un determinado producto cuando está enrabietado en el
supermercado, ofrecerle jugar a algo cuando está lanzando juguetes o hacerle cosquillas cuando
empieza a llorar.
En todos los casos, hay que acabar reforzando al niño por el comportamiento adecuado.
ESTRATEGIAS PARA QUE DISMINUYAN LAS CONDUCTAS INADECUADAS
En la charla anterior ya hablamos de algunas técnicas como:
-
El castigo.
No atender conductas negativas (extinción).
Tiempo fuera.
Hoy hablaremos de otra muy importante que suele usarse en combinación con alguna de las
anteriores, LA TAREA REPARADORA, o como los psicólogos la denominan, la técnica de
sobrecorrección. Para ponerla en práctica, el niño debe restaurar el daño que haya hecho y mejorar
la situación anterior a su conducta, es decir, volver a ponerlo todo como estaba justo antes de su
conducta negativa. Por ejemplo, si se vuelca encima el vaso de leche para llamar la atención, se le
dice con tranquilidad que se cambie y use la fregona o el trapo para limpiar lo que ha manchado.
Recomendaciones:
- Como siempre, se debe combinar con el refuerzo de las conductas positivas.
- Es preciso avisar al niño, cuando inicia la conducta, de lo que ocurrirá si la lleva a cabo,
para que pueda decidir si sigue adelante o no.
- La duración debe ser moderada, no más de 4 o 5 minutos para restablecer la situación.
Otras técnicas:
La práctica positiva
Consiste en hacer que el niño realice la conducta positiva después de haber hecho la conducta
inadecuada, así le enseñamos cómo debe comportarse, cuál es la forma más correcta de hacerlo.
Por ejemplo:
Pedro entra dando un portazo, a lo que sus padres responden “sal y vuelve a entrar cerrando la
puerta con cuidado”.
Ana pide la merienda pegando un grito, entonces le diremos que debe pedirlo en un tono más bajo y
usando por favor.
La saciedad
Si se aumenta mucho la frecuencia de un reforzador, éste pierde su valor y deja de ser algo
agradable. Si vemos que la conducta problemática resulta muy reforzante para el niño, podemos
usar esta técnica aumentando la frecuencia de la conducta de modo que sacie al niño y deje de ser
agradable para el niño.
Por ejemplo, un niño sólo quiere comer patatas fritas. Que sólo coma eso para desayunar, comer,
merendar y cenar.
ESTRATEGIAS PARA QUE AUMENTEN LAS CONDUCTAS ADECUADAS
Ya hablamos de lo importante que resulta el REFUERZO de las conductas correctas para que
éstas se den. Mediante el refuerzo se puede hacer que una conducta adecuada aparezca, pero el
verdadero objetivo es que esta conducta se mantenga en el tiempo y se lleve a cabo en distintas
situaciones. Para que esto ocurra, hay que saber utilizar los premios y refuerzos. El proceso por el
que se generaliza una conducta adecuada consta de las siguientes fases:
Primera fase
Cada vez que el niño manifieste la conducta adecuada, se aplica un reforzador. Por ejemplo, si tiene
problemas para dormir solo, cada día que se levante en su cama se le reconocerá, se le dará un beso
y una golosina para el colegio. Cuando se observe que el comportamiento se da de manera regular,
el reforzador aparecerá unas veces sí y otras no, por ejemplo, dos días no se le dice nada y al tercero
se le refuerza pero no se le da la golosina. Si nos quedáramos en esta fase, el niño necesitaría
siempre un premio para llevar a cabo la conducta.
Segunda fase
Hay que ir aumentando el tiempo que transcurre entre refuerzo y refuerzo. Siguiendo con el ejemplo
anterior, cada vez que el niño duerma 10 noches seguidas en su cama, podrá quedarse con sus
padres viendo la televisión hasta un poco más tarde. El niño ya no recibe un premio cada vez que
realiza la conducta adecuada, aunque todavía mantenemos intervalos fijos de tiempo para que
aparezca al reforzador. Si nos quedásemos en esta fase, el niño necesitaría tener un premio cada
intervalo de tiempo fijado para comportarse de manera adecuada. El paso siguiente es fundamental
para que lleve a cabo la conducta sin necesidad de premio.
Tercera fase
Pasado un tiempo, no se reforzará en intervalos fijos de tiempo, si no de forma variable, de manera
que el niño no sepa cuándo va a recibir el premio.
Llegados a este punto, el niño ya habrá adquirido la conducta completamente, llevándola a cabo con
bastante frecuencia y no dependerá de los premios.
Los padres como modelos
Los niños aprenden muchas conductas por imitación, por tanto habrá que darles ejemplo con
nuestro comportamiento, y habrá que animarles para que aprendan nuevas conductas, prueben a
hacerlo ellos mismos y reforzarles por ello. El comportamiento de los padres es muy importante
para los niños, son las personas a las que admiran y a las que se quieren parecer. Los niños al
imitarles aprenden de sus padres tanto las conductas adecuadas como las inadecuadas. Por tanto, si
acostumbran a gritarles a la hora de regañarles, es normal que los niños actúen del mismo modo.
La regañina crónica
Hay muchas familias en las que el enfado es la forma habitual de comunicación entre padres e hijos,
ya que creen que si no se enfadan no les tomarán en serio. El enfado es eficaz para ciertas
situaciones, pero es un error usarlo de forma indiscriminada. La regañina y los gritos suelen llegar
después de mucho aguantar. Es como la gota que colma el vaso, pero lo más sensato es no dejar que
el vaso se llene. Si aprendemos a expresar los sentimientos en cada momento y aplicamos
consecuencias a las conductas del niño, evitaremos estar todo el día enfadados. La situación de
enfado constante provoca un desgaste emocional tanto en los padres como en los hijos, lo que
deteriora la convivencia, a partir de aquí se genera un círculo vicioso, los padres atienden sólo las
conductas negativas, los niños las aumentan generando más tensión y vuelta a empezar.
Una buena forma de empezar a poner fin a esta práctica es contar hasta 10, respirar lentamente y
retirarse de la situación de conflicto antes de reñir al niño. Se debe pensar qué consecuencia aplicar
a su conducta y evitar el sermón o la bronca.
Las regañinas se pueden usar alguna vez teniendo en cuenta:
-
-
Se debe criticar el comportamiento, no al niño. Nunca debemos hacer afirmaciones como
“eres un desastre”.
No existe relación entre el número de veces que se repiten las cosas y la efectividad de la
regañina, más bien al contrario, resulta mucho más creíble y eficaz decir las cosas UNA
SOLA VEZ.
Como siempre, alternar con refuerzos de las conductas positivas. Normalmente, en familias
donde hay un exceso de regañinas también hay una falta importante de refuerzos. Si recibe
atención sólo cuando se porta mal seguirá haciéndolo, ya que lo que más le interesa es la
ATENCIÓN DE SUS PADRES.