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Crítica Tumbas sin sosiego Autor: Rafael Rojas Editorial: Anagrama XXXIV Premio Anagrama de Ensayo A veces nos obligamos a recordar para encontrar una explicación a lo que somos tanto individual como colectivamente. Nos enfrentamos desde hace años a una revisión general de la Historia, un empeño en unificar recuerdos que justifiquen el presente. Cuando el análisis se realiza por un exiliado y sobre Cuba, lo que se busca es una posibilidad de futuro. Para ello, Rafael Rojas emplea una variante de la metodología de la Historia de las Mentalidades, si bien aligera el peso de las fuentes que rebatirían sus posturas a favor de una lectura algo más atrayente para el público en general. Tumbas sin sosiego (subtitulada Revolución, disidencia y exilio del intelectual cubano) aboga por el reconocimiento de los intelectuales cubanos en el exilio a los que, según Rafael Rojas, la Revolución ha ignorado dentro de la isla, mientras que en los países de acogida no han gozado del mismo prestigio que en su día tuvieron, por ejemplo, los exiliados españoles durante el franquismo. Con la Revolución, entre la isla y el exilio se establece una especie de pugna por los símbolos esenciales de la cubanidad. Los intelectuales que se quedaron optaron por la aceptación del sistema o una crítica de baja intensidad y la repercusión de los exiliados ha sido silenciada dentro de Cuba. Tras cincuenta años bajo el régimen castrista, muchas de las principales figuras que eran considerados como clásicos irrenunciables han ido desapareciendo, con lo cual los cubanos, según Rojas, se han quedado sin referentes esenciales sobre todo en uno de los aspectos que tradicionalmente más han valorado: su historia literaria. Este análisis se estructura en tres partes: En una primera reflexiona sobre las tres escuelas de pensamiento prerrevolucionario (católico, liberal y marxista precastrista), en un momento de buena convivencia y comunicación entre ellos. En segunda instancia, analiza las biografías o semblanzas de siete intelectuales cubanos, a saber: Rivero, Cabrera Infante, Vitier, Moreno Fraginal, Fernández Retamar, Padilla y Jesús Díaz. La tercera parte, quizá la más lucida, habla de la cultura cubana de hoy. En general, el ensayo es serio, bien articulado y progresa en interés hasta el final donde el momento contemporáneo es el mejor tratado. En la parte negativa apuntamos un lenguaje excesivamente académico para un ensayo de gran divulgación, que no guarda coherencia con el aparato crítico que se nos intenta evitar. Muchas veces, decíamos, acudimos a la memoria individual o colectiva para explicarnos y lo que conseguimos con ello es fabricarnos nuestros propios recuerdos sin llegar a la esencia de lo que somos. Terminado Tumbas sin sosiego no sabemos aún qué es la cubanidad, no vislumbramos la verdadera repercusión que los clásicos a los que alude Rojas hayan tenido en su momento, ni si pueden llegar a ser referentes comunes del futuro. Construir la memoria no siempre equivale a recordar. por Mckenna para pl.com