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LA VOZ DEL CORAZÓN (Maca Úbeda) “La voz de la verdad no calla nunca. No grita con los labios, pero susurra en el corazón. Aplica el oído” (San Agustín) Objetivo: Reflexionar sobre la necesidad de una verdadera conversión interior para llegar a Dios. Destinatarios: Apta para edades superiores a 13 años debido a la profundidad del tema. Materiales: Papel y bolígrafos. Desarrollo: El animador pide a los miembros del grupo que dibujen una línea que divida transversalmente a una hoja DIN A-4 en dos partes. A continuación, les pide que en el lado izquierdo dibujen un camino que sea constante en su recorrido, ya sea en sentido, en paisaje, ... pero que no exista variación alguna. Ejemplo: Y en el lado derecho, un camino que en algún punto de su recorrido tenga un cambio, ya sea en sentido, en paisaje,... Una vez que cada miembro ha terminado sus dibujos, se inicia la reflexión: - ¿Cómo es cada camino que has dibujado? - ¿Por qué los has hecho así? - ¿Qué crees que simboliza cada uno? El animador invita a que todos los miembros del grupo compartan las preguntas. A continuación, se les pide que pasen la hoja al compañero de la derecha para que incorpore a esos dibujos lo que quiera. Pasarán la hoja unos a otros hasta que vuelva a cada uno su propio dibujo. Se lanzan las siguientes preguntas: - ¿Qué han dibujado tus compañeros en tu dibujo? ¿Te ha gustado que dibujen en tus caminos? ¿Se parece algo a la idea original que tenías? El animador intenta que se entable un diálogo abierto entre todos. En función de las respuestas aportadas, el animador debe tratar de dirigirles hacia la siguiente conclusión: - - Los caminos representan diferentes maneras de vivir la fe. El de la izquierda es siempre igual y constante, pero en el de la derecha existe un cambio en un momento determinado. Las incorporaciones de nuestros compañeros simbolizan las aportaciones que nos hacen las personas a lo largo de nuestra vida. Muchas veces, no concuerdan con lo que inicialmente habíamos pensado para nosotros. El animador pide a los miembros del grupo que mantengan la vista fija en el dibujo mientras escuchan estas palabras: Ante nosotros tenemos dos maneras de vivir nuestra fe: Podemos estar toda la vida igual, es decir, por mucho que vayamos a misa, a las catequesis o a diferentes experiencias de fe, no sufrir nunca una conversión. Por el contrario podemos, en algún momento determinado de nuestra vida de fe, sufrir esa conversión y que ella, nos lleve a un cambio. ¿Qué significa la conversión? Ser conscientes de que estamos llenos de Amor de Dios y que tenemos que difundirlo a los demás. Todas las personas, creyentes y no creyentes, buenas y malas, gente que se pasa toda su vida ayudando a los demás, gente que de otras religiones,... Todas, están llenas de Amor de Dios, aunque algunas no lo sepan. Cada uno de nosotros tiene una misión en la vida, no sabemos dónde llevarla a cabo, pero la tenemos. Cuando suframos esa conversión, que nos lleve a ser conscientes de ese Amor que está en nuestro interior, entonces sabremos dónde tenemos que difundirlo. A esto lo llamamos vocación. Tenemos, por tanto, dos caminos a elegir: estar toda la vida viviendo experiencias de fe sin ser conscientes de ese Amor, o podemos pedir a Dios que nos convierta para ser conscientes de ello, y así transmitirlo a los demás donde quiera que vayamos. * Esta dinámica se enriquecería si se invitara a que participasen en ella a personas que ya tienen un camino de fe recorrido y que hayan experimentado esa conversión en sus vidas. Personas a las que esa conversión les haya llevado a una vocación concreta (misioneros, religiosos, sacerdotes, laicos comprometidos), para que aporten su testimonio al grupo. Terminaremos la reunión escuchando la canción: “La voz del corazón”.