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A LAS MUJERES “… pero, ¿quién soy yo? En mí, en nosotros están la fragilidad y el pecado. Pero, en nosotros está Dios también. Esto es lo que nos motiva a seguir adelante. Creemos que esto es justamente la seguridad de que no somos sólo nosotros mismos, sino que Dios está dentro de nosotros. Cuando arraigan profundamente dentro de nosotros Su Amor, Su valentía y Su paciencia, entonces Él pasa por nuestro ser y nos anuncia, nos dirige, nos cambia las vidas y llena de esperanza donde haya desesperación. Pero, hay que tener valentía para perder la propia vida. Cuando una mujer se concentra solamente en su propia vida, es una persona infeliz, pobre “solterona”. Al contrario, la mujer es la que crea la vida, ella posee un gran capital –el amor que debe ser dado, y el amor que audazmente sigue adelante; el amor de mujer vence la muerte. Ser mujer es una aventura magnífica e infinita. Pero, la mujer es sobre todo el ser espiritual, su valor no yace en los “trapos” que lleva puestos, sino en valores verdaderos dados por Dios. La resurrección no se agotó hace 2000 años, sino que está, de verdad, en nosotros cada vez que nos nace la idea de perdonar, de tener paciencia, o de amar y entonces nacen la esperanza y la vida. De verdad, no existe ningún especialista que pueda curar el corazón humano, lo cambia solamente su Creador, Dios. En la comunidad actualmente vivimos la curación de los corazones de jóvenes que han estado muertos, destruidos. Lo hace el amor maternal abierto a Dios, así en los jóvenes vuelve a nacer la esperanza y la convicción de que Dios los ama. A través de sus dones la mujer está más próxima a Dios, pero si se abre a la muerte, si se niega a servir a la vida, se convierte en el enemigo más peligroso para sí misma, de la familia y de la sociedad. La mujer sana que sirve amando es el mayor don para la sociedad. Estad orgullosas de ser mujeres, entregad vuestro corazón a Dios. Tened a María de ejemplo. No tengáis miedo de amar del todo, no tengáis miedo de perder vuestra vida, porque la vais a encontrar multiplicada más de cien veces en vuestros hijos y los jóvenes. Detened la obra mortal de Eva, mujer vieja, mujer de pecado y delito, mujer que habló con el mal y ejecutó hechos inspirados por él. Volved al Dios de la vida, decid igual que María: “heme aquí, Señor” y todo en vuestra vida cambiará. El mundo de hoy hace la misma pregunta que la Biblia, ¿quién encontrará una mujer fuerte? Será feliz el niño nacido de tal madre, será feliz vuestro hijo si encuentra tal esposa, serás feliz tú con tu nuera. Tranquila y feliz será tu familia porque la mujer fuerte y madre crea las condiciones y devuelve al paraíso terrenal donde reinan el amor, la vida y la amistad con Dios, el paraíso en el que no hay escondites ni miedos, ni delante de dios, ni delante de los otros. Servir a la vida y al Dios de la vida, a través de María, será tu premio aquí, y luego seguramente en la eternidad. Sor Elvira (extraído del libro “Las perlas del corazón herido, de Fray Slavko Barbaric)