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SOLEMNIDAD DE CRISTO REY Muy queridos hermanos y hermanas. Celebramos hoy esta fiesta de Jesucristo Rey, de entrada parece como algo extraño verdad, a Jesús que lo tenemos como modelo de humildad de paciencia, de pequeñez, de servicio, parece que no casa, Jesucristo que es el Rey, quizá porque tenemos esta idea de los reyes mundanos, el reinado mundano, los reyes del mundo que son personas poderosas, personas que habitan en palacios impresionantes que visten con todo tipo de lujos y riquezas, que tienen grandes cuentas corrientes que tienen poder sobre las naciones, sobre las personas, parece que no casa con Jesús. Pero hemos visto hoy en el evangelio el contexto donde dice que es Rey, como sabeís cuando a Jesús lo apresan hay un doble juicio, primero un juicio religioso, había que acusarlo para poder matarlo y cual es la acusación: tú te haces hijo de Dios por tanto blasfemas y por lo tanto debe ser lapidado por blasfemo. El juicio ante Caifás el sumo sacerdote es juicio religioso, este se hace hijo de Dios por tanto blasfema, pero el problema es que ellos no podían dar muerte a nadie, tienen que acudir al poder civil y por eso acuden a Pilato y acuden después a Herodes y cual es la acusación, no podría ser la acusación es hijo de Dios porque eso no entra en el código romano, y entonces cual es la acusación, este se hace Rey y por tanto está usurpando el poder. Hasta donde puede llegar la perversión de los judíos con esta acusación cuando ellos dicen nosotros no tenemos más rey que al César, madre mía esto que lo digan ellos que eran conscientes de que el pueblo romano los tenía sometidos, son capaces de decir no tenemos más rey que al César y este se hace Rey y por tanto hay que eliminarlo, y por eso Pilato le pregunta, tú eres rey, y Jesús responde cambiando el registro, yo soy Rey, para esto he nacido, pero mi reino no es de este mundo, es el reinado verdadero y así en la escritura aparecen tantas veces el reino de Dios, o el reino de Jesús, y diciendo el reino de Dios se parece a un tesoro escondido que quien lo encuentra ve que tiene tanto valor que lo vende todo, el reino de Dios esta en vuestro corazón, el reino de Dios se parece a un banquete que da el padre para celebrar la boda de su hijo, el reino de Dios es de los pequeños, de los humildes, de los sencillos, de los que perdonan. “Yo soy Rey”, por tanto ante esta respuesta de Jesús yo os invitaría hacer tres cosas. El nos invita a hacer tres cosas: Primero, a mirar de un modo nuevo. Segundo a acoger este reinado porque alguien reina en nuestra vida, no nos engañemos, pensamos que igual somos muy libres y estupendos, no nos damos cuenta que igual reina el orgullo, reina el amor propio, reina el mal humor, reina la sensualidad, reina la avaricia. Madre mía cuanto reyes tenemos, por lo tanto hay que acoger el reino de Dios, y ese reino tiene que fructificar, por lo tanto lo primero es mirar de un modo nuevo, y siempre os pongo de ejemplo como miran a Jesucristo Rey en la cruz el mal ladrón y el buen ladrón. El mal ladrón es expresión del reino de la violencia, del orgullo, del amor propio, porque mira a Jesús y quiere sacar provecho de Jesús pero no eres tu el hijo de Dios no estás diciendo que tú eres el hijo de Dios que lo puedes todo, pues sálvate a ti, tu que sabes sálvame a mi, bájame de la Cruz, bájame de este sufrimiento, yo soy el centro, me tienes que ayudar, dice que blasfemaba, se retorcía, es el reino de lo violento, el reino de que hay que atenderme a mi, a mis necesidades, a lo que yo quiero, bájate y bájame a mí y no me importa blasfemar para conseguir lo que yo quiero. Que os voy a hablar del reino de la violencia, cuando vemos las noticias, cuanta violencia. Quizá el buen ladrón, que también era ladrón y era pecador, le increpa no te das cuenta que este es el justo, fue capaz de mirar más adentro y mirar más allá de sus propias narices, se dio cuenta que bajo ese manto de sangre, bajo esa corona de espinas, bajo esa espalda descarnada por los azotes, en esos brazos atravesados por los clavos, es capaz de ver la serenidad, el amor, la humildad, es capaz de ver algo nuevo, es capaz de ver la majestad de Jesús, porque le dice, acuérdate de mí cuando estés en tu reino, porque tú eres Rey, lo veo aquí, he sido capaz de penetrar más allá de la sangre y del sufrimiento para darme cuenta que tú eres Rey y Jesús le responde, hoy mismo estarás conmigo en mi reino. Es decir el primero que accede al reino es un pecador, era un ladrón, eso nos consuela, porque yo también soy pecador, y soy ladrón, y soy orgulloso y tengo mi amor propio, pero soy capaz de mirar con ojos nuevos a Jesús reconocerle como Rey y Señor, el me dice ven conmigo a mi reino, porque mi amor es mucho más potente que tus pecados, porque mi misericordia te lava, te restaura, te consuela, te llena de esperanza. Por eso ante Cristo Rey el primer movimiento tiene que ser mirarle con ojos nuevos reconocerle en nuestra vida, reconocerle en la Eucaristía bajo la apariencia de pan y vino, mirarle ahí, reconocerle en la escritura, el nos habla de reconocerle en los ancianos, en los enfermos que necesitan nuestra ayuda, reconocerle en los pobres que necesitan que alguien les alivie de esa situación, reconocerle entre tanta gente que entre nosotros vive sola, vive sin esperanza, vive sin futuro, vive sin alegría, ahí nos espera El Señor, mirar con ojos nuevos. Lo segundo es acoger el reino de Dios, porque en el corazón no hay vacio de poder si se me permite la expresión, alguien manda en nuestro corazón, no hay vació de poder, y hay que pensar quién manda en mi corazón y que no me asusto si me paro un poco a pensar, en el fondo no mando yo, como decía antes manda mi orgullo, mi soberbia, mi amor propio, el quedar bien, el aparentar, el pasarlo bien a costa de los demás, la avaricia, cada uno sabe lo que manda en su corazón. Jesús te dice que expulses eso de tu corazón, que reine El, que acojas ese reino, el reino de la verdad, nos ha dicho yo he venido para ser testigo de la verdad que no vivas en la mentira, que vivas en la humildad de la verdad, que limpies tantas cosas que te esclavizan, que vivas en la vocación para la que has sido creado que es amar y ser amado, que servir, que es darte, que es ayudar a construir, que es vaciarte de ti para que los demás tengan espacio, acoger el reino. Y por último que ese reinó fructifique, nos dice el evangelio que el reino de Dios es como un grano pequeñito de mostaza, la mostaza es como polvo y se ve un grano de mostaza es un polvillo, y ese grano de mostaza cuando crece se hace un árbol tan grande capaz de acoger a tantos pájaros a tantas aves, pues también nuestra vida tiene que fructificar, no puede ser una vida pequeña, roñosa, adocenada, como la vida a veces se nos presenta, que no seamos adocenados que seamos masa, tú se tú y crece, que albergue en tu corazón a los demás, arraiga en tu corazón a tu familia, a tus amigos, cuida de ellos, alberga a los pobres, ayúdales, alberga a los ancianos, a los enfermos, tu vida no puede albergar, que no solo te albergue ti, porque cuando uno se alberga a sí mismo hace mucho frío, y mucha soledad, cuando uno alberga en el corazón a los demás la casa se hace grande se hace hermosa, se hace hogar, se hace cálida, por eso hoy miremos a Cristo Rey en su trono que es la cruz, en sus vestidos que es la desnudez, en su palacio que es la pobreza, y pidámosle que también nosotros queremos pertenecer a ese reino, que nos acoja que fructifique en nosotros, que expulsemos a quienes nos esclavizan el corazón, que vivaamos en ese reino de verdad, de paz, de santidad, de justicia de alegría y esperanza. Así lo pedimos esta tarde al Señor por intersección de la Virgen María. Que así sea. + Mario Iceta Obispo de Bilbao