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¿A QUIÉNES LLAMA JESÚS? (Mc 3, 13-19) Introducción: El llamado de Dios exige estar implicados en la dinámica del Reino, esto es, haber sido llamados por él, ir con él -discipulado-, estar con él y asumir las consecuencias del ser-discípulos, la cruz. Sin estas condiciones sería difícil permanecer en el permanente seguimiento que él nos pide. Meditemos el siguiente texto: Mc 3, 13-19 1. Subió al monte y llamó a los que él quiso y vinieron junto a él. El primer aspecto que se debe resaltar es el lugar: el “monte” este significa el lugar donde se da el encuentro personal con Dios, la montaña posibilita el encuentro íntimo con el Señor. Jesús va a vivir un encuentro con su Padre y junto con él los que lo siguen, por tanto, la elección es voluntad de Dios que se da a través de dicho encuentro. Esto indica que nuestro llamado vocacional es voluntad de Dios, Dios nos ha querido llamar, es iniciativa suya. Llamó a los que él quiso…ciertamente los que él llama son los que él desea llamar, no es voluntad del ser humano estar, pues el llamado es un don gratuito de Dios, él toma la iniciativa, él desea que estemos con él. Llamó a los que él QUERÍA…el querer es algo que nace del corazón, por tanto, los que llamó eran los que estaban en su corazón. El llamado de Dios brota de lo más íntimo de su ser, es decir, desde el corazón. No se trata de un mero sentimiento humano, sino que el llamado de él es fontal, es decir, surge de la fuente de Dios, el corazón, donde brota el amor, lo que define a Dios, donde brota la misericordia, como realidad divina, donde brota la compasión, como compromiso de Dios para con el ser humano. Entonces, si el llamado brota del corazón de Dios, los que hemos sido llamados por él, estamos en su corazón. Venir a él…El punto de partida de este ir a él está en el llamado el cual exige una respuesta urgente, pronta y oportuna; venir a él indica la prontitud con la que se responde el llamado del Señor. No se trata de esperar, no hay tarde ni mañana, hay que responder en el “hoy” de nuestra historia porque para él el tiempo es presente, urgente y es dinámico. Ir a él comprende actitudes del que es llamado, estas son: o o o o Escuchar la voz del que llama. Vivir en la dinámica del Reino -subir al monte- encuentro personal. Prontitud en la respuesta. Permanecer con él -estar con él- o Saber para qué has sido llamado. o Disponibilidad para escuchar el llamado. o Apertura y docilidad. 2. Instituyó Doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar con poder de expulsar los demonios. a. Instituyó…para que estuvieran con él: Estar con Jesús es el primer paso de todo llamado vocacional, significa entrar en la escuela de discipulado, donde el discípulo escucha sus palabras (cfr. Jn 15,7), donde los discípulos observan las actitudes del maestro para con su pueblo que necesita de pastores, y donde existe un maestro que urge al discípulo la necesidad de orar “Estaba él orando y cuando terminó, le dijo uno de sus discípulos: Señor, enséñanos a orar…” (Lc 11,1-2a), un maestro que lleva consigo a sus discípulos al lugar del Padre“…los tomaré conmigo para que donde esté yo estén también ustedes…yo voy al Padre.” (Jn 14, 3b.12b). Estar con él es para dar muchos frutos, lo cual es obrar como él obra “…el que permanece en mí y yo en él, da mucho frutos.” (Jn 15,5b). Sin embargo, el que no está con él aún habiendo respondido a su llamado, no da frutos (cfr. Jn 15,5c) es arrojado, cortado y tirado fuera (cfr. Jn 15,6). b. Instituyó…para enviarlos a predicar: Predicar es comunicar lo que uno ha visto y ha oído “…pues has de ser testigo ante todos los hombres de lo que has visto y oído.” (Hch 12,15). Y se predica la Buena Nueva del Reino de Dios, es decir, Evangelio, el cual acontece ya, en el “hoy” de la historia, predicar el Evangelio es ir y ver cómo acontece Dios en la realidad humana, por limitada que sea, Dios acontece en cualquier realidad humana, de hecho a veces es más fácil descubrirla en los límites humanos, porque hay más apertura y más sensibilidad para percibir el acontecer de Dios. ¿Qué es lo que hay que predicar? Que el Reino de Dios está entre nosotros: Mt 10, 6-7 “vayan más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Y proclámenles que el Reino de los cielos está cerca.” La Buena Noticia del Reino -el evangelio- que acontece en toda la creación: Mc 16,15 “Vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva a toda la creación.” El cumplimiento de su voluntad: Mt 28, 19-20 “Vayan, pues, y hagan discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que y les he mandado.” Que el Reino de Dios es dado a conocer y curar toda dolencia y anunciar la urgente conversión y el perdón de los pecados: Lc 9, 2 “y los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar.” Lc 24,46-47 “Así está escrito…que se predicaría en su nombre la conversión y el perdón de los pecados a todas las naciones…” c. Instituyó…con poder de expulsar los demonios: ¿Qué se entiende por: tener poder de expulsar los demonios? El punto de partida es que la misión de Jesús implica abordar la adversidad que azota al ser humano, la cual es menos poderosas que la presencia de Dios. El poder sobre los demonios significa que Dios está siempre por encima del mal y los que estamos con él, los que le seguimos estamos por encima de todo mal, el mal no nos hará daño alguno (cfr. Mc 16, 17s) “Estos son los signos que los acompañarán a los que crean: arrojarán a los demonios en mi Nombre y hablarán nuevas lenguas; podrán tomar a las serpientes con sus manos, y si beben un veneno mortal no les hará ningún daño; impondrán las manos sobre los enfermos y los curarán”. El que está con él estará siempre por encima del mal. d. Conclusión: Ser discípulos del Señor exige sensibilidad para escuchar, pues aunque vivimos en mundo de ruidos, escuchamos voces que pretenden orientar nuestras vidas más no salvarlas, voces que proponen proyectos pasajeros más no son plenos, voces que señalan caminos diversos más no reorientan existencias, voces que seducen más no comprometen la existencia; en última son voces que no implican la existencia del ser humano que las escucha. En cambio la voz del Maestro de Galilea toca la vida del ser humano, la seduce, es una voz que implica acciones salvíficas, es una voz que mueve y reorienta existencias, es una voz que da autoridad -poder- sobre el mal, por eso somos invitados a estar con él e ir tras de él. e. Para Trabajar: a. ¿Cómo son nuestros encuentros con el Señor? b. ¿Qué te mueve permanecer en este caminar vocacional? c. ¿Cuál es el mal que hay que seguir venciendo el cual impide escuchar su llamado y por ende, responderle? d. ¿Cuáles son las resistencias que ponemos al seguimiento de Cristo?