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EPOC. UNA PATOLOGÍA MULTIDIMENSIONAL INTRODUCCIÓN La Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC), es una denominación que alberga un espectro muy amplio de manifestaciones clínicas, que suelen tener rasgos comunes en diferentes tipos de pacientes lo cual hace que aún no haya sido posible lograr comprenderla a plenitud. Desde los primeros intentos por construir una definición de la entidad, los investigadores y las sociedades científicas han observado que la entidad es un síndrome más que una enfermedad singular, por esta razón se han llevado a cabo ingentes esfuerzos para entenderla; así, las definiciones y los conceptos fisiológicos han ido evolucionando de la mano con los avances en el conocimiento de los mecanismos fisiopatológicos, moleculares, estructurales, funcionales y hasta emocionales, y sus repercusiones tanto en el sistema respiratorio como en el organismo en general. En tal sentido, las palabras empleadas para definir la patología pasaron de ser rígidas y de enmarcar un proceso fijo, a convertirlo en una entidad con mucho dinamismo y con la posibilidad de ser prevenible y además tratable, en la cual importan desde la percepción que tiene el paciente acerca de su condición, hasta las comorbilidades que se pueden presentar, bien como consecuencia directa o como empeoramiento de otras no relacionadas con el sustrato de la EPOC. En términos generales, la EPOC es consistente con una limitación persistente y parcialmente reversible al flujo de aire a través de las vías respiratorias, que se acompaña de manifestaciones sistémicas relacionadas con el impacto directo de la enfermedad y con la respuesta inflamatoria sistémica que la caracteriza.1 Así mismo, se sabe que ocurre, en la mayoría de los casos, después de exposición continuada y prolongada a factores de riesgo, de los cuales el más importante sigue siendo el humo del tabaco así como a partículas u otros gases nocivos. Otro componente importante lo representa la presencia de exacerbaciones que ocurren en cierto tipo de pacientes y que lo predisponen a mayor deterioro de su condición general y a mayor mortalidad. Debido a la falta de datos consistentes en cuanto a la prevalencia a nivel mundial, la Organización Mundial de la Salud, usando modelos epidemiológicos, estima que en la población mayor de 40 años existen 4 – 20% de pacientes con EPOC. 2 En cuanto a Latinoamérica, datos de estudios como PLATINO y PREPOCOL estiman una prevalencia que oscila entre 7,8% en Ciudad de México hasta 19,7% en Montevideo, lo cual demuestra la gran variación de la misma.3 Los avances significativos en la comprensión de los mecanismos fisiopatológicos y en las manifestaciones de la enfermedad,4 han permitido darle un enfoque multidimensional y favorecer un planteamiento más acorde a la necesidad del paciente en particular, orientado en el establecimiento de fenotipos de la enfermedad,5 lo cual sugiere que los resultados obtenidos puedan ser mejores, toda vez que se sale de un esquema rígido y se accede a un espectro de conocimientos y opciones terapéuticas más flexible y que busca ser más específico a cada condición en particular. Aún falta mucho por descubrir en esta entidad y en la actualidad se están llevando a cabo estudios orientados a desarrollar nuevas estrategias terapéuticas basadas en los fenotipos de la enfermedad. NOVEDADES EN DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTO Sin duda alguna, la evolución que ha tenido la definición de le enfermedad, en cuanto a los términos empleados, los conceptos en ella incluidos y la consideración sistémica de la misma representa una novedad muy importante, debido a la apertura de conocimientos que esto muestra y a la concepción sistémica de la enfermedad. Ya desde mediados del siglo pasado Dorn-horst,6 habló de fenotipos al describir condiciones clínicas en la EPOC, que denominó “soplador rosado” y “abotagado azul”; posteriormente, la mejor comprensión de la enfermedad ha dado lugar a la concepción de fenotipo, que no es otra cosa que la descripción de un paciente o grupo de pacientes, basada en características clínicas, anatómicas, radiológicas, espirométricas, de respuesta a tratamiento y presencia de exacerbaciones, de un grupo de pacientes que coinciden en estos aspectos y que les podría garantizar, o al menos, estimar una evolución definida. Lo destacable de este concepto, es que se incluya dentro de la visión usada para el manejo de estos pacientes, orientando las opciones terapéuticas y las investigaciones para desarrollar nuevos medicamentos dirigidos a blancos específicos. Así mismo, vale la pena resaltar los esfuerzos que las distintas organizaciones científicas han llevado a cabo para ofrecer una estrategia diagnóstica de enfoque multidimensional en la cual se tomen en cuenta la mayor cantidad de ítems que permitan establecer un manejo más acorde con la condición real del paciente, y no esté solo limitada a la obstrucción al flujo aéreo medida por espirometría.1 En este sentido, también es importante mencionar que se propone evaluar la condición espirométrica de los pacientes basados en el Límite Inferior de la Normalidad, lo cual ofrece una apreciación más individualizada, pero cabe anotar que no contamos con datos de nuestra población que nos permita establecer esos límites de forma real y lo que estamos haciendo en la actualidad es extrapolar datos de otras regiones y razas, lo que a todas luces, puede ser considerado un sesgo. La inclusión de las exacerbaciones y su etiología como punto de referencia para la evaluación de estos pacientes también representa un punto importante en la concepción evolucionada de la patología, y en tal sentido las opciones terapéuticas, orientadas a manejar de forma objetiva y a disminuir su aparición, resultan una plataforma importante para la calidad de vida de estos pacientes.7 Los avances en el conocimiento del sustrato molecular de la enfermedad han permitido desarrollar nuevos fármacos que plantean soluciones a eventos específicos que se conocen causantes del deterioro progresivo de la función pulmonar y de la repercusión multiorgánica de estos pacientes.8 Existe un gran interés en establecer pruebas que permitan estudiar el componente inflamatorio y predecir el riesgo de exacerbaciones y de progresión de la enfermedad, de manera que permitan orientar acciones dirigidas a controlar estos factores de respuesta inflamatoria. La limitante que se ha encontrado ha sido el gran número de células y sustancias involucradas en la fisiopatología de la enfermedad.7, 8 El tratamiento de la enfermedad estable sigue teniendo como columna vertebral el uso de broncodilatadores, cuyos mecanismos de acción sumen efectos que ofrezcan como resultado la estabilidad de los síntomas, controlar la progresión de la enfermedad, disminuir en riesgo de exacerbaciones y, por supuesto, mejorar la calidad de vida de los pacientes.9 Así mismo, la cesación tabáquica y la adopción de estilos de vida saludable que incluyan la inclusión en programas de rehabilitación y apoyo psicológico y nutricional, según la condición basal del paciente son elementos de gran importancia en el tratamiento de los mismos. Si se presentan exacerbaciones, el primer paso es establecer la causa de la misma y encaminar los esfuerzos para corregir dicha causa. Desde hace años se ha venido investigando la pertinencia y eficacia del uso de antibióticos de forma prolongada en cierto tipo de pacientes con EPOC, sin embargo, aún no se ha podido definir un esquema que resulte eficaz sin inducir resistencia o alteraciones en la flora bacteriana normal de los pacientes. Por tal motivo, las publicaciones siguen sugiriendo el uso de macrólidos y/o quinolonas sólo en algunos pacientes y bajo una estricta pauta y vigilancia. Tal vez la dificultad en este punto radica en la falta de pruebas diagnósticas, puntos de corte que permitan orientar en la toma de decisiones, y estudios microbiológicos que sirvan como herramienta de seguimiento.10 Se ha visto un creciente número de pacientes portadores de asma y atopia que se han expuesto a factores de riesgo para desarrollar EPOC y han terminado en un espectro clínico complejo que aún no se encuentra bien dilucidado y que ha sido llamado solapamiento, cuya principal barrera ha sido la pobre respuesta a los esquemas terapéuticos existentes y esto ha motivado muchas investigaciones, que han llevado a esclarecer algunos puntos importantes de esta entidad.11 Sin embargo, es importante decir que falta mucho por conocer acerca de esta entidad y que debemos abocarnos a investigar y proponer medidas terapéuticas enfocadas a mejorar la calidad de vida de estos pacientes. EXPECTATIVAS La constante evolución de la medicina y el creciente entendimiento de las complejas relaciones celulares y moleculares de la EPOC deben permitir en un futuro definir esquemas terapéuticos específicos a cada paciente y así mejorar la calidad de vida, disminuir la progresión de la enfermedad, evitar la aparición de exacerbaciones y controlar la intensidad de los síntomas. Se debería masificar el conocimiento de la enfermedad y desarrollar un mecanismo que permita el tamizaje y la detección precoz de la EPOC en estadíos tempranos para favorecer el control de la misma y aminorar la carga económica que representa la atención de estos pacientes para los estados. Esperamos que se puedan definir los fenotipos de la enfermedad con el suficiente peso para que permita orientar el tratamiento en este sentido y poder así predecir evolución y predecir respuesta de una forma más objetiva. Es fundamental poder establecer y estandarizar pruebas que logren establecer el tipo y la magnitud de le respuesta inflamatoria presente en un individuo con la enfermedad, así como la determinación de colonización bacteriana o la presencia de infección aguda o de cambios en el espectro bacteriano o viral presente en un individuo con EPOC estable antes de la aparición de la exacerbación, para poder definir cambios en la terapéutica que permitan evitar la misma. Autor: Saúl Fernando Carrillo Amaya. Residente III Año. Posgrado de Medicina Interna. Universidad de los Andes – Instituto Autónomo Hospital Universitario de los Andes. Mérida. Venezuela. Referencias: 1. Global Strategy for the diagnosis, Management and Prevention of Chronic Obstructive Pulmonary Disease. Updated 2015. 2. Global surveillance, prevention and control of CHRONIC RESPIRATORY DISEASES. A comprehensive approach. WHO 2007. 3. Recomendaciones para el Diagnóstico y Tratamiento de la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica (EPOC). ALAT 2011. 4. O`Donell et al. Chronic Obstructive Pulmonary Disease: Clinical Integrative Physiology. Clin Chest Med 35 (2014) 51–69 5. Jorgen Vestbo. COPD: Definition and Phenotypes. Clin Chest Med 35 (2014) 1–6 6. P. Sobradillo, A. Agustí. Fenotipos en la EPOC: presente y futuro. Medicina respiratoria 2010,3 (3):61-69 7. Wetzicha et al. Acute COPD exacerbations. Clin Chest Med 35 (2014) 157–163 8. Barnes Peter J. Cellular and Molecular Mechanisms of Chronic Obstructive Pulmonary Disease. Clin Chest Med 35 (2014) 71–86 9. Calverley Peter. Current drug treatment, Chronic and acute. Clin Chest Med 35 (2014) 177–189 10. Rangelov Kamen, Sethi Sanjay. Role of Infections. Clin Chest Med 35 (2014) 87– 100 11. Postma et al. Asthma and Chronic Obstructive Pulmonary Disease similarities and differences. Clin Chest Med 35 (2014) 143–156