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DIRECCIÓN ESPIRITUAL O
ACOMPAÑAMIENTO ESPIRITUAL
Conceptos básicos de dirección espiritual.
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Acompañar quiere decir compartir con otro buscando llegar a una meta, para
alcanzar algo juntos:
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Es un servicio de misericordia y de esperanza, de acogida y de aliento, de
escucha y de diálogo (“proponer no imponer”).
La Iglesia (Misterio-Comunión-Misión) como expresión de su misión,
acompaña a las personas en su proceso de crecimiento en la fe
(configuración en Cristo), buscando descubrir la voluntad de Dios para
alcanzar la felicidad y dar la vida en un servicio concreto.
El objetivo de todo acompañamiento espiritual es la maduración de la
persona en un encuentro personal con Jesucristo. En misión en la verdad del
amor de Cristo.
El crecimiento de la persona tiene que ser integral: físico-biológico, afectivorelacional y religioso-espiritual.
La sabiduría de Dios se transmite de corazón a corazón: “[…] porque el
saber no satisface y harta el alma, sino el sentir y gustar las cosas
internamente” San Ignacio de Loyola. Se necesitan maestros en el saber,
pero más en el sabor.
La vocación se descubre en la oración, en relación con Cristo a través de la
Palabra de Dios y los sacramentos (“la Eucaristía no solamente es centro y
cumbre de la vida cristiana, también es camino”).
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Definición de dirección espiritual: “Ciencia del corazón porque es un
conocimiento que se aprende tanto en la Palabra de Dios como en los encuentros
interpersonales, tejidos de una escucha operante”.
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El acompañamiento espiritual se debe dar en un itinerario de iniciación y de
profundización de vida cristiana:
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Asombro – Conocimiento interno – Amor hasta el extremo.
La dirección espiritual en su proceso histórico:
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En los primeros tiempos del cristianismo estaban los ancianos (personas de
edad, experiencia y sabiduría) que sostenían y animaban en la fe a los
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hermanos en momentos de dificultad y persecución: “Nosotros los fuertes,
debemos soportar y ayudar a los débiles” (Rm 15,1).
En el año 313 con la Paz de Constantino muchos se van al desierto buscando
mayor radicalidad evangélica. Se van agrupando en torno a alguien que tiene
mayor experiencia y lo tienen como guía y maestro: vivir en imitación de
Cristo sacando de nuestro interior lo mejor de nosotros mismos. Con San
Benito y el movimiento monástico vendrá la persona del Abad.
Muchas corrientes de espiritualidad han ayudado a orientarse y madurar en
los caminos del Espíritu.
Antes del concilio Vaticano II se daba más un dirección espiritual basada en
la relación individual con Dios (no ten comunitaria) y en un comportamiento
desde una moral privada.
Después del concilio Vaticano II se dio en términos de proceso, conversión
(transformación del corazón), comunidad y compromiso con el mundo para
infundir el Reino de Dios desde el interior de las personas.
El posconcilio y las pedagogías no-directivas trajeron un planteamiento
basado más en la autonomía personal, en una espiritualidad más inmanente y
en un mayor protagonismo de los grupos de base. Esto llevó a que todo lo
que se había entendido por dirección espiritual entrara en crisis.
En la actualidad se vuelve a considerar necesaria. No caer en excesos de
antes (manipulación de las conciencias), si resituarla para el hoy necesario.
Hoy se privilegia más el instante (la experiencia inmediata) que la duración,
la intensidad y la sinceridad que la reflexión (la experiencia reflexiva) y la
programación. En la dimensión espiritual se favorece más el calor afectivo
(la experiencia emotiva) que la fortaleza para superar las situaciones de crisis
de crecimiento; se dan conversiones emotivas sin raíces interiores de
crecimiento. Buscar un equilibrio entre la visión horizontalista (se olvidan
del misterio y se pierden en la acción) y la visión verticalista (sentido
intimista de la vida no afrontando la realidad y los cambios de la sociedad).
La revelación de Dios descubre la grandeza del hombre en la mirada de Dios; en
la humildad y sencillez ante Dios, el hombre descubre todas sus cualidades en
comunión con Él:
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Dios acompaña al hombre desde el principio de la historia (Sal. 42, 3; Is. 7,
14). La Historia de la Salvación consiste en la revelación-cercanía de Yahvé
con su pueblo: “Yahvé marchará delante de ti. Él estará contigo. No te dejará
ni abandonará. No temas ni te asustes” (Dt 5, 33).
Yahvé libera a Israel de la esclavitud de Egipto, acompaña al pueblo de
Israel por el desierto, hace alianza con él y le conduce a la tierra prometida
(Dt. 26, 5).
Se presenta como Padre (Dt. 1, 31-33).
Dios actúa a través de sus enviados (Gn 17,7;Gn 28, 15; Ex 3,2; Jos 1,5; Jos
6, 16; 2 Sm 7,9; Jr. 1,8.19; Is 6,6).
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Dios participa plenamente de nuestra suerte desde la Encarnación, el
Emmanuel (Dios con nosotros).
La vida cristiana va madurando en el seguimiento de Cristo: “Iban de camino
subiendo a Jerusalén, y Jesús marchaba delante de ellos; ellos estaban
sorprendidos y los que le seguían tenían miedo. Tomó otra vez a los Doce y
comenzó a decirles lo que iba a sucederle” (Mc 10, 32):
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Pablo necesitará de Ananías en Damasco para descubrir la acción del Señor
(Hch 9, 10-20). Las mediaciones en la salvación de Cristo al hombre.
El arte del acompañamiento.
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Las tareas en la dirección espiritual:
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La experiencia religiosa.
La iluminación en el camino.
La realización de sí mismo.
El discernimiento.
Revisión de vida – volver a ver la vida desde la Palabra de Dios.
El sujeto acompañado es una fuente de necesidades – es una persona en proceso
– visión positiva del acompañado.
Más que dar una receta, ayudar a encajar lo que viven – tiene sentido – que se
pueda vivir.
Cultivo de la caridad pastoral – se nos acredita como acompañantes si somos
hombres de Dios – aspirar a alcanzar los más altos grados de intimidad con el
Señor.
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