Download Felicitación de Navidad 2016 de Mons. Pennisi (Gran Prior

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MENSAJE PARA LA NAVIDAD 2016
Excelencia, hermanos y hermanas de la Orden Militar y Hospitalaria de San
Lázaro, el Nacimiento de Jesús es la fiesta de la alegría, la fiesta de la sonrisa, la de un
Dios niño, signo del amor de Dios que nos da la certeza de ser amados gratuitamente y
por siempre.
¡El profeta Isaías escribe: “Acrecentaste el regocijo, hiciste grande la alegría”
(9,2)! La razón de esta alegría es porque “un hijo nos ha nacido” (cfr 9,5).
En el Evangelio de Lucas el ángel revelado a los pastores dice “Os anuncio una
gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David,
un salvador, que es el Cristo Señor” (Lc 2.10-11).
Los Magos al ver la estrella sobre el lugar donde se encontraba el niño “se
llenaron de inmensa alegría” (Mt. 2,10).
La alegría que surge de la Navidad nos une a todos, como así lo testimonia San
León Magno en una homilía sobre la Navidad: “Hoy, queridos hermanos, ha nacido
nuestro Salvador; alegrémonos. No puede haber lugar para la tristeza, cuando acaba de
nacer la vida; la misma que acaba con el temor de la mortalidad, y nos infunde la alegría
de la eternidad prometida. Nadie tiene por qué sentirse alejado de la participación de
semejante gozo, a todos es común la razón para el júbilo porque nuestro Señor,
destructor del pecado y de la muerte, como no ha encontrado a nadie libre de culpa, ha
venido para liberarnos a todos. Alégrese el santo, puesto que se acerca a la victoria;
regocíjese el pecador, puesto que se le invita al perdón; anímese el gentil, ya que se le
llama a la vida” (Sermón 1 en la Natividad del Señor, 1-3; PL 54, 190)
Gozo y alegría nos aseguran que el mensaje contenido en el misteria de la Noche
Santa viene verdaderamente de Dios. No hay lugar para la duda sistemática de corte
nietzschenista; dejémosla para los escépticos que cuestionan la única razón por la que
no encuentran la verdad. No hay espacio para la indiferencia, que domina el corazón de
aquellos que no se arriesgan a amar bien, porque tienen miedo de perder alguna cosa. Es
desechada toda tristeza, porque el niño Jesús es el verdadero consuelo del corazón.
El Papa Francisco escribe: “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida
entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados
del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre
nace y renace la alegría”. (Evangelii Gaudium 1)
Se podría objetar: “¿Cómo se hace hoy en día para estar satisfecho, con todas
las inseguridades a nivel existencial, económico y político que nos turban, con las
brutales noticias que nos dan todos los días? ¿Cómo, con todos los crímenes, con toda la
pobreza, la falta de trabajo, la violencia que nos rodea? ¿Cómo podemos ignorar tantas
situaciones de dolor y de opresión?.
Si nos quedamos con una visión superficial tenemos mil motivos para estar
preocupados, tristes, pesimistas, desanimados. Si nos convertimos a una visión desde la
fe, no podemos más que estar llenos de alegría, no obstante las dificultades de la vida.
Estamos llamados siempre a estar alegres no para permanecer imperturbables o
inconscientes, sino para tener la conciencia fuerte y vigorosa de que el Señor viene a
salvarnos. Es Él el que nos libera de la tristeza y barre del corazón las numerosas raíces
de amargura. El Niño Jesús es capaz de dibujar una sonrisa a aquellos que la han
perdido hace mucho tiempo a causa de las pruebas y sufrimientos de la vida.
La alegría cristiana es una alegría original y paradójica respecto a la del mundo,
porque es una alegría que no censura nada pero está presente en cualquier circunstancia.
También podemos experimentar esta alegría profunda y auténtica, acogiendo a
Jesús como la luz de nuestra vida en esta Santa Navidad, si como los pastores y magos
nos acercamos a la gruta de Belén con el corazón lleno de preguntas y de esperanza.
“Debes sentirte muy feliz por querer mucho a alguien” escribe Cesare Pavese.
La Navidad nos da la alegría de querernos mucho a nosotros mismos, y a los otros,
hombres y mujeres, nuestros hermanos y hermanas.
Si nos dejamos alcanzar por este mensaje, también nosotros estaremos llenos de
una gran alegría, que nos hará superar nuestros miedos, y que también nos dara la
certeza de que incluso el dolor más atroz puede convertirse en un nido de amor, y
también el abismo de nuestra miseria puede acoger la misericordia, y también l
desesperación más negra puede transformarse en la esperanza más ardiente.
Mi deseo es que esta Navidad nos preparemos a vivir, no solo en la Noche Santa,
sino en todos los días de nuestra vida, llenos de alegría todos los miembros de la Orden
Hospitalaria de San Lázaro, y la estrella de los Magos ilumine la noche de los pobres y
de los refugiados, de los sufrientes y de los enfermos y de todas las personas
desalentadas y decepcionadas que aguardan al día del nacimiento de Jesús como una
nueva aurora, en la cual renace la esperanza.
Monreale 11 diciembre 2016 – Domingo “Gaudete”
Michele Pennisi, Arzobispo de Monreale
Gran Prior Eclesiástico de la Orden Militar y
Hospitalaria de San Lázaro de Jerusalén