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Cuidado personal
El desafío de la piel sensible.
Las pieles intolerantes requieren cuidados especiales. También necesitan
nuestra mirada atenta ojos y párpados, labios, cuello y escote.
¡Qué sensación de bienestar tenemos al sentir la
piel sana y fresca! Disfrutar del sol sin problemas
o del bálsamo de una crema que refresca y suaviza
son placeres comunes para la mayoría de las pieles,
que, con cuidados básicos y rutinas adecuadas,
pueden estar siempre bien.
Hay algunos tipos de piel, en cambio, para las
que hasta la menor experiencia cotidiana resulta
un desafío: se enrojecen con los cambios de
temperatura, se irritan con facilidad o reaccionan
ante el contacto con ciertas cremas o cosméticos.
Estas pieles son las llamadas “sensibles o
intolerantes” y necesitan cuidados específicos
para mantenerse saludables.
La limpieza es
fundamental para
renovar la piel
deteriorada por el sol,
para eliminar bacterias y
demás microorganismos,
así como contaminantes
ambientales y restos de
cosméticos,
entre otros.
Dentro de las pieles sensibles están las que tienen
tendencia a la rosácea, que se produce cuando los
vasos venosos son muy sensibles a los cambios
de temperatura. La rosácea puede aparecer en la
juventud o en la adultez; se va instalando en forma
permanente y, además de los vasos dilatados,
llamados “telangiectasias”, que se ven como una
zona enrojecida de la cara, suele exhibir unos
granitos o pápulas, por lo que suele confundírsela
con el acné.
La dermatóloga agrega que hay que saber que
la rosácea se agrava por la exposición al sol y el
consumo de alimentos calientes, como té, café
o sopa.
También hay que estar atentas a las pieles
atópicas, que son muy sensibles y sufren una
afección conocida como “dermatitis atópica”.
Según el doctor Glorio: “Las características
fundamentales de la dermatitis atópica son las
lesiones eritematosas y eczematosas, las pápulas,
la picazón y la piel seca. Las lesiones eritematosas
son de color rojo, y las eczematosas se ven como
piel endurecida y pigmentada. Las pápulas son
pequeños granitos, y la picazón puede llegar a
ser intensa. Además, quizás aparezcan otros
síntomas, como la xerosis (piel seca)”.
LIMPIEZA E HIDRATACIÓN.
Una recomendación en la que coinciden todos los
especialistas es que las pieles sensibles requieren
limpieza e hidratación con productos no agresivos.
“En la consulta con el dermatólogo, las personas
con pieles sensibles mencionan diferentes
percepciones y experiencias: picazón, ardor,
enrojecimiento, descamación, manchas y tirantez”,
explica el doctor Roberto Glorio, miembro titular
de la Sociedad Argentina de Dermatología.
Para la doctora Lucía López Agüero, médica
dermatóloga, esta diversidad de condiciones
vinculadas a la piel sensible hace que sea
fundamental escuchar la experiencia de cada
paciente: “Todo lo que me pongo me hace mal”,
dicen algunos, mientras que a otros ciertos
productos les provocan ardor o sensación de
quemazón.
“La limpieza es fundamental para renovar la piel
deteriorada por el sol, para eliminar bacterias y
demás microorganismos, así como contaminantes
ambientales y restos de cosméticos, entre otros.
Hay que usar leches limpiadoras no irritantes, en
lo posible algodón o toallitas de máxima suavidad,
y debe evitarse el agua con cloro, el uso de
esponjas o la limpieza excesiva –dice el doctor
Glorio–. Una buena hidratación es necesaria para
que se produzca la descamación normal de la piel
y se renueve la capa córnea. Para eso se usan
cremas emolientes, que devuelven a la capa más
superficial de la piel la flexibilidad, la textura y la
superficie normales”.
La doctora López Agüero sugiere que para la
limpieza de las pieles sensibles se pueden usar
jabones con un pH de 5,5 (el grado de acidez más
parecido al de la piel), como los jabones llamados
“syndet o sustituto de jabón”, que a veces tienen
incorporados productos naturales como caléndula,
avena, manzanilla o aloe vera, todos ellos con
propiedades antiinflamatorias.
Además de estas rutinas, es imprescindible usar
protector solar con factor 30 durante todo el año.
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